Desde 1992, Mortal Kombat, el videojuego creado por Ed Boon y John Tobias, no solo redefinió el género de peleas, sino que también convirtió la ultraviolencia en lenguaje pop con sus fatalidades, rivalidades, gritos de “Finish Him!” y una estética que mezclaba artes marciales, cómics y cine de serie B. Todo un coliseo digital que marcó a toda una generación.
Ese espíritu llegó al cine en los noventa con Mortal Kombat y Mortal Kombat: Annihilation. No eran buenas películas, sin embargo, tenían algo que hoy escasea: energía. Especialmente la primera, con su tono exagerado, su banda sonora industrial y actuaciones que parecían entender que todo esto era un juego. Había algo camp y ridículo, pero también honesto.
Luego llegó el reboot de 2021. Mucho presupuesto, demasiadas promesas y muy poco carácter. La película intentaba tomarse en serio algo que nunca lo necesitó. Además, cometía un error básico: olvidar a sus personajes más importantes y reemplazarlos por un protagonista sin peso. El resultado fue una película desinflada, soporífera y casi insoportable, desconectada de la esencia del juego.
Es por eso que Mortal Kombat II sorprende. No porque reinvente nada, sino porque finalmente entiende el material. Aquí no hay intento de elevar la historia a algo que no es. Hay luchadores, sangre, vísceras, traiciones básicas y un torneo donde la única regla es sobrevivir. Y con eso basta.
El punto de inflexión tiene nombre propio: Karl Urban. Su Johnny Cage llega como una descarga eléctrica. Cínico, exagerado y divertido. Urban ya había hecho algo similar con el superhéroe británico Judge Dredd. Tomó un personaje que parecía condenado detenido a la desastrosa encarnación llevada a cabo por Sylvester Stallone y devolverle vida desde el respeto a la fuente original y la actitud. Aquí hace lo mismo. Además, trae consigo esa energía anárquica afinada en The Boys. Cada escena en la que aparece se siente más viva y eléctrica. Véanlo colocarse sus gafas oscuras y sabrán que Urban entiende de qué se trata todo esto.
A partir de ahí, la película se reorganiza o, mejor aún, se desorganiza. Ya no intenta justificar el absurdo sino lo abraza. Las peleas ya no necesitan explicación, los villanos existen para ser derrotados, y los diálogos funcionan porque no pretenden ser más de lo que son. En consecuencia, todo fluye mejor. El espectáculo manda.
El resto del elenco cumple dentro de ese tono. Adeline Rudolph aporta presencia como Kitana, mientras que figuras como Shao Kahn (Martyn Ford), Liu Kang (Ludi Lin) o Sonya Blade (Jessica McNamee) y Scorpion (Hiroyuki Sanada), se integran sin robar foco. Incluso personajes que antes no funcionaban como Jax (Mehcad Brooks) o Kano (Josh Lawson) encuentran aquí un lugar más claro dentro del caos.
La cinta no es sofisticada y tampoco lo intenta. Y ahí está su acierto. Su director por fin entiende que Mortal Kombat no necesita profundidad sino actitud, golpes, mucha sangre y un ritmo que no dé tregua. Finalmente, lo que entrega es exactamente eso: una pieza de entretenimiento ruidosa, excesiva, hiperviolenta y muy consciente de sí misma. Basura hecha con intención. Y esta vez, como una de esas películas descerebradas de Chuck Norris o Jean Claude Van Damme, funciona.
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“Este disco es la historia de una estrella y al mismo tiempo mi propia historia”, explica Bratty sobre HOSHI, título que viene de la palabra japonesa para “estrella”. La idea nace de una pregunta personal. Por qué está en ese lugar, por qué la gente conecta con lo que hace y si realmente lo que está construyendo vale la pena.
En la portada aparece con una estrella en la frente, como las que te ponen de niño cuando haces las cosas bien. Esa imagen resume el concepto del disco. Habla de validación, de la necesidad de sentir que lo que haces es suficiente y de todas esas dudas que, en su caso, no se dicen en voz alta, pero sí se convierten en canciones. ‘la estrella que quería brillar’, el segundo tema del album, retrata esta idea con crudeza.
El material reflexiona sobre lo que implica ser una “estrella”. No desde la idea aspiracional, sino desde las preguntas que hay detrás. Qué significa hacer algo original, qué expectativas se proyectan sobre los artistas y cómo se vive eso desde dentro.
El disco, en el que la artista de Culiacán explora un nuevo sonido, gestado durante un proceso de colaboración con muchos productores, colaboradores y en muchos lugares, es una interesante exploración sobre la historia de la artista, sus inseguridades, su ego y su posición como artista en esta era. El álbum cuenta con colaboraciones de Ed Maverick, Julieta Venegas, Marc Seguí, Natt Calma y Barry B.
Hablamos con Bratty unos días después del lanzamiento del disco. Lee la conversación a continuación:
¿Cómo va el álbum?, ¿cómo has sentido la recepción?
Bien, muy bien. Muy diferente a todo lo que he sacado antes.
¿En cuanto a la recepción de la gente?
Sí, o sea, de la mejor manera.
Hoshi es la palabra japonesa de estrella, ¿no? Y dices que el disco es la historia de una estrella y al mismo tiempo tu historia, ¿pero cómo se entrelazan esas dos?
Exacto. Pues creo que al principio del disco sentí que estaba hablando de alguien más y luego, en el proceso, me di cuenta de que estaba hablando de mí misma sin saberlo. Y bueno, por eso digo que es la historia de una estrella, pero terminó siendo mi historia porque soy una estrella, al parecer.
Me encanta la portada y me gusta el concepto de la estrella en la frente, ¿simboliza decirte a ti misma que lo estás haciendo bien?
Tal cual. Creo que siempre he sido una persona —no es secreto— muy introvertida, muy en su rollo, en su mundo. No soy de las personas a las que les gusta llamar la atención, tal cual. Entonces siempre he tenido esa espinita de preguntar: ¿por qué estoy aquí?, ¿por qué la gente se interesa por lo que tengo que decir? Siempre sobrepienso demasiado las cosas, incluyendo esto. Como si de verdad lo que estoy haciendo vale la pena, si es suficiente, si estoy haciendo lo correcto, si lo podría hacer mejor. Todas esas preguntas que todos los días pasan por mi cabeza y que no las hablo, las digo con música y este disco no es la excepción. Quise explorar mucho ese concepto de: ¿qué significa ser una estrella?, ¿qué significa hacer algo original?, ¿qué significan todos estos patrones que ponemos en alguien que idolatramos? Pero preguntándomelo a mí misma.

Y justo ‘la estrella que quería brillar’ es la que junta todo ese concepto, que habla del síndrome del impostor, de no sentirte suficiente. ¿Es la canción que mejor retrata el álbum?
Sí, yo pienso que sí, porque al mismo tiempo es la canción más vulnerable en ese aspecto; es lo que estoy pensando cuando estoy en mi punto más bajo de lo bajo, cuando empiezas a pensar que tal vez lo que está diciendo el username @JuanPablo.55, tal vez tiene razón, ¿no?, ¿sirvo para esto? La canción representa cuando todos esos pensamientos te empiezan a invadir la cabeza, sobre todo en alguien como yo, que sobrepiensa las cosas.
Sí, esta canción fue como mi punto más bajo, podría decir, de lo que para mí significa ser una estrella y hacerme este tipo de preguntas: ¿aún hay manera de decir algo original?, ¿o no?
Qué justo esa pregunta la haces en la canción. ¿Tú qué opinas de eso? ¿Es algo que te preocupa a ti como artista?
