
Adrian Boot
Joe Perry está batallando con la artritis, pero no va a dejar que eso le impida hacer lo que más ama: tocar la guitarra. El músico, miembro de Aerosmith, admitió que ha tenido que hacer algunos cambios en su estilo para poder seguir tocando a pesar de la enfermedad. La artritis, que provoca dolor, inflamación […]
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Este jueves, Roxette se presentó en el Movistar Arena de Buenos Aires y, aunque el show tuvo varios momentos destacados, hubo uno en particular que causó la euforia del público y terminó viralizándose en redes sociales. Antes de encarar “Joyride”, el guitarrista Christoffer Lundquist tocó los primeros acordes y el solo de “Ji ji ji”, […]
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En plena gira de presentación de Free Spirits, su nuevo disco de estudio, Ca7riel y Paco Amoroso concedieron una entrevista al medio estadounidense Pitchfork en la que eligieron los discos que consideran perfectos. Las respuestas del dúo sintetizan buena parte de la identidad caótica y artística que los caracteriza. La elección de Paco Paco Amoroso […]
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Con solo seis semanas de distancia para la primera fecha de elecciones presidenciales, recopilamos los cinco temas más importantes para que no se quede atrás y sepa qué está pasando en la política colombiana de cara a las elecciones presidenciales.
El mapa de apoyos partidistas sigue configurándose de cara a la elección presidencial. El Partido de la U y el Partido Conservador Colombiano anunciaron su respaldo a la candidatura de Paloma Valencia. Por su parte, Cambio Radical decidió otorgar libertad a sus militantes para apoyar a Valencia o a Abelardo De la Espriella, al tiempo que descartó cualquier apoyo a Iván Cepeda. De la Espriella, del grupo significativo de ultraderecha Defensores de la Patria, ha dicho que no quiere pactar con partidos, pero ha recibido apoyos de varios políticos y caciques. Mientras tanto, la Alianza Verde continúa dividida, con sectores que apoyan a Cepeda y otros a Valencia, como es el caso de la congresista Katherine Miranda apoyando a la candidata, pero que no renovará su curul tras no resultar elegida para el próximo periodo en el Senado.
El presidente Gustavo Petro aseguró que entregó a la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA) información relacionada con un posible atentado contra el candidato Iván Cepeda. La denuncia surge luego de que el alto funcionario del Departamento de Estado, Michael Kozak, se pronunciara sobre la seguridad de los candidatos presidenciales en Colombia y afirmara que la postura de Washington es firme en contra de cualquier amenaza de violencia en este sentido.
Por su parte, Cepeda afirmó que en varias ocasiones ha recibido “informaciones precisas” sobre amenazas en su contra, aunque había optado por no hacerlas públicas para evitar generar pánico. Tras las declaraciones del mandatario, el candidato anunció que solicitará detalles a las autoridades y dejó claro que no abandonará la campaña “bajo ninguna circunstancia”.
La actual campaña electoral ha estado marcada por una inusual disminución en la relevancia de los debates presidenciales. Aunque las invitaciones se han mantenido, la participación de las candidaturas ha sido limitada, en buena parte por la decisión del aspirante que lidera las encuestas, Iván Cepeda, de no asistir a estos espacios. El candidato ha argumentado desconfianza frente a los organizadores y ha recordado episodios de trato estigmatizante por parte de algunos medios de comunicación. Esta ausencia ha tenido efectos en el resto de la contienda, pues Paloma Valencia ha señalado que no considera útil participar en debates sin su principal contendiente, al igual que Abelardo de la Espriella. Este último no solo ha evitado estos espacios, sino que ha optado por una estrategia digital basada en entrevistas producidas por su propia campaña, centradas en temas más ligeros y sin mayor confrontación de ideas.
Los candidatos del espectro político asociado en pasadas elecciones con el centro ideológico, como Sergio Fajardo, Claudia López o Luis Gilberto Murillo se mantienen en una puntuación que supera el 5% en el mejor de los casos para Fajardo y para los demás ronda el 1%. Roy Barreras, de tendencia liberal y autodenominado de centro izquierda, es uno de los que se ha pronunciado indicando que si bien no se va a retirar antes de la primera vuelta, no volverá a ser candidato. Fajardo ha dicho que irá solo como independiente hasta donde pueda y por ahora se concentra en una campaña centrada en lo digital.
El medio de verificación ColombiaCheck ha alertado sobre el uso de distintas herramientas para difundir desinformación en el contexto electoral. En su más reciente chequeo, desmintió una supuesta encuesta de marzo de 2026 que circula en redes y que atribuía a Abelardo de la Espriella un 83% de intención de voto, seguido por Paloma Valencia con 15% y Iván Cepeda con 2%. Según el medio, esos datos no corresponden a ninguna medición válida. Por el contrario, las encuestadoras registradas ante el Consejo Nacional Electoral de Colombia coinciden en ubicar a Cepeda como el candidato con mayor favorabilidad, seguido por De la Espriella o Valencia con cifras similares entre sí.
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Tras varios años sin publicar material inédito, Massive Attack presenta ‘Boots on the Ground’, un tema dirigida a “unos imbéciles federales… sentados en una habitación llena de carteles del ejército” que consolida su regreso a la actividad discográfica desde 2020 y que incorpora la participación del músico estadounidense Tom Waits.
Aunque la colaboración no es reciente en origen, sí lo es en su resonancia. “Hace muchos años acepté una invitación de Massive Attack para colaborar”, declaró Waits. “Su larga demora en el lanzamiento nunca me preocupó. Hoy, como en todos los tiempos de la humanidad, este tipo de canción garantiza que nunca pasará de moda. La locura humana es un festín para las moscas”.

Además, el contexto no es menor. En términos líricos, ‘Boots on the Ground’ aborda tensiones políticas contemporáneas, con referencias a las dinámicas de poder en un escenario marcado por el resurgimiento del autoritarismo estatal y la creciente militarización de las fuerzas de seguridad en distintas regiones de Occidente (particularmente durante la era de Donald Trump) , con un enfoque crítico hacia las redadas de ICE.
El lanzamiento estará disponible también en formato vinilo de 12 pulgadas, con ‘Boots on the Ground’ en la cara A y ‘The Fly’ en la cara B, una pieza de spoken word que funciona como una reflexión sobre los temas de la obra, a cargo del novelista Omar El Akkad, autor de las novelas American War y What Strange Paradise.
Las ganancias de esta edición física serán destinadas a organizaciones como la American Civil Liberties Union y el Immigrant Defense Project.
Asimismo, la canción se acompaña de un cortometraje dirigido por Massive Attack en colaboración con el artista visual thefinaleye. La pieza audiovisual (de poco más de siete minutos) construye un fotomontaje de alta intensidad que recorre episodios recientes de la historia estadounidense, desde el asesinato de George Floyd hasta operativos migratorios y escenas de represión policial.
A lo largo del video se integran datos y estadísticas provenientes de organismos como la American Immigration Council, la American Civil Liberties Union y el National Institute on Drug Abuse, entre otros, reforzando el carácter documental del proyecto.
‘Boots on the Ground’ es la primera música de Massive Attack distribuida bajo una política de exención de Spotify. Se prevén nuevos lanzamientos antes y después de la serie de presentaciones en vivo de la banda, incluyendo su próxima gira europea y sus participaciones como cabeza de cartel en festivales de verano.
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Hubo un tiempo que fue denso y oscuro de verdad. El retorno a la vida democrática, en Argentina, tuvo varias bandas de sonido, pero fueron el post-punk y sus derivados los que mejor ambientaron la segunda mitad de los 80 desde los sótanos porteños. Una historia secreta, o en todo caso mal leída por su fugacidad y sus pocos discos vendidos. La recuperación del estado de derecho necesitaba estribillos esperanzadores y el rock aportó los himnos para la celebración. Pero, luego, un banco de niebla se adueñó del clima de época. Existencialismo necesario para liberar años de silencio y tramar deseos inconfesables mientras la primavera alfonsinista ofrecía matices de sinfonía inconclusa. Nunca antes, en el rock argentino, surgieron y se desintegraron tantas bandas con la misma rapidez, como entre 1985 y 1988. La mayoría de los nombres se enrolaba en la escuela moderna: del post-punk básico a la academia gótica pasando por el tecno romántico. Pero como es imposible hablar de una escena consolidada (mucho menos de un movimiento), mejor hablar de una serie de nombres como planetas únicos.
