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Shakira, Madonna y BTS encabezarán el primer show de medio tiempo en la historia de la final de la Copa del Mundo de la FIFA en Estados Unidos.
Chris Martin, de Coldplay, quien estuvo a cargo de curar los artistas de este año, anunció la noticia en un video en redes sociales junto a Elmo y Cookie Monster con Kermit the Frog, Miss Piggy y más personajes queridos de The Muppets. El evento del 19 de julio se realizará en el MetLife Stadium, en Nueva Jersey, y recaudará fondos para el FIFA Global Citizen Education Fund, una iniciativa que trabaja para brindar acceso a educación de calidad y al fútbol para niños de todo el mundo.
A comienzos de este mes, Shakira lanzó “Dai Dai”, la canción oficial del Mundial 2026 junto a Burna Boy, y su segundo tema para una Copa del Mundo después de “Waka Waka (This Time for Africa)”, que interpretó durante la ceremonia de apertura del Mundial 2010 en Sudáfrica.
Mientras tanto, Madonna regresará al verano boreal al Tribeca Festival con un nuevo proyecto cinematográfico vinculado a su próximo álbum de estudio, Confessions II, que llegará el 3 de julio. La estrella pop presentó en vivo por primera vez el sencillo principal del disco, “Bring Your Love“, durante el show principal de Sabrina Carpenter en el segundo fin de semana de Coachella.
BTS también regresó a comienzos de este año con el lanzamiento en marzo de su sexto álbum de estudio, Arirang, su primer LP en casi cuatro años después de que sus siete integrantes completaran el servicio militar obligatorio en Corea del Sur. BTS llevó su gira mundial Arirang a Norteamérica en abril con la primera de tres noches agotadas en el Raymond James Stadium de Tampa, Florida [mientras tanto, los fans de BTS ya pueden conseguir la nueva edición de Rolling Stone Argentina con el grupo surcoreano en tapa, disponible en Colecciones La Nación].
La semana pasada, la FIFA anunció que Katy Perry, Future, Anitta, Lisa, Rema y Tyla encabezarán la ceremonia de apertura del primer partido del Mundial en Estados Unidos el 12 de junio en el SoFi Stadium, en Inglewood. Estados Unidos enfrentará a Paraguay en el partido inaugural del torneo.
En Canada, Alanis Morissette, Alessia Cara, Elyanna, Jessie Reyez, Michael Bublé, Nora Fatehi, Sanjoy, Vegedream y William Prince subirán al escenario para celebrar el partido inaugural contra Bosnia y Herzegovina en el BMO Field de Toronto. Y la ceremonia de apertura en Mexico incluirá a J Balvin, Tyla, Lila Downs, Los Ángeles Azules, Maná, Alejandro Fernández, Belinda y Danny Ocean antes del partido inaugural del torneo el 11 de junio entre México y Sudáfrica en el Estadio Azteca.
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“La pasamos como el orto”. Joan Manuel Pardo, guitarra y voz, lo dice sonriendo, sin drama. Santiago Luis, batería, asiente. Estamos en Villa Martelli, en el cuartel general de Camionero: una sala de ensayo donde se elucubran riffs furiosos y baterías expansivas, donde todo empieza y donde todo termina de cerrarse. “Todo empezó con este”, dice Santiago señalando a Joan Manuel, “empezando a decir en las notas: ‘Vamos a hacer un disco que va a estar buenísimo’. Yo lo miraba y decía: boludo, no tenemos nada, ¿qué estás diciendo? El año pasado, mitad del año, afirmando eso. Y yo decía: lo quiero matar”. Joan Manuel no se defiende: “Lo decía para autoconvencerme de que tenía que hacer algo”. Cuando por fin lo hicieron, salió en una ráfaga. “Tuvimos que poner todo sobre la mesa y hacerlo”. El resultado es Pruebas de contacto, el tercer disco de Camionero: eléctrico, rockero, a veces monolítico y también contemplativo. Mercurial. Tres meses de cero a cien.
Antes de Pruebas de contacto, Camionero ya había construido un ecosistema propio alrededor del ciclo Tracción a Sangre: una feria autogestiva, un fanzine show a show, y una comunidad que convoca a artistas como Barbi Recanati y Buenos Vampiros, entre otros emergentes de la escena. En la sala y en la entrevista funcionan igual: uno arranca una idea, el otro la completa. Joan Manuel habla, Santiago asiente o suma. Santiago abre un flanco, Joan Manuel lo desarrolla. “En todos los aspectos de la vida. Total”, dice Santiago. El método de trabajo refleja eso. “Hacemos toda la música acá”, dice Joan Manuel. “Acá casi que el tema está terminado, pero con una melodía que no tiene letra. Después eso lo volcamos al estudio lo más fiel posible”. La letra es siempre lo último. “Eso es al final, cuando grabás las voces. Ya tenés toda la canción armada y la letra va na na na na na na“. No hay maquetas, no hay demos prolijos.
