En el primer aniversario de su reunión, Oasis ha compartido el primer adelanto de Don’t Look Back in Anger, el documental casi archivado que retrata el improbable regreso de los hermanos Gallagher.
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El clip de 45 segundos retrata el frenesí del público en los shows de la agrupación y enseña material grabado durante los ensayos, donde Noel y Liam hablan sobre su regreso después de su infame separación. “No me veo compartiendo el escenario con Liam. Simplemente, no lo veo posible”, dice Noel al inicio. “La forma en que terminó fue inaceptable”, añade su hermano.
“La película relata el acontecimiento musical de 2025, capturando la experiencia y las emociones tanto de la banda como de sus seguidores en todo el mundo”, se lee en la sinopsis oficial. “Esta perspectiva única incluye acceso a los ensayos, al detrás de cámaras y a los escenarios, además de las primeras entrevistas conjuntas con Noel y Liam en más de 20 años. Coincidiendo con la gira mundial de entradas agotadas de la banda, el documental también explora el impacto emocional de este fenómeno cultural global y lo que su música significa para públicos y generaciones de todo el mundo”.
Don’t Look Back in Anger, creado por Steven Knight (la mente detrás de Peaky Blinders) y dirigido por Dylan Southern y Will Lovelace, llegará en septiembre a cines seleccionados en distintos países antes de su llegada a plataformas de streaming.
“La gira mundial de Oasis unió a generaciones, culturas y países, y habló a un mundo fracturado sobre la reconciliación”, declaró Knight en un comunicado. “Don’t Look Back in Anger no es solo tu entrada al concierto: es un acceso al backstage y un asiento en primera fila cuando Liam y Noel se sientan juntos por primera vez en 15 años para contar las cosas tal y como son, y tal y como fueron”.
La gira de reunión de Oasis inició el 4 de julio de 2025 en Cardiff, Gales, y recorrió Europa, América del Norte, Asia, Australia y América del Sur antes de terminar en noviembre pasado en Sao Paulo, Brasil. La banda no ha revelado más planes para el futuro.
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Han pasado apenas unas pocas semanas desde que Carlos Alberto Solari, ‘El Indio’ se fue a estremecer multitudes en otras dimensiones, pero aún nos sobrecogen las imágenes de las filas kilométricas en sus exequias, y nos siguen sacudiendo sus canciones, que nunca dejarán de hacerlo.
En estos pocos días incluso se ha atribuido algún milagro, y se ha dicho que puso a bailar a los filósofos y a leer a los ladrones. Su figura mística permanece misteriosamente sobre nuestras cabezas, aunque gran parte de Iberoamérica solo lo vea de lejos como una rarísima figura de culto ajeno. Lo cierto es que Solari, en solitario y con Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, ya pasa a la historia como una de las figuras más convocantes del rock en nuestro idioma, y el gran mérito está en que lo consiguió sin caer en las bajezas mercantilistas de algunos colegas que han tenido una suerte desproporcionadamente grande e inmerecida.
El Indio y los Redondos construyeron todo esto con un espíritu rebelde, autónomo, auténtico y esquivo, incluso en tiempos de exposición forzosa para las estrellas de la música. Es un caso de estudio que ha dado origen a montones de libros, y que vemos con extrañeza quienes no tuvimos la suerte de vivir el fenómeno desde adentro.
Sin arrodillarse ante las maquinarias aplastantes de la industria musical, Solari alcanzó cosas con las que esa misma industria apenas podría soñar, y alcanzó todo eso en sus propios términos; por eso -aunque entendamos que hoy vivimos tiempos muy distintos- la historia del Indio y los Redondos debería ser revisada y analizada por bandas y artistas de toda Iberoamérica, aunque hay quienes piensan que un fenómeno así solo podría darse una vez, y tendría que darse en Argentina. De cualquier modo, es una historia tan llena de matices, misterios y profundidades, que no cabría en montones de páginas, y que corresponde contar a otros con mayores méritos.
