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Manuel Turizo, uno de los artistas colombianos más relevantes de la actualidad, estrenó este 9 de abril su más reciente álbum de estudio, El Apambichao. En este proyecto, el artista explora las raíces y tradiciones del país que marcaron su vida y forjaron su identidad, sin dejar de lado los géneros que lo han acompañado desde su debut hace casi una década, como el pop latino y la música urbana.

Con este disco, Turizo busca retratar la esencia de las calles colombianas, incorporando elementos como sus colores, su gastronomía, la autenticidad de su gente y su atmósfera tropical. A lo largo de sus 15 canciones, sin embargo, no abandona los temas recurrentes de su propuesta: el romance, el baile y esa conexión directa con el espíritu caribeño que define su sonido.

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El disco también destaca por un amplio abanico de colaboraciones que expanden su propuesta sonora y visual. A lo largo del tracklist, Manuel se rodea de grandes artistas como Emilia, Dei V, Dálmata, Luis Alfonso y Xavi, quienes aportan matices distintos a canciones como ‘Cumbia Playera’, ‘No me mientas así’, ‘Sunset en la Sanse’ y ‘Mi loca’. Estas colaboraciones no solo diversifican el sonido del proyecto, sino que también refuerzan su identidad, apoyadas además por una serie de visualizers que amplían el universo estético del disco.

Como antesala del lanzamiento, Turizo presentó ‘Apambichao’ junto a Maluma, un sencillo que funciona como carta de presentación del álbum. El Featuring reúne la sensualidad y el ritmo característicos de ambos artistas, marcando con claridad el tono del proyecto: una apuesta por la energía festiva y los códigos del sonido urbano contemporáneo con sello colombiano.

El focus track del disco, ‘Te hacen falta dos’, llega acompañado de su video oficial, una pieza cargada de color, movimiento y referencias a la cultura colombiana. Más allá de lo musical, el lanzamiento refuerza la intención conceptual del proyecto, integrando lo visual como un elemento clave para consolidar la narrativa que atraviesa todo el álbum.

En conjunto, El Apambichao se presenta como un paso firme dentro de la evolución de Manuel Turizo, un proyecto que equilibra lo personal y lo comercial sin perder coherencia. A través de sus sonidos, colaboraciones y propuesta visual, el artista logra conectar con sus raíces mientras amplía los límites de su identidad musical. Más que un giro radical, el álbum funciona como una reafirmación: la de una voz que entiende su lugar dentro de la música en español y que, desde ahí, sigue explorando nuevas formas de expandirse.

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Originarios de Austin, Texas, los integrantes de la banda de alt-rock Culture Wars llegan a un punto decisivo en su carrera con el lanzamiento de su primer álbum, Don’t Speak, tras firmar con AWAL (Artists Without A Label), una de las plataformas más influyentes para artistas independientes.

Rock, riffs, guitarras y baquetas. En este disco, lejos de la hiperproducción digital que domina gran parte de la escena actual, Alex Dugan, David Grayson, Dillon Randolph, Caleb Contreras y Josh Stirm apuestan por la crudeza del sonido en vivo y los instrumentos reales, construyendo un rock orgánico, directo y sostenido.

Cortesía / Eliot Lee

En entrevistas con ROLLING STONE en Español el año pasado, el vocalista Alex Dugan mencionó que parte del álbum fue grabado entre El Paso y Tornillo, en estudios como Sonic Ranch en Texas, además de espacios consagrados como United Recording en Hollywood y Sunset Sound en Los Ángeles.

A lo largo de las 12 canciones que lo conforman, Culture Wars explora la identidad, las secuelas emocionales y el proceso (a menudo incómodo) de crecer, equilibrando arrepentimiento, autoconciencia y aceptación.

El lanzamiento, acompañado por el video oficial del sencillo que da nombre al álbum, llega tras un año clave para la banda. Todo comenzó con ‘Heaven’, un tema que irrumpió con más de 2.2 millones de streams desde su estreno en 2024, marcando el primer gran punto de quiebre en su proyección internacional.

Asimismo, canciones como ‘Typical Ways’, escrita, según Dugan, como ‘una carta enojada a su yo del pasado’, atraviesan el disco desde un lugar de autoconocimiento crudo e introspectivo. 

Lies’, por su parte, regresa al origen de la banda, pues es una canción nacida del desamor y la pérdida de confianza que evoluciona hacia un momento de claridad y propósito creativo.

Así, desde el lanzamiento de su EP Teche en 2021, Culture Wars ha mantenido un crecimiento constante como una banda independiente y autogestionada. En sus inicios, incluso compartieron escenario en arenas junto a Maroon 5, Keane y Wallows y habían logrado sold outs en venues de Nueva York o Londres, consolidando su creciente alcance internacional.

En ese contexto, y con su debut recién estrenado y más de un millón de oyentes mensuales, la banda se prepara para su primera gira mundial, que comenzará en mayo con fechas en Estados Unidos, Reino Unido y México, que ocupará un lugar especial en ese recorrido: el 30 de mayo en el Foro Puebla y el 31 de mayo en Monterrey, dos noches en las que presentarán por primera vez en el país, las canciones de este debut.

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En una decisión poco habitual dentro de su política migratoria cultural, pero enmarcada en un momento de creciente preocupación por el antisemitismo en Europa, el Reino Unido negó este martes la entrada a Kanye West (hoy conocido como Ye) debido a su historial de declaraciones antisemitas.

