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El pasado 23 de mayo, el Comité de Negocios y Comercio de la Cámara de los Comunes del Reino Unido pidió a la Autoridad de Mercados y Competencia (CMA, por sus siglas en inglés) iniciar una investigación completa sobre Live Nation y su posición dentro de la industria de la música en vivo, luego de concluir que la compañía opera en un supuesto “clima de miedo” que afecta a promotores independientes, artistas y venues.

La investigación parlamentaria comenzó en diciembre de 2025 con el objetivo de analizar el estado del mercado de conciertos y festivales en Reino Unido. Aunque Ticketmaster inicialmente rechazó comparecer ante el comité, representantes de la empresa participaron en sesiones posteriores junto con ejecutivos de Live Nation.

Durante una de las audiencias, Phil Bowdery, presidente ejecutivo de Live Nation en Reino Unido y Europa, defendió la posición de la empresa argumentando que su dominio responde al interés de artistas internacionales por trabajar con la compañía. “Somos muy buenos en lo que hacemos. Por eso existe interés de los artistas principales en estar con Live Nation”, afirmó.

Sin embargo, el informe final del comité aseguró que existen “serias preocupaciones” sobre la competencia dentro de la industria musical británica y señaló que la estructura integrada de Live Nation podría estar limitando las oportunidades para promotores independientes y festivales fuera de su ecosistema.

Uno de los puntos que más alarmó a los legisladores fue la cantidad de testimonios confidenciales y anónimos recibidos durante la investigación. Según el reporte, varias personas solicitaron anonimato por temor a represalias relacionadas principalmente con Live Nation.

“El clima de miedo que encontramos durante esta investigación plantea preguntas profundas sobre la salud de la competencia en el mercado”, declaró Liam Byrne, presidente del Comité de Negocios y Comercio.

El documento también expone el alcance de la presencia de Live Nation dentro del mercado británico. De acuerdo con cifras citadas por el comité, la empresa controló directamente el 58% de los 23.1 millones de boletos vendidos en Reino Unido durante 2025. Si se consideran compañías afiliadas, la cifra aumenta al 66%.

Además del control sobre venues y promoción de conciertos, el comité señaló preocupaciones relacionadas con la reventa de boletos y acuerdos de exclusividad. El informe acusa a Live Nation de favorecer plataformas integradas como Ticketmaster y de utilizar contratos de largo plazo que podrían obligar a artistas a participar en determinados festivales o recintos para acceder a otras oportunidades dentro de su red.

Mientras se espera el seguimiento del caso, la presión sobre Live Nation y Ticketmaster se intensifica después de que, el mes pasado, un jurado federal en Nueva York concluyera que ambas compañías mantenían ilegalmente poder monopólico dentro del mercado de venta de boletos en Estados Unidos. Live Nation adelantó que buscará apelar esa decisión.

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Pocas personas han influido tanto en el sonido del pop contemporáneo como Jack Antonoff. Como productor, ha participado en algunos de los discos más celebrados de la última década; como músico, ha convertido a Bleachers en un espacio donde las canciones funcionan como una conversación íntima y constante con su audiencia. Aunque su nombre aparece detrás de éxitos masivos y estadios llenos, Antonoff sigue hablando de la música desde un lugar profundamente personal, casi artesanal: el de alguien que aún se sienta en una habitación buscando capturar una emoción antes de que desaparezca.

Con el lanzamiento de Everyone for Ten Minutes, el músico regresa a temas que han marcado gran parte de su obra: la familia, la pérdida, el amor, la identidad y el paso del tiempo, pero lo hace desde una perspectiva luminosa. En esta conversación con Rolling Stone en Español, habla sobre la honestidad como acto de esperanza, la conexión casi familiar que mantiene con los seguidores de Bleachers, las huellas de New Jersey en su sonido y por qué, pese a todos los cambios de la industria, sigue convencido de que la sinceridad continúa siendo el corazón de la música.

¿Qué has estado haciendo últimamente?

He estado corriendo de un lado a otro organizando todo lo del álbum, pero esta semana volví al estudio, lo cual estuvo muy bien. Para mí es importante no estar demasiado tiempo lejos de eso. Me descontrolo.

