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La púa cae sobre el vinilo y eso que suena viejo no es viejo: es un truco. Es una generación entera de chicos y chicas con los pies y el ADN metidos hasta el fondo en Brasil, que agarra su folklore, lo abraza primero, siempre primero, y recién después lo hace chocar con los ritmos del resto del mundo. Rescatan discos (son devotos del octogenario guitarrista y tecladista carioca Arthur Verocai), maneras de grabar, la calidez de lo analógico, la cinta corriendo, para llegar a un sonido que se reconoce en el cuerpo antes de entenderse con la cabeza. Conocido, sí. Pero con otra vuelta de rosca. Y esa vuelta de rosca es todo.
Si bien existieron diferentes momentos en los que había indicios de que algo se estaba gestando, la explosión se dio encerrados. En 2020, en plena pandemia, cuatro amigos del colegio decidieron pasar la cuarentena juntos en un departamento de Río de Janeiro y de esa convivencia nació Bala Desejo, una banda de fuerzas compuesta por: Dora Morelenbaum, Julia Mestre, Lucas Nunes y Zé Ibarra. La juntada tuvo lo único que la peste podía regalar: exposición digital y ojos de sobra buscando algo a lo que agarrarse. Terminó en Sim Sim Sim, disco ganador del Latin Grammy 2022 en la categoría Mejor Álbum de Pop Contemporáneo en Lengua Portuguesa. Por si hiciera falta la confirmación del suceso, “Passarinha”, una de sus canciones más escuchadas, sonó en la novela Travessia de Rede Globo. Todo lo que en el país vecino se llama un fenómeno.
Pero en la letra chica es donde está el verdadero relato. Ese disco lo editó Coala Records, sello brasilero dedicado a la vanguardia de la música brasileña contemporánea. Sí: ese Coala, el que vino del Festival. Y después, cuando los integrantes se largaron como solistas, apareció Mr. Bongo, un sello independiente británico con base en Brighton que se dedica a las músicas del mundo. Con eso pusieron un pie del otro lado del charco, para estirar la influencia y exportar las canciones. De un departamento en Copacabana a las bateas del Reino Unido: el mapa lo dibujaron ellos.
Hoy el grupo ya no existe. Pero dejaron algo escrito con fuego: en la música popular brasileña, el futuro llegó hace rato. Y llegó, además, por un cruce generacional que no cayó del cielo, nació gracias al Coala Festival.
La máquina de encuentros
El Coala se creó en 2014 en São Paulo, fundado y curado por Gabriel Andrade, con una idea tan simple como necesaria: darle un gran escenario a la música brasileña en un momento en que los festivales de la ciudad apostaban sobre todo a artistas internacionales. Con los años se transformó en referencia por sus “encuentros”, esas colaboraciones inéditas que no pasan en ningún otro lado, y por una idea que es casi una ética: el pase de bastón entre las grandes figuras de la MPB y la nueva generación.
La lista de quienes pisaron ese escenario es imponente: Gilberto Gil, Gal Costa, Milton Nascimento, Ney Matogrosso, Caetano Veloso, Jorge Ben Jor, Liniker, entre otros. Y la de quienes se subieron juntos es donde aparece la magia: Marcos Valle, Céu y Joyce Moreno; Fernanda Abreu y Marina Lima; Fafá de Belém y Johnny Hooker; Jards Macalé y Ana Frango Elétrico. El Coala no arma grillas: arma parentescos.
En la edición 2022 pasó algo mínimo y enorme a la vez. Gilberto Gil subió al escenario en familia, su hijo Bem Gil en guitarra y bajo, su nieta Flor Gil en teclados y voz y, al lado de ellos, también en guitarra y bajo, un tal Guilherme Lirio. Y ahí se desprende el otro punto, el que sostiene toda esta historia: la nueva generación se mezcla.
Un árbol genealógico
El hilo es un policial como The Wire, la serie de David Simon, en la que una persona buscada te deriva a un tablero de pruebas lleno de implicados. Empecemos por Guilherme Lirio, guitarrista y bajista que aparece en todas partes. Tocó en la banda de Gilberto Gil, sí, pero además coprodujo, con la propia Frango, el single en el que ella reversiona a Marcos Valle, “Não Tem Nada Não”, con el mismísimo Valle cantando. Y mete la guitarra en Pique, el disco debut de Dora Morelenbaum, y en AFIM, el segundo de Zé Ibarra.
