El Rock & Roll Hall of Fame anunció la noche del lunes 13 de abril a la generación de 2026, y se trata de una particularmente sólida. Tras años de vacilaciones en los que se sostuvo que Foreigner y Bon Jovi eran, de algún modo, más merecedores que Joy Division/New Order, el Salón finalmente incorpora a la influyente banda de post-punk. Hasta ya empezaba a parecer que Bernard Sumner, Stephen Morris y Peter Hook tendrían que formar otra banda revolucionaria para ser reconocidos por la institución.
En otros frentes, Phil Collins se suma al club de los artistas inducidos en dos ocasiones (algo que debió ocurrir al menos hace una década), mientras que los iconos Sade y Luther Vandross reciben reconocimientos largamente merecidos. Wu-Tang Clan junto con Oasis representan a los años noventa.
Pero, como cada año, persisten la confusión y las interrogantes. Un número inusualmente alto de artistas británicos forma parte de la generación, pero, históricamente, no profesan la misma reverencia por el Salón de la Fama que sus pares estadounidenses. No está claro cuántos asistirán. También existe la posibilidad de una reunión particularmente tensa entre compañeros de banda que se detestan y han tenido escaso contacto en dos décadas. Y, en al menos un caso, el Salón parece haber cometido un error bastante desconcertante respecto a qué miembros exactos de una banda serán incluidos.
Estas son algunas preguntas que nos deja la ceremonia de inducción al Rock & Roll Hall of Fame de este año.
¿Aparecerá Oasis?
La incorporación de Oasis corona un año extraordinario para los íconos del britpop. Su gira de reunión de 2025 llenó estadios en todo el mundo; ni siquiera fueron tan populares en Estados Unidos en su punto álgido de fama con (What’s the Story) Morning Glory? a mediados de los noventa. No hay indicios de futuros conciertos, y han dicho muy poco sobre el Salón de la Fama más allá de una serie de publicaciones sarcásticas en X por parte de Liam Gallagher.
En un mensaje cargado de ironía, escribió: “Quiero agradecer a toda la gente que votó por nosotros, es un verdadero honor; desde que era un niño pequeño y cantaba en la ducha soñaba con que algún día estaría en el salón de la fama del RnR. Es cierto lo que dicen: todo es posible si tienes un sueño.”
Resulta difícil imaginar a Noel Gallagher, con los ojos llorosos, aceptando el galardón en la ceremonia de noviembre antes de reunirse con su hermano y el resto de la banda para interpretar ‘Wonderwall’ y ‘Live Forever’ mientras ruedan las cámaras para la transmisión de ABC. En cambio, es mucho más fácil imaginar que no asistan, e incluso que envíen en su lugar una carta mordaz, al estilo de Sex Pistols. También existe la posibilidad de que el único en presentarse sea el baterista fundador Tony McCarroll.
¿Declararán Joy Division/New Order una tregua de una sola noche?
A lo largo de las últimas cuatro décadas, grupos enfrentados como The Police, Yes, Talking Heads y Led Zeppelin han dejado de lado sus profundas diferencias por una noche para reunirse y tocar en el Salón de la Fama. En 2017, Steve Perry apareció en el podio junto a Journey, aunque no cantó con ellos. Los fans de Joy Division/New Order han fantaseado durante años con el regreso de Peter Hook al redil con motivo de esta ceremonia, tras dos décadas de tensiones y batallas legales con la banda.
“Solo quiero decir lo maravillosamente feliz que estoy de ser finalmente aceptado en el Salón de la Fama del Rock & Roll de Cleveland”, escribió Hook en Instagram cuando se dio a conocer la noticia. “Llevaba años esperando esto, así que definitivamente voy a aprovecharlo al máximo. Me gustaría decir que esto es por Ian Curtis y por todos los fans de ambas bandas. Sin ustedes, no seríamos nada”. En el pie de foto añadió: “Nos vemos en la ceremonia”. Eso significa que Hook estará en el Peacock Theater el 14 de noviembre. Pero sus antiguos compañeros aún no han dicho una sola palabra.
Resulta realmente difícil predecir cómo se desarrollará esto. Hay tanta animadversión acumulada que incluso el Salón de la Fama podría no ser capaz de reunirlos. Sin embargo, si ocurre, sería una de las grandes reuniones en la historia de la institución. New Order lleva demasiado tiempo fracturado, y Hook fue un arquitecto clave de su sonido. Todos deberían hacer a un lado sus diferencias y lograr que suceda.
¿Actuará Phil Collins?
Hasta ahora, Collins solo ha reaccionado a su ingreso al Salón de la Fama con un breve mensaje en Instagram. “Obviamente estoy contento y honrado de ser inducido”, escribió. “Es el broche a una vida maravillosa en la música”. Su vida fuera de los escenarios ha estado marcada en los últimos años por importantes problemas de salud, y no actúa en vivo desde el final de la gira de despedida de Genesis a comienzos de 2022.
Es probable que asista al evento, sobre todo ahora que se encuentra en proceso de recuperación. Incluso es fácil imaginarlo abriendo la ceremonia con In the Air Tonight. En la versión biográfica de su vida, sería la escena final. Ojalá ocurra también en la realidad.}
¿Y qué pasa con Sade?
No hay un nuevo álbum de Sade desde Soldier of Love (2010), no han ofrecido conciertos desde 2011 y su vocalista, Sade Adu, es notoriamente reacia a la exposición mediática. Se decía que estaban trabajando en un nuevo disco en 2018, pero el proyecto empieza a parecerse al Chinese Democracy del sophisti-pop. ¿Asistirán a la ceremonia y deslumbrarán al público con ‘Smooth Operator’ y ‘The Sweetest Taboo’? Este caso podría ir en cualquier dirección.
