A Perfect Circle, una de las bandas que marcaron a fuego el cambio de milenio, confirmó su regreso a Buenos Aires tras más de una década de ausencia. La cita será el próximo 28 de noviembre en el Microestadio Malvinas Argentinas.
El grupo, nacido en 1999 de la sinergia entre el guitarrista Billy Howerdel y la voz enigmática de Maynard James Keenan, traerá un show que promete ser una antología de su discografía. Desde los himnos viscerales de Mer de Noms (2000), como “Judith” o “3 Libras”, hasta la sofisticación política de eMOTIVe y la madurez sonora de Eat the Elephant (2018), la banda repasará un legado de 25 años que los posicionó como arquitectos de un sonido único.
Como si el retorno de A Perfect Circle no fuera suficiente, la noche contará con un valor agregado de alto voltaje: Puscifer. La otra criatura multidimensional de Keenan, junto a Mat Mitchell y Carina Round, oficiará de apertura con su propuesta que cruza el art-rock, la electrónica y la teatralidad visual. Una oportunidad inédita para ver dos de las facetas más inquietantes de Maynard en una misma jornada.La venta general de entradas comienza el miércoles 6 de mayo a las 14 hs a través de LivePass.
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La Cámara Argentina de la Música Grabada (CAPIF) anunció el listado completo de nominados a los Premios Gardel 2026. La ceremonia se realizará el martes 26 de mayo, mientras que en los próximos días se darán a conocer el lugar, los artistas que participarán de la gala, los conductores y la señal de transmisión.
En la categoría Álbum del Año competirán Cazzu con Latinaje, Milo J con La vida era más corta, Lali con No vayas a atender cuando el demonio llama, Babasónicos con Cuerpos, vol. 1 y Marilina Bertoldi con Para quién trabajas vol. 1.
Por su parte, en Canción del Año están nominados Babasónicos por “Advertencia”, Milo J por “Niño”, Lali & Miranda! por “Mejor que vos”, Cazzu por “Con otra”, Angela Torres por “Favorita”, Marilina Bertoldi por “El gordo”, Yami Safdie y Camilo por “Querida Yo”, Trueno por “Fresh” y CA7RIEL & Paco Amoroso por “#Tetas”.
Las nominaciones abarcan 53 categorías y fueron anunciadas a través de las redes sociales oficiales del premio, donde cada terna se presentó mediante videos publicados en Instagram y YouTube.
PREMIOS GARDEL 2026 – NOMINACIONES
Álbum del año
- Latinaje — Cazzu
- No vayas a atender cuando el demonio llama — Lali
- La Vida Era Más Corta — Milo J
- Cuerpos, vol.1 — Babasónicos
- Para quién trabajas vol. I — Marilina Bertoldi
Canción del año
Advertencia
INTÉRPRETE: Babasónicos
AUTOR: Adrián Rodríguez
COMPOSITOR: Adrián Rodríguez
Niño
INTÉRPRETE: Milo J
AUTORES: Camilo Joaquín Villarruel, Gregorio Armando Reinaldo Nelli, Mario Del Tránsito Cocomarola
COMPOSITORES: Camilo Joaquín Villarruel, Santiago Alvarado, Santiago Ruiz “Tatool”, Gregorio Armando Reinaldo Nelli, Mario Del Tránsito Cocomarola
Mejor que vos
INTÉRPRETES: Lali & Miranda!
AUTORES: Mariana Espósito, Mauro De Tommaso, Martin D’Agosto, Alejandro Sergi
COMPOSITORES: Mariana Espósito, Mauro De Tommaso, Martin D’Agosto, Alejandro Sergi
Con Otra
INTÉRPRETE: Cazzu
AUTORA: Julieta Emilia Cazzuchelli
COMPOSITOR: Nicolás Cotton
Favorita
INTÉRPRETE: Angela Torres
AUTORES: Ángela Caccia Torres, Isabela Terán Lieban, Fermín Ugarte, Mauro De Tommaso
COMPOSITORES: Ángela Caccia Torres, Isabela Terán Lieban, Fermín Ugarte, Mauro De Tommaso
El gordo
INTÉRPRETE: Marilina Bertoldi
AUTORA: Marilina Bertoldi
COMPOSITORA: Marilina Bertoldi
Querida Yo
INTÉRPRETES: Yami Safdie, Camilo
AUTORES: Yami Safdie, Camilo
COMPOSITORES: Yami Safdie, Camilo
Fresh
INTÉRPRETE: Trueno
AUTOR: Mateo Palacios Corazzina “Trueno”
COMPOSITORES: Mateo Palacios Corazzina “Trueno”, Santiago Gabriel Ruiz “Tatool”, Lukas Benjamin Leth Kroll
#Tetas
INTÉRPRETES: Ca7riel & Paco Amoroso
AUTORES: Catriel Guerreiro, Ulises Guerriero, Rafa Arcaute, Federico Vindver, Vicente Jiménez “Vibarco”, Gino Borri, Carolina Isabel Colón Juarbe “GALE”
COMPOSITORES: Catriel Guerreiro, Ulises Guerriero, Rafa Arcaute, Federico Vindver, Vicente Jiménez “Vibarco”, Gino Borri, Carolina Isabel Colón Juarbe “GALE”
Grabación del Año
- In the City — Charly García & Sting
- Niño — Milo J
- Mejor que vos — Lali & Miranda!
Ingeniería de Grabación
- Papota — Ca7riel & Paco Amoroso
- A tres días de la tierra — Eruca Sativa
- La Vida Era Más Corta — Milo J
Mejor Álbum Artista de Folklore
- Mirarse en otros ojos — La Ferni
- Décimas — Maggie Cullen
- Fuera de lugar — Liliana Herrero
Mejor Álbum Artista de Rock
- Para quién trabajas vol. I — Marilina Bertoldi
- El retorno — Santiago Motorizado
- El (in) Correcto Uso de la Metáfora — Richard Coleman
- Continhuará — Fernando Ruiz Díaz
- Novela — Fito Paez
Mejor Álbum Artista de Tango
- Canciones de dos puertos — Alfredo Piro Rinaldi
- Pratanguero: 4º Esquina Final — Ariel Prat
- Actos de gentileza — Florian
Mejor Álbum Artista Pop
- Cuerpo — Olivia Wald
- Detalles — Zoe Gotusso
- Mi Norte & Mi Sur — Diego Torres
- No vayas a atender cuando el demonio llama — Lali
- No me olvides — Angela Torres
- El Verdadero — Juan Ingaramo
- Perfectas — Emilia
Mejor Álbum Artista Tropical / Cumbia
- Homenaje al chino de la Nueva Luna — Daniel Cardozo
- Malportada — Nathy Peluso
- La Casa De La Cumbia vol.1 — The La Planta
- Vol. 1 — El Negro Tecla
Mejor Álbum Banda de Sonido
- The Last of Us: Season 2 — Gustavo Santaolalla & David Fleming
- La mujer de la fila — Daniel Godfrid y Sebastián Espósito
- Los Mufas: Suerte para la desgracia — Juan Blas Caballero
Mejor Álbum Canción de Autor
- Gamurgatrónica — Ruben Rada
- Querida Yo — Yami Safdie
- Vivir Así — Barbarita Palacios
- Serenata en Mi Mayor para un amor y un atardecer — Coti
- Amor de mi herida — Camilú
Mejor Álbum Conceptual
- Tucumano Soy — Juan Falú
- La Vida Era Más Corta — Milo J
- Sandro así — Ariel Ardit
Mejor Álbum de Cuarteto
- Rompecabezas — Ulises Bueno
- Mejores Amigos de La Muela — Eugenia Quevedo
- Que sed — Luck Ra
- En Vivo Buenos Aires — La K’onga
Mejor Álbum de Hip Hop / Rap
- Okupas — Little Boogie & Stereo
- Bhavilonia — Bhavi
- Culto III — Neo Pistea
- Gauchos — Veeyam
- EUB Deluxe — Trueno
- Versus — Paulo Londra
Mejor Álbum de Jazz
- Apocalipsis — Pipi Piazzolla Trio
- Tomás Sainz — Tomás Sainz
- New York Sessions Vol. 1 — Leo Genovese – Mariano Otero
- Nomads — Valentino Jazz Bazar & Carrie Dianne Ward
- Todos los fuegos — Roxana Amed
Mejor Álbum de Música Clásica
- Compositores Argentinos — Grupo Vocal de Difusión & Mariano Moruja
- Sergio Parotti: Cuartetos de Cuerdas Vol. 1
- Murmullo en las aguas — Las Destrozzi
- El Teremín, la Serie y el Boxitracio — Martín Proscia y Pablo Borrás
Mejor Álbum de Música Global
- Huaucke Habibi — Los arcanos del desierto
- Latinaje — Cazzu
- Impulsa el Círculo — Brenda Martin
Mejor Álbum de Música Romántica Contemporánea
- Gracias a la Vida — Abel Pintos
- Alquimia — Patricia Sosa & Mijares
- Su Amigo Dyango, Vol. 1 — Dyango
Mejor Álbum de Pop Rock
- Polvo de estrellas — Turf
- El Regreso — Tan Bionica
- Los lobos — Estelares
- Ya No Estoy Aquí — Rayos Láser
- Alter ego — Silvestre y La Naranja
Mejor Álbum de Reggae/Ska
- Alfonsina y el mal — Señor Flavio
- La Respuesta — Leonchalon
- Raíces muy fuertes — Fidel Nadal
- A Tempo — Dread Mar I
Mejor Álbum en Vivo
- Juegue Kuelgue — El Kuelgue
- Hilda Canta Charly 2 — Hilda Lizarazu
- Hecho en Jamaica — Nonpalidece
- Conociendo Rusia vuelve a casa
- Trueno – Red Bull Symphonic
- Signos 25 años Vivo — Los Nocheros
- En vivo volumen I — Cindy Cats
- Esencia En Vivo — Cruzando El Charco
Mejor Álbum Folklore Alternativo
- Trinar(La flor) — Nadia Larcher
- 89 — Flor Paz
- Los días por venir — Lorena Astudillo & Ignacio Montoya Carlotto
Mejor Álbum Grupo de Folklore
- FAlklore Vol. 1 y 2 — Esto es ¡FA! & Mex Urtizberea
- Las canciones más lindas del mundo Vol. 2 — Dos Más Uno
- Hasta que aclare — Eva y Nadia
- Bipolar — Campedrinos
Mejor Álbum Grupo de Rock
- Divididos — Divididos
- Artificio — Indios
- A tres días de la tierra — Eruca Sativa
- El club de la pelea I — Airbag
- Cuerpos, vol.1 — Babasónicos
- Sesión 20° Aniversario — El Mató a un Policía Motorizado
Mejor Álbum Grupo Pop
- Nuevo Hotel Miranda! — Miranda!
