Todo comenzó como un juego. Como dos canillitas de los años 40 que voceaban las noticias del barrio desde el sótano de una fábrica de zapatos, en El Palomar. “Cuando se fue Luca, a los dos meses apareció Diego, que se había ido a Córdoba, y nos juntamos un rato ahí en el sótano de la fábrica de zapatos de mi papá. Era una cosa muy chiquita, pero me había armado un lugar donde poner la portaestudio y poder jugar”, recuerda Ricardo Mollo. “Estábamos los dos solos, reflexionando sobre todo lo que nos había pasado, y las primeras cosas que empezaron a salir fueron esos dos personajes que llamábamos ‘los canillitas’. Poníamos algo y empezábamos a relatar lo que pasaba y los canillitas reflexionaban sobre eso que estaba pasando. Ahí empezó a gestarse Divididos”.
Era 1988. La muerte de Luca Prodan a fines de 1987 había desmembrado a Sumo, y Ricardo Mollo y Diego Arnedo jugaban a los canillitas mientras buscaban una salida. “Eran dos pibes que andaban por ahí y ven que hay una fiesta en una casa, entonces uno subía a un árbol a mirar. ‘¿Y? ¿Qué está pasando?’, le preguntaba el otro desde abajo. ‘Están bailando ahí en un lugar y no sé qué’ y le relataba la situación. Era todo un absurdo y gritaban medio con una vocecita rara, finita, así como los canillitas de las películas argentinas en blanco y negro. Había muchos. El más famoso era Toscanito. ¿Sabés por qué gritaban así en las películas? Porque en esa época no había Dolby”.
Arnedo: ¿Y vos te acordás que esos dos personajes llegaron a la actuación? Una vez los llevamos a Obras. Eran los personajes de “Tajo C”. En un show decidimos invitar a unos músicos que tocaban más o menos lo que habíamos grabado y nosotros dos nos disfrazamos como de canillitas e hicimos una performance.
Mollo: Sí, con galochas, esos pantalones de pescadores, que cortamos y quedaron como si fueran de esa época de las películas.
Arnedo: Pero lo bueno de aquellos primeros años era que vos [Ricardo] tenías algo con qué grabar todas esas cosas. Cuando se nos ocurría algo que nos parecía bueno, íbamos y lo grabábamos; cualquier cosa.
Mollo: Y ahora que me hacés acordar, la primera letra que hicimos fue “De qué diario sos” (incluída en el primer álbum de Divididos, 40 dibujos ahí en el piso, 1989). Porque, claro, una de las cosas que teníamos eran estos personajes, estos pibes, y lo primero que cantamos arriba de una base fue eso: “¿Y vos de qué diario sos?”, como un diálogo entre estos dos canillitas que se cruzaban en la calle. En algún lado esos casetes deben estar todavía.

Arnedo: Lo insólito es que esos canillitas de los primeros días después medio que crecieron y deambularon, se perdieron un poco, y volvieron a aparecer con “Tajo C”. Estábamos por grabar La era de la boludez y cuando vino Gustavo Santaolalla a escuchar al sótano para ver qué canciones teníamos, le mostramos esos casetes y cuando escuchó eso dijo: “Esto está buenísimo, hay que meterlo en el disco”. “Pero esto suena como el orto, Gustavo”, le dijimos, porque era la versión original. “No importa, yo tengo un lugar en Los Ángeles donde limpian todo y te lo dejan perfecto”, nos dijo. Y me acuerdo de que después fuimos a ese lugar a limpiar la cinta, porque tenía un acople imposible, y… ¿te acordás qué pasó? [Arnedo mira cómplice a Mollo, que asiente sonriendo]. Entramos para hacer el trabajo y escuchamos una voz que salía de los parlantes, nos miramos y dijimos: “¿Qué hace Luca acá?”. Estaban limpiando unas cintas de Jim Morrison, unos relatos de poemas de él, y su voz sonaba igual a la de Luca.
Mollo: Bueno, de esos casetes de los primeros años que escuchó Santaolalla también salió “Dame un limón”. Le faltaba un estribillo y lo compusimos ahí mismo. Estábamos armando un rompecabezas al que le faltaban piezas, porque en esa época no teníamos muchos temas. Por eso cuando escuchó “Tajo C” se volvió loco. En realidad, ese era un tema que le dedicamos a las Locas como tu madre (programa de radio fundado por Diana Baxter, Silvia Armoza, Mónica Weinberg, Ingrid Recchia y Karina Ryvak). ¿Te acordás? Estábamos en el sótano y nos habían invitado al programa, entonces le digo a Diego de llevarles un tema. Nos pusimos una batería, armamos una base y empezamos a hacer ese relato de las mujeres argentinas (aquel que enumeraba “Betty, Peggy, Mery, July… Tita Merello, Azucena Maizani, Olinda Bozán y… la Gorda Matosas”).
Arnedo: Mientras la sala se inundaba, ja, ja… Estábamos grabando y como llovía mucho se empezó a inundar el sótano.
Mollo: Pero bueno, el nacimiento de esa cosa fue a partir de estos canillitas que reflexionaban sobre lo que veían del mundo. De su mundo, ¿no? De su barrio y de sus dirigentes y de qué diario sos. La letra, te digo, aplica al día de hoy. Eso me mata, ¿viste? Es seguir escribiendo de diferentes formas, pero en la misma realidad. La problemática sigue siendo la misma.
En los 90 era la era de la boludez, ¿y hoy?
Mollo: Hoy más boludos. La era de la recontra boludez. Al final no aprendimos nada, como dijo Luis en un momento.
En este disco nuevo tienen mucho de esos canillitas contando lo que pasa en su barrio…
Mollo: Claro, seguimos siendo esos dos canillitas que se juntan a reflexionar, ja, ja.

Un mundo ganado
Hoy llegó la carroza del cielo/ trayendo pociones para este mal/ El cochero sonriente y amable/ le abre la puerta al virrey actual/ Con su estirpe joven, hambriento, no notarás/ que no trae nada y que sólo viene a llevar”, canta, vocea Mollo en “Mundo ganado”, el primer tema nuevo que la banda lanzó después de nueve años, allá por 2019, y que se convirtió en el primer adelanto del álbum editado finalmente en noviembre de 2025, Divididos. “Un banquete de hoy por un hambre a futuro es el trato/ es lo que vendrá/ Con valijas de piel de otros/ tu sueño, tu anhelo, se llevarán”. Al parecer, los canillitas siguen contando lo que ven a su alrededor, subidos a la copa de un árbol.
Estoy frente a las tres partes de Divididos, los cuatro cómodamente sentados y de muy buen humor, en la sala de control de su estudio/quinta de Parque Leloir. ¿La excusa? Hablar de Divididos, el álbum, pero también de Divididos, la banda, en lo que será su primera entrevista con Rolling Stone en 26 años.
El trío terminó de construir este estudio pocos meses antes de grabar Amapola del 66 (2010) con la pintura aún fresca. Lo que antes era un comedor, hoy es la sala principal del estudio y las habitaciones linderas se transformaron en una suerte de Disney para músicos: una habitación con decenas de guitarras y un apartado para los bajos; otra con bombos y toms del piso al techo, bien ordenados en tres grandes estanterías; y una más repleta con amplificadores de todo tipo y tamaño, estuches de guitarras, viejos grabadores y parlantes.
Las paredes de la sala principal están pintadas de color rojo sangre y en el centro reina la batería de Catriel Ciavarella. Desde el techo cuelgan una decena de delfines grises, que forman parte de la estética/gráfica del nuevo disco desde afiches, flyers y visuales. “Están hechos a mano”, aclara Mollo. “Los delfines fueron el primer símbolo de Sumo”, agrega el guitarrista en referencia a la portada del álbum debut de Sumo, bautizado en 1985 Divididos por la felicidad. En el presente de la Aplanadora todo parece cruzarse y resignificarse.
Según certifica el papel ayuda memoria que Diego Arnedo lleva en el bolsillo trasero de su jean negro, y que oportunamente le dio el ingeniero de sonido del grupo, Facundo Rodríguez, “el primer tema del disco, ‘Mundo ganado’, salió en junio de 2019, y terminamos de grabar el último tema en junio de 2025”.
En medio de ese período de seis años de gestación (aunque en rigor los demos de varias canciones ya estaban registrados desde algunos años más), el “mundo ganado” del que hablan en la canción sufrió una pandemia y varias de las ideas incluidas en el nuevo álbum surgieron desde ese encierro. “En esos días salió ‘Insomnio’; la primera versión la grabamos cada uno desde los celulares, en su casa”, cuenta Mollo. “En pandemia aprendí a manejar ProTools en la computadora. Me acuerdo de que conseguí un permiso para ver a mi vieja, que tenía quilombos, y aproveché y me vine hasta la sala y me llevé una compu que había acá. Yo había jurado morir sin tocar el ProTools, pero bueno, no va a ser así. La usé para jugar en casa, para hacer canciones en el encierro, relegando y extrañando obviamente los sonidos naturales de acá, pero me ayudó a desarrollar ideas más allá de la calidad de audio. Es como decir: ‘Voy a escribir un libro, pero no tengo una máquina de escribir. Entonces, lo escribo a mano’. Fue como encontrar el recurso en ese momento para poder expresarme. De ese juego salió ‘San Saltarín’. Jugaba a hacer canciones con reminiscencias de otras que había escuchado y, bueno, ‘Saltarín’ es como una marcha que tiene reminiscencias a ‘Crua Chan’. Terminó siendo como un guiño”.

Antes hablábamos de la época en que Santaolalla los producía, pero hace tiempo que no dejan que un tercero (en este caso, un cuarto) los produzca… ¿Cómo les funciona la autoproducción?
Mollo: A mí, por momentos me dan ganas de tener un productor, porque la mirada del otro es importante. Lo que pasa es que tiene que ser una persona que vos sientas que va a trabajar en conjunto y no va a hacerlo para sí mismo. A nosotros nos funciona así porque nos cuidamos. Cada uno cuida el sonido de su instrumento, pero a la vez cada uno está atento al sonido del instrumento del otro. Por ahí yo toco algo en la guitarra que no estaba en el tema y ellos me dicen ‘eso está bueno, déjalo así’. No era lo que iba a tocar, pero confío en la mirada de ellos y cuando voy al control a escucharlo, claro, tenían razón.
Arnedo: Claro, eso es algo interesante, es la pérdida del concepto de uno mismo cuando te parás un poco en tus propias cosas. Porque manejamos un montón de variables y, de repente, están los otros, que te dicen algo, y la opinión te cierra y te termina de convencer. Desde ese consenso se genera la producción.
Ciavarella: Y también los años, la experiencia, la posibilidad de tener un estudio propio. Como dice Ricardo, a veces tienta una mirada externa, pero a la vez llegamos con todo mucho más cocinado de lo que hubiese sido cuando éramos más pibes y no teníamos la chance de tener tanto tiempo y tantas variantes a nivel sonoro y tanto laburo detrás.
