Originarios de Austin, Texas, los integrantes de la banda de alt-rock Culture Wars llegan a un punto decisivo en su carrera con el lanzamiento de su primer álbum, Don’t Speak, tras firmar con AWAL (Artists Without A Label), una de las plataformas más influyentes para artistas independientes.
Rock, riffs, guitarras y baquetas. En este disco, lejos de la hiperproducción digital que domina gran parte de la escena actual, Alex Dugan, David Grayson, Dillon Randolph, Caleb Contreras y Josh Stirm apuestan por la crudeza del sonido en vivo y los instrumentos reales, construyendo un rock orgánico, directo y sostenido.

En entrevistas con ROLLING STONE en Español el año pasado, el vocalista Alex Dugan mencionó que parte del álbum fue grabado entre El Paso y Tornillo, en estudios como Sonic Ranch en Texas, además de espacios consagrados como United Recording en Hollywood y Sunset Sound en Los Ángeles.
A lo largo de las 12 canciones que lo conforman, Culture Wars explora la identidad, las secuelas emocionales y el proceso (a menudo incómodo) de crecer, equilibrando arrepentimiento, autoconciencia y aceptación.
El lanzamiento, acompañado por el video oficial del sencillo que da nombre al álbum, llega tras un año clave para la banda. Todo comenzó con ‘Heaven’, un tema que irrumpió con más de 2.2 millones de streams desde su estreno en 2024, marcando el primer gran punto de quiebre en su proyección internacional.
Asimismo, canciones como ‘Typical Ways’, escrita, según Dugan, como ‘una carta enojada a su yo del pasado’, atraviesan el disco desde un lugar de autoconocimiento crudo e introspectivo.
‘Lies’, por su parte, regresa al origen de la banda, pues es una canción nacida del desamor y la pérdida de confianza que evoluciona hacia un momento de claridad y propósito creativo.
Así, desde el lanzamiento de su EP Teche en 2021, Culture Wars ha mantenido un crecimiento constante como una banda independiente y autogestionada. En sus inicios, incluso compartieron escenario en arenas junto a Maroon 5, Keane y Wallows y habían logrado sold outs en venues de Nueva York o Londres, consolidando su creciente alcance internacional.
En ese contexto, y con su debut recién estrenado y más de un millón de oyentes mensuales, la banda se prepara para su primera gira mundial, que comenzará en mayo con fechas en Estados Unidos, Reino Unido y México, que ocupará un lugar especial en ese recorrido: el 30 de mayo en el Foro Puebla y el 31 de mayo en Monterrey, dos noches en las que presentarán por primera vez en el país, las canciones de este debut.
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En una decisión poco habitual dentro de su política migratoria cultural, pero enmarcada en un momento de creciente preocupación por el antisemitismo en Europa, el Reino Unido negó este martes la entrada a Kanye West (hoy conocido como Ye) debido a su historial de declaraciones antisemitas.
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La medida provocó, como consecuencia inmediata, la cancelación total del Wireless Festival, uno de los encuentros más relevantes de música urbana en el país, que había apostado por convertir a West en su única gran figura durante tres días consecutivos.
El argumento oficial remite al Ministerio del Interior británico. En palabras del primer ministro Keir Starmer, quien escribió a través de X que “Kanye West nunca debió haber sido invitado a encabezar Wireless”, la solicitud de ingreso del rapero fue rechazada bajo el criterio de que su presencia “no sería beneficiosa para el bien público”, una fórmula que el gobierno reserva para casos excepcionales.
Sin margen real para sustituirlo a pocas semanas del evento, programado del 10 al 12 de julio de 2026, y en medio de la retirada de patrocinadores como Pepsi o PayPal, que incrementó el costo reputacional de mantenerlo en el cartel, Melvin Benn, director general de Festival Republic (coorganizadora del Festival junto a Live Nation), calificó los comentarios antisemitas pasados de West como “aberrantes”, pero pidió “ofrecer cierto perdón”.
“El Home Office ha rechazado la ETA (Autorización Electrónica de Viaje) de YE, prohibiéndole la entrada al Reino Unido. Como resultado, el festival Wireless queda cancelado y se reembolsará el importe a todos los poseedores de entradas”, informó la organización en un comunicado.
Sin embargo, la decisión no es repentina. Durante años, el músico ha acumulado un historial de comentarios racistas, declaraciones antisemitas y elogios al nazismo, particularmente evidentes tras el lanzamiento de una canción titulada ‘Heil Hitler’. Este antecedente reactivó las críticas internacionales y elevó la presión en el Reino Unido.
En los días previos al veto, organizaciones representativas de la comunidad judía británica, como el Board of Deputies of British Jews y el Jewish Leadership Council, intensificaron sus críticas y pidieron abiertamente impedir su actuación. Phil Rosenberg, presidente del primero, fue contundente: “Es momento de que Wireless haga lo correcto y retire una invitación que nunca debió haber ofrecido. Puede que Kanye West esté en un camino hacia la salud y la recuperación; sinceramente esperamos que así sea. Pero el lugar para comprobarlo no es durante tres días en el escenario principal de Wireless”.
En enero, West publicó un anuncio en The Wall Street Journal en el que expresó arrepentimiento por sus comentarios antisemitas y los atribuyó a un trastorno bipolar tipo I no tratado, mismo que retomó y actualizó en referencia a la situación con Wireless, en un intento por revertir el rumbo de la situación.
Aseguró que buscaba llevar “unidad, paz y amor” a Londres y se mostró dispuesto a dialogar con la comunidad judía británica. “Sé que las palabras no son suficientes… tendré que demostrar el cambio con mis acciones”, afirmó.

Pero el gesto llegó tarde. Para sus críticos, la oferta fue interpretada más como un intento de salvar su participación en el festival que como una transformación genuina. “No vamos a reunirnos con Kanye West con ese propósito”, respondieron líderes comunitarios.
Aunque inusual, no es la primera vez que el Reino Unido bloquea a un artista. En 2015, Tyler, the Creator fue vetado del país por cuatro años por la entonces ministra del Interior, Theresa May, debido al contenido de sus letras, consideradas homófobas, que “fomentan la violencia y la intolerancia hacia la homosexualidad” y “promueven el odio con posturas que buscan incitar a otros a cometer actos terroristas”.
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The Strokes lanzaron una nueva canción titulada “Going Shopping” a través de un formato inusual: cassettes enviados por correo a un grupo reducido de fans.
La acción formó parte de una campaña iniciada días antes, cuando la banda abrió una suscripción vía SMS solicitando datos personales, incluidas direcciones físicas, para recibir material exclusivo.

Según reportó Stereogum, solo unas 100 personas recibieron el cassette. El audio fue luego digitalizado y circuló rápidamente online. En paralelo, el tema tuvo su estreno en vivo durante un show, lo que confirmó su incorporación al repertorio actual del grupo. Y hoy ya se puede escuchar en las plataformas oficiales.
Musicalmente, “Going Shopping” continúa la línea estética de los últimos trabajos de la banda, con una producción más pulida y el uso de efectos sobre la voz de Julian Casablancas.
El lanzamiento funciona como anticipo de Reality Awaits, el próximo disco de estudio del grupo, confirmado para 2026. Será el séptimo álbum de la banda y el sucesor de The New Abnormal (2020).
La portada y la lista de temas de Reality Awaits:

1. Psycho Shit
2. Dine N’Dash
3. Lonely in the Future
4. Falling out of Love
5. Going to Babble On
6. Going Shopping
7. Liar’s Remorse
8. The Fruits of Conquest
9. Pros and Cons
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Otras 15.000 personas acudieron a la última jornada de SanSan, resuelta sin incidentes, con una organización excelente en cuanto a lanzaderas y servicios. Solo hubo colas en las barras en la primera jornada antes de Love of Lesbian, quizá porque no se esperaba tanta afluencia de gente tan pronto como a las 6 de la tarde.
Se ha cerrado así una buena edición sobre todo concentrada en el buen estado de forma del pop español, en casi toda su variedad. En esta jornada de sábado concentraban a unas audiencias enormes formaciones como La M.O.D.A. o Sanguijuelas del Guadiana, que han pasado meses en la lista de ventas española, pero también había hueco para artistas diferentes y experimentales, como Maria Arnal, o punk, como Biznaga.
Arnal se tomó con humor el único fallo que se le pudo sacar a su set: un problema de sonido justo cuando estaba entrando en el escenario. La cantante retrocedió, caminando hacia atrás como si alguien hubiera apretado el botón de «rewind», fingiendo que allí no había pasado nada. De ahí en adelante, el show fue la absoluta perfección, entre el juego de voces principales y coros de las canciones del formidable disco que presenta, ‘AMA’; la teatralidad aportada por tres bailarinas (la cuarta ha de estar dando a luz, pues hace un par de meses estaba visiblemente embarazada), la presentación de instrumentos medievales y las bases que lanza el DJ. Se crecen en vivo nuevos singles como ‘QUE ME QUITEN’ y ‘TICTAC’, y sigue estremeciendo la incorporación hacia la mitad de ‘Tú que vienes a rondarme’. El mayor momento cortahipos de toda esta edición de SanSan, y el mejor concierto, también.
Igualmente de día le tocó a pablopablo, definitivamente el James Blake español. Junto a una banda sin prisas ni necesidad de estridencias, sacó todo el partido posible a melodías como ‘Vida nueva’, en la que se recreó con toda la calma, dejando momentos bellísimos. Hubo piezas más acústicas en un show que muestra que los caminos del cantautor del siglo XXI están siendo muy diversos.