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La medida provocó, como consecuencia inmediata, la cancelación total del Wireless Festival, uno de los encuentros más relevantes de música urbana en el país, que había apostado por convertir a West en su única gran figura durante tres días consecutivos.

El argumento oficial remite al Ministerio del Interior británico. En palabras del primer ministro Keir Starmer, quien escribió a través de X que “Kanye West nunca debió haber sido invitado a encabezar Wireless”, la solicitud de ingreso del rapero fue rechazada bajo el criterio de que su presencia “no sería beneficiosa para el bien público”, una fórmula que el gobierno reserva para casos excepcionales.

Sin margen real para sustituirlo a pocas semanas del evento, programado del 10 al 12 de julio de 2026, y en medio de la retirada de patrocinadores como Pepsi o PayPal, que incrementó el costo reputacional de mantenerlo en el cartel, Melvin Benn, director general de Festival Republic (coorganizadora del Festival junto a Live Nation), calificó los comentarios antisemitas pasados de West como “aberrantes”, pero pidió “ofrecer cierto perdón”.

“El Home Office ha rechazado la ETA (Autorización Electrónica de Viaje) de YE, prohibiéndole la entrada al Reino Unido. Como resultado, el festival Wireless queda cancelado y se reembolsará el importe a todos los poseedores de entradas”, informó la organización en un comunicado.

Sin embargo, la decisión no es repentina. Durante años, el músico ha acumulado un historial de comentarios racistas, declaraciones antisemitas y elogios al nazismo, particularmente evidentes tras el lanzamiento de una canción titulada ‘Heil Hitler’. Este antecedente reactivó las críticas internacionales y elevó la presión en el Reino Unido.

En los días previos al veto, organizaciones representativas de la comunidad judía británica, como el Board of Deputies of British Jews y el Jewish Leadership Council, intensificaron sus críticas y pidieron abiertamente impedir su actuación. Phil Rosenberg, presidente del primero, fue contundente: “Es momento de que Wireless haga lo correcto y retire una invitación que nunca debió haber ofrecido. Puede que Kanye West esté en un camino hacia la salud y la recuperación; sinceramente esperamos que así sea. Pero el lugar para comprobarlo no es durante tres días en el escenario principal de Wireless”.

En enero, West publicó un anuncio en The Wall Street Journal en el que expresó arrepentimiento por sus comentarios antisemitas y los atribuyó a un trastorno bipolar tipo I no tratado, mismo que retomó y actualizó en referencia a la situación con Wireless, en un intento por revertir el rumbo de la situación.

Aseguró que buscaba llevar “unidad, paz y amor” a Londres y se mostró dispuesto a dialogar con la comunidad judía británica. “Sé que las palabras no son suficientes… tendré que demostrar el cambio con mis acciones”, afirmó. 

“To Those I’ve Hurt” (“A quienes he herido”), versión actualizada.

Pero el gesto llegó tarde. Para sus críticos, la oferta fue interpretada más como un intento de salvar su participación en el festival que como una transformación genuina. “No vamos a reunirnos con Kanye West con ese propósito”, respondieron líderes comunitarios.

Aunque inusual, no es la primera vez que el Reino Unido bloquea a un artista. En 2015, Tyler, the Creator fue vetado del país por cuatro años por la entonces ministra del Interior, Theresa May, debido al contenido de sus letras, consideradas homófobas, que “fomentan la violencia y la intolerancia hacia la homosexualidad” y “promueven el odio con posturas que buscan incitar a otros a cometer actos terroristas”.

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The Strokes lanzaron una nueva canción titulada “Going Shopping” a través de un formato inusual: cassettes enviados por correo a un grupo reducido de fans.

La acción formó parte de una campaña iniciada días antes, cuando la banda abrió una suscripción vía SMS solicitando datos personales, incluidas direcciones físicas, para recibir material exclusivo.

El paquete que recibieron algunos fans privilegiados de The Strokes.

Según reportó Stereogum, solo unas 100 personas recibieron el cassette. El audio fue luego digitalizado y circuló rápidamente online. En paralelo, el tema tuvo su estreno en vivo durante un show, lo que confirmó su incorporación al repertorio actual del grupo. Y hoy ya se puede escuchar en las plataformas oficiales.

Musicalmente, “Going Shopping” continúa la línea estética de los últimos trabajos de la banda, con una producción más pulida y el uso de efectos sobre la voz de Julian Casablancas.

El lanzamiento funciona como anticipo de Reality Awaits, el próximo disco de estudio del grupo, confirmado para 2026. Será el séptimo álbum de la banda y el sucesor de The New Abnormal (2020).

La portada y la lista de temas de Reality Awaits:

1. Psycho Shit

2. Dine N’Dash

3. Lonely in the Future

4. Falling out of Love

5. Going to Babble On

6. Going Shopping

7. Liar’s Remorse

8. The Fruits of Conquest

9. Pros and Cons

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Otras 15.000 personas acudieron a la última jornada de SanSan, resuelta sin incidentes, con una organización excelente en cuanto a lanzaderas y servicios. Solo hubo colas en las barras en la primera jornada antes de Love of Lesbian, quizá porque no se esperaba tanta afluencia de gente tan pronto como a las 6 de la tarde.

Se ha cerrado así una buena edición sobre todo concentrada en el buen estado de forma del pop español, en casi toda su variedad. En esta jornada de sábado concentraban a unas audiencias enormes formaciones como La M.O.D.A. o Sanguijuelas del Guadiana, que han pasado meses en la lista de ventas española, pero también había hueco para artistas diferentes y experimentales, como Maria Arnal, o punk, como Biznaga.

