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Durante los últimos años, el afrobeat llegó a la gran industria de la música, y no de manera fugaz —como en muchas ocasiones ocurre con algunos géneros—, sino con la fuerza, el sabor y el baile necesarios para permanecer.

Juan David Loaiza Sepúlveda, más conocido como Kapo, se presentó por segunda vez en el corazón de Bogotá el pasado 10 de mayo, en una noche que seguramente quedará en los libros de historia del afrobeat, gira en la que presenta Por si alguien nos escucha, su segundo álbum. 

Las luces completamente apagadas fueron el preludio de la salida de Kapo al escenario, mientras en pantalla se apreciaba lo que será el próximo disco del artista: Afrorosa, una producción basada en la conversación entre la fuerza del afro y la suavidad de la rosa. Así dio inicio el concierto, con una nueva canción que hará parte del álbum, seguida de ‘Imagínate’, el éxito junto a Danny Ocean. Acto seguido, la emoción, los gritos y los aplausos de un Movistar Arena completamente lleno le dieron la bienvenida nuevamente a Kapo en Bogotá, quien, entre lágrimas, agradeció el apoyo de su público más allá del concierto.

El concierto se convirtió  —al igual que la primera fecha el pasado 7 de marzo — en una verdadera fiesta crossover. Al igual que en la primera fecha, Nanpa Básico subió al escenario y junto a Kapo demostraron el por que son dos de las voces más versátiles dentro de la gran industria en Colombia; otros dos momentos de suma emoción en donde el corazón de Bogotá se aceleró, fue con la aparición de Manuel Turizo y Greecy, que hicieron que más de un fanático se quedara sin voz; Reykon también hizo saltó al esenario e interpretó ‘Mochilera’, un momento emocionante y al mismo tiempo emotivo; Criss & Ronny, Lion Fiah y Mau y Ricky cerrarón la lista de invitados, habiendo interpretado con estos últimos, su más reciente éxito: ‘Te quiero’ en un escenario alterno al principal. 

El corazón de Bogotá palpitó intensamente al ritmo de Kapo por segunda vez
Cortesía.

‘Dónde’ y ‘La villa’, fueron nuevamente -como en el primer concierto- el momento en donde el baile se apoderó del concierto. La emoción de los fans era prácticamente palpable, y el reconocido baile de TikTok se hizo presente, demostrando cómo este nuevo formato de coreografías cortas para redes sociales se ha vuelto fundamental para convertir una canción en la más escuchada.

“Somos artistas, no somos productos. Sí, somos productos, pero del amor”, fue sin lugar a dudas el mensaje más importante de la noche, y el que precedió a una nueva canción de Afrorosa, cargada de una energía contagiosa que seguramente se convertirá en un nuevo baile para redes sociales en el momento de su lanzamiento.

Después de más de dos horas y media de concierto llegó la hora del cierre, un final que rindió homenaje a las dos primeras canciones que convirtieron a Kapo en uno de los artistas más escuchados en Colombia: ‘Ohnana’ y ‘Uwaie’. Un cierre que dejó a su público con ganas de más, con ganas de repetir: “Yo soy tu Kapo, baby”.

Estas dos primeras fechas en uno de los escenarios más importantes de Colombia, son el abrebocas perfecto para lo que será su gira por México, una que sin lugar a dudas seguirá dejando el legado de Kapo y el afrobeat, en lo más alto de la industria musical en español. 

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La empresa Punto Music, presidida por Vladimir Muñoz, y Líder Production anunciaron la gira internacional de Eudis El Invencible, conocido como el Showman de la Bachata.

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La cantante y compositora dominicana Layza Moory continúa fortaleciendo su posicionamiento en la industria musical con su sencillo “Agonía”, tema que en su segundo mes de proyección ya suena en las principales emisoras de bachata tradicional del país, especialmente en zonas clave como la región Sur y el Nordeste, donde el género mantiene una fuerte presencia. Este crecimiento en radio se suma al positivo desempeño de su propuesta en plataformas digitales.

