La fotografía aérea del mural gigante realizado durante la despedida pública de Indio Solari se convirtió en la portada de la edición de julio de Rolling Stone.
La imagen, capturada desde un dron en Villa Domínico por el fotógrafo Matías Baglietto, muestra el retrato monumental del músico pintado sobre el asfalto y rodeado por cientos de personas que se acercaron a darle el último adiós. Uno de sus autores, Talo, celebró la elección con el mismo orgullo con el que vivió aquella jornada.
Entre los miles de peregrinos que durante el domingo 7 de junio marcharon a Villa Domínico para despedir a Indio Solari, hubo dos que pasaron la noche anterior mirando el asfalto de la avenida Mitre al 4500. Mientras la fila avanzaba lentamente y los seguidores llegaban desde distintos puntos del país para darle el último adiós al artista, Talo y Marcelo “El Fantasma” trabajaban sobre la calle para dar forma a una imagen que terminaría convirtiéndose en uno de los íconos de la jornada: un retrato monumental de Solari pintado directamente sobre el pavimento.
Semanas después, esa misma imagen trascendió la despedida y fue elegida para ilustrar la tapa de la edición de julio de Rolling Stone. Talo acompañó la decisión desde el primer momento y expresó su orgullo por ver que la obra realizada junto a El Fantasma siguiera encontrando nuevas formas de llegar al público.
“Fue un conjunto de personas que se movilizó para lograr esto”, recordó Talo. “Nos traían agua, café, algo para comer. Todo se fue dando de manera muy natural”. Leo Rodríguez, de la Agrupación 27 de Oktubre, fue uno de los personajes clave para conseguir el espacio.
“Cuando levantaba la cabeza veía los ojos tristes de la gente. Los míos también. A cada rato se me llenaban de lágrimas”, narró Talo sobre las doce horas de trabajo en medio de la muchedumbre. “Miraba el mural y no podía creer lo que estaba viendo. Nunca me lo hubiese imaginado. Miraba para arriba y sentía que estaba él, y que le decía: ‘Qué guacho, el regalo que me hiciste’”.
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“Quiero agradecerles por todo su apoyo a lo largo de los años, antes y después de ir hasta allá. Ha sido realmente maravilloso. Leo todos sus mensajes en Instagram y aprecio mucho su apoyo. Y espero con ansias volver pronto”, dice Mick Jagger. Está feliz. Acaba de recibir una camiseta de la selección argentina, hace bromas sobre el Mundial y se están cumpliendo los rigurosos 20 minutos pautados para la entrevista exclusiva que Leo Rodríguez le realizó para La Nación y LN 104.9 + Música.
La excusa es la salida de Foreign Tongues, el inminente álbum de los Rolling Stones que se lanzará el viernes 10 de este mes. Jagger confesó que le encantaría salir de gira para presentarlo: “No puedo esperar, porque hay muchas canciones del álbum que podemos hacer en el escenario. No creo que salgamos de gira este año pero espero que la hagamos en el próximo. Y espero hacerla lo antes posible. Y también me encantaría ir a la Argentina, obviamente”, explicó. También se explayó sobre los rumores acerca de las residencias que el grupo podría hacer en algunas ciudades específicas: “Personalmente tengo sentimientos encontrados con las residencias, porque hace que sea muy caro para que la gente asista. Puede costar el doble. Personalmente me siento cómodo yendo de un lado a otro. ¡Me gusta ir a lugares!”, dijo entre risas.
También evocó los primeros shows de los Stones en Argentina: “Recuerdo que llegamos y todos estaban tan eufóricos. Nos recibieron cantando afuera del hotel. Los shows fueron increíbles y estuvieron llenos de entusiasmo. Un público brillante. Nunca me olvidé de eso, fue un momento increíble”.