- Vandalos — Bandalos Chinos
- 4EVER — K4OS
Mejor Álbum Grupo Tropical / Cumbia
- El Desvelo — La Delio Valdez
- Uriel Lozano vol.2 / Zapada en vivo — Un Poco de Ruido
- Todo el mundo está kaliente! — Kchiporros
Mejor Álbum Infantil
- Mardearena — Magdalena Fleitas
- Luna con duendes — Mariana Baggio y otros
- Cantá con El Reino Infantil
- Al Agua — Pez Pequeño Pez
Mejor Álbum Instrumental
- Las cuatro estaciones — Noelia Sinkunas
- Solo — Pipi Piazzolla
- La Magia — Quique Sinesi & Astrid Motura
Mejor Álbum Música Electrónica
- Deseo — Mistol Team
- Peces Raros – Spotify Sessions
- X-Sex — Six Sex
Mejor Álbum Orquesta y/o Grupo de Tango
- EMPA Orquesta de Tango
- Tangomorphosis — Pablo Estigarribia
- Tango — José Colángelo
Mejor Álbum Pop Alternativo
- Mi año gótico — Emmanuel Horvilleur
- Hotcore — Taichu
- En el Ciber — Benito Cerati
- Papota — Ca7riel & Paco Amoroso
- Tanya — Juana Rozas
Mejor Álbum Rock Alternativo
- Exultante — Carca
- Ceremonia — 1915
- Instantáneo — Viva Elastico
- Quiero que lo que yo te diga sea un arma — Winona Riders
Mejor Álbum Rock Pesado
- Vive — Claudio Marciello
- Legado — A.N.I.M.A.L
- Alto Viaje — Corvex
Mejor Álbum Urbano
- Gotti B — Tiago PZK
- Quimera — Maria Becerra
- 166 (Deluxe) retirada — Milo J
- Saturación pop — Ysy A
- Lamba — FMK
Mejor Arte
- Cuerpos, vol.1 — Babasónicos
- Doga — Juana Molina
- Novela — Fito Paez
Mejor Canción de Autor
- Luciérnagas — Milo J, Silvio Rodríguez
- Hielo Fino — Silvina Moreno
- Querida Yo — Yami Safdie, Camilo
Mejor Canción de Cuarteto
- Julieta & Romeo — Ian Lucas & Q’ Lokura
- Carita Triste — Q’Lokura, Los Herrera
- Tu misterioso alguien — Luck Ra feat. Miranda!
- Hielo, vino y coca — Los Tabaleros & Los Caligaris
- No se ve / Chingón — Desakta2
- DIOS — Ulises Bueno
- Otra Poesía — L-Gante, La K´onga
Mejor Canción de Folklore
- Décimas — Maggie Cullen
- Puño y letra — Duratierra
- Niño — Milo J
- El amor es un viento que regresa — Los Nocheros
Mejor Canción de Hip Hop / Rap
- Cadenas — Acru
- Fresh — Trueno
- Gil — Milo J, Trueno
- Retirada — Milo J
- PVSL — Paulo Londra
Mejor Canción de Pop
- Perfecto Final — Conociendo Rusia, Nathy Peluso
- El día del amigo — Ca7riel & Paco Amoroso
- El Ritmo — Bandalos Chinos
- Favorita — Angela Torres
- Me Gusta — Miranda! & TINI
- Mejor que vos — Lali & Miranda!
Mejor Canción de Rock
- El gordo — Marilina Bertoldi
- In the City — Charly García & Sting
- Volarte — Eruca Sativa
- Pensando en Ella — Dante Spinetta
- Advertencia — Babasónicos
- Aliados en un viaje — Divididos
Mejor Canción de Tango
- La Marcha de la Bronca — Quinteto Negro La Boca y varios
- La Guitarra — Melingo & Fito Paez
- Nada — Ariel Ardit y Lidia Borda
Mejor Canción en Vivo
- Fanático — Lali
- Inocente — Nonpalidece Ft. La Delio Valdez
- Tiny Desk — Ca7riel & Paco Amoroso
- Sábado — Cindy Cats
- La Taleñita — Milo J & Campedrinos
Mejor Canción Pop Rock
- 33 — Lali & Dillom
- #Tetas — Ca7riel & Paco Amoroso
- Barry Lindo — El Kuelgue
- Tus Cosas — Tan Bionica
- Desastres Fabulosos — Conociendo Rusia, Jorge Drexler
Mejor Canción Tropical / Cumbia
- Me Contó Un Pajarito — Fede Vigevani, Luck Ra, Ian Lucas
- Con Otra — Cazzu
- Si No Es Muy Tarde — Luciano Pereyra y otros
- Amiga Traidora — Angela Leiva
- Echar de Menos — Ke Personajes
- Tu jardín con enanitos — Roze y otros
Mejor Canción Urbana
- Sin cadenas — Paulo Londra
- Bzrp Sessions — Bizarrap, Daddy Yankee
- Olimpo — Milo J
- Cruz — Trueno & Feid
- Historia — Ramma
Mejor Colaboración
- Loco un poco — Turf & Lali
- Tu misterioso alguien — Luck Ra feat. Miranda!
- Campera de cuero — Los Tabaleros & Las Pastillas del Abuelo
- Jangadero — Milo J & Mercedes Sosa
- Mi Vida — Tan Bionica, Andrés Calamaro
- In the City — Charly García & Sting
- Mejor que vos — Lali & Miranda!
- Bzrp Sessions — Bizarrap, Daddy Yankee
- Me Gusta — Miranda! & TINI
- Me Contó Un Pajarito — varios
Mejor Colaboración Urbana
- Hasta que me enamoro — Maria Becerra, Tini
- Gil — Milo J, Trueno
- Bzrp Sessions — Bizarrap, Daddy Yankee
- Masna remix — FMK, Emilia, Nicki Nicole, Tiago PZK
- La verdadera — Ramma, Kidd Voodoo
- Flashbacks — Wisin, Paulo Londra, Big One
Mejor Colección de Catálogo
- Pelusón of Milk — Spinetta
- Suiza 1980 — Mercedes Sosa
- Adiós Sui Generis — Sui Generis
Mejor Nuevo Artista
- María Wolff
- Blair
- Little Boogie & Stereo
- Cindy Cats
- Tuli
- La Ferni
- Sofía de Ciervo
- Mia Folino
- Las Tussi
- Chechi de Marcos
- 143leti
Mejor Videoclip Corto
- El gordo — Marilina Bertoldi
- Bajo De La Piel — Milo J
- #Tetas — Ca7riel & Paco Amoroso
- In the City — Charly García & Sting
- Advertencia — Babasónicos
Mejor Videoclip Largo
- Todo Es Folklore — Los Tabaleros
- Papota — Ca7riel & Paco Amoroso
- La Vida Era Más Corta — Milo J
- No vayas a atender… — Lali
- Sonidos, barro y piel — Divididos
Productor del año
- Nico Cotton
- Evlay
- Gustavo Santaolalla
- Cachorro López
- Marilina Bertoldi
- Tatool
- Mauro De Tommaso
- Milo J
- Santiago Alvarado
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Luego de la ridícula pero divertida Panda Plan y su papel en la irregular pero encantadora Karate Kid: Legends, Jackie Chan se aleja de la comedia familiar para adentrarse de nuevo a la acción dramática, en donde se destacó con la potente The Foreigner. Shadow’s Edge, basada libremente en la cinta de Hong Kong Eye In The Sky de 2007, parte de un ex policía que ha cambiado la vigilancia por una rutina más tranquila, en este caso pasear perros por la ciudad. Wong mantiene intacta su capacidad de observación, y la película lo deja claro desde el inicio. Ese conocimiento práctico, aprendido en la calle, contrasta con un entorno policial que ahora depende de sistemas automatizados para entender el crimen.