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El exponente urbano Don Omar celebró “la mayoría de edad” de su icónico tema junto a “El Rey de la Bachata”, Romeo Santos

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Lo mejor de la música colombiana será galardonado una vez más en una nueva edición de los Premios Nuestra Tierra. Artistas, canciones y álbumes nacionales serán reconocidos por su impacto y aporte a la industria musical, llevando el nombre de Colombia a lo más alto. Desde 2007, estos premios destacan lo mejor de géneros como el urbano, pop, vallenato, tropical, salsa, música popular, rock y alternativa.

En su edición de 2026, Premios Nuestra Tierra será celebrado este 14 de mayo en el Teatro Colsubsidio Bogotá. La gala de la ceremonia contará con presentaciones de primera categoría, con grandes muestras musicales en tarima a cargo de Jhon Alex Castaño, Ela Taubert, Willy García, Manú, Monsieur Periné, Aria Vega, Luis Alfonso y Rafa Pérez.

Premios Nuestra Tierra reconoce a los artistas que trascienden generaciones y persisten en conectar con almas a través de un arte tan único como es la música. Por esto, y más acciones que atribuyen ampliamente a la industria musical, Premios Nuestra Tierra anuncia con orgullo el reconocimiento como Artista Leyenda de Nuestra Tierra a Juanes.

El artista colombiano se ha consagrado como una de las voces más emblemáticas, ganando más de una decena de reconocimientos en Premios Nuestra Tierra a lo largo de su carrera. También hemos sido testigo de su presencia en categorías como Mejor Artista Rock/Alternativo, Álbum del Año y Canción del Año, lo que no solo refleja un papel simbólico en la industria musical colombiana, sino también su habilidad de transformación y conexión con el público. Este tributo destaca no solo el impacto de su obra musical, sino también la huella que ha dejado como símbolo de la cultura colombiana ante el mundo, inspirando cercanía, esperanza y armonía a través de cada una de sus canciones.

En esta edición de Premios Nuestra Tierra, la lista de nominados está encabezada por Beéle, con 18 nominaciones; seguido de Ryan Castro, con 17; Kapo, con 13; y Duplat, con 7. También están nominados artistas y agrupaciones como Morat, Karol G, Kris R, Aria Vega, Shakira y Carlos Vives, entre muchos otros protagonistas de la escena musical colombiana.

El público podrá ser parte de esta celebración musical al emitir su voto por sus figuras musicales favoritas. Algunas de las categorías son: Mejor Artista Global, Mejor Canción Global, Mejor Artista, Mejor Canción, Mejor Artista Revelación, Mejor Productor del Año, Mejor Álbum del Año, entre algunas otras más. Con casi un millón de votos en total, los colombianos escogieron a sus artistas favoritos en las diferentes categorías, consolidando a los premios como una plataforma que impulsa y proyecta el talento colombiano a nivel nacional e internacional.

Violeta Bergonzi, Danny Galvis, Sandra Bohórquez y David Quintero serán los presentadores de Premios Nuestra Tierra 2026, una velada cargada de emoción, música y nacionalismo. La noche podrá verse el 14 de mayo desde las 4:00 p. m. hasta las 10:00 p.m. en la página de los Premios Nuestra Tierra, la App de Canal RCN y la App de RCN Radio.

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¿Son las expresiones artísticas realmente genuinas, o un simple producto que puede comercializarse en épocas de capitalismo tardío? Esta pregunta, aunque parece profunda y ha sido abordada por varios filósofos y estudiosos contemporáneos, tiene una respuesta simple y a la vez desesperanzadora: el arte siempre ha sido un producto de consumo dentro de la sociedad.