Mollo: Igual, la figura del productor, sobre todo acá, llegó tarde para nosotros. Porque los discos de Sumo eran una producción caótica de todos los Sumo opinando, ¿me entendés? Era buenísimo porque era un caos.
Arnedo: Sí, cada uno se iba subiendo el fader, ja.
Mollo: Como no sabíamos usar la automatización de las máquinas, cada uno sabía en qué momento tenías que subirle. Imaginate lo que fue el primer disco. Para nosotros fue entrar a un espacio nuevo, donde no sabías bien qué hacer, pero tenías una idea de lo que querías que pasara. El productor es lo que pasa entre el músico y el ingeniero.

Del moretón a la cicatriz.
La última vez que había estado en esta quinta fue en agosto de 2002. Todavía la casa no era un estudio, apenas una improvisada sala de ensayo, con instrumentos colgados de sus paredes. Divididos acababa de editar Vengo del placard de otro, un disco en el que los canillitas contaron, a su manera, lo que veían en aquellos años de crisis institucional, social y política de la Argentina. La imagen de la tapa del álbum, responsabilidad del diseñador Alejandro Ros (al igual que ahora en Divididos), era una morcilla. “Es un poco como el moretón argentino. La morcilla es un argentino, cagado a palos. ¿Hay algo más argentino que una morcilla? Representa el machucón de los que vivimos acá”, decía Arnedo.
Veintitrés años después, la portada de Divididos vuelve a confirmar lo bien que se le da la metáfora gráfica sobre la Argentina a Alejandro Ros (recordar los años de menemismo explícito reflejados en la tapa de Miami, de Babasónicos, 1999). Un retazo de tela blanca, otro celeste y una costura con hilo quirúrgico que intenta cerrar la herida. “Un día fui al estudio de ellos y escuché el álbum completo sin hablar. ¡Arrasador!”, dice Ros. “Después hablamos un montón, leí mucho las letras y aparecieron varias ideas. Diego dijo de hacer algo con una bandera y entonces fui a comprar una, la rompí y luego la cosí con hilo quirúrgico. Creo que la imagen juega muy bien con el nombre de la banda y así fue también que salió el título del disco: Divididos”.
“Por esas cosas que nos hace el tiempo/ por laberintos de rosales voy/ Cae la flor sobre su propia espina/ No hay sueño que no lleve cicatriz”, canta, vocea Mollo en “Bafles en el mar”.
“En el disco hay un concepto que está sintetizado en esos dos colores de la tapa, que remiten un poco a nuestra patria y cuenta de dos energías que se desencuentran, porque una tira para un lado y la otra tira para el otro, y genera ese desgarro”, dice Arnedo. “Esa sutura es un poco una expresión de deseo. Juntar eso de nuevo, esa polarización, tratar de que con esa sutura, en algún momento, los hilos se disuelvan y suceda eso que todos queremos: la unión de los argentinos”.
“La cicatriz es una expresión de deseo, la costura de las heridas de una sociedad que gracias a muchos factores se polariza y al polarizar se pierden un montón de matices y en esa pérdida viene la división. Por eso también el disco se llama Divididos. Estamos divididos, pero queremos coser esa división y poder aliarnos en este viaje”, completa Mollo citando otra de las letras del disco, “Aliados”.
¿Y ustedes qué cicatriz o qué herida sin cerrar tienen?
Arnedo: Todos las tenemos, seguro. Cada persona tiene su cicatriz, que tiene que ver con las adversidades, con aquello que te pasó que no estaba en tus planes y que de pronto te golpeó, y te quedaste lastimado y hubo que curarlo.
Mollo: También hay heridas de guerra. A veces hablo con algún amigo sobre la pérdida auditiva, que me pasa, y me dicen ‘¿podés vivir con eso?’. Son heridas de guerra, cosas que han pasado por haber vivido. Herida de guerra es la pérdida de un amigo, de un compañero, en este caso Luca, que se fue. O Killing [Jorge Castro, histórico manager y amigo de la banda], que se fue también. Son cosas que te van dejando como marcas y que así como por ahí yo tengo heridas de haber trabajado y haber tenido accidentes de trabajo, cuando las veo me acuerdo del momento. Justamente en el disco hablamos de eso, de la recomposición… El paso del tiempo hace esa magia que es ir cerrando esas cosas, pero también dejándote una señal, una marca. Porque es parte de tu memoria. No hay sueño que no lleve cicatriz. Uno tiene que apostar, aunque a veces se lastime. “Por laberinto de rosales voy”. Porque, claro, estás yendo por un laberinto no de hojas suaves, sino de espinas. Es un camino que te deja pequeñas cicatrices. Está bueno si en algún momento llegás a ese lugar deseado, no olvidarse de todo eso que te pasó hasta llegar ahí.
Ciavarella: A mí me preguntan mucho si “ya cumplí mi sueño”, por estar acá donde estoy. Como si cumplir un sueño fuese llegar a un lugar y quedarse ahí. A mí me parece fabulosa la frase “no hay sueño que no lleve cicatriz”, porque es muy real. Grafica un poco lo que yo quiero decir a veces cuando hablo del sueño. El sueño tiene su día a día, sus situaciones, sus cosas. No es “llegué al sueño y listo”, todo color de rosa.

Mollo: No, no, no. El sueño es encontrar el camino. Como dijo Kerouac.
Ciavarella: Todos los días me cuesta, porque me doy manija, porque hacés una cosa que no te gustó. La repercusión que tiene hacer algo que no te gustó. Nada es fácil. Por ahí hay gente que lo vive así, como en una nebulosa de felicidad eterna, llegar a un sueño.
Mollo: Llegar al sueño te va a dar mucho sueño, porque te vas a empezar a aburrir. ¿Esto era el sueño? Lo más lindo fue llegar hasta acá, porque es todo un camino sin camino. Me voy acordando de frases, como la de “Sopa de tortuga”, que era una analogía que hacíamos… Como que las tapas de los discos parecen sobres de sopa. Esa canción está dedicada a los cazadores de canciones, esos que buscan el hit. Y después del hit, morite. Sos el artista del año, llegaste, y el año que viene, ¿qué hago?
Mollo dice que fue Alejandro Ros el que al crear la imagen de tapa sirvió en bandeja el nombre del álbum. “Ale y su minimalismo extremo”, dice Arnedo. “Todos los discos se pudieron haber llamado Divididos, pero acá, cuando Alejandro vino con esa imagen, no hubo debate, tenía que ser Divididos. Después descubrimos que los puntos de sutura eran doce y dijimos: ‘¡Qué hijo de puta este Alejandro! Le puso doce puntos por los doce temas del disco y no nos dijo nada’. Cuando lo llamamos y le comentamos, resultó que no lo había pensado. ‘Las fuerzas del más allá’, nos dijo”.
Mollo: Lo que más fuerte sonó fue la cosa paradójica de Divididos suturado. ¿Entendés? Como divididos, pero no. Como pasó siempre. Yo me acuerdo de la primera vez que vi el nombre Divididos en la tapa de Página/12, cuando se dividió la CGT. Ahí dije “uf, qué fuerte”. Cuánta fuerza y cuánto que trae este nombre que se eligió por otra razón, pero que fue tomando su verdadero espacio a medida que pasó el tiempo. Las cosas no se piensan y son… Suelen ser mágicas. Andá a saber, ja.
En “Doña Red” dicen “vuela pensador, vuela sin pensar”…
Mollo: Claro, porque la única manera de poder volar es que no lo pienses porque si no, te quedás. La vieja frase de que la abeja con su tamaño, en relación a sus alas, técnicamente no puede volar. Por eso la abeja no lo sabe. Nunca se puso a pensar que con estas alitas no podía volar.
Arnedo: Es un concepto medio prodeano, ¿no? No pensar… “Están pensando mucho, no piensen tanto”, decía Luca. “¿Qué quieren? ¿Quieren ser perfectos, ser perfeccionistas?”.
Dos faros: Luca y Spinetta
A lo largo de las dos horas de la entrevista, y habrá que decir también que de los 50 minutos de extensión del álbum, hay dos nombres que sobrevuelan una y otra vez: Luca Prodan y Luis Alberto Spinetta. “Recuerdos de Luisito/ esa barca que nunca zarpó”, canta, vocea Mollo en “Insomnio”, parafraseando “Cantata de puentes amarillos” del álbum Artaud (1973).
“Luis es parte de esa energía que nos regaló y que nos dejó esto”, dice Mollo. “Y ‘El faro’ también habla un poco de eso. ‘¿A cuántas balsas estoy? Naufragando’. ¿A cuántas balsas creo que estoy? ¿Y cuántas balsas me faltan para llegar a ese estado de conciencia? Siempre Luis vuela por ahí, porque fue un referente en todo sentido, en nuestros momentos más críticos, de situaciones de crecimiento, entre comillas, y de exposición. Siempre era: ‘¿Qué haría Luis en este caso?’. Él siempre tenía esas frases que las escuchás ahora y decís ‘¡qué maestro!’. Fue un maestro que dejó mucha enseñanza. Como Luca, que fue otro maestro que dejó otro tipo de enseñanza. Nos dejaron herramientas y eso está buenísimo”.
Mollo confiesa que se los extraña, que extraña al amigo y a la energía de esas dos personas que fueron tan generosas con ellos. “Qué suerte que tuvimos esos referentes, con tanto amor para dar. Porque hoy lo que veo, y entiendo que es parte de lo adictivo, parte del negocio, es la violencia como estímulo, el impacto en algo que ves, la edición de algo que dijiste con el único objetivo de generar odio en el otro. Hoy el negocio es el odio, porque el odio genera consumo de datos. Lo único que quieren es eso, que se consuman datos. Entonces yo te voy a poner cualquier cosa para que vos consumas datos. Si tomáramos conciencia de eso, las cosas podrían tener un pequeño cambio. Poder decir ‘pará, me estás metiendo la mano en el bolsillo. Me estás regalando odio y yo te pago’. Es perverso”.
Divididos, el disco, es una obra reflexiva quizá como nunca antes en la historia de la banda. Potente por momentos, cálida y arrulladora por otros. Golpea, pero también acaricia. Canciones que se revelan crudas, pero que buscan el camino de la esperanza. “Es que si no tenemos esperanza, nos ganaron. La que queda es continuar en este mundo veloz, como dice en la última parte de ‘Doña Red’, después de que el tipo cae y se da cuenta de que fue víctima de una pantalla y que entra en un mambo y dice: ‘¿Dónde estoy? ¿Dónde me va a llevar este lugar?’. Doña Red sin red. O sea, estás en el aire y es muy fuerte”, continúa Mollo.
“El tipo reflexiona todo eso y termina reconociendo que el enemigo no está afuera, que el enemigo es él, es su cabeza”, completa Arnedo.
Ciavarella: Creo que en casi todos los temas del disco podés encontrar esa doble faceta, de un sol dentro de este contexto oscuro.
Mollo: “Poetas traigan luz” (“Reviente el mi mayor”).
