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La responsabilidad de un vocalista con su instrumento es tan enorme que, si sus cuerdas vocales llegaran a dañarse, podría enfrentarse al fin de su carrera. Por eso es que para Bruce Dickinson decir adiós cuando ya no se posee la misma capacidad vocal que antes es un acto de dignidad y de respeto con los fanáticos.

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El cantante de Iron Maiden, que posee una de las voces más privilegiadas del heavy metal, habló recientemente sobre lo que opina de sus colegas que, pese a tener graves afectaciones en sus voces que les impiden ofrecer interpretaciones de calidad, insisten en seguir subiendo a un escenario. En una entrevista con Kerrang!, el músico recordó una discusión que tuvo con un periodista al respecto: “Le dije, ‘Mira, hay un montón de cantantes cuyas voces ya están deterioradas y todo el mundo lo sabe. Y me responde, ‘Sí, pero son leyendas’. No son unas leyendas, son personas que no pueden cantar más. Cuando lo hacían bien, sí lo eran. Pero cuando ya no lo pueden hacer, dejan de serlo”.

Dickinson admitió que es una “verdad brutal”, pero advirtió que él mismo no podría seguir ofreciendo presentaciones si su capacidad vocal se viera reducida considerablemente. “No sé cómo la gente se sube a un escenario cuando ya no puede cantar más. Claro, es su vida, pero no es la manera en que yo hago las cosas”, agregó.

El tema surgió luego de abordar la salida de Nicko McBrain a finales de 2024, quien tras sufrir de un derrame cerebral en 2023 vio reducida su capacidad de tocar la batería y decidió dar un paso al costado de su vida de gira. El baterista Simon Dawson, que también desempeña el mismo papel en British Lion —la segunda agrupación de Steve Harris—, asumió la posición y ha acompañado a la banda en sus presentaciones desde entonces.

En la misma entrevista con el medio inglés, tanto Dickinson como Harris hablaron sobre si existen preocupaciones por el fin de Iron Maiden, a lo que ambos respondieron que el grupo legendario todavía tiene mucho para dar. Los músicos no descartaron que, una vez finalice la gira de celebración por los 50 años de existencia de la Doncella de Hierro, comiencen a trabajar en el sucesor de Senjutsu (2021), aunque aclararon que todo llegará a su tiempo.

“Personalmente, amaría hacer otro disco. […] Si tuviera que elegir entre eso y salir de gira de nuevo, preferiría lo primero, pero Steve funciona al contrario. Él saldría de gira y gira hasta que muriera en el escenario”, comentó el vocalista. “Creo que Bruce amaría hacer un nuevo álbum y yo no tengo problema con eso. Solo pienso que si lo hacemos, tiene que ser en el momento indicado”, sumó el frontman. “No quiero hablar mucho de eso y no digo que no vayamos a hacerlo, solo que no quiero apresurarlo”.

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¿Qué estabas haciendo hace diez años? Little Jesus lo sabe muy bien: estaba celebrando el estreno de Río Salvaje, el álbum que marcaría un antes y un después en su carrera. Con apenas diez canciones y poco más de 46 minutos de duración, la banda oriunda de la Ciudad de México nos regaló un proyecto en el que consolidaron su versátil sonido en el que conviven elementos de rock, pop, funk, synth-pop y hasta música tropical. 

“[Estamos] muy contentos. Sorprendidos de que haya pasado tanto tiempo porque se pasó en un parpadeo”, comentó Santiago Casillas, “Sant”, en conversación con ROLLING STONE en Español. “Sigo sintiendo la emoción de cuando fuimos a grabar; fue una grabación muy especial para nosotros. Y la verdad, lo siento como si fuera la primera vez”, continuó el vocalista de la banda. 

Para celebrar el décimo aniversario de Río Salvaje, todas las canciones que forman parte del proyecto volvieron a sonar frente al público. Si bien algunas de ellas han permanecido en su repertorio, la mayoría no han sido interpretadas en vivo durante muchos años. “Nos damos cuenta de que en estos diez años hemos cambiado un poco la forma en la que tocamos algunas canciones”, comenta “Sant”. “Justo las estamos volviendo a conocer. Algunas las estamos aprendiendo casi desde cero porque las hemos tocado muy poco”. Dentro de esta lista figuran temas como ‘Nuevos Amigos’, ‘Río Salvaje’ y ‘Niña Bien’. 