Sí, porque yo soy perfeccionista de corazón, entonces cuando pienso en hacer algo, siempre pienso en hacerlo de la mejor manera posible: ¿Qué es lo mejor que puedo hacer que nadie ha hecho nunca antes? Y al final, también recordando un poco mis inicios, eso también fue lo que me motivó, hacer música de este tipo, que venga de morras porque nadie lo está haciendo y yo quiero hacer algo nuevo. Y ese sigue siendo todavía mi detonador, ¿qué es algo que nadie está haciendo o que nadie ha dicho? Yo lo voy a hacer.
Para mí es súper importante eso. No creo que todos los artistas se lo pregunten porque hay muchos que hacen lo mismo y está bien que se queden ahí, pero yo siempre estoy buscando cómo aprender, cómo evolucionar, cómo poder decir de manera diferente las cosas. Es algo que, si no es así, para mí no tiene sentido.
Sí, y es un pensamiento fuerte para un artista pensar que ya todo está inventado y que ya todo existe.
Sí, es como, ¿para qué?, ¿para qué lo haces si todo ya existe?
Yo creo que hacer algo nuevo también va de la mano con hacer algo honesto. ¿Lo ves así también?
Sí, de repente. Me cuesta, pero sí, tienes toda la razón.
Y luego en ‘siempre quiero +’ te vas a la parte opuesta, hablas del ego, ¿no?
Sí, también. Así como uno está de repente abajo, si estás muy delulu, y te empiezas a decir; “No, pero ¿por qué? Si yo me merezco esto y esto y esto, y yo me veo ahí, yo sé que lo voy a lograr.”, pero, “¿Por qué todavía no estoy ahí?” Y de repente son cosas más materiales. Lo material no es sinónimo de éxito, pero a veces uno piensa que así es. Y en esa canción también quise recalcar eso, las cosas materiales, puras cosas más del ego, de que “no es mi culpa que a ti te duela que me vaya bien y que me estén pasando cosas chidas”. Ajá, es como el otro extremo de la estrella que quería brillar, que es siempre querer más, que nunca es suficiente con lo que tienes.
Y quieres buscar un balance entre esas dos, entre esos dos personajes, ¿no?
Un poco, sí.
Vi que en esta ocasión le das la vuelta al proceso y empiezas desde la parte visual. ¿Cómo empezaste eso? ¿Qué influencia tenías para construir la parte visual?
Justo nació de la parte visual porque me sentí estancada musicalmente, no sé, como que no sabía qué es lo que quería hacer, pero ya estaba aburrida de lo que estaba haciendo, quería hacer algo distinto. Y sí, dije, “Bueno voy a empezar con algo visual”. Hice este monito con una estrella en la frente y le empecé a dar un significado, una narrativa. Eso me ayudó a construir las canciones, a preguntarme estas preguntas de las que estoy hablando en todo el disco. Entonces fue como un rompecabezas, ¿no? Fui hilando los puntos y fui construyendo algo sin saber cómo se iba a ver al final.
¿Tú lo dibujaste?
Sí.
Ah, qué cool. Y luego literal retratas ese rompecabezas como parte de los visuales del disco, ¿no?
Sí, también en los sencillos. Como que así tal cual fue este disco, ir viendo qué pedo, o sea, cómo va a fungir este disco, cómo se va a ver al final. Es un disco muy frontal, desde la portada, por eso es literal mi cara con la estrella en la frente porque es lo que es, it is what it is. O sea, no me estoy escondiendo de nada, te estoy diciendo cosas súper vulnerables, te estoy diciendo lo que pienso sin esperar que nadie me juzgue y con toda la crudeza del mundo, ¿no?
¿Te tomaste más el tiempo de disfrutar el proceso que en otras ocasiones?
Sí, en general mi cerebro funciona así. Yo siempre veo los detalles primero y luego veo el panorama completo. Entonces, este disco fue eso, ir poniendo los detalles; quiero que sean estos colores, quiero que tenga lo de la estrella, quiero que la portada sea solo mi cara, quiero que sea muy minimalista, pero que cada cosa tenga su propio significado, etc. También me inspiré mucho en la cultura japonesa porque tal cual es eso, el ser minimalista y darle mucho peso a todo lo que estás poniendo, que sea intencional.
Fue un proceso de muchas sesiones, muchos productores, ¿cómo logras acotar todo eso que fuiste haciendo en un disco?
Pues creo que todo ese factor común fui yo. Fui con productores que hacían electropop, luego con productores que hacían reggaetón, otros que hacían cosas más poperas. Intenté de todo para ir encontrándome a mí también entre todo eso y creo que por eso el disco nunca pierde el hilo. Por más que cada canción suene muy diferente, el factor común es que yo estoy ahí también produciendo esas canciones junto con las otras personas con las que me junté, y que tienen una versión muy distinta a la mía y que son súper talentosos en lo que hacen. Fue como: “¿Cómo vamos a combinar esto con lo que yo hago y hacer algo nuevo?”. Y eso fue también un reto para las personas que produjeron conmigo el disco, porque al final hacían cosas súper diferentes, pero les emocionaba, así de que: “Ya necesitaba hacer algo como esto, algo más emocional”. Y creo que eso también es lindo, que ambas partes estén contribuyendo en algo con lo que estás aprendiendo al mismo tiempo que lo estás haciendo.
¿Es difícil mantener la parte emocional característica de tu proyecto con un sonido más alternativo?
Para mí no lo fue. Lo sentí súper natural, esto es lo que tengo que estar haciendo. Me trajo mucho la emoción otra vez de hacer música porque, por ejemplo, las canciones usan mucho el recurso de los vocal chops, para mí eso fue algo súper nuevo, y dije “Wow, eso suena cabrón, no sabía que podía hacer eso, lo quiero poner en todas las canciones”. Y eso es algo que existe desde hace un montón, ¿no? Pero yo apenas estoy descubriendo este synth o estos samples que no sabía que se podían hacer en la compu y sin querer estaba yo descubriendo un mundo que yo nunca había explorado. Obviamente existe, pero yo nunca me había dado la oportunidad de explorar eso.
Es lo que te da salir y trabajar con varias personas, vas incorporando nuevos elementos y eso al final te inspira más.
Es como la cocina. Vas a la India y conoces un condimento y te lo quieres llevar para ponerle a los tacos. Entonces vas ahí inventando cosas nuevas.
¿Hoshi es un alter ego?
Siento que esa es una pregunta que todavía no me contesto al cien por ciento porque, pues sí, es un alter ego, pero soy yo. O sea, al final soy yo. Entonces, no sé.
Que es lo mismo que pasa con Bratty y Jennifer, ¿no? O sea, como que vas adoptando distintos personajes que te dan nuevas cualidades, pero al final eres tú siempre.
Exacto. Siento que Hoshi al principio fue un personaje, fue esta excusa para experimentar con cosas nuevas y al final, bueno, o sea, soy yo. Entonces creo que nada más es el nombre de algo para poder explorar otras facetas que tú en tu vida a lo mejor no harías, pero que son parte de ti y están ahí.
Obviamente las colaboraciones son importantes en el disco. ¿Cómo juntaste grandes nombres y algunos más emergentes, pero todos de diferentes estilos?
Tal vez no es que yo los haya escogido así tal cual, sino que la vida me los puso enfrente y yo nada más tuve que ordenar esos pensamientos y decir: “Esta canción creo que iría muy bien con esta persona”. Y hablando, por ejemplo, de los nombres grandes que son Julieta y Ed Maverick, me siento muy afortunada de que se hayan tomado el tiempo, de que les haya gustado la música, de que hayan entendido la visión que yo tenía de las canciones y me hayan dicho que sí, porque les gusta también mi proyecto y a mí me gusta el de ellos, y esa sinceridad y esa naturalidad de las cosas es lo que hace que sucedan. Entonces, cien por ciento creo que eso fue con todos.