Esto no quiere decir que todas las expresiones artísticas —ya sean pinturas, esculturas, fotografías o canciones— hayan sido concebidas desde una mirada netamente comercial. En cambio, implica que el capitalismo y las llamadas industrias culturales siempre encontrarán la manera de hacer dinero a partir de ellas, incluso si eso significa arrancarles su esencia o, en algunos casos, apropiarse de la de otras culturas para convertirla en productos de consumo masivo.

Este enfoque toma particular fuerza cuando se observa la industria musical, especialmente en su comportamiento reciente. No es un secreto que una de las tendencias más visibles hoy es el regreso a las llamadas “raíces”, entendidas, en términos simples, como aquellos ritmos tradicionales y populares con los que crecieron los artistas. Estas corrientes van desde géneros ya asentados en el mainstream —como la salsa, la cumbia o el bolero— hasta otros mucho más autóctonos y menos conocidos por el público general, pero profundamente ligados a tradiciones culturales específicas. No hace falta ahondar demasiado en playlists globales o redes sociales para identificar ese patrón: artistas que antes construían su identidad desde una estética más ostentosa y desvinculada de estos sonidos, hoy parecen atravesar procesos de reconexión e introspección en busca de sus orígenes.

Lejos de ser un fenómeno espontáneo, esta tendencia responde a transformaciones más profundas en la manera en que la industria produce, distribuye y posiciona sus contenidos. En un ecosistema dominado por plataformas como Spotify, donde la diferenciación es clave, lo local —lo identitario, lo “auténtico”— se ha convertido en un valor especialmente atractivo y, sobre todo, altamente explotable, y aunque pueda parecer una tendencia reciente, este tipo de dinámicas no es nuevo. 

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De Adorno a C. Tangana: cómo la industria convirtió las raíces en tendencia 

Theodor Adorno, Max Horkheimer y la Escuela de Frankfurt son nombres indispensables en cualquier facultad de comunicación alrededor del mundo. Su relevancia radica en que, a pesar de haber sido formuladas hace casi un siglo, sus ideas siguen vigentes y permiten entender cómo opera la sociedad, la cultura y, en este caso particular, la música en la actualidad.

La Escuela de Frankfurt fue una escuela compuesta por un grupo de pensadores alemanes del siglo XX que se dedicó a analizar críticamente la sociedad, la cultura y los efectos del consumismo en la vida cotidiana. Entre sus figuras más influyentes se encuentran Adorno y Horkheimer, quienes plantearon un término que revolucionaría los estudios culturales y sociales: la industria cultural. Introducido en su obra Dialéctica de la Ilustración (1944), este concepto describe un sistema en el que la producción de obras culturales queda subordinada a las lógicas del mercado y a las estructuras del capitalismo tardío.

A diferencia de formas culturales anteriores, que respondían principalmente a impulsos creativos o expresivos, la cultura producida bajo esta lógica comienza a diseñarse para satisfacer demandas de consumo y generar beneficios económicos. En ese proceso, el arte pierde parte de su capacidad crítica y emancipadora, y se convierte en un vehículo de entretenimiento estandarizado que, más que desafiar al espectador, tiende a reafirmar normas y valores dominantes.

En esta línea, Adorno insistía en la necesidad de distinguir entre un “arte auténtico”, capaz de incomodar y transformar al espectador, y un “arte de masas” pensado para el consumo pasivo. Este último, al operar bajo principios de simplificación y repetición, no solo homogeniza las obras, sino también las formas en que el público las percibe y las interpreta.

Sin embargo, esta aparente homogeneización no implica la desaparición de la diferencia cultural. Por el contrario, en el panorama contemporáneo, la industria no solo produce contenidos estandarizados, sino que también incorpora elementos de diversidad —estéticos, geográficos o identitarios— como parte de su propia lógica. Lo que en otro momento pudo haber sido marginal o local, hoy se integra en circuitos globales de producción y consumo, muchas veces adaptado para responder a las dinámicas del mercado. Es en este punto donde las llamadas “raíces culturales” adquieren un nuevo significado: ya no solo como expresión identitaria, sino también como un recurso capaz de generar valor dentro de la industria. 