Se rió cuando Rodríguez citó la frase de Keith Richards que sostiene que Argentina es el lugar donde el show comienza cuando llegás al aeropuerto. “Creo que es verdad”, confirmó. “Esperás que todos conozcan muy bien tus canciones. El entusiasmo nunca decae, siempre está ahí arriba. Nunca hay un descanso en el show”.
En un piso cerrado en un hotel londinense, Jagger se mostró como un anfitrión amable y habló de la emoción de sacar un nuevo álbum: “Fue un proceso muy bueno. Fue muy rápido. Estuvimos cuatro semanas en total todos juntos en el estudio. Fueron como veinte días trabajando todos juntos. Y después todos tuvieron que hacer las sobregrabaciones. Las guitarras, las voces en mi caso. Grabamos como unas 16 canciones. Elegimos 10 de esas nuevas. Usamos cuatro de nuestro álbum anterior, Hackney Diamonds, y una de antes, con Charlie Watts. Era de una sesión anterior que hicimos en Los Ángeles”.
El nombre del álbum surgió luego de un arduo debate: “Ronnie, Keith y yo hicimos listas de nombres y todo”, contó Jagger. “Y luego no nos gustaron ninguno de ellos. No nos poníamos de acuerdo y, como siempre, fui repasando todas las letras de las canciones. Y llegué a la canción ‘Rough and Twisted’. Fui hasta el final y canté: ‘Teach me all those Foreign Tongues’. Y dije: ‘ok, tengo otro para la lista’. Lo agregué y todos dijeron: ‘sí, es ese. Ese es el elegido’. Estaba muy contento de que a todos les gustara al menos un título”.
Jagger contó, también, la historia por detrás de “Ringing Hollow” y su vínculo con la música country: “Estaba escribiendo esta canción de amor a los Estados Unidos. Es una canción de amor con algo de amargura. O decepción además del amor. Y creo que la mejor forma de transmitir eso, el mejor estilo musical para transmitirlo, para mí es la música country. Para transmitir las letras que quería escribir para esa canción”.
El vocalista también contó la trastienda de “You Know I’m No Good”, la versión del tema de Amy Winehouse que incluyeron en su inminente álbum: “Queríamos hacer un cover y estábamos pensando en mujeres. ¿Y qué nos gustaría versionar? Entonces revisamos un catálogo de diferentes mujeres, como Aretha Franklin y otras cantantes. Estábamos en Inglaterra y pensamos: ¿y si hacemos un cover de una mujer inglesa? Así que nos pusimos a escuchar a Amy Winehouse. Y pensamos que realmente podríamos adaptar esa canción. Fue muy divertido hacerla, porque es diferente hacer un cover que un tema propio. Todo lo que hay que hacer es agregar tu sello personal a una canción ajena sin arruinar la canción. Sin cambiarla demasiado, pero cambiando lo suficiente. La parte de saxo que está en su disco la hice con la armónica. Cambiamos el ritmo. Lo hicimos un poco más simple pero con un ritmo muy similar. Entonces creí que era una buena idea hacer una canción de otro”.
Sobre la participación de Paul McCartney, Jagger aclaró que fue al mismo tiempo que lo hizo para Hackney Diamonds: “Fue la misma semana en la que hicimos la canción ‘Bite My Head Off’ para Hackney… Así que estábamos haciendo una versión de una canción nueva y le pedimos que hiciera una base más funk para ese tema”.
A 60 años de su edición, Jagger se explayó sobre Aftermath, que puede entenderse como un disco bisagra en la trayectoria de Sus Majestades Satánicas: “Fue el primer álbum en el que escribimos todas las canciones. No recuerdo qué canciones están en el álbum”, dijo entre risas. Y agregó: “Recuerdo que lo grabamos en Los Ángeles en un estudio que ya no existe, RCA, donde grabamos ‘Satisfaction’. Le dedicamos muchísimo tiempo al disco. Recuerdo que teníamos una canción larga llamada ‘Going Home’. Es la última del disco. Y al final sigue sonando. Ese es el hito para mí. Empezamos como una banda de covers. Entonces, como dijiste, si eso fue en 1966, nos llevó tres años pasar de ser una banda de covers a estar escribiendo nuestras canciones”.
