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Vía mail, David Lebón y Pedro Aznar respondieron algunas preguntas que no entraron en la extensa charla -cerca de noventa minutos- realizada en el mismo estudio elegido para la sesión de fotos. Las respuestas llegaron al cierre de la edición que tiene a dos Serú Girán en la tapa de Rolling Stone del mes de mayo. Pasado y presente de Lebón y Aznar se agitan en la antesala de la serie de shows que brindarán en el Movistar Arena con cuatro fechas agotadas y una nueva función pactada para el viernes 12 de septiembre que se suma a las presentaciones en Rosario, Córdoba y Mendoza.

Es imposible llegar directamente a los músicos, el contacto es a través de la agente de prensa de ambos, Jimena Arce maneja de un modo amable y sincero los puentes lejanos hacia David y Pedro. El primero en responder es la voz de “Seminare”. El nombre de Juanito Moro aparece en el cuestionario, el baterista participó en el concierto de Serú en el marco del Festival Quilmes Rock como traductor del ritmo contagioso de “Cuánto tiempo más llevará”.

“Juanito es familia, desde chiquito cuando dormía en el anvil de la batería de su padre. Tenemos una relación fluida, tanto en lo profesional como en lo personal. Lo amo con todo mi corazón. Veremos si nos da una sorpresa….”, dice Lebón.

“Juanito es un gran baterista, y un muchacho adorable. Recién había nacido cuando el grupo empezó en San Pablo, en junio del ‘78. El grupo y él salieron al mundo en el mismo momento. Y vivimos todos en la misma casa durante un mes, entre las voces y los juegos de Juanito bebé y los hijos de David. Eso, por supuesto, le da un valor afectivo enorme a tocar juntos. ¡Es parte de la familia desde siempre! Además, si bien él tiene su propio estilo, hay una esencia “morística” innegable en su toque. Va a estar como invitado en los shows de Buenos Aires, claro” (Aznar).

Durante el tiempo de espera de la larga sesión de fotos, los amigos jugaron al intercambio de bromas o percepciones que se activan cada vez que se juntan. Contraseñas que suman casi 50 años de complicidades, en su mayoría en un inglés fluido. Aunque hay diferencias del tiempo transcurrido, ambos vivieron en Estados Unidos en diferentes periodos de sus vidas. “Es algo que nació de una manera natural. Nos une una historia y un tiempo de estar juntos que genera este tipo de cosas”, dice Lebón y cierra su participación vía mail.

Aznar, en cambio, se tomó más tiempo para responder sobre algunos temas no tratados en la entrevista presencial.     

-El regreso de Serú ‘92 dejó conciertos multitudinarios y un disco que plasmó ese momento de la banda. ¿A modo de resumen o descripción a más de 30 años cómo podés describir ese regreso?

-Jugamos una carta fuerte, en el ‘92, cuando decidimos hacer un disco nuevo que reflejara nuestro presente. Serú 92 contiene grandes canciones, que han quedado como clásicos en nuestros repertorios solistas y se han grabado en la memoria emotiva de la gente. Así que en cuanto a la música nueva, la prueba se superó con creces.

En lo que respecta al vivo, (nos) habían pasado muchas cosas en los diez años transcurridos desde la última vez que habíamos tocado, y era una gran responsabilidad volver a pararnos sobre un escenario. El hecho de que fuera en grandes estadios multiplicó ese desafío, y creo que, considerando todas las circunstancias, salimos bastante bien parados. En esta oportunidad hago la dirección artística. Con la participación y el visto bueno de David, por supuesto.

-En el show del Quilmes Rock participaron varios invitados (Trueno, Sandra Mihanovich y Dante Spinetta). ¿Cómo fue la elección y de qué modo tanto las nuevas generaciones como artistas ya clásicos pueden convivir o ser parte del repertorio de Serú en este nuevo presente?

Creo que esa convivencia habla de la transversalidad de la música de Serú. Y para nosotros es un placer poder compartir con artistas tan brillantes y diversos. La elección se dio de una manera muy espontánea, ya que los admiramos, respetamos y queremos a los tres, y los reconocemos como usinas creativas surgidas de distintas generaciones, pero unidas a través de su aporte a la gran cultura musical que tiene nuestro país.

-¿Es posible pensar en un regreso discográfico de Serú? ¿En el caso de que fuese factible podría incluir a Charly?

Hay una confianza muy grande entre nosotros tres. Podemos hablar a corazón abierto sobre cualquier cosa. Y si bien no hay planes concretos de grabar, si surgiera la oportunidad y estuviéramos todos de acuerdo, se podría hacer sin ningún inconveniente.

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Con la espeluznante Lost Highway, David Lynch nos recordó que hay algo profundamente cinematográfico en el terror en la carretera. La sensación de avanzar hacia ninguna parte, atrapado en kilómetros infinitos de asfalto, siempre ha sido terreno fértil para el horror. Por eso películas como The Hitcher siguen siendo insuperables, porque entendían que el verdadero terror no era solo el monstruo, sino la soledad, el aislamiento y la imposibilidad de escapar. Algo similar ocurría con Jeepers Creepers, aquella pesadilla grotesca que convertía una autopista vacía en un infierno rural.

Por eso duele ver el nombre de André Øvredal asociado a Passenger y descubrir una película tan rutinaria. Es una lástima, porque el director noruego ha demostrado antes ser uno de los autores del género más interesantes de los últimos años. Troll Hunter transformaba el falso documental en una criatura folclórica gigantesca y fascinante. En la muy efectiva Scary Stories to Tell in the Dark, producida por el maestro Guillermo del Toro, combinó criaturas memorables, imaginación visual y un auténtico espíritu de horror juvenil. The Autopsy of Jane Doe fue una obra escalofriante de tensión claustrofóbica. Incluso la cinta vampírica The Last Voyage of the Demeter tenía momentos visuales extraordinarios y un verdadero amor por el horror gótico. Y es que Øvredal sabe manejar atmósferas, silencios y espacios oscuros mejor que la mayoría de los directores contemporáneos. Pero Passenger nunca termina de arrancar.

La premisa tenía potencial. Una pareja abandona Nueva York para abrazar la fantasía romántica de la vida en la carretera a lo Nomadland y termina siendo perseguida por una entidad sobrenatural en medio de carreteras interminables. Sobre el papel, parecía una mezcla prometedora entre horror moderno, ansiedad existencial y pesadilla americana. El problema es que la película jamás logra desarrollar una mitología convincente ni personajes lo suficientemente interesantes como para preocuparnos por ellos. Todo se siente extrañamente familiar.

Øvredal intenta compensarlo con sustos constantes, y algunos funcionan. Hay un manejo sólido del sonido, de las sombras y de la expectativa visual. Una escena utilizando un proyector portátil mientras se reproduce Roman Holiday tiene incluso una belleza espectral genuina. Pero esos momentos aparecen aislados dentro de una película demasiado obsesionada con el sobresalto fácil y la explicación a medias. El monstruo se parece al predicador de la infame Poltergeist II combinado con un espectro descartado por los esposos Warren de The Conjuring. Y en el cine de terror, un ente tan derivativo suele matar el miedo.

Además, la película sufre un problema grave, ya que nunca entendemos realmente las reglas de aquello que persigue a los protagonistas. Hay referencias al folclore de los vagabundos y sus símbolos extraños, a la iconografía cristiana (San Cristóbal protector de los conductores) y una especie de maldición ambulante, pero nada termina de conectarse. Y ahí es donde inevitablemente vuelven a aparecer las comparaciones molestas.

Jeepers Creepers funcionaba porque el monstruo era genuinamente aterrador incluso antes de comprenderlo del todo. Su sola presencia contaminaba la película. Y The Hitcher sigue siendo el rey absoluto del horror en carretera porque entendía que el mal podía ser puro, inexplicable y omnipresente. Rutger Hauer no necesitaba mitología ni exposiciones interminables. Bastaba con su mirada para convertir la autopista en un purgatorio. Passenger jamás alcanza ese nivel de pesadilla, ni siquiera le llega a los talones a la escabrosa y agreste Wrong Turn.

Jacob Scipio y Lou Llobell hacen lo posible con unos personajes escritos de forma superficial y el guion nunca les permite convertirse en personas reales. Son más vehículos narrativos que seres humanos. Y cuando una película de terror falla en hacerte sentir algo por sus protagonistas, el miedo empieza a evaporarse rápidamente.

Øvredal sigue teniendo sentido del oficio. Algunas composiciones nocturnas son excelentes y sabe cómo transformar una carretera vacía en un espacio hostil. Pero el cine de terror necesita más que habilidad técnica. Necesita obsesión, atmósfera y personalidad. Passenger tiene destellos, pero nunca termina de abrazarlos por completo y los pocos que tiene son tan desperdiciados como la actriz Melissa Leo.