¿Podrá la ceremonia del Rock & Roll Hall of Fame poner fin, por fin, a la rivalidad entre Oasis y Phil Collins?
El ascenso de Oasis coincidió casi a la perfección con el declive de Phil Collins como figura dominante de la cultura pop tras más de una década de omnipresencia, lo que lo convirtió en un blanco fácil de sus burlas. “Votaré por el Partido Laborista porque creo que es lo moralmente correcto”, dijo Noel Gallagher en 2005. “Otra razón para votar por ellos es que, si los conservadores ganan, Phil Collins ha amenazado con volver a vivir aquí. Y seamos sinceros, ninguno de nosotros quiere eso”.
En el improbable caso de que los hermanos Gallagher se presenten, podría ser una oportunidad para limar asperezas. Tal vez incluso podrían unirse para un mashup de ‘Supersonic’ y ‘Take Me Home’.
¿Podemos profundizar más en los noventa la próxima vez?
Los artistas son elegibles para el Rock & Roll Hall of Fame 25 años después del lanzamiento de su primer álbum o sencillo. Eso significa que, en teoría, ya deberíamos estar en la era de principios de los 2000. Sin embargo, el Salón sigue centrado en gran medida en actos de los años ochenta que había pasado por alto. En muchos casos, eso tiene sentido: más vale tarde que nunca.
Pero antes de empezar a incluir a The Strokes y Coldplay, todavía hay muchas bandas de los noventa que siguen esperando. La lista incluye a Weezer, Smashing Pumpkins, Alice in Chains, Tool y Hole.
También sería necesario retroceder aún más para reconocer a Pixies, Devo, Pavement, Sonic Youth y The Replacements. Y yendo todavía más atrás, resulta absurdo que King Crimson y The New York Dolls no estén incluidos. Para cuando Taylor Swift entre en su primera votación en 2031, esperemos que todas estas omisiones ya hayan sido corregidas. (Y seguiremos defendiendo a The Monkees y a “Weird Al” Yankovic hasta el final). Mientras tanto, al menos podemos dejar de gritar por Joy Division/New Order.
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Amrum es una isla alemana situada en el mar del Norte, frente a la costa del estado de Schleswig-Holstein, muy cerca de la frontera con Dinamarca. Forma parte del archipiélago de las islas Frisias del Norte y es conocida por sus paisajes de dunas, playas extensas y vientos constantes que moldean su geografía.
Es un lugar relativamente aislado, con pequeñas comunidades y una fuerte relación con el mar, lo que la ha convertido tanto en refugio como en escenario de historias marcadas por la naturaleza y, en el caso de la nueva película de Fatih Akin, por el eco de la guerra en un territorio aparentemente distante del frente.
El prestigioso director alemán de ascendencia turca se desplaza hacia un territorio que, en apariencia, le es ajeno: la contención. No está aquí el desgarro frontal y visceral de Contra la pared ni la violencia emocional de In the Fade. Lo que propone es algo más delicado y, por eso mismo, más inquietante, que consiste en observar cómo un niño aprende (o desaprende) el mundo en el instante preciso en que ese mundo se desmorona.
La historia, situada en los últimos días de la Segunda Guerra Mundial, sigue a Nanning (Jasper Billerbeck), un niño de doce años que pertenece a las Juventudes Hitlerianas y que, sin embargo, aún no ha desarrollado una conciencia propia. Este punto de partida no es menor, ya que Akin no se interesa por el nazismo como sistema, sino por su sedimentación íntima, por la forma en que una ideología se filtra en la infancia hasta confundirse con el afecto, la obediencia y el amor filial.
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Lo verdaderamente perturbador de Amrum no es lo que muestra, sino lo que evita. La película se construye a partir de gestos mínimos como la búsqueda de comida, el cuidado de una madre devastada y enferma (pero todavía creyente en la ideología del Führer) y los trayectos por una isla que parece suspendida fuera del tiempo. En esa aparente sencillez se instala una pregunta radical: ¿qué ocurre cuando el primer despertar moral de un niño coincide con la caída de la ideología que lo formó?
En ese sentido, la cinta dialoga con una tradición poderosa del cine antibélico visto desde la infancia. Es imposible no pensar en La infancia de Iván, de Tarkovski, donde la guerra destruye la niñez desde adentro; o en Come and See de Klimov, donde la mirada infantil se convierte en un testimonio insoportable del horror. También resuena Empire of the Sun de Spielberg, con ese niño extraviado en el apocalipsis del conflicto, y La cinta blanca de Haneke, que examina los orígenes de la violencia en estructuras aparentemente ordenadas.
Pero es en Alemania año cero donde Amrum encuentra su eco más profundo. Como el niño de Rossellini, Nanning atraviesa un paisaje moral devastado, donde los adultos han perdido toda autoridad ética y la supervivencia se convierte en la única brújula. Sin embargo, mientras Rossellini opta por una mirada cruel y descarnada, Akin elige una vía más contenida, casi contemplativa. Esa decisión es, al mismo tiempo, su mayor virtud y su principal riesgo.
Porque si bien la película alcanza momentos de una gran sensibilidad (especialmente en la interpretación de Billerbeck, que logra encarnar la confusión moral sin recurrir a gestos enfáticos), también hay instantes en los que su belleza visual parece suavizar el conflicto. La fotografía de la isla, amplia y luminosa, introduce una tensión interesante. El paisaje es hermoso, pero la historia que lo habita es profundamente oscura.
