Logo
search
Logo

Síguenos en Redes

TikTok Instagram Facebook YouTube

El Festival Internacional de Cine de Cannes está a punto de llegar a su fin, pero como sucede cada año, en sus diferentes actividades ha habido espacio para abordar problemáticas que todavía afectan a la industria cinematográfica. El fin de semana, Cate Blanchett se sentó junto al periodista francés Didier Allouch para charlar sobre su carrera y reflexionar sobre algunas de las causas que ha defendido.

Te puede interesar: Javier Bardem en Cannes 2026: ‘Los que van haciendo supuestas listas negras de actores son los que van a ser expuestos’

En uno de los momentos más importantes de la conversación, la actriz australiana se mostró decepcionada por la manera en que el movimiento #MeToo se ha desvanecido con el paso de los años. “Hay muchas personas con plataformas que pueden hablar con seguridad y decir, ‘Esto me pasó’, y esto ha impulsado a la mujer del común a decir #MeToo. Entonces, ¿por qué se ha dejado de hacer?”, apuntó. “Lo que el movimiento reveló es que se trata de abuso sistémico, no solo en esta industria sino en todas, y si no identificas el problema, no lo puedes resolver”.

Más adelante, habló sobre cómo en la industria del cine sigue habiendo una gran disparidad de género cuando se habla de los equipos detrás de las cámaras: “Cuando voy a sets de grabación y hago la cuenta del personal, todos los días, aún hay unas 10 mujeres y otros 75 hombres”. “Amo a los hombres, pero lo que pasa es la misma situación de siempre. Tienes que adaptarte y estoy acostumbrada a hacerlo, pero llega un punto en el que se convierte en una situación aburridora para todos cuando trabajas en un lugar homogéneo. Considero que tiene una repercusión en el trabajo”, señaló.

Días antes, también en Cannes, Julianne Moore habló sobre la presencia de las mujeres en cargos dentro del cine distintos a la actuación, y aseveró que la disminución de la representación ha afectado otros oficios. “No hay representación en cargos ejecutivos, en los medios, ni en la educación superior. Hay muchos lugares en los que no tenemos la representación que merecemos, así que siento que es un problema mayor”, dijo. La actriz estadounidense añadió que la única forma de cambiar el panorama es seguir insistiendo y utilizando los privilegios que se tienen para levantar la voz y contratar más mujeres.

Pese a que reconoció que la situación sí ha mejorado desde que inició su carrera en los 80, recordó un rodaje en el que las únicas mujeres en el set era una asistente de cámara y ella. “Esto ocurrió cuando Hillary Clinton perdió las elecciones, y juntas nos sentimos devastadas. Le dije, ‘Mira alrededor, somos las únicas aquí’”, relató. No obstante, Moore destacó que para las mujeres sus mejores aliadas son otras mujeres pues existe respaldo, se contratan entre sí y son quienes escriben historias que sí cuentan como representación.

The post Cate Blanchett lamenta que el movimiento Me Too se haya desvanecido con el tiempo appeared first on Rolling Stone en Español.

A cuatro décadas de Llegando los monos (1986), disco fundamental de Sumo, el bajista Diego Arnedo recordó el origen completamente accidental del título del álbum. Fue en la entrevista para la reciente nota de tapa de Divididos en Rolling Stone donde el músico recordó una vieja escena callejera junto a Roberto Pettinato en Villa Gesell.

“Estábamos en Gesell, con Pettinato y no sé con quién más… y teníamos que hacer como propaganda de un concierto de un barcito”, empieza relatando Arnedo. Según cuenta, salieron a la calle improvisando una especie de promoción ambulante para un show. “Yo agarré, no sé si era un altoparlante, un cono… un cono con una cartulina, y empecé a decir: ‘Llegando los monos’”.

Ver esta publicación en Instagram

Una publicación compartida por Rolling Stone Argentina (@rollingstonear)

“Decía el nombre del bar y de las calles… de la 4 y no sé qué. La Mar en Coche, alguno de esos”, recordó el músico antes de imitar nuevamente el grito improvisado: “¡Llegando los monos!, ja ja ja, llegando los monos, llegando los monos”. La frase empezó como un delirio callejero, pero se convirtió en el título del próximo disco de Sumo.

“Y bueno, quedó la frase de una propaganda callejera de nosotros mismos. Y fue al disco. Así son las cosas, viejo”, cerró Arnedo.

Con canciones como “Los viejos vinagres”, “El ojo blindado”, “Nextweek”, “Heroína” y “Mañana en el Abasto”, que consolidaron la identidad de una banda que ya no sonaba a nada conocido en la Argentina de mediados de los ochenta, Llegando los monos, el segundo álbum oficial de Sumo, , editado el 22 de mayo de 1986, fue un estallido creativo que terminó de sacar al grupo del under para convertirla en una anomalía irrepetible dentro del rock argentino: punk, reggae, funk, no wave y caos urbano comprimidos en poco más de cuarenta minutos.

The post 40 años de ‘Llegando los monos’: la insólita historia detrás del título del disco de Sumo appeared first on Rolling Stone en Español.

El mismo día en que la Selección Argentina se coronó campeón del mundo en el Estadio Azteca, Sumo grabó, a las once de la mañana del domingo 29 de junio, un furioso set de dos canciones en Feliz domingo para la juventud. El programa ómnibus se transmitía en vivo a través de Canal 9, pero las bandas invitadas tenían que registrar su participación antes de las trece horas, horario de inicio de las maratónicas jornadas conducidas por Silvio Soldán en donde varios colegios secundarios competían por un premio mayor, el anhelado viaje a Bariloche para una división completa. Algunos grupos optaban por la salida del playback, los músicos de Sumo optaron por el overol: no dudaron un instante en enchufar sus instrumentos y sonar como si no hubiera un mañana. Venían sin dormir luego de una noche interminable que incluyó un show en la discoteca Electric Circus de Quilmes. Tocaron canciones del segundo álbum, Llegando los monos, que tenía poco más de un mes de vida y ya pintaba para disco de adhesión instantánea. Primero sonó “Que me pisen”, un reggae cargado de argentinidad mientras la audiencia estudiantil agitaba banderas nacionales en un rito festivo a la espera de la gran final, pero es la versión furibunda de “Los viejos vinagres”, un funk sostenido por el saxo tenor de Roberto Pettinato y el bajo monumental de Diego Arnedo, la que desató la locura compartida. Luca Prodan, enfundado en una campera de cuero, cubre su cabeza rapada con una peluca y domina toda la escena, la banda en segundo plano luce su clásico look variopinto, es una mezcla entre The Clash –circa Combat Rock– y una cuadrilla de Segba, hay pantalones militares, borcegos y anteojos de sol. La imagen del día de la final de México 86, que permanece inalterable en YouTube, funciona como un termómetro del instante perfecto que vivía la banda más atípica del rock argentino modelo 1986. Desde las tribunas, pibes y pibas que no superaban los 17 años cantan el estribillo robado a Rubén Darío: el “¡Juventud divino tesoro!” baja de las tribunas como una aprobación y el cantante devuelve el gesto alzando la mano derecha a favor de una “v” peronista. Sumo era popular y nacional, al menos en ese momento diferido.

Entre marzo y abril, Sumo registró Llegando los monos en los estudios Panda. Las condiciones de grabación mejoraron de manera ostensible frente al disco debut: tanto la elección de Panda como la presencia de Mario Breuer en la operación técnica y mezcla determinaron que la banda acariciara, por primera vez, el sonido que lograba en vivo. Luca se mantuvo a distancia de las decisiones finales. Grabó sus partes vocales con rigor espartano y ofició de consigliere en algunas cuestiones. La locura estaba sobre los controles en donde Diego Arnedo, Ricardo Mollo, Germán Daffunchio y Roberto Pettinato bombardeaban a Breuer, un auténtico piloto de tormenta en un mar de libaciones y sustancias. Nada alejado de los usos y costumbres de una época signada por la idea del estudio como zona liberada para la experimentación con estímulos externos y la búsqueda por retener el flash del instante creativo.

“En cuanto al significado de Llegando los monos, tiene tres sentidos”, cuenta Luca en una entrevista firmada por Adriana Mercuri en la revista Pelo. “El primero hace alusión a la vuelta de los milicos (no tenés más que ver lo reiterativo de la historia argentina). El segundo habla de nosotros y el tercero es anecdótico. Resulta que estábamos en Villa Gesell y no teníamos un mango porque la municipalidad nos había prohibido tocar a raíz de que yo había puteado a una vieja. Después la señora se volvió a Buenos Aires y pudimos tocar. Entonces salimos con un altavoz a la playa y nosotros mismos gritábamos: ‘No es una alucinación. Está Sumo en Villa Gesell… llegando los monos’”.

Por primera vez la voz de Sumo llegaba a la tapa de Pelo, el retrato de Luca por encima del icónico logo de la revista suponía un reconocimiento de la publicación reforzado por el título (“Sumo – Éxito para el under”). En el número 270 de julio de 1986, el italiano errante habla del reciente lanzamiento y posa junto a la banda, en ninguna de las fotos disimula un magullón sobre su ceja derecha. La imagen abona la leyenda del peleador callejero, en la nota no hay mención a las marcas que en una de las fotos interiores son aún más notorias.