Por ahora podemos abrir para muchos esta puerta con una playlist de 30 canciones que nos permiten sumergirnos hipnóticamente en esa voz de auto frenado, de intelectual puntilloso y chamán de la calle. Así intentaremos entender, al menos sentir, por qué para tanta gente El Indio seguirá haciendo milagros.
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En el primer aniversario del primer concierto de reunión de Oasis, la banda ha compartido el primer adelanto de Don’t Look Back in Anger, el documental casi archivado sobre el improbable regreso de los hermanos Gallagher.
El clip de 45 segundos presenta a las ruidosas multitudes de Oasis y da pistas de imágenes de ensayos mientras Noel y Liam Gallagher hablan sobre su reunión años después de la enconada separación de Oasis.
“Simplemente no me veo en el escenario con Liam, simplemente no lo veo”, dice Noel en voz en off, mientras Liam agrega: “La forma en que terminó, inaceptable”.
“La película es un relato indisculpablemente optimista del mayor evento musical de 2025, que captura la experiencia y las emociones de la banda y sus fans en todo el mundo”, decía una sinopsis. “La perspectiva única incluye acceso a ensayos, tras bambalinas y al escenario, así como las primeras entrevistas conjuntas con Noel y Liam en más de 20 años. Junto a la gira mundial agotada de la banda, la película también explora el profundo impacto emocional de este fenomenal momento cultural global y lo que su música significa para las audiencias y generaciones de todo el mundo”.
Don’t Look Back in Anger, creada por Steven Knight de Peaky Blinders y dirigida por Dylan Southern y Will Lovelace, se estrenará en IMAX y cines este septiembre antes de llegar a Hulu y Disney+ a finales de este año.
“La gira mundial de Oasis unió a generaciones, culturas y países y le habló a un mundo roto sobre la reconciliación”, dijo Knight en un comunicado. “Don’t Look Back In Anger no es solo tu entrada para el concierto, es un pase para el backstage y un asiento en la mesa cuando Liam y Noel se sientan juntos por primera vez en 15 años y cuentan las cosas como son y como fueron”.
La gira de reunión de Oasis comenzó el 4 de julio de 2025 en Cardiff, Gales, y recorrió Europa, América del Norte, Asia, Australia y América del Sur antes de concluir en noviembre en Sao Paulo, Brasil, días después de que la banda fuera incluida en el Salón de la Fama del Rock and Roll. La banda no ha revelado sus planes futuros.
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La vuelta del rocanrol se siente, paradójicamente, como una renovación en la música argentina. Si el llamado “rock barrial” fue, durante los años noventa y con nervio stone, la expresión reaccionaria de la juventud de la clase trabajadora al neoliberalismo y a un contexto social que los dejaba al margen del sistema, actualmente es la herramienta que muchos encontraron para dialogar con su tiempo y su gente. Bandas como Autos Robados, los principales exponentes de esta última camada, Los Gladiolos, La Grecia, Yony Linyero o reybruja son, entre tantas otras, quienes miran al barrio y encuentran allí elementos suficientes para abrazar el rock nacional y cantarle de forma actualizada a lo que sucede en las clases populares. Estas bandas forman lo que podríamos definir como la escena neo-rolinga de la música argentina. Aquí una guía para conocerlos:
Autos Robados
El antídoto (2026)
El último EP de la banda de Quilmes, la más importante del movimiento actual, muestra en tres canciones una buena imagen de lo que es la banda: un inicio con juego doble de guitarras bien stone (“El golpe”) y luego uno de esos temas característicos del grupo donde, sobre un galope de batería, la tensión crece permitiendo un baile de rocanrol bien transpirado (“Todo para mí”). Finalmente, una balada sensible con guiño ricotero (“El antidoto”). Buenos estribillos que reflejan la vida del laburante.
reybruja
Gustar y ofender (2025)
Los más eclécticos de su generación. Gustar y ofender hace una lectura generacional y se desmarca de sus pares paseándose por la distorsión en canciones más podridas, el vértigo garajero, las melodías típicas del rock nacional y unas baladas radiables aptas para toda la familia.