En el medio de todo eso, Dylan Lerner, el tercer Camionero. Lo conocieron antes de tener banda. “Nosotros lo vimos en vivo en el Roxy y en Niceto”, cuenta Joan Manuel. “Tenía una banda que era un dúo, Soldadores. La recontra flashamos”. El problema era uno solo: cantaba en inglés. Ellos iban a hacer lo mismo, pero en castellano. Después Santiago le mandó un mensaje en frío pidiendo que masterizara el primer EP. Sin plata. “Me copé”, recuerda Dylan. Desde entonces no se fue. Para Pruebas de Contacto, las baterías se grabaron en Estudio Coco, las guitarras en Estudio Romaphonic, y las voces en Estudio Velozet, el cuartel de Dylan. Grabó aproximadamente doce amplificadores por tema, cambiando seteo y afinaciones canción por canción. “Dylan me dijo que estaba recontento con lo del mastering de afuera porque se sacó un peso encima”, dice Joan Manuel. La masterización quedó en manos de Brian Lucey, el mismo que trabajó en AM de Arctic Monkeys, El Camino de The Black Keys y otros clásicos del rock contemporáneo.
Santiago es el archivador de Camionero. Joan Manuel lo admite sin culpa: él no guarda nada. Para cada una de las diez canciones de Pruebas de Contacto hay un historial guardado en las carpetas de Santiago -demos, versiones previas, nombres que ya no existen. “Él guarda todo porque está esperando que venga alguien a preguntar”, dice Joan Manuel. Santiago sonríe: “Por fin”. Abre una carpeta. Pone play.
1 — “Mala suerte, varón”
“El tema se iba a llamar Yerba mate. El estribillo decía eso”. Joan Manuel lo dice sin vueltas. “En un momento decía ‘Yerba mate, pasión’. Había una cuestión identitaria ahí, de raíces. Y al final fue un problema y lo tiramos por la borda”. La letra demoró una semana entera y frenó el disco completo. “Yo personalmente la pasé mal con esa letra porque estaba muy bloqueado, no me salía un carajo”. Cuando llegó, llegó con dos voces contrapuestas. “Hay una voz que dice ‘mala suerte, varón’, tipo ‘jodete’. Y también se pone, si querés, político. Si lo querés llevar al boludo del presidente, le entra perfecto”. La pusieron primera porque “era la que más identificaba el sonido Camionero. Por todas sus partes parece más complejo, pero en realidad nos sale natural”.
2 — “Pruebas de contacto”
Santiago venía con una idea que anotó en el celular: ‘bajo consumo’. “Estábamos muy pasados de rosca, tocábamos demasiado”. El concepto del disco empezó ahí y para hacerlo tuvieron que pausar toda la vorágine del ciclo Tracción a Sangre. “Este tema era un tema al que no le dábamos dos mangos”, admite Joan Manuel. “Estaba todo grabado y decíamos: no sabemos cómo va a terminar”. En el estudio empezó a tomar forma. Santiago abre la carpeta y muestra la anotación original. La bautizaron con el nombre del disco porque en fotografía, las pruebas de contacto son las tiras de negativos donde ves todas las imágenes juntas antes de elegir. Un disco que también es eso: parar, mirar todo junto, y elegir.
3 — “Amuletos”
“Esta canción tuvo mil vueltas. Se llamaba ‘Paraíso calamar’, para orgullo de los hinchas de Platense, estamos en la zona”, dice Joan Manuel, riendo. “Yo estaba jugando con afinaciones diferentes. Está afinada en re menor. Era como medio Pappo bossanovesco”. El problema era que no encajaba. “Era un tema que para un disco de Camionero estaba como raro. Le dimos un montón de vueltas. Lo llevamos lento, lo llevamos rápido”. Santiago tenía dudas. “Para mí era el tema que menos garpaba. Al no tener la letra, tampoco sabés si va a funcionar”. El punto de quiebre llegó con la letra. “Cuando él le encuentra ‘solo dejó el odio’”, dice Santiago, “ya está, es eso.” El triángulo que entra en el estribillo hizo el resto. “El triángulo está buenísimo. Lo bajás y vas de vuelta arriba. Corta la letra y van de vuelta con la viola”. “Nuestros amuletos de la suerte/ correrán una carrera contra la muerte” es un coro para cantar a los gritos.
