Logo
search
Logo

Síguenos en Redes

TikTok Instagram Facebook YouTube

Durante décadas, investigadores, economistas y gobiernos han intentado explicar la pobreza a través de estadísticas, gráficos y modelos matemáticos. Sin embargo, pocas veces esas cifras consiguen mostrar cómo se siente realmente vivir dentro de ella. Esa es precisamente la apuesta de El juego de la vida, documental de Andrés Ruiz Zuluaga que acompañó durante catorce años a cinco familias colombianas surgidas de una investigación de la Universidad de los Andes sobre movilidad social y desigualdad.

Lo que comenzó como un proyecto académico terminó convirtiéndose en un retrato profundamente humano sobre las oportunidades, las pérdidas y las decisiones que moldean una vida. A medida que los protagonistas crecen, migran, estudian, fracasan o persiguen sus sueños, el documental desmonta la idea de que todos juegan con las mismas cartas. 

En esta conversación, Ruiz Zuluaga reflexiona sobre el paso del tiempo, el costo emocional de ascender socialmente y la decisión de incluir su propia historia dentro de la película. También hablamos con Donny Leal, uno de los participantes del documental, sobre la pobreza, las aspiraciones y la importancia de seguir soñando incluso cuando el contexto parece jugar en contra.

El juego de la vida: cuando el cine revela lo que las cifras no pueden contar
Cortesía de Cineplex

Andrés, el documental sigue a varias familias durante catorce años. ¿Qué aprendiste sobre el tiempo que jamás habrías descubierto en una película más corta?

Aprendí que el tiempo cambia completamente la forma en que pensamos. El Andrés que empezó este proyecto en 2009 no tiene nada que ver con el que terminó editándolo quince años después. También entendí que las personas son mucho más complejas de lo que parecen y que los vínculos, las decisiones y las contradicciones solo se comprenden realmente cuando uno acompaña una vida durante años.

La película nació de una investigación académica. ¿En qué momento sentiste que las cifras ya no alcanzaban para explicar lo que estabas viendo?

Cuando empecé a escribir el guion decidí apartar por completo las estadísticas y concentrarme únicamente en las historias. Después intenté reincorporarlas y me di cuenta de que sobraban. Las historias hablaban por sí mismas. Las cifras explican tendencias, pero cuando convertimos a las personas en números se pierde algo fundamental de su humanidad.

Una idea muy presente en la película es que ascender socialmente también implica pérdidas. ¿Qué descubriste sobre ese costo emocional?

Descubrí que muchas veces salir de la pobreza económica implica asumir otras formas de pobreza. En mi caso, llegar a Bogotá significó cambiar comportamientos, formas de hablar y hasta partes de mi identidad para encajar. Eso tiene un costo emocional enorme. Lo mismo ocurre con varios personajes de la película. Algunos logran sus metas, pero en el camino dejan atrás lugares, afectos o versiones de sí mismos que extrañan profundamente.

En algún momento decidiste convertirte también en personaje del documental. ¿Qué cambió cuando entendiste que tu historia formaba parte de la película?

Cambió todo. El documental dejó de ser únicamente una investigación y se volvió más humano. Empecé a hablar desde mis propias experiencias y reflexiones, no solo desde los hallazgos académicos. Curiosamente, los investigadores que participaron en el proyecto recibieron muy bien esa decisión porque entendieron que también ayudaba a explicar los resultados de la investigación desde otro lugar.

Las mujeres del documental parecen cargar un peso particular dentro de las dinámicas familiares. ¿Cómo transformó eso tu mirada sobre el machismo?

Fue probablemente uno de los aprendizajes más fuertes del proceso. Entendí muchas desigualdades que antes no veía y también descubrí comportamientos propios que reproducían esas lógicas. Ver cómo las mujeres asumían simultáneamente trabajo, cuidado familiar y responsabilidades invisibles me hizo comprender que partir de la posición de una mujer en una sociedad machista implica enfrentar obstáculos distintos desde el comienzo.

Cortesía de Cineplex

Donny, en la película aparece una frase muy poderosa: “No hay nada más tramposo que la pobreza”. ¿Qué significa para ti?

Que muchas veces nos enseñan a pensar que la pobreza es un problema individual, cuando en realidad está profundamente relacionada con el contexto. Yo crecí rodeado de personas que tenían situaciones incluso más difíciles que la mía, así que ni siquiera era consciente de que era pobre. La película me ayudó a entender cómo las condiciones de origen influyen muchísimo más de lo que solemos admitir.

Hay quienes sostienen que la pobreza depende únicamente de las decisiones personales. Después de vivir esta experiencia, ¿cómo respondes a esa idea?

Las decisiones importan, claro, pero las opciones que uno alcanza a ver dependen mucho del entorno. No todos tienen acceso a la misma información, a los mismos ejemplos o a las mismas oportunidades. Cuando una persona crece viendo una sola salida posible, es muy difícil imaginar caminos diferentes. La realidad termina limitando la capacidad de soñar.

Cortesía de Cineplex

Tú y Andrés parecen compartir cierta terquedad para perseguir sus metas. ¿Crees que esa terquedad ha sido una forma de riqueza?

Sí, pero no la veo como una fórmula para el éxito. Para mí los sueños siempre fueron una forma de seguir avanzando. La música, por ejemplo, fue un motivo para no quedarme quieto. Cuando uno tiene un proyecto o una ilusión, encuentra razones para seguir moviéndose incluso cuando las cosas se ponen difíciles.

Mirando hoy la película terminada, ¿qué fue lo que más te sorprendió de tu propia historia?

Entender cuánto influyeron circunstancias que en su momento no veía. Cuando era niño y me preguntaban qué quería hacer de grande, ni siquiera sabía qué responder porque acababa de perder mi pueblo, mis amigos y mi entorno. La película me permitió ver cómo muchas decisiones estuvieron marcadas por cosas que yo no comprendía entonces.

The post El juego de la vida: cuando el cine revela lo que las cifras no pueden contar appeared first on Rolling Stone en Español.

El camino de la reinvención musical rara vez es amable. Y es aún más despiadado cuando intentas alejarte del género en el que ya has demostrado ser excepcional. Ahora imagina que ese cambio no nace de una inquietud artística cualquiera, sino de la necesidad urgente de procesar tus heridas más profundas; una crisis vital que parece encontrar eco únicamente en la música. Es el choque de tus dos refugios: el sonido que te hizo quien eres y las emociones que te obligan a transformarte. Cuando ambos colisionan, ¿a dónde corres? Kidd Voodoo tuvo que enfrentarse a esa pregunta.  

En Euforia, su nuevo álbum de estudio, el artista chileno exhibe una versatilidad que rompe por completo las expectativas construidas alrededor de su figura. Si alguna vez fue señalado como la gran promesa urbana de Chile, hoy esa etiqueta le queda pequeña. Este trabajo revela a un artista mucho más completo, dispuesto a derribar sus propios límites y a convivir con las contradicciones que acompañan la creación: la ansiedad, el ego, la incertidumbre y el miedo al cambio.  

Mientras se aventura fuera de su zona de confort, Kidd Voodoo también abre la puerta a uno de los capítulos más complejos de su vida. A través de estas canciones, retrata un proceso mental intenso que transformó su manera de entender el mundo y a sí mismo. Euforia no es solo una evolución sonora; es el testimonio de una reconstrucción personal narrada desde la vulnerabilidad, la honestidad y el deseo de encontrar luz en medio del caos.

En esta conversación con ROLLING STONE en Español, Kidd Voodoo habla sobre su nuevo álbum de estudio, comparte su proceso de transformación artística y mucho más. Lee aquí la entrevista completa:

Acabas de estrenar tu álbum Euforia. Háblame sobre la historia detrás de este nuevo material.

Principalmente, este disco nace de la idea de que nosotros queríamos hacer un disco más rápido, pero, claramente, no tiene nada que ver con la idea principal. En mi vida comenzaron a pasar un par de cosas personales: mis papás se separaron, tuve muchos problemas en mi familia, entre otras cosas. Esto lideró el proceso creativo del álbum. Yo intentaba cantar sobre otras cosas, pero no podía, porque al final, necesitaba desahogarme. Cuando escucho el disco, sabiendo esto, lo tomo diferente. 

Este es un trabajo muy diferente a lo que nos has presentado anteriormente. ¿Cómo crees que el concepto creativo y, en general lo que se percibe con la palabra ‘euforia’, se ve representado en el álbum y en su lírica?

Creo que se puede ver como una euforia de sentimientos. Si bien, el disco no es loco y tampoco es intenso en energía para representar lo que se percibe como euforia, sí es un disco que te puede hacer llorar muy fácilmente. Si lo escuchas concentrado, te puede agarrar una pena muy fuerte. Siento que la euforia de este disco se define más por los sentimientos, cualquiera que te agarre. Me ha pasado que he visto muchas reacciones por el disco, incluso me han hablado muchas personas por el mismo mensaje. Creo que esta es la definición del álbum.

Creo que nuestra generación tiene esa percepción sobre el significado del término: vivir rápido, no pensar en las consecuencias y solo considerar el disfrute. Sin embargo, creo que va más allá. Incluso escribí un artículo sobre eso. 

¡Exacto! Para mí, la euforia tampoco era todo esto. En un inicio, era hacer algo loco y que no tenía que ver conmigo. Pero hoy en día, es algo totalmente relacionado con un significado personal. Mi público y la gente que tiene que ver conmigo se lo toma como algo muy íntimo, es algo muy serio. 

Euforia nos da a conocer un Kidd con un nuevo sonido y lírica. ¿Es quien siempre quisiste ser o es alguien a quien encontraste en el camino?