Con este proceso, tanto “Sant” como el resto de integrantes de Little Jesus han podido revivir momentos y reconectar con sus versiones del pasado. A pesar de que en una década tanto el mundo como ellos mismos han cambiado drásticamente, en su interior aún perduran esos jóvenes llenos de ilusión que solo querían hacer música y vivir la vida de la forma en la que lo hacían sus ídolos. “Estamos reconectando con esa época y con nosotros como banda; volviendo a aprender y a sentir lo que sentíamos”, menciona el vocalista y principal compositor de la agrupación. 

Río Salvaje: el álbum de Little Jesus nos sigue acompañando 10 años después 
Cortesía

“Todos estamos cambiando todo el tiempo. Y en estos diez años nuestras vidas han dado un giro total. Pero nos estamos acordando del humano que éramos en ese entonces y dándonos cuenta de que seguimos siendo los mismos de alguna manera. Aunque vamos aprendiendo y vamos olvidando cosas”, externa Casillas. “Hay muchas cosas que olvidamos. Siento que el paso de los años y la rutina te hacen olvidar ciertas sensaciones. Y este tipo de celebraciones te recuerdan los pequeños detalles”, añade. 

A pesar de que Río Salvaje fue el álbum que terminó de consolidar a Little Jesus como una de las bandas principales de la escena independiente, la agrupación no llegaba en ceros. Tres años antes habían estrenado Norte, un proyecto que había sido bien recibido por el público y donde quedaron inmortalizadas canciones como ‘Azul’ y ‘Químicos’. Aunque desde entonces eran conscientes que tenían mucho más que ofrecer y para su siguiente entrega decidieron echar toda la carne al asador y preparar un proyecto que terminó por definir la identidad de Little Jesus como banda, que si bien ha visto cambios, sigue manteniendo esa esencia despreocupada y atrevida que fue notoria desde hace diez años. 

“Ese fue un álbum que hicimos con inspiración juvenil, casi por instinto. Fuimos grabando las canciones donde podíamos, como podíamos, sacándolas por internet. Y teníamos un estilo muy marcado que le llamábamos el ‘Tropipop’ de broma. Y como le fue bien ese álbum, queríamos que el segundo álbum fuera como un statement”, dijo “Sant”. “La gente comentaba que no sabían si nosotros íbamos a poder cumplir con el reto del segundo disco. Porque las bandas a veces se atoran cuando le va muy bien al primero; el segundo es complicado. Así que aceptamos ese reto y decidimos hacer un disco más ambicioso de lo que se acostumbraba en esa época para las bandas independientes”. 

Cortesía

Lo que dice “Sant” es muy cierto. Si bien el camino del artista independiente sigue siendo complicado, las herramientas que existen hoy y el tamaño de la escena son mucho mejor a las que había hace una década. “Era una época en la que no era muy popular el rock independiente. No había muchas oportunidades”, comparte el vocalista del grupo. Sin embargo, los integrantes de Little Jesus apostaron por ellos mismos y se encerraron en el estudio. “La grabación la hicimos en Sonic Ranch, un estudio que también se veía lejano a poder ir. Y grabamos todo como un álbum conceptual siguiendo el ejemplo de las bandas que nos gustaban, como en los documentales. Decidimos creérnosla, darle un giro al sonido que teníamos antes y arriesgar. Y al final siento que el volado funcionó”, externa. 

El que una banda independiente pudiera realizar un proyecto de esta magnitud fue una verdadera hazaña e inspiró a muchos más artistas a comenzar sus respectivos caminos por cuenta propia. “Estoy seguro y sé de algunos casos que les influyó mucho a decidir dedicarse a la música o a sacar un disco”, dice “Sant”. “Colegas que nunca habían sacado música escucharon ese disco y se dieron cuenta que independientemente podían hacer la música que se les antojara, aunque no tuvieran disquera”. 

Y es que Little Jesus realmente llevó su sonido al siguiente nivel con Río Salvaje, demostrando que no estaban ligados a un solo género. “Abrimos un camino para poder hacer cualquier canción de cualquier género a partir de este disco”, dice el músico mexicano. “Fue la primera vez que experimentamos con sintetizadores análogos. Y en cuanto empezamos a usar los sintetizadores ya nos quedamos con eso. Agregamos en canciones como ‘La Luna’ arpegiadores con los sintetizadores, y eso lo hemos seguido utilizando. Le pusimos elementos electrónicos de percusión a canciones con batería análoga. Por ejemplo, en ‘La Magia’ hay unas percusiones electrónicas que suenan ahí. Pequeños detalles de producción que siento que reflejaron nuestro crecimiento y que íbamos aprendiendo nuevas cosas mientras nuestra carrera evolucionaba. Y definitivamente eso marcó la evolución”. 