Arnal se tomó con humor el único fallo que se le pudo sacar a su set: un problema de sonido justo cuando estaba entrando en el escenario. La cantante retrocedió, caminando hacia atrás como si alguien hubiera apretado el botón de «rewind», fingiendo que allí no había pasado nada. De ahí en adelante, el show fue la absoluta perfección, entre el juego de voces principales y coros de las canciones del formidable disco que presenta, ‘AMA’; la teatralidad aportada por tres bailarinas (la cuarta ha de estar dando a luz, pues hace un par de meses estaba visiblemente embarazada), la presentación de instrumentos medievales y las bases que lanza el DJ. Se crecen en vivo nuevos singles como ‘QUE ME QUITEN’ y ‘TICTAC’, y sigue estremeciendo la incorporación hacia la mitad de ‘Tú que vienes a rondarme’. El mayor momento cortahipos de toda esta edición de SanSan, y el mejor concierto, también.

Igualmente de día le tocó a pablopablo, definitivamente el James Blake español. Junto a una banda sin prisas ni necesidad de estridencias, sacó todo el partido posible a melodías como ‘Vida nueva’, en la que se recreó con toda la calma, dejando momentos bellísimos. Hubo piezas más acústicas en un show que muestra que los caminos del cantautor del siglo XXI están siendo muy diversos.

Javier Bragado

Desde luego no tuvo nada que ver con Samuraï, que ahora lleva un concierto de banda pop-rock de corte emo, un poco punky pero al modo de Angy/’Física o química’, y con proyecciones de bosques y amaneceres. Su show, en el que no faltó su nuevo single ‘Paracaídas’, incluyó una inesperada -y también innecesaria- versión de ‘Maldito duende’ de Héroes del Silencio. Quedaron mucho más simpáticos los guiños a Lori Meyers y Bad Gyal, y con recordar que ‘El principio de algo’ de La La Love You también es un poco suya, bastaba.

Sanguijuelas del Guadiana sorprendieron con un espectáculo que ya es válido para concentrar y contentar a miles de personas a pesar de su juventud, gracias a una sencilla pero vistosa escenografía, tipo cochera; y a la pegada de himnos generacionales como ‘Revolá’. La camiseta «suerte la tuya de poder vivir donde naces», en referencia a la España vaciada, se vio por todas partes en Benicàssim, prueba de por qué están conectando con las masas. En directo prima su sonido pop-rock por encima del electrónico, dejando clara también la influencia de Robe. La M.O.D.A. dieron el otro gran concierto multitudinario del sábado tocando hacia el final temas como, ejem, ‘Héroes del sábado’ y ‘1932’, y en la primera parte las mejores canciones de su nuevo álbum, ‘San Felices’. Es fácil conectar con letras como ‘Alsa pa Madrid’, ‘Los tiempos que vivimos’ o muy especialmente ‘No te necesito para ser feliz’, que pudo contar con la voz invitada de Marina Iñesta de Repion. La banda está para quedarse en estos espacios gigantes: son los nuevos Celtas Cortos.

Las hermanas Repion actuaban un par de horas más tarde en el Escenario Johnnie Walker, ofreciendo un show incendiario junto a una baterista entregadísima, que lograba hacer de temas como ‘X’ algo apoteósico. Impresionantes e hipnóticas, mucho mejores que en disco. En el mismo espacio las precedían Biznaga, un necesario contrapunto punk al indiemainstream de los escenarios principales. Sus himnos ‘Madrid nos pertenece’ o ‘El entusiasmo’ despertaron un par de pogos mientras su vocalista principal se desgañitaba vivo. Pasan los años y el grupo no pierde visceralidad.

Antes de que Alizzz cerrase el escenario principal con su sesión mientras varios dj’s pasaban por la carpa muy cómicamente llamada El Santuario, se vio otro buen show más. Hablo del espectáculo de Barry B, muy mejorado en cuanto a sonido respecto a lo que le vimos el año pasado en otros festivales. Su banda al fin eleva las canciones y no hay ya problemas de sonido respecto a su voz, que nos permite seguir las letras de sus canciones más uptempo, como ‘Infancia mal calibrada’, o más acústicas, como ‘Victoria’. Ahora sí que sí que lo de Barry va hacia arriba.

Javier Bragado

Mención especial para la aparición estelar de ‘El lago de mi pena’. Esta preciosa balada que acumula tantos millones de streams, dedicada a alguien que ya no está entre nosotros, no sonó en SanSan una sino dos veces. Barry B invitó a Gara Durán a entonarla en la madrugada, quizá su espacio natural, ante miles de personas. Pero Barry también se pasó por el show de la tarde de ella, en el que terminó brillando especialmente ‘Mi loco cowboy’, su nuevo country que incluye una sencilla pero adictiva coreografía manística en el estribillo.

La noticia SanSan celebra la feliz variedad del pop español: de Arnal a Sanguijuelas, de Barry B a La M.O.D.A. es de jenesaispop.com.

Tras semanas de pistas, easter eggs  y una transición estética milimétricamente calculada, Olivia Rodrigo confirmó el lanzamiento de You Seem Pretty Sad for a Girl So in Love, su tercer álbum de estudio, que verá la luz el 12 de junio.