Es totalmente quien siempre quise ser. De hecho, encontrarme con este sonido y lírica ha sido un camino bastante bonito, porque la música como está hoy en día te fuerza a intentar, a cantar cosas que no son reales, sobre todo desde mi perspectiva porque yo soy una persona muy tranquila. Yo estoy sumergido en un género que es el urbano, el cual respeto, lo escucho mucho y me codeo con muchos colegas del género que quiero mucho, pero en mi vida, no tuvo mucha influencia en realidad. Yo crecí escuchando otras cosas. Volver a esto fue un atrevimiento porque no es un género que esté totalmente comercializado como lo es el reggaetón. Para mí, este fue un acierto, totalmente. 

“Es totalmente quien siempre quise ser”: Kidd Voodoo sobre Euforia
Cortesía

Este es el primer disco que yo saco y digo: ‘Me da igual cómo le vaya a este disco porque me gusta’. Creo que este sentimiento es lo más importante. 

Creo que esto le va a dar otra vida a mi carrera. Creo que me hace estar más seguro de quién soy. La verdad es que me saca de la monotonía en la que pude haber estado entrando. 

También de tu zona de confort… 

Totalmente. Estaba acostumbrado a hacer estos discos que son más populares, que igual siempre lo mezclé con un mix porque siempre había tenido una canción así: más indie o hasta me llegué a tirar un flamenco. En Euforia son ocho canciones, porque sí nos costó ir de una vereda a la otra, y ya no sabíamos cómo hacer más. 

¿Consideras que la saga de El Club, La Liga y Los Rompecorazones ya no conecta contigo?

Siento que sigo siendo yo, y que siempre seré yo porque está en mi historia. Sin embargo, sí creo que en estos momentos estoy un poco alejado de esa época. Miro esa etapa de mi vida y la abrazo, la canto y lo seguiré haciendo porque hay canciones muy conocidas de ese repertorio, pero, por ahora, estoy buscando otra cosa. No creo repetir algo así, lo cual también tiene algo positivo, porque tampoco tenemos que estar haciendo lo mismo todo el tiempo. Siento que en estos momentos, esa estepa ya no es tan yo. 

Euforia fue concebido en diversos países. ¿Qué tanta inspiración cogiste de estas regiones?

Siento que me ayudó bastante porque hacer los discos en Chile es hermoso, es mi país, pero sí llegó un momento donde ya había estado en todos los estudios del país. Iba a un estudio y de la nada comenzaba a hacer una canción que se parecía mucho a otra que ya había hecho ahí mismo. Probé y me fui a Argentina por un tiempo; mandé algunos mensajes a los músicos que se encontraban por ahí. Luego fui a España y Ciudad de México. Escuché muchas cosas y pasé mucho tiempo fuera; creo que en Madrid pasé un mes haciendo el disco, pero sin grabar nada. Siento que la frescura está en los lugares donde nadie te conoce o donde tú no conoces tampoco. La incertidumbre te vuelve a activar la creatividad, y a lo mejor eso ya lo tenía apagado. Me da combustible para darle de nuevo. Me motivó, y quizás eso me faltó al inicio de este nuevo álbum, porque ya había sacado cuatro discos y estaba desgastado.

El álbum, según tus palabras, fue creado en una atmósfera oscura y triste. ¿Cuál es tu significado de este espacio? ¿Cómo lo viviste?

Para mí, el concepto de la oscuridad no es tan malo como todo el mundo lo ve. Me pasa mucho que me dicen que me visto muy negro o que las letras son muy densas, pero creo que en esto, el concepto es más auténtico. Las canciones tienen una profundidad, y sí te transmiten oscuridad y tristeza, pero creo que a la vez, son muy auténticas porque es un atrevimiento. Dejas los prejuicios a un lado. Por ejemplo, a mí no me importó lo que dijeran al yo cantar sobre mi mamá o de mi papá en canciones muy directas. Para mí, esto es un atrevimiento y autenticidad. Aunque de ahora en adelante me haga súper famoso, creo que esto es lo más auténtico que me atreví a hacer. 

¿Qué fue lo más complejo de crear Euforia?

Fue hacer el disco mientras todas las situaciones sobre las que canto pasaban. Era vivir la situación a diario, y, además, ir a grabar y no romperte; tenía que mantener una seriedad porque estaba trabajando con músicos que estaban siendo muy empáticos conmigo. Después tenía que volver a casa y vivir la misma situación. También fue complicado comunicarle a mis padres sobre qué se trataba este álbum, porque no quería ser molesto con ellos, pero también era mi realidad. Ellos fueron muy abiertos y lo entendieron. 

Cuéntame sobre las colaboraciones. ¿Por qué crees que Mon Laferte, Pablo Alborán y Rels B eran los indicados para acompañarte en este material tan personal?

Me pasó algo muy puntual con ellos tres, y fue cuando empecé a viajar a todos estos lugares del mundo. Volví a ser tan yo, que regresé a escuchar demasiado su música. Yo siempre había escuchado la música de Alborán, de hecho crecí con su música. A Rels lo escuchaba en el colegio. Sobre Mon, qué decirte, es uno de los talentos más grandes que tiene el mundo. 

Cuando comencé con el álbum, siempre pensé en ellos tres. Obviamente en un punto yo lo veía un poco imposible porque tengo la fama de cantante de reggaetón. Llegar con Pablo Alborán a pedirle una canción iba a ser difícil. Lo bueno es que ellos tres son unas personas increíbles, y no pensaron ni un segundo en hacer una canción con un cantante semiurbano, o como me quieran definir. Creo que ellos le dan una vida muy grande al disco. 

Antes se creía que eras la promesa urbana de Chile, pero en este material te alejas mucho de esos sonidos y género. ¿Qué es lo que deseas para tu carrera? ¿Cómo te gustaría que te viera la industria?

No lo sé [Risas]. Es algo que me siguen repitiendo mucho. En un punto, la gente pensó que siempre sería urbano, y obvio, fue algo que siempre mostré en mis inicios, hasta probablemente vuelva a hacerlo. A mí, lo único que me interesa, es que mi público y la gente que me quiere pueda avanzar conmigo y dejar ese encasillamiento. Yo quiero hacer la música que quiera. Si mañana me da por hacer salsa, pues la haré, hasta aprenderé a bailar y todo. Siento que estoy en un buen punto de mi carrera y he tenido la suerte de romper esa barrera. Creo que mi carrera va a direccionarse a eso: a romper esquemas. Voy a saltar del reggaetón más fuerte que pueda existir a la canción más romántica que se pueda hacer. 

Justo el reggaetón en Chile está en un gran auge. Entonces, me encanta que tú hayas decidido romper el molde. 

Siento que era el punto perfecto. Siento que estoy en un punto de reflexión y de mirar qué está pasando en mi carrera. Estoy en un momento muy libre, no me siento como cuando empecé. 

The post “Es totalmente quien siempre quise ser”: Kidd Voodoo sobre <i>Euforia</i> appeared first on Rolling Stone en Español.

Durante años, la música popular colombiana cargó con un prejuicio difícil de sacudirse. Mientras el reggaetón se convertía en la gran exportación latina y los corridos mexicanos dominaban el mercado regional, el despecho colombiano seguía asociado a cantinas, emisoras populares y públicos muy específicos. Sin embargo, artistas como Paola Jara y Jessi Uribe han ayudado a mover esa percepción hacia otro lugar.

Su nuevo álbum, Despecho a 2 voces, aparece justamente en medio de esa transformación. El proyecto reúne 11 canciones atravesadas por el desamor, la traición y la reconciliación, pero también funciona como una apuesta para posicionar lo que algunos ya llaman “regional colombiano” dentro de una conversación internacional que hasta hace poco parecía reservada para México.

La idea no es nueva. Desde hace varios años, el género empezó a ampliar sus fronteras gracias al crecimiento de artistas como el difunto Yeison Jiménez, Pipe Bueno, Arelys Henao o Luis Alfonso, quienes encontraron en plataformas digitales y redes sociales una posibilidad distinta a la radio tradicional. Sin embargo, el caso de Paola y Jessi tiene un componente diferencial al de sus colegas: la construcción de una narrativa conjunta que mezcla espectáculo, vida personal y una estética mucho más cercana al entretenimiento global.

En este último lanzamiento —y su primer LP en conjunto—, hay intentos claros por modernizar el sonido sin abandonar las raíces rancheras y carrileras. La producción de Simón Vauri y “El Burrito” apuesta por arreglos más limpios y contemporáneos, pensados para escenarios internacionales y para audiencias que no necesariamente crecieron escuchando música popular colombiana, algo que queda claro desde el primer momento con ‘Infidelidad’, el corazón musical del proyecto y que logra conservar el dramatismo clásico del género a pesar de estar envuelto en una producción más cercana al estándar actual del regional latino.

Esa búsqueda también se refleja en la gira europea que acompañó al disco, donde ambos artistas pasaron por ciudades como Madrid, Barcelona, París y Zaragoza, una ruta que confirma algo que la industria musical ya venía detectando. El concierto en La Cubierta de Leganés, en Madrid, con entradas agotadas y miles de asistentes, representó esa validación simbólica para un género que históricamente había tenido poca presencia fuera de América Latina.

El crecimiento del género también viene acompañado de tensiones. Aunque la música popular atraviesa uno de sus momentos comerciales más fuertes, sigue siendo un sonido profundamente polarizante en Colombia. En redes sociales conviven quienes ven el despecho como una expresión cultural genuina y quienes lo asocian con fórmulas repetitivas o narrativas excesivamente melodramáticas. Esa división incluso aparece constantemente en conversaciones digitales y foros donde el género suele despertar amores y rechazos extremos.

En parte, esa incomodidad tiene relación directa con el lugar social que históricamente ocupó esta música, que durante mucho tiempo fue considerada un género “popular” en el sentido más clasista del término, uno asociado a sectores trabajadores fuera de los círculos culturales legitimados. Lo interesante es que hoy ese mismo sonido está entrando a escenarios internacionales, premiaciones y circuitos globales de entretenimiento.