4 — “Una última oferta”
Santiago abre la carpeta. En la lista de canciones pegada en la pared de la sala, con los tempos anotados al costado, el track 4 dice una sola palabra: “SKAY”. “El principio es super Skay”, dice Joan Manuel. Skay Beilinson, el guitarrista de Patricio Rey, ese riff característico, esa guitarra que arrastra. “Pero después se va. Evoluciona”. En la mezcla el riesgo era otro. “Lo primero que hacés la llevás a los Redondos. Era un sampler tipo super ricotero. Y dije: no, salgamos un poquito de ahí”. Lo que quedó tiene capas. “Se va acomodando y queda algo medio Camionero. Y lo encontrás”.
5 — “Botón de pánico”
“Yo me imaginaba como una cosa medio New Order”, dice Santiago. “Oscuro, pero después que saltara”. En la sala la construyeron buscándola, buscándola, buscándola hasta encontrarla. “Teníamos que reproducir eso en el estudio y la verdad que quedó muy parecido a lo que hacíamos acá”. Santiago lo define con una referencia precisa: “Para mí este tema tiene, si nos tenemos que autocopiar, un poco de ‘Guerrero atípico’ (de Todo lo sólido se desvanece en el aire) y de ‘Genio del Abasto’ (de Club Camionero). Tiene toda una evolución melódica similar, una vuelta muy larga que no está cerrando nunca”. Joan Manuel lo describe así: “Arrancás muy tranqui, después te colocan una frecuencia muy alta”. El tema sube, sube y sigue subiendo. “Es el largo mántrico”, dice. “Sigue subiendo, sigue subiendo. ¿Dónde lo cortamos?” La solución fue una sola guitarra, sin duplicar. “Era la forma que él tocaba, que parecía que tenía delay pero no. Y ya no necesitaba otra cosa”.
6 — “Fiebre”
“Esta fue la primera que grabamos”, dice Joan Manuel. “Volví de Rock en Baradero con fiebre. Estaba tirado, tenía toda la presión de las letras, no tenía ni una. Y arranqué con esta”. El desbloqueo fue total: “Hice esta y empezaron a caer todas”. Santiago precisa la referencia sonora sin dudar: “Es lo más Neil Young que hicimos. Soy refana de Neil Young”. Esa viola distorsionada pero linda, esa cosa épica que se despega. Joan Manuel lo confirma: “Arranca tranqui y se pone más épica”. La pusieron sexta. Fue la primera.
7 — “Busco la paz”
“Es lo más stoner rock que hemos hecho en toda la carrera”, dice Santiago. “Somos refanas del stoner rock, lo que pasa que nos fuimos como para otros lados. Pero la canción lo llevó por ese lado”. Joan Manuel explica el estribillo: “Busco la paz no es que llegué a la paz. Es que estoy necesitando la paz. Un torrente violento sacude mi cuerpo. Es la descompresión”. Fue el único tema que llegó verdaderamente verde al estudio. “Se resolvió al final acá y lo llevamos así”.
8 — “Criaturas calientes”
“Antes se llamaba ‘Luz caliente’. Era como medio Red Hot”, recuerda Joan Manuel. El demo era funkero, demasiado. Había que sacarlo de ahí. Con el cambio de nombre cambió todo. Es una de las dos canciones que tenían listas el año pasado y decidieron esperar. “A mí me pasaba que eran demasiado elaboradas, era como: el disco va a ir por acá. Entonces le dije a Santiago: aguantemos”. El demo era larguísimo, con un final que iba subiendo con los tops. “Estaba buenísimo ese final”, dice Joan Manuel. Lo sacaron igual.
9 — “Catedrales”
En la lista pegada en la pared, con los tempos anotados al costado, esta canción tenía un solo nombre: “El Mató”. Ese sonido de Él Mató a un Policía Motorizado (guitarras que van creciendo, temperatura que sube despacio). “Al principio era más Rolling Stones, tenía una viola y se iba por otro lado”, cuenta Joan Manuel. “Hasta que le fuimos quitando cosas y quedó ese sonido”. Santiago es arquitecto. Se vino de Comodoro Rivadavia a estudiar. Tenía doce años cuando murió su madre. Hizo una letra (“pero al lado de la letra que hace él son unas cagadas”, dice) y se la dio a Joan Manuel. “Te la doy y hacé lo que quieras”. Joan Manuel recibió eso y escribió lo que escribió. “Para mí la catedral tiene algo simbólico, primero por la arquitectura, y después lo religioso, los edificios que van como al cielo. Todo el tiempo está la idea del cielo. Imaginar a alguien que está a la distancia que no podés ver, pero imaginás que te está viendo. Y sabés que no te lo vas a cruzar”. La voz de Santiago está en el estribillo (más grave, pero está). Ya le mandaron la canción a Santi (Motorizado). Les encantaría que la cante con ellos. “Antes lloraba cada vez que la escuchaba”, dice Santiago. “Ahora ya no. Pero en vivo se me va a hacer mierda”. Todavía tiene pendiente cantarla.