Esa contradicción no es un defecto en sí misma; de hecho, podría leerse como una declaración de principios. Akin parece sugerir que el mal no necesita deformar el mundo para existir y que puede instalarse en espacios cotidianos, incluso en aquellos que parecen intactos. Sin embargo, en algunos pasajes, esa misma estética corre el riesgo de diluir la gravedad de lo que está en juego.
Lo más valioso de Amrum reside en su negativa a ofrecer respuestas fáciles. Nanning no es un símbolo ni una alegoría; es un niño que ama a su madre, que quiere ayudarla, que repite lo que ha aprendido sin comprenderlo del todo. Y es precisamente en esa zona ambigua donde la película encuentra su potencia, en la idea de que el mal no siempre se reconoce como tal cuando se hereda.
Akin construye así una obra sobre la formación de la conciencia, pero también sobre la fragilidad de esa conciencia cuando se origina en un entorno contaminado. La guerra aparece como un eco lejano, como una fuerza que ya ha hecho su trabajo de moldear a quienes deberán vivir después de ella.
Amrum no busca sacudir al espectador mediante el impacto, sino mediante la persistencia. Es una película que se instala lentamente, que deja preguntas abiertas y que obliga a reconsiderar la relación entre infancia e ideología. Y en esa insistencia silenciosa, encuentra una forma de instaurarse más duradera. La de reconocer que ninguna persona, ya sea una mujer, un anciano o un niño, está libre de la sombra.
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Lola Índigo lanza el primer sencillo de su próximo álbum de estudio junto a Lía Kali, destacada por su mezcla de soul, reggae y sonidos urbanos; Queralt Lahoz, cantante española con un sonido que une tradición y contemporaneidad y Salma, artista revelación tras su participación en Operación Triunfo 2023. Se trata de ‘Tus iniciales’, una canción que pone en valor el talento femenino y se erige como una declaración de intenciones.
El tema nace desde una base que mezcla el reggaetón con variantes sonoras de la tradición española, poniéndo en la mesa un viaje musical donde lo contemporáneo y lo cultural coexisten de manera natural y armoniosa. ‘Tus iniciales’ ve hacia el presente, a la vez que nos habla de fuerza, sentimentalismo y poder en cada verso que las cantantes emanan.
Con la conexión estrecha que Índigo mantiene con Granada, la esencia de la canción nos traslada a este santuario a través del apartado visual. Por primera vez, la histórica casa familiar de Federico García Lorca se convierte en escenario de un videoclip que reimagina el universo de La casa de Bernarda Alba. Con Mina El Hammani al frente —una de las actrices más relevantes de su generación—, la pieza amplifica el relato de la canción y traza un puente entre tradición y vanguardia mediante una propuesta visual cargada de fuerza y simbolismo.
Las cuatro voces de las cantantes se unen en una declaración de intenciones para mandar un mensaje de una nueva escena musical que sigue apostando por la identidad, diversidad y evolución sonora. En ‘Tus iniciales’ podemos sumergirnos en una fusión sonora de elementos latinos y españoles, donde destaca la transformación artística y ambiciosa de Lola Índigo.
Este es más que un lanzamiento para Lola. Se trata de una nueva puerta que se abre para su trayectoria, pues marca el inicio de su próximo material de larga duración, y supone la reactivación del proyecto antes de grandes planes que tiene en mente. Con ‘Tus iniciales’, Lola Índigo marca el inicio de una etapa distinta: un periodo en el que las alianzas creativas, la búsqueda de nuevas formas y el impulso de lo femenino ocupan el centro de su propuesta artística.
Por ahora, ya puedes escuchar ‘Tus iniciales’ en todas las plataformas de streaming musical.
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Universal Pictures ha presentado el tráiler oficial de Focker In-Law, ampliando el círculo de confianza de Ben Stiller y Robert De Niro. La cinta se estrenará este año en el día de Acción de Gracias el 27 de noviembre, junto al ícono de la comedia y el dos veces ganador del Óscar de nuevo en la pantalla. Además, con Ariana Grande en el cast, se abre un nuevo capítulo para la franquicia de Meet the Parents.
Ben Stiller bromeó sobre el propósito totalmente intencionado de que hubieran 15 años de diferencia entre la tercera y cuarta película. Ahora, dice que tiene aproximadamente la misma edad que De Niro en la cinta que filmaron en el 2000: “Supongo que se podría decir que soy el nuevo De Niro de la franquicia”. De Niro no se contuvo al momento y agregó su humor para decir: “No digas eso. Es una gran falta de respeto. Hiciste una comparación muy poco halagadora que me obligó a defender mi honor”.
El tráiler de Focker In-Law introduce a Olivia, un nuevo personaje dentro de la franquicia. Este papel, interpretado por Ariana Grande, se perfila como uno de los ejes centrales de la historia. La secuencia inicial muestra al personaje de Robert De Niro sometiéndola a un detector de mentiras, en un guiño directo a la primera entrega de la saga.
“¿Crees que mantengo a Henry emocionalmente rehén?”, pregunta Stiller refiriéndose a su hijo, el interés amoroso del personaje de Grande. Más tarde, Grande le dice a la familia: “La gente me subestima, pero en realidad fui negociadora de rehenes del FBI”.
De Niro y Stiller han elogiado el papel de Grande en esta nueva cinta, mencionando su gran actuación y su reciente nominación al Óscar. “Recibió una nominación al Óscar”, le dijo De Niro a Stiller. “¿Cuántas nominaciones tienes tú?”. De Niro añadió: “Yo no escribí esto”.