Hay que ser claros en algo: este interés por explorar las raíces no es nuevo ni mucho menos novedoso. Desde inicios del siglo XXI, varios artistas bien posicionados como Shakira, Calle 13 o Tego Calderón ya habían incursionado en este terreno, algunos incluso con gran impacto dentro del medio. Sin embargo, el punto de inflexión llegó con la pandemia de 2020. Durante ese periodo, el consumo de series, películas y música se incrementó de forma significativa, al punto de que la propia industria comenzó a replantearse qué se escucha, cómo se escucha, pero especialmente, cómo se crea. En otras palabras: estaba buscando un diferencial.

Antes de ese momento, ya comenzaba a gestarse en España una corriente que buscaba fusionar sonidos contemporáneos con tradiciones musicales clásicas y autóctonas. Un ejemplo claro es Rosalía con El mal querer, un proyecto que supuso una verdadera revolución dentro de la música en español. Sin embargo, tras la pandemia, otro artista terminó de demostrar el potencial comercial de esta propuesta: C. Tangana con El Madrileño.

El álbum fue un éxito en múltiples niveles: construyó un archivo sonoro que conectó a nuevas generaciones con la música de sus padres y abuelos, conquistó tanto a la crítica como al público y, además, obtuvo resultados comerciales contundentes. Así, esta corriente dejó de ser una exploración aislada para consolidarse como una tendencia con valor dentro del mercado.

En este punto, y al igual que en la época en la que Adorno y Horkheimer desarrollaron sus ideas, las vanguardias vuelven a ocupar un lugar central. Entonces, como ahora, estas formas de “arte auténtico” no permanecen al margen del sistema, sino que terminan siendo absorbidas por las industrias culturales, que las reinterpretan y las integran dentro de sus propias lógicas de producción y consumo.

Desde ahí, la industria se volcó hacia este movimiento, capitalizando discursos de introspección y conexión cultural incluso en artistas que, hasta entonces, no estaban vinculados a esos entornos. El resultado ha sido diverso: por un lado, han surgido proyectos con una intención estética y cultural profunda, capaces de articular tradición y contemporaneidad de forma convincente y de conectar tanto con la crítica como con el público. Por otro, también han proliferado propuestas que se quedan en la superficie, con narrativas de “autenticidad” prefabricadas y apropiaciones de ritmos y tradiciones que, aunque se presentan como propias, responden más a una lógica de mercado que a un vínculo real con esas culturas.

Lo hemos escuchado antes

Desde éxitos masivos como ‘Waka Waka (Esto es Africa)’ de Shakira, hasta ejercicios más recientes de reconexión cultural como DeBÍ TiRAR MáS FOToS de Bad Bunny, la industria musical ha encontrado en las raíces un lenguaje capaz de circular con fluidez entre mercados globales. En el primer caso, la canción oficial del Copa Mundial de la FIFA 2010 retoma elementos de ‘Zangalewa’ del grupo camerunés Golden Sounds, un tema originalmente asociado al contexto militar que, a través de su estribillo evoca dinámicas colectivas y de resistencia. 

Este “remake derivó en debates ampliamente mediatizados en torno a apropiación, visibilidad y compensación cultural. Aunque el tema funcionó como vitrina global para sonoridades africanas, también puso en evidencia cómo estas pueden ser reconfiguradas bajo lógicas comerciales que privilegian su exportación por encima de su contexto original, incluso por artistas que no comparten necesariamente una nacionalidad o cultura enraizada. 