Queda la sensación de haber visto una película diseñada por un algoritmo para llenar un vacío de la cartelera. Passenger es apenas competente, olvidable y desesperadamente incapaz de generar el impacto enfermizo de los grandes clásicos del subgénero. Una carretera larga, oscura y visualmente atractiva… que no lleva absolutamente a ninguna parte.

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Hay películas que necesitan grandes giros dramáticos para sostenerse. The Loneliest Man in Town hace exactamente lo contrario. Todo ocurre en silencios, con pequeños gestos y en habitaciones llenas de polvo, discos viejos y fotografías amarillentas. Y aun así, pocas películas recientes transmiten tan bien esa sensación devastadora de sentir que el tiempo terminó dejando atrás a una persona.

Los directores austriacos Tizza Covi y Rainer Frimmel (Vera, Mister Universo) vuelven a trabajar en esa frontera extraña entre documental y ficción que tanto les interesa. Aquí el protagonista no interpreta realmente un personaje. El músico Al Cook prácticamente se interpreta a sí mismo. Y eso le da a toda la película una autenticidad muy difícil de fabricar.

Cook, nacido Alois Koch, es un anciano músico austríaco obsesionado desde hace décadas con el blues estadounidense. Vive solo en un edificio condenado a demolición mientras unos desarrolladores inmobiliarios intentan expulsarlo constantemente. A su alrededor sobreviven varias tornamesas, una colección de discos de vinilo, cintas VHS, fotografías de su esposa fallecida y recuerdos de una vida construida alrededor de la música.

La película es sobre la nostalgia, pero no trata únicamente de extrañar el pasado, sino de sentir que el presente ya no tiene espacio para uno. Y Al Cook posee un rostro perfecto para eso. Con su enorme copete rockabilly, su espalda encorvada y ese inglés aprendido escuchando obsesivamente las entrevistas de Elvis Presley, parece un fantasma sobreviviente de otra época. 

Hay algo profundamente triste y hermoso en verlo caminar lentamente por pasillos oscuros mientras intenta mantener viva una identidad construida a partir del blues de Robert Johnson, Ma Rainey y todos esos músicos estadounidenses que para él representan una especie de hogar espiritual imposible de alcanzar completamente.

La película tiene una textura maravillosa. Filmada en 16mm, cada plano parece cubierto por una capa de memoria y desgaste. Las luces bajas, las velas que iluminan el apartamento cuando le cortan la luz y los colores apagados convierten a Viena en un espacio suspendido fuera del tiempo. A ratos, la cinta nos recuerda el cine de Aki Kaurismäki o Jim Jarmusch, aunque sin ese humor seco tan marcado. Aquí todo se mueve con más fragilidad emocional.

También resulta interesante cómo la película habla indirectamente sobre la gentrificación y el desplazamiento urbano. Los desarrolladores aparecen casi como unos mafiosos corteses intentando comprar o destruir los últimos restos de un viejo mundo cultural y humano. Cook representa justamente lo contrario. Él representa el pasado, la autenticidad y la conexión emocional que las personas tenemos con los objetos y espacios que nos rodean.

Covi y Frimmel saben cuándo simplemente observar. La cámara permanece quieta mientras Cook escucha sus discos, revisa las cintas antiguas o habla sobre mudarse finalmente al Mississippi para vivir cerca del origen del blues. Ahí aparece una de las ideas más hermosas y dolorosas de la película y que está relacionada con amar profundamente una cultura que siempre estuvo físicamente lejos de uno.

Es cierto que el minimalismo extremo puede sentirse repetitivo y que algunas escenas se alargan demasiado. Hay momentos donde la película parece más interesada en preservar la atmósfera que en desarrollar realmente el conflicto dramático. Pero incluso ahí conserva una honestidad emocional enorme.

Lo más valioso es que jamás intenta convertir a Cook en una figura heroica ni en una excentricidad pintoresca para consumo festivalero. Lo filma como un hombre cansado intentando descubrir qué hacer cuando los lugares, las personas y las canciones que definían su existencia comienzan lentamente a desaparecer.

Por eso la película termina sintiéndose exactamente como el blues que tanto ama su protagonista: triste, melancólica, terrenal y extrañamente hermosa incluso cuando habla de derrota.

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Aunque el ascenso de Xavi se gestó a la velocidad de internet, y ‘En Privado’, llegó incluso a colarse entre las selecciones musicales de fin de año de Barack Obama en 2025, Dosis revela algo más profundo que la viralidad.

En su recién estrenado segundo álbum de estudio, el cantante originario de Phoenix expande el lenguaje de los corridos tumbados hacia territorios donde conviven la bachata, el pop latino y los matices urbanos, decidido a  expandir los límites de su sonido y a definir, con mayor claridad, una identidad musical propia.

Con 19 canciones y una lista de colaboraciones que atraviesa distintos rincones de la música latina contemporánea, Dosis funciona como una declaración de crecimiento. “Tratamos de meterle un poquito de todo, para no dar lo mismo siempre y experimentar un poco de diferentes géneros”, explicó el artista. 

Lejos de limitarse al molde tradicional del regional mexicano, el disco se mueve entre guitarras tumbadas, estructuras pop y ritmos tropicales sin que la transición se sienta forzada. Canciones como ‘En Privado’, junto a Manuel Turizo, se acercan a la bachata desde un lugar melancólico y sensual, mientras que ‘Find Us Again’, el primer tema completamente en inglés de Xavi, explora otra textura vocal más cercana al pop confesional estadounidense.

Aun así, el corazón del álbum permanece intacto: desamor, deseo, nostalgia y heridas emocionales convertidas en canciones. En temas como ‘Cartier’, junto a Gabito Ballesteros, o ‘Bellaka’, Xavi mantiene esa mezcla entre vulnerabilidad sentimental y estética de lujo que ha definido gran parte de su imaginario reciente.

El álbum también refleja el momento particular que vive la música mexicana contemporánea. En lugar de entender el regional como un género cerrado, Dosis lo utiliza como punto de partida para dialogar con otros sonidos globales. Así aparecen colaboraciones con Fuerza Regida en ‘SRT’, Grupo Frontera en ‘No Capea’, Carín León en ‘La Morrita’, además de participaciones de Kapo, Neton Vega y Omar Montes. Más que simples feats estratégicos, las colaboraciones funcionan como extensiones naturales de la amplitud sonora que persigue el disco.

La estética del proyecto también acompaña esa transición. La portada del disco, protagonizada por un corazón en llamas rodeado de destellos brillantes, apuesta por un romanticismo oscuro y maximalista que conecta directamente con la sensibilidad visual de una generación criada entre TikTok, heartbreak playlists y cultura digital.

El disco ya está disponible para el público en todas las plataformas como Spotify, Apple Music y YouTube. 

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Ha pasado casi un año desde la muerte de Ozzy Osbourne, pero su familia asegura que su presencia regresará, de manera digital. Los Osbourne se han asociado con Hyperreal y Proto Hologram para crear una versión impulsada por inteligencia artificial del “Príncipe de las Tinieblas”. El Ozzy digital podrá volver a hablar con sus fans y estará disponible en unidades Proto Luma en el Reino Unido y Estados Unidos en unos meses.

Sharon Osbourne y Jack Osbourne anunciaron el proyecto el miércoles durante la Licensing Expo 2026 en Las Vegas. La creación contiene “el ADN digital de Ozzy Osbourne: su voz, imagen y movimientos”, dijo Jack durante el evento, según License Global.

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“Puedes preguntarle cualquier cosa al Ozzy digital y él te responderá con su propia voz; las respuestas serán exactamente lo que Ozzy habría dicho”, afirmó Sharon. “Vamos a llevarlo por todo el mundo. La gente podrá hablar con él y él les responderá”.

“Da un poco de miedo lo realmente preciso que es”, compartió Jack. “Él existirá digitalmente como sí mismo mientras existan las computadoras. La tecnología ha avanzado muchísimo, hasta el punto en que ahora es prácticamente de arrastrar y soltar. Puedes grabar una plantilla para un comercial… literalmente escribir lo que quieres que haga el Ozzy digital en ese anuncio y simplemente integrarlo. Así de simple es ahora”.