¿Qué parte de esos días adolescentes tocando en bandas en New Jersey sigue viva hoy en Bleachers?

La parte más importante, ¿sabes? Mi vida ha cambiado de muchísimas maneras y, al mismo tiempo, no ha cambiado nada. Mi cuerpo sigue haciendo lo mismo y sigo haciéndolo por las mismas razones. A veces incluso me sorprende lo parecido que sigue siendo todo. Ir de gira, tocar en shows, dormir en hoteles, subir a un avión, ya sabes. Las habitaciones son más bonitas ahora, pero sigue siendo lo mismo.

Es una gran respuesta, sin duda. Bleachers nació cuando tu carrera como productor estaba despegando muy fuerte, ¿cierto? ¿Qué necesitabas de tener tu propia banda?

Bueno, siempre he tenido mi propia banda. Lo hago desde que tenía como 13 años. Es simplemente lo que hago. No hay una respuesta más profunda para todo esto. Así es como me comunico conmigo mismo y con el mundo, así ha sido siempre. Desde niño escribía canciones, tenía una banda, salía a tocarlas y luego ayudaba a mis amigos con sus discos. Como dije, todo se ha vuelto mucho más grande, pero sigo haciendo exactamente lo mismo que siempre he hecho y es lo que pienso hacer toda mi vida.

Jack Antonoff: “La música es todo lo que tenemos”
Alex Lockett

Hablemos del nuevo álbum. ¿Qué significa para ti el título Everyone for Ten Minutes?

Para mí significa el final del experimento fallido de creer que todo el mundo necesita llegarle a todo el mundo. Es lo opuesto a lo que se siente estar en una banda, salir de gira y hacer música. Yo simplemente estoy allá afuera buscando a mi gente, y cuando vi esa frase pensé que era hermosa. Es casi como una armadura de protección: solo puedes ser accesible para todo el mundo durante cierto tiempo. Así se siente lanzar un álbum. Es como si lo arrojaras al mundo entero, pero en realidad solo estás buscando a tu gente.

Este nuevo álbum toca temas como el duelo, el matrimonio y la muerte, pero tú lo has descrito como “esperanzador”. ¿De dónde viene esa esperanza?

Bueno, ser honesto ya es algo esperanzador. No es tan simple como hablar de cosas positivas. Para mí, la esperanza en mi música consiste en hablar de las cosas más difíciles de mi vida y encontrar algún destello de luz dentro de ellas. Creo que muchas de mis canciones más tristes son las que mi audiencia siente como más esperanzadoras, porque el acto de ser tan honesto y tan directo es en sí mismo un acto de esperanza. Depende de qué tan profundo quieras ir. Un oyente casual puede escuchar más disonancia, pero mi audiencia entiende lo esperanzador que es porque conoce el camino para llegar hasta aquí y toda la historia previa.

¿Podemos hablar de algunas canciones del álbum? Empecemos con ‘sideways’, el tema de apertura. ¿De dónde nació esa canción?

Nació de reconectarme con mi historia de origen de una forma nueva. Había mucha alegría, libertad y emoción cuando me fui de casa a los 15 años para salir de gira, pero también había mucha culpa. Era como cortar una relación ancestral. Mis antepasados fueron inmigrantes y, una y otra vez, solo buscaban un lugar, trabajo, una familia, seguridad y felicidad, y luego llego yo, la primera generación de mi familia que se salió de ese camino: me fui de casa, no fui a la universidad, hice música y todas esas cosas. Fue muy poderoso. Esa mezcla entre libertad y culpa me parecía muy interesante y quería volver a contar claramente mi historia de origen, porque vivimos en una época donde todo tiene una huella digital que a veces solo muestra una parte de la verdad o incluso mentiras completas. En ‘sideways’ me sentí realmente decidido a explicar exactamente cómo llegué hasta aquí.

Alex Lockett

Increíble. ¿Y qué hay de ‘dirty wedding dress’?