Fricción, La Sobrecarga, Los Encargados, El Corte, Los Pillos, Corrosivos, Mimilocos, Casanovas, Don Cornelio y La Zona, Control, Uno X Uno, La Forma, Todos Tus Muertos y Clap, entre otros, forman una escuadra destinada al fracaso porque el medio de acción no permitía otro horizonte. Casi ninguno pasó del segundo disco, algunos ni llegaron a superar una tirada módica de casetes artesanales. Noches largas, peinados inflados, sustancias varias, borcegos comprados en Flores, gabardinas con solapas hasta las orejas y un ruido de fondo parido desde las entrañas como El grito de Munch.

Algo de todo eso descubrieron los vecinos de Caballito cuando The Cure tocó en Ferro durante dos noches caóticas en marzo de 1987. “Se produce un disturbio a gran escala, con autos policiales destruidos, varios perros asesinados y un vendedor de panchos muerto de un paro cardíaco. En la mitad del set hay varios uniformados con fuego en su cuerpo, con la mayoría de sus camaradas refugiándose bajo el escenario de la incesante y despiadada lluvia de monedas, piedras, butacas y vasos… Abajo, el campo no tiene nada que envidiarle al centro de Beirut”. Así describió Robert Smith en su diario de viaje el fatídico paso de la banda británica por Buenos Aires. El compositor de “A Forest” sintió que su vida corría peligro.
Sin embargo, el año decisivo de la armada iconoclasta fue 1986, una temporada con estupendos discos debuts y una urgencia expresiva que pocos escucharon en tiempo.
“Tuve la suerte de pertenecer a ese movimiento en el que no éramos más de cien personas. Había proyectos de músicos (la mayoría sin saber tocar), artistas de todo tipo, de teatro, de la performance y de distintas expresiones. Disquerías de culto, bares, sótanos, centros culturales y todo lugar dispuesto a abrir sus puertas para ayudarnos a canalizar y expresar la necesidad de cambio y diversión que teníamos en ese momento”, dice a Rolling Stone Flavio Casanova, voz y guitarra de Los Casanovas, a cuarenta años de la edición del disco debut homónimo de la legendaria banda de psychobilly.
Las influencias sin dudas vinieron de lo que había pasado unos años antes en Gran Bretaña y Estados Unidos. “El punk, la new wave, el after-punk, géneros como el ska, el rockabilly, el reggae, el tecno-pop, el beat, todo esto en contraposición a la evidente crisis y aburrimiento en el rock de nuestro país del segundo lustro en los 70, que se había aburguesado, se había convertido en algo muy profesional y distante porque ya no representaba el clima urbano ni la marginalidad de la época. Este periodo fue fundamental porque se creó una escena independiente por fuera de la industria, se renovaron el sonido y la actitud. Se conectaron el arte y la contracultura para generar nuevos aires”.

Look rocker, actitud punk y una confianza ciega a la hora de imponer un revival del rockabilly que escondía un poder escénico arrollador convirtieron a Casanovas en una rara avis en el período renacentista de nuestro rock. The Cramps, The Jesus & Mary Chain, Sisters of Mercy y Bauhaus formaban el arco de influencia de esta banda, que regresó el año pasado y promete celebrar el aniversario redondo de su álbum debut. “Estoy en condiciones de afirmar que en 1986 se produjo el estallido, el punto de eclosión de ese movimiento con bases muy sólidas desde lo contracultural, rebeldía con causa, el ‘hacelo vos mismo’, ganas de renovar, de modificar lo cómodo y establecido”.
La primavera democrática duró poco, tan solo dos años en los que la euforia y la ilusión no alcanzaron a sostener un plan económico que, para los primeros meses de 1986, mostraba un deterioro progresivo. El humor social cambió, ni siquiera la obtención de la Copa del Mundo por la Selección Argentina de fútbol en México pudo aplacar un creciente malestar social. El lanzamiento del Plan Austral, aplicado por el gobierno de Raúl Alfonsín en junio de 1985, frenó la inflación por unos meses sobre la base del congelamiento de precios y salarios. La nueva moneda, el austral, auguraba un cambio de rumbo que no tardó en derrumbarse y marcó el principio del fin de un período iniciado el 10 de diciembre de 1983 con el retorno de la democracia luego de siete años de horror.

Un poco antes de la instalación de ese efecto general, la escena artística emergente acusó recibo en forma de tedio existencial y ajetreo de cambio. El rock reflejó la densidad del aire, en especial los grupos más nuevos, que reaccionaron con pesimismo para describir un tiempo incierto y en donde todavía la policía practicaba viejos métodos violentos de represión urbana. En la superficie, la mecha post-punk que encendió Joy Division llegó al país a través de los discos de The Cure, Siouxsie & the Banshees y Echo & the Bunnymen, pero en la vida subterránea, parte de esa melancolía ruidosa tenía a Sumo como primera referencia y a Luca Prodan como el vocero existencial que vivió en tiempo y forma la transformación del punk hacia búsquedas experimentales que incluían atmósferas psicodélicas, dub y música electrónica.
La cartografía del circuito incorporó nuevos espacios a los lugares conocidos como La Esquina del Sol, Zero Bar y el Stud Free Pub. Algo de la memoria del Bar Einstein se mudó a San Telmo cuando en marzo de 1986 abrió sus puertas el Centro Parakultural, en la calle Venezuela. A pocas calles de ahí, en Estados Unidos al 1200, ya hacía poco menos de un año Omar Chabán y Katja Alemann habían inaugurado Cemento, que junto a Paladium, de la calle Reconquista, formaban el triángulo perfecto de una movida cultural que ya daba muestras claras de crecimiento. Espacios más amplios, sobre todo Paladium y Cemento, la inclusión de la disco como instancia cercana a la órbita del rock y la idea del centro multidisciplinario como el Parakultural modificaron los hábitos nocturnos de las nuevas tribus porteñas y otros tantos que viajaban desde el conurbano bonaerense para llegar al bajo y luego cruzar por las callecitas de San Telmo para terminar o empezar en Cemento.
Mientras Soda Stereo, Miguel Mateos-Zas y Virus iniciaban la avanzada del rock argentino en plena expansión latinoamericana, un ruido menos amable imponía otro tipo de atención. Desde las primeras audiencias en abril de 1985 y hasta el 9 de diciembre de ese año, fecha en que se conoció el veredicto del Juicio a las Juntas Militares, las audiencias soltaron los fantasmas de la peor etapa vivida por los argentinos. Las declaraciones testimoniales se difundieron diariamente a través de resúmenes televisivos y radiales, destacando la “Síntesis del Juicio” emitida por Argentina Televisora Color (ATC), lo que le permitió a la ciudadanía conocer el horror del plan sistemático de tortura. Jorge Rafael Videla y Emilio Massera fueron condenados a reclusión perpetua por crímenes de lesa humanidad; Roberto Viola, a 17 años de cárcel; Armando Lambruschini fue condenado a ocho; y Orlando Agosti, a cuatro. El resto de los acusados fueron absueltos. La mayoría de los integrantes de la generación 86 del nuevo rock argentino vivió los años dictatoriales como estudiantes de escuela secundaria y conoció de primera mano el sistema represivo que definía a las juntas militares que gobernaron el país entre 1976 y 1983. “Milité en el PC en la época de la dictadura, cuando militar era otra cosa. Porque afiliarse a la Federación Juvenil Comunista en el ’81 era un hecho casi suicida, como fumar porro en esa época. La militancia en la Fede estuvo muy buena en el sentido de que pudimos hacer pintadas organizadas en la calle y porque había una cosa de unión. Pero, por otro lado, me di cuenta de que el PC no me interesaba como figura internacional”, dijo Palo Pandolfo a la revista Los Inrockuptibles en 2013 sobre su militancia siendo aún adolescente y mucho antes de formar Don Cornelio y La Zona, su banda de los 80.