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Además de por su sonido novedoso y arriesgado para la época, el proyecto logró resonar con una generación joven que apenas comenzaba a despertar y experimentar con nuevas emociones y vivencias, tanto positivas como negativas. “La juventud tiene momentos turbulentos en los que sientes que te estás dejando ir por la vida. Esa es la sensación del Río Salvaje: que estás dejándote ir y luchando contra las inclemencias. Y a veces hay momentos de paz mientras estás navegando. A veces llega una tormenta y te lleva, pero al final se trata de vivir, estás aprendiendo, estás sintiéndolo todo”, menciona “Sant”. 

Si bien Río Salvaje gira alrededor de enamorarse en la capital mexicana, lo cierto es que el material logró llegar a todas partes del país, llevando a la banda a nuevos territorios. “Siento que resonó mucho con la gente joven de cualquier parte del mundo que entendiera la letra porque las letras son muy honestas con lo que siente la gente a esas edades”, dijo el vocalista de Little Jesus. “Siento que tratamos siempre de ser muy honestos con lo que estábamos viviendo en ese momento y plasmamos muchas sensaciones y sentimientos que tenemos los jóvenes mexicanos y latinoamericanos al estar viviendo y creciendo”. 

Al conectar con un público que apenas comenzaba a experimentar, Río Salvaje se convirtió en la banda sonora de esas “primeras veces”, por lo que fue sencillo que perdurara en la memoria y que continúe acompañando a esa audiencia una década después, aunque ahora lo pueden escuchar desde una perspectiva diferente. “Se nota el crecimiento de la gente y del público que escucha este disco. Porque al principio la canción de ‘La Magia’ la relacionaban con la magia. Como con el ‘Yo, las canciones, y tú, la magia’. Y diez años después la canción la usan en videos que hablan de renunciar a su trabajo. Por la primera frase que dice ‘Ese trabajo te va a matar’. Siento que cuando salimos los chicos que nos escuchaban todavía no trabajaban y ahora ya tienen trabajo y se identifican con otras partes de la canción que están más acordes a su edad”, comentó. 

Y es que, además, ‘La Magia’ se convirtió en el himno por excelencia de Little Jesus y es, hasta la fecha, la canción más escuchada de la banda. “Me acuerdo de estar en modo disco tocando canciones con mi guitarra eléctrica a altas horas de la noche. Y sí me acuerdo de cuando empezó a salir la melodía. Es difícil de explicar, se me pasó por la cabeza hablar de la magia”, recuerda “Sant”. Aunque la versión que hoy conocemos del sencillo no fue la primera que pasó por la mente de la agrupación. 

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“Después, ya que tenía la armonía y un poco de la letra hecha, me junté con la banda. Y el reto fue decidir cuál iba a ser el estilo de producción de la canción. Hicimos muchos experimentos. Hicimos una versión rock, una versión más rápida, una versión más lenta. La canción se hizo muy rápido, el reto fue encontrar la producción adecuada”, revela Casillas, quien al final, junto con sus compañeros, terminó decantándose por una versión con influencias de ‘Young Turks’ de Rod Stewart. “Tiene algo atemporal, como que suena medio ochentera, pero suena actual. Siento que justo la onda nostálgica fue lo que nos gustó de esa versión”. 

‘La Magia’ no fue el único gran sencillo de Río Salvaje, ya que estuvo acompañada por ‘TQM’, una canción donde Little Jesus colaboró con Ximena Sariñana y Elsa y Elmar. “Ya habíamos terminado el disco, ya teníamos nueve canciones que creímos que ese iba a ser el total del disco. Y al final, jugando en el piano se me ocurrió el intro y se me hizo que era una buena carta de despedida para el disco”, recuerda “Sant”. Una de las principales características de la canción es ese cierre tan abrupto en que el las guitarras se silencian repentinamente. “Estábamos viviendo el documental y tratando de hacer canciones como nuestros ídolos y que nuestros discos se sintieran así legendarios y un disco que nos gusta mucho es Abbey Road de los Beatles. Y así termina la de ‘I Want You’”, añade. 