La canción sucede durante la noche de mi boda, aunque realmente no trata de eso. En el fondo habla sobre a quién dejas entrar en tu vida. Hubo algo de esa noche —estar nosotros dentro y tener multitudes afuera— que me recordó muchísimo cuánto amo a mi audiencia, porque ellos son quienes realmente pueden entrar. Sabía que iba a escribir sobre esa experiencia. Lo que no imaginaba era que lo haría de una manera tan metafórica, pero así terminó saliendo.

Hablemos de ‘upstairs at els’. ¿Qué representa esa canción?

Para mí es como el final de una película. El álbum realmente termina con ‘i’m not joking’ y luego ‘upstairs at els’ es como cuando empiezan a rodar los créditos. Básicamente es la sensación de terminar algo que amas y finalmente poder llamar a tus amigos, relajarte y pasar tiempo con ellos.

Esta es una pregunta que siempre le hago a los productores: ¿cómo sabes cuándo es momento de soltar una canción, un proyecto o un álbum?
Cuando mi instinto me lo dice. Es algo muy fuerte y muy claro. Nunca he tenido problemas con eso. Es muy fácil para mí reconocerlo. Paso muchísimo tiempo persiguiendo y buscando esa sensación, y cuando finalmente la encuentro, es la cosa más reconocible del mundo para mí. Muy clara y muy poderosa.

Cuando está listo, está listo.

Exactamente. En ese punto ya no sigo moviéndole cosas. Siempre he sido así. Desde niño haciendo música, sé cómo me siento respecto a las cosas, sé lo que escucho en mi cabeza y sé cuándo finalmente lo escucho grabado.

Alex Lockett

¿Cómo describirías el sonido de New Jersey hoy en día, si es que existe algo así?

Claro que existe [risas]. Es música costera, que tiene una sensibilidad muy específica, pero también oscila constantemente entre un gran espectro de esperanza y devastación. Es tan triste y disonante como poderosa y esperanzadora. Se mueve bellamente por todo ese espectro.

¿Hay algo que escuches o hagas para desconectarte un poco de producir música?

La verdad no. No es algo de lo que necesite desintoxicarme. Amo escuchar las cosas en las que estoy trabajando y mantener una relación intensa con ellas. Nunca quiero alejarme de eso.

Has descrito a la audiencia de Bleachers como una familia. ¿Qué hace que esa conexión se sienta tan real para ti?

Les hablo de una forma muy honesta y llevamos muchísimo tiempo teniendo una conversación que se vuelve cada vez más profunda, como pasa en cualquier familia o relación larga.

¿Crees que las audiencias están buscando sinceridad otra vez? Vivimos en un mundo dominado por algoritmos. ¿Qué piensas que la gente está necesitando hoy?

No creo que la gente haya dejado de querer sinceridad alguna vez. Nadie dejó de quererla. El trabajo que más logra conectar siempre ha sido profundamente sincero. Lo que pasa es que hay mucha gente poderosa intentando imponer otras cosas, pero realmente no funciona. Por más que la música se venda, se use en todas partes y esté en el centro del comercio, la tecnología y todo eso, no es así para quienes la hacemos. Nosotros solo estamos sentados en habitaciones, solos o con muy pocas personas, tratando desesperadamente de alcanzar una emoción y capturarla en una grabación, para luego compartir una conexión muy pura con nuestra audiencia. Todo el ruido alrededor puede ser confuso, pero no refleja lo que realmente ocurre por dentro. No creo que haya existido nunca una verdadera tendencia en contra de la sinceridad.

Increíble, sí. Eso no lo pueden cancelar. Cuando trabajas con Bleachers, ¿sientes que hay una separación entre Jack el productor y Jack en Bleachers?

No realmente. Todo sale de la misma parte de mi corazón.

¿Qué es lo que todavía te da fe en la música hoy?

Todo. Creo que esa pregunta parte de la idea de que algo anda mal, pero no es así. La música es todo lo que tenemos.

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Hay algo profundamente setentero en Dead Man’s Wire. No solamente por su ambientación o por la presencia de Al Pacino conectando inevitablemente la película con Dog Day Afternoon, sino por la manera en que Gus Van Sant decide filmar un país donde las instituciones parecen haber abandonado completamente al individuo. La historia real de Tony Kiritsis, un hombre que secuestró a un ejecutivo hipotecario en 1977 convencido de haber sido destruido por el sistema financiero le sirve al director para construir un thriller político y humano que dialoga directamente con el presente.

