Los Red Hot Chili Peppers vendieron su catálogo de música grabada a Warner Music Group en un acuerdo valuado en más de 300 millones de dólares.
Cinco años después de que la banda vendiera sus derechos de publicación en un acuerdo de 150 millones de dólares, el catálogo grabado de los Peppers —que abarca 13 álbumes de estudio, de los cuales los últimos nueve fueron lanzados a través de Warner— más que duplicó aquella cifra en una operación concretada el viernes, según reportaron The Hollywood Reporter y Billboard.
La compra del catálogo de los Chili Peppers formó parte de un acuerdo más amplio entre WMG y Bain Capital, una empresa conjunta que hasta ahora ha adquirido alrededor de 650 millones de dólares en derechos musicales y de publicación. El acuerdo con RHCP representa aproximadamente la mitad de esa cifra, mientras que el destino del gasto restante aún no ha sido revelado, de acuerdo con Billboard.
En mayo de 2021, Red Hot Chili Peppers vendieron sus derechos de publicación a Hipgnosis Songs Fund por cerca de 150 millones de dólares. Según The Hollywood Reporter, esos derechos podrían volver a cambiar de manos, ya que Hipgnosis —ahora conocida como Recognition Music Group — se encuentra en proceso de ser adquirida por Sony Music Group como parte de un acuerdo multimillonario.
El catálogo de música grabada de los Red Hot Chili Peppers, que genera alrededor de 26 millones de dólares anuales y pertenecía directamente a la banda, había estado en el mercado desde el año pasado con un precio estimado de 350 millones de dólares, reportó previamente Billboard. Warner Music Group era un comprador lógico, ya que el sello ha sido hogar de la banda desde Blood Sugar Sex Magik de 1991. Los primeros cuatro LPs del grupo fueron publicados a través de EMI.Red Hot Chili Peppers lanzaron por última vez Unlimited Love y su sucesor inmediato, Return of the Dream Canteen, en 2022. Hasta el momento, ni la banda ni Warner Music Group han comentado públicamente sobre la adquisición
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Hace cinco meses, Ariana Grande bromeó sobre necesitar ‘un cerebro extra y cuatro brazos más’ para volver a entrar en modo álbum. Su disco más reciente, Eternal Sunshine, llegó hace dos años y posteriormente tuvo una edición deluxe lanzada el año pasado. Probablemente eso habría sido suficiente para mantener satisfechos a los fans por un tiempo más, pero Grande no pudo evitar regresar al estudio: su octavo álbum, Petal, llegará el próximo 31 de julio.
Grande se encontrará en plena gira de Eternal Sunshine cuando el disco vea la luz. El año pasado, la cantante habló sobre cómo su relación con la música ha cambiado mientras dedica más tiempo a proyectos cinematográficos, como Wicked y la próxima comedia Focker-in-Law.
‘Es muy ingenuo de su parte asumir que, solo porque tengo las manos llenas con muchas cosas, planeo abandonar el canto y la música’, escribió la artista en Instagram. ‘Es y siempre ha sido mi salvavidas. Tendrá que haber espacio para todo eso’.
Petal nació precisamente de ese espacio que Ariana creó entre todos esos proyectos. Esto es todo lo que sabemos sobre el álbum.
Petal surgió del lado más audaz de Ariana Grande
‘¡Sorpresa!’, dijo Ariana Grande al presentar Petal ante Republic Records. La cantante reunió a su equipo del sello para escuchar un adelanto del disco, momento que capturó y compartió en un video teaser en Instagram.
Al explicar el concepto detrás del álbum, Grande describió el proyecto como ‘un poco salvaje’, y añadió: ‘Definitivamente viene de un lugar al que quizá antes me daba demasiada pena o donde era demasiado educada para profundizar. Esto simplemente se siente como un “a la mierda”’.
Ariana Grande comenzó Petal como un ‘experimento de escritura’
En el video donde explica el álbum a su sello discográfico, Ariana Grande contó que el proceso creativo del disco implicó ‘romper con distintos tipos de vínculos negativos, ya fueran mis propios monstruos en mi cabeza, voces externas o cosas que ya no me sirven’.