El CEO de Hyperreal, Remington Scott, le contó a ROLLING STONE que el avatar de Ozzy fue creado con tecnología patentada que le permite operar en tiempo real. La compañía utiliza una tecnología llamada “ADN Digital” para recopilar los datos necesarios para desarrollar los avatares. “Puede presentarse en vivo, responder a las audiencias y existir dentro de entornos interactivos”, explicó Scott. “Esto no es contenido prerenderizado reproduciéndose en bucle. Es una interpretación viva, construida exclusivamente a partir de material auténtico: seleccionado, autorizado y controlado por las personas más cercanas a Ozzy”.

David Nussbaum, fundador de Proto Hologram, reafirmó las declaraciones de Scott sobre el uso exclusivo de material aprobado para crear los avatares digitales, ya que tanto su empresa como Hyperreal siguen estrictos principios éticos respecto a la inteligencia artificial. “No tomamos a la ligera la responsabilidad de trabajar con artistas de esta magnitud”, afirmó.

Hyperreal ya había creado anteriormente un avatar digital del fallecido Stan Lee, el cual presentó durante la L.A. Comic Con 2025. Los videos del Lee digital lo muestran interactuando con asistentes de la convención, exaltando las virtudes de Spider-Man como su superhéroe favorito y explicando los orígenes de Sandman.

“Sharon llegó a esto con un contexto real: ya había visto de lo que esta tecnología es capaz”, explicó Nussbaum. “Visitó la sede de Proto Hologram en Van Nuys, donde pudo ver de primera mano varios proyectos, incluido el avatar de Stan Lee creado por Hyperreal, que mantuvo conversaciones en vivo con fans de Marvel durante la LA Comic-Con. Incluso ella misma se convirtió en un holograma. Así que no llegó sin saber nada. Entendía las capacidades de la tecnología antes de comprometerse, y eso es importante para nosotros, porque la confianza informada es la única que realmente vale”.

Sharon y Jack Osbourne hablaron sobre el Ozzy digital en un panel titulado “El legado perdurable de un ícono del rock y su familia: Ozzy Osbourne y los Osbourne”. License Global reportó que madre e hijo fueron bastante sinceros sobre el enfoque práctico que han tenido al construir su marca. “Tuvimos una gran discusión por los patitos de goma [de la marca]”, contó Jack, refiriéndose al merchandising relacionado con el programa The Osbournes. “Yo decía: ‘No voy a convertirme en un pato de goma’”. Pero al final, los patitos sí salieron a la venta.

Elvis Presley murió hace 50 años y todo el mundo sabe quién es Elvis”, dijo Sharon durante el evento. “Yo solo quiero eso para Ozzy Osbourne”.

“Es un honor que confíen en nosotros para traer de vuelta al mundo a uno de los verdaderos dioses del rock y permitirle seguir conectando con sus fans. ¡Gracias, Sharon y Jack!”, afirmó Nussbaum. “No lo haríamos si no estuviéramos seguros de que las tecnologías de nuestras compañías pueden crear una experiencia que realmente extienda la presencia, el corazón y el alma de Ozzy hacia el futuro”.

“Cada grabación, cada video y cada fotografía captura un momento”, explicó Scott. “Lo que Hyperreal y Proto están construyendo captura algo más: la presencia. La razón por la que la gente ama a Ozzy Osbourne no es solo por su música; es porque se entregó a sus fans de una manera en la que ellos realmente sentían que lo conocían. Eso es raro. Y vale la pena preservarlo. La idea es que un niño que descubra a Ozzy dentro de diez años pueda experimentar esa misma conexión; no una pieza de museo, sino a Ozzy siendo Ozzy”.

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A.CHAL ha pasado buena parte de su vida convirtiendo el desarraigo en lenguaje propio. Nació en Perú, creció en Queens y aprendió temprano que la identidad, antes de convertirse en orgullo, puede sentirse como una zona de fricción: el acento, el idioma, la presión de encajar, la necesidad familiar de “agringarse” para sobrevivir y, al mismo tiempo, la atracción casi instintiva hacia los márgenes, hacia la gente que no pedía permiso para existir. 

En su historia, la dualidad no aparece como una postal migrante ni como una fórmula de mercado, sino como una herida trabajada durante años hasta volverse intuición creativa. Antes de entenderse como artista, A.CHAL tuvo que entenderse como alguien que venía de varios lugares a la vez, alguien que había aprendido a moverse entre códigos distintos, entre la exigencia del hogar inmigrante, la calle neoyorquina, la nostalgia peruana y una idea de éxito que nunca terminó de parecerle suficiente si no venía acompañada de sentido. Por eso, cuando habla de su música, también habla de supervivencia, de bullying, de mudanzas, de castigos, de espiritualidad, de ayahuasca, de ego, de familia y de esa búsqueda silenciosa por sentirse cómodo en la propia piel. Todo parece parte del mismo proceso: dejar de pelear con lo que uno es para empezar a usarlo como brújula.

Esa brújula lo ha llevado ahora hacia una etapa que se siente menos como un giro de carrera y más como una revelación. Después de años moviéndose entre el R&B, el trap, el hip hop alternativo y una sensibilidad bilingüe que siempre estuvo atravesada por sonidos psicodélicos y exóticos, A.CHAL encontró en la cumbia peruana, la chicha y la música popular de los barrios una forma de volver al origen sin caer en el disfraz.

Su encuentro con Los Mirlos, su obsesión reciente con Chacalón, su lectura de la palabra “cholo” como símbolo de orgullo y su deseo de llevar esta nueva música al escenario con una banda que cruce cumbia y rock hablan de un artista que ya no está buscando sonar correcto, sino sonar verdadero. En esta conversación con ROLLING STONE en Español, A.CHAL mira hacia atrás sin nostalgia complaciente y hacia adelante sin ansiedad por convertirse en el artista más grande del mundo. Lo suyo parece ir por otro lado: hacer música que ayude, que nombre algo, que devuelva dignidad a una palabra, que conecte con quienes también han tenido que aprender a vivir entre mundos. Y quizá por eso este momento se siente tan poderoso: porque después de más de diez años de ensayo, caída, industria, independencia y búsqueda espiritual, A.CHAL parece haber encontrado no solo una dirección musical, sino una razón más profunda para seguir cantando.

A.CHAL: el orgullo de vivir entre mundos
Carla Blanca Corminboeuf

Tu historia siempre ha estado atravesada por ese cruce de mundos. Haber nacido en Perú y luego crecer en Queens, obviamente, te cambió como persona. ¿En qué momento entendiste que esa dualidad no era una carga, sino una ventaja creativa? 

Es una buena pregunta, porque eso no fue algo de lo que me di cuenta de inmediato. Había mucha resistencia, mucho bullying, especialmente por el idioma. Y no solo en la escuela, también de la gente en general. Queens es un lugar muy particular. No eran solamente latinos, caribeños y negros. Había hindúes, chinos, coreanos, griegos. Entonces, siendo inmigrante ahí, todos eran inmigrantes en cierto sentido, y todos querían ser los más aceptados dentro de lo americano. Esa energía se sentía muchísimo.

Había quienes querían ‘agringarse’ y otros que se ponían más rebeldes. Yo me junté rápido con la gente más rebelde. Pero ahora, viéndolo con perspectiva, entiendo que mi papá quería agringarse porque quería que la vida fuera más fácil para nosotros. Entonces existía ese dilema en casa. Yo andaba con gente más de barrio, inmigrantes caribeños y demás, y eso a él le asustaba un poco porque quería que yo fuera amigo de los niños que veía en la televisión, los niños americanos.

Después, entrando en la adolescencia, como a los 14 o 15 años, ya había pasado por demasiado. Me mudaba constantemente, fui como a seis escuelas diferentes. Y cuando te mudas tanto, terminas viviendo lo mismo de muchas formas distintas. Ya llega un punto en el que has hecho de todo: te quedaste callado, hablaste, peleaste, te golpearon, golpeaste, te sacaron de la escuela, llamaron a tus padres, tus padres te castigaron, hasta te botaron de la casa. Mi papá me botó varias veces hasta los 15 años.

Entonces llega un momento en el que simplemente dejas de darle importancia. Dices: ‘Tengo que cambiar algo’. Y aprendí a amarme en ese sentido. A partir de ahí crecieron muchas cosas.

Y tampoco es algo que desaparece por completo. Yo creo que todos seguimos lidiando con sentirnos cómodos con quienes somos realmente. Y eso no pasa solo por el rostro o la identidad cultural. También hay gente blanca que va a otros países y se siente intimidada. O pasa con la edad, cuando tienes 30 o 40 y vas a un concierto lleno de jóvenes de 18. O pasa con el dinero, con la ropa, con cómo te ves.

Entonces yo no me veo como alguien que sufrió algo único. Pienso que cada quien tiene su propia versión de esa historia. La vida es ir aprendiendo a sentirte cómodo contigo mismo, y esa aceptación ayuda muchísimo. También me ayuda mucho en el arte.