Hoy en día, a diez años del estreno de Río Salvaje, Little Jesus es uno de los principales referentes de la música mexicana. A pesar de que la banda ha pasado por distintas etapas, la esencia de este proyecto sigue presente tanto en su sonido como en su vibra. De hecho, el futuro de la agrupación seguirá muy ligado a este álbum. “Este disco, esta celebración, el recordar y revisitarlo, nos está inspirando mucho para hacer un nuevo disco definitivamente. Esa sensación —tal vez por los años, por la rutina, por la edad— la estábamos perdiendo, y tenemos ganas de volver a hacer algo parecido: un álbum conceptual ya con otro punto de vista, otras experiencias”, revela “Sant”, aunque tiene claro que el sonido no será el mismo. “Creo que parecido más en el espíritu, en la vibra, en el misticismo que rodeó al Río Salvaje. Siempre fue muy místico para nosotros ese disco, no anunciamos nunca que estábamos grabando, lo sacamos y nos creímos el sueño del ‘Rockumental’, y queremos hacer otro disco así en el que se sienta místico desde el principio”, finaliza. 

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Penélope Robin marca la llegada de una nueva etapa para su trayectoria con su nuevo sencillo ‘Diosa de cien colores’. Estos nuevos pasos buscan perfilarla con una identidad inquebrantable, un sonido más audaz y el comienzo de una era poderosa. 

‘Diosa de cien colores’ va más allá de una canción; es una transformación artística y personal que sitúa a Penélope Robin en una declaración de presencia, identidad y autoexpresión. En este primer lanzamiento que busca la reinvención, la cantante escribió un himno para quienes han sido catalogados como ‘demasiado’, dándole el poder al espectro completo de lo que una persona puede ser: todo. 

Con versos como “Eres una Diosa / de cien colores / Cuando salgas todas las noches / Quiero que puedas soñar / Tu aura es espectacular”, Robin encuentra un espacio de celebración para dar el paso más contundente de su carrera, hasta ahora. Se trata de celebrar la identidad y abrazar plenamente quién eres. Es un recordatorio de que la verdadera libertad comienza cuando te permites ser tú mismo: sin ataduras, sin esconderse, sin máscaras ni excusas. 

Este mensaje cobra especial relevancia en el marco de las celebraciones del Pride en Colombia, con Penélope presentándose en el escenario del Pride de la Plaza de Bolívar y liderando la noche en Theatron, Bogotá, dos de los espacios más emblemáticos e icónicos del calendario cultural y de diversidad del país.

Este 2026, Penélope Robin ha lanzado otros temas, como ‘Ansiedad’, ‘Curazao remix’, ‘Dulce maldición’ y ‘Se vive una vez’. 

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En “Divine Intervention”, una alegre canción sobre ignorar el apocalipsis del próximo álbum número 25 de los Rolling Stones, Mick Jagger confiesa que una vez se preocupó tanto por el fin del mundo que consultó a una vidente de Hollywood. “En medio de la oscuridad, le pregunté: ‘¿Cuál es mi futuro?’ / Bueno, vomitó”, se lamenta sobre un ritmo de guitarra boogie al estilo de Some Girls. El mensaje de Jagger en el estribillo es que incluso cuando el mundo se acaba, “los valores distópicos son demasiado intensos para soportarlos, y me voy a morir en llamas”. ¡Eso sí que suena bien!

Después de todo, al tipo que cantó tanto “Time Is on My Side” como “Time Waits for No One” —el mismo que una vez dijo que preferiría estar muerto antes que cantar “Satisfaction” a los 45— nunca pareció importarle demasiado el futuro. Jagger, que cumplirá 83 años poco después del lanzamiento del álbum el 10 de julio, siempre ha cantado sobre vivir el presente. En los sesenta, cuando Paul McCartney lamentaba elegantemente una ruptura en “Yesterday”, Jagger le reprochaba a su ex con “Yesterday’s Papers”. Y mientras que en el excelente nuevo álbum de Macca recordaba a The Boys of Dungeon Lane, los Boys of Dartford Station están más interesados ​​en asuntos internacionales.

Crítica: Los Rolling Stones continúan su racha ganadora con ‘Foreign Tongues’
El 25° disco de los Stones estará discponible el 10 de julio.

