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Muchas veces, un accidente puede cambiarte la vida. Donde antes veías el derrumbe del porvenir, quizá necesites cambiar de perspectiva y reconocer lo que ese incidente abrió en ti como posibilidad de transformación. En el caso de Yerai Cortés, una lesión en la mano —que para muchos habría significado un declive momentáneo en su carrera— se convirtió en un punto de inflexión. El músico logró salir de la incertidumbre y el temor ante lo que podría suceder, y se reinventó, descubriendo una nueva faceta personal y artística que le ha permitido ver y sentir mucho más allá de las cuerdas de su guitarra. 

De ese momento surgió Popular, su nuevo álbum: una obra que no solo amplía, sino que también trasciende el universo musical y creativo de Cortés. Como un pregonero que alza la voz para contar su propia historia, el músico decide colocarse en segundo plano y asumir el papel de acompañante de las dulces voces del pueblo. Son esas voces las que, en conjunto, construyen una conexión profunda con la tradición, una que brota con orgullo desde la raíz de su identidad.

En esta entrevista íntima y exclusiva con ROLLING STONE en Español, Yerai Cortés habla sobre Popular, la reinvención de su persona después de su accidente en la mano y mucho más. Lee aquí la entrevista completa. 

Háblame sobre la historia detrás de tu próximo álbum Popular.

Este disco lo empecé a componer involuntariamente, sin la guitarra en la mano. Tuve una lesión en el tendón de la mano izquierda, y me tuvo siete meses sin poder tocar, con una venda en la mano. Justo acababa de cerrar la edición de la película que hice con “Pucho” (C. Tangana). Es decir, cerré una herida y se me abrió otra. Yo venía de estar currando, de aquí para allá, y fue llegar a casa a tener mucho tiempo libre. La verdad es que me costó parar de crear y de hacer cosas. Decidí parar y componer música. Recuerdo que tarareaba frases y me decía con qué parte de la guitarra podría sonar bonito. Me las guardaba en el móvil, para cuando yo estuviera bien, poder hacerlas. Yo empecé a escribir estribillos y me los imaginaba con la guitarra, pero cuando me di cuenta, rellené esos huecos de la guitarra con más letras. Cuando me di cuenta, tenía canciones hechas de arriba abajo, y que no eran de guitarra. Ya tenía como seis canciones en un proyecto donde no había una guitarra, y lo principal era la letra y el canto. 

La esencia del proyecto es el parón que di por mi mano. Me di cuenta que inicié desde otra perspectiva y lugar a crear música, ya no con la guitarra en la mano, pero sí en la cabeza. Lo hice desde el cancionero. La guitarra ya no era la protagonista, era la que acompañaba. He descubierto esa nueva rama en la que hay nuevas canciones. 

Luego, cuando me recuperé, hice canciones con guitarra, pero estuve pensando muy bien la narrativa de las canciones porque me aproveché de que estaba escribiendo para poder hacer un orden en el que se pudiera entender un tipo de viaje o película, entonces me parece un trabajo súper chulo. Se trata de desaprender y aprender de nuevo. Es como arrancar la conexión que siempre he tenido con el arte, pero ahora unirme con otra herramienta. 

¿Qué descubriste de ti en este proceso?

Cuando pienso las cosas que tengo que hacer con la guitarra para un disco, y cómo tiene que ser un proyecto como guitarrista, es que hay una figura y presión de lo que se tiene que demostrar para otros músicos. Me di cuenta que hay un Yerai detrás de ese guitarrista, y tiene que ver con la creatividad, que hasta entonces la mayoría de mis obras y creatividad estaban dentro de la guitarra, pero ahora, están mucho más en lo conceptual y todo lo que rodea la canción. Tiene que ver con la forma en la que se presentan las cosas y cómo me expongo yo como guitarrista. He descubierto que me gusta mucho la creatividad y la dirección de cómo contamos las historias, el por qué lo hacemos, para qué y la forma en la que lo hacemos. Creo que esto ha sido lo que he descubierto. 

Yerai Cortés, el pregonero del pueblo 
Cortesía prensa

Al escuchar el disco siento que estamos en el presente, pero también hay un viaje al pasado. ¿Cómo lo sientes o intentaste representar?

Es un viaje al pasado. Es lo que sentía en el momento que lo escribí. Es otra película para mí. Creo que nos suele pasar a muchos, cuando estás haciendo un proyecto, lo armas, lo grabas y lo editas, entonces pasa mucho tiempo y ya no estás en ese lugar. Es muy bonito a nivel trabajo. Las cosas que nos han dolido en el pasado, pues intentamos olvidarlas, pero yo, en este caso, aprovechando el corte que me hice en la mano, he tenido que convivir con la curación de una herida. Me estaba abriendo para contarla. Eran dos heridas que estaban abriéndose en paralelo. Lo que me di cuenta cuando me recuperé, es que no puedo mirar a otro lado porque necesito seguir cuidando esa herida, y que en algún momento estuvo roto. Tengo que estar agradecido porque se ha curado y arreglado. Esto no se borra; aprendes a vivir con la cicatriz y la llevas con bandera, porque de ese error aprendiste a ser como eres. Los trabajos que hacemos los artistas son cicatrices bonitas que terminan siendo un proyecto creativo bonito. Son bonitas de recordar, y cuando tú las cuentas, aunque estés en otro lugar y la cicatriz esté cerrada desde hace tiempo, tienes una forma poética de recordar un error, un perdón o una cara. Somos privilegiados los artistas porque podemos recordar nuestras pequeñas figuritas. 

