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The Beatles tendrán un museo en el edificio donde dieron su último show

El mítico edificio del número 3 de Savile Row, donde se encontraba la sede de Apple Corps y donde los Beatles dieron su última presentación, será transformado en un museo dedicado a la banda de Liverpool. Bautizado como “The Beatles at 3 Savile Row”, el proyecto promete siete plantas de memorabilia, material de archivo inédito […]

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Cuando Robert Redford fundó el Sundance Film Festival en los años ochenta, lo hizo pensando en películas que difícilmente encontrarían espacio dentro de la maquinaria hollywoodense. Historias no tan mediatizadas, personales, incómodas o demasiado arriesgadas para el mercado tradicional. 

Décadas después, y tras la muerte del actor el pasado septiembre, esa idea sigue respirando lejos de Utah. Esta vez, en la Ciudad de México.

Del 30 de abril al 3 de mayo, el Sundance Film Festival: CDMX volvió a tomar la capital mexicana con una programación que apostó por películas atravesadas por la identidad, la memoria, la migración, la tecnología y las tensiones sociales contemporáneas. Más que una extensión internacional del festival, la edición mexicana terminó funcionando como una declaración sobre el lugar que el cine independiente todavía ocupa en un momento dominado por franquicias, algoritmos y estrenos diseñados para durar apenas un fin de semana en conversación digital.

Con Cinépolis como aliado principal, Sundance encontró nuevamente en la ciudad un público dispuesto a llenar salas para ver cine que rara vez llega a la cartelera comercial. Desde la inauguración en Cinépolis Diana, el ambiente dejó claro que no se trataba únicamente de un festival, sino de un punto de encuentro entre realizadores, actores y espectadores interesados en otro tipo de narrativa cinematográfica.

La alfombra roja reunió a figuras como Yalitza Aparicio, el director del festival Eugene Hernandez, la programadora Kim Yutani y Amy Redford, quien continúa impulsando el legado de su padre. Pero una vez apagados los flashes, el protagonismo volvió a las películas.

La función inaugural estuvo a cargo de Everybody to Kenmure Street, del director Felipe Bustos Sierra, una cinta profundamente política y humana sobre resistencia comunitaria. Tras la proyección, el director conversó con el público sobre el proceso detrás de la película antes de que la jornada terminara con un encuentro en el Four Seasons Hotel Mexico City.

La programación de ficción se movió entre dramas íntimos y sátiras contemporáneas. Uno de los títulos más esperados fue The Invite, protagonizada por Olivia Wilde junto a Seth Rogen, Edward Norton y Penélope Cruz. También destacaron Chasing Summer, una reflexión melancólica sobre regresar al hogar, y Saccharine, que confirmó el interés del festival por las narrativas psicológicas y sensoriales.

Sin embargo, el verdadero centro emocional del festival estuvo en los documentales. Ahí es donde Sundance volvió a demostrar por qué sigue siendo una de las plataformas más importantes para el cine de no ficción. American Pachuco: The Legend of Luis Valdez ofreció un retrato vibrante sobre una figura esencial para el teatro y cine chicano en Estados Unidos, mientras que The AI Doc: Or How I Became an Apocaloptimist exploró la ansiedad contemporánea alrededor de la inteligencia artificial sin caer en el discurso apocalíptico tradicional.

Otros títulos como The Oldest Person in the World, Nuisance Bear y Last First: Winter in K2 reforzaron una programación marcada por películas que observan el mundo desde los márgenes y encuentran humanidad incluso en los escenarios más hostiles.

La sección de cortometrajes mantuvo la misma energía experimental. Títulos como Marga en el DF, Sorrow Doesn’t Sleep at Night y Mentirosos dejaron claro que el formato corto continúa siendo uno de los espacios más fértiles para nuevas voces cinematográficas.

Más allá de las funciones, Sundance también abrió conversaciones sobre el presente del cine independiente. Paneles como “Actuación y proceso creativo”, “Del cortometraje al largometraje” y “Narración documental contemporánea” permitieron escuchar a cineastas y actores hablar sobre creación artística en una industria cada vez más condicionada por métricas y tendencias.

Durante cuatro días, Sundance convirtió complejos como Cinépolis Mítikah, Cinépolis Oasis Coyoacán, Cinépolis Plaza Carso y Cinépolis Miyana en espacios para un cine que rara vez domina las conversaciones masivas, pero que sigue encontrando espectadores dispuestos a escucharlo.