Escrita y dirigida por John Hamburg, quien coescribió las tres películas anteriores de Meet the Parents, Focker-In-Law está producida por la nominada al Óscar Jane Rosenthal y Robert De Niro para Tribeca Productions; Ben Stiller y el ganador del Óscar John Lesher para Red Hour Films; el ganador del Emmy Jay Roach para Delirious Media; y John Hamburg para Particular Pictures. Entre el reparto encontramos a Robert De Niro, Ben Stiller, Ariana Grande, Owen Wilson, Blythe Danner, Teri Polo, Skyler Gisondo, Beanie Feldstein y Eduardo Franco.
Bajo la dirección de Jay Roach, la comedia Meet the Parents sigue a un enfermero interpretado por Ben Stiller que intenta ganarse la aprobación del estricto y dominante padre de su pareja, encarnado por Robert De Niro. Estrenada en 2000, la cinta fue un fenómeno en taquilla, superando los 330 millones de dólares a nivel global. Su continuación, Meet the Fockers, amplió el reparto con Dustin Hoffman y Barbra Streisand, y logró incluso mejores cifras, alcanzando alrededor de 522 millones de dólares en todo el mundo.
Ahora, Focker In-Law se centra en Skyler Gisondo, quien interpreta al hijo de los personajes de Stiller y Polo, y que se compromete con el personaje de Grande, aparentemente una mujer inadecuadamente para él. ¿Logrará entrar al círculo de confianza de Ben Stiller y Robert De Niro?
Mira aquí el tráiler oficial de Focker-In-Law:
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Rata Blanca confirmó su regreso al escenario del Movistar Arena para el miércoles 2 de diciembre. Y las entradas salen a la venta esta semana.
La banda liderada por Walter Giardino junto a Adrián Barilari viene de meses de gira por Estados Unidos, España y buena parte de América Latina, con la excusa de la celebración de los 35 años de Magos, espadas y rosas, su obra cumbre.
El año pasado, solo en Buenos Aires, llenaron el Movistar Arena y agotaron funciones en el Teatro Flores. Como si fuera poco, en este 2026 volverán a Europa, Centroamérica y anunciarán nuevas fechas en Sudamérica.
Mirá el registro de su último paso por el estadio de Villa Crespo:
Rata Blanca en Movistar Arena: ¿cuándo salen a la venta las entradas?
La venta general de entradas para ver a Rata Blanca en el Movistar Arena comienza el miércoles 22 de abril a las 16, mientras que los clientes BBVA acceden a una preventa exclusiva el lunes 20 de abril a las 16 (con hasta tres cuotas sin interés). Los tickets se adquieren a través de la web oficial del estadio.
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En el mundo del entretenimiento, la palabra “versatilidad” termina casi siempre como parte de algún discurso de marketing vacío. Sin embargo, para Juan Felipe Samper —conocido simplemente como Samper— esa palabra se ajusta plenamente a la realidad, es una bandera, una armadura forjada a través de dos décadas de búsqueda incesante. Hoy, a sus 40 años, el artista colombiano atraviesa un momento en el que los planetas de la actuación y la música parecen alinearse desde la perspectiva de una madurez muy consciente.
Samper no solo carga con el peso de haber sido la cara visible del tropipop, uno de los movimientos musicales más grandes de Colombia en lo que va de este siglo XXI, sino que hoy se erige como un actor con muchísimo potencial y un músico comprometido que ha decidido, finalmente, dejar de complacer a los demás para encontrarse consigo mismo.

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Para muchos, ver a Samper es recordar los conciertos multitudinarios de mediados de los 2000. Pero para la industria del cine y la televisión, Juan Felipe es un lienzo sobre el cual se han empezado a vislumbrar posibilidades dramáticas de múltiples tonalidades. Este año se perfila como el de su consolidación actoral, un frente que él mismo define con enorme entusiasmo.
“Por el lado actoral hay tres lanzamientos que a mí me tienen muy emocionado. Sale [una nueva temporada de] Perfil falso, donde me estreno haciendo un papel que nunca antes había hecho en ninguna ficción que yo hubiera realizado. Él es gay, a mí eso me pareció muy interesante al interpretarlo”, confiesa Samper. Para un artista que creció en un entorno donde “uno no se viste así, uno no dice eso, pilas con esto”, asumir un rol que rompe con el estereotipo del galán tradicional es, en esencia, un acto de rebeldía creativa.
Esa búsqueda de la diferencia lo ha llevado a cruzar fronteras. “Va a salir otro que es Memorias de un sinvergüenza, una producción que hicimos para VIX y Televisa, y sale hacia finales de año la primera película que hice para cines, para cine mexicano. Eso me tiene muy contento, me tiene feliz. Entrar al cine y más al cine mexicano no es algo que pase todo el tiempo y que le pase a todos los actores”. Ese proyecto está basado en el libro Memorias de un sinvergüenza de siete suelas, de la colombiana Ángela Becerra.
“En la actuación me encantaría hacer cosas que me saquen totalmente de mi realidad y sobre todo que muestren un lado oscuro mío”, dice. Cita a Meryl Streep para explicar su proceso: “Meryl Streep dice una cosa que yo amo y es que cada papel que interpretas deja en evidencia una parte que existe en ti, y eso a mí me vuela la cabeza porque, claro, si tú haces un loco demente y tiene que ser porque tú de alguna u otra manera lo tienes ahí. Me gustaría explorar eso”. En estas recientes producciones, Samper ha compartido set con figuras de la talla de Jaime Camil, Natalia Tellez, Carolina Miranda, Eric Elías o Manolo Cardona.