Es como el kintsugi, el arte japonés de reparar cerámica rota utilizando polvo de oro.

Eso lo hace único. El mismo vaso que antes era uno entre mil iguales, ahora está rayado de oro. Esto es divino. 

Me interesa mucho lo que mencionas sobre la lírica del disco, que representa el personaje protagónico de la historia. A ellas las llamas “las voces del pueblo”, ¿cómo las encontraste? 

De las coplas populares y de lo que canta la gente, que no se sabe de dónde vienen. En el flamenco, las letras populares conviven hasta el día de hoy. Solo por pertenecer a la estética de las letras que se hacían antiguamente, pues siguen haciendo para decir que estamos aquí. Hay pocas composiciones nuevas. A mí siempre me ha inspirado esto, desde la cuna. Me molaba de lo popular, que el pueblo la canta. Y no se sabe el autor. Para mí, era hacer música y canciones que sean totalmente entendibles, que no tengan demasiada metáfora. No quería que solo la entendieran tan solo unos pocos para pertenecer al arte. He rebajado todo el arte elitista que podría haber, para así llevarlo a las letras tradicionales y normales, cómo se habla y cómo se canta. Me encantaría que esto lo pudiera escuchar en la boca de alguien. Ninguna de las ocho chicas que me acompañan en el disco son cantantes; son bailarinas que tienen un ritmo increíble. Sin embargo, cuando cantan todas unidas, es como si cantase todo el pueblo. Es como si cantaran un cumpleaños feliz en una fiesta, o cuando en un estadio cantan el himno; en todos estos sitios se entiende y van entonados. El pueblo unido tiene una fuerza y una unión que es bella. Para mí, lo popular es cuando todos se juntan para una: el pueblo entero llora, ríe, canta y baila. 

Cortesía prensa 
Cortesía prensa 

¿Qué tipo de memoria colectiva te interesaba recuperar: la histórica, la familiar o la emocional?

Para mí, siempre ha sido el amor. Se trata del amor en los años post película, en los que la película es una catarsis y destrozar unos cimientos que estaban armados, y algunos hasta mentira. Es desarmar, para después armar de nuevo, pero ahora con lo que realmente es. Es tirar todas las columnas y hacer la casa desde abajo. En el amor, se pasan por muchas etapas distintas, en las que la conquista no es ponerte guapo, decir una palabra bonita y oler bien; conquistas desde demostrar en que las personas pueden cambiar. Ha sido un proceso muy chulo, en el que he podido entender cosas que me pasaban en ese lugar y en ese momento, pero sobre todo, como cualquier artista, deseando que la emoción llegue, no sé si al pueblo, pero sí a quien le tenga que llegar. Muchas veces, por más historias que tengas que contar, si no hay música detrás, la emoción no es igual. 

Tras el lanzamiento de La guitarra flamenca de Yerai Cortés, ¿sientes alguna presión por presentar nuevos materiales? 

No es presión, pero sí que es tomar temperatura. Es revisar dónde estaba, qué proyecto he hecho y verlo como artista, porque al momento de sacar nuevas cosas, pues tiene que estar a la altura de lo anterior que hice. Te pones una especie de presión, un tipo de marca que establece un límite. Piensas si puedes estar mejor, si puede haber un cambio a la hora de escribir o tocar, pero no por demostrar el cambio, sino por ser fiel al cambio personal que he tenido, y que se nota en mi música. Esto altera todo lo que he vivido y el momento en el que estoy, y veo si realmente se está entendiendo. El trabajo ha sido quitar el maquillaje y dejarlo lo más cercano posible a cómo yo me encontraba a nivel personal, con todo lo que he aprendido: ser permisivo con los errores, con lo orgánico, lo ruidístico, lo natural y la vida. 

¿Cuál es el concepto visual para Popular?

Va dentro de un concepto que me gusta mucho. Yo siempre dije que era el pregonero, y me iba a convertir en el cancionero que pregona al pueblo las historias que me están pasando. El pregonero era el que se ponía al centro del pueblo y se ponía a leer las noticias, contaba quién se había muerto, el bar que se había abierto, el río que se había colapsado, etcétera. El pregonero, en la actualidad, es una persona que está rodeada de medios para que ahora te lleguen las noticias directamente las noticias al móvil. Nos fuimos a una rueda de prensa, y es ahí donde yo puedo contar mi historia, porque lo que yo quiero, es que llegue al pueblo. Todo lo visual va por ahí: yo llegando, me persiguen por la calle, la gente sabe lo que quiere, tengo que decir algo y aún así no quiero, pero tengo que hacerlo en la rueda de prensa, y ahí, es cuando inicia el disco. Es muy guay. 

¿En qué etapa artística crees que llega Popular? 

En la que estoy descubriendo facetas nuevas. Ahora tengo que tocar esto en directo, pero estoy acostumbrado a sentarme y tener que contarlo todo con los dedos, pero ahora no solo tengo esas seis cuerdas, sino tengo otras seis que son ellas contando y cantando la historia. Tengo que hacer menos para que llegue mucho más. Tengo que acompañarlas a ellas. Estar en esta posición es nueva, y me alegra un montón haberla descubierto porque es muy bonito. Es lindo estar en segundo plano, y aunque no es algo que esté haciendo, sí es algo que he provocado. Creo que es algo muy flamenco, del pueblo. Es la memoria colectiva de la que hemos hablado antes, y eso lo afianza mucho. 