También se refirió al éxito que tienen los shows con avatares, hologramas e inteligencia artificial: “Pienso que todas estas cosas tienen un lugar en los recuerdos de las personas. Para quienes desean revivir eso… quiero decir, lo de ABBA fue muy popular en Inglaterra. La gente iba a verlo. Nadie sabía que sería un éxito y lo ha sido”. ¿Podrían hacer algo así los Rolling Stones? “Estoy seguro de que será algo mucho más original. Más grande en el futuro. Desde el fenómeno de ABBA, técnicamente ocurrieron muchas cosas. Va a ser increíble todo lo que se va a poder hacer”.
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This Music May Contain Hope, el último álbum de la cantante británica Raye, exige mucho a su público. La mayoría de las canciones de este proyecto de 17 temas parecen sacadas de la banda sonora de una película épica, y hay un momento en la última canción que se desarrolla como si fueran los créditos finales. Raye agradece a todos los que ayudaron a crear el LP, poniendo fin a una experiencia auditiva gloriosamente desorientadora.
Durante la mayor parte del álbum, Raye le pide al oyente que la acompañe mientras lucha y reza en medio de la desesperación y la autocrítica para mantener viva la esperanza. A veces, esa batalla se filtra a través de canciones que suenan como temas de musicales o himnos de góspel. En el caso de ‘Click Clack Symphony’, van creciendo hasta convertirse en una vertiginosa composición de Hans Zimmer. Hay un nivel de paciencia que el álbum exige a sus oyentes: a la vez confrontativo y confesional, This Music May Contain Hope no está pensado para una escucha distraida y pasajera, y es uno de varios lanzamientos que muestran cómo las estrellas del pop están creando proyectos sorprendentemente ambiciosos y abrumadoramente íntimos que fomentan una participación intencional.
El año pasado, Hayley Williams lanzó Ego Death at a Bachelorette Party como 17 sencillos individuales, invitando a los fans a ordenar el disco como este les hiciera sentir. Unos meses después, Rosalía lanzó Lux, un cautivador álbum de 18 temas interpretados en 13 idiomas. Comparte la complejidad musical de This Music May Contain Hope y el espíritu cuestionador del reciente álbum debut de Hemlocke Springs, The Apple Tree Under the Sea. Estos proyectos abordan temas como la angustia mental, la fe y la religión, y la implosión interna e interpersonal.
Raye incluye las voces de sus abuelos al comienzo de la canción ‘Life Boat’: “Estoy vivo, no me rindo”, se escucha decir a su abuelo, grabado apenas unos días antes de su muerte. Más voces se suman a lo largo de los siguientes cuatro minutos. Todas repiten alguna variante de “No me rindo, todavía“, algunas con más desesperación que otras. “Dilo“, dice Raye, severa y directa. “Digan: ‘Aún no me rindo‘”. Hay algo trascendente en los contornos de su voz.
Ese tipo de poder vocal es algo de lo que Rosalía habla a menudo: el “duende”, un término flamenco que se refiere a la emoción que despierta una interpretación vocal especialmente evocadora. No se trata de destreza técnica ni de precisión, hace que la experiencia auditiva se sienta específica y personal, y es especialmente llamativo en Lux. La música se desarrolla de una manera que trasciende el lenguaje. Rosalía lo presentó con el primer sencillo, ‘Berghain’, que se fragmenta entre el alemán, el español y el inglés. Cuando la voz de Yves Tumor irrumpe en el outro de la canción, la repetición de “Te voy a follar hasta que me ames” resulta áspera y abrasiva en comparación con los momentos musicales que la preceden. Rosalía persigue esa fricción a lo largo de Lux, que cuenta con la Orquesta Sinfónica de Londres, el coro Escolania de Montserrat y arreglos que van de lo errático a lo hipnótico. Pone a prueba al oyente con existencialismo y reflexiones sobre la vida después de la muerte. Puede que esto aleje a algunos fans, pero los que se quedan son recompensados.