“Ringing Hollow”, un rock country con ritmo pausado que recuerda la influencia de Gram Parsons en los Stones, es la carta de despedida de Jagger y Keith Richards a Estados Unidos. “Bueno, estaba locamente enamorado de ti / Antes de conocernos”, canta Jagger. “Vi todas tus películas / Fumaba tus cigarrillos”. Pero ahora, canta Jagger, “La Estatua de la Libertad está de mal humor”. Es una canción folk americana llena de observaciones irónicas y mordaces como: “Dejen que los soñadores consigan el sueño que desean, mi chiste favorito / Así que pasen el fentanilo / Pasen la cocaína… Cuando las voces se ahogan / Quiero gritar a todo pulmón”. ¡Auch! Sabemos que aún adoran a sus fans estadounidenses, pero al igual que con “Sweet Neo Con”, “Undercover of the Night” y “Street Fighting Man”, cuando los Stones ven una injusticia, no dudan en protestar.

Mientras tanto, en «Divine Intervention», una de las mejores canciones de Foreign Tongues, con un magnífico solo de blues de Ronnie Wood, Jagger describe a «multimillonarios escabulléndose, corriendo a sus refugios en el cielo». En «Covered in You», rapea: «Me despierto harto de todos estos autócratas/Sabes, parecen reproducirse como un enjambre de ratas sucias con sus misiles en exhibición». Nunca menciona a Trump por su nombre, pero sí lanza una pulla a uno de los compinches del presidente en «Mr. Charm», por lo demás un himno de gigoló caprichoso, cuando se refiere al primer trillonario del mundo como «el magnate loco Sr. Musk».

En “Never Wanna Lose You”, una canción pop-rock con un bajo funky y la participación de Robert Smith de The Cure en los sintetizadores, Jagger muestra la otra cara de la vida cuando le dice a su amante que incluso viviría con ella en Nápoles, aunque podría referirse a Nápoles, Florida, ya que describe “un parque de caravanas destartalado”. Al fin y al cabo, la política, como dijo Aristóteles, es la lucha entre los pobres y los ricos. (Y, fiel a su estilo, este hombre de riqueza y buen gusto nunca hace alarde de su propia condición de multimillonario ni la de sus compañeros de banda).

El nuevo LP llega tres años después de Hackney Diamonds. Aquel disco supuso una especie de regreso, ya que fue su primer álbum de música original en casi dos décadas, y, bueno, fue bastante bueno. Le valió a la banda —que ahora incluye al bajista Darryl Jones y al baterista Steve Jordan— un Grammy y los consagró como los creadores de éxitos más veteranos de Inglaterra. Foreign Tongues, que probablemente recopila temas de Diamonds que aún estaban en fase de grabación, se siente como algo habitual para el grupo, en el buen sentido, ya que la grabación obtuvo resultados similares.

Las 14 canciones del disco incluyen temas de rock enérgicos (“Hit Me in the Head“, “Rough and Twisted“), baladas con emotivas despedidas y diálogos fuera de escena (“Back in Your Life“ y la excelente “Some of Us“ de Richards), baladas disco desgarradoras (“Jealous Lover“, “Never Wanna Lose You“), temas country (“Ringing Hollow“) y un sinfín de riffs de Chuck Berry (literalmente en una reverente versión de “Beautiful Delilah“ de Berry). Aquí no hay giros inesperados ni experimentos pop, solo la satisfacción de la música reconfortante al más puro estilo Stones.

Al fin y al cabo, los Stones saben cómo debe sonar un disco suyo. Su fidelidad al blues, el R&B y el rock and roll clásico permanece intacta, y en caso de que se desvíen, cuentan con Andrew Watt, quien también produjo Hackney Diamonds, guiándolos. Figura como productor e incluso tiene algunos créditos de composición junto a Jagger y Richards, pero probablemente también debería haber recibido un reconocimiento por su “conciencia”, ya que, como superfanático, les ayudó a recordar su esencia: riffs cálidos y bluseros combinados con la mordaz ironía de Jagger.

Los únicos momentos realmente desconcertantes del álbum son el rap de Jagger en la, por lo demás, excelente “Covered in You“ —donde McCartney toca un ritmo animado con el bajo mientras Jagger dice algo sobre “espera a ver el blanco de sus culos”— y una versión bastante convencional de “You Know I’m No Good“ de Amy Winehouse, cuya mejor parte es Jagger imitando la producción de Mark Ronson con su armónica. Lo único que falta son improvisaciones largas, una travesía nocturna o una tempestad como “Gimme Shelter“, pero el álbum ofrece en gran medida lo que los fans de los Stones necesitan.