Frango, una de esas artistas superlativas que aparecen esporádicamente, produjo Pique entero, donde aparece el track “Essa Confusão”, canción que Dora firma a cuatro manos con Zé Ibarra. Y esa misma canción también está en AFIM: Ibarra la regrabó, con arreglo de cuerdas del cellista Jaques Morelenbaum, padre de Dora, y para producir el disco eligió a su excompañero de banda, Lucas Nunes, que lo coprodujo. Nadie se suelta la mano.
Estos cruces también se asemejan a una telaraña. Un movimiento de artistas que graba en cinta, que pone el foco en la producción, en el cuidado de los instrumentos, en la vuelta a lo analógico como quien vuelve a la casa materna.
Y de esa telaraña salen, ahora mismo, dos hilos que llegan a Buenos Aires. La otra pata de Bala Desejo, Julia Mestre, presenta Maravilhosamente Bem el 29 de agosto en Deseo Club, Av. Chorroarín 1040, CABA, junto a Chechi de Marcos (entradas acá). Y Marcos Valle, ese señor cuyos discos hacen explotar todos los sets de los DJ que pinchan en vinilo, se presenta junto a Frango en el mismo espacio el 16 de septiembre (entradas acá). Un anticipo de lo que va a ser esta primavera porteña.
Padrinos mágicos
Además tienen padrinos mágicos, y de los grandes. Zé Ibarra acompañó a Milton Nascimento en su gira de despedida, guitarra y voz al lado del maestro, un pasaporte a la visibilidad internacional, y comparte escenario con Ney Matogrosso, que le regaló algo más difícil de comprar: transversalidad etaria, el don de sonarles a los pibes y a los abuelos al mismo tiempo.
Y está Dora, que además de tener un debut cinco estrellas como Pique, carga con un apellido que es una partitura. Es hija de Jaques Morelenbaum, arreglador que trabajó con Tom Jobim, Caetano Veloso y Gal Costa, y que hasta se dio el lujo de un cameo en Hable con ella de Pedro Almodóvar. Su mamá, Paula Morelenbaum, fue integrante de la “Nova Banda” de Jobim. El álbum de Paula Telecoteco, de 2008, debe su nombre a una palabra del ambiente brasileño de los años 50 para “swing”; nació de su propia investigación sobre las canciones de las décadas del 40 y del 50, y en lo musical es, otra vez, siempre otra vez, una integración de sonidos acústicos y electrónicos.
Ahí está la clave del encuadre: esa mezcla de investigación y presente es exactamente la misma que usan también artistas como Tim Bernardes, Rubel, Sessa, Marcelo Cabral, Bruno Berle. Es una manera de escuchar el pasado sin nostalgia y de grabar el futuro sin miedo.
Bala Desejo se disolvió, sí. Pero el tendal quedó a la vista: solistas repartidos entre São Paulo, Río, Brighton y, en unas semanas, Buenos Aires. La cinta sigue corriendo. El folklore, primero. El mundo, después. Y el futuro, ya está dicho, llegó hace rato.
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Richard Lloyd, guitarrista y cofundador de la banda Television, ha sido diagnosticado con cáncer de vías biliares; se puso en marcha una campaña en GoFundMe para ayudarle a él y a su familia a cubrir los gastos médicos. Según la campaña creada por Sean Seymour, amigo y compañero de banda de Lloyd, el músico fue diagnosticado en marzo con una forma rara y agresiva de cáncer de vías biliares conocida como colangiocarcinoma.
Seymour señaló que Lloyd, de 74 años, presenta tumores en el hígado y uno cerca de un vaso sanguíneo importante, lo que impide a los médicos realizar cualquier intervención quirúrgica por ahora. Además, el guitarrista de Television estuvo ingresado en la UCI en siete ocasiones, incluyendo dos episodios de sepsis y complicaciones renales y hepáticas. Sheila O’Keefe, esposa de Lloyd, dejó su trabajo para dedicarse a cuidarlo a tiempo completo.
Debido a su enfermedad, Lloyd no puede realizar giras ni ofrecer conciertos. «Para un músico en activo, esto es devastador; no solo porque actuar es lo que ama, sino porque las giras son su principal fuente de ingresos», escribió Seymour. «Al igual que la mayoría de los músicos profesionales, Richard se ve abrumado por unos gastos médicos agobiantes y por los costes continuos de salir adelante cada mes mientras no puede trabajar». Seymour también mencionó que existen «problemas de derechos de autor pendientes desde hace unos dos años», lo que ha generado una fuente adicional de estrés para Lloyd y O’Keefe.
La campaña de GoFundMe de Lloyd tiene como objetivo recaudar 80.000 dólares para cubrir sus gastos médicos y de manutención mensual. Hasta el 24 de agosto, se habían donado aproximadamente 48.000 dólares. “Richard pasó décadas compartiendo su música con los demás. Ahora nos toca a nosotros devolverle algo“, concluyó Seymour. “Tuve la suerte de acompañar a Richard en el escenario durante los últimos cuatro años. Ahora, me gustaría estar a su lado de una manera diferente”.
El icono del punk Patti Smith confirmó a Rolling Stone que donó 5.000 dólares a la campaña de GoFundMe “en agradecimiento por su contribución musical en Television y más allá, que nos inspiró a todos”. Según se informó, Kathy Valentine, bajista de The Go-Go’s, y Brian Ritchie, bajista de Violent Femmes, también realizaron donaciones, al igual que Susan Tweedy, esposa del líder de Wilco, Jeff Tweedy.
Marquee Moon, el álbum debut de Television publicado en 1977, es considerado ampliamente como uno de los mejores discos de punk de todos los tiempos. La banda se formó en Nueva York en 1973 y se disolvió por primera vez en 1978, tras el lanzamiento de su segundo álbum. Television publicó un disco más en la década de los noventa y realizó reuniones esporádicas en las décadas posteriores, pero se disolvió oficialmente en 2023 tras la muerte de su líder, Tom Verlaine. Fred Smith, bajista de Television, falleció en febrero de este año, y desde entonces Lloyd ha trabajado como músico en solitario.
“Por lo general, soy una persona bastante optimista y estoy afrontando esto [el diagnóstico de cáncer] con entereza, pero la situación se ha vuelto muy difícil para nosotros solos y estamos pasando por apuros económicos”, escribió Lloyd en un comunicado dentro de la campaña de GoFundMe. “Por eso pido su ayuda. Si pueden hacer una donación, por favor háganlo. De lo contrario, les ruego que difundan el mensaje entre amigos que puedan ayudar y personas que me conozcan”.
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★★★★
Weezer siempre ha tenido una afinidad por los álbumes conceptuales, ya sea porque está imaginando cómo serían “unos Beach Boys más rudos” (Pacific Daydream, 2017), haciendo sus propias versiones de hits radiales (The Teal Album, 2019), reconectando con su lado más sensible (OK Human, 2021) o rindiendo tributo al metal ochentero (Van Weezer, 2021). Para su LP número 20, que técnicamente es autotitulado pero también es conocido como The Gold Album, el concepto es altamente irónico pero, al mismo tiempo, directo. Además, suena como uno de sus trabajos más clásicos. “Hay algo especial en tus primeras creaciones”, canta Rivers Cuomo —medio en broma y medio en serio— al inicio de ‘C.E.O.’, un himno cuyo sonido remonta directamente a su hit de 1994, ‘Undone (The Sweater Song)’. Esta idea es la base de un disco que imagina lo que hubiese sucedido si la banda hubiera publicado un álbum de transición en 1995, entre su debut en 1994 con The Blue Album y su obra maestra de 1996, Pinkerton. The Gold Album, como su nombre lo sugiere, es, de hecho, oro puro.
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La agrupación describió el proceso del disco como “menos charla, más rock”. En ‘Say Yes’, la canción que abre el LP y que comparte título con el clásico de 1997 de Elliott Smith, se puede escuchar cómo la actitud impasible que suele definir su música empieza a mermar. El vocalista comienza expresando en tono suspicaz su poca autoconfianza. “Todos me van a hacer sentir miedo/Así que solo pienso en que me van a pagar”, entona mientras el resto del grupo musicaliza estas dudas con una tonada enigmática. Sin embargo, la canción termina teniendo un coro tan pegadizo como ‘Buddy Holly’ o ‘The Good Life’, con letras que intentan transformar el ritual rutinario de hacer temas de rock alternativo en una afirmación positiva.
Hay una sensación de liberación a lo largo de The Gold Album. Con Kenny Beats (Rico Nasty, Vince Staples, Geese) en la producción, la banda adquiere un sonido más garage rock de lo que acostumbra, incluyendo guitarras que se inclinan más hacia el desert rock que al power pop. Es por eso que cuando cortes como ‘Don’t Make It Weird’ o ‘Shine Again’ pasan de riffs pesados a coros más luminosos, el mensaje cala más hondo que lo que hubiese podido lograr un disco normal de Weezer. En la sentimental ‘We Might as Well Be Strangers’, las guitarras parecen lamentarse al igual que Cuomo cuando rima cosas como “hablando de Nietzche” con “te necesito mucho”, versos que grita en compañía de Karly Hartzman de Wednesday, una de las múltiples bandas que tomaron inspiración del cuarteto californiano.

Cuomo pasa gran parte del disco rumiando en la crisis de la mediana edad que enfrentan sus fans, incorporando un toque crudo e introspectivo a su sonido cálido y familiar. ‘Hoops’ es toda una queja que comienza con, “Compré una tostadora simplemente para hacer tostadas/Pero antes tuve que escanear un código QR”. Amén, hermano. Y en ‘Nowhere’ hace su propia protesta al estilo NIMBY (“no en mi patio trasero”): “¿Por qué tuvieron que talar los árboles solo para construir un condominio de mierda?”. El frontman vocifera la consigna sobre un riff envolvente y efusivo que evoca dos de sus influencias más importantes de rock californiano: el espíritu anti-dispersión urbana de ‘Big Yellow Taxi’ de Joni Mitchell y la actitud audaz de Kyus.
Como es usual para una banda que ha hecho de su autoconsciencia impasible su lugar seguro, los momentos que más destacan del álbum ocurren cuando su estilo característico logra aludir a dudas que se tratan dentro del rock en sí mismo como, “¿Esto se sigue sintiendo real o estamos siguiendo la corriente? ¿Realmente importa saber la diferencia?”. ‘C.E.O.’ hace un contraste entre la visión inocente de un Cuomo adolescente que experimenta con su guitarra, y la cruel realidad de tener que seguir tocando los mismos sonidos noventeros para complacer a los empresarios. Allí, batalla entre contener sus impulsos de “científico loco” para poder seguir manteniendo “el cohete impulsado”, una metáfora que el fan del común puede interpretar como cualquier responsabilidad adulta que se tenga. Ciertamente no es el primero en hacer esta observación, pero el encanto y emocionalidad del grunge permite que la reflexión se entienda mejor.
El tema que cierra el disco, ‘The LA Sound’, es la estocada final de The Gold Album. Escrita por el guitarrista Brian Bell, es una fotografía de lo que es ser un grupo emergente que poco a poco va ganando fans a medida que toca en bares de mala muerte. “Venimos a explotar tu mente/Vamos a encender este lugar”, dice Weezer en el coro acompañado del tipo de rock alternativo que la hizo popular hace más de 30 años. Esta agrupación ha relatado su experiencia personal con los rituales del rock desde ‘In the Garage’, por allá en los días de The Blue Album, y aquí lo sigue haciendo con el mismo cariño. Resulta que, después de tantos años, todavía funciona que Weezer siga siendo Weezer.
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Ella Yelich O’Connor, la artista conocida como Lorde se hizo famosa a una edad muy temprana. A los 16 años ya había alcanzado el estrellato con ‘Royals’ y su primer álbum Pure Heroine (2013). Luego, lanzó Melodrama (2017), uno de los álbumes de pop alternativo más galardonados de los últimos años. Sin embargo, la presión de la fama combinada con inseguridades personales y una necesidad de hablar del cambio climático, resultó en Solar Power (2021), una crisis existencial que se manifiesta en la forma de cielos despejados, playas doradas, círculos de meditación y un verano que anhela por un nuevo orden mundial.

La portada expone una toma que captura a la cantante saltando, se puede ver la arena, el océano y las islas en las esquinas inferiores. Su figura borrosa se oscurece en contraluz con el sol, el cielo azul y una que otra nube.
Esta imagen representa un tipo de intimidad diferente al del álbum anterior, donde su cara era el sujeto principal, ahora el resto de su cuerpo se oculta detrás de sus piernas largas, deformadas por el lente ojo de pez. Su vestuario revelador comunica una sensación de libertad que se diferencia radicalmente de su personalidad hasta ese entonces. Salió de su habitación, cambió su ropa oscura por un amarillo chillón y se fue a las playas de Nueva Zelanda donde salta sin preocupaciones esperando tener el descanso sanador que tanto ha buscado.