A nivel musical, llevas ya casi una década de carrera. Empezaste trabajando más el hip hop, el R&B y el trap. ¿En qué momento dijiste: ‘Voy a tomar mis raíces y transformarlas en algo moderno, actual y universal’?

Tú hablas de la fase en la que estoy ahora.

Mira, yo siempre he dicho esto: desde que empecé a sacar música en 2015, siempre hubo un toque bilingüe y también sonidos exóticos. Mi primer álbum se llamaba Exótica. Si escuchas Welcome to Ghazi, el intro tiene guitarras psicodélicas y ahí habla el Chapo Guzmán sobre sobrevivir y sobre cómo alguien del campo pudo lograr todo lo que tiene.

Y eso me encantaba porque yo me identificaba con esa mentalidad. Muchos inmigrantes, especialmente padres como el mío, son muy exigentes y te hacen pensar siempre en el trabajo, la familia, el dinero. Cuando el Chapo hablaba de eso, yo conectaba con esa visión, más allá de todo lo demás. Y mientras tanto yo ya estaba usando guitarras psicodélicas. Siento que esa propuesta siempre estuvo ahí.

Ahora, trabajar directamente con ritmos de cumbia o música folclórica peruana era algo que siempre quise hacer, pero no lo hacía porque sentía que podía ser inauténtico. Y si algo es un poco inauténtico, entonces para mí ya es fake. Prefería no hacerlo.

Cuando terminé Espíritu, que fue mi primer álbum independiente después de Epic, sabía que quería cambiar. Pero yo ya sabía que no quería seguir haciendo trap porque el ritmo ya no me emocionaba. La voz seguía siendo la misma, pero el ritmo no me interesaba más. Nunca me consideré realmente un rapero.

Carla Blanca Corminboeuf

Entonces dije: ‘Voy a hacer música como la música que me gusta’. Y siempre me gustó la música experimental, aunque fuera un poco comercial también. Joy Division, música ambient, DJs electrónicos. Me fui por ahí.

Invertí muchísimo tiempo y dinero, pero sentía que todavía no era yo. Terminé una relación, estaba decepcionado y no sabía qué hacer. Entonces viajé a Perú para el cumpleaños de mi papá y decidí quedarme. No tenía necesidad de volver a Estados Unidos.

Y cuando me quedé, empecé a sumergirme muchísimo más en la música peruana. Ya la conocía, pero esto fue otro nivel. Me enamoré de verdad de esa música. No podía creer que existieran artistas tan increíbles y que la gente no los conociera a nivel global.

Después empecé a meterme en el circuito de shows, a conocer artistas, y entendí mucho mejor por qué pasaba eso. Tiene mucho que ver con cómo nos criamos en Perú. Y ahí es donde yo siento que tuve otra perspectiva gracias a haber vivido en Estados Unidos. Me tocó pasar cosas feas allá, pero también aprendí otra mentalidad. Tuve que aprender a sobrevivir como peruano en otro país, y eso es distinto a sobrevivir como peruano en Perú.

Entonces dije: ‘Voy a darle una oportunidad a esta música’. Y sabía que iba a tomar tiempo. Todo esto empezó hace poco más de un año, antes de la canción con Los Mirlos. Y honestamente, yo veo ‘Cholo Gang’ como mi primera canción real. Todo lo anterior, incluso ‘Pituco’, era todavía experimental.

En este proceso hice como 30 o 50 demos. Y ahora siento que estoy llegando al punto correcto. Estoy ensayando con una banda porque quiero que en vivo exista esta mezcla entre cumbia y rock. Y para mí, el show tiene que ser todavía mejor que el disco.

Siento que ahora sí estoy encontrando exactamente qué debo hacer y qué no debo hacer.

Y tomó su tiempo.

Claro. Más de diez años.

Hablando de esta colaboración con Los Mirlos, que son leyendas de la cumbia y la chicha peruana, ¿cómo surgió esa colaboración? ¿Y qué otros referentes tienes dentro de la chicha psicodélica peruana?

La percepción que tiene la gente de afuera sobre la chicha peruana es muy distinta de lo que realmente es. Y eso para mí es lo más gracioso.

Imagínate que todo el mundo fuera de Colombia creyera que el vallenato lo hace un grupo que en realidad toca otro género completamente distinto. Algo así pasa con Los Mirlos. Mucha gente extranjera cree que ellos representan toda la chicha, pero en Perú realmente eran un grupo más alternativo, más underground para su época. Afuera sí los entendieron mucho más: Argentina, Europa. Pero dentro de Perú era otra cosa.

La verdadera chicha nace más desde Lima popular, no desde el Lima turístico de Miraflores, Barranco o San Isidro. Nace de los barrios periféricos, de la gente que migra desde la sierra o la selva hacia la capital buscando oportunidades. Llegan a una vida urbana y empiezan a mezclar los sonidos de la ciudad, como la salsa y el rock, con la cumbia andina y el huayno. Ahí nace la chicha.

Y esas canciones no hablan tanto de mujeres o de la selva psicodélica. Hablan de sobrevivir, de tristeza, de trabajar, de tomar. La gente baila y llora al mismo tiempo.

Hoy hay artistas jóvenes que me gustan mucho dentro de eso, como Chochito, con quien ya trabajé, o Chorriano. Pero si escuchas eso, vas a notar que es muy distinto de la idea que la gente tiene de la chicha.

Y obviamente está Chacalón. Él es el verdadero ícono. El verdadero origen de todo esto.

Y este último álbum, ¿lo grabaste todo en Perú?

Sí, todo.

¿Cómo fue ese proceso?

Yo suelo irme a provincias para grabar e inspirarme. A veces son hoteles pequeños y feos, otras veces la hacienda de un primo o un Airbnb cualquiera. Me voy con mi ingeniero, que además es amigo mío, y vivimos muy sencillo. Comemos comida de mercado, caminamos, observamos.

Y eso me inspira muchísimo. Incluso fuera de la música, si no fuera artista habría buscado un trabajo que me permitiera viajar así, porque aprendo mucho en esos lugares. He vivido en Los Ángeles, Nueva York, pasé tiempo en París. Todo eso estuvo bien, pero ya no me inspira igual.

Carla Blanca Corminboeuf

¿Y cómo ha sido esta etapa como artista independiente? Especialmente con el impacto reciente de este nuevo trabajo.

Ha sido un paso a la vez. Espíritu también fue independiente, pero no pasó demasiado con ese disco. Creo que Rolling Stone hizo una nota, pero fuera de eso no hubo gran cosa. Las giras salieron bien, pero no se compara con lo que está pasando ahora con ‘Cholo Gang’.

Y también estoy agradecido porque sí tuve una etapa donde la industria invirtió mucho en mí. Gané bastante dinero, aprendí muchísimo y también fracasé en ciertos sentidos. Eso me enseñó qué hacer y qué no hacer.

Hubo un tiempo en el que yo pensaba: ‘¿Por qué Dios me sigue castigando?’. Pero ahora estoy en otro lugar emocionalmente. Este negocio es difícil porque tu trabajo nace desde la emoción, y aun así necesitas estabilidad emocional.

Hoy, por la edad y por la experiencia, tengo mucho más claro lo que quiero hacer.

Y hubo algo que me cambió mucho el año pasado. Tomé ayahuasca y al mismo tiempo estaba leyendo The Power of Now. Fue una experiencia muy fuerte. El libro habla de cómo muchas veces tenemos una visión exacta de cómo queremos que se vea nuestra vida: cómo será tu pareja, tu casa, tus hijos. Pero cuando todo eso llega, nunca se ve exactamente igual a como lo imaginaste.

Entonces sufrimos porque estamos demasiado apegados a la imagen de la meta. Y eso lo aprendí muchísimo con mi chamana. Ahora intento vivir más abierto a lo que realmente llega.

¿Qué más viene para ti este año?

Honestamente, parte de mí quisiera borrar mis discos anteriores. A veces siento que no tienen el mismo nivel de autenticidad o de alineación con lo que hago ahora. Pero también entiendo que tengo que aceptar ese proceso. Es parte de mi crecimiento espiritual.

No voy a ser ese artista que cambia de nombre o que finge ser otra persona ahora. Todo eso también soy yo.

Recuerdo una vez que estaba con un artista enorme, alguien que acababa de hacer un headline show en Coachella. Estábamos en su hotel y me preguntó cuál era mi meta. Yo le respondí: ‘Ayudar’. Porque así me crió mi mamá. Si entro a un cuarto y alguien está cargando algo, mi primer impulso es preguntar cómo puedo ayudar. Si hay una sola silla para diez personas, yo voy a ser el último en sentarme.