En lo personal, ¿ustedes dónde encuentran la esperanza?
Mollo: Bueno, en la creatividad. En la creatividad diaria, no en la de la composición de una canción o de escribir un libro. La creatividad diaria que vos puedas desarrollar, eso que tenés, sea para lo que sea, que tenga un desarrollo y que puedas entrar en esa contraposición de este mundo cibernético, donde todo está digerido, ¿entendés? No, dejame masticar a mí y dejame sentir la textura de la comida. No me des un puré que ya está ahí. Dejame a mí desarrollar las papilas gustativas, los jugos de mi cuerpo. La creatividad, en todo sentido, en lo que sea.
Ciavarella: La esperanza está también en la cantidad de pibes y jóvenes que están haciendo cosas increíbles y creativas, sin la necesidad de la inteligencia artificial. Porque pareciera que el mainstream se come todo y lo que queda es lo malo. Pero no.
Mollo: Se eclipsa mucho con lo que ya está digerido, ¿viste? O sea, te ponen un tema número uno hecho por IA y vos decís “pará, que hay un montón de gente componiendo cosas nuevas. No me des este refrito que te hace una máquina que solamente favorece a los dueños de esas plataformas”. El tema ‘Mundo ganado’ viene también un poco de una reflexión de un CEO, creo que de Volkswagen o de una empresa de automotores, que le preguntan a quién le tiene miedo, a Mercedes Benz o a Toyota y el tipo dice ‘no, yo le tengo miedo a Google y a los grandes formadores de estas cosas’. El tipo empieza a enumerar todo lo que va a desaparecer en ese mundo feliz. Entonces, ¿dónde queda el ser humano en todo esto?
Ciavarella: Yo siempre pienso que el ser humano se las arregla para ir por el medio. Por lo menos en este plano, lo que tengo cerca, en este país. El hijo de Ricardo es un loco de los autos y se pone a dibujar autos y le gusta ir a aprender a dibujar autos. Creo que hay esperanza en eso, en el humano mismo.
Arnedo: Mirá cuando esos pibes, o pibes más chicos, toquen y de teloneros tengan a tres robots.
Ciavarella: No, eso no va a pasar.
Arnedo: ¿No? No sé si no va a pasar.
Ciavarella: Yo no dramatizo porque veo que hay tantos jóvenes en otra situación. Tu hijo toca el piano y no lo podés creer.
Arnedo: Pero lo otro también viene con todo.
Mollo: Igualmente, no es renegar de la tecnología, sino no perder de vista que la tecnología es una herramienta. Tenés una tuerca y tenés una llave, que es para ajustar esa tuerca. Hoy la tecnología es esa llave francesa que la regulás y ajustás la tuerca. Pero si es la finalidad, nos vamos a perder los creativos del futuro.
Arnedo: Para mí es como Frankenstein… Se va a comer al constructor.
Ciavarella: Ojalá tenga razón yo. El humano va a prevalecer.
Mollo: El tema es el exterminio de la naturaleza. Porque el alimento de todo esto que estamos hablando son los recursos.
Arnedo: Y bueno, ya lo dijimos: “Madre selva ven a mí. Y ven por vos” (“Revienta el mi mayor”). O sea, ven un poquito, respira en medio de ese cemento.
Mollo: Es verdad que todos los temas tienen una parte muy cruda y fuerte. Y por otro lado tienen como un grito de esperanza.
Ciavarella: Totalmente, porque está el lado que parece que nos va a comer y el otro lado con un montón de cosas que dan esperanza.
¿Y Dios dónde está para ustedes en medio de todo esto?
Mollo: ¿Cuál de ellos? Preguntale a los físicos cuánticos. ¿Dónde está Dios? Dios está ahí. Dios vive dentro tuyo. Si no, no tiene sentido. Si Dios no vive dentro de ti, hay algo que está mal.
Arnedo: Dios es la naturaleza.
Ciavarella: Para mí Dios está en la sensibilidad. Yo creo que sigue habiendo gente sensible, en el buen sentido. Gente sensible es ese papá con el nene en el medio del show. Yo veo a Dios ahí, en la gente sensible que no anda tirando mierda, que vive su vida de una manera más copada y va dejando cosas buenas en todo.
Arnedo: Pero viste, es lo mismo. Hay un Dios para un lado y otro Dios para el otro.
Mollo: Pero no hay que entrar en esa, porque ellos necesitan que entremos ahí. Dios no está tirando misiles de un lado para el otro. No, Dios está acá, adentro tuyo. Es la conciencia. Ya lo dijo el gran poeta: “La conciencia es la abuela que regula el mundo”. Y cuando te detenés un rato en esa frase decís: “La abuela”. ¡Qué genialidad!
Arnedo: ¿“Jugo de lúcuma” era esa?
Mollo: No, era otra. Se llamaba así: “La conciencia que regula el mundo” [el guitarrista hace referencia a “Lo que nos ocupa es esa abuela, la conciencia que regula el mundo”, el tema que cierra el disco Invisible, de Invisible, de 1974]. Ves que Luisito siempre está dando vueltas.
Permítanme aquí una pequeña digresión antes de seguir adelante con la entrevista. Un pequeño apartado que bien podría titularse “Potencial transferido”.
Jacobo Grinberg fue un psicólogo y científico mexicano nacido en 1946 que dedicó buena parte de su vida al estudio de la conciencia humana y, especialmente, a su relación con la estructura del espacio. Sus investigaciones incluyeron tanto los diversos prodigios de los chamanes mexicanos como los fenómenos conocidos como telepatía o comunicación a distancia.
Grinberg basaba su hipótesis acerca de lo que llamaba “potencial transferido” o “interacción cerebro a cerebro” en la teoría cuántica, que establece una relación entre partículas alejadas en el espacio. Con esa premisa, si las partículas poseen una relación a distancia, Grinberg sostenía que dos cerebros podían funcionar de la misma manera.
Luego de varios experimentos con niños, en 1994 se preparaba para su proyecto más ambicioso: conectar dos mentes a distancia, la de un hombre en México y la de otro en la India. Pero días antes de viajar para llevar a cabo el experimento, Grinberg desapareció y nunca más se supo de su paradero. Las teorías conspirativas señalan a la CIA como responsable de su desaparición, aunque hay quienes también aseguran que accedió finalmente a otro plano de la realidad. ¿Había Grinberg descubierto un potencial de la conciencia humana jamás explorado? ¿Sus estudios habían probado “la unidad total del estado de conciencia, capaz de modificar la realidad desde sus orígenes”? Vuela pensador, vuela sin pensar.
Volvamos entonces a la sala de control del estudio de Parque Leloir, donde la charla se extiende por el camino de esa conciencia que regula el mundo, la abuela, en palabras del poeta. “La conciencia es lo que te da la apertura y te permite primero conocerte a vos, que es lo más importante. Y a partir de ahí al resto. Para mí lo más importante es tener conciencia. Le di muchas vueltas a eso porque me interesa el tema del estado de conciencia y la percepción de la realidad. Hay todo un tema ahí que empezó ahora a iluminarse, pero ya hay algunos adelantados que en los años 90 empezaron un poco a traer luz para este lado y así como trajeron luces… desaparecieron. Pero tiene que ver con eso. A veces uno cree que son herramientas hippies y en realidad no lo son”.
Ciavarella: El tema es que hay todo un aparato para bastardear.
Mollo: Y claro, está todo preparado para que cuando vos decís una cosa, te desacrediten. Pero hay que seguir pensando, para que eso no se expanda. Que la polarización no nos lleve a esta cosa de los necesitados y los superpoderosos.
Aliados en un viaje
De los superpoderosos del mundo a la frase “el algoritmo no tiene moral” (que bien podría ser parte de un próximo tema del grupo) hay apenas un paso en esta charla apasionada, que de la unidad de la conciencia se mueve velozmente a las reglas actuales de la industria musical y de allí a la necesidad de contar con aliados en este viaje, tal como Mollo canta, vocea, en el tema que abre Divididos.
“Es la canción más distinta del disco y creo que de todo lo que hicimos”, dice Arnedo, responsable, según Mollo, de la mayor parte de las letras de Divididos. “Por eso también me pareció que estaba bueno que sea la primera del álbum, que arrancara con eso. Es algo que no te esperás. Es medio Sumo también”. El guitarrista asiente y dice que tiene “una cosa ochentosa”, mientras Catriel recuerda que al principio le sonaba a Morphine. “La guitarra está afinada en un tono que es casi un bajo”, insiste Mollo y asegura que una vez que encontró ese sonido no se podía bajar de ahí. “Pasa que cuando agarro un instrumento distinto me hace pensar otras cosas, la cabeza se va para otro lado, en las melodías y eso. Entonces enriquece lo que viene. Ahora tengo ganas de tocar todos los temas con esa guitarra”.
Como sugiere Arnedo, “Aliados” suena a Sumo, sí, y también a post-punk. Cuenta la leyenda que fue Luca el que llegó con sus discos y casetes en los años 80 y les mostró a sus compañeros de grupo bandas y estilos hasta entonces desconocidos para los jóvenes músicos del oeste bonaerense. ¿Será que fue así? “Sí, hubo mucha música que escuché por primera vez gracias a él”, asegura Arnedo. “Joy Division, Bob Marley, Wire, Linton Kwesi Johnson. Tenía un radiograbador y muchos casetes y nos ponía discos. La música de ese momento, la new wave, el post-punk, todo eso. Cocinaba y escuchaba Joy Division. Cocinaba unos tucos a fuego lento que tardaba como seis horas. ¡Y ponía Joy Division! Era para matarse, ja”.
Mollo: Y su arco musical llegaba hasta Harry Belafonte. Hemos tocado temas de él en vivo, como “Matilda” [la Hurlingham Reggae Band solía tocar en vivo un medley de Belafonte: “Coconut woman”/ “Jamaica Farewell”/ “Matilda”].
Arnedo: Yo no sabía, boludo.
Mollo: El tipo sacaba eso… y también un montón de grupos. Yo le hablaba siempre de la Premiata Fornería Marconi, que era un grupo italiano. Pero él me decía: “Sí, pero el disco que hay que escuchar de ellos es Per un amico”. Claro, era uno de los primeros discos, porque después ya se habían puesto a hacer otra cosa más parecida a Genesis. Él se quedaba con la esencia del grupo original. Me hacía escuchar una cantante italiana, Loredana Bertè, que cantaba una especie de reggae. El tipo te abría la cabeza por ese lado, por escuchar otras cosas que no tenían que ver con eso que estaba sonando en la radio. Igual, para mí, más que lo que nos mostró, lo más fuerte era lo que hacía, la actitud. Una forma distinta de encarar eso que tanto te gusta. O sea, rompió con eso que hablábamos antes de la prolijidad, de mostrar más el corazón, de pelar. Hacer música con el cuerpo, no con el instrumento. Para mí eso fue lo más fuerte.