Desde luego no tuvo nada que ver con Samuraï, que ahora lleva un concierto de banda pop-rock de corte emo, un poco punky pero al modo de Angy/’Física o química’, y con proyecciones de bosques y amaneceres. Su show, en el que no faltó su nuevo single ‘Paracaídas’, incluyó una inesperada -y también innecesaria- versión de ‘Maldito duende’ de Héroes del Silencio. Quedaron mucho más simpáticos los guiños a Lori Meyers y Bad Gyal, y con recordar que ‘El principio de algo’ de La La Love You también es un poco suya, bastaba.
Sanguijuelas del Guadiana sorprendieron con un espectáculo que ya es válido para concentrar y contentar a miles de personas a pesar de su juventud, gracias a una sencilla pero vistosa escenografía, tipo cochera; y a la pegada de himnos generacionales como ‘Revolá’. La camiseta «suerte la tuya de poder vivir donde naces», en referencia a la España vaciada, se vio por todas partes en Benicàssim, prueba de por qué están conectando con las masas. En directo prima su sonido pop-rock por encima del electrónico, dejando clara también la influencia de Robe. La M.O.D.A. dieron el otro gran concierto multitudinario del sábado tocando hacia el final temas como, ejem, ‘Héroes del sábado’ y ‘1932’, y en la primera parte las mejores canciones de su nuevo álbum, ‘San Felices’. Es fácil conectar con letras como ‘Alsa pa Madrid’, ‘Los tiempos que vivimos’ o muy especialmente ‘No te necesito para ser feliz’, que pudo contar con la voz invitada de Marina Iñesta de Repion. La banda está para quedarse en estos espacios gigantes: son los nuevos Celtas Cortos.
Las hermanas Repion actuaban un par de horas más tarde en el Escenario Johnnie Walker, ofreciendo un show incendiario junto a una baterista entregadísima, que lograba hacer de temas como ‘X’ algo apoteósico. Impresionantes e hipnóticas, mucho mejores que en disco. En el mismo espacio las precedían Biznaga, un necesario contrapunto punk al indiemainstream de los escenarios principales. Sus himnos ‘Madrid nos pertenece’ o ‘El entusiasmo’ despertaron un par de pogos mientras su vocalista principal se desgañitaba vivo. Pasan los años y el grupo no pierde visceralidad.
Antes de que Alizzz cerrase el escenario principal con su sesión mientras varios dj’s pasaban por la carpa muy cómicamente llamada El Santuario, se vio otro buen show más. Hablo del espectáculo de Barry B, muy mejorado en cuanto a sonido respecto a lo que le vimos el año pasado en otros festivales. Su banda al fin eleva las canciones y no hay ya problemas de sonido respecto a su voz, que nos permite seguir las letras de sus canciones más uptempo, como ‘Infancia mal calibrada’, o más acústicas, como ‘Victoria’. Ahora sí que sí que lo de Barry va hacia arriba.

Mención especial para la aparición estelar de ‘El lago de mi pena’. Esta preciosa balada que acumula tantos millones de streams, dedicada a alguien que ya no está entre nosotros, no sonó en SanSan una sino dos veces. Barry B invitó a Gara Durán a entonarla en la madrugada, quizá su espacio natural, ante miles de personas. Pero Barry también se pasó por el show de la tarde de ella, en el que terminó brillando especialmente ‘Mi loco cowboy’, su nuevo country que incluye una sencilla pero adictiva coreografía manística en el estribillo.
La noticia SanSan celebra la feliz variedad del pop español: de Arnal a Sanguijuelas, de Barry B a La M.O.D.A. es de jenesaispop.com.
Tras semanas de pistas, easter eggs y una transición estética milimétricamente calculada, Olivia Rodrigo confirmó el lanzamiento de You Seem Pretty Sad for a Girl So in Love, su tercer álbum de estudio, que verá la luz el 12 de junio.
El anuncio no solo marca su regreso tras el Guts World Tour, sino también el inicio de una nueva etapa: una que se aleja de la frontalidad emocional de sus primeros trabajos para adentrarse en un terreno más ambiguo, donde el amor aparece como una experiencia inestable.
Si SOUR (2021) y GUTS (2023) funcionaban como explosiones viscerales e inmediatas, este nuevo proyecto parece responder a otra lógica, al perfilarse como una exploración más madura, introspectiva y, en apariencia, más romántica.
El giro comienza desde lo visual. El púrpura, que durante años encapsuló su identidad, desaparece casi por completo. En su lugar, emerge una paleta rosada que, lejos de suavizar el discurso, lo vuelve más inquietante.
Cambios de color en el fondo de su sitio web y en su logo “OR”, un mural en Los Ángeles y un candado encontrado en Londres con la palabra “April” en su interior fueron interpretados como adelantos del lanzamiento.
Asimismo, aunque Rodrigo aún no ha revelado el significado detrás de la portada, sus fans más atentos han señalado notables similitudes entre la obra El columpio, de Jean-Honoré Fragonard y la estética del álbum.
Este desplazamiento cromático dialoga directamente con el contenido del álbum. En una entrevista con British Vogue en marzo de 2026, Rodrigo confirmó lo que sus fans ya intuían: se trata de canciones de amor, pero específicamente sobre la obsesión y la ansiedad que este provoca, así como la depresión que aparece cuando la persona amada ya no está.
Más adelante, en un intercambio por correo electrónico, las definió como “canciones de amor tristes”. “Me di cuenta de que mis canciones románticas favoritas eran hermosas precisamente porque contenían un matiz de miedo o de anhelo”, escribió.

El reportaje también adelantó que la artista ha estado explorando sonidos más cercanos al dance y a lo orquestal, especialmente en la última pista del álbum. Rodrigo describió esa canción como una representación de “lo que se siente estar enamorada”.
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En las últimas semanas, varios nombres femeninos de la industria musical internacional han quedado en el centro de polémicas que los medios y las redes se han encargado de amplificar hasta el cansancio. Por un lado, en un caso que ya fue desmentido, la cantante estadounidense Chappell Roan fue señalada por el futbolista Jorginho de haber maltratado a su hija tras, presuntamente, enviar a un miembro de seguridad a intimidarla tanto a ella como a su esposa, Catherine Harding. Por otro lado, la escena argentina se ha visto sacudida por un conflicto creciente que involucra a Emilia Mernes, Tini Stoessel y María Becerra. Sin entrar en el detalle del chisme semanal, en pocas palabras, el asunto pasa por unfollows, acusaciones cruzadas y versiones no confirmadas: desde supuestos intentos de sabotaje de conciertos hasta señalamientos por apropiación de equipos creativos y conceptos artísticos. Más ruido que certezas, pero suficiente para alimentar la indignación de los fans.
En un plano quizás menos explosivo, pero igualmente significativo, también aparecieron Zara Larsson y Sabrina Carpenter. La primera perdió un contrato millonario tras una broma sobre el aborto; la segunda volvió al centro de la discusión —a raíz de su gira por Sudamérica— por algunas de sus letras en las que se refería a los hombres inmaduros como “inútiles”.
Si uno se detiene a mirar estas polémicas en conjunto, aparecen dos constantes. La primera es la tendencia de medios y redes a inflar cualquier episodio medianamente controversial hasta convertirlo en escándalo. La segunda, más reveladora, es que todas las protagonistas son mujeres. Eso, lejos de ser una coincidencia, dice bastante sobre cómo opera la industria musical y, en general, la cultura que la rodea.
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Lo interesante no es tanto la acumulación de casos, sino la lógica que los conecta. Como han señalado teóricas como Rosalind Gill y Angela McRobbie, la cultura contemporánea opera bajo una especie de contradicción permanente donde a pesar de que nunca antes las mujeres habían tenido tanta visibilidad ni tantas herramientas para construir su propia imagen pública, tampoco habían estado tan expuestas a una vigilancia constante sobre cómo se comportan.
Desde esta perspectiva, no se trata simplemente de que “se critique más” a las artistas mujeres, sino de que existe un marco previo que condiciona cómo se interpretan sus acciones. Gill lo plantea en términos de una sensibilidad postfeminista, donde la libertad y el empoderamiento son valores centrales, pero vienen acompañados de una exigencia implícita de autocontrol. Las artistas pueden ser auténticas, disruptivas o incluso provocadoras, siempre y cuando no crucen ciertos límites invisibles. Cuando lo hacen, la reacción no es proporcional al hecho, sino al quiebre de esa expectativa.
McRobbie, por su parte, sugiere que esta dinámica responde a una cultura que da por superadas las luchas feministas, pero que en realidad sigue operando bajo sus mismas jerarquías, solo que de forma más sofisticada. Se celebra a la mujer independiente, pero se la sigue juzgando con una vara distinta. Así, cualquier error deja de ser circunstancial y pasa a leerse como un problema de carácter o actitud.
En ese cruce entre exposición, expectativa y castigo es donde estas polémicas dejan de ser casos aislados y empiezan a revelar un patrón. Porque si algo tienen en común, más allá de sus diferencias, es que todas ocurren dentro de un sistema que no solo observa a las mujeres, sino que constantemente está evaluando si están siendo lo que se espera de ellas.
El incel de turno podría decir que esto ocurre con todos los artistas por igual, apelando a ejemplos aislados como el de Timothée Chalamet y unas declaraciones sacadas de contexto que, supuestamente, le habrían costado un Óscar. Pero incluso si ese caso fuera cierto, funciona más como excepción que como regla, especialmente dentro de la industria del entretenimiento, porque si algo demuestra el panorama reciente es que no todas las polémicas pesan lo mismo, ni todas las carreras se ven afectadas de la misma manera.
No hay que irse muy lejos para comprobarlo. Figuras como Kanye West han protagonizado en los últimos años una serie de episodios que van desde declaraciones abiertamente antisemitas y elogios a figuras históricas asociadas al nazismo, hasta una escalada de discursos erráticos que le costaron la ruptura con marcas, plataformas y parte de la industria. Aun así, su música sigue acumulando reproducciones, su figura continúa generando conversación y su base de fans —lejos de desaparecer— parece reacomodarse constantemente para sostenerlo. El reciente lanzamiento de Bully, su último álbum, no hace más que confirmarlo: millones de escuchas en plataformas y una presencia destacada en rankings internacionales que evidencian hasta qué punto la controversia no ha erosionado su alcance.
Algo similar ocurre con Chris Brown, cuyo historial incluye uno de los casos más recordados de violencia de género en la industria pop reciente. En 2009, el artista agredió físicamente a su entonces pareja, Rihanna, en un episodio que derivó en cargos criminales y cuya gravedad quedó ampliamente documentada tanto en reportes judiciales como en la cobertura mediática de la época. Incluso en los años posteriores, cuando el discurso público del artista apuntaba al arrepentimiento, hubo gestos que reavivaron la controversia y pusieron en duda la profundidad de esa narrativa, como la polémica en torno a un tatuaje en su cuello que muchos interpretaron como una referencia a la imagen de Rihanna golpeada.