Ahí es donde Paola y Jessi resultan significativos. Más allá de la relación sentimental o del impacto mediático que generan como pareja, ambos se convirtieron en símbolos de un momento particular en el que el género busca dejar de ser visto únicamente como una música local para entrar definitivamente en la industria global del regional latino. Las nominaciones de ambos artistas a los Grammy estadounidenses en categorías tradicionalmente dominadas por músicos mexicanos también apuntan hacia ese cambio. Jessi Uribe fue uno de los primeros artistas colombianos del género en aparecer en esas categorías con De Lejitos, mientras que Paola Jara marcó un precedente como la primera mujer colombiana de música popular en lograr ese reconocimiento con Sin Rodeos. Más allá de la nominación, la señal parece clara: la industria empezó a reconocer que el regional latino ya no suena solamente desde México.

En ese contexto, Despecho a 2 voces funciona menos como un simple álbum colaborativo y más como una fotografía del momento que vive la música popular colombiana, un género que sigue hablando de dolor, despecho y amor roto, pero que ahora intenta hacerlo desde escenarios mucho más grandes.

The post De la mano de Paola Jara y Jessi Uribe, el regional colombiano ya no se queda en la cantina  appeared first on Rolling Stone en Español.

¿Dónde era que estábamos? Ah, sí, el hotel en Nueva York. Habitación 1604. Pero algo pasó y de pronto la ciudad quedó lejos, en otra dimensión. Y ahora estamos en una burbuja de silencio muy poco neoyorquino. Las cortinas atajan la luz natural, aunque la del baño está encendida, con la puerta abierta. Sobre la cama queen size, no completamente desarmada, tampoco impecable, hay una bolsa plástica con un par de decenas de rollos listos para revelar y una cámara pocket dentro de una funda de tela cosida por su propia dueña.

La cámara es de Julieta Cazzuchelli, alias Cazzu, que está sentada en una silla junto a la cama, con camiseta negra, jeans, pies descalzos. Los rollos contienen las fotos que hasta recién Sebastián Faena le sacó por las calles de Manhattan y en esta misma habitación. Y si el tiempo se detuvo y el ruido se apagó es porque Cazzu, que durante la última hora y pico venía charlando sin estridencias ni desvíos, en un momento ya no pudo seguir. Algunos le dicen “nudo en la garganta”, quizás fue eso. Lo concreto es que Cazzu (o Julieta) hace una pausa, baja la vista, suspira.

Ver esta publicación en Instagram

Una publicación compartida por Rolling Stone Argentina (@rollingstonear)

Cosas que pasan incluso en un gran día para tu carrera, un día tan potente que, con alguna mínima ayuda externa, las emociones te llevan de paseo cuando menos lo esperabas.

¿Y por qué era que estábamos en Nueva York? Ah, sí: en el medio de su primera gira por Estados Unidos, Cazzu presentará mañana el disco Latinaje en el teatro del Madison Square Garden, un auditorio con cerca de 6.000 localidades dentro del famosísimo complejo de espectáculos y deportes entre las avenidas Séptima y Octava y las calles 31 y 33. Las entradas están agotadas desde hace rato, como en la mayor parte del tour, que ya paró en Chicago, Las Vegas, varias fechas en California, y seguirá viaje por Texas y Florida. Asombroso, para un debut en este país. 

Hoy tiene, técnicamente, el día libre, pero lo sacrifica por esta entrevista con Rolling Stone y para dar vueltas con Faena. El fotógrafo argentino, residente en París y exvecino de Nueva York, que ya hizo las fotos para el arte de Latinaje en Jujuy, la convencerá de bancarse las ráfagas de viento en el piso 86 del edificio Empire State y de clavarse una porción de típica pizza neoyorquina sentada sobre una de esas bocas de incendio no menos características.

“¡Chorros! Vos, tu vieja y tu papá, ¡guarda! Cuídense porque anda suelta, si los cacha los da vuelta, no les da tiempo a rajar. ¡Lo que más bronca me da es haber sido tan gil!”, canta Cazzu. No es trap sino un tango de Discépolo y no anda por las calles del Abasto porteño sino por la Quinta Avenida, en la tercera hilera de una van junto a Faena y equipo, buscando locaciones para las fotos de esta nota. Le pone empeño a la misión, pero algo parece incomodarla ligeramente y se acordó de la letra de “Chorra”

“Me da un poco de cringe hacer fotos en Nueva York, como si estuviera conquistando el mundo. Es una ciudad que me encanta y que quiero conocer más, pero no me parece más importante cantar acá que en otro lado”, dice precisamente cuando Faena aprovecha para retratarla con Macy’s de fondo y en movimiento a través de la ventanilla. Y entonces Cazzu se hunde en el asiento, modo tragame tierra, o tragame Nueva York.

“Les tengo muy poca paciencia a las fotos. No soy una diva y no tengo alma de modelo. Es un trabajo que… mis respetos totales, pero no es para mí”, dice.

Ahora estamos en una vereda de la calle 31, una asistente compra una pizza en Dude’s (la grande de queso, 10.99), y Faena desafía a Cazzu a seguir siendo sexy mientras come una porción sentada sobre la bomba de incendios. Con plataformas rojas tan altas que marearían a una pop star consumada, sigue el juego mientras la gente pasa, la reconoce o se pregunta quién será. Una mujer latina, de unos 65 años, que no da el perfil de oyente de trap, se acerca a saludarla. “Bendiciones para ti y pa’ tu hija”, le dice en tono maternal después de darle un abrazo. Cazzu sonríe con un dejo melancólico, todavía sobre la bomba. 

Cazzu en la tapa de ROLLING STONE: “El sistema que oprime a la mujer está casi intacto”
(Foto: Sebastián Faena)

“Sí, la gente me bendice mucho. Eso me llama la atención –cuenta de nuevo en la van–. Me bendice a mí y a mi hija. No importa en qué creas, la bendición siempre es el deseo de que el otro esté realmente bien, y eso es muy bonito. Son más las ocasiones en las que se acercan para decirme algo, que solo para capturar una foto. Hay muchas mujeres con ganas de contarme lo que les pasó, que quizás tiene que ver con alguna vivencia mía. Eso me da la posibilidad de conocerlas, por eso le presto mucha atención a cómo se llaman, de dónde vienen, cuántos años tienen. Me doy un tiempo, incluso antes de subir a cantar, para caminar un rato y hacer contacto con los que se están preparando para el concierto. Es una manera de estar presente en la realidad, ¿no? Que es algo que me preocupa o me ocupa mucho: asegurarme de que estoy en la misma realidad que todo el mundo”.

Después de horas rotando y posando, bajando de y volviendo a subir a la van, nos juntamos a hablar en la habitación 1604. Antes, en un pasillo del hotel, alguien del entorno advierte discretamente que Cazzu debe estar agotada entre la gira, los compromisos, los viajes, las fotos, y ya veremos por cuánto tiempo se sostiene el nivel de atención imprescindible para una buena charla, más allá de la ventana acordada previamente. Pero acá estamos, al contrario, bien pasados de lo estipulado, y la música nacida 32 años atrás en Fraile Pintado, Jujuy, solo parece avocada a responder de la manera más reflexiva y precisa, desde convicciones firmes, nunca vaga ni esquiva.

“Soy una chica que tiene un estado de ánimo lineal, normal. No tuve consumos, no tengo depresiones, no tengo nada. Y, sin embargo, el desgaste de la serotonina que una pone en el escenario repercute emocionalmente de alguna forma. Siempre. De repente estás triste y no sabés por qué. Te acordás de que ayer lo diste todo, con mucha felicidad, pero sentís como un desbalance, ¿viste? Entonces, lo que intento en las giras es no ser hiperproductiva porque eso sale caro. En un momento, el cuerpo o la mente te lo cobran. Yo soy más del proceso, me gusta la tranquilidad, sentarme por las tardes en el silencio, escuchar mi cabeza. En las giras, evito pensar en ciertas cosas, me compro lo que necesito para dibujar y pintar, y estoy lejos del teléfono”, dice Cazzu. 

Cuando toma velocidad en una respuesta, mira fijo al interlocutor y agita los brazos largos y extendidos como una deidad india, salpicando con sus tatuajes todo el ambiente. Y eso es lo que hace cuando explica: “Es un karma re de las mujeres esto de ser hiperproductivas. De alguna forma nos han hecho creer que mientras más seamos así el éxito será proporcional. Pero el éxito después te lo cobra. Y yo, la verdad, quiero vivir una vida tranquila; soy feliz con lo que recibo”. 

(Foto: Sebastián Faena)

La trapera conocida como La Jefa, la única chica entre los pibes del seminal single de la escena “Tumbando el club (Remix)” (2019, Neo Pistea, Duki, Ysy A, Khea y siguen las firmas y las reproducciones millonarias), hoy es una artista en plena expansión. El tour norteamericano es apenas un síntoma: en abril del año pasado lanzó Latinaje, producido por Nico Cotton, su cuarto álbum, y el más amplio musicalmente a la fecha, en el que muestra lo bien que su voz se adapta a nuevos (o no tan transitados) territorios, desde el bolero y el folclore argentino hasta el tango, la cumbia, la salsa e incluso una canción de… ¡Facundo Cabral! Casi en simultáneo publicó Perreo, su primer libro, y en abril se estrenó la película Risa y la cabina del viento, dirigida por Juan Cabral, en la que debuta como actriz. 