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La palabra “Agon” viene del griego antiguo y significa lucha, competencia y conflicto. No solamente deportivo, sino también espiritual, físico y político. En la Grecia clásica, el término describe enfrentamientos donde lo que estaba en juego no era únicamente la victoria, sino la identidad misma de quien competía. 

La ópera prima de Giulio Bertelli, director heredero de un imperio de la moda (es hijo de Miuccia Prada), entiende el deporte exactamente desde ahí y no quiere celebrar el espíritu olímpico. Más bien quiere desarmarlo, mostrar qué ocurre cuando el cuerpo deja de pertenecer al atleta y pasa a convertirse en una herramienta institucional, objeto científico y mercancía nacional.

Desde la primera escena, que nos muestra una cirugía de rodilla filmada con una precisión casi insoportable, deja clara la intención. Aquí el cuerpo no es un símbolo heroico, sino materia desgastada que debe repararse rápidamente para seguir produciendo rendimiento.

La película sigue a tres atletas italianas antes de unos Juegos Olímpicos ficticios: Alice Bellandi, judoca profesional intentando recuperarse de una lesión brutal; Giovanna Falconetti (Yile Yara Vianello), esgrimista marcada psicológicamente tras un accidente durante una competencia; y Alex Sokolov (Sofija Zobina), tiradora convertida en figura mediática después de viralizarse un video suyo participando en una cacería ilegal. Bertelli conecta esas historias desde la idea central de que el deporte contemporáneo todavía conserva raíces profundamente militares. Y tiene razón.

La esgrima nace del duelo. El tiro deportivo viene directamente de prácticas armamentísticas. Incluso el judo conserva una lógica de sometimiento físico donde el cuerpo debe aprender a resistir el dolor y la disciplina extrema. La película jamás verbaliza esto de una manera obvia, pero toda su puesta en escena trabaja alrededor de esa intuición.

Los entrenamientos parecen laboratorios. Las atletas son observadas, medidas, corregidas y monitoreadas constantemente. Médicos, técnicos, patrocinadores y funcionarios orbitan alrededor de ellas como administradores de maquinaria humana.

Además, Bertelli intercala imágenes industriales de máscaras metálicas, balas y equipamiento deportivo fabricado en serie. No es casual. La película insiste en que el deporte de élite y la producción industrial comparten el mismo lenguaje de precisión, eficiencia y reemplazo constante. Ahí aparece también la dimensión más dura de Agon y es la de un sistema deportivo que no ama realmente a sus atletas. Las necesita mientras funcionan.

Alice representa quizá el ejemplo más devastador. Interpretada por la verdadera campeona olímpica Alice Bellandi, su presencia introduce algo cercano al documental dentro de la ficción. Cada rehabilitación transmite el miedo físico de alguien consciente de que una lesión puede borrar años enteros de entrenamiento y sentido vital.

Mientras tanto, Alex encarna otra ansiedad contemporánea, que es la del deportista convertido en marca digital. Su conflicto ya no depende solamente de competir bien, sino de controlar la percepción pública, los patrocinadores y los escándalos virales. El arma deportiva deja de ser instrumento técnico para convertirse en problema de imagen.

El caso de Giovanna probablemente es el más perturbador. La esgrimista interpretada por Yile Yara Vianello y con un apellido que nos remite a la actriz protagonista del clásico del cine silente La pasión de Juana de Arco de Carl Theodore Dryer, atraviesa una competencia que termina en un accidente horrendo, inspirado parcialmente en la muerte real del esgrimista soviético Vladimir Smirnov en 1982. 

Bertelli convierte ese episodio en una reflexión muy amarga sobre cómo las instituciones deportivas administran la tragedia. Lo verdaderamente cruel no es solo el accidente, sino la reacción posterior. La película sugiere que el sistema necesita rápidamente encontrar un rostro sobre el cual descargar responsabilidad, incluso cuando el problema real proviene de protocolos, equipamiento y fallas estructurales.

Visualmente, Bertelli filma todo con una frialdad quirúrgica. Los diálogos son mínimos. Las emociones rara vez explotan. La cámara observa a distancia, como si estuviera registrando especímenes dentro de un experimento. Por momentos recuerda a la cinta minimalista sobre atletas Personal Best de Robert Towne, al cine clínico de Jonathan Glazer (Under The Skin, The Zone of Interest) o incluso a ciertos trabajos de David Cronenberg como Crash o Crimes of the Future) sobre cuerpos intervenidos y transformados.