Yony Linyero
Esperando el rescate (2024)
Una relectura de lo rolinga actualizado a su época. Yony Linyero propone una observación participante de su barrio, Once, y lo narra como solo alguien del lugar puede hacerlo. Sonido lo-fi y sincero con germen punk en canciones de laburantes, alguna que otra droga y amores que dejan de ser. Corazones encendidos de rocanrol para un contexto hostil.
La Grecia
Lady Garrón (2025)
Ellos mismos afirman que hacen “rock and roll en serio”. Entre los señalados, los más jóvenes de su camada. Guardan influencias tanto de Guasones y Ratones Paranoicos como de AC/DC y Bob Dylan. Un disco con furia contenida y estribillos con todos los clichés del género: una estrella de rock que busca sexo, se sabe deseado, y habita la noche entre amigos y malas decisiones.
Los Gladiolos
Complicado (2021)
La banda con el sonido más cercano al arquetipo rolinga de los años 90. Guitarras y golpe de batería stone para acompañar las voces dobladas de Mariano Rogelio Maravilla. Canciones que hablan de los amigos, las calles del barrio y de la ausencia de esa persona querida, sin caer en los clichés y conservando la ternura de un rockero herido.
Los Bluyines
Rockdelia guitarra (2016)
Después de La Patrulla Espacial, Tomás Vilche, quien fuera el cantante y guitarrista del grupo, armó Los Bluyines. Así, castellanizando la palabra en inglés para darle nombre a la banda. El disco debut del grupo aborda sin prisa las guitarras stone con psicodelia, armónicas bien rolingas, y una voz hipnótica que habla del amor, la experimentación y el amor por su instrumento.
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Def Leppard confirmó su regreso a la Argentina. La banda británica se presentará el 5 de noviembre de 2026 en el Movistar Arena, con Extreme como invitados especiales, en el marco de una gira que también recorrerá México y distintos países de la región.
Con más de cuatro décadas de trayectoria, el grupo integrado por Joe Elliott, Phil Collen, Rick Savage, Vivian Campbell y Rick Allen vuelve después de tres años para repasar algunos de los discos más importantes de su carrera, entre ellos Pyromania e Hysteria, con clásicos como “Pour Some Sugar On Me”, “Rock of Ages”, “Animal”, “Love Bites” y “Foolin’”.
En 2023 habían visitado Sudamérica junto a Mötley Crüe, en un tour que reunió a más de 2,1 millones de espectadores en 27 países.
En 2022, Def Leppard editó Diamond Star Halos, su duodécimo álbum de estudio, que debutó en el número uno de los rankings de Apple Music, Amazon Music y Billboard Hard Rock, además de ingresar al Top 10 del Billboard 200. Un año más tarde lanzó Drastic Symphonies, grabado junto a la Royal Philharmonic Orchestra, que alcanzó el cuarto puesto en el Reino Unido y permaneció durante 15 semanas en el número uno del ranking Billboard Current Classical.
En paralelo, la banda publicó recientemente el sencillo “Just Like 73”, grabado junto al guitarrista Tom Morello, que llegó al primer puesto del ranking Mediabase Classic Rock.
Def Leppard en Argentina: entradas, ubicaciones y precios
Las entradas para ver a Def Leppard en Buenos Aires están a la venta en el sitio web oficial de Movistar Arena.
- Campo parado: $95.000 (más service charge)
- Platea baja: $130.000 (más service charge)
- Platea alta: $105.000 (más service charge)
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“Estábamos jugando a las escondidas. Un amiguito contaba y yo me mandé a la calle, para esconderme en la vereda de enfrente. Justo pasaba en contramano un taxi con las luces apagadas. Y me tiró de cabeza, me di la marota contra el cordón. Debe ser por eso que quedé así… El taxi me produjo una fractura expuesta de tibia y peroné. Me operaron dos veces, una para ponerme un tornillo de platino y otra para sacármelo. Decían que había que sacarlo porque, como estaba en edad de crecimiento, el tornillo se podía soltar y desplazarse solo por el cuerpo. De haber llegado al cerebro, me habría venido bien. Así que estuve fané un tiempo. Ahí empecé a leer y a dibujar”, cuenta Indio Solari en Recuerdos que mienten un poco, la autobiografía escrita en colaboración con el periodista y escritor Marcelo Figueras. El juego que casi termina en tragedia es uno de los tantos inicios posibles de una historia que tuvo como sede ilustrada a la ciudad de La Plata, aunque en la partida de nacimiento de Carlos Alberto Solari certifique a Paraná, Entre Ríos, como el comienzo de todo, el 17 de enero de 1949.