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Hay un momento cinematográfico reciente, inesperado y revelador: Ralph Fiennes coreografiando a The Number of the Beast en la estupenda cinta de terror sobre infectados 28 Years Later: The Bone Temple. No es un guiño gratuito. Es otra prueba de algo más grande: quien entra en el universo de Iron Maiden no sale igual. Hay una energía teatral, excesiva y casi ritual en la música de Maiden que como una infección incurable, se instala y permanece.

Esa misma lógica es la que atraviesa el documental Iron Maiden: Burning Ambition. No es el primer acercamiento de la banda al cine. Antes estuvieron conciertos filmados como Flight 666 y En Vivo!, además de múltiples registros en video y documentales fragmentados sobre su historia. Sin embargo, aquí hay un cambio. Por primera vez, la banda permite que alguien externo construya el relato. Y ese gesto define la película.

Dirigido por Malcolm Venville, la persona detrás de varias miniseries históricas para la televisión (Churchill At War, FDR, Theodore Roosevelt, Abraham Lincoln, Grant), el documental recorre cinco décadas de historia, desde el origen en el East London hasta su consolidación como fenómeno global. Pero no lo hace desde la cronología tradicional, prefiriendo armar un mosaico de archivo, animaciones, entrevistas y, sobre todo, la voz de los fanáticos.

Más que centrarse únicamente en la banda, la película expande el foco hacia quienes la sostienen. Testimonios que cruzan generaciones y geografías, desde figuras como Javier Bardem, Tom Morello, Chuck D, Gene Simmons o Lars Ulrich hasta fanáticos anónimos que explican lo mismo desde otro lugar: Iron Maiden no es solo música, es pertenencia e identidad.

Además, el documental introduce una dimensión emocional que no siempre se asocia con la banda. La tensión interna, el desgaste de las giras, las salidas de integrantes clave como el fallecido Paul Di’Anno, Bruce Dickinson o Adrian Smith en los noventa, y el peso de sostener una maquinaria que nunca se detiene, a pesar del cáncer de garganta o los derrames cerebrales. No es una lectura complaciente. Hay fricciones, dudas y momentos donde la banda parece quebrarse irremediablemente.

Sin embargo, la película no se queda en el conflicto. Lo integra como parte de una narrativa más amplia que gira en torno a la persistencia y a la idea de que Iron Maiden no se define por la perfección, sino por la ambición y la resiliencia.

Visualmente, el documental apuesta por la camaradería y la calidez, en línea con la propia banda. Las animaciones de Eddie (esa figura esquelética que ha acompañado cada etapa y portada de álbum), cobran vida conectando canciones, conciertos y momentos clave. No siempre es sutil, pero sí coherente con el imaginario de Maiden.

Donde la película tropieza es en la acumulación. Condensar cincuenta años en poco más de dos horas implica decisiones, y algunas ausencias pesan. Ciertos conflictos se mencionan sin desarrollarse y algunas etapas se recorren con rapidez. El resultado es desigual: hay momentos muy potentes, otros que pasan demasiado rápido y otros que se evitan y omiten.

Aun así, Burning Ambition funciona muy bien en dos niveles. Para el fan, es un archivo emocional, nostálgico y una confirmación de algo que ya sabía. Para quien llega sin contexto, es una puerta de entrada efectiva a un universo que mezcla música, magia, identidad y espectáculo.

Y ahí está su punto central. La cinta no intenta justificar a Iron Maiden, sino que más bien muestra lo que es: una banda que convirtió la épica en música y que, cincuenta años después, sigue operando bajo esa misma lógica.

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The Rolling Stones están dando pistas de su nuevo álbum, Foreign Tongues, con un nuevo sencillo titulado “In the Stars”. Esa canción, junto con la blusera “Rough and Twisted” —la cual promocionaron con una campaña de bajo perfil bajo el pseudónimo de The Cockroaches— encabezan las 14 pistas del LP. El álbum, previsto para el 10 de julio, es el sucesor de Hackney Diamonds (2023), que fue un éxito número tres en Estados Unidos y le valió a la banda un Grammy.

El nuevo single, “In the Stars”, se presenta inicialmente como una canción de pop-rock al estilo de los Stones de principios de los ochenta. Sin embargo, hay una melodía única en el estribillo cuando Jagger canta: “It’s in the stars, it’s our destiny”, mientras los coros hacen “oooh” a su alrededor con un toque de piano que muestra una nueva faceta de la banda, antes de volver a un riff de Keith Richards instantáneamente reconocible. “Do you wanna dance ’til the roof caves in?” canta Jagger. “Yeah, and the guitars cream and the choir still sings”.

Por su parte, “Rough and Twisted” es un rock blusero de esos que te hacen marcar el ritmo con el pie, cargado de slide guitar, piano boogie-woogie y saxofón, evocando las grabaciones de la banda de principios de los setenta. “Why don’t you drive me down that rough and twisted road?”, brama Jagger al comienzo, mientras la banda se asienta en su característico contoneo . También toca la armónica con su inconfundible e intenso lamento.

La banda grabó el álbum en los Metropolis Studios del oeste de Londres. El productor Andrew Watt, quien estuvo al mando de Hackney Diamonds, también dirigió Foreign Tongues. Además de Jagger, Richards y el guitarrista Ron Wood, el álbum cuenta con el regreso del bajista Darryl Jones (quien no estuvo disponible para Diamonds), el tecladista Matt Clifford y el baterista Steve Jordan. El disco también incluye una aparición del fallecido baterista de los Stones, Charlie Watts, grabada durante una de sus últimas sesiones antes de morir en 2021. Los artistas invitados incluyen a Steve Winwood, Paul McCartney, Robert Smith de The Cure y Chad Smith de los Red Hot Chili Peppers.