El anuncio no solo marca su regreso tras el Guts World Tour, sino también el inicio de una nueva etapa: una que se aleja de la frontalidad emocional de sus primeros trabajos para adentrarse en un terreno más ambiguo, donde el amor aparece como una experiencia inestable.

Si SOUR (2021) y GUTS (2023) funcionaban como explosiones viscerales e inmediatas, este nuevo proyecto parece responder a otra lógica, al perfilarse como una exploración más madura, introspectiva y, en apariencia, más romántica.

El giro comienza desde lo visual. El púrpura, que durante años encapsuló su identidad, desaparece casi por completo. En su lugar, emerge una paleta rosada que, lejos de suavizar el discurso, lo vuelve más inquietante.

Cambios de color en el fondo de su sitio web y en su logo “OR”, un mural en Los Ángeles y un candado encontrado en Londres con la palabra “April” en su interior fueron interpretados como adelantos del lanzamiento.

Asimismo, aunque Rodrigo aún no ha revelado el significado detrás de la portada, sus fans más atentos han señalado notables similitudes entre la obra El columpio, de Jean-Honoré Fragonard y la estética del álbum.

Este desplazamiento cromático dialoga directamente con el contenido del álbum. En una entrevista con British Vogue en marzo de 2026, Rodrigo confirmó lo que sus fans ya intuían: se trata de canciones de amor, pero específicamente sobre la obsesión y la ansiedad que este provoca, así como la depresión que aparece cuando la persona amada ya no está.

Más adelante, en un intercambio por correo electrónico, las definió como “canciones de amor tristes”. “Me di cuenta de que mis canciones románticas favoritas eran hermosas precisamente porque contenían un matiz de miedo o de anhelo”, escribió.

El columpio de Jean-Honoré Fragonard (1767).

El reportaje también adelantó que la artista ha estado explorando sonidos más cercanos al dance y a lo orquestal, especialmente en la última pista del álbum. Rodrigo describió esa canción como una representación de “lo que se siente estar enamorada”.

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En las últimas semanas, varios nombres femeninos de la industria musical internacional han quedado en el centro de polémicas que los medios y las redes se han encargado de amplificar hasta el cansancio. Por un lado, en un caso que ya fue desmentido, la cantante estadounidense Chappell Roan fue señalada por el futbolista Jorginho de haber maltratado a su hija tras, presuntamente, enviar a un miembro de seguridad a intimidarla tanto a ella como a su esposa, Catherine Harding. Por otro lado, la escena argentina se ha visto sacudida por un conflicto creciente que involucra a Emilia Mernes, Tini Stoessel y María Becerra. Sin entrar en el detalle del chisme semanal, en pocas palabras, el asunto pasa por unfollows, acusaciones cruzadas y versiones no confirmadas: desde supuestos intentos de sabotaje de conciertos hasta señalamientos por apropiación de equipos creativos y conceptos artísticos. Más ruido que certezas, pero suficiente para alimentar la indignación de los fans.

En un plano quizás menos explosivo, pero igualmente significativo, también aparecieron Zara Larsson y Sabrina Carpenter. La primera perdió un contrato millonario tras una broma sobre el aborto; la segunda volvió al centro de la discusión —a raíz de su gira por Sudamérica— por algunas de sus letras en las que se refería a los hombres inmaduros como “inútiles”.

Si uno se detiene a mirar estas polémicas en conjunto, aparecen dos constantes. La primera es la tendencia de medios y redes a inflar cualquier episodio medianamente controversial hasta convertirlo en escándalo. La segunda, más reveladora, es que todas las protagonistas son mujeres. Eso, lejos de ser una coincidencia, dice bastante sobre cómo opera la industria musical y, en general, la cultura que la rodea.

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Lo interesante no es tanto la acumulación de casos, sino la lógica que los conecta. Como han señalado teóricas como Rosalind Gill y Angela McRobbie, la cultura contemporánea opera bajo una especie de contradicción permanente donde a pesar de que nunca antes las mujeres habían tenido tanta visibilidad ni tantas herramientas para construir su propia imagen pública, tampoco habían estado tan expuestas a una vigilancia constante sobre cómo se comportan.

Desde esta perspectiva, no se trata simplemente de que “se critique más” a las artistas mujeres, sino de que existe un marco previo que condiciona cómo se interpretan sus acciones. Gill lo plantea en términos de una sensibilidad postfeminista, donde la libertad y el empoderamiento son valores centrales, pero vienen acompañados de una exigencia implícita de autocontrol. Las artistas pueden ser auténticas, disruptivas o incluso provocadoras, siempre y cuando no crucen ciertos límites invisibles. Cuando lo hacen, la reacción no es proporcional al hecho, sino al quiebre de esa expectativa.

McRobbie, por su parte, sugiere que esta dinámica responde a una cultura que da por superadas las luchas feministas, pero que en realidad sigue operando bajo sus mismas jerarquías, solo que de forma más sofisticada. Se celebra a la mujer independiente, pero se la sigue juzgando con una vara distinta. Así, cualquier error deja de ser circunstancial y pasa a leerse como un problema de carácter o actitud.

En ese cruce entre exposición, expectativa y castigo es donde estas polémicas dejan de ser casos aislados y empiezan a revelar un patrón. Porque si algo tienen en común, más allá de sus diferencias, es que todas ocurren dentro de un sistema que no solo observa a las mujeres, sino que constantemente está evaluando si están siendo lo que se espera de ellas.