A pesar de su éxito actual, Samper no es ajeno a lo desafiante que puede llegar a ser la industria. “La competencia en televisión, en teatro y en cine también es muy alta, y a mí hoy no me ha llegado un papel que yo diga, ‘Este es el que soñé. Este es el que quiero’, uno en el que pueda tener un salto emocional berraquísimo. Me gustaría mucho eso, pero uno va de a poco”. Esa paciencia es el síntoma más claro de su madurez: “Lo que sí creo es que con el tiempo te vas volviendo un poco más picky, y ya hoy en día cuando recibo libretos y cosas, ya también tú dices, ‘Mierda, no quisiera hacer esto’”.

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Mientras Juan Felipe Samper continúa consolidándose en los sets de grabación, el eco de su pasado musical sigue resonando con una fuerza que ni él mismo esperaba, y hoy es muchísimo más que un eco. Sin Ánimo de Lucro, la banda que —inspirada por el trabajo que empezó Carlos Vives en los años 90— fusionó el pop con el acordeón y la parranda, vive un segundo aire, impulsada por la nostalgia y un catálogo que evidentemente se niega a morir.
“Después en el lado de la música, fíjate que yo he vivido mi vida como en esos dos frentes y dentro de la música tengo dos frentes, además. Tengo Sin Ánimo de Lucro, con quienes volvimos a tocar después de pandemia, y realmente ha sido maravilloso”, comenta. El regreso no fue un movimiento calculado de marketing, sino una respuesta a una audiencia que creció y maduró con ellos. “Sin Ánimo tiene esta cosa en donde ahorita le apela la nostalgia, mucha de la gente que creció oyendo esa banda hoy en día está en posiciones en las que quiere tener la banda en, es decir, están en posiciones de toma de decisiones en empresas, sobre todo. Y hay como un renacer de este contenido nostálgico, vuelve, y la gente dice ‘Ah, quiero volver a oír esta’”.
El regreso no se ha limitado a repetir una fórmula, y les ha permitido disfrutar de un proceso de autodescubrimiento que valoran cada día más. “Esto es como si tú hubieras dejado una pareja, un noviazgo durante muchos años, ya sabes qué le gusta, qué no le gusta, por qué se pone bravo, qué puntos es mejor uno no tocarle a la otra persona porque puede evitarse algún problema. Pasó mucha agua debajo de nuestros puentes”, confiesa Samper.

La banda ha celebrado este año dos décadas de existencia con el lanzamiento de un disco en vivo, un registro que, curiosamente, no tenían. “La primera intención que había con este disco en vivo es que Sin Ánimo no tenía nada en vivo… es una manera de refrescar y contar a la audiencia, ¿quién es Sin Ánimo de Lucro hoy en día? ¿Cómo suena hoy en día?”. El registro captura un concierto íntimo en una casa colonial del barrio La Candelaria, en Bogotá, un espacio donde la banda se desnudó musicalmente. “Quedó plasmada esa intimidad, ese reencuentro con los fans que empezaron el club de fans cuando tenían 15 años y hoy en día tienen 35. Nosotros también, teníamos 20 años, y ahora tenemos 40”.
Samper reflexiona sobre el lugar que ocupa el grupo en la historia de la música colombiana. Para él, Sin Ánimo de Lucro es parte del “top tres” del tropipop, sin duda alguna. Este género fue duramente atacado en su momento, pero una buena parte del público considera que el tiempo ha validado. “A mí me impresiona que Sin Ánimo de Lucro sí es un clásico y es un himno de una época colombiana, es muy bonito voltearte a ver y decir, ‘Mierda, mira el daño que hicimos con esto’ [risas]”.
Sin embargo, no olvida las cicatrices de la época de las críticas. “A mí me dio muy duro. Yo era muy pelado, tenía 25 años, y teníamos la nominación al Grammy. Había una inconsecuencia entre una cosa y la otra… Internamente esto desestabilizó mucho al grupo”. Hoy, su visión es más firme: “Me da rabia porque, si tú te pones a ver el reggaetón, sin que sea mi género preferido para nada, sufre mucho de eso y les vale huevo, y tienen una fortaleza interna. Yo creo que le faltó eso al tropipop… nos faltó arroparnos un poco más por parte de quienes manejaban en ese momento las bandas”.

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Si Sin Ánimo de Lucro es la “cajita de música de fiesta”, el proyecto de Samper como solista, parece ser su confesionario. Tras años de trabajar un poco en la sombra con muchísima gente, incluyendo sesiones con Justin Bieber para el remix de ‘Despacito’ en Colombia, colaboraciones con Morat, Andrés Cepeda y Adriana Lucía, finalmente está listo para lanzar su primer álbum de larga duración.
“Lo que más emocionado me tiene es que acabo de terminar de grabar mi álbum, que coproduje junto a Daniel Duplat. Es el primer álbum solista, y en este realmente va a quedar en evidencia toda mi influencia del rock argentino, del rock británico”, revela. Para Samper, este disco es más que otro paso en su carrera, y lo ve como una necesidad vital. “Tuve la fortuna de grabarlo en bloque, como se grababa antes, siempre había querido hacer un álbum así, y todas las historias que vamos a contar ahí son historias reales de mi vida, de mis relaciones con el amor en sus diferentes estados”.
El camino hacia este álbum ha estado lleno de obstáculos administrativos que Samper ha transformado en fortaleza creativa. “Para mí es súper doloroso que haya habido mucho espacio entre los lanzamientos de Samper solista… Pero todo ese proceso le ha dado una fortaleza, tengo una ilusión gigante, como cuando uno habla de un bebé, literal [Risas]. Me brillan los ojos y toda la cosa, y estoy en ese momento de mi vida en que me vale huevo y me importa un culo si le gusta a muchos, a poquitos o a nadie”.