Algo similar ocurre con la producción más reciente de BTS, que incorpora ‘Arirang’, una canción tradicional coreana reconocida por la UNESCO como patrimonio cultural inmaterial, dentro del concepto y el storytelling de su obra. A través de presentaciones y arreglos contemporáneos, el grupo reintroduce este símbolo identitario a audiencias globales, resignificándolo en clave pop. Sin embargo, lo sigue haciendo dentro de la industria del K-pop, un sistema que, como ha analizado The New York Times, convierte lo local en un producto cuidadosamente empaquetado para el consumo internacional. Este proceso se inscribe en la lógica del Hallyu

Sin embargo, en América Latina este fenómeno se siente distinto. Va más allá del hit o la viralidad y se asoma en proyectos construidos con el tiempo, donde muchos artistas han hecho de sus raíces el centro de su obra y su discografía, ya sea desde el lenguaje o desde los ritmos. Artistas como la mexicana Natalia Lafourcade, por ejemplo, han desarrollado proyectos como Musas, donde colabora con Los Macorinos (un dúo musical famoso por su tradición folklorista) para reinterpretar el cancionero latinoamericano.

El propio Bad Bunny, especialmente a partir de Un verano sin ti, ha integrado ritmos caribeños y/o puertorriqueños tradicionales como la bomba o la plena dentro de una paleta sonora más amplia, en un gesto que la crítica ha leído como una reivindicación de la identidad cultural de la región, pero también leído como una estrategia de diferenciación dentro del mercado global del streaming.

Estos ejemplos permiten observar un patrón en el que la identidad cultural no desaparece dentro de la industria contemporánea, sino que se reconfigura.

La pregunta, entonces, no es si estas expresiones son genuinas o no, sino bajo qué condiciones se producen y cómo circulan. En ese punto, la discusión se desplaza hacia identificar en qué momento dejan de operar como homenaje cultural y pasan a convertirse en capitalización.

¿Homenaje cultural o producto lucrativo?

Este desplazamiento responde a una serie de condiciones estructurales que han sido ampliamente discutidas en la teoría cultural, tanto contemporánea como clásica. Diversos estudios de etnomusicología coinciden en que esta ruptura entre homenaje y producto comienza cuando los elementos culturales son extraídos de su contexto original y reconfigurados bajo una lógica distinta a las que les dio sentido. Esto, en términos musicales, se refiere a la manera en que diversos ritmos, lenguajes o símbolos, dejan de operar como portadores de memoria y pasan a funcionar como meros recursos estéticos. Un estribillo más. Un sonido de background

A esto se le suma además, otro factor: la asimetría de poder. Se convierte en apropiación cuando quienes incorporan estos elementos no sólo están desvinculados a la cultura de origen, sino que además encuentran forma de lucrar con ellos (sea económica, simbólica o mediáticamente).

Recordemos el siguiente caso. En 2015, ‘Lean On’, la colaboración entre Major Lazer, MØ y DJ Snake, se convirtió en un fenómeno viral a escala global. Aunque la letra no remite de forma explícita a un contexto cultural específico, el video oficial adopta una estética inspirada en elementos de diversas culturas del sur de Asia, lo que en su momento no generó un debate significativo frente a su éxito.

Sin embargo, una revisión posterior del proyecto, junto con declaraciones de los propios involucrados, abrió la discusión en torno a la apropiación cultural. En una entrevista, la propia MØ reconoció que el videoclip (en el que aparece junto a Major Lazer, DJ Snake y un grupo de bailarines asiáticos interpretando coreografías de estilo Bollywood) puede entenderse, en retrospectiva, como un caso de apropiación cultural.

En este caso y en ese momento, el gesto dejó de responder a una relación con la cultura que lo originó y pasa a responder a las lógicas del mercado que lo redistribuye. Frente a este escenario, la pregunta no es si es posible evitar por completo esa ambigüedad, sino bajo qué prácticas puede gestionarse de manera más ética. 

Hablemos de inmersión 

La investigación y el vínculo real con la cultura de origen se vuelven fundamentales. No basta con tomar elementos superficiales o estéticos; los proyectos más sólidos parten de procesos de inmersión, diálogo o colaboración que permiten entender el contexto del que emergen esas expresiones.