Al igual que en Hackney Diamonds, la lista de invitados es extensa: McCartney, Smith, Steve Winwood (que se limita al piano y al órgano), Benmont Tench de los Heartbreakers (al órgano) y Bruno Mars, que toca un cencerro casi inaudible en la fiesta disco “Never Wanna Lose You“. Al igual que en Hackney Diamonds, la aparición más destacada es la del difunto y genial Charlie Watts en la canción “Hit Me in the Head“, al estilo de “Hang Fire“, grabada en 2021; y esto no es una falta de respeto a Jordan, quien tiene un estilo diferente y golpea con más fuerza.

El álbum suena un poco demasiado pulido a veces, pero en general Foreign Tongues se mantiene fiel al sonido característico de los Stones, o al menos a la idea que Watts tenía de cómo debían sonar. No hay ritmos pesados ​​como los de Dust Brothers en este álbum, como sí los había en Bridges to Babylon. Jagger, Richards y Wood saben que nunca superarán la racha ganadora que los llevó desde Beggars Banquet hasta Exile on Main St. (sin olvidar Aftermath, Some Girls o Tattoo You), así que ¿por qué no superar Dirty Work y Voodoo Lounge, algo que logran con creces aquí? La voz de Jagger es una maravilla moderna, sonando tan bien como hace 40 años; Incluso canta “You Know I’m No Good” en un tono más alto que Winehouse. Y el “antiguo arte de entrelazar” de Richards y Wood produce texturas densas, especialmente en “Ringing Hollow”, que permiten que cada uno de ellos destaque aquí y allá con solos de guitarra.

En cierto modo, Foreign Tongues supone una mejora respecto a Hackney Diamonds, ya que este último sonaba a veces demasiado a un disco en solitario de Jagger por su énfasis en las melodías vocales; este se siente más centrado en la guitarra y con un sonido más característico de los Stones. El objetivo, como ha dicho Watt, era crear canciones que funcionaran bien en grandes estadios, y los sencillos “In the Stars“ y “Never Wanna Lose You“ podrían lograrlo si la banda quisiera volver de gira.

Como siempre, las mejores canciones surgen cuando los Stones se desatan. En “Jealous Lover“, un tema soul con toques funk que recuerda a “Emotional Rescue“, Jagger rompe con su amante en falsete porque ella es demasiado celosa de otras mujeres (y, por cierto, nunca dice que no le esté siendo infiel). Y abraza la actitud de ligón en la divertida “Mr. Charm“, donde seduce a una mujer rica diciéndole: “La vida es demasiado corta para solo ganar dinero / Enséñame a gastarlo, cariño“. (En un raro reconocimiento de su edad, admite en la canción que, si bien alguna vez soñó con recorrer Marte, ahora prefiere quedarse en casa y “hacer anagramas, soltar epigramas“). Luego está “Some of Us“ de Richards, una conmovedora declaración de devoción cuyos orígenes como canción se remontan a los años ochenta, en la que canta: “Algunos de nosotros estamos de rodillas, suplicando, cariño“. Hay una profunda emoción y vulnerabilidad en la voz de Richards, que ocasionalmente se entrelaza con la de Jagger, de una manera que refleja un nivel de dedicación que solo se alcanza con un amor duradero.

Y hablando de amor duradero, el álbum termina con Jagger y Richards, presentes en la vida del otro desde los cinco años, cantando “Beautiful Delilah“ de Berry, con Chad Smith de los Red Hot Chili Peppers al bombo. Al igual que cuando los Glimmer Twins interpretaron “Rolling Stone Blues“ de Muddy Waters en Hackney Diamonds, su elección de Berry representa un momento muy especial para el dúo, ya que Jagger llevaba discos de Waters y Berry cuando se reencontró con Richards en la estación de tren de Dartford, y el primer sencillo de los Stones fue una versión de “Come On“”” de Berry. Durante cuatro minutos, volvieron a ser Blues Incorporated, su primera banda. Y se nota que esa chispa original aún late en ellos.

Jagger ha expresado su deseo de que los Stones publiquen más discos, pero a medida que él y Richards se acercan a los ochenta (Wood cumplirá 80 el año que viene), siempre existe la sensación de que este álbum podría ser el último. No lo saben. Si lo es, sin embargo, Foreign Tongues es un álbum que está a la altura de su legado.

