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Yasujiro Aoki y la necesidad de romper el cuento de hadas en ChaO: La sirena

Yasujiro Aoki y la necesidad de romper el cuento de hadas en ChaO: La sirena

adminkush

LA KW

mayo 9, 2026 • 5 min lectura

El trabajo de Yasujiro Aoki siempre ha estado atravesado por una relación muy particular con la imagen. Sus proyectos anteriores, cortometrajes y segmentos animados cercanos muchas veces a lo experimental y lo sensorial (Orion, Honey Tokio, Batman: Gotham Knight), han construido una filmografía donde el impacto visual no funciona únicamente como estética, sino también como lenguaje emocional y narrativo.

Con ChaO: La sirena, su primer largometraje animado, el director toma elementos reconocibles de relatos clásicos, ciertas referencias culturales del anime japonés (Tekkonkinkreet) y estructuras románticas tradicionales para construir algo que constantemente parece desviarse de sí mismo. La película comienza como una comedia absurda, luego se mueve hacia el romance, después hacia algo mucho más ambiguo y emocionalmente extraño.

Más que negar las referencias, Aoki juega con ellas. Las toma, reorganiza y confronta con nuevos contrastes. El resultado es una obra donde el amor, la diferencia y la incapacidad de comprender completamente al otro aparecen atravesados por una puesta en escena que confía profundamente en el poder de la imagen.

En esta conversación, el director habla sobre su necesidad de experimentar incluso dentro de estructuras narrativas más convencionales, su interés en transmitir emociones que no pueden resolverse únicamente con palabras y la manera en que ChaO fue concebida como una película construida desde tensiones, rupturas y contrastes constantes.

Yasujiro Aoki y la necesidad de romper el cuento de hadas en ChaO: La sirena
Cortesía de Cinetopia

Su trabajo previo ha estado muy ligado a lo predominantemente visual, incluso a lo experimental. ¿ChaO fue un intento de someter esa pulsión estética a una narrativa más convencional o una forma de romperla desde dentro?

Ambas cosas. Creo que, como todos los directores, siempre estoy intentando desafiarme y experimentar en cada obra. También quise mantener parte del estilo que ya venía desarrollando desde antes, pero al mismo tiempo sentía el deseo de romperlo un poco.

Entonces hice ChaO desde esa tensión: conservar ciertas cosas de mi estilo tradicional y, al mismo tiempo, destruir parte de esa estructura. Sé que hay personas que quieren ver precisamente eso y también sé que puede generar críticas. Pero hice la película asumiendo completamente esa posibilidad desde el comienzo.

En tu cine parece haber una confianza radical en la imagen. ¿Crees que la animación puede sostener por sí sola aquello a lo que la escritura o las palabras no llegan?

Creo que cuando dibujamos algo, cuando construimos algo a través de líneas e imágenes, muchas veces podemos redescubrir cosas y pensar: “Ah, entonces esto era así”. Al mismo tiempo, incluso en ChaO, siento que todavía hay aspectos que no logré expresar completamente. Hay partes que para mí siguen siendo insuficientes.

Pero justamente eso es lo que quiero seguir trabajando en las próximas obras. Intentar de nuevo, corregir, mejorar y construir algo que vaya más allá de ChaO, como una especie de evolución. Para mí siempre se trata de un proceso continuo.

Por supuesto, poner las cosas en palabras también tiene mucho valor porque permite reafirmar y orientar ciertas ideas. Pero sigo pensando que hay cosas que simplemente no pueden transmitirse con palabras. Y para mí ese es precisamente el desafío: intentar transmitir esas cosas a través de las imágenes.

Cortesía de Cinetopia

Viendo ChaO, pensé inevitablemente en La sirenita de Andersen, en la versión de Disney, en Splash, la cinta con Tom Hanks y Daryl Hannah e incluso en animes como Mako, la sirena enamorada. Sin embargo, aquí hay una inversión del punto de vista clásico del cuento, aunque no necesariamente una subversión completa de la estructura de poder. ¿Qué tan consciente eres de esa inversión y de esa tradición?

Sí, exactamente. Tomé todas esas imágenes y referencias que las personas ya tienen en su imaginación y traté de romperlas a mi manera. La idea era que, mientras el espectador recordara La sirenita de Andersen o las versiones más conocidas, pudiera también disfrutar algo completamente distinto a partir de ese contraste.

Eso fue algo que calculé de cierta manera al construir ChaO. Y no solo ocurre con esta película. En general, muchas de las estructuras de mis trabajos funcionan a partir de contrastes. Por ejemplo, la primera mitad puede sentirse como una comedia absurda y luego transformarse en algo romántico. Los personajes también son irregulares, extraños, distintos entre sí.

Pensé mucho en esos contrastes mientras hacía la película. Quería que el público pudiera notar esas diferencias y pensar: “Ah, esto se distingue de aquello de esta manera”. 

Cortesía de Cinetopia

Esta última pregunta la hago no solo como periodista o amante de la animación, sino también como psicólogo. ¿ChaO podría entenderse como el reflejo de una generación incapaz de amar? ¿O incluso como una crítica a la dificultad masculina de reconocer verdaderamente la alteridad femenina, más allá de la historia de una sirena?

No lo sé realmente. Nunca he estudiado psicología. Pero sí creo que cuando una persona se enfrenta a algo completamente distinto, algo opuesto a sí mismo, naturalmente le cuesta aceptarlo. Y creo que en el momento en que alguien logra comprender algo así, descubre también una amplitud nueva dentro de sí mismo.

Ahí aparecen nuevos conocimientos, nuevas emociones y nuevas formas de sentir. Y eso produce crecimiento humano. Pienso que las personas sienten felicidad precisamente en ese proceso.

Con ChaO, quería que ocurriera algo parecido. Que al principio pudiera sentirse como algo extraño o difícil de entrar, pero que después de verla las personas pensaran: “Fue interesante”, o “hubo algo ahí que me hizo sentir distinto”. Y que, de alguna manera, eso pudiera hacerlas un poco más felices. 

Por cierto, en español “chao” también significa despedida.

Sí, lo sabía. Precisamente por eso elegí esa palabra. Porque es una palabra que muchas personas en el mundo reconocen fácilmente como un saludo o una despedida. Sentí que era una forma simple de acercar más la película a la gente.

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