Ese libro es toda una sorpresa. El negocio editorial suele sondear a músicos populares para publicar autobiografías marketeadas para los fans. Perreo es una decepción en ese sentido, por las mejores razones posibles: 189 páginas en las que, en lugar de distraerse con detalles inspiradores de su vida, de su trabajoso camino a la fama (“Me daría mucha vergüenza escribir una biografía a esta edad. Sería ridículo”, le dice a Rolling Stone), despliega un estimulante análisis de la música que la llevó hasta ahí (¡y a la cima del Empire State!): el reggaetón y el trap. Más que su propia obra, estudia las líricas de algunos colegas, la política del baile, la sexualización y, en particular, el “machismo” de la escena. 

Se ha hablado mucho sobre el tema y Cazzu da cuenta de esa conversación, hasta se diría con rigor periodístico; pero su mirada es más bien disruptiva, personal, honesta, fuera de lo previsible. Julieta escribe en un pasaje: El reggaetón incomoda y despierta la cólera en los más conservadores porque propone otra mujer, una perra desinhibida que controla su cuerpo, sus decisiones y su sexualidad, que con su actitud ridiculiza cualquier opinión ofensiva en su contra.

“El libro existe para los demás, no para mí. Existe para las otras. Si fuese por mí el libro no existe, ¿entendés?”.

Creo que no del todo…

Es imperfecto, demasiado imperfecto, y también incompleto porque se detiene en una parte del conocimiento que espero adquirir con el tiempo. Fue una conversación que tuve con las chicas que me acompañaron en el proceso de escritura. Me decían: “La industria sigue necesitando este libro porque hay cosas que siguen pasando, aunque a vos te parezca que estén obsoletas porque las caminaste y las dejaste de sentir”.  Por ejemplo, en mi sistema laboral no existe nadie con más poder que yo. Entonces, hay violencias sistemáticas que en este equipo no se viven; y si se llegaran a vivir, sería un momento terrible, rodarían cabezas. No están permitidas. Pero nomás miro un poquito para el costado y hablo con otra, con alguna chica con un proyecto un poquito más chiquito o mediano, ni siquiera tan lejos del mío, me doy cuenta de que está casi intacto el sistema que oprime a la mujer, a la mujer artista, a la mujer con capacidades de cualquier tipo.

Publicaste un ensayo sobre la música urbana casi al mismo tiempo que hiciste Latinaje, el disco con el que más te abrís de esa escena.

Este libro está abordado desde el reggaetón y el trap porque es con lo único que me siento realmente autorizada a hablar, pero no tengo dudas de que las mismas cosas suceden en los otros géneros, de los que quizá, de mi parte, sería imprudente hablar. Pero sí, [el libro y el disco] tuvieron un timing como… bueno, raro, super raro. Latinaje está hecho desde un lugar muy poco pretencioso, en realidad. Yo necesito prepararme emocionalmente y hacerme muchas preguntas que después derivan en que mi música sea de tal o cual manera. Y para este disco sentía que estaba cansada de la dificultad del urbano y de sus límites, a pesar de que también sentía muchísimo miedo de perder mi lugar o algo así. Fue un combate personal, duro, para ir derribando los miedos. Hubo un momento en el que sentía que, si cantaba más, si me soltaba, algo de Cazzu se perdía. Pero yo soy una amante de la música en el sentido amplio y Latinaje es esa verdad mía, ¿no? Esa verdad como escondida, de la música que me gusta escuchar, de lo romántica que puedo ser, a pesar de que me conocen como la chica ruda. Y cuando hablo de romántica me refiero a ser romántica respecto de tu pueblo, de tus amigos, de tu vivencia, del dolor de tus hijos. Para Latinaje debí atravesar muchas preguntas para después terminar haciendo el disco más fácil que hice en mi vida. 

¿Por qué fue fácil?

Porque me sentaba a componer una canción y la escribía entera. La melodía y la letra me parecían las correctas. Voy a usar la palabra “perfectas” porque para mí la perfección en realidad es lo que uno considere, ¿no? Para mí hay canciones en este disco que son perfectas; no son las mejores en el mundo, pero sí para mí, porque fueron resultado de métodos nuevos que pude ejecutar con precisión y el papel que fui a jugar en cada canción, lo sentí verdadero. Fue también una manera de descubrirme y de conocer otros skills míos. Como: “Hey, che, mirá cómo te hago un bolero de repente”, ¿no? Qué loco saber que ese género musical está hace muchos años en mi cabeza. Si querés ser un loco que está en el loop y no ir más allá, el género urbano te lo permite. Cuando yo quise hacer Nena trampa (2022), sentí que fue poco comprendido, ¿sabés? Capaz que me volé, capaz me puse como muy científica loca. Por suerte veo que ahora hay gente que le encanta como si hubiera salido ayer y hubiera sido un éxito. Digamos que se añejó bien. Pero no fue una experiencia sencilla porque tenía más presiones que ahora. Me decían la Jefa del Trap, que cuántos años había escuchado reggaetón, que cuántos años llevaba haciendo trap, todo era como una cosa de demostración. Eso me despertaba como un brillo fálico, del que ahora lentamente trato de deshacerme, ¿viste? Para competir y para estar a la altura y para pararme frente al que me estaba impidiendo pasar, me tocó desarrollar ese brillo fálico que ahora ya no siento que me pertenezca. No lo quiero. Quiero estar más conectada con mi yo minita.

Pero esa estrategia había sido efectiva. 

Fue efectiva. Son métodos efectivos, herramientas que tenés a mano. Muchas veces creo que de otra forma no hubiese funcionado. Ser más suave no hubiese funcionado en absoluto. Tenés que pegar la vuelta para reivindicar tu propia feminidad, porque llega un momento en el que estás creciendo y te das cuenta de que para el mundo la feminidad es debilidad. Y vos no querés ser débil.

Podés tener un plan, pero después estás en el escenario y pasan cosas, como la anécdota que contás en Perreo sobre el chico que te agredía durante un show a las 6 AM en una disco “de niños ricos” en Uruguay. La realidad altera el plan. 

En mi caso, no atino primero a llorar. No soy así. Probablemente nunca lo sea. Primero voy a pelear, ¿me entendés? Si me voy a angustiar, va a ser mucho después.

(Foto: Sebastián Faena)

El día siguiente a la entrevista, mientras en otro sector del Madison Square Garden juegan los New York Knicks contra los Philadelphia 76ers (108-102) un partido de la NBA, el público mayoritariamente femenino y latino (y con cuernitos rojos luminosos) llena el teatro Infosys. Desde que Cazzu arranca bien de abajo con “Ódiame”, a las 20.30, la Cazzu Army, además de amar las canciones y de bailar, parece identificarse con cada gesto de la argentina. No se trata solo del puro goce con la música, sino de empatía y sororidad. Las fans, decía Cazzu antes, le cuentan historias; y Cazzu les cuenta historias a ellas. Eso es el show de Latinaje y su despliegue con no pocos insumos de puesta musical y dramaturgia. El concierto no avanza en una historia lineal, pero sí se estructura en cuadros con escenografías y un cuerpo de bailarines varones que no hacen un movimiento que no sea en función de una narrativa bastante clara: hombres que rondan, seducen, manipulan, disputan, agreden, usan, reprimen, compiten entre ellos, negocian, se alínean, abandonan y después pretenden volver para empezar todo de nuevo.

¿Cómo es plantar Latinaje en vivo? 

Es como que casi te da culpa de lo bien que resulta y de lo mucho que fantaseaste con sentirte así en el escenario. Es una experiencia muy tranquilizadora, ¿viste? Somos como un grupo de amigos haciendo lo que nos fascina hacer. Pero también siento que lo veo así porque comprendí más cosas sobre la música de las que comprendía antes. Me subía al escenario y, a pesar de que amaba hacerlo, no siempre eran momentos felices, había la neurosis, esa equivocación enorme de poner voz en el pensamiento y en la mirada del otro. Y algunas experiencias que te marcan y que son muy difíciles de deshacer, ¿viste? 

¿Por ejemplo?

A mí me marcaron mucho, emocionalmente, los festivales. En un festival siempre voy a estar más nerviosa, como que me va a pasar algo en el pecho.

¿Porque el público no está específicamente para escucharte a vos? 

Tuve muchas malas experiencias en festivales. Tuve mucho abucheo del varón que espera al varón que viene detrás tuyo. Me pasó de todo. Y también hubo momentos en los que me fue bien y yo igual la pasé mal simplemente porque ya era lo único que recordaba.

¿Entonces, cómo te sentís ahora en el escenario?

Latinaje es un desafío cien por ciento distinto. Armamos el show con Juan Giménez y Joaquín Guevara, de a poquito, probando. Y, bueno, llegó el momento en que tuvimos esta conversación en la que me plantearon: “Gorda, tipo, estás en un momento de tu carrera, como que ya sos una artista del pop y que te miran y que hay muchos ojos sobre vos. Hay que cantar, o sea, hay que hacerlo bien y hay que poner Autotune”. Yo les dije: “Quiero cantar estas canciones sin Autotune porque las grabé sin Autotune”. Seguramente haya que ensayar mucho, porque es diferente la energía del estudio a la del escenario. Pero nunca fui amiga del Autotune. Con el reggaetón y el trap, siento que no hacía tanta falta, o sea, los primeros años de mi carrera en el trap, cuando girábamos y cantábamos con los pibes, casi nunca usaba Autotune, salvo en algunas canciones de Nena trampa. Como no lo sabía usar, pensaba como que iba a empeorar la cosa, como que “che, mirá, la verdad que siento que [con Autotune] lo estoy haciendo peor de lo que lo haría sola”. A veces veo mujeres muy talentosas y que quizás bailan un poco más que yo y hacen más cosas, pero que tienen el “perfeccionador”. Yo en cambio estoy muy peleada con la perfección. Valoro mucho el error. Tengo la necesidad de vender realidad, ¿entendés? Es lo que vendo, es lo que ofrezco.

(Foto: Sebastián Faena)

¿Y es lo que comprás en otros artistas? 