10 — “Mi esqueleto”
“Esperaré hasta que venda mi esqueleto/ Un hueso a la vez: costillas, promesas/ Pido perdón por no estar presente. “Siempre cerramos los discos con un tema lento. Es nuestra marca y la gente ya lo sabe y lo espera”, dice Santiago. “Él no quería cerrar con esto, pero yo le digo: tiene que ser nuestra marca”. Joan Manuel cedió. Reflexiona sobre el disco y sobre esta canción que lo cierra: “Es la apuesta fuerte nuestra. Nuestra parte ya la hicimos: componer, grabar y dar todo lo que podemos dar. La respuesta nunca la sabés”.
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Foo Fighters presentó una nueva sesión para el formato Tiny Desk, en la que adaptó su sonido de estadio a un espacio mucho más reducido sin modificar su esencia festiva. Antes de la grabación, el grupo trabajó durante semanas en los arreglos del set e incluso replicó las dimensiones del escritorio de NPR en un espacio de ensayo para preparar la presentación. “Si nos pones instrumentos en las manos y hay gente enfrente, es divertido tocar”, comentó Dave Grohl durante la sesión.
El repertorio abrió con ‘Spit Shine’, uno de los temas incluidos en Your Favorite Toy, el nuevo álbum de la banda lanzado el pasado 24 de abril. Después interpretaron ‘Learn to Fly’, canción originalmente publicada en There Is Nothing Left to Lose de 1999.
La sesión también incluyó ‘Child Actor’, otro tema de Your Favorite Toy con un enfoque más contenido en comparación con el resto del set. Para cerrar, Foo Fighters recurrió a dos de las canciones más reconocidas de The Colour and the Shape de 1997, ‘My Hero’ y ‘Everlong’.
La alineación de la presentación estuvo conformada por Dave Grohl en voz y guitarra, Pat Smear en guitarra, Chris Shiflett en guitarra y coros, Nate Mendel en bajo y coros, Rami Jaffee en teclados e Ilan Rubin en batería y coros.
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Los Red Hot Chili Peppers vendieron su catálogo de música grabada a Warner Music Group en un acuerdo valuado en más de 300 millones de dólares.
Cinco años después de que la banda vendiera sus derechos de publicación en un acuerdo de 150 millones de dólares, el catálogo grabado de los Peppers —que abarca 13 álbumes de estudio, de los cuales los últimos nueve fueron lanzados a través de Warner— más que duplicó aquella cifra en una operación concretada el viernes, según reportaron The Hollywood Reporter y Billboard.
La compra del catálogo de los Chili Peppers formó parte de un acuerdo más amplio entre WMG y Bain Capital, una empresa conjunta que hasta ahora ha adquirido alrededor de 650 millones de dólares en derechos musicales y de publicación. El acuerdo con RHCP representa aproximadamente la mitad de esa cifra, mientras que el destino del gasto restante aún no ha sido revelado, de acuerdo con Billboard.
En mayo de 2021, Red Hot Chili Peppers vendieron sus derechos de publicación a Hipgnosis Songs Fund por cerca de 150 millones de dólares. Según The Hollywood Reporter, esos derechos podrían volver a cambiar de manos, ya que Hipgnosis —ahora conocida como Recognition Music Group — se encuentra en proceso de ser adquirida por Sony Music Group como parte de un acuerdo multimillonario.
El catálogo de música grabada de los Red Hot Chili Peppers, que genera alrededor de 26 millones de dólares anuales y pertenecía directamente a la banda, había estado en el mercado desde el año pasado con un precio estimado de 350 millones de dólares, reportó previamente Billboard. Warner Music Group era un comprador lógico, ya que el sello ha sido hogar de la banda desde Blood Sugar Sex Magik de 1991. Los primeros cuatro LPs del grupo fueron publicados a través de EMI.Red Hot Chili Peppers lanzaron por última vez Unlimited Love y su sucesor inmediato, Return of the Dream Canteen, en 2022. Hasta el momento, ni la banda ni Warner Music Group han comentado públicamente sobre la adquisición
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Hace cinco meses, Ariana Grande bromeó sobre necesitar ‘un cerebro extra y cuatro brazos más’ para volver a entrar en modo álbum. Su disco más reciente, Eternal Sunshine, llegó hace dos años y posteriormente tuvo una edición deluxe lanzada el año pasado. Probablemente eso habría sido suficiente para mantener satisfechos a los fans por un tiempo más, pero Grande no pudo evitar regresar al estudio: su octavo álbum, Petal, llegará el próximo 31 de julio.