Desde la perspectiva compositiva, el proyecto también representó un nuevo reto para la artista. ‘Fue un experimento de escritura para mí usar eso como plantilla, de manera que pudiera hablar de algo y compartirlo’, explicó, ‘y que las personas pudieran interpretarlo como quisieran y aplicarlo a sus propias vidas’.
El primer sencillo del álbum es una de las canciones favoritas de Ariana Grande
El viernes 8 de mayo, Ariana Grande reveló el título del primer sencillo de Petal. ‘Hate That I Made You Love Me’ será lanzada el próximo 29 de mayo.
En una publicación de Instagram, la cantante elogió el tema y aseguró que se trata de ‘una de mis canciones favoritas que escribiré en toda mi vida’.
Petal reúne nuevamente a Ariana Grande con Max Martin e Ilya
En su publicación anunciando ‘Hate That I Made You Love Me’, Ariana Grande señaló que coprodujo la canción junto a dos de sus colaboradores de larga trayectoria y ‘seres humanos más queridos del mundo’, Max Martin e Ilya Salmanzadeh.
Los productores y compositores trabajan con Grande desde My Everything de 2014, aunque la alianza creativa entre ellos se consolidó plenamente durante Eternal Sunshine. ‘No puedo esperar a que sea suyo’, escribió la artista.
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A veces, la animación latinoamericana parece condenada a mirar hacia afuera. Intenta parecerse a Pixar, DreamWorks o Ghibli mientras deja sus propias mitologías relegadas al fondo del cuadro. Mi amigo el sol busca hacer lo contrario, al mirar hacia las culturas prehispánicas mexicanas y encuentra ahí un universo visual, espiritual y emocional gigantesco. Y lo mejor es que lo hace desde la aventura y no desde la frialdad del museo o la solemnidad académica.
La ópera prima de Alejandra Pérez González sigue a Xóchitl, una niña fascinada por la mitología mexica que descubre que sus murales pueden abrir portales hacia Tollan, el reino de los dioses. Mientras intenta comprender ese nuevo mundo fantástico, también debe lidiar con una relación compleja con su padre Diego, un hombre agotado por dificultades económicas y por el miedo constante a que los sueños artísticos de su hija terminen estrellándose contra una realidad hostil.
Luego aparecen Quetzalcóatl, Tláloc y Tezcatlipoca, así como referencias constantes a cosmogonías prehispánicas, símbolos ancestrales y lenguas indígenas. Pero todo eso está integrado dentro de una historia sobre familias, tradición y pertenencia.
La película entiende que las culturas antiguas sobreviven cuando siguen dialogando con el presente. Por eso Tollan se siente vivo, caótico, luminoso y profundamente cercano y no como un mundo muerto o arqueológico. Los dioses discuten, hacen bromas, manipulan situaciones y reaccionan emocionalmente como personajes de una gran aventura fantástica. En ciertos momentos, el tratamiento recuerda mucho al de Hércules o Las locuras del emperador, las cintas animadas de Disney, especialmente en la forma caricaturesca y juguetona de reinterpretar figuras mitológicas.
En parte funciona, particularmente con Tezcatlipoca, cuya energía burlona y teatral termina robándose varias escenas. Hay algo muy astuto en cómo la película toma deidades gigantescas de la tradición mexicana y les permite coexistir dentro de un relato familiar contemporáneo sin perder peso simbólico. Pero a veces, la cinta cae en ese ruido y frenetismo molesto, especialmente para el público adulto, en el que caen muchísimas cintas animadas, tanto latinoamericanas como europeas, asiáticas o estadounidenses.
Visualmente, Mi amigo el sol también tiene personalidad propia. La animación 2D apuesta por colores intensos, cielos saturados y composiciones que parecen inspiradas tanto en el muralismo mexicano como en la ilustración infantil contemporánea. Además, la película entiende que el movimiento dentro de la animación artesanal puede transmitir calidez emocional incluso cuando ciertas limitaciones técnicas son visibles.
Porque hay imperfecciones. Algunas animaciones secundarias se sienten rígidas y ciertos movimientos corporales carecen de fluidez. Pero incluso esos detalles terminan reforzando la sensación artesanal del proyecto. Y detrás de eso hay otra capa importante. Esta película existe dentro de un contexto donde la animación mexicana sigue luchando por consolidar industria, financiamiento y un espacio cultural propio.
En ese sentido, el trabajo de Alejandra Pérez González tiene un peso histórico importante. No solamente porque se convierte en una de las primeras mujeres en dirigir un largometraje animado comercial mexicano, sino porque además lo hace apostando por una historia profundamente local en lugar de disfrazar su identidad para buscar validación internacional. Pese a que Coco de Pixar es una gran película animada, es gratificante tener una cinta animada que habla de México desde una voz mexicana.
Mi amigo el sol también introduce elementos valiosos como el uso parcial del náhuatl en secuencias importantes, decisión que jamás se siente oportunista. Al contrario, ayuda a reforzar la idea de que las lenguas indígenas siguen siendo parte viva del presente latinoamericano. Narrativamente, quizá el filme apuesta por lo demasiado seguro en algunos momentos. Hay conflictos emocionales que se resuelven de forma predecible y ciertos personajes secundarios podrían tener más desarrollo. Además, el humor infantil a veces simplifica las tensiones dramáticas que pedían mayor complejidad. Sin embargo, el corazón de la película late con suficiente fuerza para sostenerlo todo.
Especialmente porque el vínculo entre Xóchitl y Diego nunca pierde humanidad. Él representa una ansiedad profundamente contemporánea relacionada con padres que aman a sus hijos pero que sienten terror de que el mundo destruya sus sueños. Ella, mientras tanto, encarna algo igual de poderoso, y es la necesidad de preservar la imaginación, la memoria cultural y la sensibilidad artística incluso dentro de sociedades obsesionadas con la productividad, la monetización y la supervivencia económica.
Ahí Mi amigo el sol encuentra algo hermoso, porque más allá de dioses, portales y criaturas fantásticas, la película termina hablando sobre qué ocurre cuando una generación decide reconectarse con historias que parecían olvidadas. Y en tiempos donde tantas identidades culturales terminan convertidas en mercancía vacía, eso tiene muchísimo valor.
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Ambientada en una versión alternativa del Nueva York de los años treinta, la serie Spider-Noir reinventa el universo de Spider-Man desde el lenguaje del cine negro clásico con detectives derrotados, corrupción institucional, calles húmedas iluminadas por neones y personajes que esconden más de lo que dicen. La serie, desarrollada por Oren Uziel y Steve Lightfoot, sigue a Ben Reilly, interpretado por Nicolas Cage, un investigador privado venido a menos que vuelve a enfrentar su pasado como “The Spider”.
Dentro de ese universo aparecen Cat Hardy y Robbie Robertson, interpretados por Li Jun Li (Babylon, Sinners) y Lamorne Morris (Fargo, Game Night). Ella encarna una nueva versión de la clásica femme fatale ligada al universo de Black Cat; él, a un periodista obstinado que intenta mantener cierta integridad moral dentro de una ciudad dominada por la corrupción.
Ambos actores nos hablaron sobre el tono noir de la serie, las contradicciones emocionales de sus personajes y la manera en que reinterpretaron figuras clásicas de Marvel dentro de una historia más oscura y melancólica.

El universo de Spider-Noir existe dentro de un mundo definido por sombras, ambigüedad moral e identidades fracturadas. Li, ¿cómo abordaste la construcción de Cat Hardy dentro de ese paisaje tan noir?
LI JUN LI: Bueno, gracias a Oren, nuestro creador. Él escribió esta historia inspirándose en el cómic de Marvel Spider-Man Noir. Y los personajes de la serie también están muy inspirados en distintas iteraciones de los personajes de los cómics. Mi personaje, Cat Hardy, es realmente una interpretación distinta de lo que creo que internet está perdiendo la cabeza esperando ver.
Cuando me presentó el personaje, Oren me habló de figuras como Rita Hayworth, Kim Basinger en L.A. Confidential, Ida Lupino, Vivien Leigh… y yo venía además de trabajar en Babylon, donde había investigado muchísimo sobre Anna May Wong, la primera actriz chino-estadounidense, que muchas veces interpretaba roles exóticos o estereotípicos en los años veinte.
Entonces tomamos pequeños elementos e inspiraciones de todas esas figuras y construimos nuestra propia interpretación de Cat. Una versión que fuera fiel al cine noir, pero que también pudiera sentirse cercana y creíble para una audiencia contemporánea.

Robbie Robertson tradicionalmente ha sido representado como una especie de brújula moral dentro del universo del Daily Bugle. ¿Cómo reinterpretaste ese rol dentro del tono mucho más oscuro y cínico de Spider-Noir?
LAMORNE MORRIS: Sí, tienes razón. Robbie siempre ha sido esa ancla moral en otras versiones del personaje. Y creo que eso sigue estando presente acá, especialmente en un momento donde Ben Reilly está luchando con su pasado y con el peso de haber sido el único superhéroe de la ciudad.
Robbie es probablemente la persona que más intenta recordarle que la gente todavía lo necesita. Que por más difícil que sea todo, la ciudad sigue necesitando ayuda. Pero Robbie también entiende algo: no puede depender solamente de un superhéroe. Él siente que la gente necesita información. Necesita que alguien salga a contar las historias. Hay corrupción política, mafiosos, problemas dentro de la ciudad… y alguien tiene que exponer todo eso.
Entonces Robbie, especialmente en esa época, siente que también tiene que ser una especie de héroe por cuenta propia. Como diciendo: “No puedo quedarme esperando a que Spider-Man arregle todo. Yo también tengo que hacer algo”. Y ahí encuentra su propósito.
Li, en los cómics Cat Hardy —basada en Felicia Hardy, Black Cat— siempre ha estado asociada a la dualidad, la vulnerabilidad, la manipulación, la supervivencia y el deseo. ¿Cómo navegaste todas esas contradicciones en tu versión del personaje?
LI JUN LI: Bueno, todos sabemos que “femme fatale” literalmente significa “mujer fatal”. Y también sabemos que ese arquetipo implica que cualquier hombre que se involucre con ella está condenado a meterse en problemas. Pero yo realmente quería humanizarla.
Porque como actriz siempre intentas encontrar las razones detrás de las motivaciones de un personaje. Y sentía que necesitaba traer a la historia el dolor de Cat, su pasado y su vulnerabilidad, para que el público pudiera empatizar con ella y preocuparse por ella. Creo que mientras logres mostrar eso… no es muy distinto a cuando ves villanos en ciertas películas y terminas entendiendo de dónde vienen. Así que quería asegurarme de que construyéramos un personaje lo más rico posible emocionalmente, justamente por eso.
Pero el noir está construido sobre secretos. ¿Cómo interpretas un personaje cuyo poder muchas veces está en lo que no dice?
LI JUN LI: Esa es una gran pregunta… porque fue muy difícil. Creo que Cat probablemente es una de las únicas personas de la historia que guarda secretos frente a prácticamente todo el mundo.
¿Y cómo lo navegué? Creo que puse mucho de mi propia personalidad en ella. Yo soy una persona muy reservada, muy interna. Entonces hice que Cat tuviera una fachada estoica, muy controlada emocionalmente.
Ella tiene un pasado muy complicado. Tomamos distintas inspiraciones sobre una infancia difícil, una vida marcada por ciertas heridas. Y cuando finalmente apareció una oportunidad para cambiar su situación, ella la tomó. Pero eso no significa que haya olvidado de dónde viene. Creo que Cat siempre carga con ese dolor. Siempre entiende lo que significa sobrevivir.
Lamorne, las historias noir suelen enfatizar mucho el conflicto interno. ¿Qué dilemas personales o capas psicológicas exploraste al construir tu versión de Robbie?
LAMORNE MORRIS: Me hice una pregunta muy simple: “Si algo terrible estuviera pasando en tu ciudad, en tu barrio… ¿qué harías realmente?”. Y tuve que hacérmela en serio.
¿Hasta dónde estaría dispuesto a llegar para hacer lo correcto? Porque ese es justamente el dilema de Robbie. Si la gente está siendo manipulada o malinformada, él siente que es su responsabilidad corregir eso. Y cuando ves lo que está pasando con Ben, Robbie se pregunta constantemente hasta dónde está dispuesto a exponerse para ayudarlo.
Entonces terminé revisando mi propia brújula moral. Mi fortaleza mental. Mi valentía. ¿Realmente soy tan valiente como creo? Y todo eso termina entrando en la construcción del personaje, especialmente porque el guion ya tenía muchas de esas preguntas incorporadas.
El texto ya decía: Robbie es alguien valiente. Robbie ayuda a la gente. Robbie no se esconde cuando llega el momento difícil. Entonces muchas respuestas ya estaban ahí.

Li, algo muy interesante de Spider-Noir es que toma personajes conocidos del universo Marvel y los lleva hacia un lugar mucho más melancólico y adulto. ¿Sentiste libertad al reinterpretar un personaje tan asociado a otra energía dentro de los cómics?
LI JUN LI: Totalmente. Y creo que eso viene también de la confianza que nos dieron Oren y Steve desde el principio. Nunca sentí presión de “copiar” algo que ya existiera. Obviamente respetas el material original y entiendes por qué la gente ama esos personajes, pero también sabes que esta versión pertenece a otro universo. Tiene otra energía. Otro tono.
Y lo bonito del noir es que todo está atravesado por cierta tristeza. Incluso los personajes más seductores o seguros esconden soledad, trauma o arrepentimiento. Entonces Cat no podía ser simplemente cool. Necesitaba tener cicatrices emocionales reales. Eso fue lo que más me interesó explorar.
Lamorne, tú vienes de la comedia, pero esta serie trabaja desde un lugar más oscuro y contenido. ¿Cómo fue encontrar ese balance sin perder completamente tu energía natural como actor?
LAMORNE MORRIS: Creo que la comedia sigue estando dentro de mí aunque esté haciendo algo más dramático. Pero sí, claramente esto exigía otro tono. Lo que me gustó fue que Robbie no pierde humanidad. Y para mí muchas veces el humor nace justamente de eso: de personas intentando sobrevivir a situaciones difíciles.
No quería convertirlo en alguien excesivamente solemne o rígido. Porque incluso en los peores momentos, la gente sigue teniendo sentido del humor. Sigue haciendo comentarios. Sigue intentando conectar con otros. Entonces traté de mantener cierta calidez humana en Robbie.
Y además trabajar con Nic [Nicolas Cage] ayuda muchísimo porque él entiende perfectamente cómo moverse entre distintos registros emocionales. Puede pasar de algo muy oscuro a algo absurdo o vulnerable en segundos. Eso hace que todos alrededor también encuentren más libertad dentro de las escenas.

Y justamente hablando de Nicolas Cage… Spider-Noir parece una mezcla perfecta entre el actor y el personaje. ¿Cómo fue compartir escena con alguien tan ligado a la intensidad y al exceso performático?
LAMORNE MORRIS: [Risas] Nic es increíble. Lo primero que entiendes trabajando con él es que está completamente comprometido. Completamente. Y eso eleva todo alrededor.
Porque nunca tienes la sensación de que está “interpretando” una idea superficial del noir. Él realmente entiende ese mundo. Entiende el dolor del personaje. La obsesión. El cansancio. La paranoia. Y además tiene muchísimo conocimiento del género, de las referencias clásicas, de las películas antiguas.
Entonces muchas conversaciones en el set terminaban siendo sobre cine noir clásico, detectives, iluminación, actores de otra época… Era como estar en una clase de historia del cine a veces.
Li, visualmente la serie tiene una identidad muy marcada: sombras, humo, lluvia, luces atravesando persianas… ¿Eso cambia la manera en que actúas una escena?
LI JUN LI: Sí, muchísimo. Porque el entorno empieza a afectar tu cuerpo, tu ritmo, incluso tu voz. Cuando entras a un set así, inmediatamente entiendes que no estás en una serie naturalista contemporánea. Todo tiene cierta estilización. La forma en que entras a una habitación, cómo miras a alguien, cuánto silencio dejas antes de responder…
El noir tiene una musicalidad distinta. Y creo que todos entendimos eso muy rápido. La serie te obliga a desacelerar ciertas emociones y esconder otras. Muchas veces Cat está sintiendo muchísimo internamente, pero exteriormente apenas deja escapar algo mínimo. Y eso era muy importante para mí.