“En realidad, este es el segundo disco para la CBS, pero es el tercero de la banda. El primero es una casete de producción independiente llamado Corpiños en la madrugada. Llegando los monos surgió de una cuestión íntima, no sé para los demás. Yo soy algo así como el director musical, tenemos mucha creatividad. Hicimos temas que la gente no conoce. Pero ahora estamos en la de grabar un disquito por año, obedeciendo a las exigencias del público. Y bueno, yo quiero al público…”, dice Luca que nunca escondía la importancia de aquel registró inicial que se vendía en los recitales y en algunas disquerías. En aquella grabación todavía no habían ingresado Mollo ni Alberto “Superman” Troglio y la batería estaba a cargo de Alejandro Sokol. El título del nuevo álbum remitía directamente a aquel verano fatídico.

40 años de ‘Llegando los monos’, de Sumo: un estallido desde el under
El afiche de anuncio de salida del disco Llegando los monos, un cargamento explosivo.

La gira veraniega de Sumo casi termina con la banda. En septiembre de 1983, Timmy MacKern –manager y el gran amigo de Prodan–, Germán y Luca viajaron a Villa Gesell con la idea de alquilar una casa y hacer base, para luego tocar en otras playas de la Costa Atlántica. El plan parecía viable, porque viajaban con su propio sonido. En ese mismo viaje cerraron varios shows en el balneario Charly, un trato que aseguraba solvencia económica para todo el mes de enero. Luca ya tenía armado su tiempo compartido: la primera quincena la compartiría con Mónica Stromp –su novia oficial– y en la segunda llegaría Ester, una historia que comenzó en el Café Einstein, el primer espacio en donde Sumo era la banda residente y en donde la chica trabajaba como camarera del antro regenteado por Omar Chabán. El resto de los músicos se mantenía dentro de los cánones de la monogamia, que en algunos casos también incluía hijos, esposas o novias. Al segundo día, el recital en Charly terminó en una pelea con el dueño, ante la insistencia de Luca para que los “conchetitos” aportaran algo cada vez que pasaban la gorra. En muy poco tiempo, lo que parecía un plan ideal se transformó en deuda, hambre y malestar generalizado. La segunda oportunidad tuvo lugar en un coqueto boliche de Gesell, pero terminó en una trifulca descomunal con varios lesionados. El resto de aquella gira fue buscar algún modo de obtener dinero, que incluyó desde ofrecer el sonido a otros músicos a directamente tocar en un cabaret. La gira también sumó pequeños hurtos de lácteos en supermercados de la zona y promociones de los pocos shows que lograban cerrar a través de un altoparlante instalado en la camioneta de Timmy. Anunciaban a Sumo bajo el lema: “Llegando los monos”.

La suerte de Llegando los monos quedó sellada un año antes de su edición. El llamado casi desesperado de Pettinato a Breuer inició el plan de evolución de Luca y los Cinco Magníficos. “¡Negrito, nos tenés que salvar, porque estamos en la puerta del disco más significativo del rock nacional de la historia!, y acá hay una sarta de sordos hijos de puta que van en contra de esto que está pasando, vos no sabés el disco que grabamos, loco, pero los tipos que me pusieron a mezclar no entienden nada”, le dijo el saxofonista a Breuer en busca de un aliado capaz de mezclar las canciones de Divididos por la felicidad. Finalmente el rescate no se produjo, pero el ingeniero de sonido fue el elegido para trabajar en el nuevo álbum de la banda.

“En esa época Panda tenía un control y desde allí podían verse tres salas: una grande en la que se grababan casi todos los instrumentos, una más chica al medio y al final, una sala mediana. Todos estaban separadas por vidrios, así que desde el control podías ver hasta el fondo”, dice Mario Breuer en su libro Rec & Roll: Una vida grabando el rock nacional. “El día que entró Luca decidió que quería estar en la sala del fondo, así que apenas entraba se instalaba ahí y salía sólo cuando terminaba la sesión. Muy pocas veces pasó al control”.

Llegando los monos empieza como termina, la canción homónima es una freakeada que en el inicio dura 36 segundos y en su versión reprise llega al minuto. “Los Sumo tenían un grabador Fostex de 8 canales, muy simple. Habían traído unas pistas grabadas en él y querían sumarle ‘ambiente’: un chiflido, un uhh-ahh, y para eso necesitábamos gente. Un día en el que estaban todos los integrantes de la banda más invitados y asistentes, aprovechamos para grabar eso; como no había auriculares para todos, dejé abiertas las puertas del control y de la sala y pasamos esas pistas al grabador de 24 canales. Puse a grabar y me fui a la sala con el resto de la gente a hacer bardo. La idea era que el uhh-ahh fuera un loop que durase unos pocos minutos pero, cuando fui a parar el grabador, el ambiente que se había generado estaba tan bueno que lo dejé seguir corriendo. Hasta que Diego Arnedo gritó desde adentro: ‘Pará, Mario’. Eso es lo último que se escucha en Llegando los monos”, dice Breuer.

El envión proto-punk de “El ojo blindado”, inspirado en un regalo de Mónica, la novia de Luca, es el verdadero arranque del disco. La canción está inspirada en un dije con forma de ojo, que, según el dueño, controlaba sus movimientos infieles. El segundo disco para CBS Columbia significó un salto de calidad respecto a Divididos por la felicidad, pero no varió en nada el eclecticismo clásico-moderno que imponía Sumo cada vez que desviaba la mirada para correr el foco de atención: el raggae roots estaba presente en menor medida que en el disco anterior, un tema de La Hurlingham Reggae Band como “No Good”, o “Rollando”, solo incluido en la edición en casete, colocaba una vez más a Sumo como la mejor traducción argentina del legado jamaiquino. “Hay un tema dedicado a mi exsuegro, que en alemán me decía: ‘Él no está bien’, descalificándome como candidato para su hija”, le dijo Luca a Gloria Guerrero en las páginas de la revista Humor en junio de 1986, a propósito del tema en donde Tito Fargo, guitarrista de La Hurlingham, participa en la composición.

El tercer surco del vinilo captura, tal vez, la mejor canción de Sumo, un veredicto que sin llegar a ser unánime abraza a fanáticos o recién llegados al universo Prodan. “Estallando desde el océano” es la combinación perfecta del mejor Sumo como fuerza épica post-punk. Originalmente el tema se conocía bajo el nombre de “Bruce” por su in crescendo imparable muy Springsteen, en la línea “Born to Run”. En la letra Luca cita al poeta Samuel Taylor Coleridge (el poema Kubla Khan), padre del romanticismo inglés, y a David Bowie desde los versos de “Queen Bitch”, utiliza específicamente el verso sobre el “bipperty bopperty hat”. Pero más allá de las citas, en la canción aparece la dramática autorreferencia con la frase “un ciego guiando a los ciegos”. También es la consolidación del núcleo Prodan-Arnedo: “Yo para cantar escucho el bajo”, dijo Luca más de una vez. El otro pilar que sostiene el hit oscuro es el doble comando que establecen las guitarras de Mollo y Daffunchio, siempre en tensión y al mismo tiempo revelando nuevas formas de ampliar el horizonte Sumo.

Los discos que trajo Luca de su estadía de siete años en Londres podían escucharse en las canciones del sexteto de Hurlingham, no eran copias sino la más pura apropiación que sostiene al rock desde sus tiempos fundacionales. Sumo rescató la psicodelia sombría heredada de los Doors mucho antes de que Oliver Stone simplificara el legado de la banda de Jim Morrison, y también introdujo en la escena local la escuela de pensamiento Lou Reed. “Heroína” es modelo y brújula del ideario Prodan, un buen ejemplo de cómo transformar el peor dolor en una bellísima y sentida marcha lenta. Como un buen amigo de lo ajeno, Luca tomó la canción compuesta por Reed y la volvió propia por derecho de adicción, es sabido que el cantante italiano llegó al país escapando del consumo que lo estaba matando y esa sombra lo acompañó hasta sus últimos días. “Solía estar encantado con esta vida de rock & roll pero ahora amo este mundo suicida”, dice la letra y cambia el foco de atención cuando destraba la carga dramática al incluir un jingle publicitario de la época sobre una marca de shampoo a modo de estribillo (“Soltate con Wellapon, soltate el pelo con Wellapon”). En varias oportunidades, antes de tocar “Heroína”, Luca hablaba del episodio que se llevó la vida de su hermana Claudia. Ella y su novio, Carlo Pistoni, se suicidaron en julio de 1979, inhalando monóxido de carbono en un auto. Antes se habían picado heroína. A Luca le impactó profundamente porque había iniciado a Claudia en el consumo. “Warm List”, uno de los primeros temas de Sumo, se refiere al episodio.