En 1984, Soda Stereo empezaba a crecer en las radios y ya se percibía el horizonte expansivo. Casi a la sombra del trío nacía un grupo de corte post-punk con afinación en Joy Division, The Cure y Human League, algo así como una superbanda integrada por músicos que aún no lo sabían: Richard Coleman, Gustavo Cerati, Christian Basso y Fernando Samalea crean Fricción y graban un primer disco tremendo en sonido y volumen, moderno y menos encantador que los primeros discos de Soda: Consumación o consumo fue lanzado en 1986 luego de lidiar con varias discográficas y con Gustavo Cerati en la producción artística.
Coleman se convierte en el chico mimado de la escena porteña: participa en el debut solista de Fabiana Cantilo y en Vida cruel de Andrés Calamaro, y es convocado para integrar –junto a Samalea, Basso, Daniel Melingo y Calamaro– Las Ligas, la banda de notables que acompañaba a Charly García durante la agitada temporada 86. “Yo era un demente total, un papelón, pero para tocar llegaba íntegro y era un ídolo, y la pasaba bárbaro y tenía un sonido del carajo. Tocaba los temas y era genial lo que sucedía arriba del escenario. Lo que pasa es que, hasta llegar al escenario, había que viajar, había que comer o no comer, descansar o no descansar. Pero fue muy importante el aprendizaje ese. Fue como una facultad muy rápida, la facultad del músico”, le dijo el guitarrista a Rolling Stone en 2013.
Los cruces entre músicos novatos y otros con más nombre y experiencia renovaron la escena. También fue un banco de prueba para incorporar nuevas herramientas ante la necesidad imperiosa de mejorar el audio de las producciones discográficas. Claudio Fernández, baterista y uno de los fundadores de Don Cornelio y La Zona, experimentó esa dinámica de intercambios y auxilios mutuos.
“En 1986, en el concierto que hicimos con Don Cornelio en Gracias Nena, nos vienen a ver Los Redondos, a los que contactamos panfleteando en un concierto de Charly García en el Luna Park. A los grandes eventos tratábamos de ir y panfletear. En el aviso que pusimos en el suplemento Sí! de Clarín decía: ‘Don Cornelio transando con el establishment, psicodelia romántica muy cerca del arpa’. Parece que Enrique Symns [director de Cerdos & Peces] vino al concierto con Poli y Skay, y que habían leído esa declaración de principios, ese texto loco, y decidieron venir a vernos. Era el debut de Federico [Ghazarossian] en el bajo, fue un concierto increíble. Gracias Nena tenía un escenario alto, lindo, ahí vimos varias veces a Los Encargados, Casanovas. Yo tocaba con un set hibrido con la batería acústica y con la copia de la batería electrónica Simmons que se hacía en Argentina, la Drum X. Tuve el tercer modelo. Las hacía un muchacho de zona norte. Al terminar el show, nuestro manager, Gustavo Mosquera, que también laburaba con Memphis La Blusera, me dice: ‘Hay una gente de Los Redondos que quiere hablar contigo porque están interesados en el sonido de la batería esta’. Quedamos en vernos y Skay vino a la sala de ensayo, que es la actual casa donde vivo (jamás me mudé de este lugar). Tenía una Ford Falcon rural bordó. Hablamos un poco y me dijo que me querían convocar para hacer unas canciones con ese sonido. Ensayamos en Soler y Paraguay, en la casa de Poli y Skay, que en la terraza tenía una pieza acustizada bastante grande, y ahí empezó esa situación. Los Redondos tenían ese nombre, pero no eran lo que son hoy; si bien eran una banda enorme, no eran la megabanda que serían y son actualmente. Me acuerdo que yo lo llevaba al Indio hasta la estación Floresta y desde se iba para el oeste. Era una cosa muy tranqui. Se decidió en qué temas iba a participar. Yo nunca los había escuchado, lo primero que escuché fue en vivo y en un ensayo tocado por ellos. Tuve esa satisfacción. El asunto es que realmente no tomé la dimensión que eso tenía en ese momento. Pero sí que Don Cornelio aprovechó la situación porque ellos nos ayudaron bastante en hacernos conocidos. Nosotros tocábamos bastante bien, nuestros shows eran potentes y el boca a boca en esa época funcionaba muy bien. Y Don Cornelio era sinónimo de que la ibas a pasar bien, era una buena banda. Ellos llevaron nuestro primer demo a la FM Rock & Pop, fuimos con Palo, Poli y Skay y se lo dimos a Quique Prosen –legendario referente de la emisora–, un Aiwa de metal, para que lo programara. Fue un salto de calidad para nuestras intenciones. Los shows de presentación de Oktubre fueron increíbles: dos en Paladium y uno en el Parakultural. Fue la primera vez que cobré por tocar, unos 70 australes. Algo alucinante, una cantidad de público a la que no estaba acostumbrado, porque con Cornelio tocábamos para 100, 150, y un Paladium lleno debe llegar a 2.000-2.500 personas. Sentir eso fue impactante para mi forma de ver la música. Con Don Cornelio siempre decimos que estamos muy agradecidos por lo que Los Redondos hicieron por nosotros. Tengo la cucarda de haber tocado y grabado Oktubre, y la llevo con mucho orgullo”.
“Vení y hacé lo que vos sabés hacer”, fue la frase final con la que Skay Beilinson cerró la invitación a Daniel Melero para sumarse como elemento experimental en la grabación de Oktubre. “Mirá Skay que yo no sé tocar”, le contestó el líder de Los Encargados, pero el guitarrista insistió en que pusiera teclados en el segundo disco de Los Redondos. El contacto no era casual, Skay y Poli eran frecuentes abonados a las primeras presentaciones del grupo pionero de la electrónica nacional, una fraternidad de noches interminables. En los tempranos 80, Melero ya era un veterano de guerra luego de soportar los kilos de verduras y frutas que recibió en el festival B.A. Rock edición 1982. Estuvo a punto de formar parte de Soda Stereo y, al frente de Los Encargados, encaraba una auténtica provocación maquinal, con total ausencia de un baterista. Junto a Claudio Fernández, Melero aparece como invitado en los créditos de Oktubre: “Fui con un sintetizador –resume Melero–. En esa época, también toqué en el disco de La Sobrecarga. Pasaban el tema y yo tocaba, no hacía segunda toma, nada. Era mi primera impresión de cómo creía que era la canción y tocaba algún sonido, alguna nota. En Oktubre puse muchas notas continuas, invisibles, que van como moviéndose o lo que yo creía que era moverme, modulando parecido a las tonalidades que iban adquiriendo las guitarras. Si se distorsionaban, yo hacía lo opuesto, me ponía más limpio, si ellos estaban limpios yo me ponía sucio. Contrastar completando”.

Esas interferencias, casi imperceptibles en el vinilo original, hoy reflejan el gesto experimental y de apertura que dominaba al cerebro musical de Los Redondos. Skay buscaba nuevas percepciones incluso en un no músico que confesaba públicamente su casi nula adhesión al ideario de Patricio Rey.
En la misma época de la edición de Oktubre, Los Encargados lanzaron su álbum debut, Silencio. Antes, Melero archivó dos discos que aún permanecen inéditos (Necesidad y Creo que estamos bailando). Junto a Hugo Foigelman y Alejandro Fiori, el trío marcó la cancha del pop electrónico argentino en su fase experimental. Detrás de los sintetizadores y las máquinas de ritmo, una voz nasal explora nuevas zonas sensibles con reveladoras cumbres románticas (“Líneas”, “Orbitando”), la actualización de “Trátame suavemente” o exploraciones darks (“Sangre en el volcán”).