Este Samper solista busca ser un storyteller, es el tipo que creció escuchando a Oasis, a los Beatles, a los Rolling Stones, o a Fito Páez, Charly García, Soda Stereo y Aterciopelados. Es el artista que prefiere la simpleza de un acorde bien puesto a la pirotecnia del virtuosismo intelectual. “Una cosa que aprendí en estos 20 años de carrera, es que uno chiquito quiere hacer cosas complicadas… hoy en día creo que la simpleza tiene mucha más fuerza que otras cosas. Hacer bien un ritmo en la guitarra es mucho más difícil que hacer una armonía que suene bien enredada”.

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Más allá de los desafíos y reflexiones que han venido con el arte, Samper ha venido emprendiendo una serie de búsquedas y viajes espirituales que parecen redefinir sus prioridades. Habla de su experiencia con la ayahuasca no como una moda, sino como un proceso de conciliación con su propia existencia y sus miedos más profundos.
“Fíjate que ese tipo de trips y ese tipo de experiencias en mi vida han sido fundamentales, porque yo sí tengo una cantidad de cuestionamientos sobre para qué estoy acá. ¿Por qué le tengo tanto miedo a la muerte? ¿Por qué la muerte se me presentó tan de frente siendo tan chiquito?”, se pregunta. Esa búsqueda lo ha llevado a entender que su identidad no está amarrada a su profesión. “Si tú me preguntas a mí ‘¿Tú quién eres?’, yo no te voy a decir que soy un cantante o un actor. Eso es lo que hago… Yo soy este bicho que está acá, y ayudarle a ese bicho a que encuentre qué mierda es lo que está haciendo dentro de esta locura de vida era muy importante para mí”.
La ayahuasca lo ayudó a soltar cargas innecesarias y a entender que el éxito no se mide por la rapidez con la que llegan los premios. Recuerda cuando, a los 24 años, estaba en los Latin Grammy y vio a Luis Enrique ganar después de 22 años de espera. “Mi reflexión en ese momento fue, ‘Esto a algunos les cuesta mucho, a algunos nos llega más rápido’, y creo que todo tiene que ver con tu nivel de conciencia… la manera en que lo disfrutas y en lo que tú necesitas crecer va a pasar en la medida que tú conscientemente lo puedas leer”.
Hoy, Samper se parece a un hombre que habita tres planetas: Uno es el del actor que explora la un mundo de nuevas posibilidades, está el del músico que canaliza la nostalgia colectiva en la fiesta, y está el hombre que se sienta al piano para dejar que las historias fluyan. En ese equilibrio ha encontrado una paz que le llena de satisfacción. Samper ya no está buscando el éxito; está buscando la verdad, y en ese camino, finalmente, ha encontrado su voz más poderosa.
Porque, como él mismo dice: “Las cosas pasan cuando tienen que pasar… y ¿sabes cuándo tienen que pasar? Cuando tienes los ojos abiertos para reconocer lo que pasó y ahí es donde estás listo”. Y Samper, después de 20 años de ruido y silencio, parece estar más listo que nunca.
Fotografía por Mario Alzate.
Producción Ejecutiva por Diego Ortiz.
Producción de campo por Bibiana Quintana.
Estilista principal: Ana Carolina Gonzalez Bortot.
Estilista en el set: Lucine Ayanian.
Asistentes de estilismo: Masha Mir, Grace.
Peinado y maquillaje: Linda Belkahla Soleta.
Asistente de producción: Ana Carolina Gonzalez Bortot.
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En los días posteriores al golpe militar en Chile del 11 de septiembre de 1973, el cantante y guitarrista folk Víctor Jara fue detenido y trasladado al Estadio Chile, un recinto deportivo convertido en centro de detención masiva por la dictadura de Pinochet. Allí fue torturado y ejecutado.
Sus torturadores le destrozaron las manos y lo hicieron desfilar por el estadio, burlándose de él para que intentara tocar la guitarra. Esta brutalidad era simbólica. Jara era una figura pública, un músico cuya obra se había entrelazado de tal manera con las aspiraciones democráticas y la lucha de la clase trabajadora, que se decía que su música era más poderosa que mil ametralladoras. Silenciarlo significaba silenciar a las masas, pero no se logró.
Las canciones de Jara perduraron, transmitidas a través de grabaciones, recuerdos y comunidades tanto en Chile como en el extranjero. El estadio donde fue asesinado lleva ahora su nombre, y su música sigue cantándose generaciones después, desde Joan Baez hasta Bruce Springsteen, pasando incluso por Bad Bunny.
Desafortunadamente, la rendición de cuentas ante la ley suele llegar mucho después de la caída de un régimen autoritario, como ocurrió en el caso de Jara. Allí, tras décadas de búsqueda, se localizó al teniente responsable en Florida, tras haber huido de Chile después del colapso del régimen. Junto con el Centro para la Justicia y la Rendición de Cuentas, mis colegas y yo interpusimos una demanda civil contra él ante el Tribunal de Distrito de los Estados Unidos para el Distrito Medio de Florida, en virtud de la Ley de Reclamaciones por Agravios contra Extranjeros y la Ley de Protección de Víctimas de Tortura, por detención arbitraria, tortura, ejecuciones extrajudiciales y crímenes de lesa humanidad.
Y así, aunque la rendición de cuentas a veces llegue tarde, la música forma parte de la inspiración que, en última instancia, impulsa a una sociedad a rechazar el régimen y exigirle responsabilidades, para avanzar hacia la justicia transicional.