La versión de “Heroína” incluida en Llegando los monos pertenece a uno de los primeros registros de la banda. Grabado en los estudios Del Jardín en octubre de 1983, la toma original con Alejandro Sokol en batería nunca pudo ser mejorada. “Siempre dije que ‘Heroína’ fue la batería de Alejandro Sokol. Se trató de una versión tan única que no pudimos volver a repetirla, y así nomás la pusimos, transportada de una cinta. La batería flotaba y el tema también, y si de flotar se trataba, Alejandro era el maestro de todos. En Sumo las cosas sucedían. Nadie preguntaba demasiado y un día podías enterarte de que Alejandro dejaba el grupo por una religión y ni siquiera tomarte el tiempo para entender cómo es que Superman pasó de la Hurlingham a Sumo para su reemplazo”, dijo Pettinato en una entrevista a Rolling Stone de 2017.

En aquel encuentro, el saxofonista remarcaba una y otra vez la condición de banda unida al nombre de Sumo. Luego de la muerte de Luca, en diciembre de 1987, el mito empezó a borrar de a poco esa percepción inicial. “Sumo era un grupo, no era Luca y un montón de argentinos rejuntados por ahí. Porque de otro modo hubiésemos juntado un par de Virus, parte de Los Twist y parte de cualquier otra banda y vamos a ver si te sonaba a Sumo… No te iba a sonar Sumo ni en pedo. Nadie escuchaba la voz de Luca únicamente. La gente toda la vida dijo: ‘Vamos a ver a Sumo’, ‘Me compré el disco de Sumo’. No era nada más que la presencia de Luca, era la presencia colectiva de un grupo como La Máquina de Hacer Pájaros, como Serú Girán, aunque acá hay más una tradición de solistas con bandas”.

En el podio de Llegando los monos permanecen “TV caliente” con todo el amor de Luca a la actriz italiana Virna Lisi. Otro instante glorioso se escucha en “Que me pisen”, el tema que como tantos otros nació del asombro de un europeo ante un territorio totalmente ajeno a su hábitat. Para 1986, el cantante italiano ya era un avezado sociólogo del ser nacional. Nadie podía hacerle entender por qué algunos automovilistas locales cruzaban un paso a nivel cuando la barrera estaba baja.

Casi de manera culposa, Sumo se permitió el diseño de un hit radial. “Los viejos vinagres”, una idea original de Pettinato, atrapaba desde el ritmo disco-funk y su estribillo arengador, pero para Luca la canción escondía otras intenciones: “Nosotros vivimos de esto, así que necesitás adecuarte un poco a la situación comercial. Confieso que esa canción fue hecha con un poco de mentalidad comercial”, dijo el cantante al semanario uruguayo Aquí.
Gonzalo Palacios, saxofonista de Los Twist, es el único músico invitado del disco y sobresale en sus ataques certeros en “Los viejos vinagres”. “Con Germán hicimos ‘Los viejos vinagres’. Para facilitarle la historia a Luca, primero la canté en inglés y era otra cosa. Era una crítica al periodismo de música country. Se llamaba ‘Country Music Journalism!’. Él metió después lo del Captain Cook y me explicó la historia de este militar inglés al que mataron en Hawái. Pero era muy gracioso cómo lo contaba, decía: ‘Este pelotudo inglés fue a pararse delante de los indios y como lo vieron tan brillante y lookeado lo cagaron a flechazos’. Por eso dice: ‘Dale dale con el look, pero no termines como Captain Cook’”, dice Pettinato.

En los detalles, la mezcla de estilos, el caos organizado y esa rara cualidad de encastrar piezas disímiles, Sumo mejora como idea grupal en la grabación de Llegando los monos. La intervención de Mario Breuer, festejada por casi todos los integrantes, marcó la diferencia. “Estamos muy cómodos trabajando con Mario, él escucha y opina, lo cual hace más fácil grabar sin productor artístico”, dijo Arnedo en una breve entrevista con Pelo. “En realidad nosotros optamos por trabajar sin productor porque aquí no hay muchos, y los que existen hacen de lo que graban un producto de sí mismos”. Ricardo Mollo, en cambio, no opinó lo mismo: “Era un tipo que te grababa tal como grababa a todo el mundo, y eso hacía que sonaras como todos y no como sonabas vos”, dijo el guitarrista a la revista La Mano en 2008.

Al igual que la imagen misteriosa que ilustraba la tapa de Divididos por la felicidad, el nuevo disco de Sumo invitaba a descubrir y perderse en su simbología. La portada del disco debut mostraba una foto tomada de la TV, en donde dos ballenas yacían en una playa. Según Luca, la imagen representa los cuatro elementos: el sol (fuego), el cielo (aire), el mar (agua) y la playa (tierra). Para la tapa de Llegando los monos, Luca, Pettinato y Timmy eligieron una imagen de la obra conceptual del artista búlgaro Christo Vladimirov Javacheff llamada Package 1961. El artista proponía a través de la imagen del tejido y el embalaje la falta de libertad en la vida cotidiana. “Pusimos una foto de una serie de objetos de artista que envolvía todo tipo de cosas, edificios, islas, de todo. A Luca le gustó porque decía: ‘Los periodistas van a preguntar qué significa y nosotros les podemos decir que dentro del paquete vienen los monos’”, dice el saxofonista.

Llegando los monos llegó a las disquerías el 22 de mayo de 1986 y tuvo una aceptación instantánea en aquellos lugares en donde Sumo antes no accedía por derecho propio. El disco tenía canciones pegadizas sin perder reflejos originales como cierta mugre punk o el probado eclecticismo para saltar por diferentes estilos. Estaba muy claro que todos los caminos de la consagración conducían a Obras Sanitarias.

La primera escala tuvo a Sumo como dueño total del afiche para la presentación de su nuevo disco el sábado 9 de agosto. “Sumo apabulló, demostrando no solo que en la evolución sigue superándose a sí mismo, sino también que hoy es una de las bandas más grandes que tiene el rock local”, escribió Federico Oldenburg desde la sección En Vivo de la revista Pelo. El concierto quedó registrado en VHS y sin demasiado despliegue de cámaras ni de planos jugados reflejó fielmente la épica del grupo. Como boxeadores que se dirigen al ring o una versión criolla del film This Is Spinal Tap, la secuencia inicial expone en apenas un minuto la épica de la banda: Mónica a un costado observando los movimientos previos, Geniol –amigo entrañable de Luca– estirando su cuello de mimo y los Sumo como un bloque compacto de peleadores callejeros junto a dos forzudos con rasgos orientales que oficiarán de estatuas japonesas, todos esperando la orden de salida. Suena “Crua- Chan” y ese himno de guerra escocés –aún inédito– será la señal de combate. Nada volverá a ser igual para todos los que gritan desde el otro lado del escenario, ver a Sumo en Obras significaba una experiencia de arte colectivo, sudor e identidad.

Desde su arribo a Ezeiza, en marzo de 1980, Luca Prodan podía sentir que esa fuga hacia el fin del mundo había valido la pena. Formó una banda y ya tenía una obra de dos discos oficiales sonando en las radios argentinas, anhelo impensado durante sus años londinenses. Seguía escribiendo un guion imposible con romances, peleas callejeras y mil anécdotas urbanas. Pero en varias entrevistas de 1986 repetía una cantinela trágica: “Yo dentro de poco me voy a morir”, mientras crecía la repercusión pública que imponía su estampa de tipo rudo y máximo consumidor de ginebra Bols. Como un paciente acostumbrado a las recaídas, Luca vivía la dinámica de un sube y baja permanente, por momentos espléndidos y en otros afloraban discusiones infernales. La negativa de Luca a abandonar el alcohol siempre fue la madre de todas las controversias. En la banda, sólo Germán enfrentaba el problema cara a cara, que en varias oportunidades terminó en escenas de pugilato. Desde los primeros días serranos, el núcleo fundador de Sumo también sabía que Luca estaba muriéndose. A ese destino inexorable, Germán, Timmy y Mónica, o amigos como Jorge Crespo o Claudia Gernhardt, ofrecieron batalla y cuidado para un trastorno mucho más complejo que el rótulo de dependencia alcohólica.

Hacía rato que había comenzado su tiempo de descuento, aunque las canciones únicas, furiosas y divertidas de Llegando los monos anunciaban todo lo contrario.

The post 40 años de ‘Llegando los monos’, de Sumo: un estallido desde el under appeared first on Rolling Stone en Español.

Las primeras notas del acordeón en ‘Dime pajarito’ son el ejemplo perfecto del sentimiento propio del vallenato.

En tierra de acordeones nació Israel Romero Ospino, en Villanueva, La Guajira. Participó en el primer festival de su pueblo, que años más tarde se convertiría en el Festival Cuna de Acordeones, donde ocupó el segundo lugar. Tiempo después grabó, junto a Daniel Celedón —tío de Jorge Celedón, quien años más adelante haría parte del Binomio de Oro de América—, su primer disco. De esta primera etapa junto a Daniel Celedón resalta el éxito ‘Amanecemos parrandeando’.

En 1976 conoció y fundó, junto a Rafael Orozco, el Binomio de Oro… El resto es la historia de la agrupación vallenata más importante del país que, tras la muerte del nacido en Becerril, Rafael Orozco, se transformó en el Binomio de Oro de América. Y aunque el nombre se extendió, al igual que sus intérpretes, el acordeón de Israel Romero siguió marcando la pauta del género con un sentimiento cautivador y melancólico que, durante más de 50 años, ha enamorado y ayudado a aguantar las tusas de toda Colombia. El Binomio de Oro y, posteriormente, el Binomio de Oro de América, se convirtió sin duda en la Universidad del Vallenato.