En el centro de todo está Bill Skarsgård, quien entrega probablemente la actuación más compleja y contenida de toda su carrera. Muy lejos del terror expresionista de It o del sadismo estilizado de John Wick 4, aquí interpreta a un hombre desesperado, paranoico y convencido de que el mundo entero le cerró todas las puertas. Su Tony Kiritsis nunca es presentado como monstruo ni como mártir, sino como alguien aplastado lentamente por un sistema económico que convierte la desesperación en violencia.

Durante esta conversación, Skarsgård habla sobre el cine político de los setenta, el clima social contemporáneo, trabajar junto a Dacre Montgomery y la libertad creativa que encontró bajo la dirección de Gus Van Sant.

Bill Skarsgård: “Tony Kiritsis sentía que el sistema entero lo había destruido”
Cortesía de Row K

La película inevitablemente recuerda a Dog Day Afternoon. ¿Pensaste en la cinta de Sidney Lumet mientras trabajabas en Dead Man’s Wire?

Sí, claro. He visto prácticamente todas las películas de Sidney Lumet. Para mí, los años setenta fueron la verdadera edad dorada del cine estadounidense. Muchas de mis películas favoritas vienen de esa década. Así que sí, evidentemente existen similitudes con Dog Day Afternoon, incluso por la presencia de Al Pacino conectando ambas películas.

Pero honestamente, la película que más tenía en mente era Network. Se estrenó apenas unos meses antes de que ocurriera el caso real de Tony Kiritsis y siento que espiritualmente está muchísimo más cerca de lo que hace nuestra película. Hay algo en esa furia social, en esa sensación de “estoy harto y no voy a soportarlo más”, que conecta directamente con Tony. Puedo imaginar perfectamente al personaje viendo esa película y sintiendo que hablaba exactamente de él.

Y lo increíble es que Network sigue sintiéndose más vigente hoy que cuando fue estrenada. Es casi una profecía sobre hacia dónde terminó avanzando el mundo.

La película se sitúa en los años setenta, pero da la impresión de estar hablando constantemente del presente.

Sí, totalmente. De hecho, creo que esta historia es más relevante hoy que hace diez años. Existe una sensación generalizada de que mucha gente perdió completamente la fe en las instituciones y en el sistema en general. Hay inflación, trabajos desapareciendo, tasas de interés disparadas, desigualdad creciendo… muchas de las cosas que estaban ocurriendo en los setenta están pasando otra vez ahora mismo.

La gran diferencia es la forma en que circula la información. En aquella época, para alguien como Tony, aparecer en una estación de radio local era probablemente la única manera de ser escuchado. Hoy todo sería transmitido en vivo por internet, convertido inmediatamente en espectáculo global.

Y eso es interesante porque la película también habla del momento exacto donde las noticias empezaban a transformarse en entretenimiento permanente. Todavía no existían los canales de noticias 24/7, pero ya se sentía venir esa sobreexposición mediática que terminó dominándolo todo.

Tony Kiritsis podía ser fácilmente interpretado como un villano o como un lunático. Pero tu actuación evita completamente eso.

Nunca quise interpretarlo como un monstruo. Para mí era fundamental entender que Tony sentía genuinamente que había sido destruido por el sistema financiero. Eso no significa justificar lo que hizo. Pero sí entender que él estaba convencido de haber sido empujado hacia un rincón del que no podía salir.

Mientras actuaba, yo tenía que creer que Tony pensaba que estaba en lo correcto. Esa era la única manera de interpretarlo honestamente. Él no se veía a sí mismo como un criminal caricaturesco. Se veía como alguien al que le habían quitado todo.

Y creo que eso vuelve la película más incómoda emocionalmente para el espectador, porque obliga a reconocer que incluso alguien capaz de cometer un acto extremo sigue siendo un ser humano. Un hombre desesperado, lleno de rabia y paranoia, sí, pero humano.

Las primeras escenas poseen una tensión increíblemente contenida. Todo parece salir mal para Tony incluso antes del secuestro.