Es lo que compro en los artistas. Igual, trato de respetar. De repente me encanta algo que es superplástico, y banco. Porque capaz que tiene lo suyo. Otras, veo chicas bailando, por ejemplo, y me parecen increíbles. Pero, en general, lo que yo ofrezco es música, letras, melodías. Y en vivo se trata de música de verdad, de letras de verdad. Por eso me gusta crear mis propias canciones, porque la realidad se empieza a tergiversar cuando hay mucha gente en el estudio, gente que conoce fórmulas y conoce acordes y que te puede llevar a caminar por la música desde un lugar bien industrial, que yo no disfruto.

¿Nada de campamento de canciones?

En mi vida no existe eso. No, no, para Latinaje éramos Nico y yo, nadie más. Ni campamento de compositores ni de productores, no. Yo conecto con un productor, con un músico, con una persona, y necesito la intimidad porque quiero decir cosas. A veces estamos con Nico y me dice: “Amiga, esta melodía está rara”. Entonces empiezo: “Bueno, pero ¿rara bien o rara mal? ¿Por qué no te gusta? ¿Porque no es hegemónica?”. Y tenemos unas conversaciones fantásticas donde yo, como lucho contra la hegemonía, de repente quiero derribar umbrales de lo que estamos acostumbrados a hacer. Y, en cambio, a él le toca ser efectivo. Pero en Cazzu no le toca ser efectivo porque hay una honestidad en la construcción que es muy, muy bonita. Podemos estar dos horas tomando mate hasta que empezamos a realizar una canción.

En el disco grabaste “Pobrecito mi patrón”, de Facundo Cabral. ¿Cómo surgió la idea?

Me parecía un mensaje bonito para compartir, escrito por alguien muy ávido en las palabras y en la poesía, particularmente en la poesía política. Hay mensajes que solo pueden ser así, como ese mensaje: es exactamente lo que yo quisiera compartir con la gente. Siento que más que canciones son gestos con el público, intenciones de compartir una idea que me parece linda y correcta y constructiva colectivamente, socialmente. Pienso que, aunque muchas veces diga que no hago las cosas para el otro, muchas de las decisiones más importantes que tomo sí son por el otro. Por la otra. La música necesita ser vehículo de herramientas de construcción. Más en momentos como los que estamos pasando. 

¿En qué sentido? 

Lo que pasa en el mundo. Parece que todo lo bueno, todo lo justo, casi siempre tiene una vuelta atrás, ¿viste? Lo decía Simone de Beauvoir, ¿no? Que una crisis política o social bastará para que los derechos de las mujeres sean puestos en duda. Y, literal, lo vemos en 2026. Hay momentos en los que se debe priorizar la resistencia y lo colectivo, más que lo que necesita uno.

¿Ves avances desde que empezaste tu carrera?

Hay logros. Pero es un poco frustrante que nos miremos nosotros dos acá y digamos: “OK, hay logros”. Sí, hay logros, ¡menos mal! Cómo, ¿no? Pero hay retrocesos también. Siento que hemos vivido varios retrocesos. Ver a nuestras pop stars todas peleadas, por ejemplo, es un retroceso gigante. Creo que ha sido un momento muy triste para la construcción de la sororidad y de las nociones entre mujeres. En mi caso me ha puesto muy triste lo que estaba sucediendo. Deseé mucho que no hubiese sido de esa manera y que todas aquellas niñas no estuvieran mirando lo que sucedía. Y siento que tiene mucho que ver con factores externos, factores políticos, estados de ánimo del mundo, con aquello de lo que estamos pendientes y a lo que le quitamos atención. Creo que hay evoluciones, pero son muy pocas y muy lentas. Yo justamente me la paso por ahí quejándome de un montón de situaciones y de las construcciones del sistema a costa de que haya gente que no me quiera, de que haya lugares donde no me siento insertada, donde capaz que tampoco quiero estar. Creo que ya me escuchaste hacer mis comentarios. Bueno, yo soy así de verdad. Por ejemplo, tengo mis peleas con los premios, no me ponen feliz. Cuento hace no sé cuántos años que fue la última vez que ganó una chica y digo: “Yo no quiero este premio, no lo quiero, no voy a ir”. Justo salieron las nominaciones a los Gardel [nota: al momento de esta entrevista se anunciaba que Cazzu tenía cuatro nominaciones; la entrega de premios sería el 26 de mayo, días después de la impresión de esta revista]. 
Son premios que existen hace muchos años y las ganadoras más importantes… te alcanza la mitad de los dedos de una mano para contarlas. Si fuera más individualista, este sería un gran momento para celebrar. Pero a mí la recompensa por Latinaje ya me la dieron. Me cuesta respetar los premios, me cuesta creer que pibes de 17 años sean más merecedores de estos premios que mujeres de 40 y 50, que los merecen desde hace ya muchos años. No lo puedo entender, entonces no puedo disfrutar mis nominaciones. Te soy honesta, ese disco está nominado en los Gardel por una cuestión de la discográfica, que automáticamente te postula, pero yo llegué a tener una conversación en la que les decía que no quería postular. Y de repente aparecieron todas estas nominaciones. Premios Gardel… me han nominado un montón de veces, nunca me dieron un premio. ¿Entonces soy una perdedora? No puedo conciliar que nosotras les demos vida a las alfombras, nos inviten a cantar, nos patinemos números increíbles con momentazos. Pero después, cuando hay que galardonar, no, nunca estamos a la altura. Creo que esta es la primera primera vez que hay tres mujeres nominadas para disco del año; quiero celebrarlo, pero me parece que llegan muy tarde. Como, puta madre, pareciera que nada me cae bien y que nadie me viene bien, pero, te soy honesta, digo ¿qué hago? ¿Hago una fiesta porque al fin nominaron a tres mujeres? Si en realidad es porque no les queda otra… 

¿La entrega de los premios te encuentra en plena gira? 

No tengo idea, la verdad. Estoy como conflictuada y cuando tengo conflictos con ciertas cosas, me gusta pensarlas y conversar y entender desde qué perspectiva lo hago. Objetivamente, mi problema es la desigualdad y la desvalorización de cualquier noción de talento y de capacidad que tenemos las mujeres. Me parece terrible. No puedo soportar que Marilina Bertoldi haya ganado un premio hace cinco o seis años y de ahí en más les dieron todos a chaboncitos hasta repetidos. Les dan los mismos putos premios a las mismas putas personas. Boludo, ¿de verdad? O sea, ¿somos tan malas? Todo esto lo debo haber escrito por lo menos hace cuatro años y me siento de la misma forma. Y, obviamente, esto te lo voy a decir desde el privilegio: mi música sigue funcionando. Entonces cada día me parece más importante mencionarlo, antes que no mencionarlo para poder obtener algunos de esos lugares. Me imagino que a nadie le gusta escuchar las cosas que digo. Y podrían dejar de nominarme y estaría bien para mí, ¿entendés? No sé si los premios son algo que realmente le importa a la gente, son cosas que le importan a la industria. La gente toma decisiones muy diferentes a las de la industria. Lo que la gente más escucha y más consume es exactamente lo que la elite considera como lo más barato. ¿Y quién vota esos premios? ¿Quién vota? A ver, a ver, muéstrenme quién vota. ¿Cuántas minas hay votando? ¿Quién carajo vota? Esto es rarísimo…

Interpreto que no te gusta mucho ir a entregas de premios…

Yo no trabajo por los premios. Me gusta cuidar mi tiempo, estar tranquila conmigo, serme fiel y nunca tengo muchas ganas de ir, aunque a veces me aflojo un poquito y me puedo equivocar. Hay artistas que tienen que complacer a mucha gente y no se pueden complacer a sí mismos. Pero este proyecto ha sido cuidado por mí, he sido su protectora, he sido como el cancerbero para que nunca nadie pueda infiltrarse. No tengo que hacer feliz a nadie más, a ningún empresario, no le debo nada a nadie, ¿viste? Una va dejando muchas cosas en el camino cuando toma las decisiones que yo tomé. Llegás más tarde a todos lados, no te tienen en cuenta en un montón de lugares, a los que no pertenezco, gente que no conozco y un filtro por el que no paso.

En tu libro recordás esa reunión con una ejecutiva discográfica en la que te dabas cuenta de que nunca había escuchado tu música.

Sí, es loco, ¿viste? Es loco el mundo del empresario de la música. Muchas veces sabe más cosas, muchas veces no. No siempre el artista sabe lo que quiere y hay proyectos que no pueden funcionar sin un guía externo. En mi caso, creo que me stockeé toda mi vida para esto. Preparé mi cabeza como para defenderme, y mirá que tengo un montón de momentos donde me pongo rehippie, retarada, insoportable. Le dije, por ejemplo, a Facundo, mi manager: “¡No quiero hacer la Rolling en Nueva York!”. 

No te hizo caso…

No me hizo. Porque después lo escucho y le digo: “Bueno”. Ni sé por qué, ¿entendés? Está bueno entender tu proyecto. Para eso muchas veces tenés que soportar un montón de momentos incómodos, escuchar números, situaciones que no te aportan en nada a tu creatividad. Pero si querés ser dueña de tu empresa y de lo que genera y dónde va, obviamente hay que estar muy en el presente, hay cosas para resolver ya.