En la temporada 1986 todo sucedía al mismo tiempo. Melero funda Catálogo Incierto, un sello alternativo donde edita “música que el sistema rechazaría desde el vamos”. El no músico y productor artístico promovió las diferencias a través de un sello independiente con tiradas módicas de casetes artesanales. Los interesados eran citados en una esquina porteña para la entrega de material de bandas como Mimilocos, Corrosivos, Todos Tus Muertos (el estremecedor Noches agitadas en el cementerio, en vivo en el Parakultural) y La Algodonera (Melero, Flavio Etcheto y Hernán Darwin Reyna, de El Corte). “La premisa era interesarte por el presente aun estando errado. Nunca pensé en reeditarlos por respeto a los que estuvieron atentos en el momento”, aclara Melero.
El aporte de Corrosivos a Catálogo Incierto fue Estudios de casos, un registro en vivo grabado el 30 de octubre de 1987 en el Centro Parakultural donde es posible detectar la influencia brutal de P.I.L. y los momentos más atormentados de Joy Division.
Sin ser una banda de aura dark, Clap explica la dinámica de un tiempo con escenarios compartidos, intercambio de músicos entre formaciones diversas y la pretensión de diferenciarse de los modelos del pasado. “El disco de Clap salió en 1986, pero tardó mucho en editarse. La banda tuvo una actividad previa bastante larga, con muchos shows en la escena under porteña: La Esquina del Sol, El Depósito en San Telmo; El Stud Free Pub era nuestra casa, nos sentíamos muy bien tratados ahí. Lo que hizo surgir a Clap es un poco el clima post-dictadura. Yo hice todo el secundario en dictadura y la salida de eso fue una especie de destape cultural muy fuerte. Vi de todo a nivel musical: Abuelos, Twist, Virus”, dice Sebastián Schachtel, fundador de Clap y actual tecladista de La Portuaria y Las Pelotas.
“Con Fricción compartíamos la sala de ensayo en Belgrano y también músicos porque Fernando Samalea y Christian Basso –integrantes de Clap junto a Diego Frenkel– tocaban con Richard y Cerati. Alejandro Fiori, que era guitarrista de Los Pillos, también fue parte de Clap en años posteriores, incluso cuando salió el disco, y lo que sucedió fue que Samalea y Basso se habían ido a tocar con Charly. Fue complicado. En la foto del disco no están ellos. Estábamos enojados porque se habían ido y fueron castigados de esa manera [risas]”.

El músico y productor expone el mapa de influencias de una de las tantas bandas que llegaron al disco debut y despedida. “Clap nunca fue dark. Jamás. Era rítmico, afilado, más new-wave, rápido. Era fantasioso, hasta teníamos influencias como Laurie Anderson. La influencia era The Police, el King Crimson de los 80 y Talking Heads muchísimo, Speaking in Tongues, nuestro disco favorito. El cambio fue muy repentino: nos cortamos el pelo, nos maquillábamos para subir al escenario. Pesó la influencia de los Cure. Otro grupo que nos gustaba muchísimo era Los Encargados. Me acuerdo de ir a verlos al teatro Santa María. Un pop delicado y muy bien hecho, bastante especial. Charly García ya nos parecía un personaje anticuado. Aclaro que me encanta Charly, un genio total. Pero en ese momento nos parecía estéticamente anticuado. Nosotros creíamos ser unos jóvenes modernos y toda esa generación nos parecía que había pasado, cosa que hoy es absurdo. Era la arrogancia de la juventud”.
La ruptura con lo ocurrido ayer nomás a mediados de los 80 o el ingreso a una dimensión nunca antes vista ni escuchada podía comenzar viendo a La Organización Negra en Cemento, colectivo teatral nacido en la Escuela Municipal de Arte Dramático. Los integrantes de LON dejaron de lado la palabra y pusieron el cuerpo y la acción en primer plano, primero con intervenciones callejeras y luego desarrollando un nuevo lenguaje escénico basado en imágenes, que apelaban a la provocación del espectador derribando la cuarta pared del teatro tradicional. Para muchos fue el grupo de performers que se colgó del Obelisco allá por 1989. LON también fue el origen de grupos posteriores como De la Guarda y Fuerza Bruta. Todo pasaba por provocar al espectador o al lector como sucedió con Cerdos & Peces, una publicación creada por Gabriel Levinas y Enrique Symns, quien no tenía ninguna experiencia como periodista hasta ese momento. Primero fue un suplemento dentro de la emblemática revista El Porteño y en 1984 conquistó su independencia para salir a tomar la calle con una potencia inusitada. “Cerdos & Peces reflejó como ninguna otra publicación de la época lo que significó la apertura democrática para la conformación de un movimiento cultural underground en la ciudad de Buenos Aires, esto es, la trama subterránea de encuentros, recitales de poesía, revistas subtes, festivales de rock, fiestas y otras formas de sociabilidad que contribuyeron a su modo a la reconstitución del lazo social quebrado por el terror de la dictadura”, le explicó Martín Servelli a Rolling Stone en 2022. Doctor en Letras y responsable de subir la Cerdos & Peces en Ahira (Archivo Histórico de Revistas Argentinas), Servelli aún sigue sorprendido por la vigencia de la publicación. “Es evidente que su mito se ha agigantado con el paso de los años y creo que aún hoy los contenidos que abordaba continúan incomodando por su apuesta excesiva, diría casi obscena, a la incorrección moral y política”.

Otro eslabón de una historia que se sigue escribiendo es El camino contrario, un documental que se estrenará este sábado 18 de abril, en el marco del Festival de Cine Independiente de Buenos Aires (Bafici). La película reconstruye la historia de El Corte y su cantante y guitarrista Hernán Darwin Reyna. Gracias al hallazgo de una serie de VHS perdidos y los testimonios de quienes compartieron la vida y la obra de Reyna, es posible también reconstruir el tránsito que marcó a varias bandas similares que llegaron al disco en 1986 y pronto se disolvieron casi sin dejar rastros. La película dirigida por Martin Wain y Daniel Flores pinta la época sin caer en las glorificaciones ligeras; el relato coral con contradicciones y rescates memoriosos forman una línea argumental que convierte a El Corte en una banda a descubrir, además de seguir los pasos de Reyna, que llegan hasta España, en donde pierde la vida: murió ahogado, víctima de un naufragio en el Mediterráneo, frente a las costas de Jávea.
“Con la vuelta de la democracia surgieron un montón de bandas. Creo que lo primero fue una cuestión alegre, Los Abuelos de la Nada, Los Twist. Pero rápidamente, dos años y medio después, todo se puso oscuro y pesimista. Quizás como eco de movidas de afuera, que siempre tienen que ver, quizás también como una cuestión de que la democracia no era la panacea. Felicidad instantánea y mirá que ahora vas a estar rebien. Tampoco funcionó de ese modo. Entonces me parece que ahí también pudo calar todo ese sentimiento medio agobiante y desesperanzado del post-punk y toda esa movida”, dice Ariel Minimal en El camino contrario. El testimonio del líder de Pez se remonta a sus 16 años, cuando vivía la escena como una esponja punk sin olvidar que eran años violentos: “De violencia en la calle, la policía todavía cazando, quizás no te desaparecían pero te comías un par de días guardado, y a la vez, todo eso que suena reoscuro así como lo cuento, tenía el empuje de lo nuevo”.
“Lo que pasaba con el resto del mundo nos chupaba dos huevos. Se trataba de tomar cocaína y… ”, dice Javier Calamaro, uno de los fundadores de El Corte, en diálogo con Sergio Rotman, que completa la frase admitiendo: “Era el signo de los tiempos, tomar cocaína y odiar a todos”. En el mismo año que Los Fabulosos Cadillacs lanzan Bares y fondas, el saxofonista ya era un veterano de la escena punk y reconoce que la banda de Reyna, Calamaro, Pablo Martín, Leonardo Ramella y Federico Oldenburg, no eran un grupo típico.