No siempre funciona. Hay secuencias donde el rigor conceptual aplasta el drama y algunos personajes quedan más como ideas que como personas completas. La película exige paciencia y nunca busca generar identificación fácil. Sin embargo, precisamente ahí encuentra su fuerza.

Agon no quiere emocionar desde la épica deportiva tradicional. Quiere mostrar algo mucho más inquietante, con unas atletas entrenadas desde jóvenes para normalizar el dolor, sacrificar su identidad y aceptar que, cuando el cuerpo finalmente colapse, el sistema seguirá funcionando exactamente igual. Y en esa lógica brutal, el deporte deja de parecer celebración humana para convertirse en una forma sofisticada de explotación y desgaste organizado.

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Lo mejor de la música colombiana será galardonado una vez más en una nueva edición de los Premios Nuestra Tierra. Artistas, canciones y álbumes nacionales serán reconocidos por su impacto y aporte a la industria musical, llevando el nombre de Colombia a lo más alto. Desde 2007, estos premios destacan lo mejor de géneros como el urbano, pop, vallenato, tropical, salsa, música popular, rock y alternativa.

En su edición de 2026, Premios Nuestra Tierra será celebrado este 14 de mayo en el Teatro Colsubsidio Bogotá. La gala de la ceremonia contará con presentaciones de primera categoría, con grandes muestras musicales en tarima a cargo de Jhon Alex Castaño, Ela Taubert, Willy García, Manú, Monsieur Periné, Aria Vega, Luis Alfonso y Rafa Pérez.

Premios Nuestra Tierra reconoce a los artistas que trascienden generaciones y persisten en conectar con almas a través de un arte tan único como es la música. Por esto, y más acciones que atribuyen ampliamente a la industria musical, Premios Nuestra Tierra anuncia con orgullo el reconocimiento como Artista Leyenda de Nuestra Tierra a Juanes.

El artista colombiano se ha consagrado como una de las voces más emblemáticas, ganando más de una decena de reconocimientos en Premios Nuestra Tierra a lo largo de su carrera. También hemos sido testigo de su presencia en categorías como Mejor Artista Rock/Alternativo, Álbum del Año y Canción del Año, lo que no solo refleja un papel simbólico en la industria musical colombiana, sino también su habilidad de transformación y conexión con el público. Este tributo destaca no solo el impacto de su obra musical, sino también la huella que ha dejado como símbolo de la cultura colombiana ante el mundo, inspirando cercanía, esperanza y armonía a través de cada una de sus canciones.

En esta edición de Premios Nuestra Tierra, la lista de nominados está encabezada por Beéle, con 18 nominaciones; seguido de Ryan Castro, con 17; Kapo, con 13; y Duplat, con 7. También están nominados artistas y agrupaciones como Morat, Karol G, Kris R, Aria Vega, Shakira y Carlos Vives, entre muchos otros protagonistas de la escena musical colombiana.

El público podrá ser parte de esta celebración musical al emitir su voto por sus figuras musicales favoritas. Algunas de las categorías son: Mejor Artista Global, Mejor Canción Global, Mejor Artista, Mejor Canción, Mejor Artista Revelación, Mejor Productor del Año, Mejor Álbum del Año, entre algunas otras más. Con casi un millón de votos en total, los colombianos escogieron a sus artistas favoritos en las diferentes categorías, consolidando a los premios como una plataforma que impulsa y proyecta el talento colombiano a nivel nacional e internacional.

Violeta Bergonzi, Danny Galvis, Sandra Bohórquez y David Quintero serán los presentadores de Premios Nuestra Tierra 2026, una velada cargada de emoción, música y nacionalismo. La noche podrá verse el 14 de mayo desde las 4:00 p. m. hasta las 10:00 p.m. en la página de los Premios Nuestra Tierra, la App de Canal RCN y la App de RCN Radio.

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Hay nombres que llegan al cine con una historia previa difícil de ignorar. El de Giulio Bertelli, heredero del universo Prada e hijo de Miuccia Prada, es uno de ellos. Pero su debut como director no se apoya en el peso del apellido, sino en una propuesta clara y definida desde lo visual y lo conceptual que reafirma el estrecho nexo entre el mundo de la moda y el buen cine, en un caso similar al de Tom Ford, el director creativo de Gucci y autor de esas magníficas obras conocidas como A Single Man y Nocturnal Animals.