Muchos podrían haber asumido que, de ocurrir, el debut como actriz llegaría en el papel de una cantante que baja del interior a la gran ciudad para cumplir su sueño (y, en el mundo real, para capitalizar su popularidad con una banda sonora de alto impacto). Risa y la cabina del viento, el film de Juan Cabral que Cazzu coprotagoniza con Elena Romero (también debutante, de 10 años) y Diego Peretti, es un drama fantástico filmado en Ushuaia. Ella es Sara, una mujer que la pelea para salir adelante con Risa, la hija que descubre una cabina telefónica capaz de comunicar a los vivos con los muertos, justo lo que necesita para hablar con su papá ausente. Cabral es un colaborador habitual de Babasónicos, así que el soundtrack está resuelto con canciones de la banda y música original de su tecladista, Diego Tuñón. Cazzu, en cambio, se concentra en un rol que le queda justo, cuidadosamente ubicada en un registro verosímil, usando los recursos que puede tener como no-actriz, sin arriesgar más de lo necesario, pero cumpliendo con una labor sólida, natural. En el último Festival de Cine de Mar del Plata, Risa… ganó el premio al mejor largo argentino y Cabral el de mejor director.

(Foto: Sebastián Faena)

Dado que cuidás tanto tus tiempos y tu energía, ¿te costó aceptar la propuesta de actuar?

Ya nos lo venían proponiendo y, la verdad, yo decía: “Che, boludo, yo nunca actué, voy a hacer el ridículo en el cine, me parece raro”. Pero Juan Cabral, que es un como un ser mágico, como un hada, insistió un montón porque decía que Sara era yo. Así que me llegó el guion, lo leí y quedé muerta de amor y de tristeza y de todo lo que me generó, y dije: “¿Qué es esto? De dónde viene esta cosa tan bonita?”. 

Ya te habrían llegado propuestas antes…

Sí, no era la primera peli que me proponían. A veces quieren que hagas de vos misma, que hagas de una hiphopera, lo típico, ¿no? Y de repente este chabón me estaba pidiendo algo diferente, ¿entendés? Como que, en un tiro, se lo pidió más a Julieta que a Cazzu. Y me parecía muy mágico cómo él, sin conocerme, había visto en mí algo de su Sara, y conecté. Yo ya había ido a un casting y me había parecido terrible. Llegué a una convocatoria de una película y me dijeron: “Bueno, tenés que hacer un casting”. Pero ¿cómo? vos me estás convocando, ¿por qué tengo que hacer un casting? O sea, chicos, yo nunca actué… Vos ya me viste ahí, en la calle, nerviosa, haciendo fotos, con la gente que me está mirando. Imaginate cómo estaría en un casting. Fue un momento muy feo, traumático, y dije: “No, este no es mi mundo”. 
Pero en este caso fue algo resimple, muy tierno y muy amable. Era una producción bastante alternativa, a pulmón, de solo dos semanas, y dije: “Sí, tengo dos semanas para hacer esto”. Y la verdad que hoy le agradezco a Juan por haberme convocado, porque para mí es una experiencia preciosa y me parece una película muy hermosa y, nada, me siento muy afortunada de poder aportar a una historia tan bonita como la de Risa. Ahora, mañana me pedís otra cosa y vamos a ver, no sé, ¿entendés? No soy actriz, no sé si me puedo transformar en algo o en alguien, aunque me parece fantástico.

El papel parece como calibrado para vos, sin estridencias, pero a la vez sin que estés haciendo simplemente de vos misma.

Me importaba no darme cringe a mí misma, mirarme y decir “qué raro que es esto”. Me quedo con algo que me dijeron varias personas: que “vieron” a Sara y que en un momento se olvidaron de que era Julieta. Eso me puso muy feliz porque yo traté de respetar un montón al personaje. 

¿Entonces la experiencia te entusiasmó para hacer otras películas? 

Me entusiasmó, pero tengo la certeza de que no todo el cine es tan dulce como lo fue esta experiencia para mí, una experiencia linda, familiar, tranquila. Donde yo no era el foco de nada, nadie estaba pendiente de mí, nada recaía sobre mí y todo era como tratar de ser funcional a lo más importante: la peli. Pero creo que no todo el cine es así. Y no está en mis planes, el cine es algo que conlleva mucho tiempo para el ritmo al que vamos nosotros. Te tiene que gustar mucho la obra, porque no vas a ir por plata, vas a estar seis semanas grabando y no te van a pagar lo que vos hacés cantando en esas seis semanas, ponele.

Es interesante esa Ushuaia que muestra la película, muy real, sin postales.

Es el ojo de Juan, que es tan talentoso. Tiene esto de mirar la simpleza de las cosas. Es un poco como Seba [Faena]. Son personas que quieren trabajar con lo que el mundo les brinda, ¿viste? O sea, esta sesión de fotos, que la gente va a ver con esta nota, tiene el traslado de la calle, de la luz, de la hora, de mi cansancio, de mi vergüenza. Y Seba, como Juan, tiene eso, el lente mágico que captura lo simple de una manera que nunca hubieses visto, así, tan bonito. Es un talento que yo respeto un montón.

Horas antes del show, la banda de Cazzu prueba sonido en el Madison Square Garden. Son una docena de músicos jóvenes y virtuosos, que incluyen bandoneón, cuerdas y vientos, lejos del standard para el género urbano. Solo una vez que todo está seteado, Julieta camina hasta el centro del escenario para chequear su micrófono. La banda empieza a tocar el crescendo de “Ódiame”, sexto track de Latinaje, Cazzu dice el primer verso y para. La banda también deja de tocar. Cazzu se cubre la cara con el brazo derecho y ahí se queda freezada. Una de las chicas del equipo se acerca y la abraza. Luego, uno de los bailarines hace lo mismo frente a la platea vacía del teatro.

“Con el equipo vas haciendo familia –había dicho el día anterior, en la entrevista de la habitación 1604–. Para mí es crucial lo que piensa el otro que está con vos. La persona que, no sé, opera los monitores, ¿qué pensás de la vida, de la música? ¿Dónde está para vos el valor de las cosas? Las coincidencias no tienen por qué ser artísticas, quizás son coincidencias humanas, lo que es más importante. Porque artísticamente necesitamos estar en desacuerdo para crecer, para que vos me saques de mi lugar y yo te saque del tuyo y para que lleguemos a un acuerdo y aprendamos a seguir adelante. Pero humanamente está bueno manejar los mismos códigos, las mismas opiniones de la vida, de las cosas. Qué raro sería trabajar con alguien que considerás que no hace su trabajo de manera leal con lo que considerás que hay que ser leal. Mucho de lo que hago recae sobre eso. Porque el de la gira es un equipazo…

¿Con cuánta gente viajás?

Somos cuarenta y pico, 46. Imaginate. Para mí, la capacidad de darle trabajo a gente que soñó toda su vida con hacer esto es como tener una varita mágica. Sea cual sea tu magia, el potencial es más o menos ese: la cantidad de gente a la que le puedas dar laburo y que estén felices, porque vos ves a este equipo y la gente está feliz. Y ellos saben que esto es de ellos y están flasheando. Los bailarines, los músicos, cada uno ocupa un espacio que es suyo, y yo lo respeto, aunque tengo la posibilidad de poner las reglas o, más bien, el tablero. Es hermoso ver tanta gente contenta en esta gira, poder venir con mi hija, bajar del show y tener un cable a tierra tan importante en la familia. Es una vida muy, muy privilegiada y muy satisfactoria. No sé si mi carrera crecerá eventualmente porque la gente lo decide y le gusta lo próximo que haga. Pero yo ya estoy lista, estoy bien, ¿entendés? Yo no manejo ambiciones desmedidas, si este es el techo, así será, y si no, bienvenido. Pero esto es una locura, o sea, imagínate, comenzamos en Chicago con 3.000 personas, seguimos en Las Vegas… ¿Qué hago yo en Las Vegas? ¡Con todo lo que hay para ver en Las Vegas, la gente me viene a ver a mí! Tuvimos lugares de 6.000 personas y lugares de 2.000, la mayoría llenos, ponele, y otros en los que sobran unos espacios. Y nada cambia, ¿entendés? Nada cambia. Está esa necesidad de la gente de venderte el sold out y de asegurar que no hay más entradas, y así convertir todo lo tuyo en un deseo. Pero no, no, a veces hay entradas, googleen, fíjense, ¿entendés? Yo quiero seguir abrazada a la realidad y, mientras, disfrutar de lo que hubiese sido una locura pensar a los 15 años. Soy muy feliz, y mirá que con todo lo que pasa… Un ataque de pánico, de vez en cuando, a nadie se le niega [risas]. Un ataque de angustia, después de seis shows seguidos, no mató a nadie…

(Foto: Sebastián Faena)

Cazzu acaba de decir que viaja con su hija, Inti, de tres años. Y eso nos lleva a otro tema, aunque estamos muy pasados del tiempo convenido para esta entrevista con Rolling Stone. De hecho, el aviso era que hoy podría estar cansada y que la charla podría amesetarse sin remedio más temprano que tarde. Pero nada de eso pasó en la habitación 1604. Ocurrió otra cosa y fue recién hacia el final de un día agitado. La mención de Inti deriva directo en la Ley Cazzu. Una iniciativa impulsada en México y Argentina que busca limitar la responsabilidad parental a progenitores que incumplan con la cuota alimentaria por tres meses o abandonen el cuidado de sus hijos. Su objetivo es facilitar trámites como permisos de viaje y pasaportes para el progenitor que sí ejerce la crianza. 

El proyecto lleva el nombre de Cazzu debido al conflicto que la cantante mantiene con el progenitor de Inti, el artista mexicano Christian Nodal. Ella ha hablado públicamente del caso y comentado, por ejemplo, detalles de una reciente mediación: “Hace tiempo que no me sentía tan mal como ese día –dijo en otra entrevista–. Ese hombre [el abogado de Nodal] me miró a los ojos y sin decirme nada me dijo: ‘Tenemos el puto control sobre vos y sobre tu hija’”.