A partir de ahí, la película abre dos frentes. Por un lado, la acción física. Por el otro, una red criminal ligada a tecnología, los robos de criptomonedas y un antagonista que opera desde las sombras. Las secuencias de pelea están bien construidas. Como en sus grandes películas de antaño, Chan se mueve con claridad dentro del espacio, usa objetos, cambia ritmos y la experiencia se nota. El hecho de que la mayoría del elenco masculino tenga formación en artes marciales se refleja en la ejecución, ya que los enfrentamientos tienen precisión, fluidez y continuidad. En ese contexto, la presencia de Tony Leung Ka-fai como Fu Lung-sang, alias “La sombra”, es el único actor sin ese entrenamiento que introduce un contraste interesante, más apoyado en presencia que en el movimiento.
Ahora bien, la película propone un entorno urbano amplio, pero en la práctica gran parte fue filmada en estudio. Esa decisión se percibe en la textura visual. Hay momentos donde el espacio se siente contenido, artificioso y controlado, casi aislado del exterior. Esto no afecta la acción directa, pero sí limita la sensación de ciudad viva que el guion sugiere.
Pero el verdadero problema aparece cuando la historia se detiene a explicarse. La trama introduce conceptos tecnológicos, robos digitales y planes complejos que se desarrollan a través de diálogos rápidos, pero la información se acumula sin jerarquía clara. El espectador recibe datos, pero la tensión no crece al mismo ritmo. En ese contexto, el contraste entre métodos tradicionales y tecnología queda planteado, pero no termina de integrarse. Wong observa, deduce y sigue patrones. La policía analiza desde pantallas y la película alterna entre ambos enfoques sin terminar de construir un conflicto sólido entre ellos.
Zhang Zifeng como He Qiuguo, la agente sobrina de Wong, aporta energía en pantalla. Su personaje entra con decisión, incluso en momentos donde el guion intenta frenarla. Hay una escena que lo resume bien con una entrada de acción que tuvo que modificarse durante el rodaje por la intensidad física del momento. Ese tipo de detalles habla de una película que encuentra su mejor forma cuando deja que el cuerpo guíe la escena.
La duración de la cinta, de casi 2 horas y media, termina jugando en contra. Los flashbacks, las explicaciones y los desvíos dilatan el recorrido. La historia avanza, pero con interrupciones constantes. Y al final, Shadow’s Edge funciona cuando se apoya en lo más directo, que es la acción, el movimiento y la presencia física. Jackie Chan y su equipo de jóvenes luchadores organizan la película desde ahí. Pero cada vez que el relato se aleja de ese eje, pierde fuerza y claridad.
P.D. No deje de ver los bloopers y una escena postcrédito.
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Hace mucho tiempo, en un Manhattan muy, muy lejano, una joven plebeya entró en un reino mágico llamado Vogue y consiguió un trabajo como asistente de la reina Wintour. Finalmente, escapó de las garras de su atormentadora y escribió una novela con personajes reales sobre sus experiencias. Los nombres se cambiaron y la historia se clasificó técnicamente como ficción. Pero todo el mundo sabía quién era realmente este personaje al estilo de Miranda Priestly, con su pañuelo Hermès y su lengua afilada. Además, los chismes de la industria, las miradas entre bastidores y la pura y sincera alegría por el mal ajeno pueden vender muchos libros.
Conviene recordar que la novela de Lauren Weisberger de 2003, El diablo viste de Prada, surgió como una forma de venganza literaria, y cuando la adaptación cinematográfica llegó a las pantallas en 2006, la era de los editores jefe famosos y los ambientes laborales hostiles aún estaba en pleno apogeo. Ni siquiera esta moda sorprendentemente persistente conocida como “internet” pudo apagar el atractivo de trabajar en una importante revista de moda en el entonces bullicioso mundo editorial neoyorquino. La pobre Andy Sachs —en la forma de la princesa de Disney Anne Hathaway— pudo haber sufrido los regaños de una jefa que esperaba que sus caprichos hicieran milagros. Pero al menos esta joven asistente consiguió bolsos gratis y una gran transformación. Además, un consejo para los cineastas: si quieren que su villana sea imperiosa y más que una pálida imitación de la real, contraten a Meryl Streep. Existe una razón por la que Miranda Priestly sigue siendo uno de los papeles más queridos de la ganadora del Oscar y una malvada que forma parte del Salón de la Fama.
Esa transformación, de una revelación apenas disimulada a una celebración de lo bueno, lo malo y lo feo que acompañó el pacto fáustico de la moda de nuestro héroe, ya estaba en marcha antes de que la película original de El diablo viste a la moda se convirtiera en una cápsula del tiempo. El plato favorito de todos para reconfortarse en el cine estaba destinado a una secuela, pero ¿cómo se recaptura un mundo perdido y aun así se conserva esa sensación de envidia voyeurista, esa sensación de que un cambio radical está a solo un Chanel de distancia?
The Devil Wears Prada 2 (en hispanomérica, El diablo viste a la moda 2) sabe que tiene que caminar en la delgada línea entre darle a la gente lo que quiere —malicia, alta costura, glamour, la gloria que es un gesto de desprecio de Stanley Tucci— y reconocer que mucho ha pasado en dos décadas. Bienvenidos a 2026, donde tratar a tus asistentes como basura es una violación de RRHH, los multimillonarios compran periódicos y editoriales para engrosar sus carteras, y esa pequeña y pintoresca cosa que llamamos periodismo ha sufrido una muerte existencial por mil clics. Andy Sachs ahora es una reportera de investigación galardonada, lo que no impide que ella o su equipo sean despedidos por mensaje de texto grupal. Miranda Priestly continúa dirigiendo Runway, el falso Vogue del universo del diablo, pero un escándalo que involucra un artículo elogioso sobre una marca tóxica significa que tiene que sufrir los embates y flechas de un tsunami de memes sarcásticos. Los presupuestos de todos han sido recortados. Todos están persiguiendo frenéticamente las métricas. ¿Cómo se supone que un Maquiavelo con Manolo Blahnik va a dictar las normas de buen gusto en un ambiente tan desagradable?
Cuando el apasionado discurso de aceptación de Andy durante un evento del Club de Prensa de Nueva York se vuelve viral («¡El periodismo sigue importando, joder!»), el presidente de Runway, Irv Ravitz (Tibor Feldman), le ofrece un puesto como editora de reportajes de la revista. Miranda no recuerda a su antigua asistente y no está nada contenta con esta imposición. Aun así, hay problemas que resolver, así que las dos, junto con el director de moda de Runway, Nigel Kipling (Tucci), se dirigen a Dior para intentar recuperar la inversión publicitaria. Ah, ¿y adivinen quién dirige ahora esa casa de modas? La antigua amiga-enemiga de Andy y cómplice de Priestly, Emily Charlton (Emily Blunt), que sigue siendo tan venenosa después de tantos años. Miranda sigue humillando a sus subordinados, es decir, a todos los que no han dirigido una revista en 30 años, y obliga a Andy a —¡sorpresa!— volver a la oficina en el metro. ¡Qué vergüenza! Nigel vuelve a aparecer como una figura paterna bondadosa con acceso a un armario de muestras de ensueño. Nada cambia.
Andy empieza a asignar reportajes difíciles sobre temas importantes que van más allá de qué accesorios combinan mejor con tu vestuario de primavera, ninguno de los cuales conecta con las lectoras de Runway. Pero sí dan en el clavo con Sasha Barnes (Lucy Liu), la recién divorciada esposa del multimillonario superdotado Benji Barnes (Justin Theroux). Dado que ella es “el santo grial de las entrevistas” y Andy, gracias a su valentía y determinación, consigue la primera entrevista oficial de Sasha en años, nuestra heroína logra evitar por poco el despido. La filántropa incluso le da a Runway una jugosa noticia de última hora como regalo de despedida. Pero el hecho de que la película vuelva a mostrar al personal revisando páginas sin mencionar en ningún momento un plan de redes sociales, una publicación digital impactante o cómo la grabación de esta entrevista se convertirá en clips de TikTok al estilo Ginsu demuestra lo anclada que está El diablo viste a la moda 2 en un pasado idealizado.
[Un breve comentario sobre los Barnes: ¿Creías que Priestly era una caricatura apenas disimulada de un personaje real? Digamos que es una clara muestra de moderación por parte de la película que no muestre a Sasha mencionando su organización contra el acoso escolar ni a Benji haciendo el tonto con Katy Perry en el espacio.]