Y esa persona me respondió: ‘Mi meta es ser el artista más grande del mundo. Quiero ser como Beyoncé’. Y yo me sentí horrible después de escuchar eso. Pensé: ‘Quizás soy estúpido. Quizás escogí el camino equivocado’. Porque veía que esa persona estaba triunfando precisamente por tener esa ambición enorme y egoísta.

Entonces pensé muchas veces que quizá debía dedicarme a otra cosa. Ser maestro, vivir tranquilo, ganar poco dinero y ya. Hasta el año pasado seguía pensando eso.

Pero ahora, con ‘Cholo Gang’, me han enviado fotos de estudiantes universitarios analizando la canción en clases. Hablando de la palabra ‘cholo’, de cómo los hace sentir, de lo que representa culturalmente. Y eso para mí es impresionante. Lograr algo así con una canción, rescatar una palabra de nuestra identidad, significa muchísimo.

Poder hacer eso mientras disfruto lo que hago es algo increíble. Puedes tener estadios llenos o millones de dólares, pero si no sientes que estás conectando de verdad con la gente, entonces para mí no vale igual.

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Cuesta trabajo imaginar una vida sin tecnología. Sin el vértigo constante de sentir que nos estamos perdiendo de algo. Y es cierto: los avances tecnológicos han facilitado muchísimas cosas. El trabajo, la comunicación, el transporte, el entretenimiento. Las computadoras y los celulares han hecho la vida más práctica y nos han permitido estar más conectados los unos con los otros.

Las redes sociales, por ejemplo, son una invención increíble. Han impulsado relaciones a distancia, permitido compartir nuestras vidas con el mundo y, muchas veces, servido como puente para reencontrarnos con personas que creíamos perdidas en el tiempo. ¿Quién no le ha escrito a un viejo amigo después de años sin hablar solo porque apareció una notificación de cumpleaños?

La tecnología también ha eliminado algo que antes parecía inevitable: el aburrimiento. Basta con desbloquear el celular, abrir una aplicación y comenzar a scrollear para llenar cualquier espacio vacío.

Pero todo exceso tiene consecuencias.

Pensemos por un momento en la última vez que estuvimos realmente presentes en una reunión social. Sin pensar en qué íbamos a subir a redes, en cómo nos veríamos en las fotos o en qué estaba pasando fuera de esa mesa. Pensemos también en la última vez que salimos a caminar sin audífonos, sin podcast, sin música de fondo; simplemente escuchando el ambiente, observando las calles, sintiendo el ruido de la ciudad y estando presentes en nuestro propio entorno.

¿Cuándo fue la última vez que estuvimos verdaderamente aquí?

En LOVERBOY PARTE 1, Mario Bautista parece hacerse justamente esas preguntas. El resultado es un EP —el primero de cuatro capítulos— que, entre influencias de R&B, funk y jazz, explora lo liberador que puede ser desconectarse para volver a habitar el presente. En conversación con ROLLING STONE En Español, Mario nos habla de un proyecto que encuentra belleza en esos pequeños momentos donde las historias reales todavía alcanzan a existir.

Primero, felicidades por el nuevo EP…

Muchas gracias.

Estuve viendo el corto y escuchando el EP desde que salió y me llamó la atención el contexto porque hay una sensación de asfixia muy fuerte. Me abrumó darme cuenta de que realmente vivimos con el celular todo el tiempo. Y hay una frase que me pegó muchísimo: “Antes el internet era un escape de la realidad. Hoy la realidad es un escape del internet”. Es casi como despertar en la Matrix. ¿Cómo fue para ti ese despertar?

Así tal cual quise plasmarlo en el video. Literalmente sentí que despertar era darte cuenta de que ya estamos muy hipnotizados por el algoritmo y por el mundo digital. Entonces fue decir: “Nuestra vida no es digital, nuestra vida es análoga”. Soltar el celular y volver a la experiencia, al presente, a ver qué te depara la vida.

Ahí fue donde quise retratar esta búsqueda en el cortometraje: agarrar las llaves del coche, salir y reconectar, descubrir qué hay para ti allá afuera y regresar a las raíces, que en este caso se simbolizan con el puesto de tacos.

Sobre los detalles, me gusto que al inicio del video salieran los discos de vinilo y quería preguntarte algo muy específico: ¿te gusta Michael Jackson?

Lo amo. Es un tremendo ídolo y una inspiración en todos los aspectos. Siempre ha sido mi referencia número uno. Mi mamá es superfán de Michael Jackson y crecimos escuchándolo, bailando sus canciones y viendo sus videos musicales.

Michael Jackson fue un exponente en todos los sentidos.

Sobre los 80’s, ¿qué tienen de especial esta decada para ti?

Se me hace una década increíble porque los géneros predominantes eran el funk y el R&B, y por eso decidí meter toda esa influencia dentro del álbum. Era una época donde ya empezaba el tema digital con los VHS y los Discman, pero todavía no existía esta hiperconexión ni esta rapidez que tenemos hoy.

Siento que era un momento donde la gente estaba más dispuesta a explorar. La moda era explosiva, los colores eran intensos, los coches parecían dulces. Todo se sentía mucho más conectado al arte. Estaban artistas como Michael Jackson o Prince en el top, y por eso quise viajar a esa línea del tiempo.

“Nuestra vida no es digital”: Mario Bautista y el arte de volver al presente
Cortesía

El álbum viaje entre el R&B y el jazz, y antes de ver el corto yo escuchaba el álbum y pensaba: “Esto estaría increíble escucharlo caminando por la Condesa o la Roma”. Y luego veo que el corto retrata justo esas avenidas largas, esa vibra muy citadina. ¿Cómo fue para ti construir ese viaje entre la música y la narrativa visual?

Mi mayor fuente de inspiración siempre han sido las mujeres. Con algunas me he enamorado profundamente y siento que se me facilita muchísimo escribir desde ahí.

Lo que quería plasmar era este coqueteo constante a través de las letras porque el Loverboy es este personaje que vive desde el amor. El amor es el puente para conectarte con el presente, porque normalmente el ser humano vive en el pasado, en el futuro o distraído por el celular. Nunca estamos realmente aquí y ahora, y eso es lo único tangible que tenemos.

Entonces el Loverboy funciona como un puente para volver a sentir, para reconectarte con una conversación, unos buenos tacos o una cita sin dispositivos de por medio. Simplemente tú y la otra persona disfrutando su compañía.

Me gusta mucho cuando las ciudades funcionan casi como un personaje dentro de una historia, y siento que eso pasa aquí con la Ciudad de México. En esta etapa donde hablas de bajar el ritmo y disfrutar más el presente, ¿sientes que estamos dejando de habitar esos momentos simples sin darnos cuenta?

Sin duda. Siento que la tecnología nos está quitando el sentimiento de estar vivos. Ya preferimos estar escrolleando durante horas en lugar de salir a caminar, regalar flores o compartir tiempo con alguien.

Se nos están olvidando esos pequeños detalles que realmente le daban sabor a la vida. La gente ya prefiere quedarse en casa con sus aparatos y poco a poco estamos perdiendo el sentido de comunidad y de pertenencia. Todo lo que está pasando con la tecnología da un poco de pánico.

En “Girl” tienes una colaboración perfecta con Kalimba. Su presencia encaja increíble con este universo que construiste. ¿Cómo nació esa colaboración?

Cuando estaba creando la canción pensé inmediatamente en Kalimba. Sentía que su energía ya estaba dentro del tema desde que lo escribí. Entonces busqué quién tenía contacto con él y me di cuenta de que yo mismo tenía su número guardado desde hace años.

Le mandé mensaje, le envié el track y me respondió: “¿Qué es esta locura? Parece que la hice yo”. Le dije que me encantaría que formara parte de la canción y cuando nos vimos en el estudio le enseñé todo el álbum.Quedó fascinado. Me dijo que le parecía increíble volver a escuchar estos géneros sobre la mesa otra vez. Fue muy emocionante compartir con él y construir Girl juntos.

Cortesía

¿Qué tanto de Loverboy es un personaje y qué tanto existe fuera del estudio?

Cien por ciento existe. Siento que esta es la vez que más he alineado lo que soy, lo que siento y lo que quiero ofrecer como artista dentro de un mismo proyecto.

Desde el mensaje de soltar las pantallas hasta la música funk y R&B, todo forma parte de mí. Son los géneros que más escucho y honestamente siento que en la vida real sí soy un fucking loverboy.

¿Crees que hoy un artista puede permitirse bajar el ritmo sin desaparecer?