Ante la pregunta sobre qué siente respecto de que un proyecto de ley, para auxiliar a otras mujeres en circunstancias similares, lleve su nombre, alcanza a decir: “Es lindo que me lo preguntes porque también creo que hay una confusión. Hay personas que piensan que esto es algo que yo propuse y la verdad que es una iniciativa de personas que un día decidieron proponer cierta modalidad parental debido a problemáticas muy comunes, de las cuales yo he sido víctima. Que usen mi nombre para un proyecto así me honra mucho. No sé si de por medio hay instituciones políticas, si hay segundas intenciones, pero cuando lo veo objetivamente es una propuesta que me conmueve por haber representado una voz para denunciar las desigualdades; muchas de ellas, de las que no puedo hablar, las vivo todos los días y son una carga muy pesada que llevo. Y, nada, considero que es un…”. 

Algo queda en pausa. Cazzu está por dar uno de los conciertos de su vida, una noche que, de ir todo bien (escribo esto desde el futuro: el concierto fue impecable), merecerá el adjetivo de consagratoria. Pero por unos segundos larguísimos, densos, profundos, Manhattan se apaga y lo único que existe es la habitación 1604 de este hotel. No hay afuera, no hay antes ni después. ¿Habrá Cazzu? Quizás solo Julieta y una angustia acechante, que reaparece. Hasta que Cazzu vuelve para decir lo que necesita decir: “Me emociono un toque porque hoy ha sido incluso un día un poco complejo desde esa perspectiva”. Mientras recobra la firmeza de la última hora y media, los brazos y los tatuajes vuelven a revolotear, de a poco. “Pero nada me enorgullece más que que mi paso por el mundo aporte algo para una causa honrada y constructiva, ¿no?”.

¿Te obsesiona pensar y planificar el futuro?

No, en ese sentido soy más infantil. Sí me pasa que me da un poco de vértigo perder lo que tengo, despertarme un día y haberlo perdido todo. No sé por qué. Tendrá que ver con mi historia… ¡Después lo hablamos en terapia! [risas]. Creo que estos son los años donde me gustaría consolidar mi patrimonio financiero y económico. Después, los deseos artísticos muchas veces son una inversión que no se recupera y que no siempre son un negocio redondo, a menos que vos seas un negocio redondo. Y yo soy un negocio totalmente deforme, que de redondo no tiene nada. Todos mis hits son accidentes totales. 
Me gustaría sentir eso, ¿sabés?, que voy a poder criar a mi hija, ayudar a mi familia, que vamos a estar bien, con lo que se necesita, sobre todo un techo, la comida. Y seguir creando. Porque soy una drogadicta del proceso creativo, espero ese momento con ansias, ingresar en la fantasía y en cada pieza para llevarla a cabo. Pero, en cuanto al futuro, solo deseo hacerme grande y envejecer bien y contenta, con lo necesario para vivir. Y, la verdad, no necesito tanto para vivir bien. No tengo tanto y, si lo tengo, seguro me lo gasto en el próximo delirio artístico, porque soy así. Si tengo gustos caros, son para el arte, nada más.

Fotografías de Sebastián Faena

Styling: Jorge León

Makeup: Belu Sáenz

Pelo: Mae Ludueña

Asistentes de vestuario: Flor Traverso y Cata Rec

Video: Pablo Corradi

Agradecimientos: Ay Not Dead, The Ann Wagners, Kosiuko, Selu, Valentina Schuchner, Jesús Fernández, Cocoliche, Esquina, Joti Arriague y Empire State Building

The post Cazzu en la tapa de ROLLING STONE: “El sistema que oprime a la mujer está casi intacto” appeared first on Rolling Stone en Español.

Hay artistas que construyen un personaje para sobrevivir a la industria. Que moldean su discurso, su estética y hasta sus emociones alrededor de lo que se espera de ellos. Y luego está ROBI, decidido a hacer exactamente lo contrario.

En conversación con ROLLING STONE en Español, el artista puertorriqueño habla desde su más vulnerable voz mientras se prepara para el lanzamiento de Sorry si soy gris, su álbum debut que, según explica, nació de la necesidad de dejar de disculparse por quién es.

Entre canciones grabadas en casa de su abuela, pistas escondidas para sus fans y una visión clara del lugar que quiere ocupar dentro de los sonidos latino, Roberto Chabrier Báez, mejor conocido como ROBI, entra en una nueva etapa artística con la honestidad como principal bandera.

Las 17 canciones que conforman Sorry si soy gris estarán disponible en todas las plataformas de streaming a partir del próximo 4 de junio.

A continuación, extractos editados de nuestra conversación.

Felicidades por el estreno de tu álbum debut, Sorry si soy gris. ¿Cómo te sientes en este momento de tu carrera?

Me siento muy emocionado. Es algo que llevo soñando toda mi vida y hace ya unos años trabajándolo. Estoy disfrutando cada proceso que estoy viviendo gracias a la música. Pero este momento específico lo siento muy especial. Me siento muy agradecido con la vida y con las oportunidades que están llegando.

El primer adelanto fue el sencillo ‘Break’, un tema que, aunque aborda una relación tóxica, mantiene una vibra fresca y ligera. ¿Cómo fue su proceso de creación?

Realmente ese era el concepto de la canción. Quería que hubiera un contraste entre la letra y la vibra. Que las personas las primeras veces la escucharan y la disfrutaran, y luego, cuando analizaran la letra, dijeran: ‘OK, aquí hay más contenido’.

Break’ nace de algo que viví. Ese día en el estudio quería hablar de esa situación donde no te están correspondiendo el amor y el interés. Es este debate mental de salir con tus panas para olvidarte de alguien, pero al mismo tiempo querer llamarle aunque sabes que no debes hacerlo. Quería plasmar ese conflicto entre mi mente y mi corazón.

ROBI abraza sus ‘partes más grises’ en su álbum debut: ‘Soy un gris en esta industria’
Cortesía

Y hablando de contenido, ¿qué sonidos y ritmos podemos esperar dentro del álbum? ¿Se inclina más hacia el pop, lo urbano o una mezcla de ambos?

En este disco traté de mezclarlo todo, pero dándole un aire bien pop. Hay tintes de R&B alternativo con pop, salsa con pop y reggaetón, pero el género que siempre está presente es el pop. Me encanta la idea de ser ‘el que defiende el pop en una isla donde ya no se hace’. Me recuerda a los grandes artistas que también lo hicieron en su momento y brillaron por eso. Son melodías súper frescas, globales, y siento que eso le da un sonido muy honesto y muy real conmigo.

También diría que es un disco bien unapologetic. Hice cosas que maybe no son tan comunes dentro de las reglas del pop, pero eso es precisamente lo que lo hace especial. Simplemente fui yo. El disco fue como un canvas en blanco.

Ahora, en cuanto a simbolismos, ¿por qué gris? ¿Qué significa este color en la narrativa del álbum?

El gris representa ese momento donde estás justo en el medio de dos sentimientos o de dos cosas. Yo soy muy creyente de que soy un gris en esta industria. A veces me siento muy pop para lo urbano y muy urbano para lo pop. Siempre termino en ese medio.

Y solo abrazando ese sentimiento de ser un gris es que pude llegar al sonido de este álbum. Las letras hablan de sentimientos complejos, no simplemente de ‘te amo’ o ‘te odio’. Quería crear un mundo donde pudiera reflexionar sobre cómo abrazar esas partes grises de mí.

Se escucha muy íntimo

Sí, totalmente. Es un disco muy honesto y muy real conmigo en este momento de mi vida. Lo empecé a escribir sin pensar tanto en hacer algo para pegar o algo más mainstream. Cada canción la hice con la intención de revelar un poco más de quién soy como persona, más allá de ROBI el artista.

¿Qué emociones exploras dentro del álbum?

Sorry si soy gris funciona como una especie de catarsis emocional. Todo nace desde el amor. Hablo de distintas maneras de experimentar el amor y el desamor, pero la moraleja final del disco es aprender a convivir con las partes grises de mí, con las partes complejas o las que todavía no entiendo.

Por eso el disco se llama Sorry si soy gris. Soy una persona que muchas veces tiende a disculparse por cosas por las que quizá no debería disculparse. Entonces es esta reflexión de primero decir ‘sorry’ y luego entender que quizá no tengo que pedir perdón por ser quien soy.

Gran parte del álbum fue grabado en Los Ángeles, pero una de sus canciones más importantes nació lejos de los grandes estudios. ¿Dónde nació realmente este disco?

Aunque gran parte del álbum lo grabé en Los Ángeles, una de las canciones más importantes nació en casa de mi abuela, literal como en los tiempos de antes. Esa canción es muy significativa para mí. Ya se darán cuenta ustedes cuál es.

¿Habrá colaboraciones?

Sí, vienen colaboraciones con personas que admiro muchísimo. Pero también quise que el disco pudiera defenderse solo. No salí a buscar colaboraciones porque sí. Quise que las cosas llegaran naturalmente y así mismo pasó.

Hace poco presentaste este material en vivo en Puerto Rico junto a Lockward y Del Toro. Un show que describes como un punto de inflexión dentro de tu carrera. ¿Cómo fue esa experiencia?

Fue mi primer show totalmente pop en Puerto Rico. Era algo que venía manifestando desde hace mucho tiempo. Y cuando se dio la oportunidad, quería compartir escenario con artistas que también están defendiendo ese sonido. Conocí muchos fanáticos que todavía no había podido ver en persona y siento que fue un antes y un después en mi carrera.

Tu relación con tus fans parece muy cercana

Siempre trato de dejarles saber lo agradecido que estoy. Y algo que digo mucho es que siento que soy uno más de ellos. Honestamente, podría ser amigo de cualquier fanático mío porque son un reflejo de quién soy. Siento que ellos conocen más a Roberto que a ROBI. Y eso hace que la relación sea mucho más íntima.

Cortesía

¿Qué viene después del álbum?