Los regímenes autoritarios siempre han temido el poder de la música. Desde la prohibición de conciertos hasta el encarcelamiento, el exilio, la tortura y castigos peores, los regímenes autoritarios han atacado repetidamente a músicos cuya obra transforma el descontento político en un lenguaje compartido. A lo largo de décadas y en distintos continentes, los gobiernos autoritarios han respondido a la música de protesta con una consistencia sorprendente.
En la Sudáfrica del apartheid, la cantante Miriam Makeba se vio obligada a exiliarse durante décadas tras criticar al régimen; su música fue prohibida en su país, a pesar de haber alcanzado una gran popularidad en el extranjero. En la Grecia de los 60, bajo el régimen militar, la música de Mikis Theodorakis fue prohibida por decreto, y su compositor fue encarcelado y exiliado. En la Checoslovaquia de la Guerra Fría, a los músicos clandestinos se les retiraron las licencias, fueron arrestados y acosados por negarse a ajustarse a la estética sancionada por el Estado.
Más recientemente, artistas como la artista kurda Nûdem Durak en Turquía, la cantante pop uigur Ablajan Awut Ayup en China y la banda rusa Pussy Riot han sido procesados bajo leyes de seguridad nacional restrictivas, detenidos por letras consideradas subversivas o tachados de extremistas por presentaciones que cuestionan la narrativa oficial. En cada caso, la respuesta del Estado revela una inquietud común: el autoritarismo no solo se basa en el miedo, sino también en la fragmentación. La música de protesta hace lo contrario al crear una banda sonora de resistencia.
Los regímenes reaccionan porque la música, especialmente en momentos de represión, se convierte en un multiplicador de poder. Unifica a las comunidades, fomenta el pensamiento crítico, moviliza a la oposición e inspira a la acción. Hemos visto destellos de esto recientemente: desde la presentación de Bad Bunny en el medio tiempo del Super Bowl, en el que promovió la unidad y el amor como reacción a las redadas del ICE, la colonización de Puerto Rico y la retórica contra Latinoamérica, hasta el resurgimiento de canciones de resistencia de hace décadas. Entre ellas se encuentran ‘Killing in the Name’ de Rage Against the Machine, sobre el racismo institucionalizado y la brutalidad policial en el contexto del veredicto de Rodney King; ‘Zombie’, el himno antibélico por excelencia de The Cranberries; y ‘B.Y.O.B. (Bring Your Own Bomb)’ de System of a Down, que protesta contra la guerra de Irak; pasando también por ‘Ohio’ de Crosby, Stills, Nash y Young, sobre el asesinato de estudiantes en Kent State a manos de la Guardia Nacional, y ‘Fortunate Son’ de Creedence Clearwater, sobre las élites que evaden el servicio militar. Lamentablemente, muchas de estas canciones han cobrado mayor relevancia en la actualidad, desde las atrocidades cometidas contra civiles inocentes en conflictos por alrededor del mundo hasta los asesinatos extrajudiciales de estadounidenses en su propio país.
La canción que sobrevivió al estadio
Aunque los regímenes siguen intentando silenciar a los artistas, la historia nos muestra una ironía persistente: cuanto más agresivamente ataca un régimen a la música, más perdurable suele volverse su mensaje.
Pocas historias ilustran esto con tanta claridad como la de Jara. Décadas después de su asesinato y años tras la caída del régimen de Pinochet, la justicia entró en escena, no como sustituto de la música, sino como medio para evitar el olvido. En una demanda civil federal en Estados Unidos, un jurado declaró culpable a un exoficial militar chileno de la tortura y el asesinato de Jara, otorgándole una indemnización a su familia y dejando constancia de las atrocidades cometidas. A partir de las pruebas obtenidas en este proceso y por las autoridades chilenas, el teniente Pedro Pablo Barrientos Núñez será ahora juzgado ante los tribunales chilenos. Aunque la rendición de cuentas llegó tarde, lo hizo con un registro fidedigno y una declaración de responsabilidad. El resultado es un reconocimiento legal de que lo que ocurrió fue importante y aún lo es.
Si bien la música por sí sola no puede garantizar la rendición de cuentas, la ley puede asegurar que la violencia no desaparezca en la negación o en la amnesia histórica. Los procesos legales exigen pruebas, asignan responsabilidades y transforman los testimonios en historia. Lo que los regímenes autoritarios pretenden borrar, la ley lo preserva.
En los casos relacionados con artistas perseguidos, la justicia ha afirmado que la represión cultural no es algo incidental al autoritarismo, sino que es fundamental para él. Estos casos ponen de manifiesto que los ataques contra los artistas son ataques contra la propia expresión colectiva.
Resonancia más allá de la represión
Los regímenes autoritarios atacan a los artistas precisamente porque comprenden su poder. Sin embargo, lo que no logran comprender es la resonancia. Un disparo puede sonar una sola vez, pero una canción resuena a través de generaciones. Las canciones perduran porque están diseñadas para repetirse. Se pueden cantar en voz baja o alta, en público o en privado. Las letras escritas para una lucha pueden inspirar otra décadas más tarde. Esta continuidad explica por qué las canciones de protesta de épocas pasadas siguen resurgiendo en momentos de tensión política.
La música enseña a las personas a verse a sí mismas como parte de algo más grande; a resistir. El derecho enseña al mundo a recordar. Junto con abogados y jueces, los artistas transforman las voces en derechos, reconocimiento y justicia. De este modo, la música sigue siendo una banda sonora compartida de la resistencia.