“Me encanta hacer estas sesiones de grabación en Londres, en Metropolis”, expresó Jagger en un comunicado. “Fueron unas semanas muy intensas grabando Foreign Tongues. Teníamos 14 pistas estupendas y fuimos lo más rápido que pudimos. Me gusta esa sala porque no es demasiado grande, así que puedes sentir la pasión de todos en el lugar”.

“El álbum Foreign Tongues tiene una continuidad respecto a Hackney Diamonds, y fue genial volver a trabajar en Londres y tener ese ambiente londinense a nuestro alrededor”, añadió Richards. “Fue un mes de fuerza concentrada. Para mí, se trata del disfrute. Soy bendecido por poder hacer esto y que dure mucho tiempo”.

“La atmósfera en la sala era muy creativa y toda la banda estuvo en plena forma durante todo el proceso”, dijo Wood. “Muy a menudo lo logramos en la primera toma. Espero que a todos les encante”.

El arte del álbum presenta ilustraciones de fragmentos de los rostros de Richards, Wood y Jagger apilados uno sobre otro, creados por Nathaniel Mary Quinn. El álbum estará disponible en CD, CD de lujo, casete y múltiples ediciones en vinilo, además de formato digital. El sencillo “In the Stars” también se lanzará en CD y vinilo.

Previamente, la banda lanzó “Rough and Twisted” como un promocional de 12 pulgadas bajo el nombre de The Cockroaches, un pseudónimo que utilizaron anteriormente al actuar en 1977, en la época en que grabaron Love You Live y el recientemente editado El Mocambo 1977.

Actualmente, los Stones no tienen fechas de gira programadas, pero Jagger, Richards y Wood tienen previsto hacer una aparición en Brooklyn este martes para el lanzamiento de Foreign Tongues.

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Por primera vez en su trayectoria, Mike Miller dirige su enfoque creativo a un artista global latino, Carín León. 

Mike Miller es un fotógrafo reconocido por su trabajo en la estética urbana, el hip hop y la cultura pop de los años 90 y 2000. A través de su lente, ha capturado retratos crudos, auténticos y definitorios de artistas como Eminem, Tupac Shakur, Snoop Dogg, Dr. Dre, Ice Cube, entre otros. Su obra refleja la esencia del street style y ha dado lugar a imágenes icónicas que perduran en la historia de la cultura urbana, trascendiendo generaciones y contextos.

Como un guiño de evolución y ambición, Miller se encamina a un nuevo género digno de retratar: el regional mexicano. Para contar una nueva historia, el fotógrafo se une al músico, cantante y multiinstrumentista Carín León, una de las voces más destacadas de la música mexicana contemporánea. Esta alianza no solo presenta una colaboración visual, sino también un punto de inflexión en la narrativa del género que presenta uno de los auges más emblemáticos en la historia de la música. 

“El simple hecho de tener la oportunidad de trabajar con un artista como Carín es una bendición. Carín y yo hicimos click desde un inicio, es todo un profesional. Agradezco mucho la confianza que me dio con mis propuestas. Espero tener más oportunidades de trabajar con Carín y su equipo”, compartió Mike Miller en exclusiva a ROLLING STONE en Español. 

La nueva era visual de Carín León se presenta como la unión de dos mundos que inusualmente se unen, pero cuando lo hacen, se crean universos creativos originales, voraces y únicos.  Mike Miller no solo tomó fotografías de la nueva etapa artística de Carín, sino que nos hace testigos de la evolución a la que hace que el cantante mexicano se someta a través de un cambio necesario y meticulosamente pensado. 

Las imágenes, capturadas en Hermosillo, Sonora, nos muestran una identidad más fuerte, elevada y con una proyección internacional que se alinean a la perfección con la visión que aporta Carín León al regional mexicano: poder. Estas fueron capturadas en tres rodajes diferentes: ‘La buena’, ‘Ruca’ y ‘En la misma cama’. 

“Fue una experiencia increíble trabajar con un talento tan grande como la leyenda del lente Mike Miller. Su visión y sensibilidad se reflejan en cada uno de sus trabajos, y su habilidad para capturar no solo cada momento, sino también la esencia de la cultura y los paisajes de Hermosillo, le da un toque especial a MUDA”, dijo Carín. 

El cantante también aseguró que el trabajo de Miller logró plasmar, a través de imágenes, la calidez y autenticidad de la gente de su lugar de origen, así como la belleza singular de los paisajes que los rodean, lo que lo hace aún más especial. La conexión que surgió con este proyecto fue innata y natural: “Me siento verdaderamente agradecido de haber estado frente a su cámara; cada instante se convirtió en algo único y mágico. Sin duda, su estilo y profesionalismo dejaron una huella profunda en esta colaboración”.

Mira aquí algunas de las fotografías de Carín León por Mike Miller:

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Gilby Clarke toca un montón pero graba poco. “Tengo cuatro temas nuevos, pero la verdad que es difícil sacar un disco ahora”, dice, y su currículum le da la razón: lo último que publicó fue The Gospel Truth en 2021, y antes de eso Swag en… ¡2001! A años luz quedó Pawnshop Guitars (1994), el debut con alta rotación en MTV y un par de hits (el cover de “Dead Flowers”, la original “Cure Me… Or Kill Me…”) en el que demostró que, para él, había vida por fuera de Guns N’ Roses. O sea: técnicamente todavía le faltaba un año para recibir el telegrama de Axl, pero la banda a la que llegó en 1991 para reemplazar a Izzy Stradlin estaba stand by por decisión de su errático líder, y Gilby aprovechó el tiempo grabando como solista y participando de Slash’s Snakepit, el primer proyecto de su compañero por fuera de los Guns.