Grande se encontrará en plena gira de Eternal Sunshine cuando el disco vea la luz. El año pasado, la cantante habló sobre cómo su relación con la música ha cambiado mientras dedica más tiempo a proyectos cinematográficos, como Wicked y la próxima comedia Focker-in-Law.
‘Es muy ingenuo de su parte asumir que, solo porque tengo las manos llenas con muchas cosas, planeo abandonar el canto y la música’, escribió la artista en Instagram. ‘Es y siempre ha sido mi salvavidas. Tendrá que haber espacio para todo eso’.
Petal nació precisamente de ese espacio que Ariana creó entre todos esos proyectos. Esto es todo lo que sabemos sobre el álbum.
Petal surgió del lado más audaz de Ariana Grande
‘¡Sorpresa!’, dijo Ariana Grande al presentar Petal ante Republic Records. La cantante reunió a su equipo del sello para escuchar un adelanto del disco, momento que capturó y compartió en un video teaser en Instagram.
Al explicar el concepto detrás del álbum, Grande describió el proyecto como ‘un poco salvaje’, y añadió: ‘Definitivamente viene de un lugar al que quizá antes me daba demasiada pena o donde era demasiado educada para profundizar. Esto simplemente se siente como un “a la mierda”’.
Ariana Grande comenzó Petal como un ‘experimento de escritura’
En el video donde explica el álbum a su sello discográfico, Ariana Grande contó que el proceso creativo del disco implicó ‘romper con distintos tipos de vínculos negativos, ya fueran mis propios monstruos en mi cabeza, voces externas o cosas que ya no me sirven’.
Desde la perspectiva compositiva, el proyecto también representó un nuevo reto para la artista. ‘Fue un experimento de escritura para mí usar eso como plantilla, de manera que pudiera hablar de algo y compartirlo’, explicó, ‘y que las personas pudieran interpretarlo como quisieran y aplicarlo a sus propias vidas’.
El primer sencillo del álbum es una de las canciones favoritas de Ariana Grande
El viernes 8 de mayo, Ariana Grande reveló el título del primer sencillo de Petal. ‘Hate That I Made You Love Me’ será lanzada el próximo 29 de mayo.
En una publicación de Instagram, la cantante elogió el tema y aseguró que se trata de ‘una de mis canciones favoritas que escribiré en toda mi vida’.
Petal reúne nuevamente a Ariana Grande con Max Martin e Ilya
En su publicación anunciando ‘Hate That I Made You Love Me’, Ariana Grande señaló que coprodujo la canción junto a dos de sus colaboradores de larga trayectoria y ‘seres humanos más queridos del mundo’, Max Martin e Ilya Salmanzadeh.
Los productores y compositores trabajan con Grande desde My Everything de 2014, aunque la alianza creativa entre ellos se consolidó plenamente durante Eternal Sunshine. ‘No puedo esperar a que sea suyo’, escribió la artista.
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Los gritos comienzan apenas pasando la zona de reclamo de equipaje, cuando el primer destello de cabello gris violáceo asoma por encima del muro de seguridad que separa a la banda de pop coreano más grande del mundo —y de la historia— de sus fans. En medio de una histeria ensordecedora, los siete jóvenes de rostro afable que integran BTS atraviesan el Aeropuerto Internacional de Los Ángeles escoltados por largas filas de corpulentos empleados con camisetas amarillas de ‘Event Staff’. Los chicos sonríen, saludan y, con la eficiencia de la realeza británica, logran abrirse paso entre cientos de adolescentes y jóvenes para subir a unas camionetas Escalade negras, el vehículo que los conduce directo al corazón del mainstream estadounidense.
Es mediados de noviembre y BTS acaba de llegar desde Corea del Sur, impulsado por la devoción de sus admiradores, una comunidad diversa que se hace llamar ARMY —acrónimo de ‘Adorable Representative M.C. for Youth’. El grupo está en la ciudad para una serie de apariciones televisivas de alto perfil: del aeropuerto parten al programa de James Corden; al día siguiente estarán con Jimmy Kimmel; después visitarán a Ellen DeGeneres, quien comparará su llegada a Estados Unidos con la de los Beatles en 1964. Sin embargo, la principal razón de su visita es interpretar su éxito ‘DNA’ en los American Music Awards, una presentación que los convertiría en la tendencia número uno de Google y rompería un récord Guinness de interacciones en Twitter.