Eso estaba muy presente desde el inicio. Tony planificó todo obsesivamente y aun así las cosas empiezan a fallar inmediatamente. La llave se rompe dentro del automóvil, la recepcionista no es la persona que esperaba encontrar, aparece el ejecutivo equivocado… Hay algo casi trágico y hasta absurdo en ver cómo su fantasía de control empieza a derrumbarse desde el primer minuto.

Me interesaba mucho esa idea de alguien que imaginó durante meses exactamente cómo iba a ocurrir algo y luego la realidad empieza a sabotearlo constantemente. Porque así funciona la vida.

Cortesía de Row K

¿Cómo fue trabajar con Dacre Montgomery? La relación entre ambos sostiene gran parte de la película.

No conocía a Dacre antes del rodaje, pero nos conectamos muy rápido. Me habían dicho que era obsesivo, intenso y muy analítico, y pensé: “perfecto, eso suena bastante parecido a mí”. Nos llevamos muy bien desde el principio.

Yo no soy un actor que necesite aislarse completamente del resto para entrar en personaje. Al contrario: creo que mientras más confianza exista entre actores, más libertad hay para explorar escenas complejas. Así que pasamos mucho tiempo juntos durante el rodaje y terminamos construyendo una relación muy cercana.

Eso ayudó muchísimo porque la película depende completamente de esa dinámica entre rehén y secuestrador. Había escucha real entre nosotros. Dacre reaccionaba constantemente a lo que yo hacía y viceversa. Sentíamos que estábamos construyendo las escenas juntos.

¿Qué tipo de director fue Gus Van Sant en el set?

Gus confía muchísimo en sus actores. No es un director que llegue diciendo: “tu personaje piensa esto” o “quiero exactamente esta emoción”. Él elige actores muy intuitivamente y luego les da espacio para trabajar.

Tuvimos muchísimas conversaciones antes del rodaje sobre la psicología de Tony, sobre el caso real, sobre textos psiquiátricos relacionados con él. Encontré incluso análisis bastante extraños sobre crisis masculinas en hombres de mediana edad y se los compartía a Gus. Hablábamos mucho de todo eso.

Pero una vez comenzaba el rodaje, Gus prefería observar y corregir apenas pequeños detalles. Me daba enorme libertad para probar cosas distintas en cada toma. Nunca hago dos tomas exactamente iguales. No entiendo el sentido de repetir mecánicamente algo vivo.

Cortesía de Row K

El vestuario y los colores ayudan muchísimo a construir la identidad visual de la película.

Sí, completamente. Gus tenía una idea inicial distinta, incluso había una camisa hawaiana sobre la mesa antes del primer día de rodaje. Pero Peggy Schnitzer, nuestra diseñadora de vestuario, y yo insistimos muchísimo en mantener la famosa camisa verde que usaba el verdadero Tony Kiritsis.

Y creo que fue la decisión correcta porque terminó definiendo toda la paleta visual de la película. Ese verde setentero tiene algo muy específico, muy triste y auténtico. Ayudaba muchísimo a entrar en personaje apenas me la ponía.

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En época electoral, el centralismo colombiano suele imponer la idea de que lo que ocurre en las plazas públicas de Bogotá, Barranquilla, Medellín, o Cali representa las prioridades del país entero. Mientras las campañas presidenciales avanzan entre promesas grandilocuentes, estrategias digitales y discursos cada vez más incendiarios, en buena parte de las regiones afectadas por el conflicto armado y la desigualdad, las demandas continúan siendo mucho más básicas así como urgentes. 

La seguridad para liderar procesos comunitarios, el acceso permanente al agua potable, oportunidades para jóvenes y presencia estatal más allá de la fuerza pública resurgen cada nuevo año electoral porque todavía no tienen una respuesta definitiva. En un país donde, según el DANE, cerca de 15 millones de personas viven bajo la línea de pobreza monetaria, las discusiones electorales parecen desarrollarse a dos velocidades distintas, la del debate en redes sociales y la de las necesidades urgentes de las zonas de Colombia que han sido relegadas a las periferias del poder.