A partir de aquí, El diablo viste a la moda 2 pasa de coquetear con la actualidad a comprometerse por completo con un equilibrio entre el escapismo que exige esfuerzo y la inmersión en las noticias negativas. La fórmula para complacer a los fans está en pleno apogeo, con referencias a la saga por doquier y la misma banda sonora genérica y enérgica que es el equivalente auditivo de un frappuccino. (Dicho esto: el sencillo de Lady Gaga y Doechii grabado para la película es un temazo). Los atuendos más elegantes siguen complementando los clichés más extravagantes. La nostalgia por los días de los estándares y los números de septiembre que detenían balas se mezcla con la angustia por el estado de las revistas, los medios de comunicación y el entorno general que vendió el original El diablo viste a la moda como un cuento de hadas. Esta vez, en lugar del chef de ensueño de Adrian Grenier, tenemos al contratista australiano de Patrick Brammell como interés romántico de Andy, y, al igual que el personaje de Grenier, él solo está ahí para informarle a Andy cuánto ha caído presa de la adicción al trabajo y la tentación de los beneficios. El veterano periodista de verbo fácil de Simon Baker está desaparecido (suponemos que ya lo han cancelado hace tiempo), pero tenemos a B.J. Novak como el hijo de Ravitz, que suelta jerga y lleva un chaleco de tecnólogo, y que tiene grandes planes para Runway 2.0. Hay traiciones. Se da el merecido. Los buenos son recompensados, los sufridos y leales tienen su momento de gloria, y a Judas se le niegan sus 30 monedas de plata.
El director David Frankel entiende que la familiaridad puede generar desprecio en otros ámbitos de la vida, pero las secuelas, especialmente las tan esperadas de las favoritas del público, se nutren de una simple repetición. Puede que ahora odiemos a los ricos y privilegiados, pero aún existe un mercado para curiosear en almuerzos de langosta en los Hamptons, fiestas de cumpleaños de gala para magnates y pasar siete minutos en el paraíso, también conocido como la Semana de la Moda de Milán. Todos los involucrados transmiten la sensación de que realmente quieren estar allí, algo que no se puede decir de muchas secuelas tardías. Hathaway aporta carácter a su versión ingenua de Andy Sachs, pero conserva la inocencia y la rectitud necesarias para ser una guía adecuada para el público. Tucci, quien afortunadamente tiene mucho más tiempo en pantalla, comprende su cometido e interpreta al santo patrón con aplomo. La versión original de Emilys, la doble asistente de la película, sigue siendo un instrumento de Blunt. Streep es Streep, y no se nos ocurre un halago mayor. Una escena en la que Priestly sufre la humillación de tener que colgar su propio abrigo (!) se transforma en una pantomima cómica de tres actos. En un mundo ideal, solo esa secuencia le valdría a Streep su [consulta sus notas] cuarto millonésimo Óscar.
Pero no se sorprendan si esta segunda entrega para ver en el sofá un domingo por la tarde les deja un sabor agridulce. Para muchos espectadores, El diablo viste a la moda 2 será otra dosis de fantasía de alta costura, una oportunidad para acceder de nuevo a un reino exclusivo de besos al aire y escaparates de marcas de lujo. Para los periodistas, es una película de terror, por mucho que la presenten con estilo y glamour. Cada victoria recibe el tratamiento Prada completo y se sigue declarando explícitamente como una victoria pírrica. Ninguna combinación de tacones de aguja y zapatos de cuero anticuados puede atenuar el hecho de que la integridad, el talento, el trabajo duro y la dedicación a tratar con seriedad todo, desde la moda hasta el cine, están en peligro constante de extinción.
Sí, esta secuela tiene sus momentos divertidos. También puede servir como un recordatorio aleccionador de que el cambio ya no avanza a paso de tortuga desde que Andy Sachs entró por primera vez por las puertas de cristal de Runway y aprendió los trucos del oficio. Hubo un tiempo en que esta secuela habría sido el punto culminante del año de estrenos de Fox, generando millones que se habrían canalizado a una amplia variedad de otros proyectos. Ahora, está destinada a ser solo una miniatura más en una plataforma de streaming, ubicada algorítmicamente entre un documental de NatGeo sobre pingüinos y una entrega de Star Wars o Marvel. Oh, no seas ridículo, dirán algunos. Todo el mundo quiere esto. ¿De verdad?
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Para muchos, el Teatro Colón de Bogotá es uno de los más importantes —e icónicos— de la capital colombiana, y con razón. Inaugurado en 1892 y ubicado en el corazón histórico de la ciudad, en el barrio La Candelaria, el recinto no solo es un referente de la arquitectura neoclásica en el país, sino también un escenario clave para la música, el teatro y la danza, declarado Patrimonio Cultural de la Nación y, durante décadas, epicentro de la vida artística colombiana.
Su importancia para Bogotá es innegable. Por eso, para Diamante Eléctrico, una de las bandas más representativas del rock contemporáneo en Colombia, tocar allí era casi una cuenta pendiente con ellos mismos y con el público rolo. “Bogotá atraviesa toda nuestra música. Era una deuda de siempre celebrarnos ahí y siempre esperamos el momento adecuado para hacerlo”, cuentan. Ese “momento adecuado” llegó en 2026, y lo hizo doblando la apuesta: no fue una sola presentación, sino tres —todas sold out— y, además, la grabación de un disco en vivo que revisita su repertorio desde un formato íntimo y a contracorriente de las dinámicas actuales de la industria: Crudo y Cursi.
En ROLLING STONE en Español conversamos con los fundadores y líderes de la banda, Juan Galeano y Daniel Álvarez, sobre la evolución de la agrupación a lo largo de los años, el origen de este proyecto, el momento que atraviesa el grupo y lo que viene para Diamante Eléctrico este 2026.

Antes de entrar de lleno a la historia detrás de Crudo y Cursi, es importante entender cómo el recorrido de Diamante Eléctrico llegó hasta ahí. Su identidad no se construyó a partir de un plan preconcebido, sino como consecuencia de un proceso orgánico marcado por el contexto y el paso del tiempo. Juan Galeano lo resume como “una evolución natural”, que se remonta a 2011, cuando la banda nació en medio de la frustración frente a un panorama musical restrictivo, dominado por la radio y poco abierto a nuevas propuestas. En ese escenario, la decisión fue clara: hacer rock and roll y “patear la puerta”. Lo que siguió fue un crecimiento sostenido que, con los años, validó ese riesgo inicial.
Quince años después, esa evolución no solo se refleja en el sonido, sino también en la transformación personal de sus integrantes. “La música ha cambiado, las influencias han cambiado, el sonido ha cambiado, pero la esencia sigue siendo la misma: contestataria y agropecuaria”, afirma Galeano. Esa tensión entre cambio y permanencia ha sido clave para el recorrido del grupo, siendo una banda que ha logrado expandirse —tocar con sus héroes, ganar premios, explorar nuevos formatos— sin perder de vista los ideales que la impulsaron desde el inicio.
Si la evolución de la banda ha sido orgánica, la composición ha estado marcada por una estructura clara que evita caer en uno de los riesgos más comunes de las propuestas colectivas. Para Daniel Álvarez, el peligro está en la democracia. “El proceso de composición es muy peligroso dentro de la banda porque siempre tiende a volverse como una democracia, y la democracia no siempre suena muy bien”. En ese sentido, una de las claves de Diamante fue establecer desde su comienzo una línea estética definida, liderada por Juan, que permitió enfocar el proyecto sin diluirlo en discusiones de ego o autoría.
Durante gran parte de su trayectoria, Galeano asumió el peso de la escritura, sentando las bases musicales y conceptuales del grupo. Solo cuando ese lenguaje estuvo completamente consolidado, Álvarez se integró de manera más activa al proceso creativo, siempre desde el respeto por lo ya construido. Esta forma de trabajo, lejos de limitar la evolución, les ha permitido mantenerse alineados tanto con su visión artística como con su público, entendiendo qué quieren hacer, qué quieren decir y qué tipo de banda buscan ser en el largo plazo.

Ese recorrido terminó desembocando en un momento de quiebre que redefinió el rumbo de la agrupación. Lejos de tratarse de una simple continuación, Crudo y Cursi nace a partir de una pausa obligada y de una necesidad de replantearlo todo. “La verdad el año pasado fue un año de muchos cambios, de mucho movimiento y bastante raro para nosotros porque terminamos una relación de muchos años con un management que teníamos, el cual también era socio, y fue una vaina muy rara porque nos paró por bastante tiempo y nos hizo replantearnos varias cosas, entre ellas para dónde íbamos y cómo queríamos tomar nosotros las riendas de nuestra carrera”, cuenta Galeano. Esa ruptura no sólo implicó una reconfiguración interna, sino también una revisión profunda de expectativas, y es que, después de más de una década de trayectoria, la banda sentía que no estaba viendo los frutos que esperaba.
De ese proceso de introspección surgió una idea que, en principio, parecía más cercana a un experimento que a un proyecto de largo aliento. “Esa reestructuración nos llevó a mirar hacia otro lado, que en ese momento del año pasado fue pensar en hacer un unplugged a nuestra manera: un disco en un formato diferente a lo que la gente estaba acostumbrada con Diamante. Bajarle los decibeles, colgar un poco la guitarra eléctrica, sacar el contrabajo, sacar el piano y reestructurar las canciones, repensarlas”. Lo que comenzó como una exploración terminó creciendo hasta convertirse en un disco completo —y eventualmente en una gira— que les permitió mostrar una faceta distinta de la banda. La respuesta del público no tardó en confirmar que el riesgo había valido la pena.