La naturaleza y la cultura maorí
En múltiples entrevistas, la vocalista insistió que este proyecto era una “celebración de la naturaleza”, por eso no produjo CD, para mitigar el efecto ambiental. No obstante, esta misión es más aparente en las canciones de ‘The Path’, ‘Solar Power’ y ‘Fallen Fruit’, algunos de los temas que incluyó en Te Ao Mārama, un EP que tomó cinco pistas del proyecto para traducirlas al idioma maorí.
The Spinoff provee más detalles acerca de los desafíos de realizar esta versión, “El maorí utiliza muchas metáforas del mundo natural para transmitir significados. Si a esto le sumamos los distintos dialectos del país, con sus propios lugares emblemáticos, historias y referencias específicas, no existen dos traductores que interpreten las cosas de la misma manera. Esto es especialmente cierto cuando, como dice Kāretu, se interpretan ideas en lugar de palabras”.
Ella describe la labor de descomponer, reflexionar y reinventar sus letras como una oportunidad de representar a Nueva Zelanda ante el mundo, además, brinda mayor profundidad a los sentimientos que las letras buscaban expresar en inglés.

CC: Hagen Hopkins/Getty Images
Sin importar la calidad del álbum final, la contribución de Lorde a la preservación del lenguaje indígena es algo irremplazable, como lo pone Tīmoti Kāretu, el tōtara [líder] de más de 80 años del movimiento te reo Māori, “Cualquier plataforma donde reside el lenguaje es buena para este. Le brinda una reputación y audiencia que no tendría ordinariamente… siempre y cuando lo pronuncien de manera correcta. La pronunciación de Ella fue muy buena”.
Las canciones más destacadas fueron ‘Te Ara/The Path’, porque incluye a Tāwhiri, el dios de los elementos cuando se refiere al “complejo divorcio de las estaciones”, y ‘Hine-i-te-Awatea/Oceanic Feeling’ que invoca el nombre de la hija del sol, la diosa de los nuevos comienzos, Hine-i-te-Awatea, al terminar el tema con la voz de un nativo cuyo nombre se desconoce. Este EP brinda más claridad a la intención de Lorde, algo que fue lo más complejo de descifrar en este disco. Además, los fondos recaudados de este proyecto se donaron a dos fundaciones, Forest and Bird y Te Hua Kawariki Charitable Trust.
Escapismo adolorido
La identidad sonora de este álbum es acústica y noventera, la cantautora fue inspirada en la música de su juventud y la de sus padres. The Mamas & The Papas fue una gran referente; le brindó una dirección que la llevó a la guitarra eléctrica y una mezcla de referencias de los setentas, noventas y años 2000… elementos que, a pesar de colaborar con Jack Antonoff, terminaron estereotípicos y desaturados en varios momentos.
Las temáticas flotan y se transforman bastante de canción a canción, algo que produce una narrativa confusa que complica el mensaje que intentaba transmitir. Los primeros sencillos que la cantante decidió compartir antes del lanzamiento del álbum lo dicen todo.
En ‘Solar Power’, se deleita en la playa mientras se burla de la ‘estética de líder de secta’ de la cultura del bienestar con la frase “Soy como un Jesús más bonito”, además enlistó la ayuda de Clairo y Phoebe Bridgers para las voces en el fondo de la mezcla. La segunda canción que se reveló, ‘Stoned at the Nail Salon’, la muestra en un torbellino de pensamientos poéticos y dudas sobre sí misma, al son de una guitarra eléctrica solitaria que la acompaña mientras declara “Es hora de relajarse/lo que sea que eso signifique”.
La tercera canción, ‘Mood Ring’, considerada la peor del álbum (posiblemente de su carrera), se sumerge por completo en los estereotipos del turismo de sanación. Su intención era parodiar esa práctica, sin embargo, se pierde en una nube de marihuana e ilusiones de “algún lugar del este” y nunca llega a una crítica contundente. La última, ‘Fallen Fruit’, es un tema destacado que protesta la catástrofe climática dejada por las generaciones anteriores; como ella misma dice, la gente joven se quedó “bailando sobre la fruta caída” y en búsqueda de un mejor futuro.
Las canciones que completan el álbum también exploran sus pensamientos acerca de la fama con ‘The Man with the Axe’ y ‘California’. En otras ocasiones, habla de un hombre abusivo en ‘Dominoes’. Intentó aportar algo de luz a sus arreglos musicales con pistas como ‘Secrets from a Girl (Who’s Seen it All)’, pero nunca alcanzó la intensidad del primer sencillo.