El incel de turno podría decir que esto ocurre con todos los artistas por igual, apelando a ejemplos aislados como el de Timothée Chalamet y unas declaraciones sacadas de contexto que, supuestamente, le habrían costado un Óscar. Pero incluso si ese caso fuera cierto, funciona más como excepción que como regla, especialmente dentro de la industria del entretenimiento, porque si algo demuestra el panorama reciente es que no todas las polémicas pesan lo mismo, ni todas las carreras se ven afectadas de la misma manera.

No hay que irse muy lejos para comprobarlo. Figuras como Kanye West han protagonizado en los últimos años una serie de episodios que van desde declaraciones abiertamente antisemitas y elogios a figuras históricas asociadas al nazismo, hasta una escalada de discursos erráticos que le costaron la ruptura con marcas, plataformas y parte de la industria. Aun así, su música sigue acumulando reproducciones, su figura continúa generando conversación y su base de fans —lejos de desaparecer— parece reacomodarse constantemente para sostenerlo.  El reciente lanzamiento de Bully, su último álbum, no hace más que confirmarlo: millones de escuchas en plataformas y una presencia destacada en rankings internacionales que evidencian hasta qué punto la controversia no ha erosionado su alcance.

Algo similar ocurre con Chris Brown, cuyo historial incluye uno de los casos más recordados de violencia de género en la industria pop reciente. En 2009, el artista agredió físicamente a su entonces pareja, Rihanna, en un episodio que derivó en cargos criminales y cuya gravedad quedó ampliamente documentada tanto en reportes judiciales como en la cobertura mediática de la época. Incluso en los años posteriores, cuando el discurso público del artista apuntaba al arrepentimiento, hubo gestos que reavivaron la controversia y pusieron en duda la profundidad de esa narrativa, como la polémica en torno a un tatuaje en su cuello que muchos interpretaron como una referencia a la imagen de Rihanna golpeada. 

Steve Granitz / GETTY IMAGES

Pese a ello, su carrera no solo no se detuvo, sino que con el paso de los años ha logrado reinsertarse con relativa facilidad en el circuito comercial: giras exitosas, colaboraciones de alto perfil e incluso un premio Grammy en 2025. En su caso, la gravedad de los hechos convive, casi sin fricción, con una industria y un público dispuestos a separar —o directamente ignorar— al artista de sus acciones.

Esto no implica minimizar las críticas que ambos han recibido, sino poner en evidencia una diferencia difícil de pasar por alto: mientras que en el caso de muchas artistas mujeres el error tiende a volverse definitorio y ser el centro de atención por semanas, en el de sus pares masculinos suele diluirse con el tiempo, reinterpretarse como parte del personaje o, directamente, quedar subordinado a su obra. La controversia, lejos de cancelar sus carreras, termina integrándose a ellas.

Al final, la discusión no pasa por defender o condenar a una artista en particular, sino por preguntarse por qué ciertas faltas se vuelven imperdonables mientras otras, incluso más graves, encuentran formas de ser pasadas por alto, dejando en evidencia que la industria no reacciona únicamente a los hechos, sino a quién los protagoniza.

Al jugar una parte clave dentro de la industria, los públicos también tienen una gran responsabilidad a la hora de someter a las artistas al escrutinio público. El escenario de Britney vs Christina de inicios de los 2000 no ha cambiado mucho si se observa la manera en la que los fandoms continúan comparando a cantantes que no son de su gusto personal con aquellas a las que sí les juran devoción. De este modo, cuando alguna intérprete es víctima de acoso en masa por alguna banalidad, este tipo de fanáticos ve una oportunidad para reforzar sus sesgos confirmatorios y echarle más leña al fuego. “Siempre supe que era una perra” y “nunca me dio buenas vibras” son frases que se lanzan por montones en redes cuando surgen polémicas como las recientes de Chappell Roan o Emilia Mernes pero, una vez más, esto no suele verse entre grupos de fans de cantantes pop masculinos.

En un contexto donde a las mujeres se les exige no solo talento, sino también coherencia, simpatía y una especie de impecabilidad moral, cualquier desliz se convierte en una falla estructural. Las artistas son vistas como unas muñecas que deben ser perfectas y deben ceñirse al papel idealizado que los públicos y los medios se han inventado para ellas, así que en el momento en que tropiezan no se les ofrece el beneficio de la duda ni alguna oportunidad de redención. En cambio, para muchos hombres, la controversia sigue funcionando como un elemento más de su narrativa: algo que incomoda, sí, pero que rara vez pone en riesgo real su lugar dentro del sistema. En su caso, sí se trata de “seres humanos que cometen errores” y sí se toma en cuenta su lado de la historia antes de saltar a alguna conclusión. Tal vez el problema no sea la existencia de polémicas —inevitables en cualquier espacio público—, sino la forma en que se distribuyen sus consecuencias. 

Mientras unas carreras se ponen en pausa por semanas de escrutinio, otras siguen avanzando casi intactas, incluso después de haber cruzado límites mucho más claros. Ahí es donde la doble vara deja de ser una percepción para convertirse en una realidad.

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Divididos volvía a la tapa de Rolling Stone después de 26 años y el suceso merecía una producción especial. Lo primero que surgió en las charlas con la banda fue trabajar con el concepto central de su nuevo álbum, bautizado no casualmente Divididos. “Por esas cosas que nos hace el tiempo/ por laberintos de rosales voy/ Cae la flor sobre su propia espina/ No hay sueño que no lleve cicatriz”, canta Ricardo Mollo en “Bafles en el mar” y el verso se coló en la portada del disco, una vez más a cargo de Alejandro Ros.