“Lo efímero de El Corte es todo”, dice Rotman y traza una línea posible para entender aquel instante fugaz del rock argentino: “El momento era increíble, pero no era lindo. No hay que confundir la nostalgia por aquella época. Menos mal que se terminó”.
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En 2025 Bunbury lanzó un álbum titulado Cuentas pendientes, y para esa grabación formó un equipo con el que logró “una conexión muy especial”. Nunca antes había trabajado con esos músicos, y ellos le acompañaron una investigación muy profunda del folclor y la cultura hispanoamericana. “Tanto los técnicos como los músicos disfrutamos muchísimo grabando ese disco”, dice el zaragozano. Después de eso se preguntaba si debía moverse una vez más hacia el rock, o algo más contemporáneo que gravitara hacia la electrónica, pero decidió que el camino estaba en en quedarse “un rato más en la música latina, porque había disfrutado mucho de la compañía de todos estos individuos, y del proceso de trabajo que fue Cuentas pendientes”. Finalmente, el nuevo álbum fue grabado con el mismo equipo humano, en el mismo estudio, ubicado en el Desierto de los Leones en México. Según Bunbury, se hizo “por el puro placer de continuar investigando y viviendo en el mundo del folclor hispano y latinoamericano”.
Es claro que no se trata de tu primer acercamiento a estos sonidos; ‘De un siglo anterior’ se siente como un son cubano, de pronto, ‘Peor que como estamos’ es una cumbia, y está la versión de ‘Zamba para olvidar’… Este proceso en el que continuaste explorando, ¿qué nuevos aprendizajes y/o lecciones te dejó en relación con la música latinoamericana?
Bueno, yo no utilizaría la palabra “nuevo”, digamos que fue una profundización. Yo no buscaba el factor sorpresa, no me parece interesante en esta ecuación; lo que buscaba era otra cosa. Primero, es una satisfacción mía personal, el seguir escribiendo canciones que me parece, a mí, muy demandante el trabajar con ciertas armonías, con ciertos ritmos, el comprender cómo se estructuran y cómo se trabajan determinados géneros concretos. Entonces, para mí, el factor novedad no estaba en la ecuación, estaba el factor profundidad, el “OK, es un terreno que ya hemos pisado en Cuentas pendientes”.
Claro, no es la primera vez que me asomo a la música latinoamericana e hispana, pero, hice un disco llamado Licenciado Cantinas, que era de versiones; estos son discos mayoritariamente de composiciones propias, exceptuando ‘Zamba para olvidar’, todas las demás son canciones propias, entonces, es una exigencia mía personal, quizá para el sonido ajeno es otro disco dentro de esa era en la que estoy, la era latina.
Eso podría llevarnos a una reflexión en torno al papel del artista, o tal vez a una comparación entre el artista y el artesano en términos de la preservación, la innovación, la conservación o la sorpresa, ¿qué pasa en esa reflexión para ti? Teniendo claro que en este álbum no te interesaba sorprender, innovar…
Bueno, la innovación por la innovación no es necesariamente un bien en sí mismo. Ahí hay una reflexión interesante acerca de si el progreso siempre es deseable. Toda progresión es siempre hacia adelante y hacia mejor, pero yo creo que donde está la pregunta que estás realizando, que es en el terreno del arte, a mí, particularmente, siempre me han interesado tanto la vanguardia como la retaguardia, la tradición como la innovación.
Me gustan los discos contemporáneos que aportan en sonido, en producción, en arreglos, en tecnología, en instrumentación o en forma de trabajar con cierta instrumentación; y me interesa también de dónde proviene la música que me apasiona. Lo he hecho con las raíces del rock, que a mí me interesan, me interesan de dónde viene, del country, del jazz, del blues, del hillbilly, todo eso me apasiona. Y las raíces de la música latina también, que es por lo que estoy en estos discos, pero no es un lugar donde yo me vaya a quedar eternamente, de hecho este es el cierre, digamos, de esa etapa latina.
En el próximo disco, posiblemente mi interés pase otra vez a lo contemporáneo, a qué es lo que puedo aportar dentro de lo contemporáneo. Siempre me ha gustado moverme entre las dos áreas, y creo que no se contradicen entre sí, aunque lo pueda parecer; creo que toda música actual, podemos nombrar cualquier género, desde lo urbano hasta el reguetón y la música electrónica, dance, todo tiene unas raíces, viene de algún lugar, y han bebido de unas fuentes. Entonces, a mí me interesa tanto la novedad como la raíz.

Hablas de cerrar un poco esta etapa de música latinoamericana y me causa mucha curiosidad entender, ya que has conocido tanto la música latina, a profundidad y en términos de diversidad, ¿qué perspectiva tienes ante la música que actualmente hace tan visible a América Latina en el mundo? A estos sonidos urbanos por los que hoy nos reconocen más en el mundo.
Bueno, digamos que mi interés individual nunca ha estado demasiado en el mainstream, en ningún momento, ni en los 80, ni en los 90, ni en los 2000, ni ahora mismo, en los 2020. No es la música que yo consumo, nunca me interesó lo que sonaba en los 40 más vendidos, o en la música que sonaba en la radio fórmulas, me interesan artistas más alternativos.
Ahora existe, incluso dentro del mainstream, un interés por lo alternativo, y hay artistas mainstream que tienen un interés por estrujar un poco las producciones, y que eso sea más demandante, que no sea una música meramente comercial por el hecho de que pueda llegar a más gente, y nada más; intentan buscar gente con mucho talento para aportar en sus terrenos.
También es una cosa interesante, ahora que estabas hablando de cómo la música latina ha entrado en el mainstream mundial, aunque mis artistas favoritos latinos no están dentro de ese mainstream. Pero, lo que me parece más interesante de todo eso es la evolución que está teniendo el género urbano hacia la mirada de lo tradicional, ¿no? Cómo grandes artistas del género urbano están viendo que tienen —o han tenido siempre— una conexión… como en el caso de Bad Bunny, de Karol G, de Nathy Peluso, de Milo J, el artista argentino, cómo están mirando hacia sus propias raíces y de ahí están encontrando un lugar intermedio, un puente entre el género al que ellos en teoría pertenecen y esa mirada hacia sus raíces, y creo que ahí están saliendo cosas bastante interesantes.
Que escuchen la música latina en Australia, pues, es una cosa simpática, ¿no? A mí me da igual, en realidad. Quiero decir, a mí me gusta la música del norte de África, y el hecho de que la escuche mucha gente, o poca gente, me es bastante indiferente. Creo que lo importante son los discos, lo importante es la música en sí, ojalá haya muy buena música, creo que en el continente hay muy buena música, fuera de lo que es el mainstream, y dentro también, pero lo que hay fuera y que no se escucha mucho es en lo que me gustaría que se pusiera más el foco.
Desde tu perspectiva, ¿cómo definirías o cuál sería el espíritu, en términos líricos, de este nuevo álbum? ¿Hay algo que buscabas decir puntualmente? ¿Buscabas intencionalmente reflejar algo de tu vida actual? ¿Cuál era el foco en lo lírico?
Ninguno, es un disco cero conceptual, no hay ningún concepto. Hay canciones que tienen un componente más social, hay canciones que hablan de mí, hay canciones que no hablan de mí, hay canciones que hablan del presente, hay canciones que hablan del pasado… yo no veo una temática que las una de ninguna manera. Digamos que el concepto en este álbum es la mirada al folclor; es un concepto musical, no lírico.
Apenas empecé a escuchar el disco, encontré que decías “descubrí tarde las cosas importantes”, en ‘Creer que se puede creer’. Tan pronto te oí cantando eso, me pregunté, ¿cuál es la más reciente de las cosas importantes que crees haber aprendido?