El líder del grupo, RM —abreviatura de ‘Rap Monster’—, de 23 años y con una ambición evidente, compara el vertiginoso viaje con ‘surfear una ola gigante’. Pero a las nueve de la mañana del día siguiente a su llegada, el ambiente se parece más a ‘fichar para entrar al trabajo’. Estamos en un estudio de ensayo cuando representantes de los AMA llegan para tomar fotografías promocionales en el estacionamiento. El extrovertido J-Hope, también de 23 años, MC y ex campeón de street dance, sale con los brazos en alto gritando: ‘¡Hola! ¡AMA! ¡Whoa!’. Los demás aparecen poco a poco, con menos dramatismo, y esperan su turno para ser arreglados sobre el asfalto por un equipo de estilistas que también viajó desde Seúl.
Ahí está Jimin, de 22 años, el más atractivo y a la vez más travieso del grupo, ex alumno destacado de danza contemporánea, afeitándose el mentón mientras una mujer le sostiene un espejo. V, cantante de mirada permanentemente sorprendida y de 21 años, otro ex estudiante de arte que debutó en televisión el año pasado con un drama histórico coreano, deja que le cepillen y acomoden su característico cabello gris violáceo. Un hombre utiliza un palillo dental para retirar algo de los dientes de Suga, quien, al igual que RM, comenzó su carrera como rapero underground. Jungkook, vocalista principal de 20 años y ferviente admirador de Justin Bieber, quien se unió a BTS a los 15, recibe una línea de delineador en los ojos.
Mientras tanto, Jin, cantante de 25 años y aspirante a actor, tan atractivo que fue reclutado por un cazatalentos mientras caminaba por la calle, avanza en silencio entre el caos. Su séquito es enorme; dejo de contar después de las treinta personas. Hay managers, publicistas, un coreógrafo, un masajista, el intérprete, estilistas, personas con cámaras, guardias de semblante serio y varios choferes con auriculares.
En casa, BTS prácticamente ya solo compite contra sus propios récords: vistas de videos, preventas de álbumes y posiciones en las listas de popularidad. Y ese fenómeno ya comenzó a expandirse a otros países. Su más reciente EP, Love Yourself: Her, que incluye una canción escrita junto a Andrew Taggart de The Chainsmokers, encabezó la lista de álbumes de iTunes en 73 países. Además, BTS se convirtió en el primer grupo de pop coreano en irrumpir de lleno en el mainstream estadounidense, gracias a un remix de ‘MIC Drop’ realizado por Steve Aoki, que recientemente logró entrar al Top 40.

‘Somos muy afortunados de vivir en esta época, en 2017’, dice RM, el único integrante capaz de mantener una conversación fluida en inglés. ‘Cuando publicamos un tuit, se traduce a más de 30 idiomas’. Las letras del grupo —casi completamente en coreano, pero subtituladas en YouTube y traducidas en sitios como Genius— son una parte fundamental de su éxito internacional. Las canciones de BTS abordan temas como la depresión y la ansiedad. Promueven ideales sociales progresistas, como el empoderamiento femenino y la aceptación de personas de distintos orígenes. Incluso hablan de la inquietud interna que implica abandonar caminos profesionales menos comerciales para convertirse en ‘idols’, como se conoce a las estrellas del K-pop.
Los fans de BTS valoran la empatía, honestidad e independencia de la banda, temas especialmente demandados por las audiencias pop occidentales actuales. Además, BTS lleva ese mensaje sobre producciones hiper modernas e inteligentes —muchas veces realizadas por los propios integrantes— que absorben influencias del EDM, el rap y el R&B contemporáneo. Piensa en artistas como Major Lazer, Justin Bieber, DNCE, Logic, The Chainsmokers o Nick Jonas, y conviértelo en un collage ligeramente extraño pero profundamente adictivo.
Después de la sesión de fotos, los chicos entran a ensayar su presentación para los AMA. Desde el silbido inicial de ‘DNA’, funcionan como un organismo único, de múltiples extremidades y absoluta concentración. Jin, quien normalmente parece melancólico, despliega miradas coquetas y movimientos de manos perfectamente sincronizados. Bromean un poco —Jimin le agarra el trasero a Jungkook después de que este ejecuta un giro casi de ballet—, pero permanecen completamente enfocados.