“En el disco hay un concepto que está sintetizado en esos dos colores de la tapa, que remiten un poco a nuestra patria y cuenta de dos energías que se desencuentran, porque una tira para un lado y la otra tira para el otro, y genera ese desgarro”, dice Diego Arnedo. “Esa sutura es un poco una expresión de deseo. Juntar eso de nuevo, esa polarización, tratar de que con esa sutura, en algún momento, los hilos se disuelvan y suceda eso que todos queremos: la unión de los argentinos” (leé la nota completa con Divididos acá).

 “La cicatriz es una expresión de deseo, la costura de las heridas de una sociedad que gracias a muchos factores se polariza y al polarizar se pierden un montón de matices y en esa pérdida viene la división. Por eso también el disco se llama Divididos. Estamos divididos, pero queremos coser esa división y poder aliarnos en este viaje”, completa Mollo citando otra de las letras del disco, “Aliados”.

Con ese concepto en mente, el fotógrafo Diego Arnedo (sobrino de Diego, fotógrafo personal de la banda y exdirector de fotografía de Roling Stone) pensó en jugar con esa bandera zurcida para la portada del número de abril de la revista. Para ello se armaron dos opciones: Dos paneles unidos por un elástico negro (realizado por Adriana Maestri) y una gran bandera blanca y celeste (confeccionada por Susana Vertone) para poder envolver a los tres músicos que, en parte, también hacía referencia a una icónica fotografía de The Who.

FOTO: IGNACIO ARNEDO

Mollo, Arnedo y Catriel Ciavarella se entregaron con su mejor humor a la producción y allí pusieron sus cabezas saliendo del lienzo. El guitarrista se jugó sus rodillas y aceptó tirarse al suelo, el baterista fue al medio y el bajista arriba de todo. “¿Qué caras ponemos?”, preguntó Ciavarella y los tres lanzaron su seguidilla de gestos. “Las caras de Diego son las mejores”, concluyeron todos rápidamente, con Arnedo entregando todo ante la cámara. “Parecemos los tres chiflados”, asegura el bajista cuando ve la foto en el monitor y el trío estalla en carcajadas.

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“¡Dale, apurate Nacho!”, insiste Catriel, un tanto atorado entre el zurcido, mientras Mollo pide una almohada para las rodillas y sugiere una posible próxima profesión: “contorsionistas”. Divididos posteó la semana pasada un video con el backstage de la producción, que resume una tarde de risas y profesionalismo. “¡Detrás de la foto de tapa hubo un gran trabajo en equipo!”. Así fue y así quedó una de las portadas de Rollng Stone que quedará por siempre en la historia del rock de acá.

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En un mundo de tendencias que cambian día a día, donde en internet somos unos y en la realidad somos otros, donde la necesidad por pertenecer a un grupo está más presente que nunca, encontrar autenticidad puede ser complicado. Sin embargo, bandas como Strawberry Pom demuestran que aún es posible encontrar música sincera y con intención. 

Originarios de Monterrey, Nuevo León, el conjunto conformado por Carlos José “CJ”, Álvaro “Varo” Escalante, Genaro Schiaffino, Sergio “Checo” Treviño y Andrés Cortés comenzó su camino antes de la pandemia como una simple banda de amigos, aunque parecían saber que el proyecto no solo se quedaría en las salas de sus casas. “Era un trabajo muy serio a pesar de que no teníamos ni redes sociales abiertas, ni videos grabados, ni nada”, comentó Varo, bajista del grupo, a ROLLING STONE en Español. 

En un inicio, el nombre del proyecto no sería Strawberry Pom. “Se llamaba Subcultures”, mencionó CJ, vocalista y líder de la agrupación. “Y luego pasó de Subcultures a Chilled Strawberry Pom”, complementó Andrés, el baterista. El cambio llegó en 2022, mismo año en el que estrenaron sus primeras canciones, las cuales tenían un sonido influenciado por el rock alternativo, shoegaze y un poco de psicodelia. Específicamente, el nombre se recortó a solamente Strawberry Pom después de que abrieron un concierto de Enanitos Verdes. De acuerdo a CJ, “Está cabrón decir, ‘Somos Chilled Strawberry Pom’”. 

A pesar de ser mexicanos, el proyecto ha tomado el inglés como su idioma principal. Si bien algunas de sus letras presentan fragmentos en español, han decidido escribir en el idioma de sus principales influencias, donde destacan nombres como Björk, Steely Dan y Radiohead. “El inglés es un lenguaje muy padre. Puedes escribir cosas muy chingonas y nos sentimos muy relacionados con ese idioma”, externó el vocalista de la agrupación. “Es la música que crecimos escuchando y con la que nos relacionamos”, complementó Andrés. 

Cortesía

Aunque la banda también cuenta con influencias latinas, que van desde artistas consolidados como Dante Spinetta y Charly García hasta propuestas aún en crecimiento como Margaritas Podridas. “No es que no nos guste la música en español o que no la escuchemos. Nada más que, a la hora de escribir, sale en inglés”, mencionó el bajista. “No creemos que expresar vaya necesariamente enlazado a un idioma, sino que sale de cómo las personas lo transmitan y esta es nuestra manera”, continuó Checo, guitarrista principal. 