La materialización de esa idea encontró su forma definitiva en un espacio que, más que escenario, funciona como símbolo: el Teatro Colón. “Siento que lo que teníamos en mente eran esos grandes unplugged latinoamericanos que nos gustan, como el de Soda o el de Café Tacuba. Tienen una personalidad muy única y lo que más me gusta es que las versiones realmente son diferentes a las originales, son un mundo propio, son un espacio propio”, señala Juan, que además añade que “claramente poder hacerlo con MTV es un chicharrón grandísimo, no es tan fácil como uno cree que podría llegar a ser, entonces dijimos ‘hagámoslo nosotros’”.
Esa decisión marcó el inicio de un proceso que se extendió durante más de un año y que implicó no solo repensar el sonido de la banda, sino también encontrar el lugar adecuado para materializarlo. “¿Cuál es el teatro más lindo que tiene la ciudad? El Teatro Colón. Aprovechemos ese espacio y hagámoslo”, recuerda Juan. Desde entonces, el proyecto creció en múltiples dimensiones, entre ellas la grabación, la preproducción, la puesta en escena y una apuesta visual que acompañara la nueva identidad sonora. El resultado fue un show concebido con una precisión casi obsesiva, que terminó expandiéndose más allá de una única presentación. “Es el fruto del trabajo de un año, un año completo de estar pensando en ese show. Es muy emocionante ver lo que está pasando, es muy lindo ver que el teatro nos abrió el espacio para poder hacerlo allá, que pudimos materializarlo como lo queríamos hacer, no solamente en cuestión de la música, sino de la visual. La visual quedó absolutamente hermosa, las sesiones quedaron muy bonitas y también tiene mucha personalidad”.
Más allá del concepto general, el proyecto también se sostiene en una serie de decisiones minuciosas que definen su forma final. La selección de canciones, lejos de ser arbitraria, respondió a un proceso de curaduría cuidadoso que buscó equilibrar distintas dimensiones del catálogo de Diamante Eléctrico. Desde sus temas más reconocidos —aquellos que el público ha convertido en imprescindibles— hasta cortes más antiguos y momentos clave dentro de su evolución. Con cerca de un centenar de canciones a cuestas, la elección implicó filtrar no solo por popularidad, sino también por cómo cada pieza podía adaptarse al nuevo formato y dialogar con el resto del repertorio, incluyendo además un par de composiciones inéditas.
En esa misma línea, el orden del disco tampoco es casual. Pensado como una experiencia completa, el tracklist responde a una lógica emocional y narrativa que abre con material nuevo —marcando desde el inicio la intención— y avanza entre distintas etapas de la banda, buscando un equilibrio entre lo que conecta con el público y lo que representa a la agrupación en este momento de su carrera.
Dentro de un disco que mira hacia atrás, hay dos canciones inéditas que funcionan como una declaración de presente. Más que simples añadidos, ‘El Truco’ y ‘La atrevida’ marcan el pulso conceptual y le dan dirección narrativa. En el caso de la primera, la decisión de abrir el álbum con material nuevo no es casual y responde a la idea de construir una experiencia casi teatral desde el primer segundo. Tal como señala Juan, la intención era entrar de lleno en ese universo sin preámbulos. “Sentíamos que este era un álbum para teatro, un álbum teatral, y no hay nada más teatral que la magia. Por eso lo abrimos solo con la voz, sin instrumentos, diciendo ‘un mago nunca revela sus secretos’. Nos parecía la mejor forma de empezar, porque encapsula muy bien el momento de la banda y el espíritu del disco”.
Si ‘El Truco’ plantea el tono, ‘La atrevida’ amplía el horizonte sonoro y emocional del disco. Aunque fue la primera en escribirse, su lugar dentro del listado de canciones responde a una lógica de contraste y expansión. En ella, la banda explora con mayor libertad una veta latinoamericana que venían desarrollando en proyectos paralelos, pero que aquí aparece integrada al lenguaje de Diamante. Galeano la describe como una especie de “cumbia de alta montaña”, una canción que, contra todo pronóstico, ha encontrado una conexión inmediata con el público en vivo. Para Daniel, su inclusión también habla de una transformación más profunda en la forma en que la banda se relaciona con su propia identidad: “Hoy en día hacemos lo que se nos da la gana, sin pensar en consecuencias. Cuando empezamos a tocar ‘La atrevida’ en vivo, yo mismo pensé: ‘¿en qué momento nos metimos a hacer algo tan latino, tan distinto?’. Y, sin embargo, ahí está, en el disco, sin que nadie sintiera pudor o miedo durante el proceso. Eso me parece muy bonito: canciones que antes habrían sido imposibles para nosotros hoy existen con total naturalidad”.
Dentro de ese juego entre revisión y reinvención, la elección de versionar ‘Casi un hechizo’, el clásico de Jerry Rivera, aparece como uno de los gestos más reveladores del trabajo. Lejos de responder a una lógica estratégica, la decisión nació desde la intuición. Álvarez lo explica como un acto de confianza en el instinto creativo de Galeano. “Juan llegó diciendo ‘vamos a hacer un cover y ya sé cuál: ‘Casi un hechizo’’. Y yo, en ese tipo de cosas, confío plenamente en él. Él mezcla gusto, momento, capricho… no es un cálculo racional, simplemente le fluye. Y cuando pasa así, yo no lo cuestiono. Vamos con eso y punto”.
La canción venía gestándose desde 2024, cuando empezaron a tocarla en un formato acústico que ya insinuaba el camino que tomaría después. Sin embargo, su verdadera dimensión apareció en el estudio, en una de esas sesiones que terminan marcando un proyecto. “Una noche estaba en mi casa, ya en pijama, y Juan me llamó —cosa rarísima en 14 años— y me dijo: ‘vístase y véngase para acá que está pasando algo muy especial’”, recuerda Álvarez. “Llegué al estudio y ahí estaba él con Mao García, el coproductor del álbum, y lo que estaba pasando era esta versión de ‘Casi un hechizo’”.
El paso de Crudo y Cursi del estudio al escenario terminó de confirmar que la iniciativa no solo funcionaba en lo conceptual, sino también en lo emocional. Tras sus primeras presentaciones en ciudades como Cali y Medellín, Diamante Eléctrico encontró en vivo una respuesta que reforzó el riesgo tomado. Juan Galeano lo resume desde la experiencia directa: “En Medellín fue un concierto muy bonito, había muchísima gente. Siempre es lindo ver los teatros llenos. En Cali había menos gente, pero la energía también estuvo a tope. Para la gente es especial porque son canciones que entienden, que quieren, que los han representado por tanto tiempo”. Más allá de la recepción, los conciertos también implicaron una relectura interna donde la banda no solo revisita su repertorio, sino que se redescubre como intérprete, ya no desde la potencia colectiva del formato eléctrico, sino desde la individualidad de cada músico.
Ese cambio de enfoque —del golpe a la sutileza— ha abierto nuevas posibilidades creativas que, según Galeano, incluso superaron sus propias expectativas. “Somos tan buenos en lo que hacemos que es una chimba ver que podemos buscar otras cosas y que funcionen tan bien. Porque uno puede inventarse un formato y no funciona, pero esto funciona un montón”, explica. Esa validación ha llevado a pensar el proyecto más allá de un ciclo puntual de conciertos, proyectándolo como una faceta que todavía tiene recorrido. En ese contexto, los tres shows en el Teatro Colón de Bogotá adquieren un peso simbólico particular no solo por tratarse de su ciudad, sino por el carácter histórico de las funciones agotadas. “Para Bogotá, que ha sido nuestra ciudad, agotar tres Colones es histórico, incluso para el teatro. Nos lo dijeron: nadie lo había hecho. Poder llevar estas canciones a nuestra ciudad, a nuestra gente, es muy especial”.
El siguiente movimiento de la gira lleva al trabajo fuera del país, con México como destino inmediato. Lejos de ser una decisión estratégica en frío, la elección responde a una relación construida durante años. Como explica Daniel, México ha sido desde el inicio uno de los territorios fundamentales para la banda, casi al mismo nivel que Colombia: “México siempre fue el mercado número uno, no el dos. Es tan importante como desarrollar Colombia”. En parte, esto responde a las limitaciones del propio circuito nacional, donde expandirse más allá de las principales ciudades implica desafíos logísticos importantes, pero también a una conexión más profunda, tanto artística como personal.
Esa relación con México va más allá de lo profesional y se integra directamente en su identidad. “México ya es indivisible de Colombia para nosotros en cómo nos expresamos, en cómo pensamos. Tenemos memoria viva de dos capitales, vamos y volvemos en la cabeza entre Ciudad de México y Bogotá”, afirma Álvarez. Más que una plaza internacional, el país se convierte en una segunda casa, un espacio donde confluyen influencias, vínculos personales y una escena cultural en constante ebullición. “Más que una estrategia, es ir a casa. Una casa compleja, enorme, caótica, pero fascinante. Nosotros tenemos que estar en México porque ahí hay un pedazo del oxígeno que nos compone”.