Con Marc, el día que hicimos la canción fue el día que lo conocí y me cayó súper bien y ahora es de mis amigos más cercanos del círculo de gente que hace música, y con Nat también, es súper tranqui. Con Barry también, entre él y yo hicimos esa rola como en dos horas y fue lo que salió, lo que grabamos, entonces, siento que ese factor común también es que son personas súper humanas, con los pies en la tierra y que confían en la visión y que también tienen esta dimensión emocional cuando hacen música, igual que yo, entonces conectamos muy bien.
¿Y cómo fue volver a trabajar con Ed Maverick? Ya con la evolución que tienen ambos unos años después de crear ‘Ropa de bazar’.
Pues él y yo tenemos una historia muy particular; nos conocimos cuando apenas acabamos de sacar nuestras primeras rolas, obviamente cada quien fue en direcciones distintas y ahí se fue distorsionando con el tiempo. Pero la manera en la que crecimos, los dos somos del norte, somos súper de rancho, y a veces no nos creemos lo que nos está pasando; es muy raro lidiar con esos sentimientos. Me acuerdo de cuando le dije a Ed: “Oye, ¿sabes qué?, voy a sacar este disco y significaría mucho para mí y también creo que significaría un chingo para los fans si sacamos otra canción juntos, pero ahora como en este presente que tenemos tú y yo.” Lo platicamos por mensaje y me dijo: “Tienes toda la razón, creo que estaría la neta bien lindo.”, además le gustó la canción.
¿La habías pensado para él?
Cuando yo la hice en el estudio, no. Siento que eso fue cuando la volví a escuchar, y pensé que esa canción me gustaría que subiera como collab con alguien y fue cuando pensé en él. Es una canción súper emocional y pensé que con Ed estaría increíble y dije: “Voy a mandarle mensaje, o sea, no pierdo nada”, y me dijo que sí, la grabó. Entonces creo que fue un regalo que le quisimos dar a los fans, sobre todo.
Supongo que te urge tocarlo en vivo. ¿Cómo te imaginas el show?
Me lo imagino súper diferente a todo lo que he hecho. Quiero que, así tal cual como lo fue este disco, también sea algo con una evolución súper marcada de lo que soy ahora en este presente y que se sienta como un renacimiento, que la gente lo vea y diga: “Ay, güey, no sabía que Bratty podía hacer esto y está muy cabrón”. Quiero que se sienta eso en todos los aspectos, tanto en lo musical como en lo visual, en la iluminación, en todo. Se me hace súper importante y es mi meta más próxima a la que quiero llegar, que cuando saque el tour y todo, eso sea lo que la gente pueda ver.
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Sonequa Martin-Green ha construido una carrera marcada por personajes que cargan mundos sobre los hombros. En The Walking Dead, su Sasha Williams atravesaba el duelo, la violencia y la supervivencia con una mezcla de dureza y fragilidad. Luego, en Star Trek: Discovery, hizo historia como Michael Burnham, una figura central dentro de una franquicia que siempre ha pensado el futuro desde dilemas morales, políticos y humanos.
Ahora, con Boston Blue, Martin-Green cambia las estrellas por las calles de una ciudad atravesada por instituciones, códigos familiares y tensiones públicas. Su personaje, la detective Lena Silver, pertenece a una familia vinculada a la ley y al servicio, lo que le permite a la actriz explorar otra forma de presión: la de actuar correctamente cuando la reputación, el poder y la percepción social complican cada decisión.

En Boston Blue, ¿cómo negocia tu personaje la tensión entre la ética personal y el poder institucional?
Oh, qué gran pregunta. Dios mío. Creo que esa es una lucha particular para este personaje. Al venir de una familia dedicada a la ley, especialmente de una familia prominente dentro de las fuerzas del orden en la ciudad de Boston, esto es algo con lo que todos tienen que lidiar todos los días. Tienen un código moral muy profundo. También tienen su fe en Dios, que los mantiene con los pies en la tierra y conectados con hacer lo correcto. Eso los mantiene comprometidos con el bien común.
Pero tienes razón: los poderes institucionales que existen plantean dificultades. No quiero decir que representen una amenaza, aunque podría decirlo así; más bien, hacen que todo sea más complicado.
Lo abordamos un poco en la serie, al comienzo de la temporada. Hay un episodio sobre un político que es perpetrador, y ahí entran en juego todas esas dinámicas. Creo que para alguien como Lena y para los miembros de su familia es más fácil lidiar con eso porque tienen un código moral muy fuerte. Sin importar lo que pase, siempre pueden volver a esa base: hacer lo correcto.
Podría seguir hablando mucho sobre esto. Fue una muy buena pregunta.

Tu personaje también carga con el peso del legado familiar. ¿Cómo trabajaste esa dimensión sin que se volviera algo rígido o predecible?
Creo que lo más importante era entender que ese legado no es solo una carga, también es un ancla. Es algo que le da dirección, que le da propósito. No es simplemente presión externa. Es identidad. Es algo que ella eligió también, en cierto sentido, porque decidió seguir ese camino.
Pero eso no significa que no haya conflicto. Claro que lo hay. Hay momentos en los que se pregunta si ese camino es el correcto para ella, si realmente quiere cargar con todo lo que implica. Entonces, lo que traté de hacer fue no verlo como algo unidimensional. No es solo obligación. No es solo tradición. Es amor, es orgullo, es duda también.
Y creo que eso es lo que lo hace interesante: que no siempre es cómodo.
La serie también pone a tu personaje bajo presión constante, tanto profesional como pública. ¿Cómo trabajaste esa exposición dentro de la actuación?
Sí, definitivamente esa presión está siempre presente. Creo que lo interesante es que no es solo la presión del trabajo, no es solo ser detective. Es todo lo que viene con eso: la percepción pública, las expectativas, el hecho de que la gente te está mirando todo el tiempo, especialmente cuando vienes de una familia conocida dentro del sistema. Entonces no puedes separar quién eres de lo que haces. Todo está conectado.
Para mí, como actriz, se trataba de sostener eso en cada momento. Incluso en escenas más pequeñas, más íntimas, esa presión sigue ahí, aunque no se diga explícitamente. Porque ella sabe que cualquier decisión que tome puede tener consecuencias más grandes. No solo para ella, sino para su familia, para su nombre, para todo lo que representan.
Eso es lo que hace que cada decisión pese más.
La serie plantea decisiones morales complejas. ¿Cómo te acercaste a esa idea de justicia desde el personaje?
Creo que la justicia no siempre es algo claro, y eso es algo que la serie entiende muy bien. Para Lena, hacer lo correcto no siempre significa seguir las reglas al pie de la letra. Y ahí es donde está el conflicto. Porque ella viene de una estructura donde las reglas importan, donde el sistema importa.
Pero al mismo tiempo, hay situaciones donde tienes que preguntarte: ¿esto realmente es justicia? ¿O simplemente es lo que el sistema dice que es correcto? Entonces, como actriz, traté de mantener esa pregunta viva todo el tiempo. No asumir que hay una respuesta fácil.
Hay momentos donde ella tiene que tomar decisiones difíciles, decisiones que no tienen una solución perfecta. Y creo que eso es lo que hace que el personaje sea humano. No siempre acierta. No siempre tiene claridad. Pero sigue intentando hacer lo correcto, incluso cuando eso es complicado.

Vienes de interpretar personajes muy intensos y con gran carga emocional. ¿Cómo se conecta este papel con lo que has venido explorando en tu carrera?
Creo que siempre me han atraído personajes que están bajo presión. Personajes que tienen que tomar decisiones difíciles, que están en situaciones donde no hay respuestas fáciles. Eso es algo que encuentro muy humano.
Con Lena hay una continuidad en ese sentido, pero también hay algo diferente. Hay una madurez distinta, una forma diferente de sostener esa presión. No es solo reacción. Hay más contención, más conciencia de lo que está en juego. Y eso fue algo que me interesó mucho explorar.