Dentro de sus influencias latinas, destaca Plastilina Mosh, banda oriunda de Monterrey y pieza clave en el movimiento conocido como Avanzada Regia. Su admiración al grupo los llevó a diseñar una canción específica para colaborar con Jonaz, guitarrista y vocalista del proyecto. El tema lleva por nombre ‘Vámonos De Aquí’ y es de los pocos de Strawberry Pom en los que se escuchan letras en español. “Fue un sueño para nosotros, la verdad. Plastilina Mosh ha sido una de las influencias latinas más grandes para la banda”, mencionó CJ. “Llegó al estudio, escuchó la letra y dijo, ‘Bueno, pónganme el puente’ y empezó a improvisar. En menos de media hora quedó”, complementó Genaro, tecladista del grupo. 

Jonaz participa en un tema que se caracteriza por un ritmo funk, lo que refleja la evolución sónica de la banda. ‘Vámonos De Aquí’ forma parte de su EP Juvenoia, el cual está conformado por cuatro canciones que serán parte de su álbum debut, que llegará en mayo. A pesar de venir de las mismas cinco personas, los temas son muy distintos entre sí presentando sonidos sumamente variados, desde el bedroom pop hasta el post-rock. 

“No es una decisión, es algo que naturalmente pasa. No sé por qué siempre se nos ha repetido, ‘¿Ustedes de qué género son? Ya definan un género’, y creo que estamos en un punto donde decimos, ‘Cada canción es un mundo diferente; cada canción se merece su expresión’, y si mezclan géneros, y si uno es shoegaze y si otro es jazz, así es como naturalmente salieron”, comentó CJ. 

Sin embargo, el proyecto no se siente desordenado o disperso. Tiene una identidad bien marcada y una esencia que proviene de los cinco músicos detrás de cada tema, quienes aportan desde su trinchera y su instrumento. “En el proceso de grabación y de composición estamos todos. Si se tiene que grabar una guitarra, vamos a ir los cinco. La grabo yo solamente, pero contribuimos todos”, externó Checo. 

Cortesía

Esta identidad y este estilo, han hecho que ROLLING STONE en Español considere a Strawberry Pom como una de las bandas pertenecientes a la nueva Avanzada Regia. Hoy en día en Monterrey existe todo un movimiento —comandado por artistas como Nsqk, Humbe o The Warning— en el que si bien el rock ya no domina, sigue estando presente. 

“Nos identificamos con la forma de trabajar. Nos sentimos identificados con la vibra más que con otra cosa, porque no todos son bandas de rock alternativo”, mencionó Varo. “Creo que todos estamos en la misma batalla. Somos muy diferentes, pero todos somos de Monterrey. Todos sabemos cómo es crecer aquí. Y cada quien tiene su manera. Puede ser pop, rap, rock, lo que tú quieras, pero todos estamos cruzando ese camino y siempre hay algo con que relacionarse”, complementó CJ. 

Gran parte de la visibilidad que ha recibido el proyecto, que ya suma más de 89.000 oyentes mensuales en plataformas digitales, se debe a su manejo de redes sociales, lo cual debe ser prioridad para cualquier artista hoy en día. “Desde el 2022 hemos estado haciendo contenido porque siempre hemos entendido que es algo muy importante”, dijo el vocalista de un grupo que tiene muy claro que el objetivo no es crecer en redes sociales, sino que la gente vaya a escuchar su música. “Queremos que la gente se quede y que escuche las canciones porque es lo más complicado. Muchas veces dan un like o comentan, pero no terminan escuchando la canción. Y, hasta el momento, lo hemos logrado”, añadió Genaro.

Aunque no todo se debe a las redes sociales, Strawberry Pom tiene detrás una narrativa que conecta con las generaciones más jóvenes. De hecho, Juvenoia gira alrededor de la fobia que las generaciones más grandes pueden tener frente a las más pequeñas. “No es un mensaje que repetimos mucho, pero el sonido de ese mensaje está muy plasmado en toda nuestra música”, mencionó CJ. “Esto es lo que somos ahorita, aunque una generación le tenga miedo a esto, o aunque otra se queje de esto. Tenemos nuestros problemas, nuestras cosas criticables, pero esto es lo que somos”. 

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El 20 de marzo, llegó a plataformas digitales Forever in the Sun, el nuevo EP de Strawberry Pom en donde presentaron cuatro canciones nuevas, incluyendo un cover de ‘Nasty Sex’ de La Revolución de Emiliano Zapata. “Pudimos habernos ido por alguna otra canción, pero desde el principio dijimos, ‘Podemos expresar algo muy chido con esta base que nos dejaron’”, compartió Varo. “Creo que puede ser un hit, genuinamente”, complementó Andrés. En general, el proyecto presenta una cara nueva del proyecto, reforzando la idea de que su música no sigue a un género específico, sino que fluye entre los sonidos, estilos e influencias que sus miembros consideren oportunas y sinceras. 

Con su álbum debut en puerta, Strawberry Pom es una banda a la que no hay que dejar de ver. Ya han compartido escenario con artistas como The Black Keys y White Lies, así como participado en grandes festivales. Si bien han sido buenas oportunidades, los cinco integrantes de la agrupación tienen claro que su techo es mucho más amplio y harán todo lo posible por alcanzar ese cielo al que hoy voltean a ver con entusiasmo. “Confiamos muchísimo en las canciones y sabemos que no nada más los fans que ya tenemos les va a gustar mucho, confiamos en toda la gente a la que puede llegarle y que puede gustarle; que puede conocernos a través de estas nuevas rolas”, mencionó Checo para finalizar la conversación.