Estoy en proceso de intentar aprender algo que, de alguna manera, nos permiten las nuevas tecnologías y el momento en el que vivimos, y es el cómo acomodar tu forma de ser a la estructura de la industria musical en la actualidad. Creo que, actualmente, podemos proyectar nuestra música de una forma mucho más personal e individual que en el pasado.
Quiero decir, en el siglo XX teníamos un ABC de promoción, un ABC de exposición; qué es lo que teníamos que hacer para comunicar que habíamos sacado un disco, para establecer una conexión con nuestro público. A día de hoy, creo que las posibilidades son, si no infinitas, muy amplias. Nos han hecho creer que las redes sociales se tenían que manejar de una manera, ahora vemos que se pueden manejar de muchas, que no tenemos por qué estar expuestos todo el rato, que podemos estar expuestos si lo deseamos, que podemos unir nuestro nombre a una marca si queremos, o no, o podemos alejarnos de las sponsorizaciones, que podemos hacer giras largas o cortas, o no hacer giras, que podemos hacer residencias, que podemos viajar por todo el mundo.
Hay muchas opciones a día de hoy, eso nos lo ofrece un mundo nuevo que se está abriendo. Y el gran problema al que nos enfrentamos es el compararnos con los demás, el pensar, “Bueno, pues si Karol G ha hecho esto y le ha salido bien, pues a lo mejor lo debería hacer yo también”, y mi aprendizaje viene por ahí. El decir, “No, yo no quiero compararme con Karol G, ni con Robert Smith”, no me puedo comparar con ninguno, tengo que encontrar cuál es mi forma verdadera de expresarme, cuál es mi necesidad, dónde me encuentro a gusto, qué es lo que quiero hacer, qué es lo que no, y ser consecuente con ello; aceptar las consecuencias de lo que eso traiga.
Obviamente, hay cosas que te pueden hacer más popular, y digamos que cierto ostracismo te puede hacer mucho menos popular. ¿Dónde está tu lugar? Encontrar tu lugar es, para mí, el gran descubrimiento, el saber que existe un lugar para mí, y que ese lugar no necesariamente es compartido por los demás.

Esta gira en la que estás, de las Nuevas Mutaciones, ¿irá enmarcada en esto que defines como esta etapa latinoamericana, en términos del formato y del repertorio?
No, es una decisión que tomé recientemente en las dos últimas giras. Decidí que quería hacer cada gira de una manera muy concreta, con unos arreglos y una banda especiales para la ocasión, con un espectáculo especial, pero que no necesariamente fuera la gira de apoyo o presentación del disco. El disco que se las apañe él solo, que encuentre su lugar entre el público, y la gira tiene sus propias características.
Esta se llama Nuevas Mutaciones y, de alguna forma, tiene una conexión con el disco que hice para la MTV, que era Unplugged: El libro de las mutaciones, y con la gira que hice, que se llamaba Mutaciones. Esta gira es de las Nuevas Mutaciones, porque tenemos una banda electroacústica con metales, con violín, con instrumentos acústicos, y revisamos todo el cancionero. Hay canciones de este nuevo disco, canciones de la época latina, pero hay canciones de todas las etapas, con unos arreglos muy específicos para esta ocasión.
Ahora se siente un ambiente pesado en todo el mundo, es un mundo en guerra, una vez más, y todo el tiempo nos están recordando una amenaza de la inteligencia artificial, por ejemplo. Desde tu perspectiva, ¿qué lugar tiene la esperanza en todo esto? Hacer música para mantener viva la esperanza, hacerla para sobrellevar la resignación, ¿qué relación tiene, en este momento, para ti, la música con la esperanza?
Es que el arte es una tabla de salvación, ya no solo con respecto a lo que socialmente o políticamente puede ocurrir en el mundo, sino con respecto a nuestras vidas reales, la vida de tener que llamar al fontanero, o la vida de tener que pagar impuestos, y llevar el coche a arreglar y todo este tipo de cosas; digamos que, para mí, desde luego, el arte es un lugar en el que me encuentro siempre seguro y del que siempre extraigo aprendizajes y conexión con otras personas que han creado música libros, películas, cuadros que me llenan.
Entonces, creo que siempre he pensado que el arte es un servicio social, tiene una labor, digamos, que está por encima del entretenimiento, y por encima de la mera conexión y diversión que puedes extraer de “me voy a un concierto y me lo paso bien”. No, es algo mucho más profundo, más etéreo. Entonces, tú hablas de esperanza y a mí me parece una palabra maravillosa, pero creo que alcanza a más temas aparte del social, abarca también la parte cotidiana nuestra de nuestras relaciones humanas, nuestras desdichas familiares. Todo, de alguna forma, es un oasis de emoción y de seguridad, un lugar maravilloso donde vivir. Yo creo que, a mí, por lo menos, es el lugar que me salva de todo pensamiento apocalíptico.

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Lo primero que muchas personas piensan al mencionar a la artista dominicana son las controversias que la rodean, como la que protagonizó junto a J Balvin por su canción ‘Perra’, o sus múltiples canciones y videos, en los que su manera explícita de expresarse ha dado de qué hablar. Pero, en esta entrevista, Tokischa —que así es su nombre de pila— no solo explica el porqué de sus expresiones, sino que también se detiene a contarnos sobre una época oscura de su vida, en la que un mal amor la llevó por el camino de las drogas. Una etapa que la marcó, pero que hoy, con el paso del tiempo y varios años de sobriedad, es solo un recuerdo que sirvió de semilla para lo que será su primer álbum: Amor y droga.
¿Cómo definirías la esencia de Tokischa?
Orgánica, natural, del momento. Una persona que ama a los viejitos y le gusta tratarlos muy bien.
Madonna, Rosalía, Ozuna, J Balvin… muchos artistas te llaman para hacer colaboraciones, ¿a qué crees que se deba?
A la autenticidad en mi música, en mi carrera y en mi nombre. Lo que hago es realmente natural, auténtico, real y honesto. Siento que otros artistas se identifican con esa parte que ven en mí.
¿Qué te gusta mostrar con tu música?
Lo que siento en el momento en que la hago, la energía de ese instante. Muchas veces no se crea música para mostrar algo al mundo, sino para desahogarse. Mostrar el arte es secundario; lo principal es expresarme. Es muy satisfactorio plasmar un sentimiento en una canción.

Muchas personas te critican por tu forma explícita de ser, pero siento que en realidad no te importa mucho lo que la gente diga de ti, ¿cierto?
No, en realidad nunca me ha importado ni creo que me vaya a importar. Sé lo que quiero y lo que sueño, y solo me importa estar bien conmigo misma y con la gente verdaderamente cercana a mí. Busco ser feliz, tener paz y calma, poder crear y decir lo que quiera, sin limitarme por ningún comentario, motivo o persona.
No es mi intención ser considerada tan explícita; simplemente soy así y me expreso libremente.
Pronto saldrá a la luz tu primer disco, ¿por qué sientes que llegó el momento de presentar un álbum?
Siempre he hecho música de forma casual, como random. Nunca había tenido la oportunidad de construir un álbum completo, de desarrollar una historia canción tras canción. Mis canciones eran momentos: si me sentía horny (sexualmente excitada) o triste, eso era lo que salía.
Siento que llegó el momento de contar una historia específica de mi vida, una etapa importante que mucha gente no conoce. Este disco da contexto de por qué soy así y de dónde vengo. Además, como artista, hacer un álbum es mostrar mi arte a mayor escala. Me ha enseñado mucho, sobre todo en la atención al detalle.
Cuéntanos un poco más de esa historia que vas a plasmar en tu primer álbum.
Se titula Amor y droga. Llevo trabajando en el disco entre tres y cuatro años, y será muy especial porque su lanzamiento coincide con los 10 años de la etapa que representa.