Finalmente, ¿qué te gustaría que el público encontrara en Boston Blue?
Me gustaría que las personas encontraran conexión. Que se vean reflejados en estos personajes, incluso si no comparten su realidad. Que puedan entender lo que significa tratar de hacer lo correcto en un mundo donde eso no siempre es claro. Y también me gustaría que encontraran comunidad.
Creo que eso es algo que todos estamos buscando: sentir que no estamos solos, que hay otros atravesando cosas similares, que hay un espacio donde podemos entendernos. Si la serie logra eso, entonces creo que hemos hecho algo valioso.
Gracias, Sonequa. Y déjame decirte que tu contribución a la televisión, especialmente con personajes como Michael Burnham, ha sido realmente significativa especialmente para todas esas niñas que necesitan de unos modelos de mujer fuertes e independientes como los que tú representas.
(Pausa). Gracias, lo aprecio mucho. De verdad, muchas gracias.
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Apenas cuatro horas después de que los Rolling Stones anunciaran su nuevo LP, Foreign Tongues, y presentaran el primer sencillo, “In the Stars”, Conan O’Brien subió al escenario del Weylin en Williamsburg, Brooklyn, y se dirigió a un público abarrotado que incluía a Leonardo DiCaprio, Christie Brinkley, Andrew Watt, Odessa A’zion y prácticamente a todos los periodistas musicales de la ciudad de Nueva York.
“Déjenme ponerlos en contexto”, dijo. “En 1962, un grupo de jóvenes se juntó en Londres. Tocaban en pequeños clubes, pero soñaban con algo más grande. Luego tocaron en clubes un poco más grandes, con la esperanza de alcanzar la fama algún día. Lamentablemente, ese día nunca llegó. Nunca lo lograron del todo. Creo que este álbum va a cambiar las cosas. Creo que este álbum es el definitivo. Después de años de esfuerzo y anonimato, abriendo conciertos para bandas como Oingo Boingo, Bananarama y Frankie Goes to Hollywood, este es su momento”.
Momentos después, Mick Jagger, Keith Richards y Ron Wood salieron para una sesión de preguntas y respuestas con O’Brien, llena de risas, pocas revelaciones importantes y fallos de audio constantes. Pero cualquier evento con los Stones sigue siendo una ocasión monumental. Aquí hay ocho cosas que aprendimos.
Su nuevo video de “In the Stars” presenta a Odessa A’zion y a un Mick Jagger rejuvenecido
Al final del evento, cuando muchos periodistas e invitados ya se habían marchado, proyectaron el video del nuevo sencillo de los Stones, “In The Stars”. En él se ve a un Jagger rejuvenecido radicalmente, con un aspecto similar al de los años 60, cantando la canción en un club con otros músicos, ninguno de los cuales parecía ser de los Rolling Stones. La actriz A’zion, conocida por su papel en I Love LA/Marty Supreme, aparece junto a él en el video y presenció el estreno con entusiasmo, sentada junto a Andrew Watt cerca del escenario.
Charlie Watts participa en el álbum
En los últimos años de su vida, Charlie Watts grabó varias canciones nuevas con los Stones que quedaron inéditas. Dos de ellas, «Mess It Up» y «Live by the Sword», aparecieron en Hackney Diamonds. Y una tercera, titulada «Hit Me in the Head», se recuperó para Foreign Tongues. «La grabamos en Los Ángeles con Charlie», dijo Jagger. «Es un temazo de punk rock muy rápido. Es una canción rapidísima». Steve Jordan toca en el resto de las canciones. «Charlie lo recomendó», dijo Richards. «Charlie le pasó el testigo».
Cuatro de las 14 canciones son anteriores a las sesiones, incluyendo una con Paul McCartney
«Hit Me in the Head» no es la única canción anterior a las sesiones de Foreign Tongues. El álbum incluye otras tres de hace poco tiempo, incluyendo una con Paul McCartney. “Sería muy gracioso si le hicieras una audición”, bromeó O’Brien. “Creo que sería divertidísimo”. Richards dijo que casualmente estaba trabajando en el estudio de al lado mientras grababan el último disco. “Quería venir a tocar con la banda”, dijo Richards. “Quería cumplir ese sueño”.
Curiosamente, Robert Smith también participa en el álbum
Muchos fans de los Stones se quedaron atónitos cuando el comunicado de prensa de Foreign Tongues reveló que Robert Smith, de The Cure, tocaba en el disco a pesar de no tener ninguna relación previa con la banda. En la rueda de prensa, Jagger explicó cómo sucedió: «Un día llegué a Londres para grabar mi voz y allí estaba este tipo, de espaldas a mí, con una bata larga», contó Jagger. «Cuando se dio la vuelta, la bata estaba llena de pintalabios. Le dije: “Nunca te había visto, pero eres Robert Smith, de The Cure”. Me respondió: “¡Sí!”. Le dije: “Ya que estás aquí, mejor hacemos algo”. Y cantó los coros». O’Brien bromeó diciendo que quizás no era Smith. «Después descubrimos que estaba allí para arreglar el aire acondicionado», añadió.
El álbum se grabó en Londres en tan solo cuatro semanas
Al igual que con Hackney Diamonds de 2023, los Stones y Andrew Watt grabaron el álbum en solo un mes. «Solíamos pasar meses y meses en el estudio sin salir nunca», dijo Jagger, «que es otra forma de hacerlo». Grabaron la mayor parte de Hackney Diamonds en Estados Unidos, pero este se grabó en Londres. Le dijeron a O’Brien que querían capturar «el ambiente londinense». «Lo llamamos el Chiswick frondoso», dijo Jagger, refiriéndose a un elegante barrio del oeste de Londres. «No estábamos en pleno centro del East End ni nada parecido».
El estudio era muy pequeño
“Ya habíamos trabajado en este estudio antes”, dijo Jagger, refiriéndose a los estudios Metropolis. “Antes era una antigua central eléctrica. Pero nunca habíamos grabado en esta sala. Es bastante pequeña. Tenía el tamaño justo, pero no era enorme. No hacía falta desviar la mirada para ver a todos. Se veía perfectamente lo que hacía cada uno. Se veía lo que pensaban. Esa sala nos vino de maravilla. El sonido era realmente bueno”.
Keith Richards no es un maestro del micrófono
Durante todo el evento de prensa, solo se pudo entender aproximadamente el 65% de lo que decía Richards. Esto se debía en parte a su acento, su risa constante y el terrible eco de un antiguo edificio bancario, que ahora alberga grandes eventos, pero sobre todo a que alejaba el micrófono de su boca mientras hablaba. En un momento dado, O’Brien se frustró tanto que le puso su propio micrófono delante de la boca a Richards. “La próxima vez te conseguiremos un micrófono mejor”, dijo O’Brien, “o podemos pegártelo a la cara con pegamento”.
Ni rastro de una gira
Desde Steel Wheels en 1989, un nuevo álbum de los Stones significaba una gran gira mundial por estadios. Pero cancelaron una gira europea prevista para 2025 y otra inicialmente programada para este verano. Han pasado casi dos años desde su último concierto, y no hay indicios de que vayan a hacerlo pronto. El tema de los conciertos no surgió durante el programa de O’Brien. Jagger, Richards y Ronnie Wood estarán en el programa de Fallon en noches diferentes esta semana para promocionar el álbum. No parece que vayan a tocar ni una sola canción en directo durante esta gira promocional.
Es posible que sus días de conciertos hayan quedado atrás y que ahora sean una banda de estudio. También es posible que tengan una serie de fechas próximamente que aún no han anunciado. Oye, Fallon, si estás leyendo esto, pregúntales al menos a uno de ellos sobre una gira. Muchos fans están deseando saber si la mejor banda en directo de la historia se ha retirado discretamente de los escenarios.