Desde ese momento, dijimos, grabó con moderación pero tocó acá, allá y en todas partes: con Slash, con Lemmy, con Heart, con MC5, cubriendo una emergencia para Alice Cooper hace poco, con una banda de reality que se llamó Rock Star Supernova y no duró nada. En ese interín, vino a la Argentina tantas veces que -dice- ya no las puede contar, y este año no será excepción: el 22 de este mes toca en Rosario, el 23 en Mar del Plata y las dos noches siguientes en el Roxy Live porteño. Recuerdos, consejos, impresiones y esa canción que -con toda su experiencia- todavía no logra domar.

Visitaste Argentina muchas veces, pero la primera fue especial, por el momento que atravesaba Guns N’ Roses y todo lo que rodeó esa visita. ¡Hasta el presidente les dijo “forajidos”!. ¿Cómo viviste ese viaje?

Mirá, hay muchas cosas que no recuerdo de hace 30 años, pero nunca voy a olvidar eso. Además de ser mi primera vez en Argentina, también fue la primera vez de los chicos. Y ellos habían hecho muchas cosas antes que yo no había hecho. Pero fue algo que… no sé, no creo que mucha gente tenga la oportunidad de experimentar algo así. Había mucho amor en el aire. Había mucha pasión en el aire. Como dije, nunca lo voy a olvidar. También la primera vez que fui con mi banda solista, cuando abrimos para Aerosmith [Vélez, 1994]. Eso fue genial. Cientos de chicos afuera del hotel. Sabían las letras de las canciones. Espero no ser ese tipo de persona que se olvida de algo así. Fue una experiencia realmente única.

¿Cómo es interactuar en el estudio o en el escenario con un guitarrista que hace todo bien como Slash? ¿Fue difícil encontrar tu lugar cuando entraste a la banda o fue al revés? ¿Cómo construyeron esa química musical que tienen?

Bueno, hay que dar el crédito a quien corresponde. Fui elegido porque Izzy y yo venimos un poco del mismo lugar. Tenemos las mismas influencias. No somos iguales, pero tenemos muchas similitudes. Así que fui elegido para cumplir un rol. Y ese rol, por suerte, creció. Slash fue muy firme en decir: “Mirá, hay partes importantes de las canciones que tenés que tocar, pero quiero que lo hagas tuyo. Quiero que lo toques como lo tocarías vos”. Y fue realmente importante que lo dijera. Muestra el tipo de músico que es y la confianza que deposita en los nuevos como yo y Matt [Sorum, reemplazante de Steven Adler]. Nos dejó ser nosotros mismos, no estábamos en una jaula teniendo que tocar como Izzy, vernos como Izzy. Él no era así. Era: “Hacelo tuyo”. Así empezó, pero se transformó en una buena relación musical. Tocábamos bien juntos. Los dos somos similares en el sentido de que somos guitarristas de rock and roll, pero él hace cosas que yo no puedo hacer y yo hago cosas que él no puede hacer. Por eso funciona tan bien como dupla de guitarras.

Está claro que Guns N’ Roses fue una etapa increíble en tu carrera, pero el final no estuvo bueno. ¿La despedida empaña de alguna manera tus recuerdos de esa época?

Lo bueno del paso del tiempo es que me olvido de lo malo. Pero mirá: cuando entré a la banda, cuando me llamaron, yo sabía a lo que me estaba metiendo. Sabía que podía durar una semana, seis semanas, un mes, un año. Sabía que era una relación volátil. Y no solo conmigo, con todos. No sabíamos qué iba a pasar. Yo lo sabía y estaba bien con eso. Y, para ser honesto, me fui antes de que se pusiera feo de verdad. Nunca fue realmente feo para mí. La gente cree que lo fue, pero no. Todos nos teníamos respeto. Simplemente Axl quería llevar la banda en otra dirección, y yo, Slash, Duff, no éramos parte de eso.

Muchos de los crecidos en los 90 descubrimos “Dead Flowers” gracias a vos, para después enterarnos de que era una canción de los Rolling Stones. ¿Qué representa ese tema para vos?

Como músico, cada vez que estás en una situación de zapada, cuando vas a un club y querés tocar, esa siempre fue mi canción de referencia. Principalmente porque soy guitarrista y soy malísimo recordando letras, y esa es una de las canciones cuya letra siempre recuerdo. Así que fue algo natural. Es una de esas canciones de las que me gustaría haber sido el autor. Es genial, tiene esa mezcla perfecta entre country y rock. Era rock outlaw antes de que existiera el outlaw country.

Grabaste “Dead Flowers”, a veces tocás “It’s Only Rock and Roll”, hiciste “Wild Horses” con Slash… todo apunta a que tenés debilidad por los Stones de los 70.

Sí, absolutamente. De hecho, casi todos los covers que hacemos son de esa época. Y, de nuevo, principalmente porque son las letras que recuerdo. Es así de simple. Si recuerdo la letra, hacemos esa canción. Pero también hacemos Joe Cocker a veces. Hago mucho de los Beatles, “She’s So Heavy”. No la hacemos en algunos lugares porque mucha gente no la conoce. Recuerdo que en mi primera gira solista hacíamos Cheap Trick, tocábamos “Surrender” y otras canciones, y me sorprendía que mucha gente no conociera “Surrender”. Con T. Rex también, tocamos mucho y mucha gente no conocía esas canciones. Así que aprendí algo de eso.

Algo que me gusta preguntarles a los grandes guitarristas es si hay una canción de otro artista que sea como tu némesis. Una que te encanta tocar pero no te sale o te resulta muy difícil.

Bueno, te lo voy a decir: soy malísimo tocando “Highway Star” de Deep Purple. Ese solo… o sea, lo toqué bien un par de veces, generalmente en algún club chico improvisando, y salió perfecto. Pero es un solo tan icónico que todo el mundo lo puede cantar. Entonces, si no lo tocás bien, se nota.

¿En qué debería enfocarse un buen guitarrista rítmico de rock? ¿Cuál debería ser su arma principal?

Creo que lo más importante para un guitarrista rítmico en una banda con dos guitarras es no hacer lo mismo que el otro. Si uno es el guitarrista dominante, encontrá tu ritmo en relación a eso. Los Beatles y los Stones eran geniales haciendo que cada instrumento fuera importante en la canción. Hoy en día, hay una parte y todos la duplican o triplican. A mí me gusta cuando una guitarra hace algo y la otra hace otra cosa. No hay una respuesta única, pero diría eso: tener esa interacción con el otro guitarrista, tocar en función del otro, sumarle a la canción. Hay grandes ejemplos de eso, como los Stones, Aerosmith o Guns N’ Roses.

Hablemos de algunas de tus colaboraciones. Por ejemplo, el año pasado tuviste que tocar con la banda de Alice Cooper con muy poco aviso. ¿Cómo fue esa experiencia?

¡Tuve que aprenderme todo en dos días! Casi 30 canciones. Mi amigo Chuck Garric, el bajista de la banda de Alice, me llamó un viernes y me dijo que algo había pasado y que Nita [Strauss, la guitarrista “oficial” de la banda] no estaba disponible, y Orianthi [la primera candidata a reemplazarla] tampoco. Me preguntó si podía hacerlo. Le dije que sí. Me pasó la lista y tuve dos días para aprenderla. El lunes volé con la banda, ensayé el martes y toqué el miércoles. Había unas seis canciones que ya conocía, solo tenía que aprender sus versiones. Con tres guitarristas era un poco complicado encontrar tu lugar. Pero lo más difícil era mantenerse en el lugar correcto por todo lo que pasa en el escenario. Si ves videos, vas a ver a Tommy Henriksen [el otro guitarrista del grupo] moviéndome para que no me corten la cabeza, o a Ryan [Roxie, el tercer guitarrista] empujándome. Pero fue muy divertido. Alice Cooper es lo mejor. La banda es alucinante. Todos me ayudaron mucho. Incluso Nita me mandó pistas de guitarra para estudiar. Me gustan esos desafíos. Guns N’ Roses me dio una semana para aprender 50 canciones. Estos me dieron dos días para casi 30. Es divertido. No todos pueden hacerlo, y me gusta ser uno de los que sí.

Otro gran momento de tu carrera fue compartir escenario con Lemmy. ¿Cómo fue eso?

Lemmy es auténtico. Todo lo que ves de él en entrevistas o shows es igual fuera del escenario. No tolera a los falsos. Si sos falso o lo adulás demasiado, se va. Es importante ser auténtico con él. Trabajé con él varias veces, tocando y grabando. Tiene una lista muy corta de gente que respeta, y me alegra estar en esa lista.

Como representante destacado del rock clásico de guitarras, ¿creés que el género ya es pura nostalgia o sigue vivo?

Es interesante. En Estados Unidos, por ejemplo, hay bandas como Rival Sons que la están rompiendo. Dirty Honey empezó no hace tanto, pero veremos. The Struts también. Hay bandas que mezclan el sonido clásico con cosas nuevas. Incluso Yungblud en cierta medida. Creo que el género sigue vivo. Tal vez no esté en el centro como antes, pero sigue ahí.

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Después de cuatro décadas de convertir la rabia, la inconformidad y las heridas sociales en himnos de resistencia, La Pestilencia abre el último capítulo de su historia con ‘Es Mi Calma’, el primer sencillo de Buen Provecho, el álbum con el que la agrupación se despide definitivamente de una de las trayectorias más importantes del punk latinoamericano.

El tema aparece como una de las composiciones más íntimas y sensibles de esta etapa final. Sin abandonar la crudeza que ha definido a la banda desde sus inicios, ‘Es Mi Calma’ desplaza la mirada hacia una forma distinta de confrontación: la que ocurre por dentro. La canción habla de ansiedad, miedo, soledad emocional y del desgaste de intentar sostenerse en medio de una época marcada por la incertidumbre, la hiperconexión y la presión de aparentar estabilidad.

A través de imágenes que remiten al espejo, al miedo como refugio y a esa sensación de esperar una ayuda que nunca llega, La Pestilencia convierte la vulnerabilidad en una forma de catarsis colectiva. Ya no se trata únicamente de señalar el caos exterior, sino de reconocer las fracturas internas que también atraviesan a una generación acostumbrada a sobrevivir en silencio.

La Pestilencia enciende su último capítulo con ‘Es Mi Calma’
Cortesía.