Está durísimo. Siento que tienes que ser un artista gigantesco para darte ese lujo porque hoy existe tanta saturación de contenido, tanta información y tanta inteligencia artificial, que la gente olvida las cosas en diez minutos.

Entonces claro que da miedo pensar que también puedan olvidarse de ti. Es una locura.

Cortesía

¿Cuándo fue la última vez que estuviste completamente presente, sin pensar en cómo se iba a ver desde afuera?

Ayer [risas]… he estado practicando muchísimo la presencia porque creo que es la única manera de soltar la ansiedad que genera esta hiperconexión.

Ayer vino a México Mike Bahía y nos vimos para cenar. Caminamos por Polanco, estuvimos escuchando música, platicando de la vida, completamente desconectados del teléfono.

Y siento que esos son los verdaderos momentos de la vida: una buena conversación, una buena comida y compartir el presente, que es lo único que realmente tenemos.

Finalmente, ¿qué significa amar bien en la actualidad?

Amar desde el corazón y no desde la mente. La mente tiene prejuicios, inseguridades y experiencias del pasado, y cuando juzgas un nuevo amor desde ahí, nunca va a funcionar.

Creo que el chiste es conectar desde el corazón, desde la libertad, la confianza y la plenitud. Entregarte desde un lugar genuino.

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Paul McCartney quiere contarte una historia. Tomá asiento y escuchá mientras pinta la escena con palabras pausadas: “Solía pasar por delante de tu casa”, comienza, con una voz un poco más ronca en estos días, pero no por ello menos tierna. “Cada noche miraba hacia tu ventana. La luz estaba encendida. Veía tu silueta en la persiana…”. Es un recuerdo agridulce de hace mucho tiempo, algo parecido a “No Reply” de Los Beatles, pero con todo el resentimiento reemplazado por sentimientos más amables. “¿Se te cruza mi nombre por la cabeza mientras descansas allí?”, le pregunta a aquel viejo amor platónico. Entonces entra la banda —en realidad, es casi todo el propio Sir Paul, tocando al menos nueve instrumentos— y ahí está: tantos años después, todavía quedan pocos placeres más grandes en la música pop que escuchar a este tipo rockearla.

“As You Lie There” es la primera canción de The Boys of Dungeon Lane, el primer álbum de estudio de McCartney en seis años, y marca el tono de esta obra maestra de vejez, cálida y nostálgica. Hay varias canciones sobre sus primeros años en Liverpool, incluido un dúo sobre “los buenos viejos tiempos” con su amigo Ringo Starr; el título del álbum hace referencia a una calle del barrio donde crecieron tanto él como George Harrison. En general, se percibe la sensación de una leyenda que repasa una vida bien aprovechada. Este no es necesariamente un tema nuevo para McCartney, que lleva años cantando sobre lo que una vez llamó su pasado siempre presente. Pero la vibración otoñal es más pronunciada que nunca, y hay una emotividad inusual en canciones como “Days We Left Behind”, donde revuelve algunas fotos viejas en blanco y negro y solo encuentra “bares llenos de humo y guitarras baratas / pero nada construido para durar”. Es una de las baladas acústicas más conmovedoras de un canon al que no le faltan precisamente ejemplos; un “Yesterday” con seis décadas más de experiencia detrás de la silenciosa tristeza.

Eso no quiere decir que este álbum sea deprimente, en absoluto. La fuerza vital de McCartney se mantiene intacta a lo largo de estos 14 temas, y la alegría que encuentra al hacer música se transmite en cada cambio de acorde. En “Mountain Top”, el eternamente joven músico de 83 años recuerda una agradable caminata entre hongos alucinógenos y mariposas, con un clavecín, bongós y loops de cinta que se suman a la atmósfera psicodélica. “Come Inside” es un rock de palmas ágil y libre que recuerda a Off the Ground de 1993. “Never Know” tiene un groove y un swing que remiten a Wings en la época de Back to the Egg (1979). “Life Can Be Hard” y “Ripples in a Pond” son homenajes románticos a la mujer de su vida, recordatorios de que el amor no tiene nada de tonto.

Todas estas canciones se benefician de arreglos sencillos y elegantes en los que McCartney toca casi todo por sí mismo, su segundo álbum consecutivo con este estilo tras el triunfo como “hombre orquesta” de McCartney III en 2020. El coproductor Andrew Watt —convertido en el principal “encantador” del rock clásico de esta década gracias a su trabajo con los Stones y Ozzy Osbourne— añade sintetizadores y guitarras aquí y allá. Sin embargo, en general es lo bastante inteligente como para no estorbar y dejar que uno de los músicos con más talento natural de la historia haga lo suyo. Es un contraste refrescante con los esfuerzos de la década de 2010 como New y Egypt Station, donde McCartney incorporó a múltiples colaboradores de corte pop con resultados dispares. Parece haber aprendido que lo que realmente queremos de un nuevo álbum solista a estas alturas de su carrera es más McCartney.

The Boys of Dungeon Lane cierra con un par de canciones vinculadas temáticamente sobre la paternidad en circunstancias difíciles. “Salesman Saint” evoca a sus verdaderos padres, Jim y Mary, y su decisión de formar una familia en la Inglaterra de la guerra: “No podían más, pero tenían que seguir adelante”, canta. “Así que aprendieron a seguir adelante, con risas y una canción”. Aún más impresionante es “Momma Gets By”, donde imagina a una pareja cuya vida podría parecer una miseria para alguien de afuera, pero que se aman de todos modos. Ella es una madre trabajadora, tal vez una conocida de las mujeres sobre las que escribió en “Lady Madonna” y “Another Day”; su marido está demasiado ocupado drogándose como para echar una mano. “Aunque él es complicado, ella lo lleva con naturalidad”, canta McCartney. “¿Qué son sus tontos defectos comparados con lo que ella siente por dentro?”. Su voz se esfuerza un poco por alcanzar la nota alta. Entonces entra una sección de vientos de madera, ligera y aérea, y con ella, una abrumadora sensación de gracia.

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La cuenta regresiva terminó: esta noche se celebrará una nueva edición de los Premios Gardel, la ceremonia que cada año reúne a las principales figuras de la escena local entre shows en vivo, homenajes y, claro, estatuillas.

En esta oportunidad, la entrega se llevará a cabo en el Teatro Coliseo, con transmisión en vivo de TNT y HBO Max desde las 21 hs y una previa desde las 20:15 con alfombra roja incluida.

Cazzu, Milo J, Lali, Babasónicos y Marilina Bertoldi son los principales candidatos a quedarse con el premio a Álbum del Año. También habrá actuaciones en vivo, reconocimientos especiales y un homenaje a Los Nocheros por sus 40 años de trayectoria.

Dónde ver los Premios Gardel 2026

La entrega podrá seguirse en vivo a través de TNT y por streaming en HBO Max. La gala principal será conducida por Diego Leuco, mientras que la cobertura de la alfombra roja estará a cargo de Eleonora Pérez Caressi.

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Los artistas que van a tocar en vivo

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  • Trueno
  • Milo J
  • Yami Safdie
  • Marilina Bertoldi
  • Coti
  • Angela Leiva
  • La K’onga
  • Agustín Bernasconi
  • K4OS
  • Roze
  • Valen Vargas

En la previa también habrá actuaciones de Joaco Burgos y Cucuza Castiello.

PREMIOS GARDEL 2026 – NOMINACIONES

Álbum del año

  • Latinaje — Cazzu
  • No vayas a atender cuando el demonio llama — Lali
  • La Vida Era Más Corta — Milo J
  • Cuerpos, vol.1 — Babasónicos
  • Para quién trabajas vol. I — Marilina Bertoldi

Canción del año

Advertencia
INTÉRPRETE: Babasónicos
AUTOR: Adrián Rodríguez
COMPOSITOR: Adrián Rodríguez

Niño
INTÉRPRETE: Milo J
AUTORES: Camilo Joaquín Villarruel, Gregorio Armando Reinaldo Nelli, Mario Del Tránsito Cocomarola
COMPOSITORES: Camilo Joaquín Villarruel, Santiago Alvarado, Santiago Ruiz “Tatool”, Gregorio Armando Reinaldo Nelli, Mario Del Tránsito Cocomarola

Mejor que vos
INTÉRPRETES: Lali & Miranda!
AUTORES: Mariana Espósito, Mauro De Tommaso, Martin D’Agosto, Alejandro Sergi
COMPOSITORES: Mariana Espósito, Mauro De Tommaso, Martin D’Agosto, Alejandro Sergi

Con Otra
INTÉRPRETE: Cazzu
AUTORA: Julieta Emilia Cazzuchelli
COMPOSITOR: Nicolás Cotton