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El misterio empieza a tomar forma: Primavera Sound Buenos Aires confirmó cuándo dará a conocer su esperada grilla 2026. Lo hizo, fiel a su ADN, con un guiño en redes sociales.
“Anunciar el anuncio del lineup es muy Primavera. Guarda la fecha. Anuncio line up: 11/05”. Con esa leyenda, el festival encendió la expectativa. Así, el próximo lunes 11 de mayo se conocerán los nombres que encabezarán la nueva edición, que ya tiene fechas confirmadas: 28 y 29 de noviembre.
Aunque su historia local es reciente, Primavera Sound Buenos Aires ya dejó dos ediciones. La primera, en 2022, fue ambiciosa y expansiva: no solo incluyó el fin de semana principal, sino también shows en distintos puntos de la ciudad. Entre sus headliners estuvieron nombres como Arctic Monkeys, Björk, Lorde, Travis Scott, Jack White y Pixies.
Un año más tarde, en 2023, el evento regresó en formato más concentrado, con The Cure, Blur, Beck y Pet Shop Boys como artistas principales.
Aún sin nombres oficiales, las especulaciones ya empezaron a circular, alimentadas tanto por giras internacionales como por patrones históricos del propio festival. En redes sociales se habla de The Cure, The Strokes, Gorillaz, My Bloody Valentine, Massive Attack, The xx, Lorde, Lana del Rey y más. La verdad llegará el próximo lunes.
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Parece loco pensar que hayamos alcanzado un punto de la historia en que el talento y el amor genuino por el arte hayan pasado de ser constantes a variables dentro del oficio de hacer música. Por eso encontrar artistas que desde jóvenes antepongan la autenticidad sobre la búsqueda de los grandes números —en reproducciones y en dinero— se ha convertido en una rareza y, como tal, hay que destacarla siempre que sea posible. Joaquina tiene 21 años, seis de los cuales ha dedicado a publicar canciones en forma, pero hablar con ella se siente como tener al frente a una cantautora avezada a la que la experiencia le ha reafirmado ya varias veces que el dedicarse a ser artista no solamente trata de saber del music business; también hay que ponerle corazón. “Claro que la música es un negocio, pero también es una expresión del alma”, dice. Para ella, estamos en un momento en el que la industria ha puesto más peso en el lado de la balanza que contiene al negocio, olvidando el lado que contiene lo humano.

Su sensibilidad por las artes no es reciente. Joaquina proviene de un hogar que siempre le proveyó de recursos que le permitieron adentrarse en el mundo de la literatura, del cine, del teatro y, por supuesto, de la música, gracias a sus padres periodistas. Cuando explica que su pasatiempo predilecto desde que era una infante es la lectura, es inevitable imaginarla como Matilda: “Recuerdo la ida y la vuelta del colegio, siempre leyendo un libro, mi plan favorito era ir a la biblioteca. […] Recuerdo que, a veces, en el parque me ponía a leer bajo los árboles; me obsesionaba mucho. Tenía estos libros infantiles y en mi colegio había una biblioteca donde podías alquilar un libro, entonces, como a los ocho años, alquilaba toda una colección y me pasaba todo el rato en el parque, en el carro, leyendo”. Este interés, que bajo su percepción era poco usual para alguien de su edad, derivó en su gusto por escribir ensayos, poemas y canciones.
Ella es lo que se conoce en inglés como bookworm, por lo que se emociona al hablar sobre los autores y los libros que la han formado. Su cuerpo hace un ademán de entusiasmo y su rostro gesticula una sonrisa antes de hablar sobre esa pasión que ha tenido desde chica. Es entonces cuando comienza a hacer un breve repaso de los primeros autores que recuerda haber leído: Maya Angelou y Langston Hughes, entre otros poetas estadounidenses. A pesar de no entender muy bien de lo que hablaban en sus escritos, sí entendía “el peso de las palabras y su profundidad”, pero, además, estas lecturas le sirvieron para aprender de historia y sociología sin saber aún qué significaba cada una. A medida que fue creciendo, añadió a Isabel Allende, a Mario Benedetti y a Mario Vargas Llosa a sus intereses, debido a su narrativa y su forma de escribir. La lista se fue ampliando con Emily Dickinson, E. E. Cummings, Eduardo Galeano, Jorge Luis Borges e incluso Pablo Neruda, pero hace la aclaración de que después de conocer su historia de abuso sexual dejó de nombrarlo como parte de sus favoritos. Mientras responde, va haciendo un paneo por su biblioteca y, pese a que los que acaba de mencionar son los que más tiene presentes, afirma que cada día descubre más.
“Claro que la música es un negocio, pero también es una expresión del alma”.
La música llegó paralelamente a la lectura. A los tres años despertó una curiosidad intensa por aprender a tocar violín, así que su madre la inscribió en clases. Esta ansia por aprender cada vez más se extendió a la guitarra y al piano, hasta que se quedó con la voz. “Mi casa siempre ha sido muy artística”, cuenta. “Creo que desde chica absorbí eso, inevitablemente”. Joaquina era de las niñas que bailaba y cantaba frente a su familia, en parte, inspirada por las artistas que veía en televisión como Avril Lavigne y Gwen Stefani. Ver a unas chicas “rockeando”, siendo irreverentes y en posiciones de liderazgo, le quedó marcado en la memoria e intentó replicarlo en esos primeros acercamientos inocentes a una performance. La representación importa.
“Siempre sentí una conexión innata con la expresión a través de la música, y cuando descubrí que me encantaba leer y me encantaba escribir, conecté ambas cosas”, apunta, añadiendo que a partir de allí se atrevió a escribir canciones en su habitación. En varias ocasiones ha narrado la anécdota sobre la primera canción que escribió: tenía ocho años y la anotó en su diario, pero sintió tanta vergüenza de que sus padres la leyeran que arrancó la página y la desechó, aunque advierte que se arrepiente de haberlo hecho. “Esa fue la primera vez que conecté y dije, ‘Wow, esto me gusta’. Desde muy chiquita algo en mí siempre lo supo”, afirma.

Joaquina alcanzó a vivir el auge de las redes sociales a mediados de los 2010, así que empezó a subir covers en su cuenta de Instagram. Hubo un par de momentos en los que dejó de hacerlo por las burlas que recibía en el colegio por parte de compañeros que les pedían a los maestros que pusieran sus videos o hacían mofa de ella en la cafetería. Al mirar esos episodios en retrospectiva, considera que no era algo tan serio, pero comprende que en la mente de una niña de 13 años cualquier burla puede hacer mella. De todos modos, ya había tomado la decisión de hacer carrera como artista. “No sé si piensas que estoy loca, pero quisiera intentar sacar mis propias canciones”, recuerda haberle dicho a su madre un día mientras lavaba los platos. “Es demasiado difícil, pero tú siempre has tenido esta pasión, y nosotros siempre te vamos a apoyar”, le contestó.
Es usual que en entornos latinos, cuando alguien opta por dedicarse a las artes y/o humanidades, se cuestione su decisión al no considerarlas carreras que den mucho dinero o que garanticen un futuro. Joaquina creció en Miami, una ciudad con gran influencia latinoamericana, razón por la que siempre sintió el estigma del músico: “La hija de no sé quién va a intentar seguir la música, no va a ir a la universidad, no se va a buscar un trabajo de verdad”. El único apoyo que sintió provino de su profesor de música y de sus padres, quienes notaron su chispa desde pequeña y la impulsaron a seguir intentándolo.
“Tienen que pasar muchos años de mucho trabajo y de levantar la mano muchas veces para que por fin te veas entre la multitud”.