Con Agon, su ópera prima, Bertelli construye un retrato del cuerpo contemporáneo atravesado por sistemas de control, disciplina y rendimiento. Ambientada en la antesala de unos Juegos Olímpicos ficticios, la película sigue a tres atletas que se preparan y compiten en tiro con rifle, esgrima y judo, revelando no solo la exigencia física del alto rendimiento, sino también las tensiones políticas, sociales y tecnológicas que lo sostienen.

Más allá del deporte, Agon plantea una reflexión foucaultiana sobre el poder. Cómo el cuerpo es medido, vigilado y llevado al límite dentro de estructuras que exigen resultados constantes. Inspirado en figuras como Juana de Arco o Cleopatra, Bertelli cruza lo íntimo con lo geopolítico, construyendo una cinta donde la competencia también funciona como un eco de la guerra.

En esta conversación, el director habla sobre su interés en el cuerpo como campo de tensión, la relación entre deporte y conflicto, y su búsqueda por explorar estas dinámicas desde el lenguaje cinematográfico.

Giulio Bertelli y el cuerpo como territorio de poder en AGON
Cortesía de MUBI

En Agon el cuerpo femenino está constantemente moldeado y controlado. ¿Cómo decidiste encuadrarlo en pantalla?

Creo que había una idea de mirar ciertos patrones muy grandes del mundo. Los Juegos Olímpicos como un evento geopolítico enorme donde los países compiten como una especie de sustituto de la guerra, usando el deporte como un proxy de la guerra.

Pero al mismo tiempo, me interesaba observar cosas muy, muy específicas. Ir casi al extremo de lo microscópico, como si fuera un plano general y un primerísimo primer plano al mismo tiempo, si lo pensamos en términos de gramática cinematográfica.

Y el cuerpo, en relación con esta máquina del deporte, que es como una entidad que termina absorbiendo la vida del atleta. Durante muchos, muchos años estás dentro de esta máquina mental, física, clínica, que te mide constantemente, con la que tienes que lidiar todo el tiempo.

Entonces, a nivel fotográfico, la idea era trabajar mucho con encuadres fijos, como cuadros cerrados, y usar el movimiento de cámara solo en momentos muy específicos, en escenas que fueran importantes dentro de la historia, como transiciones clave. 

Por ejemplo, el plano secuencia largo en la escena de la entrevista. La intención era tratar de meterse debajo de la piel de estos personajes, de estas atletas jóvenes, dentro de la gran máquina.

¿Dirías que es una película sobre el deporte, sobre la guerra o sobre el poder?

Sí… esa es una buena pregunta. No lo sé. Creo que es, de alguna forma, todas y ninguna al mismo tiempo.

Recuerdo que antes de hacer la película veía mucho Under the Skin de Jonathan Glazer. Y es curioso, porque es una película de ciencia ficción sobre un extraterrestre, pero no hay nave espacial, no hay nada de eso. Entonces, en ese sentido, para mí era una pregunta parecida.

Quería hablar del deporte desde una perspectiva distinta. Pero también sabía que no quería hacer la película si no había un ángulo político, esta relación entre el deporte y la historia de la guerra y la violencia. Eso era lo más importante para mí.

La idea era crear una especie de lienzo donde construir las historias de estos personajes, seguir a estas jóvenes, pero al mismo tiempo hablar de esta relación: qué es esto que todos amamos, la competencia, el deporte, y cómo tiene detrás una historia compleja, interesante.

Y sí, si lo pensamos como una película sobre la guerra, podría decir que sí. Porque es la idea de personas peleando en un escenario de guerra, pero en lugar de ir a la guerra, están practicando deporte. Es la otra cara de la moneda.

Cortesía de MUBI

¿Cómo influyeron figuras como Juana de Arco, Cleopatra o Nadezhda Durova en la construcción de los personajes?

Al inicio, la película iba a ser una animación. La idea era: ¿qué pasaría si hiciera una animación sobre Juana de Arco, pero una Juana de Arco contemporánea? Una esgrimista que va a los Juegos Olímpicos, mata a alguien, y luego empieza su juicio, como el juicio de Juana de Arco. Ella no es culpable, pero al mismo tiempo lo es.