La mayor parte del LP se inspiró en santos, como Teresa de Ávila o Juana de Arco. Su historia añade una tercera capa a la profundidad de Lux; Hemlocke Springs, de manera similar, se centra en motivos religiosos en The Apple Tree Under the Sea. Ella entreteje cuentos medievales y aventuras impulsivas dignas de un libro de cuentos. Al posicionarse como un personaje de sus historias fantásticas, le brinda a su público alguien a quien apoyar, al tiempo que crea una distancia entre la ficción y la realidad.
En ese sentido, The Apple Tree Under the Sea comparte una teatralidad con This Music May Contain Hope. Las historias con moraleja de Raye sobre los hombres traicioneros del sur de Londres forman parte del mismo espectáculo que ‘Head, Shoulders, Knees, and Ankles’ y ‘Moses’ de Springs. Springs añade un preludio hacia el final en el que se escucha a un hombre predicando en la lejanía sobre el pecado y el juicio final. Se hace más difícil oírlo cuando irrumpen los sonidos de caballos al galope, y el suspenso se intensifica hasta convertirse en un outro orquestal.
Ego Death at a Bachelorette Party, de Williams, también sumerge a los oyentes en una realidad dolorosamente vívida. El momento más honesto es ‘Good ’Ol Days’, cuenta con la aparición de su abuelo, quien le dice, a mitad de la canción: “Tenía que llamarte primero con mi nuevo teléfono / Te quiero, diviértanse todos, adiós“. El interludio enfatiza la interioridad del LP, compuesto por momentos, personas y sentimientos reales.
Todos estos proyectos, por muy diferentes que sean, cuestionan la idea arraigada en la música pop de que la mejor manera de conectar con el gran público es mantener un enfoque amplio, y de que las generalizaciones vagas son más fáciles de entender. Sin embargo, la hiperespecificidad y la confrontación presentes en estos álbumes crean una conexión auténtica, dando la sensación de que se le confían al oyente los secretos y las luchas de alguien, y de aceptar los propios también.
Así mismo, hay una sensación de valentía en cómo estos artistas se dejan llevar por sus convicciones. Piden paciencia mientras recuerdan a los oyentes que es admirable arriesgarse. Algunas personas no acuden a la música buscando esto; no es fácil tener a un artista en tus oídos diciéndote que abordes tus emociones y recuerdos más devastadores. Pero estos parecen ser el tipo de discos que tienen el poder de perdurar en el tiempo.
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Este mes, Rolling Stone presenta un número especial que tiene en el homenaje al Indio Solari uno de sus ejes principales. Nuestro Secretario de Redacción, Sebastián Ramos, traza un perfil de ese artista bohemio, poeta, formado en la psicodelia y la cultura rock, que se transformó en el faro de la música popular que marcó la vida de varias generaciones de argentinos. Oscar Jalil repasa los años formativos de Solari, antes de empezar el viaje al frente de los Redondos. Nuestro editor Humphrey Inzillo recorre su obra como artista plástico. Además, Claudio Kleiman, el primer periodista en escribir un artículo sobre Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, entrega un texto emocionante en el que no solo despide al artista, también a su amigo. El exdirector de Rolling Stone, Ernesto Martelli, evoca aquellas raras entrevistas en las que el Indio Solari dejaba ver algunos aspectos personales e incluso llegaba a hablar de la muerte. Y un dossier especial con las fotos que reflejan el masivo funeral en Villa Domínico.
En julio, tenemos una doble tapa. Porque elegimos a Trueno como nuestro símbolo de la ilusión mundialista. El rapero oriundo del barrio de La Boca, en la Comuna 4, que sacó su cuarto disco, Turr4zo y sueña con la cuarta Copa del Mundo, posó en exclusiva con una remera de diseño mítico. La creación de Oscar Tubio en los 90, que pudo haber sido la camiseta de la selección en el Mundial de Italia y que usaron Diego Maradona y Charly García.