Sus dudas terminaron de disiparse cuando se dio cuenta de que estaba en un grupo de amigos que no le hacía bien. Estaban en ondas diferentes y no compartían los mismos intereses, y esto la estaba llevando a perderse a sí misma. Quería vestirse, maquillarse y teñirse el pelo como otras chicas y, si bien la adolescencia es un periodo de búsqueda del estilo personal, su entorno más cercano notó que no estaba siendo ella. “Me sentí muy cohibida. Me daba pena ser yo misma porque todo tenía que caber dentro de un statu quo”, medita. Su primer corazón roto —que inspiró su primera canción oficial— y la pandemia fueron el parteaguas que le permitió desligarse de esas amistades y retomar la exploración de sus verdaderos intereses.
Comenzó a vestirse y maquillarse de la forma en que quería, pero además empezó a escribir como siempre lo había querido hacer sin sentir presiones externas. Por fin sentía que podía ser ella misma sin ojos que juzgaran cada uno de sus movimientos y decisiones. Se aisló del mundo que conocía, pero en el camino fue descubriendo uno nuevo en donde había personas que sí la entendían. “La pandemia me ayudó muchísimo a encontrarme y ver mi vida a través de mis ojos, y no a través de los de alguien más”, señala.

Así como otros jóvenes de su edad, a Joaquina le tocó vivir parte de su adolescencia —una etapa tan crucial para el desarrollo de las personas— en aislamiento. Dice que, al mirar hacia atrás, es como si esa etapa de su vida, entre los 15 y los 17 años, la hubiera absorbido una especie de agujero negro. Sin embargo, también ve ese periodo como una “bendición escondida” pues, producto del aburrimiento, reconectó con la naturaleza y descubrió un gusto por el patinaje. Entre sus paseos solitarios en patines a playas escondidas y muelles desiertos, y sus lecturas de estudios bíblicos y teológicos, tuvo un proceso espiritual que la impulsó a cuestionar la religión y a llegar a sus propias conclusiones. Esto, asegura, la hizo crecer como ser humano.
El primer año de la pandemia fue crucial para su proyecto musical. Por un lado, conectó con el productor venezolano Eduardo Stambury, con quien tuvo sus primeros aprendizajes de producción y pudo publicar su sencillo debut, ‘Primer amor’. Por el otro, una productora la contactó por Instagram ya que le habían llamado la atención sus videos y andaba en busca de artistas para una sesión de composición en Miami. Esa fue la primera vez en que visitó un estudio de grabación y en la que compuso con otras personas. Tras estos acercamientos iniciales a la creación musical de manera más profesional, Joaquina hizo parte de la primera promoción de la Academia Art House de Julio Reyes Copello. Su primer EP, Los mejores años, nació como un “proyecto escolar” dentro del programa del productor colombiano.
“Para mí es importante mantener los pies en la tierra y no tener miedo a seguir intentando hasta llegar a donde quiero”.
“Hay muchas cosas que cambiaría”, comenta sobre el disco entre unas risas modestas. “Pero a la vez hay muchas cosas que le agradezco […]. Yo escribí desde el corazón lo que quería”. El trabajo contiene cinco canciones que van más allá de los amores y decepciones de la juventud; plasman la complejidad de sentirse una outsider en un entorno donde todos parecen ser piezas hechas a la medida. “El concepto nace porque yo estaba en un momento de mi adolescencia en el que todo el mundo me decía que esto era lo mejor que iba a tener en mi vida y yo me sentía tan perdida, tan sola. Nunca tuve ese grupo de amigos, nunca encajé en algún círculo, siempre me sentí muy solitaria, entonces yo decía, ‘Esto no puede ser lo mejor’. Personalmente no me hallaba, no me sentía tan bien conmigo misma”, explica.
Su habilidad para plasmar en canciones esta angustia adolescente la hizo merecedora del Latin Grammy a Mejor Nuevo Artista en 2023, premio que recibió de las manos de Carlos Vives. Entre lágrimas y llevando la bandera de Venezuela, agradeció no haberle hecho caso a quienes le dijeron alguna vez que no valía la pena hacer carrera como cantante. De ahí en adelante, comenzaría a sumar más y más logros entre los que se encuentran canciones con Juanes y Aitana, haber compartido escenario con Morat y Alejandro Sanz, ser parte de la banda sonora de una serie internacional y su primer álbum de larga duración, Al romper la burbuja.

Con letras que escribió a los 19 años, Joaquina publicó en 2025 un trabajo de 14 cortes y 50 minutos de duración que trata sobre ese paso casi traumático de la adolescencia a la adultez. “Todo este disco habla de cómo puedo permitirme evolucionar y crecer, mientras también cuido a esa niña que siempre siguió su intuición”, le explicó a ROLLING STONE en Español hace unos meses. Primeros amores, primeras decepciones, claridades que solo llegan con los años, cuestionamientos internos y dudas existenciales son algunas de las temáticas que aborda en el LP al tiempo que se adentra en sonidos folk, pop rock y synth pop, sin dejar de lado los guiños a su identidad latinoamericana con un poco de joropo y tango. Al romper la burbuja es, en últimas, un testimonio generacional que reconoce que crecer siempre será aterrador, pero que reafirma que el arte puede apaciguar el temor a los cambios o, mejor, puede ser una guía para aceptarlos cuando se trata de algo tan inevitable como el paso del tiempo. Es un disco de “primeras veces” con el que desbloqueó otros logros, como más nominaciones a los Latin Grammy, incluyendo la primera a Álbum del Año.
“Tienen que pasar muchos años de mucho trabajo y de levantar la mano muchas veces para que, por fin, te veas entre la multitud. Y a veces uno piensa que por haber hecho mucho, la gente te conoce, y no es verdad”, reflexiona al repasar los hitos que han marcado su trayectoria. “Estoy en un momento en el que estoy muy consciente de que ya he hecho cosas, pero eso no me asegura la carrera que estoy construyendo”. Siente que está en un “momento raro” en el que ha logrado mucho en poco tiempo, pero en el que todavía hay un montón de personas que aún no la han descubierto. Para ella, es esencial tener esto presente porque puede que su canción número mil sea la primera para alguien que recién la escucha. “Para mí eso es importante, mantener los pies en la tierra y no tener miedo a seguir intentando hasta llegar a donde quiero”, asevera.
“Cantar en Venezuela siempre ha sido mi sueño más grande, principalmente por un sentido de identidad porque a veces he sentido que no soy suficientemente venezolana y tampoco soy lo suficientemente estadounidense”.
Entre tantas metas por cumplir, una de las más significativas continúa siendo ofrecer conciertos en su Venezuela natal. “Siempre ha sido mi sueño más grande, principalmente por un sentido de identidad, porque a veces he sentido que no soy suficientemente venezolana y tampoco soy lo suficientemente estadounidense”, medita. Se mudó a Miami cuando tenía seis años y ha permanecido allí desde entonces, por lo que, naturalmente, la multiculturalidad ha permeado su identidad. Parte de su complejo de outsider antes de comenzar a lanzar música tenía que ver con el “nervio” de ser rechazada por ser insuficiente. “Creo que ha sido al contrario. Los venezolanos me arroparon muy bien y siempre me han hecho muy suya, en general. Me dicen que me esperan allá y he sentido muchísimo amor de su parte, mucho más de lo que me esperaba, eso lo agradezco profundamente”, destaca.
Joaquina se torna un poco más seria al profundizar en las razones por las que aún no ha llevado su show a su país. Sostiene que es una posición personal marcada por sus convicciones políticas, y que por eso mismo considera que sería insensible hacerlo en estos momentos. No obstante, cada vez que regresa para visitar a su familia, aprovecha para hacer encuentros con fans para sentirles más cerca. “Si Dios quiere, y con este nuevo horizonte que estamos viendo, sea posible en los próximos meses o años”, comenta. “Creo que ese día lloraré mucho porque es regresar al lugar que te vio nacer. Es una pieza de mi alma que siempre me ha hecho falta y que tal vez antes no entendía, pero sentir esa gravedad de tus raíces y sentir que perteneces a algo es un sentimiento muy infravalorado”.