La colaboración directa con portadores de la tradición aparece como uno de los mecanismos más claros para evitar dinámicas extractivas. La integración de músicos, productores o comunidades vinculadas a esas prácticas no solo enriquece el resultado artístico, sino que también redistribuye el crédito, la visibilidad y sobre todo, el recibimiento. Esto no elimina por completo las tensiones, pero sí modifica la estructura bajo la cual se produce la obra, reduciendo la brecha entre quien representa y quien es representado.

Cuando las raíces se integran desde una experiencia situada, la relación con esa cultura se vuelve menos ambigua y más cercana. Más genuina. Más real.  Ahí tenemos artistas como WordsofAzia y su álbum debut Modern Wihegou, o Milo J y La vida era más corta, que además de ser escogido por ROLLING STONE en Español como el mejor disco de 2025, destacó por su profunda inmersión dentro del folclore y la cultura argentina.

Entonces, más que los elementos técnicos como el sonido, los ritmos o las letras, que sin duda inciden en la dimensión identitaria y el valor cultural de una obra, lo que realmente define la diferencia entre homenaje y capitalización son las condiciones que la rodean. Sobre todo en una industria donde, cada vez más, lo local, lo distinto y lo identitario se han convertido en un nuevo tipo de plusvalía.

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El código Omerta ha llegado, y con él, la ratificación de la hermandad que J Balvin y Ryan Castro han forjado con los años. El nuevo álbum de las estrellas colombianas está conformado por 10 canciones, donde, a través de versos feroces y de alto calibre, se deja en claro que la lealtad es innegociable y cada decisión responde a una convicción compartida.

El génesis de Omerta parte de una reinterpretación del concepto homónimo italiano, pero con una perspectiva paisa que se convierte en una filosofía viva, moldeada por los códigos de barrio de Medellín. En esencia, el álbum nos presenta una historia de honor, lealtad y respeto. 

Con ritmos sonoros que atraviesan el reggaetón, dancehall, trap y hip-hop, Omerta nos presenta la evolución sonora de Medellín. El focus track, ‘Una a la vez’, se desenvuelve en una base de dancehall con percusión de aire costero y ritmos contundentes, mientras que temas como ‘Dalmation’, construyen una narrativa con sintetizadores futuristas y melodías de marimba. 

J Balvin y Ryan Castro estuvieron acompañados de grandes nombres dentro de la industria para este primer álbum colaborativo. ‘GWA’ marca el momento más crudo del disco: una descarga de trap pesado atravesada por la presencia magnética de Eladio Carrión. Luego, ‘Tonto’ lleva la propuesta hacia un terreno más amplio y ambicioso, donde DJ Snake aporta una nueva textura sin romper la cohesión del universo de Omerta. El desenlace llega con el tema que da título a este nuevo material, una producción de SOG que termina convirtiéndose en el corazón introspectivo del proyecto.

J Balvin se ha consolidado como una de las figuras más influyentes en la historia de la música urbana. Su trayectoria representa la expansión global de un movimiento que llevó el sonido latino, el idioma y su identidad cultural a escenarios internacionales. Gracias a su impacto, numerosos artistas de la música latina han encontrado un camino mucho más accesible dentro de la industria global, algo difícil de imaginar antes de la irrupción de Balvin. Por otra parte, Ryan Castro ya no es una promesa musical de Colombia, sino una voz que actualmente se encuentra en una cima artística innegable. Omerta hace una reflexión sobre el traspaso de responsabilidades entre los caminos artísticos en los que se encuentran los cantantes. 

La producción encuentra uno de sus puntos más profundos cuando J Balvin pronuncia “Ryan no te dañes”, una frase breve que funciona como una especie de advertencia silenciosa sobre todo lo que implica sobrevivir dentro de la industria. No suena paternalista; se percibe como la voz de alguien que ya atravesó el peso de la exposición, la fama y las expectativas. Lejos de esquivar ese mensaje, Ryan Castro responde desde la seguridad de quien entiende que mantenerse firme también es parte del éxito. Su intervención gira alrededor de la disciplina y la lealtad personal, incluso cuando el entorno empuja hacia otras direcciones. En paralelo, Balvin utiliza el coro —“All eyez on me, Aprendan todos de mí, Follow me rookie”— para replantear lo que significa convertirse en referente. La idea no apunta a crear imitadores, sino a demostrar que es posible ocupar un lugar central sin desconectarse de la propia identidad. Más que enseñar, se trata de proponer una manera de permanecer.