Arnedo: Creo que apareció en el momento justo en donde había que reaccionar y nosotros mismos no lo podíamos hacer, antes que él llegara. Y él fue como agitar, salir, vamos a tocar a los barcitos, vamos a los barcitos a no tocar también, hay que moverse. Como que veía que lo que había acá era una energía muy quieta. Era un momento justo al final del proceso, de la dictadura, y cuando subió Alfonsín en el 83, estábamos recién ahí en el Café Einstein. Pero más allá de eso, no creo que haya sido ni el proceso, ni Alfonsín, ni nada. Él era así. Lo encontramos en un momento de su vida que pudo controlar una situación muy difícil y se habrá sentido un poco mejor de ánimo con el tema de su adicción y de ahí su energía como de decir “vamos a la vida”.
Mollo: Él también debe haber proyectado en nosotros una posibilidad, ¿no?
Arnedo: Sí, habrá visto también que nosotros estábamos a punto.
Mollo: ¿Viste la frase de la canción de niños que dice “que sepa abrir la puerta para ir a jugar”? Él hizo así y nosotros salimos a jugar.
¿De esos años arrastran también cierto humor, que ha sido una pata clave en la historia de Divididos?
Arnedo: El humor ha sido un condimento eterno. En algunas épocas más, pero siempre nos salvó. Porque probablemente las cosas que más te acordás vienen de los mejores chistes o de los momentos más graciosos con tus amigos, en tu casa. El humor ganó siempre. Estuvo por arriba todo el tiempo. El familiar más gracioso, viste. Yo me acuerdo de Killing y me acuerdo del tipo gracioso. Del tipo que entraba con una sonrisa y cambiaba todo. Creo que nos hemos contagiado de eso. También es tan importante porque el humor lava, y porque también disculpa. El humor supera, es permisivo. Hacés un buen chiste y pasó por arriba de todo.
Mollo: Con el humor les metés oxígeno a las cosas. Es el oxígeno en el momento donde las cosas se ponen duras, se compactan y parece que no, pero con el humor se destraba. Además, es un chorro de oxígeno para que afloje todo y encuentres el otro ángulo de una situación de la que no podías salir.
Arnedo: Y de eso hicimos canciones. Algo que no era común y nos permitió no ser tan solemnes.
Mollo: Otroletravaladna es el disco donde nosotros tuvimos el mayor conflicto interno, porque habíamos compuesto un tema que se nos escapó. “¿Qué ves?” se escapó y aparecieron cosas. ¿Y ahora qué hacemos? Nada. Nos rechiflamos, la pasamos como el orto. Pero cuando llegó el momento de plasmar eso en la obra, le encontramos la vuelta para seguir sosteniéndolo a través de eso, a través del humor. Le dio oxígeno al quilombo.
Arnedo: ¿Vos te acordás que en esta misma sala nos hemos caído al piso de la risa? Cuando llegás a la risa, cuando eso llega al cuerpo, es imbatible. Y también creo que utilizamos una ironía sobre nosotros mismos. No creerse algo demasiado. Con el humor desarmás el ego. Porque te reís de vos mismo y no queda nada. Podés hacer cualquier cosa y eso está bueno. Ahí conseguimos una veta.
En esos años de Otroletravaladna, ¿llegaron a pensar en separarse?
Mollo: Nadie nunca pensó en eso. Y mirá que hubo situaciones así a lo Enrique VIII, ¿viste?, de traiciones y cosas cercanas. Pero siempre estuvimos en este barco juntos. Más allá de todo.
Arnedo: Pero eso que decís, me quedé pensando… Creo que si hubo un momento donde todo hubiese terminado, fue ahí, en esa época de Otroletravaladna. Pero no terminó. Y si no terminó ahí…
Mollo: Si ya en el fondo del fondo seguimos adelante, ya está.
Arnedo: Me acuerdo de grabar ese disco en los estudios Ion, con el Portugués da Silva. Un divino, pobre.
Mollo: Nosotros estábamos en un mambo que estábamos 17 horas grabando y a veces nos quedábamos, se iban todos y nos quedábamos charlando en el estudio. Hasta el otro día, que llegaban y querían limpiar. Entraba un señor llamado Dionisio, que Dios lo tenga en la gloria, se asomaba por el vidrio con sus cosas para limpiar la sala, y le decíamos “no, hoy no”, y se iba. Fueron tiempos difíciles, pero los atravesamos entendiéndonos. O sea, los momentos límite siempre son cuando la bonanza se corre y los aplaudidores se van porque no hay nada que sacar. Y ahí siempre quedábamos estos dos.
Los canillitas del sótano…
Mollo: Exacto. Volvíamos a esa primera foto en el sótano. Como jodíamos siempre: la dupla Caradeorto y Simpatía, ja, ja, ja.
Agradecimientos producción fotográfica: Adriana Maestri (Realización de Bandera de Tapa y de retratos), susana vertone y Sebastián Suchowolski (realización bandera apertura de nota), Leopoldo Montero Ciancio y Billy Alvarez.
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Sabes que un concierto es un evento de primer nivel cuando el periódico más leído del país moviliza a su redacción para que prepare el típico artículo sobre cuántas horas pasaron los fans haciendo cola bajo el calor o la lluvia. Se manda a un fotógrafo a hacerles fotos. Se cuentan cuántos se disfrazaron de su ídolo, en el caso de esta era de Rosalía, portando hábitos de monja -o intentos caseros del mismo- o un pelo teñido en forma de halo.
Esto de imitar a tu artista se ha visto muchas veces, pero ninguna en 30 años yendo a conciertos en el antiguo Palacio de los Deportes, había visto a gente intentando colarse tan a la desesperada. Una pareja, chico y chica de unos 30 años, lograron burlar la seguridad a pocos minutos de que se iniciara el show, con tan mala suerte de caer en la zona de prensa, que aún no estaba tan abarrotada como las demás: les localizaron y les pillaron enseguida. Fue corta su aventura, pero también bonita. Imaginad desear tanto acudir a un concierto para el que se agotaron las entradas de manera instantánea, como para gastar la tarde en presentarte en el recinto pertinente, a ver si el personal de seguridad tenía un descuido. Los Bonnie & Clyde del mundo Motomami tuvieron que abandonar el recinto de aquella manera, topando cabizbajos con el siempre hostil Barrio de Salamanca, pero lo hicieron de la mano, dejando una romántica estampa tras de sí.
Rosalía levanta pasiones entre un público variado que va desde la post-adolescencia a gente de la edad de Almodóvar, que por supuesto no quiso perderse el show. ‘Lux’ ha sido un disco diferente, en el que lo más interesante no es tanto su búsqueda religiosa, como el modo en que incorpora lo que se daba en llamar «alta cultura» a lo que podemos considerar la música pop de hoy.
Tal obra exigía por tanto una presentación en vivo diferente, que contrasta en todos los sentidos con lo visto en el anterior tour para ‘Motomami’. Si en aquella gira no había casi músicos sobre el escenario, en esta una orquesta se sitúa en el centro de la pista. Si aquella gira se componía de vídeos y selfies verticales como ideados para TikTok, en esta lo que predomina es un recorrido por la historia del arte a través de otras disciplinas, no tanto la música, como por ejemplo la pintura. En esta era, menos disfrutona, parece que lo que busca Rosalía es un lugar en los museos.
Dispuesta a sacrificar cualquier cosa de su carrera por el concepto actual de ‘LUX’, Rosalía comienza este tour interpretando el disco en riguroso orden, hasta que llega el turno de ‘Berghain’. A partir de ahí hará concesiones, incluyendo por ejemplo las pistas que más le encajan de ‘Motomami’, como aquella que aseguraba que «el mejor artista es Dios». Pero ‘LUX’ sonará casi al completo, incluso recurriendo a un par de temas exclusivos de la edición vinilo.
En el primer acto, se viste de bailarina de ballet, seguramente en representación del sacrificio que supone elegir entre dos mundos, que es de lo que habla ‘Sexo, violencia y llantas’. Rosalía emerge entonces del interior de una caja en medio de una escenografía muy austera, en la que apenas destacan un par de escaleras, y que está recibiendo comparaciones con el «teatro pobre» de Grotowski y los cambios de escenografía visibles al espectador de Bertolt Brecht. Nada que ver con la pompa de una Katy Perry, las plataformas voladoras de una Dua Lipa o las pirotecnias de unos BTS. Ni hubo grandes sorpresas escénicas ni mucho menos confeti.

El show de Rosalía se esfuerza en su lugar por abrir el camino de las interpretaciones por un lado, y por otro por mantener una estética cohesiva. Respecto a lo primero, el show se divide en varios actos que van explorando temáticas como el nacimiento (representa a una muñeca inmóvil durante ‘Reliquia’), la espiritualidad (sus primeros planos en ‘Mio Cristo piange diamanti’ son impresionantes), el pecado (‘Saoko’ y ‘La combi Versace’, más adelante ‘Bizcochito’ seguida de ‘Despechá’), el perdón («Rumba»), y finalmente la muerte con ‘Magnolias’. Tras su imagen abandonando el escenario una vez terminada esta última canción, bellísima, es evidente que no habrá bis con ‘Malamente’ ni absolutamente nada procedente de ‘El mal querer’, porque habría roto todo el «momentum». En cambio, de ‘Los Ángeles’, sí le encaja ‘El redentor’ dentro del concepto.
Un concepto en el que, en cuanto a estética, destaca la recreación de esculturas o cuadros insignes, como ‘El Aquelarre’ de Goya, ‘La Venus de Milo’ o, de manera muy divertida, la ‘Gioconda’ de Leonardo Da Vinci durante la versión de ‘Can’t Take My Eyes Off You’ (también hay guiños a Dido y Eurythmics en otros puntos del concierto). Durante el clásico de Frankie Valli, Rosalía se sitúa detrás de un marco mientras sus seguidores le hacen fotos y vídeos, produciendo una estampa muy cómica, nunca de engrandecimiento de sí misma.
Que el humor es importante en este show en principio tan místico, que no en vano ha caído en Madrid en plena Semana Santa, se constata con tres momentos especialmente divertidos: el confesionario junto a Soy Una Pringada antes de ‘La perla’, con Esty narrando su peor experiencia amorosa. Luego, el «artcam» en el que varios asistentes enfocados tienen que imitar la pose de un cuadro muy famoso, como ‘El grito’. Y el recorrido por las primeras filas que realiza Rosalía durante ‘Dios es un stalker’. Ahí Vila tiene tiempo de hacer cantar a sus fans alguna frase, de firmarles un CD o de fijarse en alguna seguidora en concreto. La agraciada ayer fue una tal Eugenia. Esta se había apañado antes para que todo el estadio la escuchara chillándole a la cantante: «¿Sabes por qué no tienes vicios? ¡Porque el vicio eres tú!». Tras la carcajada generalizada, Rosalía pudo bajar a darle un abrazo durante «Stalker».