Siento que este disco le va a abrir una puerta bien grande al pop dentro de Puerto Rico. Quiero hacer una gira, cantar en lugares donde todavía no he podido estar y seguir haciendo música vulnerable, música que me represente como persona. Estoy muy ansioso por ver las puertas que este disco pueda abrir para mí y también para la gente que conecte con él.

The post ROBI abraza sus ‘partes más grises’ en su álbum debut: ‘Soy un gris en esta industria’ appeared first on Rolling Stone en Español.

It’s been a minute since Rachel Chinouriri last played a headline show in her home city, something she noted onstage at Shoreditch Town Hall on Wednesday night (June 3). “I realized I hadn’t done a London show, I think, in over a year. I was worried that maybe nobody would come tonight,” she admitted with a laugh, acknowledging her time away. “Thank you so much for being amazing, and reminding me that you guys are so special.” 

Performing in the music program for 2026’s SXSW London, the show provided the British star a moment of reconnection with her Darlings — the name affectionately given to her fans — following two years of being booked and extremely busy. Chinouriri, however, is not a musician that is easily forgotten.

Following the release of 2024’s critically acclaimed debut What a Devastating Turn of Events, Chinouriri cemented her status as one of the U.K.’s standout young songwriters, placing her alongside musical peers like CMAT and Holly Humberstone. A stellar collection of emotive indie packed with smart hooks, the LP soared in a live setting, be that on her own headline tours across the U.K. and U.S., or during a run of high-profile support gigs with superstars including Florence + the Machine and Sabrina Carpenter. The Croydon-raised artist will continue her hot streak when she joins Gracie Abrams as a support act on her upcoming arena jaunt. New music on the horizon will only bolster her reputation.

But, for now, it was about renewing the 27-year-old’s connection with her fans, and her performance was both a triumphant return to performing in the capital and a showcase of the musical diversity and strength of SXSW’s music programming. These were the best moments from the show.


Rachel Chinouriri Flies the Flag for Local Talent at SXSW London 2026 Showcase: 5 Best Moments

DJ AG took over Billboard’s THE STAGE at SXSW London on Wednesday (June 3) bringing his eclectic taste to the U.K. festival.

The London-based performer was accompanied by a number of musicians artists during his set which spanned genres across garage, hip-hop, r&b, pop and beyond.

AG (real name: Ashley Gordon) has found an ardent following in recent years for his guerilla DJ sets and big name guests. Over the years, Will Smith, Akon, AJ Tracey, Skepta, Ciara and more have appeared during his live sets which are regularly streamed live on AG’s growing social channels.

Hosted in Ely’s Yard in Shoreditch, east London, AG hosted a number of rising artists throughout the showcase. U.S. artist Cameron McCloud, who recently won NPR’s Tiny Desk Contest as a member for Cure for Paranoia, pulled up for a cameo, alongside head-turning performances from Australian act Tikara and London-based Iyamah

U.S. group Infinity Song joined AG for a short spot ahead of their showcase event at the nearby Shoreditch Town Hall venue as part of the Mahogany Showcase. House Gospel Choir, who performed with Harry Styles at the 2026 BRIT Awards and his One Night Only show in Manchester, also made an appearance with an uplifting guest spot.

SXSW London is currently in the midst of its second edition, bringing together leading voices in music, film, culture, technology and business for a wide-ranging program of panels, performances and screenings.

THE STAGE is a fixture of SXSW in Austin, Texas, with 2026’s lineup including Billboard 200 chart-topper Don Toliver, Mau P and Junior H. At the inaugural 2025 SXSW London, Tems performed a sold-out show at London’s Troxy as part of THE STAGE.

Elsewhere performances at SXSW London 2026 include Rachel Chinouriri, Tiwa Savage, Shame, ODUMODUBLVCK and more. 

Stu Mackenzie and Lucas Harwood of King Gizzard and the Lizard Wizard, Julia Jacklin, and trials, lead the first wave of Artist In Conversation sessions at BIGSOUND 2026, one of the most popular daytime spots during Australia’s annual conference and showcase smorgasbord.  

King Gizz, as they’re affectionately known in these parts, are BIGSOUND alum, having performed during the nighttime program back in 2013. The prolific group has gone on to own their lane in the psych-rock space, smashing out a remarkable 25 albums (including five in one year), launching a label (p(doom) Records) and standing out as one of Australia’s leading music exports.

Jacklin, too, has graced the BIGSOUND showcase stages. The indie alt-pop artist made her BIGSOUND debut in 2016, just ahead of the release of Don’t Let The Kids Win, the first of her three studio albums.

A two-time ARIA Award winner, Jacklin this week announced her first-ever global record deal with venerated indie label 4AD, and shared details of her 2026/27 tour that will see her perform throughout North America, the United Kingdom and Continental Europe.

Also confirmed for BIGSOUND’s Artist In Conversation lineup is Ngarrindjeri hip-hop producer, composer and innovator, a founding member of Funkoars and one half of A.B. ORIGINAL, his politically-charged project with Yorta Yorta artist Briggs (an Artist in Conversation participant at last year’s BIGSOUND) that won two ARIA Awards and the coveted Australian Music Prize for best Australian album of the year (with 2016’s Reclaim Australia).

Trials (real name: Daniel Rankine) recently supported Hilltop Hoods on their 10-date arena tour of Australia, and last month released his debut solo project hendle. Also, he has been throwing his support behind Full Stop Australia, one of the country’s leading sexual, domestic and family violence response and recovery services, with profits of his merchandise t-shirt sales from every show donated to the organization.

Previous Artist In Conversation guests have included Tony Watson (aka Tones And I), Kelis, Mallrat, Blur’s Dave Rowntree, and Amy Taylor of Amyl And The Sniffers.

This year’s 25th anniversary edition of BIGSOUND will play out in the vibrant entertainment district that is Brisbane’s Fortitude Valley, from Sept. 1-4.

International guests confirmed for BIGSOUND 2026 include reps from Partisan Records, Pitchfork, Bonnaroo, Soho House, MOM+POP, ROAM Artists, Reeperbahn, DMT Law Firm, Carpark Records, The Great Escape, True Panther and SXSW.

“BIGSOUND has always been a place where real connections happen, and this year we’re focused on creating even more opportunities for Australian and New Zealand artists and industry to connect with each other and the global market,” comments Kristy Ellis, interim CEO, QMusic, producers of BIGSOUND. “The program focuses on the conversations the industry is having right now — how the business is changing, how we stay ahead, and how Australian and New Zealand artists continue to grow on the global stage.”

Visit bigsound.org.au for more information.

SESAC Performing Rights hosted its annual Film & Television Composer Awards at the Casa del Mar in Santa Monica, Calif., on Wednesday (June 3). The invitation-only dinner event honored SESAC PRO’s top composers in the categories of film, network television, local television, cable television and streaming media.

Laura Karpman was honored for Captain America: Brave New World, which was shortlisted for best original score at the 2026 Academy Awards. Daniel Lopatin was recognized for Marty Supreme, for which he was nominated for a 2026 Critics Choice Award for best original score. The Newton Brothers continue to be recognized for their work in contemporary horror — this year being honored for their work on Fear Street: Prom Queen and Five Nights at Freddy’s 2. Additionally, collaborators Wow Jones and JIMIJAME$ received awards for their composition of Tyler Perry’s Duplicity.

“It’s incredibly meaningful for us to celebrate our talented composers and the passion they bring to their craft,” Erin Collins, SESAC PRO’s senior vp of TV/Film Creative Services, said in a statement. “Behind every project is an immense amount of heart, dedication, and creativity, and we’re grateful for the chance to recognize and applaud their work.”

SESAC Performing Rights represents songwriters and composers from a broad range of genres including Adele, Burna Boy, Christophe Beck, Rosanne Cash, David Crosby, Neil Diamond, Bob Dylan, Kesha, Gabriel Mann and R.E.M. SESAC PRO is a division of SESAC Music Group, a global multi-line music company

Here is the full list of honorees at SESAC Performing Rights’ 2026 Film & Television Composer Awards.

Violet Grohl really is a chip off the old block. The newcomer with the famous surname made her TV debut Wednesday night (June 3) when she stopped by The Tonight Show Starring Jimmy Fallon with a full band.

Want rock? You’ve got it.

Looking cool, calm and dressed right for her late-night premiere in all-black, Grohl performed “Bug in the Cake,” lifted from the grungy rocker’s recently released debut studio album.

It’s been a bright couple months for Violet, who made her official Billboard chart arrival earlier this year as a teenager (aged 19), when “THUM” started at No. 38 on Adult Alternative Airplay. “THUM” marked her first appearance on a Billboard chart as a billed artist, though she did contribute backing vocals to Foo Fighters’ “Show Me How,” which hit No. 21 on Hot Hard Rock Songs in 2023.

Now aged 20, she’s just dropped the 11-track Be Sweet to Me, through Auroura Records/Republic Records, a record that also includes the previously-released “Applefish” and “595.”

Grohl is, of course, the oldest daughter of Dave Grohl, the singer, songwriter and force-of-nature rock star who has been inducted into the Rock And Roll Hall of Fame both with Nirvana (2014) and with Foo Fighters (2021).

According to a release, Be Sweet to Me was recorded from late 2024 into early 2025 at producer Justin Raisen’s Los Angeles home studio with a group of musicians assembled “in the spirit of the Wrecking Crew session players in the ’60s and ’70s,” whose work can be heard on classic recordings by the likes of Sonny & Cher, the Mamas and the Papas, Frank Sinatra and Harry Nilsson, among many others.

“Everything was written in the studio,” Grohl says of her new collection. “I would come in with an inspiration playlist, we would hang and listen for a little while, and then start writing.”

She’s supporting the project with a trans-Atlantic tour, which continues tonight (June 4) with a sold-out performance at New York’s Baby’s All Right.

Watch Violet Grohl’s performance on NBC’s Fallon.