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El álbum definitivo de The Smiths proclamaba el fin del imperio y exponía en diez capítulos el estado de ánimo de los súbditos desilusionados. Una década antes, Sex Pistols había fastidiado a la corona británica con una revuelta de alfileres y la edición de un single rabioso, “Anarchy In The U.K.”.

En 1986, el deterioro social crecía gracias a las políticas neoliberales de Margaret Thatcher, que sumó una guerra impopular a su terrible mandato de once años. Por esos días, el norte de Inglaterra acusaba el mayor porcentaje de desempleados. Desde Manchester, la insurgencia norteña se revelaba en la prosa de un bocón vestido de calle, Morrissey atacaba al corazón del sistema de vida que gobernaba las islas desde tiempos inmemoriales. El mensaje escondía una potencia inusual para el rock inglés, superaba con poesía y furia verbal los manifiestos del punk original.

Las letras Steven Patrick Morrissey podían traducir las prisiones del alma como los grandes maestros de la literatura inglesa: acidez y sensibilidad extrema para hablar del estado de las cosas. Ni The Kinks con las pinturas rurales de Are The Village Green Preservation Society, ni The Clash con el explosivo London Calling alcanzaron el estado de gracia que el cuarteto de Manchester logró con su tercer álbum de estudio. Social, poético, enérgico y dueño de un romanticismo embriagador, The Queen is Dead es el triunfo del rock de guitarras al frente, la piedra fundacional de lo que hoy conocemos bajo la denominación de rock indie.   

A cuarenta años de su lanzamiento, el disco sigue sonando tan fresco y demoledor como en los convulsionados años finales del tacherismo. Milagrosamente, no queda reducido a la esfera de tiempo y lugar, viaja rápido y contagia el síntoma de la arrogancia teñida de sencillez y valor. De Suede a Fun People pasando por casi todo el abanico independiente, el rock guitarrero de las últimas cuatro décadas conoce de memoria las enseñanzas de Morrissey y Johnny Marr. El britpop intentó perfeccionar el estilo, recrear los sentimientos tallados en una decena de canciones inoxidables y todavía sigue esperando un disco que pueda competir con el álbum verde de The Smiths.

Antes de The Queen is Dead, la banda no podía escapar de los límites que separaban la inmediatez arrolladora de sus singles al sabor incompleto de los primeros álbumes. De 1983 a 1985, más de quince canciones en formato reducido parecían el mejor legado de un grupo condenado a su prolífica ansiedad editorial, un poco empujado por el capo de Rough Trade. En menos de dos años y sin ningún peinado o atuendo que delatara pertenencia a cual o tal estilo, The Smiths diseñó un universo repleto de guiños y enigmas diversos: Elvis, Oscar Wilde, New York Dolls, Truman Capote, Nico y James Dean figuraban como modelos trágicos e influyentes. La voz antigua y las letras modernas de Morrissey, los originales recursos y el inigualable corazón melódico de Johnny Marr, sumados a la maestría rítmica de Mick Joyce y Andy Rourke, engendraron un monstruo bellísimo y complejo, pero por sobre todo una banda creíble y conmovedora, un fiel reflejo de las historias que entonaba su atormentado cantante. Como reyes sin corona y a punto de conquistar el mundo, el cuarteto tuvo que atrasar la salida de su tercer disco —terminado en diciembre de 1985— por problemas con su discográfica, la compañía independiente Rough Trade.

En un primer momento, el título elegido era Margaret On The Gillotine, pero la canción homónima nunca logró completarse y, tres años después, fue a parar al debut solista de Morrissey. La decisión fue correcta, porque “The Queen is Dead” es un título más épico y, aunque la referencia es directa, en ese deseo parece sintetizarse buena parte de la historia británica . Finalmente, el disco salió en junio de 1986 mientras la banda vivía en conflicto permanente: guerra de egos entre Moz y Marr, ausencia de manager que solucionara un sinfín de problemas domésticos, y con Rourke literalmente fuera del grupo por consumir más heroína que Williams Burroughs. En las pistas, en cambio, se oye un engranaje afinado en la inspiración y los ideales en común. Lleno de detalles y señas de doble faz, The Queen… es una nave nodriza compuesta por piezas con vida propia.

Desde la tapa y su dominante verde botella, la imagen moribunda de Alain Delon inicia la serie de huellas por el ideario Smith. El fotograma pertenece a L’ Insoumis (La muerte no deserta), un filme olvidado, casi secreto, de 1965 dirigido Alain Cavalier sobre un desertor de la Legión Extranjera envuelto en una trama mortal de la cual no podrá escapar. Morrissey eligió la foto y, junto a Johnny Marr, encararon la producción, convencidos de que nadie más podía llevar adelante el proyecto. Sólo un viejo amigo del grupo, el productor Stephen Street, ayudó en la ingeniería sonora.