Hay varios momentos muy medidos y especialmente vistosos en ‘Lux Tour’, como ese en que un bailarín cae al suelo por cada «I’ll fuck you till you love me» de Yves Tumor durante ‘Berghain’… solo para resucitar durante la rave tecno. O aquel que nieva en ‘La yugular’, antes de que veamos a Rosalía arrodillada en una plataforma transparente, en busca del amor de su Dios. O ese en el que se sube a un piano para interpretar ‘Sauvignon Blanc’, mientras se toma una copa del mismo. Sin embargo, es claro que la artista no ha querido sumarse a la moda de producir espectáculos cada vez con más brilli brilli, más efectos especiales y hits cortados a la mitad para que le quepan todos. De nuevo, y como los más grandes, ha querido ofrecernos… otra cosa. 9.
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Conoce los grupos de la movida madrileña fue un movimiento cultural que emergió en España durante la transición democrática a finales de los años 70 y principios de los 80. Fue un período de efervescencia artística, social y cultural que transformó la escena madrileña y dejó un legado perdurable en la historia de la música española y en la memoria colectiva del país.
¿Qué son los grupos de la movida madrileña?
Los grupos de la Movida Madrileña son aquellos conjuntos musicales que surgieron en Madrid durante los años 80, en pleno periodo de transición democrática en España. Estos grupos fueron exponentes de una corriente cultural y contracultural que se caracterizaba por su espíritu innovador, su rebeldía ante las normas establecidas y su búsqueda de libertad de expresión. La Movida Madrileña no solo fue un movimiento musical, sino también un fenómeno social que abarcó diversas manifestaciones artísticas como el cine, la moda, la literatura y las artes plásticas.
Los grupos de la Movida Madrileña se destacaron por su diversidad estilística, que iba desde el punk y el rock hasta la electrónica y el pop, y por sus letras cargadas de crítica social, ironía y desenfado. Bandas como Nacha Pop, Alaska y los Pegamoides, Los Secretos, y Aviador Dro, entre otros, se convirtieron en referentes de esta época dorada de la música española, dejando un legado imborrable en la historia cultural del país.
Su origen
En el corazón de la Movida Madrileña se encontraban los grupos musicales que, con su innovación y rebeldía, reflejaban la atmósfera de cambio y libertad que se vivía en la sociedad española de aquel entonces. Estos grupos de la Movida Madrileña no solo crearon música, sino que también fueron catalizadores de una revolución cultural que desafió las normas establecidas y abrazó la experimentación en todas sus formas.

Los iconos de La Movida Madrileña
Entre los grupos más destacados de la Movida Madrileña se encuentra «Los Secretos», una banda que combinaba el rock con la canción melódica y que se convirtió en un referente del movimiento. Canciones como «Déjame», «Sobre un vidrio mojado» y «Pero a tu lado» son himnos inolvidables de aquella época. La banda liderada por Álvaro Urquijo logró capturar la esencia de la Movida con sus letras emotivas y su estilo único.
Otro grupo emblemático fue «Nacha Pop», cuyo sonido fresco y juvenil conquistó a toda una generación. Temas como «La chica de ayer», «Antes de que salga el sol» y «Una décima de segundo» se convirtieron en clásicos instantáneos y siguen siendo recordados con cariño por los amantes de la música española. Nacha Pop encarnaba la esencia desenfadada y optimista de la Movida Madrileña, convirtiéndose en un símbolo de rebeldía y libertad.
Su influencia en el mundo de la música
Los grupos de la Movida Madrileña no solo dejaron un legado musical, sino que también fueron pioneros en la creación de un nuevo lenguaje visual y estético que permeó la cultura española de la época. Sus letras hablaban de amor, desamor, libertad y deseo, reflejando las inquietudes y aspiraciones de una juventud ávida de expresión y cambio.
El legado perdurable
Aunque la Movida Madrileña tuvo su apogeo en los años 80, su influencia sigue vigente en la cultura española hasta el día de hoy. Los grupos que surgieron durante aquel período siguen siendo venerados por nuevas generaciones de fans y su música continúa sonando en las calles de Madrid y más allá.
Herencia cultural de los grupos de La Movida Madrileña
La Movida Madrileña dejó un legado cultural invaluable que trasciende las fronteras del tiempo y el espacio. Su espíritu de rebeldía, creatividad y libertad sigue siendo una fuente de inspiración para artistas de todas las disciplinas y un recordatorio de la capacidad transformadora del arte y la cultura.
Los grupos de la Movida Madrileña no solo marcaron una época en la historia de la música española, sino que también fueron protagonistas de una revolución cultural que cambió para siempre el panorama artístico y social de España. Su música sigue siendo un testimonio vivo de una época de cambio y libertad que sigue resonando en el corazón de todos aquellos que vivieron y disfrutaron de aquellos años dorados de la cultura española.
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En la era digital y la industria musical en constante evolución, los cursos de producción musical se han convertido en un recurso invaluable para aquellos que desean dominar las complejidades de la creación sonora. Estos cursos ofrecen a los estudiantes la oportunidad de explorar los fundamentos de la producción musical, desde la grabación y la mezcla hasta la masterización y la composición.
En este artículo, nos sumergiremos en el mundo de los cursos de producción musical, explorando su pensum académico, las habilidades que enseñan y mencionando algunas de las mejores instituciones del mundo que ofrecen estos cursos.
Descubriendo los cursos de producción musical
Los cursos de producción musical son programas educativos diseñados para enseñar a los estudiantes las habilidades necesarias para crear música de alta calidad en un entorno de estudio profesional. Estos cursos abarcan una amplia gama de temas, incluyendo la grabación de audio, la edición digital, la mezcla de sonido, la síntesis de sonido, la composición musical y más. A través de una combinación de teoría y práctica, los estudiantes aprenden a utilizar software y equipos especializados para producir música en una variedad de estilos y géneros.
El pensum académico de estos cursos
El pensum académico de los cursos de producción musical varía según la institución y el nivel de estudio, pero generalmente incluye una combinación de cursos teóricos y prácticos diseñados para desarrollar las habilidades técnicas y creativas de los estudiantes. Algunos de los cursos comunes que se encuentran en estos programas incluyen:
- Teoría Musical: Fundamentos de la teoría musical, incluyendo lectura de partituras, armonía, ritmo y estructura musical.
- Grabación de Audio: Técnicas de micrófono, acústica de estudio, grabación en vivo y grabación multipista.
- Edición de Audio: Uso de software de edición de audio para editar, cortar, recortar y procesar grabaciones de audio.
- Mezcla de Sonido: Principios de mezcla de sonido, ecualización, compresión, efectos y panoramización.
- Masterización: Proceso final de optimización de audio para su distribución, incluyendo ecualización, compresión y limitación.
- Composición Musical: Técnicas de composición musical, incluyendo melodía, armonía, estructura y desarrollo temático.

Instituciones que ofrecen los mejores cursos de producción musical
Si estas interesado en tomar alguno de estos cursos, aquí te ofrecemos un listados de las mejores instituciones para hacerlo:
- Berklee College of Music (Estados Unidos): Berklee es una de las principales instituciones de música del mundo, y ofrece una amplia gama de cursos de producción musical a través de su departamento de producción y tecnología musical.
- Sae Institute (Varios Países): SAE Institute es una red global de instituciones educativas que ofrece programas de estudio en producción musical, audio ingeniería y más en ciudades de todo el mundo.
- Full Sail University (Estados Unidos): Full Sail University es conocida por sus programas de estudio en entretenimiento y medios, incluyendo la producción musical y la ingeniería de sonido.
- Abbey Road Institute (Varios Países): Con sede en Londres y con ubicaciones en todo el mundo, Abbey Road Institute ofrece cursos de producción musical impartidos por profesionales de la industria en estudios de grabación de renombre mundial.
- Point Blank Music School (Varios Países): Point Blank es una escuela de música con sede en Londres que ofrece una variedad de cursos de producción musical, desde cursos cortos hasta programas de grado completo.
- BIMM Institute (Varios Países): BIMM Institute es una red de instituciones de música contemporánea ubicadas en varias ciudades de Europa, que ofrece una variedad de programas de estudio en producción musical, composición y más.
¿Por qué son importantes?
Estos cursos desempeñan un papel fundamental en la formación y el desarrollo de músicos y productores de audio profesionales. Estos programas proporcionan a los estudiantes las habilidades técnicas y creativas necesarias para tener éxito en la industria musical, así como una comprensión profunda de los procesos y tecnologías involucradas en la producción de música de alta calidad.
Además, los cursos de producción musical ofrecen a los estudiantes la oportunidad de colaborar con otros músicos y productores, ganar experiencia práctica en entornos de estudio profesionales y construir una red de contactos en la industria.
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Los cantantes más famosos de la historia han dejado una huella imborrable en el mundo de la música, cautivando a audiencias de todas las edades y culturas con su talento, carisma y pasión. Desde los escenarios más grandes hasta las grabaciones más icónicas, estos artistas han elevado el arte de cantar a nuevas alturas y han dejado un legado perdurable que continúa inspirando a generaciones posteriores.
En este artículo, exploraremos la vida y obra de algunos de los cantantes más influyentes de todos los tiempos, destacando su país de procedencia y el tema musical que los catapultó a la fama mundial.
Cantantes más famosos de la historia
Los cantantes más famosos de la historia han trascendido barreras culturales y lingüísticas, llegando a millones de personas en todo el mundo con sus interpretaciones emotivas y poderosas. Desde las baladas románticas hasta el rock and roll frenético, cada uno de estos artistas ha dejado una marca indeleble en la historia de la música, convirtiéndose en íconos eternos de la expresión artística a través del canto. A continuación, te presentamos una selección de los mejores a nivel mundial:
Elvis Presley (Estados Unidos) – Rock and Roll
Elvis Presley, conocido como el «Rey del Rock and Roll», es sin duda uno de los cantantes más famosos de la historia. Nacido en Tupelo, Mississippi, Estados Unidos, en 1935, Elvis irrumpió en la escena musical en la década de 1950 con su estilo único y su carisma magnético. Con canciones como «Heartbreak Hotel», «Hound Dog» y «Jailhouse Rock», Elvis no solo revolucionó la música popular, sino que también dejó una marca indeleble en la cultura popular mundial.
Freddie Mercury (Reino Unido) – Rock y Ópera
Freddie Mercury, el carismático líder de la legendaria banda Queen, es otro de los cantantes más famosos de la historia. Nacido en Zanzíbar en 1946 y criado en Inglaterra, Mercury cautivó a audiencias de todo el mundo con su increíble rango vocal y su presencia escénica inigualable. Con éxitos como «Bohemian Rhapsody», «We Will Rock You» y «Somebody to Love», Mercury demostró su versatilidad como intérprete, fusionando el rock con elementos de la ópera y el teatro musical.