Si algo atraviesa el álbum de principio a fin es una decisión consciente de ir en contra de ciertas lógicas de la industria. Para Diamante Eléctrico, el mayor reto no fue técnico ni creativo, sino aprender a soltar el ego y replantear qué significa realmente “crecer” como banda. Daniel lo pone en términos directos, casi como una declaración de principios. “El reto más grande es domar la vanidad. Aunque para nosotros es un proyecto gigante, estamos metidos en un ecosistema donde todo se mide por números, por hitos, por qué sigue después. Y se supone que no deberíamos estar haciendo esto. Se supone que no podemos desacelerar el ascenso de la banda, que no podemos ‘perder’ venta de tickets, que tenemos que ir siempre al siguiente número… y eso, para mí, es criminal”.
Esa tensión entre lo que dicta la industria y lo que necesita el proyecto se convirtió en el verdadero campo de batalla. Para Álvarez, el problema no es solo económico, sino humano: reducir al público a cifras y sostener un modelo que muchas veces no beneficia a los propios artistas. “En ese esquema de hipercrecimiento la gente es un número en Excel. Nosotros nos negamos a ver a 3.000 o 4.000 personas como muñequitos que solo pagan una boleta. Y además, ese modelo le sirve a todo el mundo menos a nosotros. Entonces este trabajo es un reentendimiento de esos hitos de vanidad. Nos pudo haber salido muy mal, pero decidimos hacerlo igual, porque el único camino sostenible es el que dicta el corazón”. Más que una apuesta estética, Crudo y Cursi se plantea así como un ejercicio de autocuidado y de resistencia frente a las dinámicas que suelen regir la industria musical.
Desde el otro lado, Juan coincide en que el desafío pasa por el mismo lugar, es decir, el ego, las expectativas y la presión constante por cumplir con ciertos estándares externos. Venir de proyectos de alto impacto como Malhablado implicaba mantener una inercia que este disco decidió interrumpir. “El reto más duro es domar el ego también, porque uno viene de estar pendiente de qué va a ser el uno, qué va a hacer el otro, de llamar a todo el mundo, de la plata… y en este momento nosotros mismos estamos al frente de nuestro futuro”, explica. Esa independencia, aunque exigente, les ha permitido reconectar con lo esencial, que al final es hacer música desde la convicción y no desde la expectativa.
En ese contexto, lo más gratificante no se mide en cifras, sino en reacciones. La respuesta del público —especialmente en los primeros shows y en presentaciones sorpresivas— se convierte en la validación más directa del camino elegido. “Ver la reacción de la gente es suficiente. Somos idealistas, y eso nos da la gasolina para decir que estamos haciendo las cosas bien”, dice Galeano. Más allá de lo que venga, la apuesta es clara: construir una relación más honesta y duradera con quienes escuchan su música. “Queremos que Diamante tenga unas bases sólidas, que haya una relación real con la gente, de amor, de respeto. No sabemos qué sigue, pero queremos seguir construyendo desde ahí”.

Después de un desarrollo atravesado por cambios profundos, Crudo y Cursi termina ocupando un lugar mucho más significativo que el de un simple lanzamiento dentro del catálogo de Diamante Eléctrico. Para Juan, el álbum funciona como un verdadero punto de quiebre, el resultado de un periodo complejo que obligó a la banda a detenerse, replantearse y reconstruirse desde adentro. “Este disco es un pivote. Veníamos de un año muy duro, de muchos cambios, de una reestructuración bárbara, de momentos muy pesados en lo personal y en lo profesional. Fue un proceso de reentendernos, de reorganizarnos, de un montón de ‘res’ [risas], y de volver a preguntarnos quiénes somos”, explica. En ese contexto, el proyecto aparece como una especie de regreso a lo esencial: “Sentíamos que teníamos que volver a nuestra raíz y decir ‘esto somos nosotros’. Con este disco reentendemos nuestro pasado y resignificamos nuestro futuro, para dónde vamos, qué queremos hacer”.
Esa claridad no solo define el presente, sino que también impulsa lo que viene. Galeano habla del álbum como un impulso necesario para abrir una nueva etapa. “Esto fue la patada en el culo que necesitábamos para empezar a crear un nuevo lugar para la banda, un nuevo sonido. Esta etapa más teatral, más elegante, más acústica, es algo que podemos revisitar en el futuro”. Más que un cierre, el proyecto se plantea como un formato que puede evolucionar, repetirse o transformarse con el tiempo, mientras la banda ya empieza a pensar en lo siguiente.
Desde la perspectiva de Daniel, el significado del álbum pasa por otro lugar, pero complementa la misma idea: la madurez. “Poder mirar hacia atrás sin sentir que estás violentando el futuro es un ejercicio de mucha madurez y de mucha valentía”, afirma. Durante años, la banda operó bajo una lógica de avance constante, marcada por el miedo a detenerse en una industria donde pausar muchas veces equivale a desaparecer. “Nosotros veníamos de una época en la que todo el mundo te decía ‘no se mueran’, entonces era no parar nunca. Y este disco es parar sin morir, es entender que puedes mirar hacia atrás sin perder la posibilidad de mirar hacia adelante”.
Esa reconciliación con su propio recorrido abre nuevas posibilidades que antes parecían impensables. La idea de revisitar formatos, de volver sobre su obra sin sentirlo como una repetición, habla de un nivel distinto de confianza y de identidad. “Hoy tenemos un nivel de madurez y de amor propio como banda que antes no teníamos. Esto ya no se siente como un riesgo, sino como una herramienta”, concluye Álvarez.

Este viaje por su historia no se plantea como un punto de llegada sino como un impulso hacia lo que sigue. Para Diamante Eléctrico, el resto de 2026 aparece como un terreno abierto, todavía en construcción, donde las decisiones se toman sobre la marcha pero con una dirección clara. “El plan es poder llegar a más lugares con esto. Cuando terminemos en unas semanas vamos a hacer una evaluación real de todo el proceso, porque es la primera vez en nuestra historia que hacemos algo así sin management, todo desde cero. Ha sido agotador, pero también muy gratificante ver los resultados”. Esa independencia, aunque exigente, les ha permitido medir de primera mano qué funciona y qué no, y proyectar el siguiente paso con mayor claridad.
Así, Latinoamérica aparece como el siguiente destino natural. La banda ya ha comenzado a moverse con este formato en México —con fechas recientes en ciudades como Guadalajara y Ciudad de México — y planea expandir la gira hacia otras capitales de la región. “La idea es llevarlo a más ciudades. Seguramente Buenos Aires, Santiago de Chile, Caracas… vamos a ver qué pasa”, adelanta Galeano. Al mismo tiempo, el interés por recorrer más territorio colombiano sigue presente, con la intención de llevar el proyecto a ciudades como Pereira, Bucaramanga o la costa, ampliando el alcance de una propuesta que ha demostrado conectar desde la intimidad.
Pero más allá de la gira, la creación tampoco se detiene. Incluso en medio de este nuevo ciclo, la banda ya está trabajando en nuevo material. “Ya empezamos a hacer nuevas canciones para un nuevo disco. Nosotros no paramos en esto de la creatividad”, dice Galeano. Así, el resto del año se perfila como un equilibrio entre sostener el presente —seguir consolidando esta etapa más íntima— y construir el futuro, en un proceso donde la autogestión, la exploración y la música conviven al mismo tiempo.
Al final, Crudo y Cursi trasciende su condición de álbum para convertirse en algo más amplio: una conversación entre una banda y la ciudad que la vio crecer. Lo que ocurre en el Teatro Colón no es solo un concierto ni una grabación en vivo, sino un gesto simbólico que conecta historia, espacio y música en un mismo punto. El proyecto funciona como un documento de ciudad, una pieza que captura no solo un momento en la trayectoria de Diamante Eléctrico, sino también una relación construida durante años con Bogotá y su público. Esa conexión se hizo evidente en escenarios formales y también en gestos espontáneos donde la respuesta reafirmó que la banda y la ciudad se reconocen mutuamente.
En ese cruce entre pasado, presente y futuro, este Trabajo se instala como un punto de inflexión que no solo redefine el sonido de Diamante, sino también su manera de habitar la música. Más íntimo, más consciente y más libre, el disco condensa una etapa de transformación que, lejos de cerrarse, abre nuevas posibilidades. Porque si algo deja claro este recorrido es que la historia de la banda no se está revisitando por nostalgia, sino para seguir escribiéndose —con otras formas, otros tiempos y, sobre todo, con la misma convicción que los llevó a empezar.
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“Con profundo pesar anunciamos el trágico fallecimiento de Michele y Rob Reiner. Estamos devastados por esta repentina pérdida y pedimos privacidad durante este momento increíblemente difícil”: se lee en el comunicado que compartió la familia de Rob y Michelle Reiner cuando fallecieron el pasado 14 de diciembre del 2025. A cuatro meses de su trágica y controversial partida, su primogénito, Jake Reiner, se ha pronunciado sobre el devastador momento que vivió al momento de enterarse del brutal asesinato de sus padres.
