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Casa Salesas fue un proyecto que marcó un antes y un después para Iñigo Onieva. El marido de Tamara Falcó salía de sus negocios en discotecas para empezar a dedicar su tiempo a algo más ambicioso: un restaurante que pasaba de lugar de ‘brunch’ a sitio de copas y en el barrio en el que entonces vivían, Justicia, en Madrid. Fue un cambio de paradigma que también benefició a su relación con la hija de Isabel Preysler: «Es una gozada que no trabaje por la noche, que los fines de semana podemos ver pelis en el sofá», contaba ella misma en la revista ‘¡Hola!’.Se estrenó en 2024 y, como suele ocurrir en la mayoría de los negocios, el primer año no fue muy positivo. De hecho, los números hablan de un -0,47% de rentabilidad económica en sus primeros doce meses en activo, que aunque no es un mal número no deja de ser una cifra negativa. Tras el impulso y la curiosidad inicial que produjo Casa Salesas en el céntrico barrio de Madrid, el interés se redujo e incluso pasó parte de la temporada de verano cerrado . Quizás por eso justo un año después de la apertura, Iñigo Onieva decidió dar un paso atrás. Manuel Campos Guallar, que era el socio principal del empresario, tomó las riendas del negocio y se convirtió en socio único llevando a cabo una ampliación de capital de 27.000 euros . Entonces el marido de Tamara Falcó pasó a tener un papel más representativo que ejecutivo, figurando como administrador único pero centrándose en su nuevo proyecto. Para entonces estaba ya trabajando en Vega, el nuevo club privado que ha abierto este año — aunque no sin polémica —. Pero es que en el último informe de cuentas que han presentado y que se puede consultar, se observa que tras este movimiento Casa Salesas ha vivido un importante ‘boom’ económico. Una imagen de Casa Salesas. RR.SSPor lo tanto, y aunque puede que sea una casualidad, el negocio ha empezado a florecer en el último año tras la ‘marcha’ de Iñigo Onieva. No solo han crecido sus empleados, también han mejorado sus ventas, su fondo de maniobras y su liquidez inmediata. La rentabilidad económica ha pasado de esa cifra negativa que mencionábamos anteriormente a un nivel positivo del 14,28% , en parte gracias al aumento en la rotación de activos.Pero es que en el último año ha habido cambios. No solo ha mejorado su web, también han añadido nuevos detalles al menú y a su coctelería y cada fin de semana hay DJ en directo por las noches. Más de 27.000 personas siguen a la cuenta del local, en el que el pasado mes de abril estuvo incluso el actor de ‘Stranger Things’ Noah Schnapp, demostrando que el local puede convertirse en uno de los ‘places to be’ del centro de Madrid. Socios habitualesPara abrir Casa Salesas Iñigo Onieva se apoyó en el equipo de cocina de Mabel Hospitality, que tienen los locales de Tatel y Totó, con Juan Antonio Medina como chef ejecutivo y David Rodríguez como ‘sous-chef’ diseñando la propuesta culinaria. Además, la estética del local es tan importante como lo que ofrecen: situado en un lugar privilegiado como es en la esquina enfrentada al Palacio de Longoria , sede de la SGAE, quisieron apostar por el buen gusto de Lázaro Rosa-Violán. Un interiorista con el que volvió a trabajar después en Vega Members Club. Está claro que, a pesar de lo que pueda parecer por las cifras positivas después de que Iñigo Onieva tomara distancia de Casa Salesas, Mabel Hospitality sigue confiando en él. «Es un amigo y una persona que ama la gastronomía. Trabajó en nuestra compañía de restauración, Mabel Hospitality, con Totó y Tatel (dos de los restaurantes que ya son referencia en la capital), y ahora es socio y director de este local. Está haciendo un gran trabajo, le gusta cuidar todos los detalles, tiene mucha visión artística y una gran energía. Debe continuar aprendiendo, ser paciente y le irá muy bien», contaba Manuel Campos Guallar en 2024 a ‘Vanity Fair’.No es la única gran amistad del empresario que ahora es el socio único de Casa Salesas. También cuenta en su agenda con Cristiano Ronaldo o Pau Gasol, Nadal o Enrique Iglesias. En un mundo en el que los contactos lo son todo, está claro que Campos Guallar, casado con una actriz de Bollywood que también participa de sus negocios, está muy bien rodeado. El grupo empresarial también forma parte de Vega, por lo que la visión empresarial del marido de Tamara Falcó sigue poniéndose en valor. Las empresas de Manuel Campos Guallar han tenido cifras récord en 2025Este último, que en el pasado tenía también relación empresarial con Rafa Nadal y Abel Matutes, ha visto cómo los números de sus empresas han crecido considerablemente. En 2025 tuvo una facturación récord con su sociedad Leisure Partners S.L. con la que gestiona estos locales de restauración. Y aunque Casa Salesas es de los menos lucrativos por el momento, todo parece indicar que, en el futuro, las inversiones que hizo en Iñigo Onieva y sus proyectos saldrán a cuenta.
Los Rolls-Royce comenzaron a llegar al caer la tarde. Tras ellos, una interminable hilera de Mercedes, Ferrari y limusinas ascendía por la carretera que conducía a Al Baraka, la finca que Adnan Khashoggi poseía en las colinas de Benahavís. A la entrada, un pasillo de honor formado por jóvenes uniformados con espadas ceremoniales recibía a los invitados. Dentro, los salones aparecían cubiertos de terciopelos rojos, dorados y miles de flores. Las bandejas de caviar y marisco se sucedían sin descanso, el champán francés corría como el agua y Shirley Bassey afinaba la voz para cantar el ‘Happy Birthday’ al anfitrión. Entre los asistentes paseaba un cachorro de león con un collar de diamantes. Era julio de 1985 y Marbella asistía a la fiesta privada más deslumbrante que había conocido .Aquella celebración por el cincuenta cumpleaños de Adnan Khashoggi fue mítica y forma parte de la historia del lujo de Marbella. Algunas crónicas hablaron de unos cuatrocientos invitados ; otras elevaron la cifra hasta cerca de mil quinientas personas si se sumaban acompañantes, artistas, personal de servicio y proveedores. Lo de menos era el número. Lo importante era quién estaba allí: Sean Connery, Elizabeth Taylor, Brooke Shields, Farrah Fawcett, Ryan O’Neal, Alfonso de Hohenlohe, Jaime de Mora y Aragón, los duques de Kent, Pitita Ridruejo, Lorenzo Queipo de Llano y un desfile de jeques, aristócratas, diplomáticos y magnates árabes compartían una noche que resumía como ninguna otra el esplendor de la Marbella de los ochenta. Los que no habían sido invitados se convirtieron en parias de la exclusiva alta sociedad de la Costa del Sol que se presentaba ante todos como la cumbre del éxito social a escala mundial.Lujo a raudales Khashoggi había encontrado el escenario perfecto para exhibir una fortuna que parecía inagotable. Considerado durante años uno de los hombres más ricos del mundo gracias a su papel como intermediario en multimillonarias operaciones internacionales de venta de armas, vivía instalado en un exceso permanente. ‘The Economist’ calculó que para mantener aquel tren de vida se necesitaba, al menos, un gasto cercano a 200.000 euros diarios . La cifra era asequible para el bolsillo del magnate. Poseía unas veinticinco residencias repartidas por distintos países, tres Boeing 747 privados, una flota de Rolls-Royce, Ferrari y Mercedes, colecciones de joyas, relojes y obras de arte y el Nabila, un yate de 86 metros considerado en su momento el mayor y más sofisticado del mundo. Curiosamente, el navío acabaría años después en manos de Donald Trump.Ivana Trump, Adnan Khashoggi y Spahira. GtresLa residencia marbellí del magnate saudí estaba a la altura del personaje. A finales de los años setenta adquirió Al Baraka, una finca de cerca de un millar de hectáreas situada en Benahavís, comprada a la familia Roussel, emparentada con los Onassis. Hoy ese terreno alberga la exclusiva urbanización de La Zagaleta, pero entonces era un reino privado concebido para impresionar.La mansión, de inspiración árabe y mediterránea, se levantaba entre jardines, lagos artificiales y bosques. Disponía de helipuerto, caballerizas, coto de caza, grandes salones para banquetes, suites para invitados y una organización casi palaciega . Varios centenares de empleados trabajaban para que todo funcionara con precisión: cocineros, jardineros, chóferes, personal de seguridad, camareros, azafatas y asistentes capaces de atender un banquete para centenares de personas con apenas unas horas de aviso.La finca nunca dormía durante el verano . Los invitados llegaban en helicóptero o en largas caravanas de coches de lujo y podían permanecer varios días disfrutando de una hospitalidad que pocos habían conocido. La discreción era absoluta. No existían teléfonos móviles ni redes sociales, y aquella ausencia de cámaras convertía las reuniones en un territorio casi mítico. Solo los fotógrafos apostados a la entrada de la finca conseguían, de vez en cuando, inmortalizar la llegada de alguna estrella.Adnan Kashoggi y el príncipe Alfonso de Hohenlohe. GtresPor los jardines de Al Baraka desfilaron algunos de los rostros más conocidos del planeta. Sean Connery era un habitual, favorecido también por su amistad con Alfonso de Hohenlohe y por sus largas estancias en Marbella . Elizabeth Taylor visitó la finca en varias ocasiones, al igual que George Hamilton. Brooke Shields y Farrah Fawcett aportaban el brillo de Hollywood. Ryan O’Neal se sumó a algunas de aquellas veladas, mientras Shirley Bassey ponía música a las grandes celebraciones. La aristocracia europea encontraba en aquellas fiestas un punto de encuentro con el dinero del petróleo : Alfonso de Hohenlohe, Jaime de Mora y Aragón, Gunilla von Bismarck, Pitita Ridruejo, los duques de Kent o Lorenzo Queipo de Llano eran algunos de los nombres que aparecían con frecuencia en las crónicas sociales.Jaime de Mora y Aragón desempeñaba un papel fundamental. Nadie conocía mejor que él el ecosistema social marbellí. Era quien presentaba a unos invitados con otros, quien facilitaba contactos y quien conseguía que una actriz de Hollywood terminara compartiendo sobremesa con un príncipe árabe o un industrial europeo. Su presencia era casi tan imprescindible como la del propio anfitrión.Cada año, la fiesta del verano de Khashoggi superaba al anterior con nuevos espectáculos, más invitados o una decoración todavía más fastuosaLas fiestas comenzaron siendo reuniones relativamente reducidas, pero cada verano crecían en tamaño y espectacularidad. Khashoggi parecía decidido a superar constantemente el listón. Si un año sorprendía con un despliegue floral nunca visto, al siguiente incorporaba nuevos espectáculos, más invitados o una decoración todavía más fastuosa. Los cronistas de sociedad competían por descubrir cuál sería la extravagancia de la temporada.Adnan Khashoggi y el grupo Los del Rio en Marbella, en 2010. GtresEl cumpleaños de 1985 concentró todas ellas. El acceso a la finca parecía la entrada a un palacio oriental. El banquete ocupaba varios salones y terrazas. Las mesas rebosaban caviar iraní, mariscos, frutas tropicales y postres elaborados por cocineros desplazados expresamente desde Francia. El champán se descorchaba sin interrupción mientras distintas orquestas y artistas amenizaban una velada que se prolongó hasta bien entrada la madrugada. El detalle del cachorro de león con collar de diamantes terminó simbolizando aquella manera de entender el lujo en la que nada parecía suficiente.No fue la única cita señalada del calendario social. Khashoggi era también uno de los grandes protagonistas de las tradicionales galas benéficas que se celebraban cada verano en Marbella . En la organizada por la Cruz Roja en el Hotel Los Monteros coincidió con Gunilla von Bismarck, Jaime de Mora y Aragón, Luis Solana y Cuca Solana, en una noche que volvió a reunir a buena parte de la aristocracia y la alta sociedad internacional instalada en la Costa del Sol.Al año siguiente, nuevas recepciones privadas devolvieron el foco a Al Baraka. Las fotografías de agencias internacionales inmortalizaron a Elizabeth Taylor y George Hamilton compartiendo velada con el magnate saudí. Eran imágenes que recorrían las revistas del corazón de Europa y Estados Unidos y consolidaban la imagen de Marbella como el gran escenario del lujo internacional.Adnan Khashoggi y su familia en Monaco en 2016. GtresLa última gran fiesta llegaría en 1991, cuando la fortuna de Khashoggi comenzaba ya a resentirse. Quiso homenajear a su inseparable Jaime de Mora y Aragón por su sesenta y seis cumpleaños en el club de playa del Hotel Don Carlos. La imagen de treinta y un Rolls-Royce estacionados frente al recinto bastó para devolver durante unas horas el esplendor perdido . Entre los invitados figuraban Jesús Gil, recién elegido alcalde de Marbella; el empresario Mohamed Ashmawi y la cantante Kimera, encargada de interpretar el cumpleaños feliz.Mientras las fiestas alimentaban la leyenda, el patrimonio del saudí seguía creciendo. Compraba automóviles casi por impulso, adquiría relojes y joyas en las principales casas europeas y cambiaba de avión privado con la misma naturalidad con la que otros renovaban un coche. Sus desplazamientos movilizaban una compleja logística y un equipo permanente de asistentes, guardaespaldas y secretarios . Todo respondía a una idea muy concreta: sorprender. Cada verano debía ser más espectacular que el anterior.Ningún exceso es eternoA finales de los ochenta comenzaron los problemas financieros y judiciales. Las investigaciones relacionadas con operaciones internacionales y, posteriormente, el proceso por el supuesto ocultamiento de bienes del dictador filipino Ferdinand Marcos, del que sería finalmente absuelto. marcaron el principio del declive. Llegaron los embargos, la pérdida de la mítica mansión y el final de un estilo de vida que parecía inmune a cualquier crisis.La Zagaleta (anteriormente llamada La Baraka) fue propiedad de Adnan Khashoggi ArchivoLa finca acabó transformándose en La Zagaleta. Marbella inició otra etapa muy distinta en la que, desde entonces, nadie ni nada ha sido capaz de superar esas fiestas que, según investigaciones del CIA, llegaron a convertirse en interminables orgías en las que todo estaba permitido . Los turbios negocios de Khashoggi -fallecido en Londres en 2017- y su relación con las mafias y organizaciones criminales, alimentaron la leyenda de eventos tan oscuros como peligrosos que se desarrollaban a puerta cerrada, lejos de las miradas de los curiosos.Durante una década, quien quisiera ser alguien o destacar en el mundo del ‘glamour’ internacional sabía que debía conseguir una invitación para cruzar las puertas de Al Baraka. Era una tapadera para un nido de corrupción, pero también era el paraíso del lujo marbellí.