Pero hay mucho más, porque acompañamos a Wos en uno de los conciertos de su gira bonaerense y repasamos su vínculo con el Indio. Entrevistamos a Wolf Alice, el grupo inglés pasó por Buenos Aires y también por la redacción de Rolling Stone. Y el fenómeno de la UFC, de acuerdo con Dana White, su impulsor y mejor amigo de Donald Trump.
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El décimo álbum de Muse toma su nombre de la Señal Wow!, una transmisión de radio inexplicable detectada por un astrónomo atónito en 1977, que se ha considerado un posible ejemplo de comunicación extraterrestre. La cantidad de pompa y virtuosismo que Muse puede desplegar en una sola canción tiene un cierto factor sorpresa; temas como ‘Uprising’ y ‘Supermassive Black Hole’ los convirtieron en referentes del rock de estadios enérgicos. Pero, como suele ocurrir con esta banda británica ostentosamente grandilocuente, su música no te dejará boquiabierto, sino más bien te dejará completamente aturdido.
En The Wow! Signal, Muse despliega su característica mezcla de Queen, Korn y Radiohead, la teatralidad de los estadios de los setenta, el synth-rock de los ochenta, el rock alternativo de los noventa y el metal gótico de los 2000. El líder y cerebro Matt Bellamy retoma su tema recurrente de la búsqueda interminable de algo puro y real en un mundo de conformidad, hipocresía y alienación. En la contundente ‘Cryogen’, la frialdad del espacio exterior es una metáfora de la soledad de la vida. El sencillo ‘Be With You’ pasa del órgano catedralicio al pulso electrónico y a una orgía de AOR, mientras Bellamy canta sobre el anhelo de conectar.

Pasan de la intensidad operística de ‘The Dark Forest’ (con un coro celestial que acompaña a Bellamy cantando en latín) al disco fúnebre de ‘Nightshift Superstar’ y a la balada glam-slam de ‘Shimmering Stars’. De vez en cuando, Muse encuentra una buena fórmula y se aferra a ella. ‘The Sickness In You & I’ es un himno nu-metal bastante aceptable antes de desmoronarse en una farsa monótona. ‘Hush’ recibe un gran impulso de calidez y personalidad gracias a la participación de Ellie Goulding, que llega como un arcoíris después de un monzón que se ha llevado tu casa con la marea.
El tema que cierra el álbum, ‘Space Debris’, es una pieza minimalista (para ellos) donde encuentran una bonita melodía y la dejan crecer un poco mientras Bellamy se lamenta de cómo el amor puede desvanecerse en el más allá como basura cósmica. Irónicamente, es bastante realista, prueba de que no pasaría nada si Muse mantuviera un tono menos intenso. Claro que, si lo hicieran, no serían Muse.
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El músico, cantante, compositor y poeta Daniel Melingo murió este martes a los 68 años. Su cuerpo fue hallado sin vida en el interior de su casa por uno de sus hijos.
Por el momento se desconocen las causas de muerte, aunque se sabe que el músico sufría EPOC. Se espera el parte oficial de la policía.
Melingo estaba a punto de publicar su nuevo álbum y presentarlo en un show a lo grande en el Teatro Coliseo, que iba a ser uno de los más importantes de su carrera.
Sus últimas grabaciones fueron en colaboración con Andrés Cotter, revisitando “Chalaman”, que había compuesto originalmente para Los Abuelos de la Nada.
Y en Peor flamante álbum de Guillermo Piccolini, editado por Ultrapop hace poco más de una semana, colaboró en “Cara de loco”, una canción con aires tangueros.