A lo largo de un ensayo personal publicado este viernes en Substack, Jake compartió sus sentimientos más profundos y devastadores sobre aquel día que cambió su vida por completo: “La tarde del 14 de diciembre, me encontraba en Union Station en un homenaje a la vida de uno de mis mejores amigos, Christian Anderson, quien falleció en octubre. En ese preciso instante, recibí una llamada de mi hermana Romy diciéndome que nuestro padre había muerto. Minutos después, me volvió a llamar para decirme que nuestra madre también había fallecido”.
“Ese día me arrebataron tantas cosas. Mis padres no estarán en mi boda, no podrán tener en brazos a su futuro nieto y no podrán verme alcanzar el éxito profesional que aún persigo. Me rompe el corazón y me enfurece a la vez. Nada te prepara para lo que se siente al perder a ambos padres al mismo tiempo. Es demasiado devastador para comprenderlo. Todavía me despierto cada mañana intentando convencerme de que no, no es un sueño. Esta es mi peor pesadilla”, continúa.

Acompañado con imágenes de su infancia, Reiner siguió su carta con un mensaje empático, diciendo que por nada se podría imaginar lo que sus padres pudieron haber sentido en ese momento. Sin embargo, reiteró que son las últimas personas a las que les tuvo que pasar este atroz final: “Merecían ser amados, merecían ser respetados y, sobre todo, merecían ser apreciados por todo lo que dieron a los tres y al mundo”.
“Deberían estar disfrutando del resto de sus vidas en paz, envejeciendo juntos. En cambio, eso les fue arrebatado, a mí, a Romy, y no pudimos hacer nada al respecto”.
Y reafirma: “Para mí, mis padres son el centro de mi vida. Son mi guía, la base de quien soy como persona y las personas más generosas que he conocido. Mucha gente no tiene la suerte de tener los mejores padres, la mejor madre o el mejor padre, pero yo sí. El amor que me tienen a mí, a mi hermano y a mi hermana es verdaderamente incondicional. Y el amor que se tienen el uno al otro en su matrimonio es algo que siempre he admirado como el modelo de una relación exitosa”.
La carta sigue con Jake narrando momentos entrañables con sus padres, como aquellos musicales de Broadway que solía ver con su madre, o los increíbles juegos de los Dodgers que compartió con su padre. Aún con todos esos momentos en su corazón, Jake se sinceró y reveló que cambiaría todas esas vivencias para poder tener un momento más con ellos y despedirse de una manera afortunada.
“Cuando no se vive una tragedia como la que Romy y yo estamos viviendo, es difícil comprender la magnitud de lo horrible que ha sido todo esto. Como no eran tus padres, tal vez sea más fácil seguir adelante o incluso olvidar por un momento lo que sucedió ese día, pero para nosotros, es un dolor constante. Cada día desde entonces ha sido terrible. Cada reunión, cada persona con la que hablamos, cada lágrima que derramamos, cada gesto que hacemos está relacionado con el asesinato de nuestros padres. En medio de intentar procesar el momento más devastador de nuestras vidas, el mundo exige reuniones, papeleo, decisiones y explicaciones; como si la documentación debiera preceder al duelo”, comparte.

Según Jake, la carta la escribió con un objetivo en específico: ofrecer otra perspectiva de lo que sus padres figuran en su vida y celebrarlos, más allá de la trágica muerte que tuvieron. “Perdimos a más de la mitad de nuestra familia esa noche de la forma más violenta imaginable. Claro, cualquier pérdida de un padre es devastadora, pero nada se compara con perderlos a ambos al mismo tiempo y, además, que tu hermano esté en el centro de todo. Es casi imposible de asimilar. Entiendo que la gente tenga preguntas sobre lo que pasó. Algunas de esas respuestas llegarán con el tiempo. Pero algunas partes de esto pertenecen solo a nuestra familia, y mantenerlas en privado es la única manera de proteger lo poco que queda de algo que nos fue arrebatado”.
Por ahora, Jake Reiner pide que la situación se maneje con amor y compasión, “los mismos valores que regían a sus padres”.
El caso de Rob y Michelle Reiner fue una tragedia que azotó a toda la industria del entretenimiento. El hijo menor de la familia, Nick Reiner, se enfrenta a dos cargos de asesinato en primer grado en relación con de sus padres. La próxima semana se estará enfrentando formalmente en la corte.
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Alfonso Herrera llega a La casa de los espíritus en un momento donde su carrera ha encontrado personajes cada vez más densos y contradictorios. La serie retoma la novela de Isabel Allende, un clásico de 1982 que cruza historia política, relaciones familiares y tensiones sociales en América Latina. Antes, el relato tuvo una adaptación cinematográfica dirigida por Bille August, con un elenco de lujo que incluye a Meryl Streep, Jeremy Irons, Glenn Close, Antonio Banderas y Winona Ryder, pero el resultado fue decepcionante. Esta nueva versión trabaja desde otro lugar y se permite más tiempo, detalle y una exploración más profunda de sus personajes. En ese contexto, Herrera asume el reto de interpretar a Esteban Trueba, una figura marcada por la violencia, el poder, el amor y la contradicción.
Esteban Trueba es un personaje violento, amoroso, autoritario y trágico. ¿Cómo encontraste el equilibrio sin justificarlo ni volverlo un simple villano?
No juzgándolo. Cuando juzgas al personaje pierdes la brújula y dejas de entender su humanidad. Para mí era importante entender sus miedos: el miedo a la pobreza, a perder el control y su incapacidad para ser emocionalmente vulnerable. También hay una carencia paterna muy fuerte y una madre que lo aplasta constantemente. Todo eso lo empuja a depositar su esperanza en algo idealizado, que es Rosa. Y no hay nada más poderoso que la añoranza, que desear algo que no está.
Cuando Rosa muere, todo se le viene abajo. Se vuelve más duro. Y ahí aparece una contradicción central: ama, pero necesita poseer eso que ama, necesita controlarlo. Eso lo hace sufrir, porque no hay forma de tener control absoluto sobre nada. Al mismo tiempo, es alguien que construye desde la nada, que trabaja, que forma una familia y que, a su manera, cuida. Eso no justifica sus actos, pero sí muestra su complejidad.
Tanto el libro como la serie poseen un contexto político fuerte. ¿Cómo abordaste ese trasfondo?
Es una gran responsabilidad. Es un libro muy importante para mucha gente en América Latina. Lo que intentamos fue abordarlo con respeto, honrando esa carga emocional e histórica, pero también construyendo una experiencia que pudiera conectar con una audiencia más amplia.

Trueba representa una masculinidad que hoy está siendo cuestionada. ¿Cómo trabajaste eso sin romper el contexto de la historia?
Tratando de ser directo. Trueba es un personaje que va al grano, no se detiene, no se cuestiona. Tiene una energía muy visceral. Era importante sostener esa fuerza porque funciona como contrapunto frente a los personajes femeninos, que aportan sensibilidad, templanza y cuidado. Él es el elemento que rompe ese equilibrio.
¿Tomaste como referencia la película de Bille August?
No. La respeto mucho, pero no fue referencia. Te cuento algo: una vez en terapia, mi terapeuta me pidió que repitiera algo que estaba contando, pero en mi lengua materna. Me explicó que decirlo en tu idioma genera un eco distinto en el consciente y en el inconsciente. Creo que eso pasa aquí. Esta historia fue concebida en español y ahora puede contarse en su lengua original. Eso le da una fuerza distinta.
Muchos lectores ven la novela como una metáfora sobre el poder y la violencia en América Latina. ¿Te acercaste desde esa lectura?
Creo que sí. Compartimos una historia común en la región, desde la conquista hasta la forma en que se estructura el poder y la influencia de la religión. Eso define cómo nos relacionamos. Y La casa de los espíritus habla de eso a una escala amplia, desde el norte hasta el sur del continente. También llega en un momento donde todo está muy polarizado. Volver a estas historias ayuda a entender de dónde venimos. Es casi un ejercicio histórico y terapéutico: mirar el pasado para entender el presente.

La historia mezcla lo real con lo espiritual. ¿Cómo te posicionaste en ese universo?
Esteban está completamente desconectado de ese mundo. Para él solo existe lo tangible: el poder, lo material, su lugar en la sociedad. Su recorrido es más cercano a una tragedia. Hay un momento muy fuerte cuando entiende qué era lo importante en su vida… pero ya es tarde. No hay forma de cambiar nada. Eso es lo más trágico del personaje.
Si tuvieras que definirlo al final de su vida, lejos del poder, ¿quién es Esteban Trueba?
Un hombre apasionado, muy complejo, lleno de contradicciones. Representa el poder, el amor, la ambición… y también el dolor. Es un ser humano profundamente herido. Y desde ahí actúa.
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The rumors of a a rift between Jack Antonoff and Taylor Swift have been greatly exaggerated. At least according to Bleachers leader Antonoff, who visited Howard Stern’s SiriusXM show on Tuesday (Apr. 28) to plug his band’s upcoming fifth studio album, Everyone For Ten Minutes, and swat away those whispers about why he wasn’t involved in the production and songwriting of Swift’s most recent album, last year’s The Life of a Showgirl.