Edith Piaf (Francia) – Chanson Française
Edith Piaf, la «Môme Piaf» o «El Gorrión de París», es una de las cantantes más famosas de la historia de Francia y una de las voces más emblemáticas del siglo XX. Nacida en París en 1915, Piaf cautivó al mundo con su emotiva interpretación de la chanson française, o canción francesa. Con clásicos como «La Vie en Rose» y «Non, Je Ne Regrette Rien», Piaf transmitió una intensa emoción y vulnerabilidad a través de su voz única y su estilo inconfundible.

Luciano Pavarotti (Italia) – Ópera
Luciano Pavarotti, el «Rey de los Tenores», es uno de los cantantes más famosos de la historia en el ámbito de la ópera. Nacido en Módena, Italia, en 1935, Pavarotti cautivó a audiencias de todo el mundo con su voz potente y su técnica impecable. Con su interpretación de arias como «Nessun Dorma» de la ópera «Turandot», Pavarotti se convirtió en un ícono global de la ópera, llevando el arte vocal a nuevas alturas de popularidad y accesibilidad.
Michael Jackson (Estados Unidos) – Pop y R&B
Michael Jackson, el «Rey del Pop», es indudablemente uno de los cantantes más famosos de la historia moderna. Nacido en Gary, Indiana, Estados Unidos, en 1958, Jackson dejó una marca imborrable en la música popular con su increíble talento, su innovadora coreografía y su estilo único. Con álbumes como «Thriller» y éxitos como «Billie Jean» y «Beat It», Jackson dominó las listas de éxitos y se convirtió en un ícono global de la música pop y el R&B.
Celia Cruz (Cuba) – Salsa
Celia Cruz, conocida como la «Reina de la Salsa», es una de las cantantes más famosas de la historia de la música latina. Nacida en La Habana, Cuba, en 1925, Cruz cautivó a audiencias de todo el mundo con su voz potente y su energía contagiosa. Con éxitos como «La Vida Es un Carnaval» y «Quimbara», Cruz se convirtió en un símbolo de la música salsa y en una embajadora de la cultura cubana en el mundo entero.
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La música impresionista es un género fascinante que evoca imágenes y emociones a través de sonidos sutiles y evocadores. Originada en el siglo XIX, esta forma de expresión musical comparte características con el movimiento artístico impresionista, buscando capturar impresiones y sensaciones en lugar de representar la realidad de manera precisa. En este artículo, exploraremos qué es la música impresionista, sus características distintivas y su funcionalidad en el mundo de la música clásica.
¿Qué es la música impresionista?
Algunos temas que son ejemplos de música impresionista incluyen «Claro de luna» de Claude Debussy, «Preludio a la siesta de un fauno» también de Debussy, «Golliwog’s Cakewalk» de Debussy, «La Mer» de Debussy, «Pavana para una infanta difunta» de Maurice Ravel y «Images» de Claude Debussy. Estas composiciones capturan la atmósfera etérea y evocadora del impresionismo musical, con tonos suaves, texturas delicadas y una narrativa musical que sugiere más que describe, creando paisajes sonoros que invitan a la imaginación del oyente a vagar libremente.
Magia de la música impresionista
La música impresionista es un género que busca evocar imágenes, atmósferas y emociones a través de sonidos sugestivos y abstractos. Al igual que el movimiento artístico del impresionismo, que se originó en la pintura en la década de 1860 en Francia, la música impresionista busca capturar la sensación de un momento o lugar en lugar de representar una realidad objetiva. Esta forma de expresión musical se caracteriza por su uso de armonías vagas, colores tímbricos sutiles y estructuras no convencionales, creando paisajes sonoros que invitan a la imaginación del oyente a vagar libremente.
Características de la música impresionista: texturas luminosas y atmosféricas
La música impresionista se distingue por una serie de características distintivas que la diferencian de otros géneros musicales. Una de las características más destacadas es el énfasis en las texturas sonoras y las atmósferas evocativas. Los compositores impresionistas utilizan una variedad de técnicas para lograr este efecto, como el uso de acordes extendidos, armonías ambiguas y efectos tímbricos sutiles. Estas texturas luminosas y atmosféricas crean una sensación de inmersión y transportan al oyente a un mundo de sonidos sugerentes y enigmáticos.

Funcionalidad de la música impresionista
Este estilo musical no solo busca evocar imágenes y emociones, sino también explorar nuevas formas de expresión musical. Los compositores impresionistas experimentan con estructuras formales no convencionales, como la forma libre y la improvisación, rompiendo con las convenciones musicales tradicionales y abriendo nuevas posibilidades creativas. Además, la música impresionista a menudo se inspira en otras formas de arte, como la literatura, la pintura y la danza, integrando elementos de estas disciplinas en su composición para crear obras multidimensionales y emocionantes.
Compositores y obras representativas
Varios compositores han dejado una marca indeleble en el mundo con sus obras innovadoras y visionarias. Claude Debussy es quizás el más conocido de estos compositores, con obras como «Preludio a la siesta de un fauno» y «Claro de luna» que son ejemplos paradigmáticos del estilo impresionista. Maurice Ravel es otro destacado exponente de la música impresionista, conocido por obras como «Bolero» y «Daphnis et Chloé», que fusionan elementos del impresionismo con influencias de otras tradiciones musicales.
Su legado para el mundo en la música
Aunque tuvo su apogeo en el siglo XIX y principios del XX, su legado perdura hasta el día de hoy, inspirando a músicos de todas las épocas y estilos. La influencia del impresionismo se puede encontrar en una amplia variedad de géneros musicales, desde la música clásica hasta el jazz y más. Además, la música impresionista sigue siendo una fuente de inspiración y exploración para compositores contemporáneos que buscan nuevas formas de expresión y conexión emocional a través del arte sonoro.
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La música celta, con sus melodías encantadoras y sus ritmos cautivadores, ha fascinado a oyentes de todo el mundo durante siglos. En este artículo, nos adentraremos en el apasionante mundo de los grupos de música celta, explorando a los mejores representantes, su estilo musical distintivo y su impacto a nivel mundial.
Música celta grupos, su encanto y tradición
Los grupos de música celta han desempeñado un papel crucial en la preservación y difusión de la rica herencia musical de los pueblos celtas a lo largo de los siglos. Desde las verdes colinas de Irlanda hasta las brumosas tierras de Escocia, la música celta ha sido una fuente de inspiración y orgullo para sus seguidores, y los grupos de música celta han sido los guardianes de esta tradición vibrante y emocionante.
Los mejores representantes de la música celta grupos
A lo largo de los años, han surgido numerosos grupos de música celta que han dejado una huella indeleble en la escena musical internacional. Algunos de los mejores representantes incluyen:
- Clannad: Conocido por su distintivo estilo musical que fusiona elementos de la música tradicional irlandesa con sonidos contemporáneos, Clannad ha sido uno de los grupos de música celta más influyentes de todos los tiempos. Con éxitos como «Theme from Harry’s Game» y «I Will Find You», han llevado la música celta a audiencias de todo el mundo.
- The Chieftains: Fundado en 1962, The Chieftains es uno de los grupos de música celta más venerados y respetados. Con su enfoque virtuoso de la música tradicional irlandesa, han colaborado con una amplia gama de artistas internacionales, desde Van Morrison hasta los Rolling Stones, y han ganado múltiples premios Grammy por sus innovadoras interpretaciones.

El estilo musical de los grupos de música celta
El estilo musical de estos grupos es distintivo y único, caracterizado por una combinación de melodías emotivas, ritmos pulsantes y letras evocadoras que capturan la esencia del alma celta. Algunas de las características más destacadas de este estilo incluyen:
- Instrumentación Tradicional: suelen utilizar una amplia variedad de instrumentos tradicionales, como la flauta irlandesa, el violín, la gaita, el bodhrán (tambor irlandés) y el arpa celta. Estos instrumentos crean un sonido rico y evocador que transporta al oyente a las tierras místicas de la antigua Celtia.
- Armonías Vocales: las armonías vocales desempeñan un papel importante en la música celta, con múltiples voces entrelazadas para crear un sonido celestial y conmovedor. Los grupos de música celta a menudo se destacan por sus armonías vocales exquisitas y sus letras poéticas que exploran temas de amor, pérdida, naturaleza y mitología celta.
Su influencia a nivel mundial
La música celta ha tenido un impacto duradero en la escena musical internacional, inspirando a artistas y oyentes de todo el mundo con su belleza y emotividad. Los grupos de este estilo han contribuido significativamente a esta influencia global, llevando los sonidos y las tradiciones de Celtia a nuevos horizontes y audiencias. Algunos de los aspectos más destacados de su influencia incluyen:
- Popularidad en Festivales y Eventos Internacionales: estos grupos a menudo son invitados a actuar en festivales y eventos internacionales, donde comparten su música y su cultura con personas de todas las edades y nacionalidades. Festivales como el Festival Intercéltico de Lorient en Francia y el Milwaukee Irish Fest en Estados Unidos son ejemplos de lugares donde la música celta es celebrada y apreciada.
- Colaboraciones con Artistas de Diversos Géneros: estos grupos han colaborado con una amplia gama de artistas de diferentes géneros musicales, desde el rock y el pop hasta el jazz y la música clásica. Estas colaboraciones han ampliado la audiencia de la música celta y han demostrado su versatilidad y relevancia en el panorama musical contemporáneo.
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La música en Roma antigua es un tema fascinante que nos ofrece una visión única de la vida y la cultura en uno de los imperios más influyentes de la historia. En este artículo, nos sumergiremos en el vibrante mundo de la música en la antigua Roma, explorando los instrumentos utilizados, los representantes emblemáticos, los compositores y mucho más.
Música en Roma antigua
La música en Roma antigua ocupaba un lugar destacado en la vida cotidiana de sus ciudadanos, tanto en lo religioso como en lo secular. Desde las majestuosas ceremonias religiosas hasta las animadas fiestas y celebraciones, la música era una parte integral de la experiencia romana, sirviendo como medio de expresión, entretenimiento y conexión con lo divino.
Instrumentos utilizados
La música en Roma antigua se caracterizaba por una amplia variedad de instrumentos, cada uno con su propio sonido distintivo y función en la música de la época. Entre los instrumentos más comunes se encontraban:
- Lira: La lira era un instrumento de cuerda pulsada que se asemejaba a una pequeña arpa. Era uno de los instrumentos más populares en la antigua Roma y se utilizaba tanto en actuaciones musicales como en acompañamientos para la poesía recitada.
- Tibia: La tibia era una flauta de madera con varios agujeros que se tocaba soplando aire a través de ella. Era un instrumento versátil que se utilizaba en una variedad de contextos musicales, desde ceremonias religiosas hasta entretenimiento en eventos sociales.
- Trompeta: Las trompetas romanas eran instrumentos de metal que se utilizaban principalmente en contextos militares y ceremoniales. Su sonido potente y penetrante se asociaba con la autoridad y el poder, y se utilizaba para anunciar la llegada de dignatarios y la celebración de eventos importantes.
- Tambor: Los tambores eran instrumentos de percusión utilizados para marcar el ritmo y proporcionar una base rítmica para la música. Se tocaban golpeándolos con las manos o con palos, y se utilizaban en una variedad de contextos musicales, desde desfiles militares hasta festivales y espectáculos teatrales.