Tumaco, Apartadó o Santander de Quilichao, son algunos de los lugares de donde recogimos voces de líderes sociales que dan cuenta del ambiente preelectoral. Con diferencias grandes entre regiones, pero algo en común, las elecciones están atravesadas en estos territorios menos por el entusiasmo que por el cansancio acumulado frente a promesas incumplidas, además de la persistencia en las demandas de un cambio basado en las necesidades tan amplias que allí se requieren. 

Para Yensis Bolaños Aguirre, psicóloga, sanadora ancestral y lideresa afro de Tumaco, muchas campañas reflejan una profunda desconexión con los territorios. “Hablan de emprendimiento, pero no de que aquí no hay agua 24/7 para montar un negocio”, afirma. Bolaños, integrante de la Coordinación de Mujeres Afrocolombianas Desplazadas en Resistencia, La Comadre, y de la organización Lengua de Suegra, asegura que las preocupaciones cotidianas siguen siendo la seguridad, el acceso al agua y el empleo juvenil, en medio de amenazas constantes contra lideresas sociales y el control territorial de grupos armados. Su principal exigencia hacia quien llegue a la Casa de Nariño es simple, “Que conozca el territorio sin traductores, que no nos use solo como foto y que deje poder real y presupuesto en las organizaciones de base”. Bolaños hace énfasis también en que si bien reconoce las apuestas que han beneficiado a algunos sectores en los últimos años, no toda la población de su región coincide en este punto. 

La sensación de distancia entre las campañas y la vida cotidiana también se percibe en el Urabá antioqueño. Mateo Santero, poeta y DJ de Apartadó, describe una campaña mucho más silenciosa y controlada que en años anteriores. “Antes había más debate público, más discusión. Ahora simplemente se pone la foto del candidato y eso no aporta a la conversación”, señala desde Apartadó. Para él, los discursos centrados en “salvar” el país desde el poder le resultan muy problemáticos porque reducen la complejidad territorial de Colombia, en vez de construir en colectivo. “Colombia no es solo Bogotá, Medellín, Cali o Barranquilla”, insiste. Santero asegura sentirse más cercano a propuestas que hablen del campesinado, de la biodiversidad y de una visión menos centralista ni racista del desarrollo. También valora los liderazgos abiertos al diálogo y a la construcción colectiva, en lugar de proyectos políticos sustentados únicamente en la confrontación con otros sectores. 

En el Cauca, la preocupación principal sigue siendo la violencia. No en vano los últimos meses han mostrado al país el letal impacto de la criminalidad en la población civil. Aura María García, joven psicóloga y activista en prevención de violencias basadas en género en Santander de Quilichao, describe el periodo preelectoral como profundamente tenso e incierto. 

Las amenazas recientes y la persistencia de actores armados ilegales mantienen a muchas comunidades en estado de alerta permanente. García cuestiona que la respuesta histórica del Estado frente al conflicto haya sido principalmente la militarización. “Mermar la violencia con más violencia solo perpetúa un ciclo que no termina”, afirma. Por eso observa con mayor afinidad las propuestas que hablan de cuidado, educación, salud, medio ambiente y fortalecimiento organizativo. Más que discursos de autoridad, dice valorar liderazgos capaces de reconocer la capacidad de resistencia de las comunidades y acompañar sus procesos sin imponer soluciones externas. “Me generan afinidad las propuestas que piensan al Gobierno no como una entidad externa que llega a salvar comunidades, que las percibe como carentes, sino como un actor que reconoce la agencia de las personas, los saberes, sus procesos organizativos y sus propias formas de construir bienestar”.