A corto plazo, sus objetivos tienen que ver con despedirse de la era de Al romper la burbuja, y su versión deluxe publicada hace poco funciona como broche de cierre. Sus cinco canciones extra amplían la visión de hacer parte de una generación que creció hiperconectada y que vivió años cruciales para su desarrollo en el encierro, casi sin escapatoria de las pantallas. Para ella, equilibrar su presencia en el entorno digital sin permitir que este la absorba por completo es un reto enorme y algo que aprende a hacer todos los días. “Gracias a las redes, nuestros cerebros han sido condicionados a necesitar dopamina y validación constante”, apunta mientras vuelve a adquirir su tono reflexivo. “Creo que, biológicamente, no estamos programados como seres humanos para vivir pensando todo el tiempo en cómo se ve nuestra vida a través de los ojos de alguien más, ni para despertarnos y tomar el celular para ver qué está haciendo alguien en Australia a las tres de la tarde. Yo debería vivir mi ambiente inmediato”.
Este fenómeno de utilizar el Internet para escapar de la realidad, dice, ha ocasionado un efecto rebote en el que ahora se busca la realidad para escapar del Internet. Sin embargo, es consciente que no puede permitirse desconectarse del todo y que, a su vez, las redes son una herramienta que puede tener un impacto positivo si se usa de buena manera. En su caso, le han permitido mostrar su trabajo y conectar con quienes aprecian su música.
Su opinión respecto a la inteligencia artificial es similar, aunque más crítica. “Yo creo que la inteligencia artificial también es humana, porque nosotros la creamos. Al final del día, todo lo que creemos va a ser humano por default. Pero ahí hay una línea muy delgada”, dice. En relación con la industria musical, reconoce los beneficios que puede tener su uso a nivel de eficiencia pero, de cualquier modo, opina que “el arte no debe ser visto desde un lugar de eficiencia sino como una expresión creativa”. Está en desacuerdo con que se utilicen sistemas de IA para generar canciones debido a que son plataformas que pueden propiciar el plagio, pero también porque lo que más ama de cualquier arte es el hecho de que haya una persona, con sentimientos y experiencias reales, detrás.
“El arte no debe ser visto desde un lugar de eficiencia sino como una expresión creativa”.
Joaquina hace parte de The Future 25, el listado con el que ROLLING STONE en Español destaca a algunos de los y las artistas que están definiendo el futuro de la música. “Es una gran responsabilidad y es un gran honor”, comenta sobre su selección. “Se siente como un voto de confianza”. Sus deseos para el camino que se está construyendo dentro de la industria tienen que ver con retomar el sentido humano de la creación musical, pues considera que muchas de las personas que se dedican a esto no lo hacen por gusto, sino por buscar algún beneficio. “Muchas veces las discográficas y las compañías no cuidan a sus artistas, y eso ha causado demasiados desastres. Sí, existen los charts, los números, pero hay cosas que no puedes poner ahí”, señala. “Balancear el negocio y lo humano para mí es muy importante y creo que ahora solamente están enfocados en el negocio y en el clip de 15 segundos que va a pegar en TikTok. Nadie piensa en la longevidad de la música, en la conexión, en el alma del artista y lo que quiere contar”. Ella sí lo hace y quizás es por eso que hoy miles de personas encuentran abrigo en sus letras. El proyecto musical de una joven “histriónica” y “testaruda” —como ella se describe— que hizo de la música su guarida, ahora acoge a personas que ven en sus canciones una forma de verbalizar el sentir de una generación.
Joaquina todavía está descifrando quién es, y las inquietudes que ahora busca resolver se relacionan con la búsqueda de la identidad. Dice sentirse orgullosa de la música en la que está trabajando y la describe como un “reflejo natural” de la etapa actual de su vida. “Creo que he crecido mucho como compositora, a nivel de herramientas, de fraseo, de lírica. Me siento mucho más cómoda conmigo y más rápida con el proceso, aunque todavía me tomo mi tiempo. Antes de hacer el disco pasado yo no estaba segura de si era capaz y ahora que sé que sí, estoy intentando empujar mis límites”. A pesar de que sus letras las escribe para que también puedan leerse como un poema o prosa, para el sucesor de al romper la burbuja quisiera ser más directa y le gustaría que cada canción estuviera acompañada de un poema. Esta sería una forma más de unir sus dos amores, mas su música en sí misma ya es un poemario musical.
Historia: Melisa Parada Borda @melisaparb
Fotografía y Edición: Zárate Film
Direccion Creativa: Zárate
Productor Ejecutivo: Alejandro Ortiz @xalejandro.ortiz
Dirección Produccion: Zárate y Camila Canabal
Asistencia: Valentina Caraballo
DP: Amsty | Animositty
PA: Emilio De Hoyos
Digi Tech: Hermés Abreau
Direccion de Arte: Laura Lizarazo
Styling: Daniela Tokio
Hair: Natalia Bratin
Makeup: Nanda Quero
Edición y Color Video: Lacrymoso
Producción Republic Creative Studio & The Ghost Projects | @wearerepublicstudio @theghostprojects
Productora Creativa: Zárate y Camila Canabal
Productor: Manuel Paez
Asistente de Producción: Jesus Canizales & Dorothy Dolfo
Gaffer: Jose Angel Wasa
Grip: Alejandro Solanilla
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Dr. Raymond Coffer, former manager of Smashing Pumpkins, Cocteau Twins and The Sundays, has died following a short illness, a representative confirmed. He was 70 years old.
Coffer was a notable manager who worked with some of the biggest names in U.K. rock and worked with Smashing Pumpkins during the 1990s.
After starting his career in his family’s soccer souvenir business, Coffer trained as a chartered accountant and subsequently met U.K. band Love and Rockets, eventually becoming their manager. He guided the Northampton-formed group to a placement on Billboard’s Hot 100, charting at No. 3 with “So Alive” in 1989.
Coffer, known for his flamboyant sense of style, went onto manage a number of beloved U.K. indie rock bands including Cocteau Twins, The Sundays, Curve and Ian McCulloch of Echo & The Bunnymen.
Coffer began working with the Smashing Pumpkins in 1990 ahead of their debut album Gish, which released the following year. The band went on to become one of the best-selling rock bands of the decade, and hit No. 1 on the Billboard 200 charts with Mellon Collie and the Infinite Sadness in 1995.
During this time he also partnered with and provided mentorship for Andy Gershon, founder of Outpost Recordings and former boss of V2 Records, and Darren Michaelson, a music-rights fund manager and a board member of the PRS Fund.
He was also a founding board member of the Music Managers Forum alongside Ed Bicknell (Dire Straits) and Elliott Rashman (Simply Red) in 1992, serving until 1996. Coffer retired from the music industry in 2011 and earned a PhD from the University of London in Germanic and Romance Studies. He also founded the free-to-all Bushey Park Performing Arts Festival in north London.
Martin Mills, Beggars Group chairman said, “I am saddened to hear of Raymond’s passing. He played an extremely important role in the Beggars story and we had a lot of fun together over the years. Not only did he manage two of the most important bands in our early years in Love and Rockets and Cocteau Twins, he also managed two lesser known acts that we loved – Xymox and Swell. I shall miss his charismatic personality and passion for the artists he represented.”
Merck Mecuriadis, founder of Hipgnosis and MMF Custodian, said “Raymond was a lovely man and a manager that made a difference to his artists. May he rest in peace.”
Coffer died on April 30, and is survived by his wife Roberta, son Nick and his grandchildren.