Ese era el núcleo de la idea. A partir de ahí empecé a investigar sobre el deporte y otras figuras históricas. Por ejemplo, Nadezhda Durova, una mujer que se hacía pasar por hombre en las guerras napoleónicas. De ahí viene uno de los personajes, esta idea de alguien con una segunda vida, con una mentira, alguien que mientras está en los Juegos o en la guerra, tiene otra realidad que nadie conoce.

Y en el caso de Cleopatra, me interesaba la Cleopatra histórica, una figura muy importante en la historia de la medicina, del cuidado del cuerpo. Entonces pensé en el atleta como un ejemplo extremo de alguien que cuida su cuerpo, pero donde no sabes si ese cuidado es para el rendimiento o para la belleza.

Y la pregunta era: ¿en qué momento esas dos cosas se cruzan? ¿Cuándo la belleza y el rendimiento se vuelven lo mismo?

Cortesía de MUBI

¿Tus personajes compiten contra otros o contra ellos mismos?

Creo que en el deporte —depende del deporte, claro— pero en la mayoría de los casos, la competencia principal es contigo mismo. Si no tienes esa competencia interna, es imposible llegar a un nivel de élite.

Luego está el oponente, pero si primero no compites contigo mismo, ni siquiera puedes llegar a ese nivel.

¿Cómo trabajas la presencia de la tecnología sobre el cuerpo de los atletas?

Es algo que siempre me ha interesado, incluso en otros guiones que aún no se han convertido en películas. Me interesa mucho la relación entre la materia orgánica y la tecnología. Pero no me interesa como metáfora. Me interesa cuando se vuelve algo real.

Por ejemplo, la escena de la cirugía: ahí no hay metáfora. Es una máquina real, creada por el ser humano, que entra en el cuerpo. Me interesa cuando esa relación es directa, física, evidente.

¿Puedes hablar sobre la relación entre la belleza y la violencia en el lenguaje visual de la película?

Sí. Creo que es interesante porque en la guerra no hay belleza. Es el lugar máximo de la violencia. Pero el deporte toma elementos de esa violencia —la competencia, la confrontación— y los transforma en algo estético. Entonces el deporte tiene esa cualidad: es bello, pero si lo analizas, hay algo oscuro detrás.

¿Por qué enfocarte en el proceso y no en la victoria o la derrota?

Nunca me interesó la victoria. Me interesaba más cómo se siente no poder hacer lo que quieres. El proceso. Todo lo que tiene que pasar para que algo como competir en unos Juegos Olímpicos ocurra.

La gente suele enfocarse en esos segundos de gloria, pero para llegar ahí ya eres el 0.01% de los mejores. Y aun así, la mayoría pierde. Solo uno gana. Me interesa esa relación: cuánto trabajo hay detrás sabiendo que, en la mayoría de los casos, no se va a traducir en algo visible para los demás. Es algo que es solo para ti.

¿Cómo la presión y la disciplina moldean la identidad de tus personajes?

Si lo miras de forma analítica, las tres protagonistas fracasan de maneras distintas. Una por algo completamente fuera de su control, como un accidente. Otra por algo interno, como una enfermedad. Y otra por algo que sí depende de ella, pero que no quiere reconocer. Me interesaba mostrar esas tres formas de pérdida de control.

Finalmente, ¿quieres que el espectador sienta con Agon admiración, incomodidad o ambas cosas?

Probablemente ambas.

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En el campo de la animación japonesa hay películas animadas tradicionalistas y preciosistas que intentan construir mundos perfectos y otras que prefieren la innovación formal, la anarquía y el caos. ChaO: La sirena pertenece claramente al segundo grupo. La ópera prima de Yasuhiro Aoki parece dibujada por alguien incapaz de quedarse quieto, con sus personajes deformes, fondos saturados de detalles, movimientos frenéticos y una sensación permanente de que todo está a punto de desbordarse, que nos recuerda a la maravillosa Tekkonkinkrteet de Michael Arias.

Precisamente ahí está su encanto. La película imagina una Shanghái futurista donde humanos y sirenas intentan coexistir después de años de tensión política. Stephan, un joven ingeniero obsesionado con desarrollar un sistema marítimo menos agresivo para las criaturas marinas, termina comprometido con ChaO, una princesa sirena que asegura haber estado enamorada de él desde siempre. Lo que arranca como una alianza diplomática pronto se convierte en una convivencia caótica entre dos seres incapaces de entender completamente el mundo del otro.