Representantes emblemáticos de la música en Roma antigua
En la antigua Roma, la música era interpretada por una variedad de artistas talentosos, cuyas habilidades y actuaciones cautivaban a audiencias de todas las clases sociales. Entre los representantes emblemáticos de la música en Roma antigua se encontraban:
- Terencio: Terencio fue un famoso compositor y cantante de la antigua Roma, conocido por sus habilidades en la lira y su capacidad para componer poesía lírica y canciones emotivas. Sus actuaciones eran muy apreciadas por la élite romana y a menudo se le pedía que actuara en fiestas y banquetes.
- Apuleyo: Apuleyo fue otro destacado músico y poeta de la antigua Roma, conocido por su virtuosismo en la tibia y su habilidad para componer música para una variedad de ocasiones, desde ceremonias religiosas hasta eventos sociales y festivales públicos. Su obra musical influyó en generaciones posteriores de compositores romanos y su legado perduró mucho tiempo después de su muerte.
Compositores y obras destacadas en la música en Roma antigua
Si bien la mayoría de los nombres de los compositores de la música en esta época se han perdido en el tiempo, algunas obras musicales han sobrevivido y nos brindan una visión fascinante de la creatividad musical de la época. Algunas de estas obras destacadas incluyen:
- Himnos Religiosos: En la antigua Roma, la música desempeñaba un papel importante en la adoración religiosa, y se componían numerosos himnos y canciones para honrar a los dioses y celebrar los rituales sagrados. Estas obras, que a menudo se cantaban en coro acompañadas de instrumentos musicales, reflejaban la devoción y la espiritualidad de la sociedad romana.
- Música Teatral: La música también era una parte integral del teatro romano, donde se utilizaba para realzar la atmósfera de las representaciones y evocar emociones en el público. Se componían música y canciones para acompañar las obras de teatro, tanto las tragedias como las comedias, y se consideraba una parte esencial de la experiencia teatral romana.
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En el vasto y misterioso reino de la creatividad, la musa de la música brilla como una figura divina que inspira a compositores, músicos y artistas a alcanzar nuevas alturas de expresión artística. En este artículo, exploraremos la musa de la música: su definición, características y la profunda funcionalidad que desempeña en el proceso creativo de la composición musical.
Musa de la música como fuente de inspiración celestial
La musa de la música se alza como una fuerza etérea que influye en la mente y el espíritu de los artistas, guiándolos hacia la expresión más pura y elevada de la música. Esta musa, una entidad de inspiración divina en la mitología griega, personifica el poder creativo que impulsa a compositores y músicos a explorar nuevas melodías, armonías y ritmos en su búsqueda de la belleza sonora.
Definición de la musa de la música
Se define como una entidad mítica o simbólica que sirve como fuente de inspiración y creatividad para compositores, músicos y artistas. En la mitología griega, las musas eran hijas de Zeus y Mnemósine, la diosa de la memoria, y cada una presidía sobre un área específica de las artes y las ciencias. La musa de la música, conocida como Euterpe, era la guardiana de la música y la poesía lírica, inspirando a aquellos que buscaban expresar sus emociones a través del arte del sonido.
Características
Se caracteriza por su belleza etérea y su conexión con el mundo celestial. Representada a menudo como una joven hermosa coronada con laureles y llevando una flauta o una lira, la musa de la música personifica la armonía y el equilibrio en todas sus formas. Su presencia evoca sentimientos de inspiración, pasión y creatividad en aquellos que buscan dar forma a la música en todas sus manifestaciones.
Funcionalidad
Desempeña un papel fundamental en el proceso creativo de la composición musical, sirviendo como fuente de inspiración y guía para los artistas en su búsqueda de la perfección estética y emotiva. Su influencia se manifiesta de diversas formas, desde la inspiración repentina que golpea a un compositor en un momento de éxtasis creativo hasta la orientación sutil que guía la elección de melodías, armonías y estructuras musicales.

La musa de la música como fuente de inspiración
Esta musa, ante todo, una fuente inagotable de inspiración para compositores y músicos de todos los géneros y estilos. Su utilización en el proceso creativo puede manifestarse de muchas maneras, desde la aparición de melodías en sueños hasta la revelación de nuevas ideas mientras se improvisa frente al piano o la guitarra. Los artistas que se abren a la influencia de la musa de la música pueden encontrar una conexión profunda con su creatividad interior y dar vida a obras maestras musicales que resuenen con la humanidad.
Guía creativa
Además de ser una fuente de inspiración, la musa de la música también actúa como una guía creativa para los artistas, ayudándolos a tomar decisiones en el proceso de composición y a encontrar el camino hacia la expresión más auténtica y personal de su arte. Su influencia puede manifestarse en la elección de acordes, la estructura de una canción o la instrumentación de una pieza musical, guiando al compositor hacia las decisiones que mejor capturan la esencia de su visión creativa.
Su legado eterno
A lo largo de la historia de la música, la musa ha sido una presencia constante e inspiradora que ha guiado a innumerables artistas en su búsqueda de la perfección musical. Desde los antiguos griegos hasta los compositores contemporáneos, la influencia de la musa de la música se puede sentir en cada nota, cada melodía y cada armonía que resuena en el corazón humano.
Su legado eterno perdura como una fuente de inspiración y creatividad para todas las generaciones de artistas que buscan dar forma al sonido y la emoción en su forma más pura y sublime.
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Gorillaz es, cuanto menos, una banda particular. Su historia comienza en los años 90, cuando Graham Coxon, guitarrista de la icónica banda de britpop Blur y fanático del ilustrador inglés Jamie Hewlett, le pidió a este último que entrevistara a su grupo, ya que Hewlett también era cofundador de la revista Deadline.
En esa entrevista, Hewlett conoció al vocalista y frontman del cuarteto londinense, Damon Albarn, y como muchas relaciones que construimos a lo largo de la vida, no se llevaron bien desde el principio. El animador pensaba que Albarn era, por decirlo de forma suave, un bobito, mientras que Damon le guardaba cierto rencor a Hewlett, ya que este comenzó a salir con la exnovia de Coxon en esos típicos caso en los que tu mejor amigo termina más enojado por todo el asunto de tu ex que tú mismo.
El caso es que, tras algunos años de tensiones, coincidió que Hewlett y Albarn terminaron sus relaciones con Jane Oliver y Justine Frischmann, respectivamente, casi al mismo tiempo. Eso, de una u otra forma, los llevó a vivir juntos en una casa ubicada en Londres en 1997. En uno de esos días a finales de los 90, viendo MTV, ambos llegaron a la conclusión de que en la cadena —y en la industria en general— nada tenía sustancia.
De ahí nació la idea de hacer algo que rompiera con los parámetros musicales del momento: crear una banda ficticia que existiera dentro de su propio universo, uno bizarro, lleno de personajes grotescos pero profundamente humanos. Así nació Gorillaz.

El nombre de la banda aparece ya que tanto Damon como Jamie nacieron en 1968, que según el calendario chino es el año del mono. A partir de ahí comenzaron a construir el universo de personajes que daría vida al proyecto. Desde el caótico y manipulador Murdoc Niccals, pasando por el traumado pero talentoso Russel Hobbs, hasta la enigmática Noodle, todos aportan algo especial a la propuesta. Sin embargo, el corazón del grupo siempre fue 2-D, su vocalista, un personaje ingenuo, distraído y emocionalmente transparente que, en palabras del propio Albarn, nunca fue difícil de construir, en gran parte porque estaba basado en él mismo y en ese arquetipo de líder frágil y algo perdido que definía la época.
Con los protagonistas ya definidos, solo faltaba dar forma a su primer arco, algo en lo que Albarn y Hewlett no escatimaron en detalles, dotando a su creación de un origen convulso y visceral que conectó de inmediato con una nueva generación de jóvenes en todo el mundo.
La historia comienza el 15 de agosto de 1997, cuando Murdoc, un bajista obsesionado con la fama, decide asaltar una tienda de instrumentos estrellando su coche contra el escaparate. En el proceso hiere gravemente a Stuart Pot, empleado a tiempo parcial del establecimiento, fracturando permanentemente su ojo izquierdo y poniéndolo en un estado catatónico. Murdoc fue sentenciado a 30.000 horas de servicio comunitario además de otras 10 semanales al cuidado de “Stu-Pot”, como se conocía cotidianamente a Stuart.
No mucho después, Murdoc volvió a herir a Stuart en un accidente automovilístico en un estacionamiento en Nottingham cuando intentaba dar un giro de 360° para impresionar a unas chicas. Durante el primer giro, el pobre Stu-Pot salió disparado a través del parabrisas y aterrizó de cara en una acera. Esto dañó permanentemente su ojo derecho pero lo despertó de su coma. Impresionado por su nueva apariencia, Niccals lo reclutó como teclista y vocalista de su grupo, rebautizándolo como “2-D” (Two-Dents) por el par de abolladuras en su cabeza debido a los accidentes.
Instalado en los Kong Studios, una mansión abandonada y cargada de historias extrañas, Murdoc añadió a la alineación a Russel, un baterista marcado por un pasado traumático en Nueva York, donde sobrevivió a un tiroteo y quedó poseído por los espíritus de sus amigos, lo que explica tanto su talento en la percusión como su presencia inquietante.
La primera formación se completó con Paula Cracker, guitarrista y pareja de 2-D, pero su salida tras un conflicto interno obligó al grupo a buscar un reemplazo. La respuesta llegaría de forma tan absurda como el propio universo de la banda: una niña japonesa apareció enviada en una caja con una guitarra. Era Noodle, un prodigio que terminó de definir la identidad del grupo.
Con la formación cerrada y una dinámica marcada por el caos, la violencia y el absurdo, la banda empezó a grabar sus primeras demos, que juntaron en su primer EP titulado Tomorrow Comes Today, lanzado el 27 de noviembre de 2000, dando forma a un proyecto que pronto buscaría dar un golpe sobre la mesa con su primer LP.
Tras ese EP y sencillos como ‘Clint Eastwood’, que se convirtió en un éxito mundial y alcanzó la cuarta posición en el Reino Unido, el 26 de marzo de 2001 llegó su álbum debut, Gorillaz, un trabajo que desde el inicio se percibe disruptivo y experimental, coherente con la estética construida desde su nacimiento y decidido a romper con cualquier lógica de género dentro del pop-rock de la época.
El disco le da la bienvenida al oyente con ‘Re-Hash’, que según Rise of the Ogre, la autobiografía de 2006 de la banda, es descrita como “una apertura gloriosamente optimista para el álbum”. Es cierto que su ritmo calmado, sostenido principalmente por la melodía de la guitarra, evoca una sensación de optimismo; pero, teniendo en cuenta el contexto del grupo y su propósito, no se trata de un comienzo superficial.