Don’t bother checking the forecast, because based on Drake‘s latest move it’s going to be an ice cold summer. In the latest chapter of the “Hotline Bling” MCs slow-but-steady rollout for his upcoming Iceman album, due out on May 15, Drake gave his Toronto mansion, The Embassy, a frosty makeover.
In a series of pics on his Drake Related site, Drake shared snaps in which the front entrance to his estate is covered in icicles and frost, including his fleet of luxury vehicles. In a testament to what fans can expect from the album, the studio space was also iced out, with snow and icicles dripping from the consoles and keyboards and covering a C-shaped couch at the center of the room.
The cold snap creeped into Drizzy bedroom, pool (with links to some “Hotline Bling” merch and his Nike Nocta collab) and kitchen. And, if you click around enough, you can land on El Chico Studios, where the rapper has hidden the “Wick Man” instrumental from his Scary Hours 3 mixtape.
The mansion glaze-over is just the latest in a string of frozen promo Drake has been doing for the album over the past month, beginning with frozen courtside seats at Scotiabank Arena for the Raptors season finale against the Brooklyn Nets on April 12. He followed that with an even more outrageous stunt in downtown Toronto, where he hid the album’s release date inside a massive block of ice. Fans descended in droves to check it out and chip away at the sculpture until police showed up to control the crowd of nearly 800 who had gotten to work on the one million pounds of ice using ice picks, blowtorches, lighters and other implements.
The tables were turned, though, by the Cleveland Cavaliers, who eliminated Raptors team ambassador Drake’s team in the first round of the NBA playoffs on May 3 in game 7, and appeared to troll Drake in the waning minutes of the contest by playing Kendrick Lamar’s iconic diss “Not Like Us” to hype up the hometown crowd and troll the rapper and Raptors fans.
“DEFROSTED,” the Cavs posted to X alongside a poster featuring the Iceman ice sculpture from downtown Toronto, swapping out a “W” inside, instead of the album release date. “Internal Findings: Cavs W Detected in Core,” the graphic read. “Final Conclusion: Cavs in 7.”
Iceman will be Drake’s first solo album since 2023’s For All the Dogs, which topped the Billboard 200.
SYDNEY, Australia — RAGEFLOWER is ready to bloom, through a new management deal with Weird Fishes.
Spearheaded by songwriter and musician Madeleine Powers, RAGEFLOWER made ripples in the domestic music industry last year with its debut EP INFINITE HIGHS, END OF TIMES and impressive performances at BIGSOUND 2025, plus the release of the singles “Desk Job” and “Control,” both of which have enjoyed high-rotation on triple j.
Key Spotify playlists have added RAGEFLOWER, from New Music Friday AU/NZ, to Pop n Fresh, Hits Different, Glow, Fresh Finds AU and Tapestry, in addition to several Apple Music playlists. Also, support slots have opened up with The Temper Trap and The Darkness.
Classically trained at the Sydney Conservatorium of Music, Powers changed tac and found creative freedom in distortion pedals, vulnerable lyrics, and shimmering synths. It’s channeled into an indie rock/pop act that is “without doubt the most exciting new artist we have seen in the last few years,” comments Weird Fishes co-founder Aidan McLaren.
“The creativity, the songwriting, the captivating live show, the connection, it’s all there,” McLaren continues. “What Maddy is creating is something really unique, very special and strikingly authentic. We couldn’t be more pleased than to be joining the team to help bring the RAGEFLOWER world to life, and to bring it to people around the globe.”
“There’s a magnetic intensity to RAGEFLOWER that you just don’t see every day,” adds Weird Fishes’ Alanna Vullo. “She isn’t afraid to push boundaries or bare her soul, and the result is art that genuinely moves people and leaves a lasting mark. We are absolutely thrilled to step in as her management team and back such a fiercely creative talent”. Vullo, who joined the company late last year, assists McLaren on day-to-day management.
It’s all falling into place for RAGEFLOWER, which recently signed to Select Music (Rob Giovannoni) for Australian live bookings, and caught the eyes and ears of Paul Wilson and Nikos Kazoleas at CAA, who represent for U.K./European live bookings; Paul Wilson books Sam Fender, Lianne La Havas, Tracey Chapman, Dermot Kennedy, while Kazoleas served with as a music agent at UTA for more than a decades, and has worked with the likes of Sombr, GAYLE, Rebecca Black, Trixie Mattel, BANKS, Joshua Bassett, and others.
At Weird Fishes, which opened for business just nine months ago, RAGEFLOWER joins a roster that includes Boy & Bear, Tim Hart, The Dreggs, Steph Strings and Pete Murray. The team, led by McLaren, Joe Miles and Rhett McLaren, was nominated for manager of the year at the 2026 AAM Awards, presented last week in Sydney.
From her early, scene-stealing soapie days, through to pop superstardom, and with it the hordes of fans, red carpets, music videos, awards, and major concerts, Kylie Minogue has sure lived the life. The veteran Aussie pop star has also endured the cancer battle, the detractors, and the loss of loved ones. And it’s all there, in Kylie, the three-part Netflix documentary series, the first trailer for which has arrived.
Almost 40 years of Kylie’s glittering career are locked into two-and-a-half minutes, for a video which captures the ridiculous highs, and the gutting lows of a life lived in the spotlight.
Nick Cave, who invited Minogue to join her on his Murder Ballads breakout hit from 1995, “Where The Wild Roses Grow,” and again on his 2014 film 20,000 Days on Earth, contributes to the forthcoming series. “Kylie is this force,” he explains in the new clip. “It’s all outward, giving.”
The trailer invites us in, as Kylie grows up on our screens and the airwaves. We see professional snaps of Kylie cuddling with her ex Michael Hutchence, the late frontman of INXS. The glamor and the smiles are immediately wiped out when the trailer explores Kylie’s battle with breast cancer, and the haters, which lurked for so many years. “We didn’t know if she was ever going to be well again,” her younger sister Dannii explains in the clip. “Music kept us going,” Kylie continues.
We also hear Kylie rip out an expletive that would make many of her compatriots proud.
The project is coming to Netflix on May 20, and directed by Emmy- and BAFTA Award-winner Michael Harte (Three Identical Strangers, BECKHAM) and produced by John Battsek’s Ventureland (WHAM!, The Deepest Breath).
As previously reported, the doc examines how she’s “faced public scrutiny, personal loss, and illness with grit and grace, earning respect far beyond her own fandom,” reads a description from Netflix.
Kylie is one of Australia’s best-selling female artists of all-time, shifting more than 80 million records worldwide. Her collection of awards is positively heaving with 18 ARIAs, induction into the ARIA Hall of Fame, the Ted Albert Award for outstanding services to Australian music, the U.K.’s MITS Award, and two Grammys. She has also featured in more than a dozen films, including The Delinquents, Street Fighter, Moulin Rouge!, Kath & Kim, Holy Motors and The Residence.
Her recent hot streak has included Las Vegas residencies; a deal with United Talent Agency (UTA) for live representation in the U.S. and Canada and acting roles worldwide; the Global Icon Award at the 2024 BRIT Awards, becoming just the second woman to win it following Taylor Swift in 2021; and the Billboard Women in Music Icon Award.
In her adopted homeland, the U.K., where she’s celebrated as the “princess of pop,” she boasts 11 No. 1 albums, and in Australia, Kylie’s has tallied nine chart leaders. In the United States, Kylie has landed 12 titles on the Billboard 200, and seven songs on the Billboard Hot 100, including top 10s with her 1988 cover of “The Loco-Motion” (peaking at No. 3) and 2002’s “Can’t Get You Out of My Head” (No. 7).
Minogue was recently confirmed as the headliner for the 2026 AFL Grand Final Australian rules football championship at Melbourne’s MCG on Sept. 26, becoming the first Australian artist to headline the event since 2021.