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Tras meses de espera, especulaciones y un sinfín de polémicas, Ye ha lanzado su duodécimo álbum de estudio: Bully. La presentación del material llega después de que el reconocido rapero estadounidense realizara una disculpa pública en el Wall Street Journal por sus comentarios y acciones controversiales. 

Antes de ser lanzado en plataformas de streaming musical, West presentó el disco en YouTube con un cortometraje en blanco y negro protagonizago por su hijo Saint, quien se muestra defendiéndose en un ring de boxeo, siguiéndo la temática del material. Poco después, la transmisión fue retirada de la plataforma para llegar a Spotify, Apple Music, entre otras. 

Bully es uno de los materiales que contiene más samples en el catálogo musical de Ye. El disco está conformado por fragmentos de éxitos como ‘You Can’t Hurry Love’ de The Supremes. Por su parte, West también recurre en ‘White Lines’ a un fragmento de la interpretación que Stevie Wonder hizo de ‘Close To You’, tema originalmente popularizado por The Carpenters, contando además con la colaboración de Andre Troutman. Asimismo, el proyecto incorpora otros samples destacados: ‘To You With Love’ de The Moments en ‘Preacher Man’, ‘Get Involved’ de Jonah Thompson en ‘Sisters and Brothers’ y la pieza de 1966 ‘Don’t Have To Shop Around’ de The Mad Lads, utilizada en ‘Beauty and the Beast’. Este disco también cuenta con la participación de Travis Scott, Peso Pluma, Andre Troutman, Don Toliver y CeeLo Green.

Hace meses, Ye declaró que la IA había sido una herramienta durante el proceso de creación de Bully. Sin embargo, aunque hizo hincapié en que no era un sustituto, se retractó de sus declaraciones y cambió por completo su mensaje y aseguró que no había utilizado esta herramienta tecnológica para la realización de su nuevo material discográfico. 

Un comunicado de prensa afirma que el material, lejos de plantearse como una disculpa o un camino hacia la redención, se presenta como una obra que rehúye cualquier intento de justificarse. En Bully, Ye prioriza el relato por encima de la defensa personal, utilizando la música como vehículo narrativo. En ese marco, el álbum traza una especie de instantánea emocional del artista, donde se entrelazan la fe, el ego, los recuerdos, el arrepentimiento y las secuelas de sus propias decisiones.

Claro que el lanzamiento de Bully no podía estar libre de controversia. El material estaba previsto para ser lanzado en enero, justo cuando West realizó una disculpa pública en el  Wall Street Journal por años de comentarios y acciones controversiales. Titulada “A aquellos a quienes he lastimado”, la extensa disculpa de una página expone un punto de reflexión del rapero sobre su lucha contra el trastorno de bipolaridad. Sin embargo, en aquel momento, el cantante negó que las palabras que ofrecía al público estuvieran relacionadas con revivir su éxito comercial. 

Cover Bully

“Esto se debe a que estos sentimientos de remordimiento pesaban mucho en mi corazón y me agobiaban”, dijo West en una entrevista con Vanity Fair. “Les debo una disculpa enorme una vez más por todo lo que dije que hirió a las comunidades judía y negra en particular. Todo fue demasiado lejos. Miro las consecuencias de aquel incidente y me doy cuenta de que esa no soy yo. Como figura pública, mucha gente me sigue y escucha cada una de mis palabras. Es importante que comprendan de qué lado de la historia quiero estar. Y ese es el lado del amor y la positividad”.

Y añadió: “Dije e hice cosas de las que me arrepiento profundamente. A algunas de las personas que más quiero, las traté fatal. Ustedes sufrieron miedo, confusión, humillación y el agotamiento de intentar amar a alguien que, a veces, era irreconocible. Mirando hacia atrás, me desconecté de mi verdadero yo”.

En la carta de disculpa, Ye afirmó que ya se encuentra en un momento de claridad, y que su energía está enfocada en mandar un mensaje positivo, desde la música hasta otras variantes de su arte: “No pido compasión ni perdón, aunque aspiro a ganarme su comprensión. Les escribo hoy simplemente para pedirles paciencia y comprensión mientras busco mi camino de regreso a casa”.

Aún cuando West aseguró que “perdió el contacto con la realidad” y que “todos estaban exagerando” por no creer que estaba enfermo, muchos mantienen opiniones divididas, pues los escépticos creen que ha sido una estrategia para reivindicar su papel en la industria musical y en el mundo en general, pues, después de tantas controversias, el magnate del rap vive en una polémica constante.

Ahora, con el lanzamiento de Bully, revive una nueva polémica, donde James Blake se ve implicado. El músico británico asegura que la pieza en la que colaboró para el material es totalmente diferente a la que fue publicada. “La forma en que modifiqué su voz y construí la pista a partir de su estilo libre está parcialmente ahí, salpicada principalmente con otras tomas vocales más nuevas, etc. Estoy feliz por los fans, pero he pedido que me quiten de los créditos de productor por ahora, ya que no quiero atribuirme el mérito del trabajo de otras personas y esta versión no es la que creé con Ye”, dijo. 

Y añadió: “No es nada personal. Simplemente llegué a un punto en el que no quiero que se me acredite en música en la que no puedo influir en el resultado final. Hace tiempo que no nos vemos… creo que prefiero no hacer comentarios… y lo digo con tristeza”.

Por ahora, ya puedes escuchar Bully en todas las plataformas de streaming musical. 

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