Desde ese primer disco junto a Orozco, nombrado igual que la agrupación, se veía venir una creciente de éxitos que, con el paso de los años, se convertirían en clásicos. De ese primer álbum hace parte esa canción con la que todos los amantes del vallenato y un alto porcentaje de colombianos gritan: “Clara”, en ‘La creciente’.

Los éxitos convertidos en clásicos no cesaron: ‘Relicario de besos’, en el álbum Los elegidos; ‘Dime pajarito’, en Clase aparte; ‘Sombra perdida’ y ‘Muere una flor’, en De caché, un disco que ya empezaba a exaltar el nuevo estilo hacia el que giraba el vallenato, uno más elegante y estudiado. ‘Solo para ti’, ‘Lleno de ti’, ‘No sé pedir perdón’ y ‘Esa’ fueron algunas de las muchas canciones reconocidas de la agrupación. A esto se suma su presentación en el Madison Square Garden, donde dejaron claro por qué eran una de las agrupaciones más importantes de Colombia, plasmando en la memoria de muchos un popurrí de cumbias tradicionales.

Israel Romero: el acordeón poeta del Binomio de Oro
Cortesía.

Sin más preámbulo, los dejamos en una entrevista exclusiva para ROLLING STONE en Español de Israel Romero: 

¿Cuál diría que es la esencia vallenata?

Tanto la música como la letra tienen el mismo peso dentro de la esencia del vallenato. La música vallenata es demasiado nuestra; el acordeón vallenato es único de nuestra región y la forma en que lo tocamos es muy distinta a la de otros géneros musicales que utilizan este instrumento diatónico. Las letras son, en esencia, sucesos que hemos vivido los vallenatos, historias peculiares, y eso también es una parte vital del vallenato.

Con mi compadre Rafael Orozco modernizamos el género, pero sin perder la esencia, y eso fue algo que cuidamos mucho cada vez que innovamos. Es como en la gastronomía, hay comidas típicas que hoy se preparan de manera gourmet, pero no dejan de ser colombianas. Se puede modernizar todo lo que se quiera, sin quitarle la pureza al folclor.

¿Cómo conoció el acordeón y cómo aprendió a tocarlo?

Mi infancia estuvo llena de música. Mis dos abuelos fueron acordeonistas, mi papá fue acordeonista, mis tíos fueron acordeonistas, mis hermanos y hasta mis vecinos fueron acordeonistas. Yo nací rodeado de acordeones y desde pequeño aprendí a tocarlo. Siempre supe que a esto era a lo que me iba a dedicar.

El primer disco del Binomio de Oro, que lleva el mismo nombre de la agrupación, tuvo su primer gran éxito: ‘La creciente’. ¿Cómo fueron esos primeros trabajos y momentos junto a Rafael Orozco?

Juntarnos y formar el Binomio de Oro fue algo de mucha euforia y alegría. Ambos ya habíamos grabado y tenido uno que otro éxito, así que reunirnos fue una explosión de júbilo y esperanza.

La primera canción que grabamos en el estudio fue precisamente ‘La creciente’. Imagínate que la primera canción ya hubiera sido todo un éxito. Aunque, para serte sincero, desde el inicio supimos que esa canción iba a ser importante para nuestra música.

El Binomio de Oro se caracterizaba por tener un vallenato más melancólico y, al mismo tiempo, más elegante. ¿Por qué decidieron proyectar una imagen más sofisticada de lo que normalmente se veía en las agrupaciones vallenatas?

Desde el primer momento en que nos reunimos mi compadre Rafael y yo, decidimos forjar una institución muy organizada que mostrara una cara positiva del género vallenato en todos los aspectos, especialmente en las presentaciones en vivo.

Una vestimenta elegante y unas coreografías preparadas se mezclaban muy bien con los nuevos instrumentos que introdujimos al vallenato, sumado a las letras que interpretábamos: letras muy poéticas que pudieran permanecer en el tiempo y convertirse en clásicos, como finalmente sucedió.


“Música hay bastante. Creo que lo fundamental para la preservación del vallenato son las letras. También es importante que cada artista encuentre su propio estilo, porque hoy en día muchos se parecen entre sí”.


¿Cuál diría que fue el gran legado de ese primer Binomio de Oro?

Con mi compadre Rafael escogimos muy bien las canciones, sus letras y melodías. Dejamos un mensaje, una estela de positivismo en la gente. Sobre todo, elegimos canciones que no maltrataran al género femenino ni a la sociedad en general; nosotros queríamos dejar alegría en la gente.

Hay dos momentos muy fuertes dentro de su carrera como artista. ¿Cómo fue alejarse de los escenarios durante el cáncer y qué sintió en su regreso?

Fue un momento muy duro, porque uno no se prepara para eso. Yo no sabía lo que era estar enfermo; nunca en mi vida lo había estado. Recuerdo la noche en que me di cuenta de mi enfermedad. “La gente no valora lo que es la salud, uno no cree que le pueda pasar esto”, fue lo que pensé en ese momento.

Fue una época de mucha tristeza y, al mismo tiempo, de mucha reflexión. Hay muchos artistas que han muerto en accidentes siendo muy jóvenes. Recuerdo pensar en eso y creer que yo iba a ser parte de esos artistas que fallecieron a corta edad, aunque en mi caso por la enfermedad.

Tiempo después, cuando me sentí recuperado y pude volver a los escenarios, volví a ver la luz y te aseguro que veía todo más bonito. La primera vez que me presenté nuevamente fue en San Cristóbal, Venezuela, y fue inolvidable. Volví a sentirme fuerte al momento de tocar.


“Dejamos un mensaje, una estela de positivismo en la gente. Sobre todo, elegimos canciones que no maltrataran al género femenino ni a la sociedad en general”.


La muerte de Rafael Orozco fue durísima para toda Colombia. ¿Pensó en dejar la música, ya que Orozco no iba a estar a su lado?

La muerte de Rafael Orozco tuvo muchas aristas para mí. Lo primero que pensé fue en retirarme de la música. Perdí la motivación y sentía que ya había hecho lo que tenía que hacer dentro del folclor vallenato, que nuestro legado había llegado hasta ahí.

La tristeza fue muy profunda, un sentimiento que después se transformó un poco en rabia por tantos comentarios negativos y mentiras que se dijeron alrededor. Eso también me quitó toda motivación para continuar en la música.

Me fui para Venezuela a trabajar como comerciante por un tiempo. Con el pasar de los días, la gente empezó a preguntarme en la calle por qué no volvía a grabar. Me llamaron disqueras, empresarios y compositores, pero definitivamente yo había decidido no regresar.

Un día, en una bomba de gasolina, me encontré con una niña que vendía chicles. Se me acercó y me dijo: “¿Usted quiere hacerse famoso?”. Yo le respondí, molestando, que sí, y ella me contestó: “Hágase pasar por el del Binomio de Oro”. Que una niña me dijera eso me hizo reflexionar sobre el legado del Binomio de Oro y entender que una agrupación tan fructífera no podía desaparecer. Ahí fue cuando regresé.

¿Usted está de acuerdo con la denominación “vallenato chillón”?

Yo no estoy de acuerdo con ningún término que pueda sonar despectivo hacia la música. Todos los géneros tienen música buena y música mala.

El vallenato se ha distinguido por ser una música con expresión y contenido, que además se baila y se dedica; por ejemplo, el reggaetón no está hecho para dar serenatas. Entonces, todos esos ingredientes importantes que posee el vallenato hacen que términos como “vallenato chillón” o “vallenato llorón” terminen siendo acuñados por personas a las que simplemente no les gusta el género, porque en realidad son canciones excelentes con mensajes muy bonitos. No hay manera de taparle la boca a la gente [risas].

La época dorada junto a Jean Carlos Centeno y Jorge Celedón ya consolidó al Binomio de Oro de América. ¿Cómo fueron esos tiempos?

Específicamente ellos dos fueron quienes más grabaron éxitos rotundos. Fue muy bonito trabajar a su lado, pero, como todo, llegó el momento en que partieron. Los muchachos que vinieron después también tenían muchas ganas de hacer las cosas bien y de dejarse enseñar.

Todos los que han pasado por el Binomio de Oro han dejado su huella y han aprendido. Siento que la mayoría, al salir de la agrupación, brillaron con luz propia y terminaron haciendo parte de la Universidad del Vallenato. Duván Bayona, Alejandro Palacios… A todos los que han pasado les agradezco infinitamente y también a Dios por ponerlos en mi camino. Y gracias, además, porque tuve la sabiduría para saber dirigirlos, una sabiduría que viene de la dinastía de mi familia, porque mis hermanos siempre han estado a mi lado y al lado de la agrupación.

Ahora que mencionas la Universidad del Vallenato, ¿qué crees que es lo más valioso que se lleva cada persona que pasa por el Binomio de Oro?