Pese a ello, su carrera no solo no se detuvo, sino que con el paso de los años ha logrado reinsertarse con relativa facilidad en el circuito comercial: giras exitosas, colaboraciones de alto perfil e incluso un premio Grammy en 2025. En su caso, la gravedad de los hechos convive, casi sin fricción, con una industria y un público dispuestos a separar —o directamente ignorar— al artista de sus acciones.
Esto no implica minimizar las críticas que ambos han recibido, sino poner en evidencia una diferencia difícil de pasar por alto: mientras que en el caso de muchas artistas mujeres el error tiende a volverse definitorio y ser el centro de atención por semanas, en el de sus pares masculinos suele diluirse con el tiempo, reinterpretarse como parte del personaje o, directamente, quedar subordinado a su obra. La controversia, lejos de cancelar sus carreras, termina integrándose a ellas.
Al final, la discusión no pasa por defender o condenar a una artista en particular, sino por preguntarse por qué ciertas faltas se vuelven imperdonables mientras otras, incluso más graves, encuentran formas de ser pasadas por alto, dejando en evidencia que la industria no reacciona únicamente a los hechos, sino a quién los protagoniza.
Al jugar una parte clave dentro de la industria, los públicos también tienen una gran responsabilidad a la hora de someter a las artistas al escrutinio público. El escenario de Britney vs Christina de inicios de los 2000 no ha cambiado mucho si se observa la manera en la que los fandoms continúan comparando a cantantes que no son de su gusto personal con aquellas a las que sí les juran devoción. De este modo, cuando alguna intérprete es víctima de acoso en masa por alguna banalidad, este tipo de fanáticos ve una oportunidad para reforzar sus sesgos confirmatorios y echarle más leña al fuego. “Siempre supe que era una perra” y “nunca me dio buenas vibras” son frases que se lanzan por montones en redes cuando surgen polémicas como las recientes de Chappell Roan o Emilia Mernes pero, una vez más, esto no suele verse entre grupos de fans de cantantes pop masculinos.
En un contexto donde a las mujeres se les exige no solo talento, sino también coherencia, simpatía y una especie de impecabilidad moral, cualquier desliz se convierte en una falla estructural. Las artistas son vistas como unas muñecas que deben ser perfectas y deben ceñirse al papel idealizado que los públicos y los medios se han inventado para ellas, así que en el momento en que tropiezan no se les ofrece el beneficio de la duda ni alguna oportunidad de redención. En cambio, para muchos hombres, la controversia sigue funcionando como un elemento más de su narrativa: algo que incomoda, sí, pero que rara vez pone en riesgo real su lugar dentro del sistema. En su caso, sí se trata de “seres humanos que cometen errores” y sí se toma en cuenta su lado de la historia antes de saltar a alguna conclusión. Tal vez el problema no sea la existencia de polémicas —inevitables en cualquier espacio público—, sino la forma en que se distribuyen sus consecuencias.
Mientras unas carreras se ponen en pausa por semanas de escrutinio, otras siguen avanzando casi intactas, incluso después de haber cruzado límites mucho más claros. Ahí es donde la doble vara deja de ser una percepción para convertirse en una realidad.
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Divididos volvía a la tapa de Rolling Stone después de 26 años y el suceso merecía una producción especial. Lo primero que surgió en las charlas con la banda fue trabajar con el concepto central de su nuevo álbum, bautizado no casualmente Divididos. “Por esas cosas que nos hace el tiempo/ por laberintos de rosales voy/ Cae la flor sobre su propia espina/ No hay sueño que no lleve cicatriz”, canta Ricardo Mollo en “Bafles en el mar” y el verso se coló en la portada del disco, una vez más a cargo de Alejandro Ros.
“En el disco hay un concepto que está sintetizado en esos dos colores de la tapa, que remiten un poco a nuestra patria y cuenta de dos energías que se desencuentran, porque una tira para un lado y la otra tira para el otro, y genera ese desgarro”, dice Diego Arnedo. “Esa sutura es un poco una expresión de deseo. Juntar eso de nuevo, esa polarización, tratar de que con esa sutura, en algún momento, los hilos se disuelvan y suceda eso que todos queremos: la unión de los argentinos” (leé la nota completa con Divididos acá).

“La cicatriz es una expresión de deseo, la costura de las heridas de una sociedad que gracias a muchos factores se polariza y al polarizar se pierden un montón de matices y en esa pérdida viene la división. Por eso también el disco se llama Divididos. Estamos divididos, pero queremos coser esa división y poder aliarnos en este viaje”, completa Mollo citando otra de las letras del disco, “Aliados”.
Con ese concepto en mente, el fotógrafo Diego Arnedo (sobrino de Diego, fotógrafo personal de la banda y exdirector de fotografía de Roling Stone) pensó en jugar con esa bandera zurcida para la portada del número de abril de la revista. Para ello se armaron dos opciones: Dos paneles unidos por un elástico negro (realizado por Adriana Maestri) y una gran bandera blanca y celeste (confeccionada por Susana Vertone) para poder envolver a los tres músicos que, en parte, también hacía referencia a una icónica fotografía de The Who.

Mollo, Arnedo y Catriel Ciavarella se entregaron con su mejor humor a la producción y allí pusieron sus cabezas saliendo del lienzo. El guitarrista se jugó sus rodillas y aceptó tirarse al suelo, el baterista fue al medio y el bajista arriba de todo. “¿Qué caras ponemos?”, preguntó Ciavarella y los tres lanzaron su seguidilla de gestos. “Las caras de Diego son las mejores”, concluyeron todos rápidamente, con Arnedo entregando todo ante la cámara. “Parecemos los tres chiflados”, asegura el bajista cuando ve la foto en el monitor y el trío estalla en carcajadas.
“¡Dale, apurate Nacho!”, insiste Catriel, un tanto atorado entre el zurcido, mientras Mollo pide una almohada para las rodillas y sugiere una posible próxima profesión: “contorsionistas”. Divididos posteó la semana pasada un video con el backstage de la producción, que resume una tarde de risas y profesionalismo. “¡Detrás de la foto de tapa hubo un gran trabajo en equipo!”. Así fue y así quedó una de las portadas de Rollng Stone que quedará por siempre en la historia del rock de acá.
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En un mundo de tendencias que cambian día a día, donde en internet somos unos y en la realidad somos otros, donde la necesidad por pertenecer a un grupo está más presente que nunca, encontrar autenticidad puede ser complicado. Sin embargo, bandas como Strawberry Pom demuestran que aún es posible encontrar música sincera y con intención.
Originarios de Monterrey, Nuevo León, el conjunto conformado por Carlos José “CJ”, Álvaro “Varo” Escalante, Genaro Schiaffino, Sergio “Checo” Treviño y Andrés Cortés comenzó su camino antes de la pandemia como una simple banda de amigos, aunque parecían saber que el proyecto no solo se quedaría en las salas de sus casas. “Era un trabajo muy serio a pesar de que no teníamos ni redes sociales abiertas, ni videos grabados, ni nada”, comentó Varo, bajista del grupo, a ROLLING STONE en Español.
En un inicio, el nombre del proyecto no sería Strawberry Pom. “Se llamaba Subcultures”, mencionó CJ, vocalista y líder de la agrupación. “Y luego pasó de Subcultures a Chilled Strawberry Pom”, complementó Andrés, el baterista. El cambio llegó en 2022, mismo año en el que estrenaron sus primeras canciones, las cuales tenían un sonido influenciado por el rock alternativo, shoegaze y un poco de psicodelia. Específicamente, el nombre se recortó a solamente Strawberry Pom después de que abrieron un concierto de Enanitos Verdes. De acuerdo a CJ, “Está cabrón decir, ‘Somos Chilled Strawberry Pom’”.
A pesar de ser mexicanos, el proyecto ha tomado el inglés como su idioma principal. Si bien algunas de sus letras presentan fragmentos en español, han decidido escribir en el idioma de sus principales influencias, donde destacan nombres como Björk, Steely Dan y Radiohead. “El inglés es un lenguaje muy padre. Puedes escribir cosas muy chingonas y nos sentimos muy relacionados con ese idioma”, externó el vocalista de la agrupación. “Es la música que crecimos escuchando y con la que nos relacionamos”, complementó Andrés.

Aunque la banda también cuenta con influencias latinas, que van desde artistas consolidados como Dante Spinetta y Charly García hasta propuestas aún en crecimiento como Margaritas Podridas. “No es que no nos guste la música en español o que no la escuchemos. Nada más que, a la hora de escribir, sale en inglés”, mencionó el bajista. “No creemos que expresar vaya necesariamente enlazado a un idioma, sino que sale de cómo las personas lo transmitan y esta es nuestra manera”, continuó Checo, guitarrista principal.
Dentro de sus influencias latinas, destaca Plastilina Mosh, banda oriunda de Monterrey y pieza clave en el movimiento conocido como Avanzada Regia. Su admiración al grupo los llevó a diseñar una canción específica para colaborar con Jonaz, guitarrista y vocalista del proyecto. El tema lleva por nombre ‘Vámonos De Aquí’ y es de los pocos de Strawberry Pom en los que se escuchan letras en español. “Fue un sueño para nosotros, la verdad. Plastilina Mosh ha sido una de las influencias latinas más grandes para la banda”, mencionó CJ. “Llegó al estudio, escuchó la letra y dijo, ‘Bueno, pónganme el puente’ y empezó a improvisar. En menos de media hora quedó”, complementó Genaro, tecladista del grupo.
Jonaz participa en un tema que se caracteriza por un ritmo funk, lo que refleja la evolución sónica de la banda. ‘Vámonos De Aquí’ forma parte de su EP Juvenoia, el cual está conformado por cuatro canciones que serán parte de su álbum debut, que llegará en mayo. A pesar de venir de las mismas cinco personas, los temas son muy distintos entre sí presentando sonidos sumamente variados, desde el bedroom pop hasta el post-rock.
“No es una decisión, es algo que naturalmente pasa. No sé por qué siempre se nos ha repetido, ‘¿Ustedes de qué género son? Ya definan un género’, y creo que estamos en un punto donde decimos, ‘Cada canción es un mundo diferente; cada canción se merece su expresión’, y si mezclan géneros, y si uno es shoegaze y si otro es jazz, así es como naturalmente salieron”, comentó CJ.
Sin embargo, el proyecto no se siente desordenado o disperso. Tiene una identidad bien marcada y una esencia que proviene de los cinco músicos detrás de cada tema, quienes aportan desde su trinchera y su instrumento. “En el proceso de grabación y de composición estamos todos. Si se tiene que grabar una guitarra, vamos a ir los cinco. La grabo yo solamente, pero contribuimos todos”, externó Checo.

Esta identidad y este estilo, han hecho que ROLLING STONE en Español considere a Strawberry Pom como una de las bandas pertenecientes a la nueva Avanzada Regia. Hoy en día en Monterrey existe todo un movimiento —comandado por artistas como Nsqk, Humbe o The Warning— en el que si bien el rock ya no domina, sigue estando presente.
“Nos identificamos con la forma de trabajar. Nos sentimos identificados con la vibra más que con otra cosa, porque no todos son bandas de rock alternativo”, mencionó Varo. “Creo que todos estamos en la misma batalla. Somos muy diferentes, pero todos somos de Monterrey. Todos sabemos cómo es crecer aquí. Y cada quien tiene su manera. Puede ser pop, rap, rock, lo que tú quieras, pero todos estamos cruzando ese camino y siempre hay algo con que relacionarse”, complementó CJ.
Gran parte de la visibilidad que ha recibido el proyecto, que ya suma más de 89.000 oyentes mensuales en plataformas digitales, se debe a su manejo de redes sociales, lo cual debe ser prioridad para cualquier artista hoy en día. “Desde el 2022 hemos estado haciendo contenido porque siempre hemos entendido que es algo muy importante”, dijo el vocalista de un grupo que tiene muy claro que el objetivo no es crecer en redes sociales, sino que la gente vaya a escuchar su música. “Queremos que la gente se quede y que escuche las canciones porque es lo más complicado. Muchas veces dan un like o comentan, pero no terminan escuchando la canción. Y, hasta el momento, lo hemos logrado”, añadió Genaro.
Aunque no todo se debe a las redes sociales, Strawberry Pom tiene detrás una narrativa que conecta con las generaciones más jóvenes. De hecho, Juvenoia gira alrededor de la fobia que las generaciones más grandes pueden tener frente a las más pequeñas. “No es un mensaje que repetimos mucho, pero el sonido de ese mensaje está muy plasmado en toda nuestra música”, mencionó CJ. “Esto es lo que somos ahorita, aunque una generación le tenga miedo a esto, o aunque otra se queje de esto. Tenemos nuestros problemas, nuestras cosas criticables, pero esto es lo que somos”.

El 20 de marzo, llegó a plataformas digitales Forever in the Sun, el nuevo EP de Strawberry Pom en donde presentaron cuatro canciones nuevas, incluyendo un cover de ‘Nasty Sex’ de La Revolución de Emiliano Zapata. “Pudimos habernos ido por alguna otra canción, pero desde el principio dijimos, ‘Podemos expresar algo muy chido con esta base que nos dejaron’”, compartió Varo. “Creo que puede ser un hit, genuinamente”, complementó Andrés. En general, el proyecto presenta una cara nueva del proyecto, reforzando la idea de que su música no sigue a un género específico, sino que fluye entre los sonidos, estilos e influencias que sus miembros consideren oportunas y sinceras.
Con su álbum debut en puerta, Strawberry Pom es una banda a la que no hay que dejar de ver. Ya han compartido escenario con artistas como The Black Keys y White Lies, así como participado en grandes festivales. Si bien han sido buenas oportunidades, los cinco integrantes de la agrupación tienen claro que su techo es mucho más amplio y harán todo lo posible por alcanzar ese cielo al que hoy voltean a ver con entusiasmo. “Confiamos muchísimo en las canciones y sabemos que no nada más los fans que ya tenemos les va a gustar mucho, confiamos en toda la gente a la que puede llegarle y que puede gustarle; que puede conocernos a través de estas nuevas rolas”, mencionó Checo para finalizar la conversación.
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Tras meses de espera, especulaciones y un sinfín de polémicas, Ye ha lanzado su duodécimo álbum de estudio: Bully. La presentación del material llega después de que el reconocido rapero estadounidense realizara una disculpa pública en el Wall Street Journal por sus comentarios y acciones controversiales.
Antes de ser lanzado en plataformas de streaming musical, West presentó el disco en YouTube con un cortometraje en blanco y negro protagonizago por su hijo Saint, quien se muestra defendiéndose en un ring de boxeo, siguiéndo la temática del material. Poco después, la transmisión fue retirada de la plataforma para llegar a Spotify, Apple Music, entre otras.
Bully es uno de los materiales que contiene más samples en el catálogo musical de Ye. El disco está conformado por fragmentos de éxitos como ‘You Can’t Hurry Love’ de The Supremes. Por su parte, West también recurre en ‘White Lines’ a un fragmento de la interpretación que Stevie Wonder hizo de ‘Close To You’, tema originalmente popularizado por The Carpenters, contando además con la colaboración de Andre Troutman. Asimismo, el proyecto incorpora otros samples destacados: ‘To You With Love’ de The Moments en ‘Preacher Man’, ‘Get Involved’ de Jonah Thompson en ‘Sisters and Brothers’ y la pieza de 1966 ‘Don’t Have To Shop Around’ de The Mad Lads, utilizada en ‘Beauty and the Beast’. Este disco también cuenta con la participación de Travis Scott, Peso Pluma, Andre Troutman, Don Toliver y CeeLo Green.
Hace meses, Ye declaró que la IA había sido una herramienta durante el proceso de creación de Bully. Sin embargo, aunque hizo hincapié en que no era un sustituto, se retractó de sus declaraciones y cambió por completo su mensaje y aseguró que no había utilizado esta herramienta tecnológica para la realización de su nuevo material discográfico.
Un comunicado de prensa afirma que el material, lejos de plantearse como una disculpa o un camino hacia la redención, se presenta como una obra que rehúye cualquier intento de justificarse. En Bully, Ye prioriza el relato por encima de la defensa personal, utilizando la música como vehículo narrativo. En ese marco, el álbum traza una especie de instantánea emocional del artista, donde se entrelazan la fe, el ego, los recuerdos, el arrepentimiento y las secuelas de sus propias decisiones.
Claro que el lanzamiento de Bully no podía estar libre de controversia. El material estaba previsto para ser lanzado en enero, justo cuando West realizó una disculpa pública en el Wall Street Journal por años de comentarios y acciones controversiales. Titulada “A aquellos a quienes he lastimado”, la extensa disculpa de una página expone un punto de reflexión del rapero sobre su lucha contra el trastorno de bipolaridad. Sin embargo, en aquel momento, el cantante negó que las palabras que ofrecía al público estuvieran relacionadas con revivir su éxito comercial.

“Esto se debe a que estos sentimientos de remordimiento pesaban mucho en mi corazón y me agobiaban”, dijo West en una entrevista con Vanity Fair. “Les debo una disculpa enorme una vez más por todo lo que dije que hirió a las comunidades judía y negra en particular. Todo fue demasiado lejos. Miro las consecuencias de aquel incidente y me doy cuenta de que esa no soy yo. Como figura pública, mucha gente me sigue y escucha cada una de mis palabras. Es importante que comprendan de qué lado de la historia quiero estar. Y ese es el lado del amor y la positividad”.
Y añadió: “Dije e hice cosas de las que me arrepiento profundamente. A algunas de las personas que más quiero, las traté fatal. Ustedes sufrieron miedo, confusión, humillación y el agotamiento de intentar amar a alguien que, a veces, era irreconocible. Mirando hacia atrás, me desconecté de mi verdadero yo”.
En la carta de disculpa, Ye afirmó que ya se encuentra en un momento de claridad, y que su energía está enfocada en mandar un mensaje positivo, desde la música hasta otras variantes de su arte: “No pido compasión ni perdón, aunque aspiro a ganarme su comprensión. Les escribo hoy simplemente para pedirles paciencia y comprensión mientras busco mi camino de regreso a casa”.
Aún cuando West aseguró que “perdió el contacto con la realidad” y que “todos estaban exagerando” por no creer que estaba enfermo, muchos mantienen opiniones divididas, pues los escépticos creen que ha sido una estrategia para reivindicar su papel en la industria musical y en el mundo en general, pues, después de tantas controversias, el magnate del rap vive en una polémica constante.
Ahora, con el lanzamiento de Bully, revive una nueva polémica, donde James Blake se ve implicado. El músico británico asegura que la pieza en la que colaboró para el material es totalmente diferente a la que fue publicada. “La forma en que modifiqué su voz y construí la pista a partir de su estilo libre está parcialmente ahí, salpicada principalmente con otras tomas vocales más nuevas, etc. Estoy feliz por los fans, pero he pedido que me quiten de los créditos de productor por ahora, ya que no quiero atribuirme el mérito del trabajo de otras personas y esta versión no es la que creé con Ye”, dijo.
Y añadió: “No es nada personal. Simplemente llegué a un punto en el que no quiero que se me acredite en música en la que no puedo influir en el resultado final. Hace tiempo que no nos vemos… creo que prefiero no hacer comentarios… y lo digo con tristeza”.
Por ahora, ya puedes escuchar Bully en todas las plataformas de streaming musical.
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Todo comenzó como un juego. Como dos canillitas de los años 40 que voceaban las noticias del barrio desde el sótano de una fábrica de zapatos, en El Palomar. “Cuando se fue Luca, a los dos meses apareció Diego, que se había ido a Córdoba, y nos juntamos un rato ahí en el sótano de la fábrica de zapatos de mi papá. Era una cosa muy chiquita, pero me había armado un lugar donde poner la portaestudio y poder jugar”, recuerda Ricardo Mollo. “Estábamos los dos solos, reflexionando sobre todo lo que nos había pasado, y las primeras cosas que empezaron a salir fueron esos dos personajes que llamábamos ‘los canillitas’. Poníamos algo y empezábamos a relatar lo que pasaba y los canillitas reflexionaban sobre eso que estaba pasando. Ahí empezó a gestarse Divididos”.
Era 1988. La muerte de Luca Prodan a fines de 1987 había desmembrado a Sumo, y Ricardo Mollo y Diego Arnedo jugaban a los canillitas mientras buscaban una salida. “Eran dos pibes que andaban por ahí y ven que hay una fiesta en una casa, entonces uno subía a un árbol a mirar. ‘¿Y? ¿Qué está pasando?’, le preguntaba el otro desde abajo. ‘Están bailando ahí en un lugar y no sé qué’ y le relataba la situación. Era todo un absurdo y gritaban medio con una vocecita rara, finita, así como los canillitas de las películas argentinas en blanco y negro. Había muchos. El más famoso era Toscanito. ¿Sabés por qué gritaban así en las películas? Porque en esa época no había Dolby”.
Arnedo: ¿Y vos te acordás que esos dos personajes llegaron a la actuación? Una vez los llevamos a Obras. Eran los personajes de “Tajo C”. En un show decidimos invitar a unos músicos que tocaban más o menos lo que habíamos grabado y nosotros dos nos disfrazamos como de canillitas e hicimos una performance.
Mollo: Sí, con galochas, esos pantalones de pescadores, que cortamos y quedaron como si fueran de esa época de las películas.
Arnedo: Pero lo bueno de aquellos primeros años era que vos [Ricardo] tenías algo con qué grabar todas esas cosas. Cuando se nos ocurría algo que nos parecía bueno, íbamos y lo grabábamos; cualquier cosa.
Mollo: Y ahora que me hacés acordar, la primera letra que hicimos fue “De qué diario sos” (incluída en el primer álbum de Divididos, 40 dibujos ahí en el piso, 1989). Porque, claro, una de las cosas que teníamos eran estos personajes, estos pibes, y lo primero que cantamos arriba de una base fue eso: “¿Y vos de qué diario sos?”, como un diálogo entre estos dos canillitas que se cruzaban en la calle. En algún lado esos casetes deben estar todavía.

Arnedo: Lo insólito es que esos canillitas de los primeros días después medio que crecieron y deambularon, se perdieron un poco, y volvieron a aparecer con “Tajo C”. Estábamos por grabar La era de la boludez y cuando vino Gustavo Santaolalla a escuchar al sótano para ver qué canciones teníamos, le mostramos esos casetes y cuando escuchó eso dijo: “Esto está buenísimo, hay que meterlo en el disco”. “Pero esto suena como el orto, Gustavo”, le dijimos, porque era la versión original. “No importa, yo tengo un lugar en Los Ángeles donde limpian todo y te lo dejan perfecto”, nos dijo. Y me acuerdo de que después fuimos a ese lugar a limpiar la cinta, porque tenía un acople imposible, y… ¿te acordás qué pasó? [Arnedo mira cómplice a Mollo, que asiente sonriendo]. Entramos para hacer el trabajo y escuchamos una voz que salía de los parlantes, nos miramos y dijimos: “¿Qué hace Luca acá?”. Estaban limpiando unas cintas de Jim Morrison, unos relatos de poemas de él, y su voz sonaba igual a la de Luca.
Mollo: Bueno, de esos casetes de los primeros años que escuchó Santaolalla también salió “Dame un limón”. Le faltaba un estribillo y lo compusimos ahí mismo. Estábamos armando un rompecabezas al que le faltaban piezas, porque en esa época no teníamos muchos temas. Por eso cuando escuchó “Tajo C” se volvió loco. En realidad, ese era un tema que le dedicamos a las Locas como tu madre (programa de radio fundado por Diana Baxter, Silvia Armoza, Mónica Weinberg, Ingrid Recchia y Karina Ryvak). ¿Te acordás? Estábamos en el sótano y nos habían invitado al programa, entonces le digo a Diego de llevarles un tema. Nos pusimos una batería, armamos una base y empezamos a hacer ese relato de las mujeres argentinas (aquel que enumeraba “Betty, Peggy, Mery, July… Tita Merello, Azucena Maizani, Olinda Bozán y… la Gorda Matosas”).
Arnedo: Mientras la sala se inundaba, ja, ja… Estábamos grabando y como llovía mucho se empezó a inundar el sótano.
Mollo: Pero bueno, el nacimiento de esa cosa fue a partir de estos canillitas que reflexionaban sobre lo que veían del mundo. De su mundo, ¿no? De su barrio y de sus dirigentes y de qué diario sos. La letra, te digo, aplica al día de hoy. Eso me mata, ¿viste? Es seguir escribiendo de diferentes formas, pero en la misma realidad. La problemática sigue siendo la misma.
En los 90 era la era de la boludez, ¿y hoy?
Mollo: Hoy más boludos. La era de la recontra boludez. Al final no aprendimos nada, como dijo Luis en un momento.
En este disco nuevo tienen mucho de esos canillitas contando lo que pasa en su barrio…
Mollo: Claro, seguimos siendo esos dos canillitas que se juntan a reflexionar, ja, ja.

Un mundo ganado
Hoy llegó la carroza del cielo/ trayendo pociones para este mal/ El cochero sonriente y amable/ le abre la puerta al virrey actual/ Con su estirpe joven, hambriento, no notarás/ que no trae nada y que sólo viene a llevar”, canta, vocea Mollo en “Mundo ganado”, el primer tema nuevo que la banda lanzó después de nueve años, allá por 2019, y que se convirtió en el primer adelanto del álbum editado finalmente en noviembre de 2025, Divididos. “Un banquete de hoy por un hambre a futuro es el trato/ es lo que vendrá/ Con valijas de piel de otros/ tu sueño, tu anhelo, se llevarán”. Al parecer, los canillitas siguen contando lo que ven a su alrededor, subidos a la copa de un árbol.
Estoy frente a las tres partes de Divididos, los cuatro cómodamente sentados y de muy buen humor, en la sala de control de su estudio/quinta de Parque Leloir. ¿La excusa? Hablar de Divididos, el álbum, pero también de Divididos, la banda, en lo que será su primera entrevista con Rolling Stone en 26 años.
El trío terminó de construir este estudio pocos meses antes de grabar Amapola del 66 (2010) con la pintura aún fresca. Lo que antes era un comedor, hoy es la sala principal del estudio y las habitaciones linderas se transformaron en una suerte de Disney para músicos: una habitación con decenas de guitarras y un apartado para los bajos; otra con bombos y toms del piso al techo, bien ordenados en tres grandes estanterías; y una más repleta con amplificadores de todo tipo y tamaño, estuches de guitarras, viejos grabadores y parlantes.
Las paredes de la sala principal están pintadas de color rojo sangre y en el centro reina la batería de Catriel Ciavarella. Desde el techo cuelgan una decena de delfines grises, que forman parte de la estética/gráfica del nuevo disco desde afiches, flyers y visuales. “Están hechos a mano”, aclara Mollo. “Los delfines fueron el primer símbolo de Sumo”, agrega el guitarrista en referencia a la portada del álbum debut de Sumo, bautizado en 1985 Divididos por la felicidad. En el presente de la Aplanadora todo parece cruzarse y resignificarse.
Según certifica el papel ayuda memoria que Diego Arnedo lleva en el bolsillo trasero de su jean negro, y que oportunamente le dio el ingeniero de sonido del grupo, Facundo Rodríguez, “el primer tema del disco, ‘Mundo ganado’, salió en junio de 2019, y terminamos de grabar el último tema en junio de 2025”.
En medio de ese período de seis años de gestación (aunque en rigor los demos de varias canciones ya estaban registrados desde algunos años más), el “mundo ganado” del que hablan en la canción sufrió una pandemia y varias de las ideas incluidas en el nuevo álbum surgieron desde ese encierro. “En esos días salió ‘Insomnio’; la primera versión la grabamos cada uno desde los celulares, en su casa”, cuenta Mollo. “En pandemia aprendí a manejar ProTools en la computadora. Me acuerdo de que conseguí un permiso para ver a mi vieja, que tenía quilombos, y aproveché y me vine hasta la sala y me llevé una compu que había acá. Yo había jurado morir sin tocar el ProTools, pero bueno, no va a ser así. La usé para jugar en casa, para hacer canciones en el encierro, relegando y extrañando obviamente los sonidos naturales de acá, pero me ayudó a desarrollar ideas más allá de la calidad de audio. Es como decir: ‘Voy a escribir un libro, pero no tengo una máquina de escribir. Entonces, lo escribo a mano’. Fue como encontrar el recurso en ese momento para poder expresarme. De ese juego salió ‘San Saltarín’. Jugaba a hacer canciones con reminiscencias de otras que había escuchado y, bueno, ‘Saltarín’ es como una marcha que tiene reminiscencias a ‘Crua Chan’. Terminó siendo como un guiño”.

Antes hablábamos de la época en que Santaolalla los producía, pero hace tiempo que no dejan que un tercero (en este caso, un cuarto) los produzca… ¿Cómo les funciona la autoproducción?
Mollo: A mí, por momentos me dan ganas de tener un productor, porque la mirada del otro es importante. Lo que pasa es que tiene que ser una persona que vos sientas que va a trabajar en conjunto y no va a hacerlo para sí mismo. A nosotros nos funciona así porque nos cuidamos. Cada uno cuida el sonido de su instrumento, pero a la vez cada uno está atento al sonido del instrumento del otro. Por ahí yo toco algo en la guitarra que no estaba en el tema y ellos me dicen ‘eso está bueno, déjalo así’. No era lo que iba a tocar, pero confío en la mirada de ellos y cuando voy al control a escucharlo, claro, tenían razón.
Arnedo: Claro, eso es algo interesante, es la pérdida del concepto de uno mismo cuando te parás un poco en tus propias cosas. Porque manejamos un montón de variables y, de repente, están los otros, que te dicen algo, y la opinión te cierra y te termina de convencer. Desde ese consenso se genera la producción.
Ciavarella: Y también los años, la experiencia, la posibilidad de tener un estudio propio. Como dice Ricardo, a veces tienta una mirada externa, pero a la vez llegamos con todo mucho más cocinado de lo que hubiese sido cuando éramos más pibes y no teníamos la chance de tener tanto tiempo y tantas variantes a nivel sonoro y tanto laburo detrás.
Mollo: Igual, la figura del productor, sobre todo acá, llegó tarde para nosotros. Porque los discos de Sumo eran una producción caótica de todos los Sumo opinando, ¿me entendés? Era buenísimo porque era un caos.
Arnedo: Sí, cada uno se iba subiendo el fader, ja.
Mollo: Como no sabíamos usar la automatización de las máquinas, cada uno sabía en qué momento tenías que subirle. Imaginate lo que fue el primer disco. Para nosotros fue entrar a un espacio nuevo, donde no sabías bien qué hacer, pero tenías una idea de lo que querías que pasara. El productor es lo que pasa entre el músico y el ingeniero.

Del moretón a la cicatriz.
La última vez que había estado en esta quinta fue en agosto de 2002. Todavía la casa no era un estudio, apenas una improvisada sala de ensayo, con instrumentos colgados de sus paredes. Divididos acababa de editar Vengo del placard de otro, un disco en el que los canillitas contaron, a su manera, lo que veían en aquellos años de crisis institucional, social y política de la Argentina. La imagen de la tapa del álbum, responsabilidad del diseñador Alejandro Ros (al igual que ahora en Divididos), era una morcilla. “Es un poco como el moretón argentino. La morcilla es un argentino, cagado a palos. ¿Hay algo más argentino que una morcilla? Representa el machucón de los que vivimos acá”, decía Arnedo.
Veintitrés años después, la portada de Divididos vuelve a confirmar lo bien que se le da la metáfora gráfica sobre la Argentina a Alejandro Ros (recordar los años de menemismo explícito reflejados en la tapa de Miami, de Babasónicos, 1999). Un retazo de tela blanca, otro celeste y una costura con hilo quirúrgico que intenta cerrar la herida. “Un día fui al estudio de ellos y escuché el álbum completo sin hablar. ¡Arrasador!”, dice Ros. “Después hablamos un montón, leí mucho las letras y aparecieron varias ideas. Diego dijo de hacer algo con una bandera y entonces fui a comprar una, la rompí y luego la cosí con hilo quirúrgico. Creo que la imagen juega muy bien con el nombre de la banda y así fue también que salió el título del disco: Divididos”.
“Por esas cosas que nos hace el tiempo/ por laberintos de rosales voy/ Cae la flor sobre su propia espina/ No hay sueño que no lleve cicatriz”, canta, vocea Mollo en “Bafles en el mar”.
“En el disco hay un concepto que está sintetizado en esos dos colores de la tapa, que remiten un poco a nuestra patria y cuenta de dos energías que se desencuentran, porque una tira para un lado y la otra tira para el otro, y genera ese desgarro”, dice Arnedo. “Esa sutura es un poco una expresión de deseo. Juntar eso de nuevo, esa polarización, tratar de que con esa sutura, en algún momento, los hilos se disuelvan y suceda eso que todos queremos: la unión de los argentinos”.
“La cicatriz es una expresión de deseo, la costura de las heridas de una sociedad que gracias a muchos factores se polariza y al polarizar se pierden un montón de matices y en esa pérdida viene la división. Por eso también el disco se llama Divididos. Estamos divididos, pero queremos coser esa división y poder aliarnos en este viaje”, completa Mollo citando otra de las letras del disco, “Aliados”.
¿Y ustedes qué cicatriz o qué herida sin cerrar tienen?
Arnedo: Todos las tenemos, seguro. Cada persona tiene su cicatriz, que tiene que ver con las adversidades, con aquello que te pasó que no estaba en tus planes y que de pronto te golpeó, y te quedaste lastimado y hubo que curarlo.
Mollo: También hay heridas de guerra. A veces hablo con algún amigo sobre la pérdida auditiva, que me pasa, y me dicen ‘¿podés vivir con eso?’. Son heridas de guerra, cosas que han pasado por haber vivido. Herida de guerra es la pérdida de un amigo, de un compañero, en este caso Luca, que se fue. O Killing [Jorge Castro, histórico manager y amigo de la banda], que se fue también. Son cosas que te van dejando como marcas y que así como por ahí yo tengo heridas de haber trabajado y haber tenido accidentes de trabajo, cuando las veo me acuerdo del momento. Justamente en el disco hablamos de eso, de la recomposición… El paso del tiempo hace esa magia que es ir cerrando esas cosas, pero también dejándote una señal, una marca. Porque es parte de tu memoria. No hay sueño que no lleve cicatriz. Uno tiene que apostar, aunque a veces se lastime. “Por laberinto de rosales voy”. Porque, claro, estás yendo por un laberinto no de hojas suaves, sino de espinas. Es un camino que te deja pequeñas cicatrices. Está bueno si en algún momento llegás a ese lugar deseado, no olvidarse de todo eso que te pasó hasta llegar ahí.
Ciavarella: A mí me preguntan mucho si “ya cumplí mi sueño”, por estar acá donde estoy. Como si cumplir un sueño fuese llegar a un lugar y quedarse ahí. A mí me parece fabulosa la frase “no hay sueño que no lleve cicatriz”, porque es muy real. Grafica un poco lo que yo quiero decir a veces cuando hablo del sueño. El sueño tiene su día a día, sus situaciones, sus cosas. No es “llegué al sueño y listo”, todo color de rosa.

Mollo: No, no, no. El sueño es encontrar el camino. Como dijo Kerouac.
Ciavarella: Todos los días me cuesta, porque me doy manija, porque hacés una cosa que no te gustó. La repercusión que tiene hacer algo que no te gustó. Nada es fácil. Por ahí hay gente que lo vive así, como en una nebulosa de felicidad eterna, llegar a un sueño.
Mollo: Llegar al sueño te va a dar mucho sueño, porque te vas a empezar a aburrir. ¿Esto era el sueño? Lo más lindo fue llegar hasta acá, porque es todo un camino sin camino. Me voy acordando de frases, como la de “Sopa de tortuga”, que era una analogía que hacíamos… Como que las tapas de los discos parecen sobres de sopa. Esa canción está dedicada a los cazadores de canciones, esos que buscan el hit. Y después del hit, morite. Sos el artista del año, llegaste, y el año que viene, ¿qué hago?
Mollo dice que fue Alejandro Ros el que al crear la imagen de tapa sirvió en bandeja el nombre del álbum. “Ale y su minimalismo extremo”, dice Arnedo. “Todos los discos se pudieron haber llamado Divididos, pero acá, cuando Alejandro vino con esa imagen, no hubo debate, tenía que ser Divididos. Después descubrimos que los puntos de sutura eran doce y dijimos: ‘¡Qué hijo de puta este Alejandro! Le puso doce puntos por los doce temas del disco y no nos dijo nada’. Cuando lo llamamos y le comentamos, resultó que no lo había pensado. ‘Las fuerzas del más allá’, nos dijo”.
Mollo: Lo que más fuerte sonó fue la cosa paradójica de Divididos suturado. ¿Entendés? Como divididos, pero no. Como pasó siempre. Yo me acuerdo de la primera vez que vi el nombre Divididos en la tapa de Página/12, cuando se dividió la CGT. Ahí dije “uf, qué fuerte”. Cuánta fuerza y cuánto que trae este nombre que se eligió por otra razón, pero que fue tomando su verdadero espacio a medida que pasó el tiempo. Las cosas no se piensan y son… Suelen ser mágicas. Andá a saber, ja.
En “Doña Red” dicen “vuela pensador, vuela sin pensar”…
Mollo: Claro, porque la única manera de poder volar es que no lo pienses porque si no, te quedás. La vieja frase de que la abeja con su tamaño, en relación a sus alas, técnicamente no puede volar. Por eso la abeja no lo sabe. Nunca se puso a pensar que con estas alitas no podía volar.
Arnedo: Es un concepto medio prodeano, ¿no? No pensar… “Están pensando mucho, no piensen tanto”, decía Luca. “¿Qué quieren? ¿Quieren ser perfectos, ser perfeccionistas?”.
Dos faros: Luca y Spinetta
A lo largo de las dos horas de la entrevista, y habrá que decir también que de los 50 minutos de extensión del álbum, hay dos nombres que sobrevuelan una y otra vez: Luca Prodan y Luis Alberto Spinetta. “Recuerdos de Luisito/ esa barca que nunca zarpó”, canta, vocea Mollo en “Insomnio”, parafraseando “Cantata de puentes amarillos” del álbum Artaud (1973).
“Luis es parte de esa energía que nos regaló y que nos dejó esto”, dice Mollo. “Y ‘El faro’ también habla un poco de eso. ‘¿A cuántas balsas estoy? Naufragando’. ¿A cuántas balsas creo que estoy? ¿Y cuántas balsas me faltan para llegar a ese estado de conciencia? Siempre Luis vuela por ahí, porque fue un referente en todo sentido, en nuestros momentos más críticos, de situaciones de crecimiento, entre comillas, y de exposición. Siempre era: ‘¿Qué haría Luis en este caso?’. Él siempre tenía esas frases que las escuchás ahora y decís ‘¡qué maestro!’. Fue un maestro que dejó mucha enseñanza. Como Luca, que fue otro maestro que dejó otro tipo de enseñanza. Nos dejaron herramientas y eso está buenísimo”.
Mollo confiesa que se los extraña, que extraña al amigo y a la energía de esas dos personas que fueron tan generosas con ellos. “Qué suerte que tuvimos esos referentes, con tanto amor para dar. Porque hoy lo que veo, y entiendo que es parte de lo adictivo, parte del negocio, es la violencia como estímulo, el impacto en algo que ves, la edición de algo que dijiste con el único objetivo de generar odio en el otro. Hoy el negocio es el odio, porque el odio genera consumo de datos. Lo único que quieren es eso, que se consuman datos. Entonces yo te voy a poner cualquier cosa para que vos consumas datos. Si tomáramos conciencia de eso, las cosas podrían tener un pequeño cambio. Poder decir ‘pará, me estás metiendo la mano en el bolsillo. Me estás regalando odio y yo te pago’. Es perverso”.
Divididos, el disco, es una obra reflexiva quizá como nunca antes en la historia de la banda. Potente por momentos, cálida y arrulladora por otros. Golpea, pero también acaricia. Canciones que se revelan crudas, pero que buscan el camino de la esperanza. “Es que si no tenemos esperanza, nos ganaron. La que queda es continuar en este mundo veloz, como dice en la última parte de ‘Doña Red’, después de que el tipo cae y se da cuenta de que fue víctima de una pantalla y que entra en un mambo y dice: ‘¿Dónde estoy? ¿Dónde me va a llevar este lugar?’. Doña Red sin red. O sea, estás en el aire y es muy fuerte”, continúa Mollo.
“El tipo reflexiona todo eso y termina reconociendo que el enemigo no está afuera, que el enemigo es él, es su cabeza”, completa Arnedo.
Ciavarella: Creo que en casi todos los temas del disco podés encontrar esa doble faceta, de un sol dentro de este contexto oscuro.
Mollo: “Poetas traigan luz” (“Reviente el mi mayor”).
En lo personal, ¿ustedes dónde encuentran la esperanza?
Mollo: Bueno, en la creatividad. En la creatividad diaria, no en la de la composición de una canción o de escribir un libro. La creatividad diaria que vos puedas desarrollar, eso que tenés, sea para lo que sea, que tenga un desarrollo y que puedas entrar en esa contraposición de este mundo cibernético, donde todo está digerido, ¿entendés? No, dejame masticar a mí y dejame sentir la textura de la comida. No me des un puré que ya está ahí. Dejame a mí desarrollar las papilas gustativas, los jugos de mi cuerpo. La creatividad, en todo sentido, en lo que sea.
Ciavarella: La esperanza está también en la cantidad de pibes y jóvenes que están haciendo cosas increíbles y creativas, sin la necesidad de la inteligencia artificial. Porque pareciera que el mainstream se come todo y lo que queda es lo malo. Pero no.
Mollo: Se eclipsa mucho con lo que ya está digerido, ¿viste? O sea, te ponen un tema número uno hecho por IA y vos decís “pará, que hay un montón de gente componiendo cosas nuevas. No me des este refrito que te hace una máquina que solamente favorece a los dueños de esas plataformas”. El tema ‘Mundo ganado’ viene también un poco de una reflexión de un CEO, creo que de Volkswagen o de una empresa de automotores, que le preguntan a quién le tiene miedo, a Mercedes Benz o a Toyota y el tipo dice ‘no, yo le tengo miedo a Google y a los grandes formadores de estas cosas’. El tipo empieza a enumerar todo lo que va a desaparecer en ese mundo feliz. Entonces, ¿dónde queda el ser humano en todo esto?
Ciavarella: Yo siempre pienso que el ser humano se las arregla para ir por el medio. Por lo menos en este plano, lo que tengo cerca, en este país. El hijo de Ricardo es un loco de los autos y se pone a dibujar autos y le gusta ir a aprender a dibujar autos. Creo que hay esperanza en eso, en el humano mismo.
Arnedo: Mirá cuando esos pibes, o pibes más chicos, toquen y de teloneros tengan a tres robots.
Ciavarella: No, eso no va a pasar.
Arnedo: ¿No? No sé si no va a pasar.
Ciavarella: Yo no dramatizo porque veo que hay tantos jóvenes en otra situación. Tu hijo toca el piano y no lo podés creer.
Arnedo: Pero lo otro también viene con todo.
Mollo: Igualmente, no es renegar de la tecnología, sino no perder de vista que la tecnología es una herramienta. Tenés una tuerca y tenés una llave, que es para ajustar esa tuerca. Hoy la tecnología es esa llave francesa que la regulás y ajustás la tuerca. Pero si es la finalidad, nos vamos a perder los creativos del futuro.
Arnedo: Para mí es como Frankenstein… Se va a comer al constructor.
Ciavarella: Ojalá tenga razón yo. El humano va a prevalecer.
Mollo: El tema es el exterminio de la naturaleza. Porque el alimento de todo esto que estamos hablando son los recursos.
Arnedo: Y bueno, ya lo dijimos: “Madre selva ven a mí. Y ven por vos” (“Revienta el mi mayor”). O sea, ven un poquito, respira en medio de ese cemento.
Mollo: Es verdad que todos los temas tienen una parte muy cruda y fuerte. Y por otro lado tienen como un grito de esperanza.
Ciavarella: Totalmente, porque está el lado que parece que nos va a comer y el otro lado con un montón de cosas que dan esperanza.
¿Y Dios dónde está para ustedes en medio de todo esto?
Mollo: ¿Cuál de ellos? Preguntale a los físicos cuánticos. ¿Dónde está Dios? Dios está ahí. Dios vive dentro tuyo. Si no, no tiene sentido. Si Dios no vive dentro de ti, hay algo que está mal.
Arnedo: Dios es la naturaleza.
Ciavarella: Para mí Dios está en la sensibilidad. Yo creo que sigue habiendo gente sensible, en el buen sentido. Gente sensible es ese papá con el nene en el medio del show. Yo veo a Dios ahí, en la gente sensible que no anda tirando mierda, que vive su vida de una manera más copada y va dejando cosas buenas en todo.
Arnedo: Pero viste, es lo mismo. Hay un Dios para un lado y otro Dios para el otro.
Mollo: Pero no hay que entrar en esa, porque ellos necesitan que entremos ahí. Dios no está tirando misiles de un lado para el otro. No, Dios está acá, adentro tuyo. Es la conciencia. Ya lo dijo el gran poeta: “La conciencia es la abuela que regula el mundo”. Y cuando te detenés un rato en esa frase decís: “La abuela”. ¡Qué genialidad!
Arnedo: ¿“Jugo de lúcuma” era esa?
Mollo: No, era otra. Se llamaba así: “La conciencia que regula el mundo” [el guitarrista hace referencia a “Lo que nos ocupa es esa abuela, la conciencia que regula el mundo”, el tema que cierra el disco Invisible, de Invisible, de 1974]. Ves que Luisito siempre está dando vueltas.
Permítanme aquí una pequeña digresión antes de seguir adelante con la entrevista. Un pequeño apartado que bien podría titularse “Potencial transferido”.