La letra, en versos como “Cause it’s the money or stop / It’s the money or stop” (Porque es el dinero o parar / Es el dinero o parar), puede leerse como una crítica a la sociedad contemporánea, donde el dinero funciona como motor absoluto, una lógica en la que, básicamente, sin dinero no eres nadie. Por otro lado, la referencia a “drugstore soul boy” sugiere una búsqueda de consuelo o escape en sustancias, reforzando esa idea de vacío que atraviesa el trasfondo del tema.
Después, llega ‘5/4’, que comienza con un riff de guitarra que parece sacado directamente del punk de finales de siglo. Más allá del detalle de que la canción lleva ese nombre porque la melodía de la guitarra está construida sobre un compás irregular de 5/4 —mientras el resto de instrumentos se mueven en un 4/4 más convencional, generando una sensación constante de inestabilidad—, el tema se siente como uno de los momentos más caóticos del álbum .
La canción nos mete de lleno en una mente fragmentada, cercana a esa etapa más desordenada de Damon Albarn, marcada por excesos y vacíos emocionales. La letra es oscura, casi absurda por momentos, cargada de imágenes crípticas sobre magia, latidos silenciosos y una mujer que “excita” a su padre, que más que contar algo concreto construyen una atmósfera incómoda y desorientadora . Esa misma rareza fue, en parte, lo que la dejó fuera como sencillo principal —a pesar de haber sido considerada para ese lugar—, reforzando su carácter menos accesible y más experimental dentro del disco, eso sí, dejándonos un interesante borrador de cómo habría sido su video musical.
A partir de ahí, el disco entra en una zona más introspectiva con ‘Tomorrow Comes Today’ y ‘New Genious (Brother)’. La primera se sostiene sobre un ritmo lento y casi hipnótico, marcado por la armónica y una producción minimalista que refuerza su aire melancólico. Es una canción que transmite una sensación de vacío y desconexión, como si el presente se sintiera estancado. En esa misma línea, ‘New Genious (Brother)’ profundiza en ese tono introspectivo, con una base más densa y una interpretación vocal que se siente distante, casi fantasmagórica, construyendo un paisaje emocional frío y contenido.
El quiebre llega con ‘Clint Eastwood’, uno de los puntos más altos del disco y probablemente su declaración de intenciones más concisa. Sobre un beat simple pero efectivo, la canción mezcla la voz apagada de Damon con el rap de Del the Funky Homosapien, dando como resultado un tema que equilibra melancolía y groove con naturalidad. Luego, ‘Man Research (Clapper)’ retoma un tono más inquietante, con un ritmo más fragmentado y una atmósfera tensa que juega con lo experimental, cerrando esta parte del álbum con una sensación de incomodidad.
Después de ese tramo más cargado hacia el hip hop, llega ‘Punk’, una pieza breve pero clave para entender la versatilidad de Gorillaz. Si el inicio del álbum ya había coqueteado con un sonido más roquero, aquí la banda lo lleva al extremo, apostando por una energía cruda, acelerada y casi desordenada que remite directamente al espíritu del punk más clásico. En poco más de un minuto, el tema funciona como una descarga de ruido y actitud, reafirmando que el proyecto no estaba atado a ningún género en particular, sino que se movía con total libertad entre estilos.
Tras la descarga de ‘Punk’, el álbum vuelve a sumergirse en un terreno más denso con ‘Sound Check (Gravity)’ y ‘Double Bass’. La primera se construye sobre un ritmo pesado y repetitivo, casi hipnótico, donde las voces aparecen filtradas y distantes, reforzando una sensación de aislamiento y caída constante —como sugiere el propio “gravity” del título—. Es una de las piezas más atmosféricas del disco, donde la estructura importa menos que el mood. En esa misma línea, ‘Double Bass’ lleva la experimentación aún más lejos: prácticamente despojada de estructura tradicional, se apoya en sintetizadores y efectos que generan un paisaje psicodélico y flotante, interrumpido únicamente por una breve intervención vocal de Damon en la que dice “All of which makes me anxious / At times unbearably so” (Todo lo que me hace ansioso / A veces tan insoportable) lo que la convierte en uno de los momentos más abstractos del trabajo.
El pulso cambia con ‘Rock the House’, uno de los sencillos del disco y quizá su expresión más directa hacia el hip hop. Sobre un beat más marcado y bailable, el tema vuelve a apoyarse en la colaboración de Del the Funky Homosapien, aportando flow y carisma a una canción que equilibra groove y accesibilidad sin perder la identidad del proyecto. Después de varios pasajes más introspectivos y experimentales, ‘Rock the House’ funciona como un punto de anclaje, recordando que Gorillaz también sabía moverse con soltura dentro de estructuras más clásicas.
Tras ese regreso al hip hop, es inevitable no hablar de ‘19-2000’ y su icónico “Get the cool / Get the cool shoeshine”. Empezando por el título, este hace referencia directa al cambio de milenio, al paso de los 1900 a los 2000, utilizando ese momento como metáfora del cambio constante al que las personas se ven sometidas por la velocidad con la que avanza el tiempo.
La idea queda clara desde el inicio con el verso “The world is spinning too fast / I’m buying lead Nike shoes / To keep myself tethered / To the days I’ve tried to lose” (El mundo gira demasiado rápido / Voy a comprar unos tenis retro de Nike / Para mantenerme atado / A los días que he intentado dejar atrás), donde aparece esa imagen de los zapatos como ancla. Más que un simple objeto, funcionan como símbolo de estabilidad: una forma de mantenerse con los pies en la tierra en medio de un entorno acelerado, evitando que el paso del tiempo, los excesos o el propio caos arrastren al individuo.
El coro, con ese repetitivo “Get the cool / Get the cool shoeshine”, refuerza esta idea desde otro ángulo, casi como un mantra. Puede interpretarse como una invitación a encontrar esa “chispa” o versión más auténtica de uno mismo, incluso en medio de la saturación cultural y emocional. En lo musical, la canción refleja perfectamente ese contraste entre caos y control. A diferencia de otros momentos más densos del disco, aquí Gorillaz apuesta por una base más ligera y rítmica, como sacada de una caricatura de Cartoon Network, con un groove casi juguetón construido sobre sintetizadores, percusiones marcadas y una línea melódica pegajosa que la acerca al pop sin dejar de lado su ADN alternativo. Esa accesibilidad, sumada a su estética ligeramente absurda y repetitiva, termina convirtiéndola en uno de los temas más reconocibles del álbum.
A continuación llega una de las sorpresas más gratas de todo el álbum: ‘Latin Simone (¿Qué Pasa Contigo?)’, en colaboración con Ibrahim Ferrer. El tema, completamente en español, fusiona una balada salsera con una base de hip hop, incorporando además elementos muy propios del género como un piano tocando un montuno y la trompeta característica que refuerza su identidad latina. Es, quizá, uno de los momentos donde la agrupación ficticia se muestra más abierta y global, expandiendo su sonido hacia territorios poco habituales dentro del pop alternativo de la época.
Si nos detenemos en la letra, parece que Ferrer le canta directamente a los integrantes de la banda. Versos como “Déjalo si quieres continuar (Hermano) / Sal, ilumina tu vida / Todo el cielo aplastandote / Dime que harás Inténtalo) / Ilumina ese amor / Antes que se vaya” dejan claro que el cantante cubano hace un llamado directo a la reflexión, invitándolos a salir del abismo en el que los excesos, las drogas y ese afán por la fama parecen haberlos atrapado, rematando con “¿Qué pasa contigo? / Déjalo si quieres continuar / No ocultes tu alma al sol / Tienes una vida preciosa / De que sirve si sólo muerte / sobre mi y esta ciudad”.
La canción termina entre trompetas y una tímida armónica, con Ferrer diciendo, casi a modo de monólogo: “Escucha a tu propia voz / Salva tu amor / ¿Qué pasa contigo? / Antes que se vaya / Si todo va bien / ¿Qué pasa contigo? / Mírate a ti mismo / Enfréntalo / ¿Qué pasa contigo? / Mi hermano”, un cierre íntimo que funciona como un último llamado de atención, donde insiste en la necesidad de escuchar la propia voz, reconocerse a uno mismo y enfrentar lo que se esconde detrás del ruido, repitiendo esa pregunta “¿qué pasa contigo?” no como reproche, sino como una intervención para despertar antes de que sea demasiado tarde.
‘Starshine’ y ‘Slow Country’ funcionan como un descenso progresivo hacia el lado más introspectivo y melancólico del álbum. En ‘Starshine’, la voz de 2-D aparece casi susurrada, envuelta en una atmósfera densa y nocturna, con una base minimalista que refuerza esa sensación de aislamiento y desgaste emocional. Es una canción que parece flotar, como si estuviera suspendida en el tiempo, transmitiendo una especie de vacío que contrasta con los momentos más rítmicos del disco. Por su parte, ‘Slow Country’ profundiza aún más en esa idea, con un tempo arrastrado y una instrumentación que mezcla guitarras etéreas con elementos electrónicos sutiles, construyendo un paisaje sonoro casi desértico. Ambas canciones se sienten como un respiro, pero también como una resaca emocional después del caos, mostrando una faceta mucho más vulnerable del proyecto.
Ese clima encuentra su ruptura definitiva en ‘M1 A1’, el cierre del disco, y probablemente uno de sus momentos más experimentales. La canción comienza con un sample repetitivo y casi inquietante donde encontramos de fondo un “Hello. is anyone there?” (Hola, ¿hay alguien por aquí?), mientras el ritmo va creciendo en intensidad hasta estallar en una explosión de guitarras distorsionadas y energía desbordada. Aquí, Gorillaz se aleja del hip hop y de las texturas más electrónicas para abrazar un sonido mucho más crudo y cercano al rock alternativo, casi caótico. Es un final agresivo, desordenado y deliberadamente incómodo, que rompe con cualquier sensación de cierre convencional. Más que ofrecer una conclusión clara, este tema deja al oyente en un estado de tensión, como si el universo de la banda siguiera expandiéndose más allá del LP, reafirmando esa identidad impredecible y mutante que define toda la propuesta.
Tras este debut, Gorillaz despegó inmediatamente y se consolidó como una de las bandas del momento, alcanzando su mejor momento años después con álbumes como Demon Days, Plastic Beach o, más recientemente, The Mountain, completando un universo narrativo que se movió entre guerras, sectas, pero también entre el sentido de la vida, la fama o el duelo.
Sin embargo, todo eso nace aquí. En un álbum debut que, más allá de sus singles o su estética, funciona como una declaración de principios: un collage sonoro que mezcla hip hop, rock, electrónica y dub sin pedir permiso, y que encuentra coherencia precisamente en su caos. Gorillaz no busca respuestas claras, sino que refleja un mundo fragmentado, acelerado y, muchas veces, contradictorio.
A 25 años de su lanzamiento, el disco sigue sintiéndose fresco porque nunca intentó encajar del todo. Y quizá ahí está su mayor logro: haber entendido, antes que muchos, que el futuro de la música no estaba en elegir un camino, sino en atreverse a cruzarlos todos.
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