Una hora después, a las 10:40 de la mañana, toman agua apresuradamente mientras varias mujeres intentan refrescarlos agitando enormes abanicos de papel decorados con los rostros de los propios integrantes. Jin se queda dormido por unos minutos en una silla con ruedas, aunque pronto lo despierta el masajista, decidido a clavarle el codo en el hombro; Jin hace una mueca de dolor mientras sucede. Minutos más tarde, V grita con la boca abierta mientras un asistente trata una llaga dentro de su mejilla. Más adelante, RM terminará bailando con un pañuelo ensangrentado en la nariz: el jet lag y el ritmo constante de trabajo terminan pasando factura. Un almuerzo temprano de hamburguesas frías y papas fritas parece una recompensa mínima, pero ellos comen sin contenerse.
BTS, acrónimo de Bangtan Boys —‘Boy Scouts a prueba de balas’, en coreano—, fue construido alrededor de RM y terminó de consolidarse a través de audiciones. El grupo fue armado por una compañía pequeña, Big Hit, dirigida por el compositor Bang Si Hyuk, conocido como ‘Hitman’, quien cofundó una de las llamadas Big Three de la industria, JYP Entertainment, antes de dejarla atrás. Esa historia le da a BTS un atractivo de underdog. Y aunque la banda surgió dentro del famoso y riguroso sistema del K-pop —viviendo juntos en dormitorios y entrenando de manera constante—, RM asegura que Big Hit les ofrece una libertad artística relativa.
Prueba de ello es que, en una reinterpretación singular del tradicional fan service del K-pop, BTS construye mitologías alrededor de sus álbumes, como ocurrió con Wings, lanzado el año anterior, cuyo concepto parte de Demian, la novela de formación publicada en 1919 por Hermann Hesse. La temática atraviesa las letras, el arte visual y los videos. No queda del todo claro cómo toman forma esas subtramas, aunque resulta fácil imaginar la participación de RM, quien suele leer autores como Haruki Murakami y Albert Camus.
‘Intentamos construir nuestro propio universo BTS’, explica. ‘Tal vez era arriesgado inspirarnos en novelas tan antiguas, pero creo que terminó funcionando aún mejor. Para nuestros fans, se siente como una caja de regalo. Es algo que no encuentras fácilmente en artistas estadounidenses’. Después, compara esa construcción narrativa con Star Wars.
‘Lo más importante de crear nuestro universo es su capacidad de expansión’, añade Suga, el integrante más contemplativo del grupo, a través del intérprete. ‘Como nace de nuestras propias vidas e intereses, podemos expandirlo tanto como queramos y nunca se siente ajeno a nosotros. Eso nos permite tener más diversidad en las historias que contamos y en la música que hacemos’.
¿Se sienten lo suficientemente libres como para escribir sobre la política coreana? RM responde que están trabajando en una canción que aborda el tema de manera sutil, aunque Suga advierte que el asunto ‘está lleno de riesgos, no de forma literal, sino por la posibilidad de ser malinterpretados por jóvenes que quizá aún no han desarrollado completamente su sensibilidad’. Él prefiere enfocarse en generar entendimiento antes que ‘incitar conflictos’. Durante la entrevista del mediodía, el resto del grupo permanece en silencio, salvo para enviar saludos a ARMY y admitir que desean más oportunidades de crossover internacional. Como resume J-Hope: ‘Sería un honor trabajar con cualquiera’.

RM asegura que, más allá de romper nuevos récords, la misión de la banda es promover la individualidad, algo que no siempre se fomenta en Corea del Sur. ‘Especialmente en Corea, existen todos estos estándares: casarte, entrar a una buena universidad’. ¿Y cómo planean transmitir ese mensaje? Sonríe antes de responder: ‘Con mejor música y presentaciones más increíbles’.
Después de agotar entradas en arenas de California, Chicago y Nueva Jersey, BTS ya planea una gira aún más grande por Estados Unidos en 2018. El grupo se mueve en un territorio sin precedentes. A diferencia de PSY, su éxito en el mercado estadounidense no nació de un fenómeno viral aislado; su ascenso en las listas fue gradual y no muestra señales de desaceleración. Aunque en el pasado descartaron la idea de lanzar un álbum completamente en inglés, este año RM ya interpretó versos en inglés en un remix junto a Fall Out Boy y en una colaboración con Wale.
A la 1:30 de la tarde llega el momento de prepararse para su aparición con Jimmy Kimmel. Sigo a BTS desde el estudio de danza hasta el pasillo cercano a su camerino. Hay una mesa plegable cubierta de anillos plateados, collares llamativos y aretes colgantes listos para elegir. En el suelo descansa una enorme bolsa tipo ziplock llena de sandalias Puma idénticas. Después de retocar peinados y ajustar vestuarios, los integrantes suben a las cuatro camionetas Escalade sin el menor alboroto.