La premisa recuerda inevitablemente a La Sirenita de Hans Christian Andersen y a sus derivadas como la cinta animada de Disney, la serie Mako la sirena enamorada y Splash, la comedia romántica protagonizada por Tom Hanks y Daryl Hannah, así como a los animes Ponyo y Lu Over the Wall o incluso a ciertas comedias románticas clásicas donde el matrimonio funciona primero como contrato y después como descubrimiento emocional. Sin embargo, ChaO tiene una energía muy distinta, más nerviosa, absurda y mucho menos interesada en la perfección sentimental.

La relación entre Stephan y ChaO funciona precisamente porque nunca parece estable. Él está atrapado entre ambición profesional, presión corporativa y responsabilidades políticas. Ella, mientras tanto, opera bajo otra lógica: impulsiva, emocional, físicamente torpe y completamente fascinada por el mundo humano. Además, la película entiende algo muy contemporáneo donde convivir implica negociar ritmos distintos de existencia.

Ahí aparece uno de los temas más interesantes del anime. Aunque todo está presentado desde el humor y la fantasía, ChaO habla constantemente sobre el equilibrio entre la vida personal y el trabajo, sobre los sistemas económicos incapaces de detenerse y sobre las personas intentando encontrar afecto dentro de estructuras obsesionadas con la productividad. Stephan cree que necesita revolucionar el transporte marítimo para tener valor. ChaO, en cambio, parece existir desde otra necesidad mucho más simple y es la de conectar emocionalmente.

Visualmente, la película es fascinante. El diseño supervisado por Hirokazu Kojima evita casi todos los códigos habituales del anime contemporáneo. Los rostros son minimalistas, las proporciones cambian constantemente y la animación combina trazos manuales con movimientos digitales que convierten cada escena en algo cercano a un cuaderno de bocetos vivo.

Hay secuencias realmente extraordinarias con ChaO manipulando el agua dentro de una fuente como si estuviera bailando, unas persecuciones aéreas imposibles y calles abarrotadas donde cada personaje secundario parece existir dentro de su propia película. Todo transmite una sensación de movimiento permanente. Sin embargo, ese frenetismo hace que por momentos, especialmente en el tramo final, la película resulte agotadora.

Y es que Aoki dirige con una velocidad tan frenética que por momentos parece incapaz de detenerse a respirar. Las escenas se enciman unas sobre otras, los personajes entran y salen constantemente y algunas emociones importantes pasan demasiado rápido. La película tiene tantas ideas visuales y narrativas que a veces parece estar compitiendo consigo misma. 

Pero incluso en ese exceso hay algo profundamente humano. Porque ChaO: La sirena no busca perfección narrativa; busca transmitir la sensación de vivir dentro de un mundo saturado de estímulos, ansiedad y cambios constantes. Y en medio de ese ruido, intenta encontrar algo parecido a la ternura.

ChaO, además, termina convirtiéndose en una protagonista difícil de olvidar. Su forma redonda, su torpeza física y su entusiasmo infantil podrían volverla simplemente adorable, pero la película le añade algo más: vulnerabilidad. Ella también teme ser rechazada y oculta partes de sí misma hasta sentir la confianza suficiente para mostrarse completamente. Eso vuelve mucho más interesante la metáfora central de la película en la que amar a alguien implica aceptar formas distintas de habitar el mundo. Y la cinta, debajo de toda su hiperactividad visual, termina siendo exactamente eso. Una historia sobre aprender a convivir con aquello que no entendemos del todo.

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Britney Spears made her first public statement since a March DUI arrest resulted in a stay in a rehab facility. Though she did not specifically reference the case or her time in treatment, Spears, 44, was back on Instagram on Saturday (May 10) with a post alluding to recent headlines.

It opened with a story about going to a pet store with her kids to look at a baby snake — with a shot of a beautiful albino ball python wrapped around someone’s hand — before pivoting into a more personal tone. “Snakes are symbolic of good health, higher consciousness, and pure luck … I’m so damn thankful to my friends and so many new beautiful people I have met through my spiritual journey,” Spears said without going into detail about her journey.

“all a blessing in disguise,” she continued. “I still have to learn how to be kind to myself and the way I speak to myself… It’s a never ending journey and sometimes I just stop, look up and say wow God I think that was you and smile on!!!!”

TMZ reported last week that Spears recently left a rehab facility in Maine after spending around three weeks there following a probation sentence stemming from her plea deal in the March 4 DUI arrest Ventura County, Calif.