Favorita
INTÉRPRETE: Angela Torres
AUTORES: Ángela Caccia Torres, Isabela Terán Lieban, Fermín Ugarte, Mauro De Tommaso
COMPOSITORES: Ángela Caccia Torres, Isabela Terán Lieban, Fermín Ugarte, Mauro De Tommaso

El gordo
INTÉRPRETE: Marilina Bertoldi
AUTORA: Marilina Bertoldi
COMPOSITORA: Marilina Bertoldi

Querida Yo
INTÉRPRETES: Yami Safdie, Camilo
AUTORES: Yami Safdie, Camilo
COMPOSITORES: Yami Safdie, Camilo

Fresh
INTÉRPRETE: Trueno
AUTOR: Mateo Palacios Corazzina “Trueno”
COMPOSITORES: Mateo Palacios Corazzina “Trueno”, Santiago Gabriel Ruiz “Tatool”, Lukas Benjamin Leth Kroll

#Tetas
INTÉRPRETES: Ca7riel & Paco Amoroso
AUTORES: Catriel Guerreiro, Ulises Guerriero, Rafa Arcaute, Federico Vindver, Vicente Jiménez “Vibarco”, Gino Borri, Carolina Isabel Colón Juarbe “GALE”
COMPOSITORES: Catriel Guerreiro, Ulises Guerriero, Rafa Arcaute, Federico Vindver, Vicente Jiménez “Vibarco”, Gino Borri, Carolina Isabel Colón Juarbe “GALE”


Grabación del Año

  • In the City — Charly García & Sting
  • Niño — Milo J
  • Mejor que vos — Lali & Miranda!

Ingeniería de Grabación

  • Papota — Ca7riel & Paco Amoroso
  • A tres días de la tierra — Eruca Sativa
  • La Vida Era Más Corta — Milo J

Mejor Álbum Artista de Folklore

  • Mirarse en otros ojos — La Ferni
  • Décimas — Maggie Cullen
  • Fuera de lugar — Liliana Herrero

Mejor Álbum Artista de Rock

  • Para quién trabajas vol. I — Marilina Bertoldi
  • El retorno — Santiago Motorizado
  • El (in) Correcto Uso de la Metáfora — Richard Coleman
  • Continhuará — Fernando Ruiz Díaz
  • Novela — Fito Paez

Mejor Álbum Artista de Tango

  • Canciones de dos puertos — Alfredo Piro Rinaldi
  • Pratanguero: 4º Esquina Final — Ariel Prat
  • Actos de gentileza — Florian

Mejor Álbum Artista Pop

  • Cuerpo — Olivia Wald
  • Detalles — Zoe Gotusso
  • Mi Norte & Mi Sur — Diego Torres
  • No vayas a atender cuando el demonio llama — Lali
  • No me olvides — Angela Torres
  • El Verdadero — Juan Ingaramo
  • Perfectas — Emilia

Mejor Álbum Artista Tropical / Cumbia

  • Homenaje al chino de la Nueva Luna — Daniel Cardozo
  • Malportada — Nathy Peluso
  • La Casa De La Cumbia vol.1 — The La Planta
  • Vol. 1 — El Negro Tecla

Mejor Álbum Banda de Sonido

  • The Last of Us: Season 2 — Gustavo Santaolalla & David Fleming
  • La mujer de la fila — Daniel Godfrid y Sebastián Espósito
  • Los Mufas: Suerte para la desgracia — Juan Blas Caballero

Mejor Álbum Canción de Autor

  • Gamurgatrónica — Ruben Rada
  • Querida Yo — Yami Safdie
  • Vivir Así — Barbarita Palacios
  • Serenata en Mi Mayor para un amor y un atardecer — Coti
  • Amor de mi herida — Camilú

Mejor Álbum Conceptual

  • Tucumano Soy — Juan Falú
  • La Vida Era Más Corta — Milo J
  • Sandro así — Ariel Ardit

Mejor Álbum de Cuarteto

  • Rompecabezas — Ulises Bueno
  • Mejores Amigos de La Muela — Eugenia Quevedo
  • Que sed — Luck Ra
  • En Vivo Buenos Aires — La K’onga

Mejor Álbum de Hip Hop / Rap

  • Okupas — Little Boogie & Stereo
  • Bhavilonia — Bhavi
  • Culto III — Neo Pistea
  • Gauchos — Veeyam
  • EUB Deluxe — Trueno
  • Versus — Paulo Londra

Mejor Álbum de Jazz

  • Apocalipsis — Pipi Piazzolla Trio
  • Tomás Sainz — Tomás Sainz
  • New York Sessions Vol. 1 — Leo Genovese – Mariano Otero
  • Nomads — Valentino Jazz Bazar & Carrie Dianne Ward
  • Todos los fuegos — Roxana Amed

Mejor Álbum de Música Clásica

  • Compositores Argentinos — Grupo Vocal de Difusión & Mariano Moruja
  • Sergio Parotti: Cuartetos de Cuerdas Vol. 1
  • Murmullo en las aguas — Las Destrozzi
  • El Teremín, la Serie y el Boxitracio — Martín Proscia y Pablo Borrás

Mejor Álbum de Música Global

  • Huaucke Habibi — Los arcanos del desierto
  • Latinaje — Cazzu
  • Impulsa el Círculo — Brenda Martin

Mejor Álbum de Música Romántica Contemporánea

  • Gracias a la Vida — Abel Pintos
  • Alquimia — Patricia Sosa & Mijares
  • Su Amigo Dyango, Vol. 1 — Dyango

Mejor Álbum de Pop Rock

  • Polvo de estrellas — Turf
  • El Regreso — Tan Bionica
  • Los lobos — Estelares
  • Ya No Estoy Aquí — Rayos Láser
  • Alter ego — Silvestre y La Naranja

Mejor Álbum de Reggae/Ska

  • Alfonsina y el mal — Señor Flavio
  • La Respuesta — Leonchalon
  • Raíces muy fuertes — Fidel Nadal
  • A Tempo — Dread Mar I

Mejor Álbum en Vivo

  • Juegue Kuelgue — El Kuelgue
  • Hilda Canta Charly 2 — Hilda Lizarazu
  • Hecho en Jamaica — Nonpalidece
  • Conociendo Rusia vuelve a casa
  • Trueno – Red Bull Symphonic
  • Signos 25 años Vivo — Los Nocheros
  • En vivo volumen I — Cindy Cats
  • Esencia En Vivo — Cruzando El Charco

Mejor Álbum Folklore Alternativo

  • Trinar(La flor) — Nadia Larcher
  • 89 — Flor Paz
  • Los días por venir — Lorena Astudillo & Ignacio Montoya Carlotto

Mejor Álbum Grupo de Folklore

  • FAlklore Vol. 1 y 2 — Esto es ¡FA! & Mex Urtizberea
  • Las canciones más lindas del mundo Vol. 2 — Dos Más Uno
  • Hasta que aclare — Eva y Nadia
  • Bipolar — Campedrinos

Mejor Álbum Grupo de Rock

  • Divididos — Divididos
  • Artificio — Indios
  • A tres días de la tierra — Eruca Sativa
  • El club de la pelea I — Airbag
  • Cuerpos, vol.1 — Babasónicos
  • Sesión 20° Aniversario — El Mató a un Policía Motorizado

Mejor Álbum Grupo Pop

  • Nuevo Hotel Miranda! — Miranda!
  • Vandalos — Bandalos Chinos
  • 4EVER — K4OS

Mejor Álbum Grupo Tropical / Cumbia

  • El Desvelo — La Delio Valdez
  • Uriel Lozano vol.2 / Zapada en vivo — Un Poco de Ruido
  • Todo el mundo está kaliente! — Kchiporros

Mejor Álbum Infantil

  • Mardearena — Magdalena Fleitas
  • Luna con duendes — Mariana Baggio y otros
  • Cantá con El Reino Infantil
  • Al Agua — Pez Pequeño Pez

Mejor Álbum Instrumental

  • Las cuatro estaciones — Noelia Sinkunas
  • Solo — Pipi Piazzolla
  • La Magia — Quique Sinesi & Astrid Motura

Mejor Álbum Música Electrónica

  • Deseo — Mistol Team
  • Peces Raros – Spotify Sessions
  • X-Sex — Six Sex

Mejor Álbum Orquesta y/o Grupo de Tango

  • EMPA Orquesta de Tango
  • Tangomorphosis — Pablo Estigarribia
  • Tango — José Colángelo

Mejor Álbum Pop Alternativo

  • Mi año gótico — Emmanuel Horvilleur
  • Hotcore — Taichu
  • En el Ciber — Benito Cerati
  • Papota — Ca7riel & Paco Amoroso
  • Tanya — Juana Rozas