Musicalmente, el sencillo mantiene la intensidad de la agrupación, pero abre espacio para una sensibilidad más frontal. En ‘Es Mi Calma’, la angustia no aparece como derrota, sino como punto de partida para hablar de salud mental, de cicatrices y de la posibilidad de encontrar algún tipo de alivio a través de la música. Es un grito emocional que no pierde fuerza por mostrarse vulnerable; al contrario, encuentra allí una nueva forma de resistencia.

“Nuestra gratitud eterna es para esa legión que nos regaló los recuerdos más potentes que un artista puede llevarse a la tumba. Siempre vimos la plaza llena; un mar de puños en alto que nos recordó, show tras show, que nunca estuvimos solos en este ruido. Gracias por ser el motor de 40 años de carrera”, expresa Dilson Díaz.

Con ‘Es Mi Calma’, La Pestilencia no solo anticipa el cierre de su discografía, también propone una despedida emocional que mira de frente el miedo, abraza las cicatrices y recuerda que incluso en medio de la oscuridad todavía puede existir un lugar para respirar.

El lanzamiento llega mientras La Pestilencia se prepara para su despedida de los escenarios. Bajo el nombre de El Último Pogo, la banda ofrecerá su concierto final el próximo 28 de noviembre de 2026 en el Coliseo Medplus de Bogotá, una noche que reunirá cuatro décadas de memoria, ruido, inconformidad y comunión punk.

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Maren Morris is weighing in on the current wave of women dominating country music, and she has nothing but praise for her peers.

Speaking with hosts Mack and Jen on SiriusXM Hits 1, Morris singled out Ella Langley, Lainey Wilson and Megan Moroney as artists exciting her right now.

“I’m so excited that they’re all crushing it,” Morris said, “because for a very long time it was pretty sparse having women dominate the charts and awards and just be paid what they’re worth. It’s amazing to see that tide turning and them all just having this huge moment right now simultaneously without competition.”

Morris was equally effusive about the songwriters behind the records, noting her personal connections to many of them.

“I’m friends with a lot of them and I’m super proud that they’re on these big projects,” she said. “The songwriting is just getting so good and that always makes me excited to continue writing.” She added: “It’s just nice to know right now that there’s so much quality music happening. I love that country is having a moment — it’s always to me been a global genre.”

The comments come at a significant moment for women in country. Wilson took home four CMA Awards in 2023 and has since become one of the genre’s biggest live draws. Moroney’s debut Tennessee Orange reached the top five of the Billboard 200, while Langley scored her first No. 1 on the Billboard Country Airplay chart with “You Look Like You Love Me” featuring Riley Green.

The three artists represent a broader shift in a genre that has historically struggled to give women equal footing on radio and at awards shows.

The comments come at a significant moment for women in country. Wilson took home four CMA Awards in 2023 and has since become one of the genre’s biggest live draws. Moroney’s debut Tennessee Orange reached the top five of the Billboard 200, while Langley scored her first No. 1 on the Billboard Country Airplay chart with “You Look Like You Love Me” featuring Riley Green.

The three artists represent a broader shift in a genre that has historically struggled to give women equal footing on radio and at awards shows.

Morris herself has long been among country’s most outspoken advocates for that change, having publicly addressed industry pay disparities and the underrepresentation of women on country radio throughout her career. Her 2019 single “The Bones” spent 13 weeks at No. 1 on the Billboard Country Airplay chart — a record at the time for a female solo artist — and her album Girl won Best Country Album at the 2020 Grammy Awards. Her 2016 debut Hero produced the top five country hit “My Church” and earned her a Grammy nomination for Best New Artist.

Morris released her most recent studio album, Intermission, in 2023. The full interview with Mack and Jen airs on SiriusXM Hits 1, channel 2, Monday through Friday at noon ET.

Jack Johnson has announced a six-date Australian and New Zealand tour this November, joined for the first time by Ben Harper and John Butler as special guests performing solo and acoustic.

The SURFILMUSIC 2026 Australia & New Zealand Tour opens at Brisbane’s Riverstage on Nov. 7 before heading to Kings Park & Botanic Gardens in Perth (Nov. 10), The Domain in Sydney (Nov. 14), Sidney Myer Music Bowl in Melbourne (Nov. 17), Spark Arena in Auckland (Nov. 20) and closing at Waipara Winehouse in North Canterbury, New Zealand on Nov. 22.

Artist presale runs May 7-8, with Mastercard presale from May 8-12. General on-sale opens Tuesday, May 12 at 2 p.m. local time.

The tour marks Johnson’s first return to Australia and New Zealand since 2022 and celebrates the release of the SURFILMUSIC documentary soundtrack, scored by Johnson and Hermanos Gutiérrez, due May 15.

The documentary — which premiered at SXSW in March — traces Johnson’s journey from surfer to filmmaker to musician, from his youth on the north shore of Hawaii through the making of his iconic surf films Thicker Than Water (1999) and The September Sessions (2000).

Johnson will perform alongside his long-time bandmates Adam Topol, Merlo Podlewski and Zach Gill, with fans able to expect classics including “Better Together,” “Flake,” “Inaudible Melodies,” “Taylor” and “Sitting, Waiting, Wishing,” alongside new material from the soundtrack.

The addition of Harper and Butler makes for a particularly loaded bill. Harper is a three-time Grammy Award winner whose catalogue includes “Burn One Down,” “Steal My Kisses” and “Diamonds on the Inside” — he has sold more than 16 million records worldwide across 18 studio albums. Butler, one of Australia’s most enduring independent artists, brings more than 25 years of hits including “Zebra,” “Better Than” and the instrumental epic “Ocean.”