Spears got a year-long probation sentence on May 4 after pleading guilty through her attorney to a misdemeanor charge known as “wet reckless,” which is a downgrade from the more severe count of driving under the influence of drugs and alcohol due to her low blood alcohol level and lack of a prior DUI history. According to the Associated Press, a prosecutor stated during the hearing that Spears had taken “full responsibility” for the incident. During her year of probation, Spears will have to participate in a DUI education program and continue regular therapy and psychiatry; Spears did not appear in court for the hearing.

Spears was arrested on March 4 after the California Highway Patrol found her driving “erratically at a high rate of speed on southbound US-101.” At the time, her reps called the arrest an “unfortunate incident that is completely inexcusable,” adding that “Britney is going to take the right steps and comply with the law and hopefully this can be the first step in long overdue change that needs to occur in Britney’s life.”

The next month, the singer voluntarily checked herself into a treatment facility.


Britney Spears Talks ‘Spiritual Journey’ Following DUI Case, Rehab Stay: ‘All a Blessing in Disguise’

The Beatles have got back to where they once belonged. In 2027, the world’s first official fan experience is set to open at London’s Savile Row, home to the band’s famous 1969 rooftop concert.

The Fab Four’s Apple Corps Ltd has announced that they will be returning to 3 Savile Row in the heart of London’s Mayfair district for a new fan experience and museum.

The seven floors of the Georgian townhouse will include “never-seen-before material from Apple Corps’ extensive archives, rotating exhibitions, fan store, and the recreation of the original studio where Let it Be (1970) was recorded,” according to a press release.

While a number of unofficial experiences exist in London, Liverpool and other key locations around the globe (including Hamburg, Germany), this is the first official experience managed by the band. The experience will open in 2027, with fans able to register for upcoming announcements here.

Since its inception, Apple Corps Ltd. has managed the group’s business affairs and was originally based on Savile Row. In 1969, the group played their final-ever concert on the rooftop of the building, as captured in the Let It Be film and revisited in Peter Jackson epic Get Back documentary. Apple Corps Ltd. is currently headquartered out of South Kensington, London. 

Speaking of the opening of 3 Savile Row, Apple Corps’ chief executive Tom Greene said: “We’re thrilled to bring Apple Corps back to its spiritual home and give The Beatles fans something truly special. Every single day, fans are taking pictures of the outside of 3 Savile Row – but next year they can go in and explore all seven floors of the iconic building, including the rooftop where even the railings remain the same from that famous day in 1969.”

Paul McCartney added: “It was such a trip to get back to 3 Savile Row recently and have a look around. There are so many special memories within the walls, not to mention the rooftop. The team have put together some really impressive plans and I’m excited for people to see it when it’s ready.” Ringo Starr said, “Wow, it’s like coming home.”

In April, Apple Corps Ltd. announced a raft of new hires and promotions under the new leadership of Greene, who joined in 2025. In the coming years there’s set to be more Beatles action with the release of four films directed by Sam Mendes, with Paul Mescal (Paul McCartney), Harris Dickinson (John Lennon), Joseph Quinn (George Harrison) and Barry Keoghan (Ringo Starr) set to play the leading roles.


Britney Spears Talks ‘Spiritual Journey’ Following DUI Case, Rehab Stay: ‘All a Blessing in Disguise’

Singer Keli Holiday says he was denied re-entry into the United States during his North American tour, forcing him to cancel a planned New York City performance and return home early.

The Australian artist — the solo project of Adam Hyde from Peking Duk — shared the news with fans over the weekend after being detained at the U.S.-Canada border following shows in Toronto.

“Unfortunately I’m not going to make it to tonight’s show at Baby’s All Right in NYC,” Holiday wrote on Instagram. “I have spent all day detained at the Canadian border and denied entry back into the U.S. despite having the proper visa documentation in place.”

“I’m still trying to get clarity on the situation myself,” he added.

Holiday had been scheduled to play a short run of North American dates between May 1 and May 7, with the Brooklyn show set to close out the tour. A representative later confirmed he had since returned to Australia ahead of upcoming dates across New South Wales and Victoria.

The incident comes at a time of growing concern around U.S. border processing and visa scrutiny for international travelers and touring artists. Proposed changes tied to the Electronic System for Travel Authorization (ESTA) program have sparked discussion in Australia and New Zealand over stricter entry requirements and expanded screening measures.