Tracklist Omerta: 

1. ‘Una a La Vez’

2. ‘Dalmation’

3. ‘Melo’

4. ‘GWA’ ft. Eladio Carrión

5. ‘Medetown’

6. ‘Bengali’

7. ‘Pal Agua’

8. ‘Viernes’

9. ‘Tonto’ ft, DJ Snake 

10. ‘Omerta’ ft. SOG

Escucha aquí Omerta: 

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“Vale madres la vida antes de ti”. Esa corta frase es todo lo que se necesita para entender de qué va el nuevo tema de Silvana Estrada y pablopablo, ‘Antes de ti’, un junte que desde su anuncio, el 26 de abril, encendió las redes y dejó a los fanáticos de ambos a al expectativa de cómo sonaría esta esperada colaboración. El resultado llegó este 8 de mayo por medio de un bello bolero minimalista, acompañado simplemente por una guitarra y la voz de ambos cantantes. El hecho de ser “sencillo” no quiere decir que no sea potente y tremendamente sentimental, abarcando la sensación de que la vida carecía de sentido antes de encontrar a esa persona especial. 

En el video, protagonizado por ambos artistas, vemos su cotidianidad, cada uno por su lado, mientras la canción avanza entre recuerdos y metáforas. Recuerdos sobre su vida antes de conocer a esa persona especial, cuando “eran todo problemas”, cuando se vivía sin su amor; y metáforas donde se refleja cómo esa realidad estaba rota, comparándola con un pocillo con el mango roto, un cajón que no cierra o incluso un aplauso mal dado en medio de una función. Todo esto desemboca en una confesión final donde, a pesar de no haber tenido nada, quien canta asegura haberlo entregado todo.

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La segunda parte recuerda esos primeros encuentros: una borrachera en la Ciudad de México o esos típicos coqueteos donde se exageran las anécdotas para “subir la apuesta”. Así, ambos protagonistas del video terminan encontrándose en un semáforo, llamando la atención del otro casi de inmediato. Ninguno habla; solo se miran tímidamente para luego tomar direcciones diferentes tras el cruce peatonal. Esto nos lleva al final de la canción, con ese sublime coro en el que las voces crecen poco a poco hasta terminar explotando junto a la pista que, al igual que al cierre del primer verso, incorpora toques sinfónicos que hacen aún más bello todo el recorrido del tema.

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Este tema no solo funciona como una colaboración entre dos de las voces más relevantes y prometedoras de la escena hispana; también es una demostración de que lo simple puede ser profundamente hermoso, capaz de provocar emociones tan primitivas como poderosas con apenas un par de acordes de guitarra y, claro, dos voces dulces que juntas resultan hipnóticas.

Y es justamente ahí donde ‘Antes de ti’ encuentra su mayor virtud: en la honestidad. Sin necesidad de grandes arreglos ni dramatismos excesivos, Silvana Estrada y pablopablo logran construir una canción íntima, melancólica y cálida, de esas que parecen hechas para acompañar recuerdos. Un tema que confirma la sensibilidad artística de ambos y que, desde ya, se perfila como una de las colaboraciones más especiales del año.

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Hemos recorrido un largo camino desde que Liam Gallagher negó rotundamente los planes de realizar un documental sobre la tan esperada reunión de Oasis. En 2024, el músico escribió en X: “Ya se ha dicho suficiente sobre esta banda, es hora de empezar con el Rocking and Rolling y no con el parloteo y las peleas”. Resulta que hubo tiempo para todo: el documental de Oasis de Steven Knight, actualmente sin título, se estrenará oficialmente en algunos cines el 11 de septiembre.