Mientras nuestra caravana avanza por Hollywood Boulevard y gira hacia la pequeña calle que conduce al backlot y al escenario al aire libre de Jimmy Kimmel, los vemos: más de mil fanáticos de BTS que estallan en gritos apenas nos detectan. Llevaban horas esperando. Más tarde, Mac Burrus, productor musical del programa, me cuenta que un grupo de cinco adolescentes pasó dos noches completas ahí, en la calle y dentro de bolsas de dormir.
En el green room, por fin llega un momento de calma. Suga y RM comen plátanos. Jin juega en su Nintendo Switch. Jungkook y J-Hope se recargan somnolientos uno sobre el otro en el sofá. V se acuesta en el suelo para que el masajista le ajuste el cuello con una brutal torsión digna de un asesino profesional, antes de acomodarse en otro sillón para ver Carpool Karaoke. Cerca de las cuatro de la tarde, los productores llevan a un par de madres ARMY para un sketch donde molestan a sus hijas —todavía formadas afuera— mediante FaceTime desde el ‘santuario’ de BTS. Más tarde, las chicas regresan y aprovecho para hablar con ellas. Ambas descubrieron a BTS a través de YouTube. Adriana, de 24 años, está aprendiendo coreano ‘despacio pero con seguridad’ para escuchar a los integrantes en su propio idioma. Rosa, de 18, insiste: ‘El idioma no es una barrera cuando se trata de música’.
A las 6:20 de la tarde, BTS se dirige al escenario. Desde atrás, el sonido se parece al de una montaña rusa llena de pasajeros gritando al mismo tiempo. Un trabajador veterano del staff pasa junto a mí con una sonrisa incrédula y murmura: ‘Esto es una locura’.
Desde bambalinas observo cómo la banda arrasa con un set de seis canciones que provoca lágrimas, manos cubriendo rostros y gritos constantes. Durante ‘Save Me’, una canción con ecos de Where Are Ü Now, el público ejecuta un ‘fanchant’ perfectamente coordinado al estilo K-pop, coreando en sucesión rítmica el nombre real de cada integrante. Apenas logro escuchar la música, así que no caigo en cuenta hasta el final de que BTS parece no utilizar pistas vocales de apoyo, como suelen hacerlo grupos estadounidenses o británicos: rapean y cantan cada parte completamente en vivo mientras ejecutan coreografías ininterrumpidas.
Cuando todo termina, poco después de las siete de la noche, un agotado J-Hope se deja caer sobre el asfalto, fuera de la vista del público y de su propio equipo. Respira con dificultad, el pecho agitado y los ojos completamente abiertos. Treinta segundos después se reincorpora y corre para alcanzar al resto de los integrantes de BTS, que ya desaparecen por el pasillo rumbo al green room. Justo antes de doblar la última esquina, una voz chillona estalla detrás de mí: ‘¡Dios mío! ¡J-Hope volteó a verme!’.
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De alguna manera, el Tiny Desk de NPR logró acomodar a los seis integrantes de Foo Fighters en una reciente visita a sus oficinas, donde el grupo interpretó un repertorio de cinco canciones que incluyó sus grandes éxitos y “Spit Shine”, el sencillo de su álbum Your Favorite Toy con el que abrieron la sesión. El entorno abarrotado no pareció afectar a la banda, acostumbrada a los amplios escenarios de estadios; el líder Dave Grohl se inclinó hacia el micrófono para rugir: “Saben que realmente me importa un bledo”, antes de que el resto del grupo tomara el relevo con coros melódicos. Al terminar, simplemente sonrieron y Grohl bromeó diciendo que el micrófono es “el instrumento más difícil de tocar de todos”.
Luego, antes de arrancar con “Learn to Fly”, Grohl le dijo a los presentes lo especial que era este concierto para él. “Es un honor estar aquí”, comentó. “He visto muchísimos de estos programas de Tiny Desk y tengo varios favoritos. Debo decir que cuando vi a Trouble Funk apretujarse en este pequeño espacio de oficina, pensé: ‘No es tan pequeño’… Pero es genial estar aquí”.
El resto del repertorio incluyó “Child Actor” (también de Your Favorite Toy) y dos de los éxitos más emblemáticos de la banda, “My Hero” y “Everlong”, de su álbum de 1997 The Colour and the Shape. Al finalizar, Grohl se acercó nuevamente al micro y dijo: “Gracias, fue muy divertido”, mientras las decenas de empleados de NPR vitoreaban y aplaudían.
Aparte de una presentación en el festival BottleRock Napa Valley, la próxima oportunidad que tendrán los fans norteamericanos de ver a Foo Fighters será cuando regresen para una gira de casi dos meses en agosto, comenzando en el Rogers Stadium de Toronto.
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