Hace 10 años estaba empezando a conocer el mundo, me fui de la casa de mi papá, conseguí trabajo y empecé a relacionarme con gente del barrio. Vengo de una familia muy abusiva, tanto verbal como físicamente; había delincuencia y consumo excesivo de drogas. Aunque tuve buenos ejemplos femeninos —mi mamá, mi abuela y mis tías—, viví momentos muy oscuros. Me quedé sin casa y empecé a vivir con un novio que era drogadicto.
La primera canción del álbum, ‘Mi novio’ —producida por Diplo—, marca el inicio del enamoramiento. Cada canción cuenta una etapa de esa relación y del entorno en el que vivía. ‘Surfboard’ habla de la devoción inicial, casi como una honeymoon; luego viene una etapa más obsesiva en un rap junto a KASE.O. También hay un dembow, ‘Celos’, muy bailable pero con una letra extremadamente tóxica. El disco narra ese enamoramiento y la adicción, tanto a él como a las drogas.
¿Qué sientes ahora al recordar esa etapa de tu vida a través de este disco?
Un gran alivio. En ese entonces estaba completamente perdida. Sabía que quería hacer arte, pero la realidad me golpeó y no tenía dirección. Volver a esos recuerdos desde un momento de vida sano, completamente sobria, es un gran orgullo para mí.
También es darle nueva vida a ese pasado desde un lugar artístico. De alguna manera, hace que haya valido la pena vivirlo, porque sin eso no tendría la inspiración del álbum. Honro todo lo que he vivido porque me ha enseñado mucho. No me siento orgullosa de haber sido drogadicta, pero sí de haber encontrado la sobriedad. Es un tema importante, porque hay mucha adicción en el mundo.

¿Cómo encontraste la dirección y la sobriedad?
Me tomó mucho tiempo. Empecé a consumir marihuana y alcohol a los 16 años, y más adelante, con ese novio, probé el éxtasis y otras sustancias. Lo que realmente me salvó —además de la música— fue que mi mamá siempre me inculcó el aprendizaje. Incluso estando drogada, me gustaba leer e investigar; eso me hizo ver la vida de otra manera, conectar con la naturaleza y con mi espiritualidad.
Iba a estudios y conciertos muy borracha y drogada, y esa sobreestimulación me llevó a querer bajarle. Empecé a hacer música sobria con la intención de mejorar.
El punto final fue un viaje con LSD en enero de 2020. Fue una experiencia muy difícil que me hizo entender que necesitaba la sobriedad. Desde entonces corté toda adicción.
Ahora que mencionas la espiritualidad, ¿cómo la vives hoy?
En ese entonces fue clave irme a vivir al campo, porque en la ciudad sentía mucha contaminación espiritual. En el campo logré calmarme.
Al volver a la ciudad entendí que la espiritualidad está en la calma. Es importante meditar, aunque a veces sea difícil por el ritmo de vida. Algo que siempre hago es pasar una hora sin el celular al despertar, tomar té o agua sin mirarlo; eso me estabiliza.
También es importante estar presente, no dejar que los pensamientos se vayan por un camino negativo y cuidar el lenguaje. Yo trato de que mi vocabulario sea limpio. Muchos dirán: “pero hablas de totos y sexo”, pero eso no son malas palabras; en mis canciones no hay insultos.
Después de recordar toda esta historia, ¿qué le dirías a la Tokischa de hace 10 años?
Que este álbum es para ella. Que encontramos la dirección y logramos lo que soñábamos. Todo ese trabajo y sufrimiento se transformó en arte. Superamos los traumas y encontramos paz y calma.
¿Y a ese muchacho?
Que deje las drogas. Aún trato de estar presente para él. Siempre doy amor y deseo que él y otros amigos puedan salir de eso. Son personas increíbles, con corazones nobles, pero sus traumas los llevan al consumo.
¿Cómo ves tu carrera en 10 o 20 años?
Con una discografía variada, divertida y emotiva. Con un estilo increíble y explorando otras áreas como la moda, las artes visuales y el modelaje. También me encanta la cocina y la jardinería, así que me gustaría dedicarles más tiempo.
¿Cómo te gustaría que el mundo viera a Tokischa?
Con amor.
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In the depths of lockdown, when Jacqueline Springer read the Victoria & Albert Museum’s advert for the role of Curator Africa & Diaspora: Performance, it struck her as a “chorus of realisation.” For the London-raised creative, whose illustrious career spans music journalism and broadcasting, lecturing, programming and event coordination, the role felt like a rare alignment of her academic study and curatorial practice, bringing those strands together within a single space.
Speaking to Billboard U.K. over video call, Springer recalls spending “over a fortnight” on the application as she revisited the lessons she has gained from over a decade spent teaching about representation and sociological theories with music media. The successful candidate would be given the space to rethink how narratives surrounding Africa and its diaspora are collected, interpreted, and staged within one of the world’s most influential cultural institutions. Energized by the possibilities this would entail, Springer knew she had to take the chance.
Five years on, we speak mere weeks before the April 18 opening of The Music Is Black: A British Story, the inaugural exhibition at V&A East – the V&A Museum’s new site in Stratford, east London, an area considered the birthplace of grime. In originating her role with the V&A, Springer has been pivotal to the development of this new immersive exhibition, which frames Black British music as a central force in shaping the U.K.’s wider cultural identity.
“Some people may think that this exhibition is just about the history of Black British music, which it isn’t,” she explains. “Their mind may go straight to the mid-1970s’, or if they like jungle and drum ‘n’ bass, the mid-’00s. But you have to travel through the preceding histories to get there, which are complex. They overlap. They show inhumanity; they show inventiveness. You have to strip it all back in order to get that messaging across.”
Encompassing 125 years of history, The Music Is Black: A British Story maps the impact of British colonialism and how migration has influenced the cross-cultural richness of modern music. It houses over 220 objects, drawing on photographs, paintings, prints, stage outfits and more, honouring trailblazers like Janet Kay, Dame Shirley Bassey and Steel Pulse alongside contemporary voices such as Little Simz and Sampha. It also examines how the sounds and styles forged within Black British music have been reinterpreted by acts like The Rolling Stones and The Beatles, moving through genres from reggae and lovers rock to blues and Afrobeats.
In reframing that history on such a scale, the exhibition seeks to redefine where that musical legacy begins, and who it belongs to. Springer describes how she spent years travelling across the country to gather her research, which included discussions with the family of the late Charlie Watts – the Rolling Stones drummer was an avowed jazz fan and record collector – and a trip to Birmingham to examine the Gun Quarter’s historical role in the arms trade and its links to the transatlantic slave trade.
With its grand opening approaching, Springer discusses her research process for the exhibition, how the industry has responded, and what it means to be engaging new audiences with the work of an institution as iconic as the V&A.
When you began working on this project a few years ago, how did you first envision the exhibition looking? And how did that change over time?
It has changed over time, but the ‘rail tracks’ of it were always quite fixed. We begin in 1900, when the age of invention, which had really invigorated the previous century, starts to shift rather than stop. It moves into mass media: print remains dominant, then radio arrives, then television. Cinema becomes a popular form, but it’s also used by news, especially during the world wars, and that intersection has always interested me.
My work in academia, over ten years across Syracuse, Westminster, and Fordham, has consistently been about media: how it treats people, what it communicates, and how representation is constructed. How do you depict someone who is northern, or gay, or poor? These building blocks come from pre-existing histories, shaped by a country’s wealth, its sense of itself, and how it’s seen by others. That then filters into society – how people are ranked, how they rank others – and how those views are reinforced and exploited through print, cinema, radio and broadcast.
That thinking feeds directly into the exhibition. It’s about how we view other cultures, languages and musical forms. Jazz, for instance, was initially dismissed as unserious or disruptive; blues was seen as lesser; gospel emerges from a Bible imposed on enslaved people. These judgments are tied to race, class and power, and to how “acceptable” culture is defined.