Las propuestas y las dudas que generan 

En medio de ese panorama, las campañas presidenciales de 2026 intentan ofrecer respuestas distintas a las demandas territoriales. Desde la derecha, Abelardo de la Espriella y Paloma Valencia han centrado buena parte de sus propuestas en el fortalecimiento de la seguridad y el endurecimiento de la respuesta estatal frente al crimen. De la Espriella, ultraderechista, plantea una política de “mano dura” contra estructuras criminales y narcotráfico siguiendo modelos que en América Latina han sido acusados por violar los derechos humanos. Su política de “limpieza inmediata” de instituciones y negociación cero con grupos armados choca con el deseo de los territorios de soluciones sostenidas y la acción sin daño. A su vez, Valencia insiste en aumentar el pie de fuerza, heredado del partido que lidera el expresidente Álvaro Uribe, y retomar medidas como la fumigación aérea de cultivos ilícitos. En contraste, figuras como Sergio Fajardo y Claudia López han apostado por propuestas centradas en educación, descentralización y fortalecimiento regional, aunque con el foco en una idea de “gerencia regional” por el lado de Fajardo que parece ignorar la complejidad de los problemas sociales que no se resuelven como si fuera una empresa, o López que aunque tiene propuestas estructuradas, ha insistido en la mano dura que tan pocos resultados reales y respetuosos con los derechos humanos se han conseguido. Ademàs, ambos tienen las menores opciones según las encuestas, lo que debilita la viabilidad política de sus propuestas.

Desde la izquierda, Iván Cepeda plantea una “revolución de los territorios” enfocada en ampliar derechos sociales, fortalecer organizaciones comunitarias y priorizar el acceso al agua y la autonomía territorial de comunidades indígenas y afrodescendientes. Con un enfoque de continuismo del gobierno de Gustavo Petro, hay alineación en las políticas que son valoradas por amplios sectores sociales, pero no hay mucha claridad en cómo se aterrizarán esas propuestas, cómo superará las fallas de la administración saliente o qué decisión novedosa se tomará ante el avance de la criminalidad. 

Más allá de las diferencias ideológicas entre campañas, la duda común en muchos territorios es cómo se harán viables estas propuestas, con qué presupuestos serán posibles, si habrá coherencia para implementarlas (por ejemplo entre quienes proponen reducir el Estado como De la Espriella), cómo se enfrentará el control armado ilegal y la ausencia estatal que históricamente se ha expresado con militarización, con resultados que en el pasado han producido más violencia. Informes recientes de la Misión de Observación Electoral y de la Defensoría del Pueblo han advertido sobre el impacto de la gobernanza criminal en amplias zonas del país y sobre las amenazas constantes contra líderes sociales y comunidades rurales.

Las demandas que emergen desde las distintas regiones no apuntan a soluciones milagrosas, sino a transformaciones concretas, asì sean paulatinas. Acceso permanente al agua potable, salud mental con enfoque étnico, educación pertinente, fortalecimiento de las comunidades, inversión económica ambientalmente responsable y garantías de seguridad para liderar procesos sociales aparecen como prioridades reiteradas. También existe un reclamo persistente frente al centralismo político, que las decisiones sobre los territorios no se tomen únicamente desde los escritorios en Bogotá, sino con participación efectiva de quienes viven las consecuencias de esas políticas.

Las elecciones de 2026 representan así una prueba para la democracia colombiana y para la capacidad del sistema político de responder a un país profundamente desigual. Mientras en redes sociales dominan los discursos agresivos, la inteligencia artificial y la desinformación, en muchos municipios las comunidades continúan reclamando derechos básicos y reconocimiento. Lejos del espectáculo electoral, la verdadera discusión sigue siendo cómo garantizar la vida, la dignidad y la permanencia de quienes han sostenido históricamente los territorios incluso en medio de la guerra.

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Slayer, el grupo supremo del thrash metal vuelve a reencontrase con el público argentino para una única e imperdible presentación en el Movistar Arena. La cita es el lunes 14 de diciembre de 2026, y el motivo es monumental: celebrar el 40° aniversario de Reign in Blood, su obra cumbre y pilar definitivo del género, interpretando el disco por completo.

Tras conmover al mundo en 2024 con su regreso a los escenarios, Tom Araya, Kerry King, Paul Bostaph y Gary Holt vuelven a desatar su brutalidad sónica en la Reina del Plata. La velada contará además con el crédito local Avernal, pioneros del metal extremo que con más de 30 años de trayectoria presentarán su noveno álbum, Ekpyrosis.Las entradas estarán disponibles en preventa el lunes 1 de junio a las 13 hs, y para clientes BBVA el martes 2 a las 13 hs. La venta general comienza el jueves 4 a las 13 hs acá, con un cupo limitado de experiencias VIP.

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