Indigenous artist Emily Wurramara will perform at the Sydney show only. The tour is presented by Live Nation in partnership with Double J for Australian dates.

Johnson has sold more than 25 million albums worldwide across eight studio albums. Since 2001, proceeds from his albums and tours have resulted in more than $40 million donated to environmental, art and music education charities through the Kōkua Hawaiʻi Foundation and the Johnson ʻOhana Foundation, which he founded with his wife Kim.

Jack Johnson SURFILMUSIC AU/NZ Tour Dates

Nov. 7 — Brisbane, Australia @ Riverstage
Nov. 10 — Perth, Australia @ Kings Park & Botanic Gardens
Nov. 14 — Sydney, Australia @ The Domain
Nov. 17 — Melbourne, Australia @ Sidney Myer Music Bowl
Nov. 20 — Auckland, New Zealand @ Spark Arena
Nov. 22 — North Canterbury, New Zealand @ Waipara Winehouse

The Eagles have added more 2026 dates to their Sphere residency, extending their run as the artist with the most dates at the Las Vegas immersive venue to 64.

The new dates extend their run into the fall: Sept. 18-19, Nov. 13-14 and Nov. 27-28.

The most recent shows had ended April 10 and 11. The Rock & Roll Hall of Fame inductees had previously announced 12 shows for this year: Jan. 23-24, Jan. 30-31, Feb. 20-21, Feb. 27-28, March 20-21 and March 27-28.

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Artist presale registration is available now. The  presale begins May 15 at 10 a.m. PT. Tickets start at $175 and include all taxes and fees.

The group includes Don Henley, the only original remaining who co-founded the band with the late Glenn Frey in 1971, as well as guitarists Joe Walsh and Vince Gill, bassist Timothy B. Schmit and Frey’s son Deacon.

The Eagles’ Sphere stint started in September 2024, and the band added dates a handful at a time, setting the record for the most shows with the announcement of the February dates in October at 52. The previous record belonged to Dead & Co. at 48 shows.

Billboard praised the Eagles show, writing after the Sept. 20, 2024, opening: “For more than 50 years, the Eagles have been painting vivid pictures with their music, from the dark desert highway of ‘Hotel California’ to the billion stars all around of ‘Peaceful Easy Feeling’ to the cold, cold city of ‘Life in the Fast Lane.’ On Friday night, those images came to intense life at Las Vegas’ Sphere, where the technology of 2024 finally caught up to the band’s enduring artistry and created a technicolor display worthy of their classic, illustrative songs from the 1970s and beyond.”

Post Malone will headline Australia’s Strummingbird festival this October, the touring country event’s organizers announced Tuesday.

The Grammy-nominated artist tops a lineup that also includes Bailey Zimmerman, Cooper Alan, Cam, Sons of the East and a substantial supporting cast of international and Australian country acts across three dates in Ballarat, Newcastle and the Sunshine Coast.

Presented by Kicks Entertainment, Strummingbird 2026 will play Victoria Park in Ballarat on Oct. 10, Newcastle Foreshore on Oct. 17 and Kawana Sports Precinct on the Sunshine Coast on Oct. 18. Presale tickets go on sale Wednesday, May 13, with general admission on sale Thursday, May 14 via strummingbird.com.au.

Malone’s headlining slot follows the release of his country crossover album F-1 Trillion, which earned a Grammy nomination for Best Country Album and featured collaborations with Dolly Parton, Tim McGraw, Blake Shelton, Luke Combs, Chris Stapleton, Lainey Wilson and Jelly Roll. The appearance follows recent performances at Coachella and Stagecoach Festival, marking his return to Australia three years after a sold-out run at Splendour in the Grass.

Zimmerman, one of country’s fastest-rising acts, joins as second-billed headliner behind a breakout run that includes his debut album Religiously. The Album. and its 2025 follow-up Different Night Same Rodeo, which featured a collaboration with Luke Combs. His cover of Miley Cyrus’ “The Climb” at Stagecoach earlier this year became a viral moment. Cooper Alan, the North Carolina singer known for “Plead the Fifth” and “Take Forever (Hally’s Song),” rounds out the top-tier international bookings.

The wider lineup includes LA-based country act Stella Lefty, Texan outfit Dexter & The Moonrocks, Cowboy Carter songwriter Cam, Cigarettes @ Sunset, CMT’s Next Women of Country Class of 2025 alumna Kaitlin Butts, rising Californian Noah Rinker and Brad Cox.

Australian contingent includes Sydney’s Sons of the East, back-to-back CMAA Female Artist of the Year Max Jackson, Central Queensland cattle station turned global streaming sensation Mack Geiger, Brisbane native and 2026 Countrytown Breakthrough Artist of the Year nominee Briana Dinsdale, and Sara Berki. Country DJ Willie Pake will headline late-night sets across all three stops, with line dancing sessions led by Maddison Glover.

Local artists Lewis Love (Ballarat), Gamilaraay artist Loren Ryan (Newcastle) and Sammy White (Sunshine Coast) will each perform at their respective hometown dates.

Malone first crossed into country territory with F-1 Trillion, which debuted at No. 1 on the Billboard 200 in 2024 and produced the Billboard Hot 100 top 10 hit “I Had Some Help” featuring Morgan Wallen. The album marked a significant commercial and artistic pivot for the artist, who had previously dominated the Hot 100 across pop and hip-hop with hits including “Sunflower,” “Rockstar” and “Circles.”