Calle 41 avanza a puro empedrado desde la estación de tren de la capital provincial, bordea la terminal de micros cuando cruza 3 y se vuelve señorial casi llegando a 7. Tiene un nombre, Coronel Tomás Espora, pero en la urbe universitaria nadie recuerda al héroe naval de las guerras de la Independencia: los números se imponen. Entre 6 y 7, a la altura de 631, una puerta de madera esconde el pasillo de la casa en donde vivió Solari durante los años escolares y en la primera juventud, período formativo que delineó al artista contracultural. “Parte de un PH: dos habitaciones, comedor grande, cocina, baño. Pero los PH de La Plata no son como los de Buenos Aires, son un poco más prolijos, más delicados; en ese sentido, como en tantos otros, La Plata fue siempre de tener culo con los pespuntes, presume de tener una aristocracia que no existe en el resto de la Argentina”, explica Solari en su libro de memorias.
Indio llegó a la ciudad a los dos años de vida junto a sus padres y su hermano mayor. A solo tres cuadras de su casa, cursaría la primaria en la Escuela Nº 33 “Juan Manuel Ortiz de Rosas”.
“Mi historia con el Indio es bastante insólita. Un día me lo sentaron al lado en los bancos de a dos que había a fines de los cincuenta en las escuelas de La Plata, lo cual generó una cercanía inevitable. Igualmente había onda por algún motivo y así nos hicimos amigos, y yo iba de visita al departamento de calle 41. Carlitos me enseñaba a dibujar aviones en movimiento de una manera muy simple y didáctica. Tenía dibujos a lápiz de velas derritiéndose. Recuerdo que tenía una maestría increíble con sólo nueve o diez años”, describe Isa Portugheis desde las páginas de Adonde quiera que voy, el libro editado por Gourmet Musical que cuenta la vida del baterista de Diplodocum Red & Brown (donde Skay Beilinson debutó como bajista) y La Cofradía de La Flor Solar, bandas pioneras del rock platense, y que también fue parte de Billy Bond & La Pesada del Rock & Roll y Punch, grupo liderado por Miguel Cantilo.
La educación formal de Carlitos, como lo llamaban sus amigos, registra una expulsión del Colegio Industrial Albert Thomas, que derivó en que la etapa final de la formación secundaria la realizara en el Normal 3 de La Plata, pero a pocos días de cerrar el ciclo lectivo una reacción intempestiva lo alejaría para siempre de las aulas. “Me falta matemáticas. Empecé a hacer el curso de ingreso a Bellas Artes. Pero me mandé una cagada y me rajaron. Hubo una profesora que no me dejó ir al baño. Y yo, que me estaba meando en serio, me puse a hacerlo ahí. De puro encabronado, porque podría haberme ido igual sin permiso, subí un par de escalones en la grada y empecé a mear contra una tabla. Rodaba para abajo como una cascada, el meo. Y bueh… Sí, era insufrible”.