El cierre final, ‘Oceanic Feeling’, es el más claro de todos en su concepto y ejecución. Las cigarras de su ciudad natal empiezan a sonar mientras piensa en saltar desde Bulli Point como lo hacía su padre cuando tenía su edad al mismo tiempo que se escucha un minúsculo cameo de ‘400 Lux’, un sonido emblemático de su debut.
Los sintetizadores se despiertan, los bongos se alzan y el bajo la acompaña mientras habla de su hermano, piensa en cómo sería su hija y canta sobre abandonar ‘el pintalabios negro cereza’ que ‘acumula polvo en un cajón’. Se desvanece en el silencio mientras se pregunta si al final encontró lo que buscaba y espera un nuevo comienzo.
Este tema fue una de las dos canciones del disco que tocó en el Ultrasound World Tour de 2025, la otra fue ‘Big Star’, una dedicatoria a su perrita, Pearl, que murió en octubre del 2019
La pista extra ‘Hold No Grudge’ ayuda a dar cohesión a la narrativa y sirve como un rayito de sol sonoro que no llegó al montaje final; sin embargo, el proyecto en su conjunto adolece de una “extrañeza” general, casi como si todavía estuviera en el salón de uñas en su mente mientras fracasa en disfrutar del sol que tanto quiso volver a sentir sobre su piel.
Una duda integral
En aquel entonces, parecía muy feliz; en muchas entrevistas resaltaba como este LP le traía recuerdos de la naturaleza, el sol y la dicha del sol neozelandés. Sin embargo, en su entrevista con Zane Lowe, admite que también estaba pasando por un momento difícil y que había luchado con un trastorno alimenticio.
En retrospectiva, afirma que en este disco rechazaba su lado más cosmopolita y artístico a favor de volver a sentirse como una persona común y corriente, algo que “no se sintió bien”, confesó: “Intenté este tipo de rechazo en Solar Power, pero faltaba algo; esas canciones me acariciaban la piel, pero no me llegaban a las entrañas. Decía que ‘¡Esta no es la mejor manera de aprovechar el mejor momento de tu vida!’”.

CC: Billboard / Colaborador / Getty Images
Con Virgin (2025) podemos apreciar lo que nacía bajo el cuarzo y el incienso de aquella época. Esta etapa significó un paso más para aceptarse por completo y encontrar esa “versión más auténtica” de ella.
El hecho de que haya pasado un tiempo complejo no borra la diversión que tuvo en esta “era musical” y viceversa. Aunque muchos fans preferirían olvidar este álbum mediocre que los dejó con más preguntas que respuestas, algunos aprovechan la oportunidad para aferrarse a lo que podría haber sido la salvación que anhelaban a finales de 2021 y recordar lo que significa trascender de verdad.
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Después de varios años expandiendo su propuesta mediante la exploración de nuevos sonidos y colaboraciones que ampliaron su alcance dentro de la música mexicana, Marca Registrada decidió mirar hacia atrás, pero con la firme decisión de no repetir lo que ya hizo.
En ‘Cero Miedo’, el grupo sinaloense encabezado por Fidel Castro recupera el acordeón, el requinto y el tololoche, elementos que marcaron sus primeros años, además de una forma directa de contar historias. Es un regreso al sonido norteño con el que comenzó su trayectoria en Culiacán y que ayudó a construir su identidad antes de convertirse en uno de los nombres más visibles de la nueva generación del regional mexicano.

Formada a mediados de la década de 2010, la agrupación encontró desde sus primeros trabajos un lugar dentro de la música norteña y el corrido. Su debut, La Vida Ruina, llegó en 2015 y les permitió abrirse paso en la industria; con el paso de los años, el grupo fue ampliando su propuesta y su alcance, especialmente a través de colaboraciones y producciones con una factura cada vez más contemporánea. Ahora, la dirección es otra.
“Decidimos volver al estilo original de Grupo Marca Registrada porque es tiempo de reencontrarnos con nuestras raíces, con lo que nos identifica. Creemos que la música está en el momento adecuado para hacer las cosas diferentes, para ser un poquito diferentes”, explica Castro. “Eso es lo que siempre ha identificado a Marca Registrada: tratar de ser diferente y nadar contra corriente”.
La elección de instrumentos tampoco es casual. El acordeón y el tololoche forman parte de la tradición sonora de la música norteña, un género cuya instrumentación fue cambiando con el tiempo, pero que históricamente encontró en estas combinaciones uno de sus rasgos más reconocibles.