Nacido en Parque Patricios, se formó como clarinetista y estudió música desde muy joven antes de convertirse en un multiinstrumentista que dominó el saxofón, la guitarra y el clarinete. Tras acompañar al brasileño Milton Nascimento a fines de los años setenta, se integró a la renovación del rock argentino como miembro de Los Abuelos de la Nada y cofundador de Los Twist junto a Pipo Cipolatti. También formó parte de la banda de Charly García durante la etapa de Piano Bar.
Melingo es autor de grandes canciones de rock nacional como “Chalamán” de Los Abuelos de la Nada o “Jugando hulla hulla” y “Cleopatra (la reina del twist)” de Los Twist.
A partir de mediados de los años noventa dio un giro decisivo hacia el tango, pero desde una mirada contemporánea. Discos como Tangos bajos, Santa milonga, Maldito tango, Linyera y Anda conformaron su identidad artística, reconocida con galardones como el Premio Konex y el Premio Gardel.
Antes de consolidarse como una figura central del tango contemporáneo, Melingo integró Lions in Love, el grupo que formó junto a Fernando Samalea, Gabriel Carámbula y Roberto Pettinato, con el que publicó un único álbum de estudio en 1991, de fuerte impronta rockera.
Más acá en el tiempo, participó de Spinettango, el proyecto impulsado por el pianista Julián Vat que reversionó el repertorio de Luis Alberto Spinetta en clave tanguera. Además de su carrera musical, trabajó como actor, compositor para cine y gestor de proyectos escénicos.
Melingo había anunciado para el 21 de septiembre la presentación oficial de Tangos bajos (Rework) en el Teatro Coliseo, un álbum que reversionaba su clásico de 2004 junto a invitados como Fito Páez, Andrés Calamaro, Pity Álvarez, Pablo Lescano, Juli Laso, Maxi Prietto y el italiano Vinicio Capossela, entre otros. En los últimos meses había adelantado los sencillos “José el Cuchiyero”, junto a Malandro, y “Narigón Cumbiero”, con la participación de Pablo Lescano. Además, en 2026 había sido nominado a los Premios Gardel en la categoría Mejor Canción de Tango por “La guitarra”, interpretada por Fito Páez.
Más allá de la música, Melingo lanzado en 2024 su propio vino. El vino Melingo. “El vino y la música, dos expresiones culturales que han acompañado a la humanidad desde tiempos inmemoriales, no solo comparten un espacio común en celebraciones y rituales, sino que están profundamente entrelazadas en la experiencia sensorial y emocional del ser humano”, había escrito para ‘Un enlace sensorial y cultural’, el texto que hace las veces de introducción a El vino & la música, el libro que lanzó para acompañar el lanzamiento de su delicioso malbec.
En 2022 había estrenado la Ópera linyera en el teatro 25 de Mayo, que expandía el universo musical y fabulesco de sus últimos discos hacia una propuesta escénica singular: una puesta híbrida y vanguardista basada en su álbum Oasis. A través de una narrativa onírica y poco lineal, el ex Abuelos de la Nada encarnaba a un elegante linyera que se cruza con personajes singulares, como un cafishio, una bailarina y un personaje dual interpretado por Fernando Noy, sumando además las voces grabadas de Andrés Calamaro y Enrique Symns, con dirección de Pichón Baldinú.
Melingo también desplegó su magnetismo bohemio y su particular poética urbana a lo largo de un abanico de películas. En Lulú (2016), bajo la dirección de Luis Ortega, aportó su aura marginal en un relato crudo y surrealista por las calles de Buenos Aires, mientras que en el film uruguayo Una noche sin luna ofrece una de sus interpretaciones más entrañables como Molgota, un músico preso que saborea una agridulce libertad transitoria durante el Año Nuevo. Su realidad es una road movie que lo siguió en clave de falso documental durante una gira europea, capturando la mística de su cotidianidad artística. También interpretó al padre de la mítica cantante en Gilda, no me arrepiento de este amor, la biopic dirigida por Lorena Muñoz.
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