Lo que le transmito a la gran mayoría de los cantantes es el sentimiento que debe estar presente en cada canción, que fue precisamente lo que hizo Rafael Orozco: convertir cada interpretación en algo profundamente sentido y, al mismo tiempo, muy profesional.

A todos les he puesto las canciones de Rafa para que vieran cómo se expresaba, y eso es lo más valioso que se llevan del Binomio de Oro: convertirse en grandes profesionales a nivel interpretativo.

Cortesía.

El disco 2.000 está repleto de éxitos: ‘Un osito dormilón’, ‘Olvídala’, ‘No puedo olvidarte’… ¿Por qué decidieron que la portada del álbum fuera de ustedes vestidos como astronautas?

El año 2000 se veía muy lejano, pero a medida que se acercaba, se me metió en la cabeza todo el tema de la tecnología, los viajes espaciales y toda esa vaina. La NASA siempre ha estado a la vanguardia, así que decidí que nos vistiéramos de esa manera y, sin duda, terminó siendo una portada memorable para Colombia.

Dentro de los artistas más escuchados en Spotify siempre van rotando los éxitos del momento, pero el Binomio de Oro de América siempre está presente. ¿A qué cree que se deba que músicas como el reguetón sean tan efímeras y, por ejemplo, sus canciones, pese al paso de los años, sigan siendo de las más escuchadas en nuestro país?

Por eso siempre les he aconsejado a las nuevas generaciones que graben canciones con contenido, con poesía y buenas expresiones, para que no pasen de manera ligera por el público.

La fuerza expresiva que tiene el vallenato ha sido lo que nos ha consagrado en Latinoamérica como uno de los géneros que más ha influenciado a otros estilos musicales. La salsa se surtió del vallenato: grandes intérpretes como Héctor Lavoe, El Gran Combo de Puerto Rico o Ismael Rivera grabaron vallenatos. ‘La verdad’, de Héctor Lavoe, producida por Willie Colón en el disco Comedia, fue un vallenato escrito por Freddy Molina. El Gran Combo de Puerto Rico versionó ‘Nido de amor’ y ‘Matilde Lina’, dos canciones fundamentales del folclor vallenato.

También el merengue dominicano, encabezado por Wilfrido Vargas, quien incluso cantó vallenatos con nosotros. En México y Argentina ni se diga, llevan muchos años versionando vallenatos. Incluso la bachata, en un altísimo porcentaje, se nutrió del vallenato.

¿Cómo pudimos influenciar a todos esos géneros? Por las letras y las expresiones, tanto así que hasta Julio Iglesias grabó ‘La gota fría’. Cada canción es una radiografía de nuestra idiosincrasia.


“El vallenato se ha distinguido por ser una música con expresión y contenido, que además se baila y se dedica; por ejemplo, el reggaetón no está hecho para dar serenatas”.


Hace no mucho murieron Omar Geles y Egidio Cuadrado… Los grandes maestros del vallenato ya están partiendo. ¿Cómo ve el futuro del vallenato?

Yo diría que los muchachos que están haciendo vallenato y que viven en Valledupar, quienes vienen proponiendo algo muy alegre, pueden hacer que el vallenato siga vivo por muchos años más, siempre y cuando escuchen los consejos de quienes fuimos sus antecesores.

Música hay bastante. Creo que lo fundamental para la preservación del vallenato son las letras. También es importante que cada artista encuentre su propio estilo, porque hoy en día muchos se parecen entre sí. El vallenato tiene una gran proyección; artistas como Los Gigantes del Vallenato o Hebert Vargas siguen vigentes y, con el tiempo, serán aún más grandes.

Para terminar, ¿cuál es el gran legado de Israel Romero y cuáles son sus canciones favoritas del Binomio de Oro y del Binomio de Oro de América?

El gran legado es todo lo que hemos hablado ahorita: la organización, la internacionalización del vallenato, toda la gama de éxitos que dejamos y esa estela de disciplina en los músicos. Mis canciones favoritas son las mismas de todos [risas]: ‘Dime pajarito’, ‘Olvídala’, ‘Relicario de besos’, ‘La creciente’, ‘Si tu amor no vuelve’ y ‘Un osito dormilón’.

The post Israel Romero: el acordeón poeta del Binomio de Oro appeared first on Rolling Stone en Español.

Universal Music Group (UMG) and TikTok have announced a new multi-year licensing deal. News of the agreement comes two years after UMG and TikTok resolved their infamous licensing standoff, which led UMG to pull its entire catalog of master recordings and compositions from the service for the first three months of 2024.

TikTok notes in a press release that the new deal will provide UMG artists with “expanded marketing and advertising campaigns, as well as access to ecommerce and other artist-centric tools.”

Related

The release also notes that the new agreement “build[s] on the success of the multi-dimensional partnership announced in 2024” and extends TikTok and UMG’s “groundbreaking commitment to AI protections that promote human artistry.” It adds that “TikTok and UMG will work together to remove unauthorized AI-generated music from the platform, while further improving artist and songwriter attribution.”

In January, UMG chief digital officer and executive vp Michael Nash was a guest on Billboard’s On the Record podcast, when he revealed new details about what happened between UMG and TikTok in 2024 that led the music company to pull its catalog from the social media service in retaliation. “There was a proposal [from TikTok] that the service would use AI music in a way that went far outside of what we thought really made sense for us to support in the interest of our artists,” Nash said at the time. “And specifically, what they were proposing is that creators would be able to generate AI content, and that AI content on the TikTok platform would get paid on the same basis as artists’ [music]. It would dilute the artists’ royalty pool.”

When the two companies finally resolved their dispute, Nash explained that, ultimately, “we got the best protections that we had been able to obtain to that point, and they remain some of the best protections that we have in any agreement with the music service, in terms of AI protection and what we call ‘anti-dilution,’ meaning our royalties won’t be diluted by pure AI content.”

Related

Typically, licensing agreements between music companies and tech platforms last for about two to three years, so license renewals between TikTok and other music companies are expected in the near future.

In a statement about the new deal, Nash said: “We’re proud of the pioneering work we’ve done with TikTok to create wide-ranging benefits for our artists and songwriters. With this new agreement, we look forward to driving innovative new fan experiences, while further improving social media monetization, and protecting and amplifying human artistry.”

Tracy Gardner, global head of music business development at TikTok, added: “We’re excited to take our partnership with UMG to the next level, and build on the strong foundation we’ve already created together for artists, songwriters and fans. TikTok is a unique platform where music discovery, culture and fandom intersect, and this agreement will help create even more opportunities for artists and songwriters to engage audiences, grow their communities and achieve career success on a global scale.”


BTS’ SUGA Secretly Ran the 12K Bay to Breakers Race in San Francisco Before Band’s Show at Stanford Stadium

Lewis Capaldi arrives, shoulders loose, hair tousled; his eyes are bright, steady and settled. A deep exhale follows. “This feels quite weird,” he says, right leg gently bouncing as he perches on the edge of a primrose-yellow accent chair. “I haven’t done something like this for a while.”

We meet in a downtown Chicago hotel bar, where there’s an understated sense of occasion: This is the Scottish singer-songwriter’s first in-person profile interview in almost four years. The low metallic rumble of the L train passes the window next to us at regular intervals. Capaldi, a preternaturally warm person, is telling Billboard U.K. how it feels to be back in the hot seat.

His nerves may feel palpable, but this is an artist gradually re-emerging into his element, back on tour and stepping onto the biggest stages of his career with a fresh purpose. Later this evening, he will head to the 23,500-capacity United Center as part of a sold-out North American headline tour, which has also featured shows at Madison Square Garden and the Hollywood Bowl — as well as a double-header at Denver’s Red Rocks Amphitheater — in support of his recent Survive EP (via Polydor), after the title track hit No. 1 in the U.K. last summer.

Lane Dorsey

Capaldi is taking the current run in his stride. He’s committed to a new gym routine and has refreshed his wardrobe, donning an Adidas track jacket with an easy cool. Indie star Sam Fender, one of his closest friends, took him on a night out to New York City’s notorious Newcastle United supporters’ bar; Capaldi marked the release of new single “Stay Love” via a surprise fan event at Penn Station, with roses passed through the crowd. 

“Genuinely, this is the most fun I have ever had on tour. I feel like I have properly loosened up. And I have… locked in,” Capaldi begins. “Is that even the right phrase?!” 

Well, quite. He describes how he’s reduced a near-daily therapy schedule to one session a fortnight, while he “didn’t give a f–k” that his voice sounded “really croaky” at the Madison Square Garden show, as he felt so enamored by the gratitude of simply being present on stage. A few days after our conversation, he’ll go on to play a full acoustic show at Red Rocks despite technical difficulties, and remain relaxed and buoyant throughout. “I used to feel horrible when things started to go wrong,” he adds. “It was like I was existing inside my head.”

All of this perspective carries a deeper, almost full-circle significance as Capaldi returns to the Windy City. It’s nearly three years to the day since the 29-year-old last played here, at the 5000-capacity Aragon Ballroom. That night, before stepping out for the encore, Capaldi was overcome by a panic attack, “convulsing” as the episode escalated to the point where he felt completely detached from his own body. He returned to finish the set with support from fans, but the show marked not an immediate turning point so much as a stark realisation of where his health stood.