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En ‘Cero Miedo’, ese regreso también se traslada a las historias. La canción retoma algunos de los temas que han atravesado la música de Marca Registrada: el camino recorrido, la familia, las dificultades y la desconfianza que puede aparecer cuando llegan el éxito y nuevas responsabilidades. Sin embargo, volver al origen no significa volver a ser los mismos.
El lanzamiento inaugura una etapa en la que la música recupera parte de su raíz, mientras la imagen del grupo avanza en otra dirección. En el video oficial, el grupo mantiene elementos asociados a su identidad, como los sombreros, las botas y la estética western, pero los presenta bajo una propuesta visual más definida.
Detrás de esta nueva etapa está Siete Cactus, firma mexicana encargada de la dirección creativa de Marca Registrada y Fidel Castro. Según explican, la intención no ha sido reemplazar la identidad que el grupo ya tenía, sino trabajar sobre ella y llevarla hacia una imagen más sólida. Para Aldo Haro, conocido como Vaquero Sensible, director creativo y cofundador de Siete Cactus, ese regreso tiene además un significado particular dentro del momento que atraviesa la música mexicana.
“Para mí, Marca Registrada representa ese estilo bragado que puso las bases de todo lo que estamos viendo hoy. Antes de que lo tumbado llegara a todo el mundo, ya estaban esos batos de a deveras: con carácter, con su manera de hablar y de hacer música. Siento que hoy hay algo muy poderoso en volver a mirar a dónde está la raíz de todo el movimiento actual”, señala.

En un panorama en el que buena parte de la música mexicana sigue cruzándose con otros géneros y explorando nuevas fórmulas, Marca Registrada eligió hacer algo distinto: regresar a un terreno que conoce desde hace más de una década. ‘Cero Miedo’, entonces, no busca reproducir exactamente al grupo de sus primeros años. El punto de partida es el mismo, pero el contexto es otro. El grupo vuelve a sus raíces con la experiencia acumulada desde entonces: la música mira hacia el origen, mientras la imagen sigue avanzando.
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El patrimonio de Mac Miller compartió una nueva canción del artista titulada «Butterflies». El tema formará parte de The Divine Feminine (10th Anniversary), cuyo lanzamiento está previsto para el 2 de octubre, junto con otras dos canciones inéditas. Aún no se han anunciado los títulos de los otros temas nuevos.
«Butterflies» fue producida por Taylor Graves y cuenta con la participación de Thundercat —colaborador habitual de Miller— al bajo y de Daniel Hardaway a la trompeta. En este tema hipnótico de ritmo moderado, Miller canta sobre una posible conexión amorosa: «Más vale conducir despacio / si quieres recorrer el camino elevado / y tu mente es tan apasionada, busco tu amor y / esa sensación me resulta tan ajena, solo puedo imaginarla / chica de ensueño, eres mi chica de fantasía».
Junto con el sencillo, el patrimonio del artista lanzó un nuevo sitio web de Mac Miller, diseñado en colaboración con James Musgrave y Kate Doyle para XXIX. El sitio es un homenaje interactivo a la vida y obra del rapero, fallecido en 2018, e incluye material de archivo aportado por amigos y colegas a lo largo de los años.
Miller publicó The Divine Feminine, su cuarto álbum de estudio, en 2016. El disco contó con colaboraciones de Kendrick Lamar, Anderson .Paak, CeeLo Green, Ty Dolla Sign y Ariana Grande; esta última participó destacadamente en uno de los sencillos, «My Favorite Part». El álbum recibió, en general, críticas mediocres. Rolling Stone escribió: «Las bases musicales de Miller —que denotan madurez— chocan con sus fanfarronerías juveniles (“Yo solo como coño; los demás necesitan comida”), por lo que a menudo termina sonando como un chico bienintencionado que no puede evitar poner los pies sobre los muebles elegantes».
Lista de canciones de The Divine Feminine (10th Anniversary):
- Congratulations feat. Bilal
- Dang! feat. Anderson. Paak
- Stay
- Skin
- Cinderella feat. Ty Dolla $ign
- Planet God Damn feat. Njomza
- Soulmate
- We feat. CeeLo Green
- My Favorite Part feat. Ariana Grande
- God Is Fair, Sexy, Nasty feat. Kendrick Lamar
- Track 11
- Track 12
- Butterflies
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