El primer ruido que se escucha en el tema que le da título al álbum es un fragmento de “Take Me Back To Dear Old Blighty”, extraído de la película The L-shaped Room (1966), gritos marciales que conducen directamente a un agresivo ambiente de guitarras cargadas de malestar como los embates de Morrissey contra la familia real: “Pero cuando estás demasiado atado a las faldas de tu madre, nadie habla de castración”. El rockabilly “Frankly, Mr Shankly” está dirigido a Geoff Travis, capo de Rouge Trade y a su negativa de dejar al grupo crecer en una compañía más importante (“quiero irme, no me echarás de menos/ quiero pasar a la historia de la música”). Una de las cumbres de álbum es “I Know It’s Over”, con su belleza dramática y el crescendo emocional que Morrissey alcanza en frases como “sé que todo ha terminado y realmente nunca empezó”, o la específica “madre, puedo sentir el suelo sobre mi cabeza”. En “Never Had No One Ever” la soledad se vuelve ahogo (“tuve un sueño realmente malo/ duró 20 años, 7 meses, y 27 días/ nunca jamás tuve otro”) o puede tener la suave melancolía de “Cementery Gates” (“Keats y Yeats están de tu lado, pero vos perdés porque Wilde está del mío”). Hasta aquí el lado más oscuro de un disco construido sobre guitarras orquestales y ritmos punzantes, no hay un solo exceso de virtuosismo, pura épica cotidiana a favor de los iluminados acordes de Johnny Marr.

40 años de ‘The Queen Is Dead’: el disco que coronó a The Smiths y cambió para siempre el rock británico

El lado B de The Queen Is Dead explora alguna vía para borrar por un rato tanta decepción. Las armas son la ironía y el sarcasmo sin olvidar el guante romántico que acaricia a todas las canciones de los Smiths. “Bigmouth Strikes Again” intenta explicar qué significa la fama para Morrissey y cómo se burla de su condición de estrella pop; en los créditos de la canción aparece el nombre de Ann Coates en voces, que no es otro que el propio Moz cantando como ardillita. En “The Boy Whit The Thorn In His Side” aparece todo el amor de Marr por The Byrds y una pieza matriz para grupos como Belle & Sebastián.

Luego, “Vicar In Tutu” es otra escala obligada por la patria rockabilly con una letra cáustica sobre las elecciones sexuales. Y ahora de pie, porque “There Is A Light That Never Goes Out” es la piedra preciosa de una masterpiece sin fecha de vencimiento, la síntesis colorida de un escape a ninguna parte y, al mismo tiempo, contiene la inconciencia que domina a los himnos sin bandera; “y si un autobús de dos pisos se estrella contra nosotros/morir a tu lado sería una celestial forma de morir”, canta Morrissey con la autoridad de un amante suicida. Para el final, “Some Girls Are Bigger Than Others” tiene el peso de una humorada de Moz mientras la guitarra de Johnny dibuja una de las más perfectas melodías smithsonianas.

Cuando The Queen is Dead cumplió diez años, la revista francesa Les Inrockuptibles lanzó The Smiths Is Dead, un álbum que recrea con suerte dispar las diez canciones que forman el álbum original. El Brit-pop le debe casi todo a los Smiths y así lo reflejan The Divine Comedy, Supergrass, Placebo y The Trash Can Sinatras, entre los mejores revisionistas de un estilo que año tras año sigue esperando al nuevo grupo que retome la épica guitarrera y las letras ilustradas.

En 1987, la banda se despidió con honores del mundo real y el mejor premio consuelo todavía permanece en la pluma y la voz de Morrissey solista, a pesar del boicot permanente que ejerce el dueño de las letras. El álbum llegó a las disquerías británicas el 16 de junio de 1986. A los pocos días, la selección inglesa caía en México frente a la selección argentina de fútbol que luego se consagraría campeona del mundo. Dos genialidades de Diego Armando Maradona sacaron del mundial a uno de los mejores equipos de la rosa Tudor . Escuchar The Queen Is Dead, luego de aquella dura eliminación, significó para muchos británicos ampliar el campo de la derrota mientras sonaba uno de los mejores discos de la historia del rock.    

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