“I only feel grateful for the work that has happened,” Antonoff said of his decade-long association with Swift, which began on her 2014 1989 album and has spanned 11 albums in total before she re-teamed with Max Martin and Shellback on Showgirl. “Maybe it’s only because I write my own songs and sing them, but I understand that need to have different collaborators and jump around.”
Antonoff, who has written and produced on albums by Kendrick Lamar, Lorde, Sabrina Carpenter, The Chicks, St. Vincent and many others, said his widely varied resumé is proof that jumping around is a totally healthy thing to do. “I don’t think it’s normal to have the same collaborators over and over,” he told Stern. “And when I’ve had it with people, I think it’s a weird miracle.”
Swift had Antonoff’s back as well in her interview with The New York Times for the “30 Greatest Songwriters” issue of the weekend magazine. “Jack Antonoff is a collaborator of mine and one of my best friends,” she said, bringing up the same example Antonoff did on Tuesday in explaining their special relationship.
“We established this thing that we love to do, and we call it the ‘rant bridge’,” she told the Times. “It’s basically like stream of consciousness, endless pouring-out of emotion, intrusive thoughts, blended with metaphor, with discussion, with shouting. You want this rant bridge to feel the most intense of what that feeling is that you’re trying to establish over the course of the song, and you want it to be kind of a crescendo.”
In Antonoff’s explanation to Stern, the “rant bridge” was key to such Swift hits as “Cruel Summer,” which he explained came together thusly: “You spend a whole song — verse and chorus — you know, being super poetic and dancing around something … and then you get to this bridge, and you just crash the f–k out. At that point you’ve earned it, so it’s almost like you can be so free. It’s something that I feel like is one of our very special things … We kind of egg each other on.”
Antonoff also touched on his very Jersey upbringing, the song he considers to be the greatest recording ever made (the Beatles’ “Happiness Is a Warm Gun”), how his former band Fun.’s biggest hit, “We Are Young,” nearly ended up on the Kanye West/Jay-Z Watch the Throne album, as well as the song he wrote for his high school sweetheart, actress Scarlett Johansson and the love-at-first-sight meet-cute with his wife, actress Margaret Qualley.
Check out Antonoff on Stern below.
Sundowner Artists’ Simone Ubaldi and Andrew Parisi were the big winners at the Association of Artist Managers’ fifth annual awards, presented lunchtime Wednesday (April 29) at Sydney’s Crowbar, just hours before the APRA Music Awards.
The pair, who manage the international breakthrough punk rockers Amyl And The Sniffers, won manager of the year, the same category they nabbed at the inaugural AAM Awards in 2022.
“They’ve helped each of the Sniffers through areas they didn’t need to which is a testament to their generosity,” explains Amy Taylor, the ARIA Award winning band’s firebrand singer, in a statement. “Not only are they music managers, they also run a live music venue and contribute to community radio, and love going to watch live music. They’re not persuaded by dodgy deals and they’re fiercely protective, as anyone whose come in their crossfires I’m sure is aware of. Their job isn’t easy but they’ve not only managed us as a band they’ve also managed to not blow their brains out dealing with our shit for eight-odd years.”
Manager of the year was one of seven categories announced on the day, all recognizing notable achievements and activity from January 2025 to December 2025.
The AAM Awards “recognize the managers at the center of artist careers; the ones driving strategy, navigating complexity, and making the work happen behind the scenes,” comments AAM executive director Maggie Collins.
This year’s nominees, she continues “reflect the strength, diversity and ambition of our community. Our winners set the benchmark for modern management: forward-thinking, resilient, and deeply invested in their artists’ success. But they’re also part of a broader ecosystem of managers who are all shaping the future of Australian music.”
Finalists were determined thorough consultation with a panel of respected representatives from different areas of the Australian and international music industry.
Also on the day, AAM presented the Legacy Award to Melita Hodge of Six Boroughs Management, an honor curated by the trade body’s board. Hodge’s long-time artist Kasey Chambers, the ARIA Hall of Fame inducted country legend, was on hand to pay tribute with words and song.
“I wouldn’t be the artist, I wouldn’t be the woman, I am today without you,” Chambers remarked, holding back tears. “Let’s do it for another 30 years, if you can put up with me,” she quipped. Chambers then performed a solo rendition of “The Captain,” the first song she and Hodge worked on together. The performance ended in happy tears.
Also during the ceremony, the Patron’s Gift Award to Ben Pierpoint of Ben Pierpoint Management, an accolade curated by the AAM patrons, and the 2026 APRA AMCOS Lighthouse Award was presented to Neon Tiger Mgmt’s Kristie McCarthy. In addition to the award, McCarthy receives a grant valued at A$5,000 to support her business and professional pursuits.
“Receiving the Lighthouse Award at this point in my management career feels incredibly special – just days before my daughter’s first birthday and only a month after launching my own business,” she remarked.
“Like many first-time mothers, I was apprehensive about how I would manage maternity leave, especially as an artist manager. I’m so grateful to my former teammates for looking after The Cat Empire while I was away, and to Felix and Ollie for taking this next step with me as I begin Neon Tiger Mgmt.”
Matt Okine emceed the ceremony, a week after he co-hosted the Queensland Music Awards on the Gold Coast.
Guest speakers included John Graham, special minister of state, minister for the arts, minister for transport, minister for music and the night-time economy. “When you look at the music industry, so much has challenged the years, but one of the constants has been a value of high quality managers, guiding us through an incredibly complicated system, and changes every time you turn around,” he remarked from the podium. “That’s why it’s so good to be here to acknowledge the role that managers part.”
Presented by White Sky, this year’s show, like all previous editions, was a lunchtime gathering before the APRAs, hosted this year at the Hordern Pavilion. Last year’s edition was presented in Melbourne.
The not-for-profit AAM boasts more than 400 artist manager members, representing over 1,250 Australian artists globally. Read more here.
2026 AAM Awards winners:
Manager Of The Year (Presented by White Sky) — Simone Ubaldi & Andrew Parisi, Sundowner Artists
Roster: Amyl and The Sniffers, Grace Cummings, The Gnomes, Girl and Girl, Nice Biscuit (Consultant Managers), Baby Cool (Consultant Managers)
Breakthrough Manager Of The Year (Presented by DMT Law Firm) — Christopher Kevin Au, 24 Karat Enterprises
Roster: POSSESHOT, SPEED (Co-Manager), Shady Nasty (Co-Manager), FUKHED (Co-Manager)
Emerging Manager Of The Year Winner (Presented by PPCA) — Ali Tomoana, Soul Has No Tempo
Roster: Miss Kaninna
Community Engagement Award Winner (Presented by The Orchard) — Tani Webb, First Nations Focus (FNFocus)
Roster: FLEWNT, Inkabee, Taija
Legacy Award Winner (Presented by Frontier Touring) — Melita Hodge, Six Boroughs Management
Roster: Kasey Chambers, Andy Golledge, Denvah, Ball Park Music (Co-Manager), Ruby Jackson (Co-Manager)
Patron’s Gift Award Winner (Presented by the AAM Patrons)
Ben Pierpoint, Ben Pierpoint Management
Roster: Dino Dimitriadis, DOBBY, GODTET, Jamaica Moana (Co-Manager), Milan Ring, Ngaiire (Co-Manager), Rose Riebl, Wallace
Lighthouse Award (Presented by APRA AMCOS — Kristie McCarthy, Neon Tiger Mgmt
Roster: Riebl Tedesco McGill and The Cat Empire
TOMORROW X TOGETHER is continuing its mental health chapter. The K-pop group is part of a new global campaign announced by UNICEF’s Korean Committee during a press conference held Tuesday (April 28). The campaign, titled TOGETHER FOR TOMORROW, is focused on the mental health of kids around the world.
In the video released with the campaign announcement, HUENINGKAI, TAEHYUN, YEONJUN, BEOMGYU and SOOBIN join children on a sparse set to chat and have fun, as leader SOOBIN narrates the clip in Korean. “How are you feeling today? Rather than trying to change you, we just stay by your side,” SOOBIN begins. “Hard days happen, we’ve been through it too. Asking for help doesn’t mean you are weak. Taking care of yourself and leaning on others for support is a sign of strength. Because together, we can be ready for a better tomorrow.”
At the end of the visual, the K-pop group’s members and the kids jubilantly share the campaign’s title, shouting, “Together for tomorrow!”
TOMORROW X TOGETHER — who has landed 13 releases on the Billboard 200 so far — first kicked off its global youth mental health campaign alongside UNICEF with a visit to the UN agency’s New York City offices in October. “Through our musical journey, we have learned that expressing emotion is a sign of strength,” SOOBIN said in his speech at the time. “Now with our campaign with UNICEF, we want to help create a safe and inclusive space for youth to freely express their emotions.”
During that campaign launch, label BIGHIT MUSIC also pledged $1.4 million to fund youth programs and efforts to destigmatize mental health issues.
Watch the new TXT x UNICEF video for the TOGETHER FOR TOMORROW campaign below:



