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Rata Blanca confirmó su regreso al escenario del Movistar Arena para el miércoles 2 de diciembre. Y las entradas salen a la venta esta semana.

La banda liderada por Walter Giardino junto a Adrián Barilari viene de meses de gira por Estados Unidos, España y buena parte de América Latina, con la excusa de la celebración de los 35 años de Magos, espadas y rosas, su obra cumbre.

El año pasado, solo en Buenos Aires, llenaron el Movistar Arena y agotaron funciones en el Teatro Flores. Como si fuera poco, en este 2026 volverán a Europa, Centroamérica y anunciarán nuevas fechas en Sudamérica.

Mirá el registro de su último paso por el estadio de Villa Crespo:

Rata Blanca en Movistar Arena: ¿cuándo salen a la venta las entradas?

La venta general de entradas para ver a Rata Blanca en el Movistar Arena comienza el miércoles 22 de abril a las 16, mientras que los clientes BBVA acceden a una preventa exclusiva el lunes 20 de abril a las 16 (con hasta tres cuotas sin interés). Los tickets se adquieren a través de la web oficial del estadio.

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En los días posteriores al golpe militar en Chile del 11 de septiembre de 1973, el cantante y guitarrista folk Víctor Jara fue detenido y trasladado al Estadio Chile, un recinto deportivo convertido en centro de detención masiva por la dictadura de Pinochet. Allí fue torturado y ejecutado.

Sus torturadores le destrozaron las manos y lo hicieron desfilar por el estadio, burlándose de él para que intentara tocar la guitarra. Esta brutalidad era simbólica. Jara era una figura pública, un músico cuya obra se había entrelazado de tal manera con las aspiraciones democráticas y la lucha de la clase trabajadora, que se decía que su música era más poderosa que mil ametralladoras. Silenciarlo significaba silenciar a las masas, pero no se logró.

Las canciones de Jara perduraron, transmitidas a través de grabaciones, recuerdos y comunidades tanto en Chile como en el extranjero. El estadio donde fue asesinado lleva ahora su nombre, y su música sigue cantándose generaciones después, desde Joan Baez hasta Bruce Springsteen, pasando incluso por Bad Bunny.

Desafortunadamente, la rendición de cuentas ante la ley suele llegar mucho después de la caída de un régimen autoritario, como ocurrió en el caso de Jara. Allí, tras décadas de búsqueda, se localizó al teniente responsable en Florida, tras haber huido de Chile después del colapso del régimen. Junto con el Centro para la Justicia y la Rendición de Cuentas, mis colegas y yo interpusimos una demanda civil contra él ante el Tribunal de Distrito de los Estados Unidos para el Distrito Medio de Florida, en virtud de la Ley de Reclamaciones por Agravios contra Extranjeros y la Ley de Protección de Víctimas de Tortura, por detención arbitraria, tortura, ejecuciones extrajudiciales y crímenes de lesa humanidad.  

Y así, aunque la rendición de cuentas a veces llegue tarde, la música forma parte de la inspiración que, en última instancia, impulsa a una sociedad a rechazar el régimen y exigirle responsabilidades, para avanzar hacia la justicia transicional.

Los regímenes autoritarios siempre han temido el poder de la música. Desde la prohibición de conciertos hasta el encarcelamiento, el exilio, la tortura y castigos peores, los regímenes autoritarios han atacado repetidamente a músicos cuya obra transforma el descontento político en un lenguaje compartido. A lo largo de décadas y en distintos continentes, los gobiernos autoritarios han respondido a la música de protesta con una consistencia sorprendente.

En la Sudáfrica del apartheid, la cantante Miriam Makeba se vio obligada a exiliarse durante décadas tras criticar al régimen; su música fue prohibida en su país, a pesar de haber alcanzado una gran popularidad en el extranjero. En la Grecia de los 60, bajo el régimen militar, la música de Mikis Theodorakis fue prohibida por decreto, y su compositor fue encarcelado y exiliado. En la Checoslovaquia de la Guerra Fría, a los músicos clandestinos se les retiraron las licencias, fueron arrestados y acosados por negarse a ajustarse a la estética sancionada por el Estado.

Más recientemente, artistas como la artista kurda Nûdem Durak en Turquía, la cantante pop uigur Ablajan Awut Ayup en China y la banda rusa Pussy Riot han sido procesados bajo leyes de seguridad nacional restrictivas, detenidos por letras consideradas subversivas o tachados de extremistas por presentaciones que cuestionan la narrativa oficial. En cada caso, la respuesta del Estado revela una inquietud común: el autoritarismo no solo se basa en el miedo, sino también en la fragmentación. La música de protesta hace lo contrario al crear una banda sonora de resistencia.

Los regímenes reaccionan porque la música, especialmente en momentos de represión, se convierte en un multiplicador de poder. Unifica a las comunidades, fomenta el pensamiento crítico, moviliza a la oposición e inspira a la acción. Hemos visto destellos de esto recientemente: desde la presentación de Bad Bunny en el medio tiempo del Super Bowl, en el que promovió la unidad y el amor como reacción a las redadas del ICE, la colonización de Puerto Rico y la retórica contra Latinoamérica, hasta el resurgimiento de canciones de resistencia de hace décadas. Entre ellas se encuentran ‘Killing in the Name’ de Rage Against the Machine, sobre el racismo institucionalizado y la brutalidad policial en el contexto del veredicto de Rodney King; ‘Zombie’, el himno antibélico por excelencia de The Cranberries; y ‘B.Y.O.B. (Bring Your Own Bomb)’ de System of a Down, que protesta contra la guerra de Irak; pasando también por ‘Ohio’ de Crosby, Stills, Nash y Young, sobre el asesinato de estudiantes en Kent State a manos de la Guardia Nacional, y ‘Fortunate Son’ de Creedence Clearwater, sobre las élites que evaden el servicio militar. Lamentablemente, muchas de estas canciones han cobrado mayor relevancia en la actualidad, desde las atrocidades cometidas contra civiles inocentes en conflictos por alrededor del mundo hasta los asesinatos extrajudiciales de estadounidenses en su propio país.

La canción que sobrevivió al estadio

Aunque los regímenes siguen intentando silenciar a los artistas, la historia nos muestra una ironía persistente: cuanto más agresivamente ataca un régimen a la música, más perdurable suele volverse su mensaje.

Pocas historias ilustran esto con tanta claridad como la de Jara. Décadas después de su asesinato y años tras la caída del régimen de Pinochet, la justicia entró en escena, no como sustituto de la música, sino como medio para evitar el olvido. En una demanda civil federal en Estados Unidos, un jurado declaró culpable a un exoficial militar chileno de la tortura y el asesinato de Jara, otorgándole una indemnización a su familia y dejando constancia de las atrocidades cometidas. A partir de las pruebas obtenidas en este proceso y por las autoridades chilenas, el teniente Pedro Pablo Barrientos Núñez será ahora juzgado ante los tribunales chilenos. Aunque la rendición de cuentas llegó tarde, lo hizo con un registro fidedigno y una declaración de responsabilidad. El resultado es un reconocimiento legal de que lo que ocurrió fue importante y aún lo es.

Si bien la música por sí sola no puede garantizar la rendición de cuentas, la ley puede asegurar que la violencia no desaparezca en la negación o en la amnesia histórica. Los procesos legales exigen pruebas, asignan responsabilidades y transforman los testimonios en historia. Lo que los regímenes autoritarios pretenden borrar, la ley lo preserva.

En los casos relacionados con artistas perseguidos, la justicia ha afirmado que la represión cultural no es algo incidental al autoritarismo, sino que es fundamental para él. Estos casos ponen de manifiesto que los ataques contra los artistas son ataques contra la propia expresión colectiva.

Resonancia más allá de la represión

Los regímenes autoritarios atacan a los artistas precisamente porque comprenden su poder. Sin embargo, lo que no logran comprender es la resonancia. Un disparo puede sonar una sola vez, pero una canción resuena a través de generaciones. Las canciones perduran porque están diseñadas para repetirse. Se pueden cantar en voz baja o alta, en público o en privado. Las letras escritas para una lucha pueden inspirar otra décadas más tarde. Esta continuidad explica por qué las canciones de protesta de épocas pasadas siguen resurgiendo en momentos de tensión política.

La música enseña a las personas a verse a sí mismas como parte de algo más grande; a resistir. El derecho enseña al mundo a recordar. Junto con abogados y jueces, los artistas transforman las voces en derechos, reconocimiento y justicia. De este modo, la música sigue siendo una banda sonora compartida de la resistencia.

Christina Hioureas es una abogada radicada en Nueva York y especializada en derecho internacional, que defiende casos ante tribunales internacionales. También es profesora visitante de Derecho en la Facultad de Derecho de la Universidad de California en Los Ángeles y de la Universidad del Sur de California, donde imparte cursos sobre legislación en materia de derechos humanos. Representó legalmente a la viuda y las hijas del fallecido músico folclórico chileno Víctor Jara, logrando una sentencia histórica contra el teniente responsable de su tortura y ejecución durante la dictadura de Pinochet.

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En tres décadas de música, los públicos cambian, y los artistas trabajan para seguir conectando, afirma el músico Keno One al resaltar que la banda chilena Gondwana se acerca a una fanaticada juvenil y que su música es atemporal.

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El artista Dani Fernández ha sido intervenido quirúrgicamente con éxito de la lesión que ha sufrido en un hombro tras una aparatosa caída durante el concierto que ofreció anoche en el Roig Arena de València, en el marco de su gira ‘La Insurrección’.

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Con veteranos consagrados como Fatboy Slim y artistas emergentes como la australiana Ninajirachi, el festival Coachella, que cierra este domingo en su segundo fin de semana en el desierto californiano, dedicó casi la mitad de su programación a músicos electrónicos.

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El merenguero típico Juan de Jesús Torres Torres, conocido artísticamente como Ranfis Torres o “El Presidente del Merengue”, fue encontrado muerto en su casa en La Quebradita, San José de las Matas, en Santiago de los Caballeros. Tenía 79 años. 

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La cantante Belinda y el grupo mexicano Los Ángeles Azules lanzaron este viernes ‘Por ella’, un tema que fusiona la cumbia y el pop y se consolida como el segundo sencillo del álbum oficial del Mundial 2026, el cual tendrá su inauguración el próximo 11 de junio en Ciudad de México.

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La actriz y cantante de música ranchera Irma Gloria Ochoa Salinas, conocida en el ámbito artístico como Lucha Moreno, murió en México rodeada de sus hijos, nietos y una bisnieta. Tenía 86 años.

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Los cantantes colombianos Shakira y Beéle lanzaron este jueves el videoclip de ‘Algo tú’, que fue grabado en la ciudad caribeña de Barranquilla, de la que ambos artistas son oriundos, informó Sony Music.

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Tras varios años sin publicar material inédito, Massive Attack presenta ‘Boots on the Ground’, un tema dirigida a “unos imbéciles federales… sentados en una habitación llena de carteles del ejército” que consolida su regreso a la actividad discográfica desde 2020 y que incorpora la participación del músico estadounidense Tom Waits. 

Aunque la colaboración no es reciente en origen, sí lo es en su resonancia. “Hace muchos años acepté una invitación de Massive Attack para colaborar”, declaró Waits. “Su larga demora en el lanzamiento nunca me preocupó. Hoy, como en todos los tiempos de la humanidad, este tipo de canción garantiza que nunca pasará de moda. La locura humana es un festín para las moscas”.

Massive Attack y Tom Waits critican políticas trumpistas en ‘Boots on the Ground’
Cortesía

Además, el contexto no es menor. En términos líricos, ‘Boots on the Ground’ aborda tensiones políticas contemporáneas, con referencias a las dinámicas de poder en un escenario marcado por el resurgimiento del autoritarismo estatal y la creciente militarización de las fuerzas de seguridad en distintas regiones de Occidente (particularmente durante la era de Donald Trump) , con un enfoque crítico hacia las redadas de ICE.

El lanzamiento estará disponible también en formato vinilo de 12 pulgadas, con ‘Boots on the Ground’  en la cara A y ‘The Fly’  en la cara B, una pieza de spoken word que funciona como una reflexión sobre los temas de la obra, a cargo del novelista Omar El Akkad, autor de las novelas American War y What Strange Paradise.

Las ganancias de esta edición física serán destinadas a organizaciones como la American Civil Liberties Union y el Immigrant Defense Project.

Asimismo, la canción se acompaña de un cortometraje dirigido por Massive Attack en colaboración con el artista visual thefinaleye. La pieza audiovisual (de poco más de siete minutos) construye un fotomontaje de alta intensidad que recorre episodios recientes de la historia estadounidense, desde el asesinato de George Floyd hasta operativos migratorios y escenas de represión policial.

A lo largo del video se integran datos y estadísticas provenientes de organismos como la American Immigration Council, la American Civil Liberties Union y el National Institute on Drug Abuse, entre otros, reforzando el carácter documental del proyecto.

‘Boots on the Ground’  es la primera música de Massive Attack distribuida bajo una política de exención de Spotify. Se prevén nuevos lanzamientos antes y después de la serie de presentaciones en vivo de la banda, incluyendo su próxima gira europea y sus participaciones como cabeza de cartel en festivales de verano.

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