“Last time I was here in Chicago, I was undoubtedly at my lowest,” Capaldi recalls, tugging at the sleeves of his black crew jumper. “I was mentally f–ked and physically struggling with my back, too. It was killing me. Honestly, I look back now and I think, ‘Why didn’t you just stop?’”

In the thick of promoting his U.K. chart-topping 2022 LP Broken by Desire to Be Heavenly Sent, while facing the reality of a recent Tourette’s Syndrome diagnosis, Capaldi was burnt out and fired up. As fatigue started to set in, the involuntary, jagged movements that define his condition (called “tics”) became more pronounced, as did the persistent nausea he was experiencing. Yet this health revelation only intensified public interest as Capaldi shared the news in an Instagram Live session; his fame continued to soar not in spite of the struggle, but alongside it.

After the incident at Aragon Ballroom, Capaldi pushed himself to finish a further 12 North American shows, plus a subsequent U.K. run of promotional underplay gigs, as planned. It would take until he reached Glastonbury Festival in June 2023 for things to unravel — and for this in-demand star to realize that he’d “been in f–king denial, and living a life of pain.”

Lane Dorsey

During a prime sunset slot on the Pyramid Stage, broadcast live to millions of viewers at home, Capaldi had what he describes today as “a very public breakdown.” The performance saw him repeatedly chastise himself for losing his voice, while visibly battling intense vocal and physical tics. Throughout closer “Someone You Loved,” the audience belted the words out for him, as Capaldi accepted defeat, staring out into a middle distance. “Glastonbury, thank you so much,” he said as the performance concluded. “If I never get to do this again, this has been amazing.” 

Three years later, the footage – which frequently cuts away from the stage, leaving the full extent of what was happening largely unseen – remains a difficult watch, but also stands as a powerful example of collective compassion. For Capaldi, it spurred a self-administered intervention. “Looking back, anyone could see that I felt f–king dejected, disappointed, sad and just worthless that day,” he says. “But as soon as I got off stage, I was like, ‘I’m taking a break now.’ It felt like a weight had been lifted. People saw how f–king detrimental things can get.” 

Capaldi walked backstage to find his parents crying, while his band was also visibly upset. He instead had a very calm, almost detached reaction, leaving the site immediately to head to Glasgow to see some childhood friends at a pub. Though much of that trip home now “feels like a blur,” he remembers looking at his phone and seeing that he’d made national headlines, while his Instagram DMs became flooded with fans expressing concern. 

In hindsight, for Capaldi, the fallout from months of physical strain had become a question of pride. Already a homegrown star by this point, it was the international success of Broken by Desire…, which debuted at No. 14 on the Billboard 200, that caused demand to outstrip the initial rollout plans. “When I got my Tourette’s diagnosis, I thought to myself, ‘Oh well, just carry on. This is life now,’” he says. “I wanted to finish the tour, almost as a badge of honor, and then get to Glastonbury – but I probably should have never been up there in the first place.”

Mid-sentence, Capaldi knocks the table for emphasis, unknowingly spilling his glass of water. “You could drive yourself crazy thinking about it all,” he says. “But things happened exactly the way they were supposed to happen.”

Thomas Falcone

There was a point at the turn of the decade when Capaldi’s grip on British pop culture felt inescapable. He’d been inclined to agree. “I feel like in the U.K., you walk out your front door and there’s a chance I might be there,” he says. “It’s almost like I’m part of the furniture!”

Having been lifted from relative obscurity – playing pubs around West Lothian before his manager stumbled upon his SoundCloud page – Capaldi’s rise was meteoric. His 2018 breakout single “Someone You Loved,” an Adele-sized gut-punch of a pop megaballad, topped the Billboard Hot 100 and spent seven weeks at No. 1 in the U.K. It is now the nation’s most-streamed song ever, and stands at No. 6 on the global all-time Spotify rankings, higher than any track by streaming-era heavyweights like Taylor Swift and Drake.

This fairytale-like story continued. When Divinely Uninspired To A Hellish Extent arrived a month later, it became the U.K.’s biggest-selling album of the year, a feat it would repeat in 2020. Its author was showered with accolades, ranging from a Grammy nomination (song of the year) to two BRIT Award wins. He became an ever-present fixture at red carpet events, with a self-deprecating personality that felt refreshing among other rising stars who were arguably more hesitant to say, or even be, much of anything at all. 

Anchoring it all was that voice — raw, bruised, heartfelt and unflinching, digging up long-buried feelings and reshaping them with grace. No amount of studio polish can account for how Capaldi can break your heart with a whisper or lift it with anthems of emotional tenacity, all steered by that thick, unmistakable Scottish accent.

Critics were largely unanimous in their response to the record, pointing to its run of slow-burning tracks as somewhat repetitive, with one outlet stating it had “no subtlety, originality or range.” Capaldi had his right to reply on social media, where he became an early adopter of TikTok. In the majority of his clips, he poked fun at the sentimentality of his own music — dimples deepening as he laughed — by embracing its excesses.

Few acts could rival Capaldi for his irreverence and marketing nous, but the level of exposure soon came at a cost. “People wouldn’t always engage with the music. They’d come up to me in the street and say, ‘You’re my favourite TikToker!’,” he recalls. That tension only intensified in the run-up to Broken By Desire… for which promotion was amplified by high-profile commercial tie-ins (Deliveroo, Tinder) and a Capaldi-branded pizza range sold in British supermarkets. But there was a creeping sense that the deliberately absurd spectacle risked overshadowing the songs themselves, a trade-off that became harder to ignore.

“I was doing so much content, and that very quickly became commodified. A lot of the second album roll-out was based around doing a funny video to go viral,” Capaldi says. “I became so exhausted from putting on the whole, ‘Oh, I’m so f–king silly’ thing. I felt like I was playing up to other peoples’ ideas of me.”

There was a moral conundrum, too, tied to his own everyman appeal and how it was being shaped and used. “It sometimes felt a bit like, ‘How can we get money out of this? How can we f–king sell, sell, sell?’”

Out of “not wanting to upset others”, Capaldi won’t be drawn on specific campaigns or product releases, but he is forthright in explaining how he believes he has “not treated the fanbase in the way that I probably should have.” He continues: “There was maybe an element of trying to extract too much from people. I have very confused feelings towards that time.”

This came to a head with the 2023 Netflix special How I’m Feeling Now, he says, reflecting: “I look back at things, and I think there’s a lot of s–t I wish I hadn’t done.” He adds that while he doesn’t necessarily “regret” it, the documentary became deeply tied to his private life. Over 96 minutes, it shows Capaldi battling exhaustion, imposter syndrome and creative frustration, alongside intimate scenes at his childhood home with his parents.

Thomas Falcone

Capaldi says the only time he has watched How I’m Feeling Now back is when he had to sign off on the edit; seeing himself reckon with his Tourette’s diagnosis onscreen was upsetting enough to not want to revisit it. He recalls reshooting the final scene – set to look forward to his future as an artist – because the first version was “really depressing,” reflecting the wider mental state the film captures. Over time, what began as a more straightforward tour documentary evolved into an unfiltered portrait of an artist under pressure.

“Maybe if I’d known that, I probably wouldn’t have done it,” he says of the change in the film’s direction. “Also seeing my parents featured in it in such a big way… I don’t love that. Looking back on it, I think up until that point, I’d been quite protected. People didn’t know much about my day-to-day life; I wasn’t putting personal stuff on social media.” 

Capaldi’s vulnerability throughout the documentary created an access point for people who might not have been previous fans of his music. The response continues to be “overwhelming”; he speaks of the frustration of not being able to individually help all those who have reached out to him via message, while also acknowledging that he activated a conversation around neurodivergence and grief while at the beginning of his own recovery. 

As we broach this subject, he leans forward across the table, and starts talking 10 to the dozen about his reluctance to be seen as a “mental health poster boy.” He adds that a second Netflix documentary centered around the journey to Glastonbury 2023 was scrapped, following some “difficult discussions” about its proposed content and the eventual outcome of Capaldi’s performance at the festival.

As such, during his break, he began to ask himself bigger questions. What did he want out of his career? Why was it so important to succeed? Capaldi thinks he found the answer in starting to live for himself. “‘Authenticity’ has become a buzz word and I feel like not everything has to be out there,” he says. “I just don’t care to deal at that altar anymore, you know what I mean?”

In many ways, the past few years for Capaldi have been centered around finding the fun and mystery in music again; to remember what songwriting is to him beyond trying to top his previous milestones. He credits this mindshift change in part to a tight-knit circle of artist friends, naming them one by one while holding up a finger for each as he goes: Sam Fender, Grian Chatten [Fontaines D.C.], Niall Horan, Bradley Simpson [The Vamps], Ed Sheeran. 

Capaldi owns a house in north London, where he lives in close proximity to Fender and Chatten. The trio, who jokingly dub themselves “The Syndicate,” have been spotted holidaying in County Mayo on the west coast of Ireland and supporting each other at their respective headline shows. They regularly send each other new music, Capaldi says, with recent favourites including ascendant Dublin rockers Bleech 9:3, singer-songwriter Aaron Rowe, also from the Irish capital, and Scottish folk act Jacob Alon.