La Plata era una fiesta a mediados de los sesenta, todavía quedaba tiempo de descuento antes de la llegada de la dictadura de Onganía y su larga noche de los bastones largos. Un tal Ricardo Cohen lideraba una agrupación estudiantil que se imponía en la elección del centro de estudiantes de la Escuela de Bellas Artes, otra señal a futuro. En el aire la música de Los Beatles ejercía un poder liberador. La vida juvenil se cocinaba en los bares o en el club de ajedrez de calle 54, donde Rodolfo Walsh jugaba partidas simultáneas al tiempo que empezaba a desentrañar la trama de Operación Masacre. Todo sucedía en una especie de primavera permanente, las nuevas coordenadas del tango en las apuestas valientes de Astor Piazzolla y Eduardo Rovira, otro platense indómito. Y el cine: en Bellas Artes funcionó la primera escuela de cine del país. Y también la radio, LR11 Radio Universidad Nacional de La Plata, la primera emisora universitaria del planeta, significó otro espacio de expansión para Solari, que en la segunda mitad de los setenta formará parte de diferentes programas junto a futuros compañeros de ruta ricoteros como Sergio Martínez (El Mufercho), Pepe Fenton y Ricki Rodrigo.
Algo cambió el 29 de julio de 1966. Como una postal de la involución, la policía ingresó a garrotazos limpios en las universidades nacionales, y las facultades de la ciudad de La Plata no fueron la excepción: profesores expulsados, reducción del presupuesto educativo y la disolución de los centros de estudiantes provocaron la reacción. Los mismos estudiantes que habían ganado el centro de Bellas Artes deciden crear una institución paralela con los profesores cesanteados. De ahí a fundar la vida en comunidad había un solo paso, con el antecedente que llegaba desde Uruguay, a partir de las experiencias de los campamentos tupamaros. Mientras en San Francisco se abría al Verano del Amor, en La Plata un nutrido grupo de chicas y chicos plantaron las semillas de la convivencia comunitaria: la primera casa abierta estaba ubicada en 13 y 41, y al poco tiempo surge La Casa de la Luna en 526 entre 6 y 7. Comienza el intercambio de ideas, aparece el síntoma de la independencia y la autogestión.
Solari no fue parte de La Cofradía, pero muchos de los postulados que formaron la doctrina independiente de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota tienen origen en la primera banda platense que empezó a cantar en castellano mientras la psicodelia dominaba todas sus exploraciones estéticas. La impronta multidisciplinaria de Los Redondos está conectada a las miras colectivas y dionisíacas de los cófrades con Cohen a la cabeza. Todavía no se hacía llamar Rocambole y aún no se había cruzado con el pibe flaquito de la calle 41.
Skay Beilinson y la Negra Poli se conocieron en un concierto de La Cofradía y Diplodocum. Por la misma época el Indio afrontaba el servicio militar obligatorio. Cerca de la Escuela de Bellas Artes, en el Distrito Militar de La Plata, una vez más, como en sus tiempos de estudiante, acomodó a su agenda las exigencias de la institución castrense. Consiguió un acomodo y se limitó a realizar tareas de oficina de lunes a viernes, salía a las 14. En la muy recomendable biografía de Los Redondos, Fuimos reyes, de Mariano del Mazo y Pablo Perantuono, aparece un dato poco conocido. Solari protagonizó varios encontronazos con oficiales y un día estuvo a punto de desertar: se peleó con un mayor y se fue a su casa a dormir la siesta. Sus compañeros de colimba lo convencieron de que era una locura y finalmente volvió al destacamento.
Con sus padres viviendo buena parte del año en Valeria del Mar, el joven Solari convirtió la casa de calle 41 en un espacio abierto a nuevas experiencias de percepción. Sus amigos le decían “la trinchera”. En la calle, el final de la dictadura de Lanusse abre el juego al regreso democrático. La participación política de Solari se limita a su paso por las filas de Silo, antecedente de lo que luego se conocerá como el Partido Humanista, militancia que incluye algunas acciones directas como el robo de un mimeógrafo para imprimir volantes. Silo fue la invención de Mario Rodríguez Cobos, quien logró cierta notoriedad en los círculos de izquierda hippie gracias a su “Sermón en la montaña”, manifiesto de una filosofía humanista que remite a corrientes orientalistas y a una izquierda pacifista nacida en la costa oeste norteamericana.