So the process has been about tidying that up – making a big, complex idea digestible. It’s moved from something quite bold and conceptual into something people can actually walk through, listen to, and understand. As audiences engage with it – through music and other senses – it becomes a way of deepening their understanding of musicality and the African diaspora. And that’s come through collaboration, both within the V&A and with external partners.

Adrian Boot
To what extent is this exhibition shaped by trust and your relationships, as opposed to formal research?
By getting the role, you’re entrusted to know what you’re doing, and an interview demands that there’s a test, in many respects, to see if you’re best for the job. I come from a background in print, music journalism, broadcast journalism, but also lecturing to university students, and also independently curating events. So I already spoke to people – people who are interested in the topic, but not necessarily how it’s presented, until they see elements that they can understand.
And that’s definitely the case with students. You know, I used to teach for three hours at a time, so I always activated or interspersed my lectures with content, empirical evidence that they could see. If we’re talking about the World Wars, they had newsprint that they could actually see how the enemy was produced and represented.
In relation to the research that I was going to undertake for the exhibition, that same approach applies: making sure that what I present is grounded, visible, and something people can engage with and understand.
How do you present underground scenes that may have been preserved through community memory rather than in art or writing?
I have to say, you’re wrong. People keep things. I just think that the performer populace and the fandom [of certain scenes], have just not been approached to actually say, “Can we share this?” You know, we’ve now got the Museum of Youth Culture [in London], and you’ve got young people throwing their material at them. But you’ve also got some people who are institutionally-averse who may say, “How are you going to look after my things?” And, also the vast majority of artists that were approached never thought the V&A would ask them.
Artists retain their own experiences, and many of them have retained a lot of their personal ephemera. [This process] was about tailoring that ephemera in a way that it looked elegant. Rather than asking for specific objects, I asked artists to consider [their journeys], and then I came back to them. My approach was to ask them if they could identify an item that actually testified to their ability to make music. So it’s not necessarily an instrument, it could be anything – and then their explanation would help me work out where that item would knit with another.
One of the things that was so surprising to me was that the vast majority of artists, when I asked them that question, they said, “I’ve got some sales discs” – that’s an institutional calculation of your commercial value, that’s a response to the art you make. We have Joan Armatrading’s handwritten chord book. We have a handwritten musical score by an opera singer called Peter Brockway, it’s beautiful material. We’ve got [singer] Junior Giscombe’s glasses; he was encouraged to take them off so that he could break America. You’ve got some of those big moments, but you’ve also got these beautiful moments that show how people actually work and mobilize together.

Daniel Pollitt
What did it take to build and deepen trust with those prospective donors who were initially “institutionally averse”?
Firstly, I’ll tell you that musicians keep secrets; I would trust them with a secret even more than some of my good friends! [When speaking to artists], I would reaffirm the reputation of the V&A, and then let them know how precious this exhibition is to me. I mean, the V&A recently had an exhibition on Fabergé eggs [Fabergé in London: Romance to Revolution, 2022] – they’re so expensive! There were security guards in situ alongside the objects, not just in the room.
But whether it’s a Fabergé egg or [Lovers rock artist] Janet Kay’s stage clothing, these are classed as museum objects. We don’t see them just as a dress or a record disc, they’re covered by Government Indemnity insurance; they are precious objects, and they allow us to tell a story to the public. Formal loan agreements are signed and there’s a robust process to it.
Were there conversations with artists that shifted your understanding of their work?
I think JME is a quiet storm. You know, he is often referred to as “Skepta’s brother” or the co-founder of Boy Better Know, but he knows his own value. I met him at an event through my best friend, who works for ITV and reads the news. So I said, “JME is over there, he looks like he doesn’t want to be disturbed. Can you take your famous face over there to reassure him?”
That warmed him up a little bit; he’s a reluctant participant when it comes to being a celebrity, but we worked to get his guard down. I told him about the exhibition and he said, “Well, you can have a Super Nintendo. I used to make music on it; that’s how you make beats if you don’t have any money but you’ve got an inventive mind.” When you look back over the course of the exhibition – the creation of the wax cylinder all the way to PinkPantheress deciding through TikTok that she’s going to make short songs – you think about the inventiveness of people, and how much of it has born through through socio-economics.
Pirate radio was born of a desire for musical autonomy. The national broadcaster says, “We’re not playing jazz” in the early 1920s; “We’re not playing rock ‘n’ roll” in the early 1950s. So you listen to pirate radio, and then by the 1970s, [Dread Broadcasting Corporation] DBC and others start to broadcast illegally, because the music is still there. So you constantly find the way in this exhibition through which Black people have insisted on having their rights.
How do you feel the exhibition will set a precedent for what V&A East represents going forward?
This is a landmark exhibition because of its breadth. But it has to attract a younger audience, many of whom feel that unless they go with school, they don’t go to museums. They see museums as a place where they’re forced to go on a day trip when they probably want to go somewhere else – we’ve all been there, where the structure of a school trip can take the delight out of things and feel like a chore.
Talking to young people and showing them how self-expression is an extension of your identity, that it is just like the words that you type into your phone, is important; your creative calling can be your absolute joy. You have to open the door and tell them, “This museum is yours forever.” The exhibition falls into that, because that’s what music is – it’s art and it’s forever.
In many respects, the exhibition complements the overarching ambitions of this museum. It will become a beautiful memory after nine months, but hopefully, like a good lecture at university or school, it lives on with you like a little nugget of inspiration.
Beyond visitor numbers or positive press coverage, what would success look like for this exhibition?
I just want people to leave the exhibition, if possible, thinking with awe. People who make music walk among you; you may be sat next to them on the bus, they may be sat opposite you on the train. Think how incredible it is to live under the same sky as somebody who makes music that makes you feel better about yourself.
All Lewis Capaldi wanted to do was have a little, intimate hang with some of his fans in New York’s Penn Station on Thursday afternoon (April 16) before he headlined at Madison Square Garden last night. But, apparently, the NYPD had different ideas.
The singer posted about the incident on X afterward, writing, “NYPD TRULY MET THEIR MATCH IN THE FORM OF A CROWD OF MILD MANNERED ‘MIDDLE OF THE ROAD’ POP MUSIC FANS #WeRunNY,” alongside a video of his fans packing Penn Station and singing his 2020 hit “Before You Go,” to piano accompaniment before police begin walking through the scrum to break it up.
In another video from the surprise gig in front of a flower shop, Capaldi performs a moving rendition of his 2023 hit “How I’m Feeling Now.” During the event, a member of Capaldi’s team handed flowers out to the gathered fans with notes attached, which it appeared a number took with them when they walked upstairs to attend the MSG show.
Capaldi — who posted his own footage of the mildly chaotic subterranean show on TikTok — also performed his yearning new single, “Stay Love,” his first release since his 2025 EP Survive. The song’s release comes after Capaldi confirmed earlier this week that the “mystery” free vinyl in a plain white sleeve with pitched-down vocals and no identifying artist information that showed up in U.K. and U.S. stores ahead of this weekend’s Record Store Day was indeed his new single.
Many fans had guessed that it might be Capaldi based on the vocal inflection and romantic lyrics, according to NME. The emotional track includes the swoony lines: “So when the rights are going wrong/ And I’m barely holding on/ Baby hear me when I say/ Oh won’t you stay love/ When everybody’s leaving/ Come on, stay love/ To get me through the evening.“
According to a release from Capaldi’s label, the three-song pop-up in front of Damselfly Flowers for “unwitting commuters” included the handing out of single-stem blooms with notes reading “‘Stay Love’” Lewis Capaldi” on them to those gathered around, with the crowd swelling to over 5,000 people, “turning the New York City landmark into a cavernous music hall.”
Produced by The Monsters & Strangerz and Michael Pollack, “Stay Love” appears on the deluxe edition of the Survive EP.
Capaldi will headline MGM Music Hall in Boston on Saturday night (April 18).
Watch the “Stay Love” visualizer below.