In October 2025, Capaldi headed to Newcastle to support Fender and Chatten at the Mercury Prize ceremony, for which they were both nominated, with the former ultimately winning for his opus People Watching. Seeing two of the most important people in his life recognised for their artistic ambition had a motivating effect on Capaldi, reinforcing the value of creative risk-taking.

“[Sam and Grian] talk about music as art – and I know this sounds f-king mental coming from someone who is also a musician – but they really f–king care about everything they’re putting out,” Capaldi says. “It is so inspiring. What they have instilled in me is to really take time [in the studio], and start properly giving a f–k about what I’m saying and what the songs sound like.”

Capaldi says he is “happy and secure” enough to admit he’s “unsure” what his future looks like. Survive was released to “clear the decks” of previously recorded material, allowing him to move forward without a fixed plan. He has yet to begin work on a new album, but he wants to work with new collaborators, be involved in “every single aspect of the production,” and “not compromise” on the recording process. “I feel the most confused and lost I’ve ever been in my career. But it’s a really good thing; I feel like I have absolutely no idea what the f–k I’m doing.”

He continues: “Around the second album, I became so hyper-focused on chasing a hit record that I was just doing s–t on the fly and handing off songs to producers. I don’t want to phone in anything ever again. The people who listen to my music deserve better; I deserve better.”

A triumphant comeback campaign started with a surprise appearance at Glastonbury last summer, where Capaldi returned to the Pyramid Stage to deliver a full set and finish where he’d left off two years earlier. “I cannot overstate the importance of that day and what it’ll mean to me for the rest of my life. If that hadn’t gone well, I don’t know what situation I’d be in; but it did, and I showed up for myself,” he says.

In the following months, he went to see Oasis, Radiohead and McFly perform live – describing all three gigs as “the best night of my life” – while also making a cameo in Taylor Swift’s “Opalite” video, and embarking on a U.K. and Ireland arena tour, during which he began to shift his focus away from monitoring his tics on stage. The latter marked a significant step for Capaldi, who had previously cancelled dates amid severe health anxiety, including at times to undergo medical checks.

As he has settled back into touring, there have been musical legends who have remained firmly in his corner. Among them is Elton John, who has offered his support in private, as well as seminal songwriter David Gray, who wrote Capaldi a personal letter of encouragement. Those kind gestures have formed a steady foundation as he continues to navigate his next steps, and he’s keen to “pay it forward” and support other artists battling adversity, having reached out to Lola Young amidst the intense scrutiny the singer faced last year as her profile rapidly rose.

“Lola is amazing, she’s incredible,” Capaldi says. “I sent her a big message where I was like, ‘Look, you don’t need to reply to this, but I know how you’re feeling.’ When I went away, there were a lot of people reaching out to me; I didn’t get back to everybody, but it meant a lot. Everyone talks about the ‘duty of care’ that is required from labels, but I think we also have a responsibility as artists to share that support.”

The United Center show later in the evening will reveal an artist who seems looser and more liberated as he bathes in the glow of the crowd. On a yearning “Something in the Heavens,” Capaldi’s falsetto can be an almost unbearably intimate instrument to listen to, leaping from gentle to piercing in a single note, while a reworked version of “Pointless” is both desperately sad and beautiful at once, like a bloom pushing through concrete. Soft, exquisite lighting illuminates the tenderness with which this music is being relayed on stage. 

As his live pull continues to surge, an extensive summer run lies ahead, including a two-night takeover of London’s 65,000-capacity BST Hyde Park, but in Chicago the focus is firmly on immediacy. “I’m very excited to be back in this city and playing the gig you all deserve. It’s all uphill from here,” Capaldi says, his words landing like a promise he knows he can keep.

Portraits by Lane Dorsey for Billboard U.K.
Live photography by Thomas Falcone


BTS’ SUGA Secretly Ran the 12K Bay to Breakers Race in San Francisco Before Band’s Show at Stanford Stadium

Some members of ARMY may have noticed that BTSSUGA had a bit of a hitch in his step during the group’s show on Sunday (May 17) at Stanford Stadium in California. According to SF Gate, it’s because the group’s lead rapper slipped into the crowd of 30,000 at the wacky Bay to Breakers race in San Francisco on the morning of the show.

The 12K race known for attracting wildly costumed runners is a beloved, nearly 115-year-old tradition in the Bay Area. The news that SUGA had run it came during a livestream earlier this week when RM noted that SUGA often runs a 10K a day and when he heard about the Breakers race he decided to wake up at 6 a.m. and run the race before sprinting back to Palo Alto to get ready for that night’s show, SF Gate reported.

“We were all excited. This is the event to attract that kind of attention. Everyone is welcome – community members, walkers, joggers, runners – and in this case SUGA. He’s quite the runner, you can tell by his finish time,” Phyllis Blanchard, vice president of partnerships for Bay to Breakers told ABC 7.

Indeed, SUGA put up a very respectable time, finishing in 1:04:43, for an 8:41 mile pace, well behind the men’s winning time of 37:16, putting him at 1,022 among all finishers. One of the runners who spotted the K-pop superstar was Mateo Coulson, who told the station that he was running right next to SUGA and had no idea he was in the presence of pop royalty, and had no way to prove it since he runs without his phone.

“I wish I had filmed the starting line. Then I would have had a video of him at the starting line. I definitely missed out,” Coulson said, adding that he learned about the celebrity cameo after seeing pictures and video online, just like event organizers, who were not told ahead of time that SUGA — whose results were posted under his real name, Min Yoon-gi— was running the race.

“He was there to run, that’s our takeaway. He wanted to participate like everyone else. He didn’t want to let us know ahead of time. If he did, we would have given him VIP treatment. He just wanted to fit into the crowd and run his race,” Blanchard added.

SF Gate noted that SUGA was among the first wave of runners who took off at 8 a.m. from the Embarcadero, where he was “sandwiched between runners in Thing 1 and Thing 2 costumes,” naturally. SUGA opted for a blue cap, black pullover and gray shorts and some fans noticed that he had a camera clipped to the front of his ball cap, raising hopes for some vlog footage in the future of his running adventure.

BTS’ Arirang tour is slated to kick of a four-show stint at Allegiant Stadium in Paradise, Nevada on Saturday (May 23).


BTS’ SUGA Secretly Ran the 12K Bay to Breakers Race in San Francisco Before Band’s Show at Stanford Stadium

As a rock ‘n’ roll frontman, Paul Di’Anno left no stone unturned. However, after his passing in 2024, at the age of 66, the original Iron Maiden singer is surely one of the great “what ifs” in the heavier end of music.

Di’Anno’s life, career and brutal health battles are the subject of a new feature-length documentary, Di’Anno – Iron Maiden’s Lost Singer, the work of filmmaker Wes Orshoski (Lemmy, The Damned: Don’t You Wish That We Were Dead).

The film screens in North American cinemas from June 9, through Cleopatra Entertainment, and features appearances by James Hetfield (Metallica), Gene Simmons (Kiss) Maiden’s Steve Harris and members of Exodus, Slayer, Megadeth, Overkill and Sepultura.

In it, Orshoski unearths footage of Di’Anno in his pomp, a pioneer who bent metal into punk and led from the front on the first two Maiden album. Poor lifestyle choices led to poor health, and Di’Anno’s final years, as we observe in the film, are anything but a heavy metal miracle. By the mid-2010s, Di’Anno was wheelchair-bound due to crippling knee injuries, a grim situation that contributed to anxiety and depression, all of which the late rocker discusses in the film.

Still, his voice remained mighty when his body failed him, and Di’Anno was always planning, hoping to hit the road again. In one touching moment, caught on film, Di’Anno learned that his old Maiden bandmates would step in to cover his extensive medical bills.

“My film largely centers on their efforts to help Paul get back on his feet, professionally, emotionally and literally,” explains Orshoski. Through the extensive process, the setbacks, and the hope, “I grew a lot from working with Paul,” he admits.

Di’Anno was the frontman with Maiden from 1978 to 1981, leading from the front for the British band’s self-titled album from 1980 and its followup from 1981, Killers. He split with the group before their 1982 commercial breakthrough with The Number of the Beast, which introduced new vocalist Bruce Dickinson, the band’s frontman to this day.

“Those first two albums are so special to me,” says Metallica’s Hetfield at the top of the doc. “Paul had kinda like the ultimate metal voice for me.”

In his post-Maiden career, Di’Anno worked recorded and toured as a solo artist and as a member of such groups as Gogmagog, Di’Anno’s Battlezone, Killers, Rockfellas, and Warhorse.

Billboard caught up with Orshoski to discuss the film, almost 10 years in the making. And, of course, its tragic subject.

Billboard: It feels like the planets aligned this year for Iron Maiden, with Rock Hall induction, the band doing some of their biggest shows, and two documentaries. How did your film come about?

Wes Orshoski: I’m thrilled to see Maiden voted in this year. I grew up in the Cleveland area and the Rock Hall means a lot to me. There are a lot of acts that have been criminally ignored, like INXS, the Smiths and Joy Division, but Maiden to me is the biggest wrong that needed to be righted with this year’s vote.