“Lo conocí en una reunión de Silo. No me lo presentó nadie. Venían las elecciones del 73 y Silo reaparece tratando de insertarse en la coyuntura política del momento. La propuesta de él era medio anarco, porque proponía el voto anulado revolucionario. El Indio tenía el pelo larguísimo y barba. Decía ‘yo no vengo acá para identificarme con un signo masónico, yo quiero que me digan dónde hay que poner la bomba’. Me acuerdo que me hizo escuchar a Frank Zappa”, cuenta Fenton, primer bajista de Los Redondos, en Indio Solari. El hombre ilustrado, el libro de Gloria Guerrero.
“Nuestra cultura era más artística que política. Pero también hubo artistas a los que secuestraron y se cargaron. Y no por política partidaria, sino por no pensar en la misma dirección. Esto lo sé con total certeza: conocí tantos chicos heroicos, ilustrados, en La Plata… Nosotros renegábamos de toda la estructura académica, de la formación de los profesionales. Pero de cualquier manera teníamos diálogo con la gente del otro palo. Una tarde mi amigo Alejo y yo nos la pasamos conversando con tres de ellos, comiendo bizcochitos. A los pocos días los mataron a todos. Si hubiésemos tenido la mala suerte de estar ahí en ese momento, también nos hubiesen matado, por mucho que estuviésemos en otro viaje. Pensar que todos teníamos y leíamos casi los mismos libros, que terminamos escondiendo…”, dice Solari en su libro de memorias.
Era inevitable que algún día se encontraran. El nexo entre Skay y Daddy, así lo llamaban al Indio en los tempranos setenta, fue Guillermo Beilinson, hermano mayor del guitarrista y motor de propuestas originales como factótum de un taller de estampado o productor de películas experimentales. Reconocido bajo el apodo de El Boss, Beilinson fue el gran imán que agrupó a los delirantes, un colectivo integrado por músicos, escenógrafos, actores y pintores. Las primeras investigaciones nacieron en el sótano del Pasaje Rodrigo, una galería comercial de estilo art noveau, hoy convertida en shopping. A mediados de los setenta, en sus catacumbas nacen Los Redondos como la banda encargada de musicalizar un cuento de ciencia ficción del Indio que se convirtió en largometraje. Ciclo de cielo sobre viento era una historia futurista sobre habitantes subterráneos tratando de resistir los embates de un suprapoder, obviamente opresivo. Había otras pelis, todas de laboratorio y con un vuelo imaginativo que aún provoca asombro: Celos, un mediometraje rociado por un clima surrealista en donde el Indio encarna al protagonista, un voyeur; y Horizontes verticales, una serie de episodios sobre los delirios de un profesor alemán protagonizado por Quique Peñas, amigo de la casa ricotera y ocurrente actor vocacional.
Cada trabajo visual tenía una banda de sonido, ruidos y música de fondo compuesta por Skay junto a su hermano mayor y una buena cantidad de colaboradores, entre los que se destacaban Bernardo Rubaja (Diplodocum), pianista y bajista de formación clásica que será clave en los primeros Redondos, igual que Ricky y Basilio, los hermanos Rodrigo que cedían los sótanos del edificio familiar.
La ciudad fundada por masones en 1882 volvía a revelarse con sesgo anticlerical y disidente, una empresa imposible sin intermediarios y de carácter colectivo: la idea era inventar espacios como el Teatro Lozano y convertirlo en una bacanal dionisíaca en plena dictadura genocida. Un debut epifánico producido el sábado 26 de noviembre de 1977. Los Redondos con el Indio Solari en el rol del Astronauta Italiano con un antifaz y pinta de polisón.
“No eran Los Redondos, no todavía. Era lo que yo llamo el caldo prebiótico, el mejunje del que después, y solo después, sale la vida –apunta el Indio en su autobiografía–. Había tres guitarristas, tres cantantes, se subía cualquiera al escenario. No había ni régimen de ensayo ni una mierda. Estábamos en comunión todos los freakies de La Plata. Y lo que producíamos en escena no era más que el hilo musical para una especie de happening”.
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