Hyde launched Keli Holiday in 2021 as a more personal and indie-leaning counterpart to Peking Duk, the chart-successful electronic act he formed with Reuben Styles. Peking Duk broke through with hits including “High” featuring Nicole Millar, which reached the top five on the ARIA Singles Chart and helped establish the duo as one of Australia’s biggest electronic acts of the 2010s.

As previously reported, Holiday is the highest-flying homegrown artist on the latest ARIA Albums Chart with Capital Fiction, his second collection, which opens its account at No. 3. As a member of Peking Duk, he peaked at No. 12 with 2018’s Reprisal.

Capital Fiction houses the cut “Dancing2,” which recounts the story of how Hyde met his partner and love of his life, Sydney media personality Abbie Chatfield. The single came in at No. 2 on triple j’s Hottest 100 countdown for 2025, won for best video at the last year’s ARIA Awards, and Holiday performed it at the top of the recording industry’s annual ceremony.

Under the Keli Holiday name, Hyde has moved toward a moodier mix of indie-pop, dance and alternative music, releasing tracks including “Dancing2” while building a dedicated following through club shows and festival appearances.

Fans flooded Holiday’s comments with support after the canceled New York show was announced, with many urging him to reschedule the date once the visa issue is resolved.

When NBA YoungBoy announced he was dropping out of his headlining slot at Rolling Loud Orlando on Thursday (May 7), festival organizers were left scrambling. Artists like Rod Wave and YEAT were speculated to be floated, but RL ultimately settled on Ken Carson to close out Sunday night (May 10).

On its face, the decision made sense with fellow Opium titans Destroy Lonely and Playboi Carti performing on Saturday (May 9), so much of the label’s fanbase was already going to be on festival grounds for the weekend.

Carson, whose More Chaos topped the Billboard 200 last year, continued his elevation by taking advantage of the real estate using his newfound headlining Rolling Loud set to kick-start The Xperiment era.

The Atlanta native hit the smoky stage around 9 p.m. ET and premiered an unreleased track, which is expected to appear on his upcoming LP, that had the crowd going berserk and chanting along to the rage-filled production.

The 26-year-old kept the energy up, jumping around his catalog for the first 13 songs or so, which included the anticipated unreleased snippet “Grow Apart,” but understood the assignment as a headliner looking to make a statement to hip-hop and invite other fans who may not be as familiar with his discography.

Enter some star-studded guests, the first being Lil Tecca. The “Dark Thoughts” rapper was a seamless fit and was more than worthy of having his own set at the main stage this year, coming off a major 2025. The duo joined forces for “Tic Tac Toe” and “500lbs.”

Fellow Opium runningmate Destroy Lonely was next up in the lineup, as they connected for “The Acronym” and “Singapore,” the latter of which was without their mentor Playboi Carti. “That’s my song, too,” he quipped from backstage while watching his pupils.

Courtesy of Rolling Loud/Respective Collective

Young Thug was all over Rolling Loud throughout the weekend and he didn’t even have his own set. Billboard spotted Thug enjoying some Popeyes near the festival earlier in the weekend. He popped out once again for Ken Carson, while they performed his UY SCUTI standout “Yuck” and then Thugger took the solo spotlight to revv up the crowd for his “Digits” classic.

Some might say they save the best for last, and Playboi Carti batted clean-up in the all-star guest line-up. He traded his YSL suit look for a 2Pac t-shirt, leather pants, and a pair of crispy white high-top Air Force Ones.

Courtesy of Rolling Loud/Respective Collective

The 00 connection premiered a pair of collaborations, including the bouncy “ARP,” which finds Carti utilizing his deep voice flow, while “Cover My Ears” leans into the Whole Lotta Red-esque production that’s been a mainstay for the rock stars.

Carson teased mere seconds-long snippets of unreleased grails “Boil” and “Stars” before finishing off his potent set with another new song, which is heavily influenced by 2hollis’ “Girl.” One poignant bar found KC getting vulnerable about critics boxing him into one genre. “No matter what I make, they gon’ call it rage,” he raps.

As the dust settled on another successful Rolling Loud weekend, one fan emerged from the moshpit warfare, lending his stamp of approval. “That was the greatest set of my life,” he said to a friend while coming down from a euphoric high.

Ken Carson notched his first No. 1 album last year and his recent tour stops across the globe have looked bonkers. If he plays his cards right heading into The Xperiment, rap could have another niche superstar on its hands that the mainstream won’t be able to ignore.