My film has been a long time coming. I started work on it in 2017, not long after Matt Green at Cleopatra Records and his longtime friend and former Di’Anno bandmate Cliff Evans reached out to me and pitched me on it. I was intrigued and said “yes” immediately. I grew up a fan of Bruce Dickinson (Di’Anno’s replacement) and never really knew that much about Paul, but I knew that his legend still loomed large.

So, I knew there was going to be an incredible story to tell. But I can’t believe how things really came together for in the end.

Documentaries are a labor of love. Can you give me a sense of the challenges you were faced with in the making this film?

Well, before I ever even met Paul, he misled me on the phone about his physical condition. He made it seem like he would be on his feet in a month or so, after a minor medical procedure and a month after that I would be filming him on tour in Brazil. The first time I ever met him was at the front entrance to his local hospital in Salisbury, England. He was going for a doctor’s appointment before that “minor procedure” and I was there to film it.

Immediately, I realized he wouldn’t be walking any time soon. The doctor there explained that he was in need of two complete knee replacements, one extremely involved. Paul nearly flipped at one point when the doctor explained to him that there was a chance he could both lose one of his legs and potentially even die during the operation. I originally signed on to make the film over a 12-month period, and it became obvious that that was not going to happen.

After that, Paul began missing appointments, which I’ve learned is a major no-no within the British national healthcare system. He was waiting longer and longer for care, while his health was getting worse and worse. So there were tons of delays because of his health, and then Covid happened. And it was in the middle of Covid that two fans stepped in, launched a crowdfunding campaign and convinced him to seek treatment in Croatia.

They were both Paul’s guardian angels, and they gave me a film!!!

My film largely centers on their efforts to help Paul get back on his feet, professionally, emotionally and literally.

You spent time in close quarters with Paul. What can you tell us about him, and that personal time you shared?

I filmed with him on and off from 2017 to 2023. Paul could be an absolute sweetheart, a lovely man, and he could be an absolute demon. I tried to show both sides in the film. I enjoyed being around the easy-joking funny guy quite a lot. When he was in a great mood, he could be super fun and a blast. Zero ego. But when the Mr. Hyde side of him reared its head, it could be ugly for everyone within earshot. And he was sort of unapologetic about that nastiness. That said, several times I would see him blow up and then I would notice that he would almost immediately feel awful about it.

You have to understand, I was filming him during some of the worst times in his life. I mean, imagine where your mental health would be if stuck in a wheelchair going on almost a decade, and desperately trying to put your life back together and you have a camera on you. I know I for one could not endure that. So I try to keep that in mind when thinking back on the darker moments.

To be honest with you, I grew a lot from working with Paul. After the film had dragged on for a few years, I remember filming him in his care center in Croatia, and on this particular day we really got into it with the camera rolling, just yelling at each other. I watched it a few years later with a different sort of perspective and realized he was absolutely right about everything he was barking at me about. I called him up to apologize.

He was in Mexico at the time, and he couldn’t have cared less. He was more interested in what sort of tacos he was going to order for lunch. So as much as he was rightly known as The Beast, there was a certain amount of grace there, too.

Did Paul get to see an edit of the film before he passed?

He did not, no. The film was finished when he passed, but, no, he never had a chance to see it.

Were you in touch with the Iron Maiden camp during the process?

The very first thing I did after signing a contract with Cleopatra was call Iron Maiden management. Maiden manager Rod Smallwood was very kind, but immediately told me that neither he or any of the current band members would be participating.

Obviously, it was a massive bummer, but not unexpected. In the end, though, I’m very happy to say that Steve Harris and the rest of the guys do appear in the film.

Who should go see this film?

This is the first film I made for a specific audience — Maiden fans and metal fans in general. The outside world has no idea who Paul Di’Anno, nor do they care. So I didn’t really make a film that’s trying to straddle the line between appeasing metalheads and everybody else. That said, I’ve gotten some wonderful feedback from folks who’ve seen it who had no knowledge of Paul or Maiden before the film started. Ya know, girlfriends of guys with Eddie on their chest (laughs).

A special Q&A session with Orshoski will immediately follow the North American theatrical premiere on June 9 at Lumiere Music Hall Theater in Beverly Hills, CA. The film will release that day on both the digital VOD and Home Entertainment DVD/Blu-ray formats.

Visit MusicFilmNetwork for and Cleopatra Entertainment for more.

Jack White has raised a toast to Stephen Colbert, the satirist, talk-show master and Trump agitator whose 11-year reign at The Late Show came to an end Thursday evening, May 21.

Colbert gathered an all-star cast, and welcomed Beatles great Paul McCartney, for the emotional farewell. Many, however, including White, political commentator Robert Reich, Senator Elizabeth Warren, and Wednesday night’s guest, Bruce Springsteen, insist that The Late Show should still be on the airwaves, but was canceled under a cloud of political censorship.

With Thursday night’s episode done, the show is over.

“America needs to give a standing ovation for this man tonight,” White writes on his socials. “God Bless Stephen, it is absolutely ridiculous that we live in a country where a President’s ego can vindictively censor network television…..and nobody stops him.”

The White Stripes frontman, himself a vocal critic of Donald Trump, continued: “Carry on down your new paths with your head held high sir. You’ve told the truth and given us so much to laugh at, and we’re expecting even more in the future. Thank you.”

Colbert’s stinging rebukes of Trump, his administration and the MAGA movement apparently hit a raw nerve with the president. In a Truth Social rant in late 2025, the president called on CBS to “put him to sleep,” and he’d go on to label Colbert a “pathetic trainwreck” and a “dead man walking.”

CBS did cancel the show in 2025, citing financial losses. Many progressives, however, point to the timing. The axe swung soon after Colbert’s criticism of CBS’s parent company, Paramount, over its $16 million legal settlement with Trump, coming at a moment when Paramount was on the brink of a merger deal that U.S. authorities could block.

Springsteen lauded Colbert on Wednesday night’s second-from-last episode. “I am here tonight to support Stephen, because you’re the first guy in America who lost his show because we’ve got a president who can’t take a joke,” he remarked. Read Jack White’s post below.

The secret is out: BTS has revealed the venue and on-sale specifics for the Asia and Australia legs of their BTS WORLD TOUR ‘ARIRANG’.

Produced by Live Nation, the Asia swing gets underway on Thursday, Nov. 19 at Kaohsiung National Stadium and includes stops in Bangkok, Kuala Lumpur, Singapore, and Jakarta in the last quarter. Then Australia dates start Friday, Feb 12, 2026 with back-to-back nights at Melbourne’s Marvel Stadium before heading to Sydney’s Accor Stadium for performances on Feb. 20 and 21, followed by shows in Hong Kong and Manila next March.

Tickets are available from Tuesday, June 2 via ARMY membership presale, with the general onsale beginning Thursday, June 4 at btsworldtourofficial.com.

According to a statement, the production for those shows features an immersive 360-degree, in-the-round stage design, which places fans at the center of the experience while expanding overall stadium capacity, all of it in support of BTS’ fifth studio album ARIRANG.

The K-pop superstars’ tour got going in April in their homeland, South Korea, followed by dates in the United States and Mexico. Next up, Allegiant Stadium in Las Vegas, NV this Saturday, May 23.

Demand for tickets has been “unprecedented,” reps say. Following the initial onsale, BTS sold out all 41 stadium dates across North America, Europe, and the U.K., shifting nearly 2.4 million tickets.

To cope with “overwhelming fan demand during presales,” further dates were added and promptly sold out in Tampa, FL. Stanford, CA, and Las Vegas, NV, and in Latin America.

BTS World Tour ‘ARIRANG’ 2026 & 2027 Asia And Australia Dates:

Nov. 19 — Kaohsiung – Kaohsiung National Stadium

Nov. 21 — Kaohsiung – Kaohsiung National Stadium

Nov. 22 — Kaohsiung – Kaohsiung National Stadium

Dec. 3 — Bangkok – Rajamangala National Stadium

Dec. 5 — Bangkok – Rajamangala National Stadium

Dec. 6 — Bangkok – Rajamangala National Stadium

Dec. 12 — Kuala Lumpur – TM Stadium Nasional

Dec. 13 — Kuala Lumpur – TM Stadium Nasional

Dec. 17 — Singapore – National Stadium

Dec. 19 — Singapore – National Stadium

Dec. 20 — Singapore – National Stadium

Dec. 22 — Singapore – National Stadium

Dec. 26 — Jakarta – Gelora Bung Karno Main Stadium

Dec. 27 — Jakarta – Gelora Bung Karno Main Stadium

Feb. 12 — Melbourne, AU — Marvel Stadium

Feb. 13 — Melbourne, AU — Marvel Stadium

Feb. 20 — Sydney, AU — Accor Stadium

Feb. 21 — Sydney, AU — Accor Stadium

March 4 — Hong Kong – Kai Tak Stadium

March 6 — Hong Kong – Kai Tak Stadium

March 7 — Hong Kong – Kai Tak Stadium

March 13 — Manila – Philippine Sports Stadium

March 14 — Manila – Philippine Sports Stadium