Christina Hioureas es una abogada radicada en Nueva York y especializada en derecho internacional, que defiende casos ante tribunales internacionales. También es profesora visitante de Derecho en la Facultad de Derecho de la Universidad de California en Los Ángeles y de la Universidad del Sur de California, donde imparte cursos sobre legislación en materia de derechos humanos. Representó legalmente a la viuda y las hijas del fallecido músico folclórico chileno Víctor Jara, logrando una sentencia histórica contra el teniente responsable de su tortura y ejecución durante la dictadura de Pinochet.
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Everybody, even huge pop stars, has that one person they would absolutely lose it over if they met them in person. For a long time, Billie Eilish had Justin Bieber at the top of her list. But now they’ve become friendly and, in case you missed it, over the weekend, Bieber, 32, made Eilish’s tween dreams come true when he invited his self-proclaimed superfan onto the stage to serenade her with his 2009 song “One Less Lonely Girl.”
It was clear from the hugs and laughter that Eilish, 24, was having the time of her life, and her mom, Maggie Baird, confirmed it in a sweet Instagram note honoring the special relationship between her daughter and Justin.
“One of the most touching moments ever. It sounds crazy, but we watch our children develop these deep deep connections to artists who move them and usually there’s nothing in our power to do,” wrote Baird in the post, which featured a picture of Billie hugging Justin with a giant smile on her face, as well as the footage of Eilish losing it as she stumbled and fell to her knees while making her way to the stage for the once-in-a-lifetime moment.
“But we buy them records and maybe buy them a ticket to a concert (or a movie of a concert in our case because we couldn’t afford to see an actual concert),” she continued of her daughter, who has been a Belieber for half her life. “Watching this crazy unimaginable dream come true over many years is so incredible. I’m so grateful to Justin Bieber for the kindness he has shown Billie and to our whole family and to Hailey who makes so many things wonderful and possible♥️♥️.”
Justin’s wife, Hailey Bieber, responded with a “❤️ you guys!” in the comments, followed by a “so special.” In other pics, Baird hugs Eilish after the special on-stage moment and mom and daughter fangirl together over Justin’s show from the audience. Later, Eilish — who has spoken in the past about how Bieber offered her advice and friendship early in her career — provided an update on her emotional state following the life highlight moment: “can’t stop crying,” she wrote in an Instagram Story on Sunday accompanied by a pic of her laying in bed with red-rimmed eyes.
Katy Perry shared a playful moment from her recent trip to Rome, joking about tossing her credit card into the Trevi Fountain for “good luck.”
In a video posted to Instagram over the weekend, the singer is seen standing at the landmark before briefly throwing her card into the water — a tongue-in-cheek spin on the centuries-old tradition of visitors tossing coins to ensure a return to the city.
“Y’all, I told you in ‘Save as Draft’ that I don’t f**k with change,” Perry says in the clip, referencing a lyric from her 2017 track, before adding, “But I feel like I need to put something in the Trevi Fountain for good luck.”
She quickly retrieves the card as it begins to float away, turning the moment into a light bit of travel humor rather than a serious offering.
Perry’s post was part of a wider set of images from Rome, captioned “Just Rome’ing around,” showing the artist moving through the city in a more low-key, offstage setting.
The visit also included a private performance at the La Nuvola convention center, though further details about the event have not been publicly shared.
The social media moment arrives amid a more serious development earlier in the week, after Australian actor Ruby Rose publicly alleged that Perry sexually assaulted her during an encounter in Melbourne years ago. Victoria Police confirmed an investigation is underway following a report.
A representative for Perry has denied the allegation, calling the claims “categorically false” and “dangerous reckless lies.”
The post also follows Perry’s recent appearance at the Coachella Valley Music and Arts Festival, where she was spotted during weekend one alongside former Canadian Prime Minister Justin Trudeau. The pair were seen in the crowd during Justin Bieber’s set, adding to recent public sightings of the two together.
Jesy Nelson has appealed for public assistance after her car — containing essential medical equipment for her infant daughters — was stolen from her driveway.
The former Little Mix member shared the news via Instagram Stories, revealing that her black Land Rover Defender was taken in the early hours of the morning from her home in Brentwood, Essex.
She asked anyone with information to come forward, writing, “Please if any of you have seen or know of any information, can you DM me or contact the police. I have so much of my girls’ hospital equipment in that car that’s really needed.”
The incident carries added urgency due to the health needs of Nelson’s twin daughters, Ocean Jade and Story Monroe, who were diagnosed earlier this year with spinal muscular atrophy (SMA), a rare genetic condition that affects muscle strength and movement.
Nelson has spoken publicly about the challenges of caring for her daughters following the diagnosis, describing the experience as an intense period involving frequent hospital visits and ongoing medical support. SMA, particularly Type 1, can impact essential functions including breathing, swallowing and mobility, often requiring specialized equipment for daily care.
In January, Nelson shared that her daughters’ condition would likely have long-term implications. She said doctors had informed her that the children may not be able to walk or regain full neck strength, underscoring the importance of consistent medical treatment and equipment access.
Since opening up about her daughters’ diagnosis, Nelson has also become an advocate for increased awareness around SMA. She recently voiced support for updated government plans to introduce newborn screening for the condition, emphasizing the importance of early detection and treatment.
The theft of the vehicle — and the loss of critical medical supplies — has prompted concern among fans, with Nelson using her platform to amplify the search and encourage anyone with information to contact authorities.
Nelson rose to prominence as a member of Little Mix, one of the U.K.’s most successful girl groups, before departing the group in 2020. She later launched a solo career with the single “Boyz,” followed by subsequent releases including “Bad Thing.”
At the time of publication, there have been no updates on the vehicle’s recovery.