Mejor Álbum Rock Alternativo

  • Exultante — Carca
  • Ceremonia — 1915
  • Instantáneo — Viva Elastico
  • Quiero que lo que yo te diga sea un arma — Winona Riders

Mejor Álbum Rock Pesado

  • Vive — Claudio Marciello
  • Legado — A.N.I.M.A.L
  • Alto Viaje — Corvex

Mejor Álbum Urbano

  • Gotti B — Tiago PZK
  • Quimera — Maria Becerra
  • 166 (Deluxe) retirada — Milo J
  • Saturación pop — Ysy A
  • Lamba — FMK

Mejor Arte

  • Cuerpos, vol.1 — Babasónicos
  • Doga — Juana Molina
  • Novela — Fito Paez

Mejor Canción de Autor

  • Luciérnagas — Milo J, Silvio Rodríguez
  • Hielo Fino — Silvina Moreno
  • Querida Yo — Yami Safdie, Camilo

Mejor Canción de Cuarteto

  • Julieta & Romeo — Ian Lucas & Q’ Lokura
  • Carita Triste — Q’Lokura, Los Herrera
  • Tu misterioso alguien — Luck Ra feat. Miranda!
  • Hielo, vino y coca — Los Tabaleros & Los Caligaris
  • No se ve / Chingón — Desakta2
  • DIOS — Ulises Bueno
  • Otra Poesía — L-Gante, La K´onga

Mejor Canción de Folklore

  • Décimas — Maggie Cullen
  • Puño y letra — Duratierra
  • Niño — Milo J
  • El amor es un viento que regresa — Los Nocheros

Mejor Canción de Hip Hop / Rap

  • Cadenas — Acru
  • Fresh — Trueno
  • Gil — Milo J, Trueno
  • Retirada — Milo J
  • PVSL — Paulo Londra

Mejor Canción de Pop

  • Perfecto Final — Conociendo Rusia, Nathy Peluso
  • El día del amigo — Ca7riel & Paco Amoroso
  • El Ritmo — Bandalos Chinos
  • Favorita — Angela Torres
  • Me Gusta — Miranda! & TINI
  • Mejor que vos — Lali & Miranda!

Mejor Canción de Rock

  • El gordo — Marilina Bertoldi
  • In the City — Charly García & Sting
  • Volarte — Eruca Sativa
  • Pensando en Ella — Dante Spinetta
  • Advertencia — Babasónicos
  • Aliados en un viaje — Divididos

Mejor Canción de Tango

  • La Marcha de la Bronca — Quinteto Negro La Boca y varios
  • La Guitarra — Melingo & Fito Paez
  • Nada — Ariel Ardit y Lidia Borda

Mejor Canción en Vivo

  • Fanático — Lali
  • Inocente — Nonpalidece Ft. La Delio Valdez
  • Tiny Desk — Ca7riel & Paco Amoroso
  • Sábado — Cindy Cats
  • La Taleñita — Milo J & Campedrinos

Mejor Canción Pop Rock

  • 33 — Lali & Dillom
  • #Tetas — Ca7riel & Paco Amoroso
  • Barry Lindo — El Kuelgue
  • Tus Cosas — Tan Bionica
  • Desastres Fabulosos — Conociendo Rusia, Jorge Drexler

Mejor Canción Tropical / Cumbia

  • Me Contó Un Pajarito — Fede Vigevani, Luck Ra, Ian Lucas
  • Con Otra — Cazzu
  • Si No Es Muy Tarde — Luciano Pereyra y otros
  • Amiga Traidora — Angela Leiva
  • Echar de Menos — Ke Personajes
  • Tu jardín con enanitos — Roze y otros

Mejor Canción Urbana

  • Sin cadenas — Paulo Londra
  • Bzrp Sessions — Bizarrap, Daddy Yankee
  • Olimpo — Milo J
  • Cruz — Trueno & Feid
  • Historia — Ramma

Mejor Colaboración

  • Loco un poco — Turf & Lali
  • Tu misterioso alguien — Luck Ra feat. Miranda!
  • Campera de cuero — Los Tabaleros & Las Pastillas del Abuelo
  • Jangadero — Milo J & Mercedes Sosa
  • Mi Vida — Tan Bionica, Andrés Calamaro
  • In the City — Charly García & Sting
  • Mejor que vos — Lali & Miranda!
  • Bzrp Sessions — Bizarrap, Daddy Yankee
  • Me Gusta — Miranda! & TINI
  • Me Contó Un Pajarito — varios

Mejor Colaboración Urbana

  • Hasta que me enamoro — Maria Becerra, Tini
  • Gil — Milo J, Trueno
  • Bzrp Sessions — Bizarrap, Daddy Yankee
  • Masna remix — FMK, Emilia, Nicki Nicole, Tiago PZK
  • La verdadera — Ramma, Kidd Voodoo
  • Flashbacks — Wisin, Paulo Londra, Big One

Mejor Colección de Catálogo

  • Pelusón of Milk — Spinetta
  • Suiza 1980 — Mercedes Sosa
  • Adiós Sui Generis — Sui Generis

Mejor Nuevo Artista

  • María Wolff
  • Blair
  • Little Boogie & Stereo
  • Cindy Cats
  • Tuli
  • La Ferni
  • Sofía de Ciervo
  • Mia Folino
  • Las Tussi
  • Chechi de Marcos
  • 143leti

Mejor Videoclip Corto

  • El gordo — Marilina Bertoldi
  • Bajo De La Piel — Milo J
  • #Tetas — Ca7riel & Paco Amoroso
  • In the City — Charly García & Sting
  • Advertencia — Babasónicos

Mejor Videoclip Largo

  • Todo Es Folklore — Los Tabaleros
  • Papota — Ca7riel & Paco Amoroso
  • La Vida Era Más Corta — Milo J
  • No vayas a atender… — Lali
  • Sonidos, barro y piel — Divididos

Productor del año

  • Nico Cotton
  • Evlay
  • Gustavo Santaolalla
  • Cachorro López
  • Marilina Bertoldi
  • Tatool
  • Mauro De Tommaso
  • Milo J
  • Santiago Alvarado

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Hay canciones que acompañan un momento, y otras que se convierten en el eco de toda una generación. Desde los escenarios de los programas más icónicos de los 2000 nacieron artistas que no solo conquistaron las listas de éxitos, sino que transformaron la historia del pop con canciones que aún hoy siguen vivas en la memoria colectiva. Sus voces, historias y melodías abrieron el camino para muchos de los artistas que actualmente dominan la escena internacional, convirtiéndose en inspiración y referencia para nuevas generaciones. 

Porque antes de los himnos que hoy encabezan el pop global, existieron canciones que nos enseñaron a sentir, a cantar a todo pulmón y a guardar recuerdos en forma de música. Sin aquellos inicios, no existiría gran parte del repertorio que hoy consideramos inolvidable. 

En este listado recorremos la nostalgia de los 2000: una época que marcó a toda una generación y dejó canciones que, sin importar el tiempo, siempre encuentran la forma de volver a sonar. Escucha aquí la playlist completa:

Miley Cyrus – The Climb 

Selena Gomez – Naturally 

Bridgit Mendler – Hurricane 

Jonas Brothers – S.O.S. 

Sterling Knight – Starstruck

Vanessa Hudgens, Zac Efron – Can I Have This Dance 

Miley Cyrus – See You Again

The Naked Brothers Band – If That’s Not Love

Big Time Rush – Any Kind Of Guy 

Miley Cyrus – Party In The U.S.A.

Hilary Duff – What Dreams Are Made Of 

Miley Cyrus – The Best Of Both Worlds 

The Cheetah Girls – Fuego

Sterling Knight – Hero

Jonas Brothers – L.A. Baby

Demi Lovato – Can’t Back Down 

Miley Cyrus – He Could Be The One 

Taylor Swift – Crazier 

Selena Gomez – A Year Without Rain 

Miley Cyrus – Nobody’s Perfect 

High School Musical Cast – A Night To Remember 

Selena Gomez – Who Says 

Zac Efron – Bet On It 

Selena Gomez – Hit The Lights 

Victoria Justice – Freak The Freak Out 

Miley Cyrus – Ordinary Girl 

Ashley Tisdale – Fabulous 

Vanessa Hudgens, Zac Efron – Breaking Free

Lemonade Mouth Cast – Determinate 

Vanessa Hudgens, Zac Efron – You Are The Music In Me 

Demi Lovato – La La Land 

The Cheetah Girls – Cheetah Love 

Miranda Cosgrove – Kissin U 

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