“Sinceramente, no puedo esperar a que el mundo vea esta película”, dijo Knight en un comunicado. “Creo que captura el espíritu y la emoción de un momento cultural global y hace justicia al ingenio y la genialidad de dos personas excepcionales. Quería contar la historia de los hermanos y de la banda, pero con la misma importancia, la historia de los fans cuyas vidas han sido tocadas y, a veces, cambiadas para siempre por la música. Es también la historia de cómo la música y la composición pueden unir generaciones, culturas y países y, en una época de rencor y división, darnos a todos una razón para tener esperanza”.

El documental, producido por Knight y dirigido por Dylan Southern con Will Lovelace, incluirá entrevistas tanto con Liam como con Noel Gallagher, lo que marca su primera vez juntos en más de dos décadas. Su gira de reunión, Oasis Live ’25, servirá como eje central de la película. La serie abarcó 41 actuaciones, las primeras juntos desde 2009, entre julio y noviembre de 2025.

“Son simplemente una cita tras otra, son muy divertidos”, dijo Knight anteriormente sobre entrevistar a los hermanos Gallagher para el documental. Durante una entrevista en Project Big Screen, el productor describió la película como “fenomenal” y adelantó que ya existe una versión del estreno que alcanza una ambiciosa duración de cuatro horas.

Después de que la versión final llegue a los cines, el documental de Oasis se transmitirá en Disney+ y Hulu.

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Los Rolling Stones regresan al negro, pero no al azul. El nuevo álbum de la banda, Foreign Tongues, incluye una versión de «You Know I’m No Good» de Amy Winehouse, el tema irreverente de su clásico álbum de 2006, Back to Black.

Jimmy Fallon fue quien dio la noticia durante la aparición de Ronnie Wood en The Tonight Show. «Hacen una versión de Amy Winehouse, que no sé si alguien conoce», dijo el presentador mientras leía la lista de canciones. Acto seguido, ambos interpretaron una magnífica versión a capella de la canción, aplaudiendo y bailando al ritmo del jazz.

“Es un álbum fenomenal”, dijo Fallon sobre Foreign Tongues. Al principio de la conversación, el presentador reveló que él y Wood se encontraron recientemente durante unas vacaciones. En ese encuentro casual, el guitarrista le puso a Fallon el nuevo álbum de los Stones. “También hay muchas estrellas invitadas muy interesantes”, añadió Fallon, mencionando a Paul McCartney y Steve Winwood como artistas destacados.

A principios de esta semana, los Rolling Stones anunciaron su 25.º álbum de estudio y compartieron el nuevo sencillo “In the Stars”. El LP sucede al aclamado Hackney Diamonds de 2023. Ese álbum alcanzó el número tres en Estados Unidos y le valió a la banda un Grammy al Mejor Álbum de Rock. El grupo, cuya formación actual incluye a Mick Jagger y Keith Richards junto a Wood, presentó el proyecto con una sesión de preguntas y respuestas en Nueva York, dirigida por Conan O’Brien.

En el evento, los Rolling Stones revelaron otra aparición especial, aún más sorprendente, en Foreign Tongues: Robert Smith. El líder de The Cure estaba en el mismo estudio de Londres que los legendarios rockeros cuando Jagger se lo encontró. «Le dije: “Nunca te había visto, pero eres Robert Smith de The Cure”. Él respondió: “¡Sí!”. Le dije: “Ya que estás aquí, deberíamos hacer algo”. Y cantó un coro».

Richards también compartió cómo surgió la colaboración con McCartney. Según el guitarrista, McCartney también estuvo en el mismo estudio que los Stones, pero durante las sesiones de su último álbum. “Quería venir a tocar con la banda”, dijo Richards. “Quería cumplir ese sueño”.

Los Rolling Stones grabaron una versión de Amy Winehouse en su nuevo disco

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