Jacobo Grinberg fue un psicólogo y científico mexicano nacido en 1946 que dedicó buena parte de su vida al estudio de la conciencia humana y, especialmente, a su relación con la estructura del espacio. Sus investigaciones incluyeron tanto los diversos prodigios de los chamanes mexicanos como los fenómenos conocidos como telepatía o comunicación a distancia.
Grinberg basaba su hipótesis acerca de lo que llamaba “potencial transferido” o “interacción cerebro a cerebro” en la teoría cuántica, que establece una relación entre partículas alejadas en el espacio. Con esa premisa, si las partículas poseen una relación a distancia, Grinberg sostenía que dos cerebros podían funcionar de la misma manera.
Luego de varios experimentos con niños, en 1994 se preparaba para su proyecto más ambicioso: conectar dos mentes a distancia, la de un hombre en México y la de otro en la India. Pero días antes de viajar para llevar a cabo el experimento, Grinberg desapareció y nunca más se supo de su paradero. Las teorías conspirativas señalan a la CIA como responsable de su desaparición, aunque hay quienes también aseguran que accedió finalmente a otro plano de la realidad. ¿Había Grinberg descubierto un potencial de la conciencia humana jamás explorado? ¿Sus estudios habían probado “la unidad total del estado de conciencia, capaz de modificar la realidad desde sus orígenes”? Vuela pensador, vuela sin pensar.
Volvamos entonces a la sala de control del estudio de Parque Leloir, donde la charla se extiende por el camino de esa conciencia que regula el mundo, la abuela, en palabras del poeta. “La conciencia es lo que te da la apertura y te permite primero conocerte a vos, que es lo más importante. Y a partir de ahí al resto. Para mí lo más importante es tener conciencia. Le di muchas vueltas a eso porque me interesa el tema del estado de conciencia y la percepción de la realidad. Hay todo un tema ahí que empezó ahora a iluminarse, pero ya hay algunos adelantados que en los años 90 empezaron un poco a traer luz para este lado y así como trajeron luces… desaparecieron. Pero tiene que ver con eso. A veces uno cree que son herramientas hippies y en realidad no lo son”.
Ciavarella: El tema es que hay todo un aparato para bastardear.
Mollo: Y claro, está todo preparado para que cuando vos decís una cosa, te desacrediten. Pero hay que seguir pensando, para que eso no se expanda. Que la polarización no nos lleve a esta cosa de los necesitados y los superpoderosos.
Aliados en un viaje
De los superpoderosos del mundo a la frase “el algoritmo no tiene moral” (que bien podría ser parte de un próximo tema del grupo) hay apenas un paso en esta charla apasionada, que de la unidad de la conciencia se mueve velozmente a las reglas actuales de la industria musical y de allí a la necesidad de contar con aliados en este viaje, tal como Mollo canta, vocea, en el tema que abre Divididos.
“Es la canción más distinta del disco y creo que de todo lo que hicimos”, dice Arnedo, responsable, según Mollo, de la mayor parte de las letras de Divididos. “Por eso también me pareció que estaba bueno que sea la primera del álbum, que arrancara con eso. Es algo que no te esperás. Es medio Sumo también”. El guitarrista asiente y dice que tiene “una cosa ochentosa”, mientras Catriel recuerda que al principio le sonaba a Morphine. “La guitarra está afinada en un tono que es casi un bajo”, insiste Mollo y asegura que una vez que encontró ese sonido no se podía bajar de ahí. “Pasa que cuando agarro un instrumento distinto me hace pensar otras cosas, la cabeza se va para otro lado, en las melodías y eso. Entonces enriquece lo que viene. Ahora tengo ganas de tocar todos los temas con esa guitarra”.
Como sugiere Arnedo, “Aliados” suena a Sumo, sí, y también a post-punk. Cuenta la leyenda que fue Luca el que llegó con sus discos y casetes en los años 80 y les mostró a sus compañeros de grupo bandas y estilos hasta entonces desconocidos para los jóvenes músicos del oeste bonaerense. ¿Será que fue así? “Sí, hubo mucha música que escuché por primera vez gracias a él”, asegura Arnedo. “Joy Division, Bob Marley, Wire, Linton Kwesi Johnson. Tenía un radiograbador y muchos casetes y nos ponía discos. La música de ese momento, la new wave, el post-punk, todo eso. Cocinaba y escuchaba Joy Division. Cocinaba unos tucos a fuego lento que tardaba como seis horas. ¡Y ponía Joy Division! Era para matarse, ja”.
Mollo: Y su arco musical llegaba hasta Harry Belafonte. Hemos tocado temas de él en vivo, como “Matilda” [la Hurlingham Reggae Band solía tocar en vivo un medley de Belafonte: “Coconut woman”/ “Jamaica Farewell”/ “Matilda”].
Arnedo: Yo no sabía, boludo.
Mollo: El tipo sacaba eso… y también un montón de grupos. Yo le hablaba siempre de la Premiata Fornería Marconi, que era un grupo italiano. Pero él me decía: “Sí, pero el disco que hay que escuchar de ellos es Per un amico”. Claro, era uno de los primeros discos, porque después ya se habían puesto a hacer otra cosa más parecida a Genesis. Él se quedaba con la esencia del grupo original. Me hacía escuchar una cantante italiana, Loredana Bertè, que cantaba una especie de reggae. El tipo te abría la cabeza por ese lado, por escuchar otras cosas que no tenían que ver con eso que estaba sonando en la radio. Igual, para mí, más que lo que nos mostró, lo más fuerte era lo que hacía, la actitud. Una forma distinta de encarar eso que tanto te gusta. O sea, rompió con eso que hablábamos antes de la prolijidad, de mostrar más el corazón, de pelar. Hacer música con el cuerpo, no con el instrumento. Para mí eso fue lo más fuerte.
Arnedo: Creo que apareció en el momento justo en donde había que reaccionar y nosotros mismos no lo podíamos hacer, antes que él llegara. Y él fue como agitar, salir, vamos a tocar a los barcitos, vamos a los barcitos a no tocar también, hay que moverse. Como que veía que lo que había acá era una energía muy quieta. Era un momento justo al final del proceso, de la dictadura, y cuando subió Alfonsín en el 83, estábamos recién ahí en el Café Einstein. Pero más allá de eso, no creo que haya sido ni el proceso, ni Alfonsín, ni nada. Él era así. Lo encontramos en un momento de su vida que pudo controlar una situación muy difícil y se habrá sentido un poco mejor de ánimo con el tema de su adicción y de ahí su energía como de decir “vamos a la vida”.
Mollo: Él también debe haber proyectado en nosotros una posibilidad, ¿no?
Arnedo: Sí, habrá visto también que nosotros estábamos a punto.
Mollo: ¿Viste la frase de la canción de niños que dice “que sepa abrir la puerta para ir a jugar”? Él hizo así y nosotros salimos a jugar.
¿De esos años arrastran también cierto humor, que ha sido una pata clave en la historia de Divididos?
Arnedo: El humor ha sido un condimento eterno. En algunas épocas más, pero siempre nos salvó. Porque probablemente las cosas que más te acordás vienen de los mejores chistes o de los momentos más graciosos con tus amigos, en tu casa. El humor ganó siempre. Estuvo por arriba todo el tiempo. El familiar más gracioso, viste. Yo me acuerdo de Killing y me acuerdo del tipo gracioso. Del tipo que entraba con una sonrisa y cambiaba todo. Creo que nos hemos contagiado de eso. También es tan importante porque el humor lava, y porque también disculpa. El humor supera, es permisivo. Hacés un buen chiste y pasó por arriba de todo.
Mollo: Con el humor les metés oxígeno a las cosas. Es el oxígeno en el momento donde las cosas se ponen duras, se compactan y parece que no, pero con el humor se destraba. Además, es un chorro de oxígeno para que afloje todo y encuentres el otro ángulo de una situación de la que no podías salir.
Arnedo: Y de eso hicimos canciones. Algo que no era común y nos permitió no ser tan solemnes.
Mollo: Otroletravaladna es el disco donde nosotros tuvimos el mayor conflicto interno, porque habíamos compuesto un tema que se nos escapó. “¿Qué ves?” se escapó y aparecieron cosas. ¿Y ahora qué hacemos? Nada. Nos rechiflamos, la pasamos como el orto. Pero cuando llegó el momento de plasmar eso en la obra, le encontramos la vuelta para seguir sosteniéndolo a través de eso, a través del humor. Le dio oxígeno al quilombo.
Arnedo: ¿Vos te acordás que en esta misma sala nos hemos caído al piso de la risa? Cuando llegás a la risa, cuando eso llega al cuerpo, es imbatible. Y también creo que utilizamos una ironía sobre nosotros mismos. No creerse algo demasiado. Con el humor desarmás el ego. Porque te reís de vos mismo y no queda nada. Podés hacer cualquier cosa y eso está bueno. Ahí conseguimos una veta.
En esos años de Otroletravaladna, ¿llegaron a pensar en separarse?
Mollo: Nadie nunca pensó en eso. Y mirá que hubo situaciones así a lo Enrique VIII, ¿viste?, de traiciones y cosas cercanas. Pero siempre estuvimos en este barco juntos. Más allá de todo.
Arnedo: Pero eso que decís, me quedé pensando… Creo que si hubo un momento donde todo hubiese terminado, fue ahí, en esa época de Otroletravaladna. Pero no terminó. Y si no terminó ahí…
Mollo: Si ya en el fondo del fondo seguimos adelante, ya está.
Arnedo: Me acuerdo de grabar ese disco en los estudios Ion, con el Portugués da Silva. Un divino, pobre.
Mollo: Nosotros estábamos en un mambo que estábamos 17 horas grabando y a veces nos quedábamos, se iban todos y nos quedábamos charlando en el estudio. Hasta el otro día, que llegaban y querían limpiar. Entraba un señor llamado Dionisio, que Dios lo tenga en la gloria, se asomaba por el vidrio con sus cosas para limpiar la sala, y le decíamos “no, hoy no”, y se iba. Fueron tiempos difíciles, pero los atravesamos entendiéndonos. O sea, los momentos límite siempre son cuando la bonanza se corre y los aplaudidores se van porque no hay nada que sacar. Y ahí siempre quedábamos estos dos.
Los canillitas del sótano…
Mollo: Exacto. Volvíamos a esa primera foto en el sótano. Como jodíamos siempre: la dupla Caradeorto y Simpatía, ja, ja, ja.
Agradecimientos producción fotográfica: Adriana Maestri (Realización de Bandera de Tapa y de retratos), susana vertone y Sebastián Suchowolski (realización bandera apertura de nota), Leopoldo Montero Ciancio y Billy Alvarez.
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