Lamorne, algo que atraviesa mucho la serie es esta sensación de agotamiento moral. Todos parecen cargar culpas, secretos o frustraciones. ¿Crees que eso conecta particularmente con el mundo actual?
LAMORNE MORRIS: Sí, completamente. Creo que mucha gente hoy siente cansancio emocional. Y no solamente por política o por noticias o por redes sociales. También por la sensación de que todo el tiempo estamos intentando sobrevivir a algo.
Y el noir siempre ha tratado sobre eso. Sobre personas tratando de mantenerse funcionales dentro de sistemas rotos. Por eso siento que Spider-Noir puede conectar incluso con gente que normalmente no ve historias de superhéroes. Porque realmente no se siente como una serie tradicional de superhéroes. Se siente más como una historia sobre personas heridas intentando encontrar algún propósito dentro del caos.
Li, ¿qué fue lo más difícil emocionalmente al interpretar a Cat Hardy?
LI JUN LI: Creo que entender cuánto de ella era actuación incluso dentro de su propia vida. Porque Cat constantemente está interpretando algo frente a otras personas. Está protegiéndose. Y eso puede ser agotador emocionalmente como actriz, porque tienes que construir capas sobre capas. Hay escenas donde Cat está diciendo una cosa, sintiendo otra y ocultando una tercera completamente distinta. Entonces muchas veces el trabajo era más interno que externo.
Además, quería evitar que se sintiera simplemente misteriosa “porque sí”. Quería que el misterio viniera de heridas reales, de miedo, de necesidad de supervivencia. Porque creo que muchas personas terminan construyendo máscaras emocionales justamente para protegerse.
Lamorne, el periodismo también tiene un papel muy importante dentro de la historia. Y en tiempos actuales donde la verdad parece constantemente manipulada, eso adquiere otra resonancia.
LAMORNE MORRIS: Exactamente. Y creo que Robbie entiende eso profundamente. Él sabe que contar historias importa. Especialmente en un mundo donde la gente poderosa controla la información, controla las narrativas y decide qué verdad circula y cuál no.
Entonces Robbie siente mucha responsabilidad. Y eso también lo vuelve peligroso para ciertas personas dentro de la ciudad. Porque un periodista honesto dentro de un sistema corrupto siempre representa una amenaza.

Li, para cerrar: después de trabajar en un universo tan estilizado y oscuro, ¿qué crees que hace diferente a Spider-Noir dentro de todas las adaptaciones recientes de cómics?
LI JUN LI: Creo que tiene alma. Y sé que eso puede sonar raro, pero realmente lo siento así. Muchas veces las historias de cómics actuales están muy enfocadas en el espectáculo, en expansión de universos o en acción constante. Pero Spider-Noir se toma tiempo para observar personajes. Para observar silencios, pérdidas, soledad. Y además tiene algo romántico en el sentido clásico del término. Trágico incluso. Creo que la serie entiende que las personas rotas también merecen ser protagonistas.
Lamorne, una última pregunta: ¿qué esperas que el público descubra cuando entre a este mundo tan distinto dentro de Marvel?
LAMORNE MORRIS: Espero que descubran algo inesperado. Porque sí, está el universo Marvel, está Spider-Man, están todas esas conexiones… pero realmente esta serie quiere hacer algo distinto. Quiere hablar sobre culpa, sobre redención, sobre responsabilidad, sobre personas intentando recuperar partes de sí mismas. Y además se ve increíble. [Risas]
Pero sí, más allá del estilo visual, espero que la gente conecte emocionalmente con estos personajes. Porque todos están tratando de encontrar luz dentro de lugares bastante oscuros.
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Es imposible negar que el regional mexicano se ha convertido en uno de los movimientos más importantes de la música latina actual, dominando listados y plataformas de streaming alrededor del mundo. Nombres como Peso Pluma, Carín León, Tito Double P, Xavi o Grupo Firme dejan claro que el género está lejos de ser una moda pasajera, sino un movimiento cultural en constante crecimiento, capaz de evolucionar, experimentar y redefinir sus propios límites. Sin embargo, antes de esta explosión global hubo artistas que ayudaron a construir el camino para toda una nueva generación, y entre ellos aparece un nombre imposible de ignorar: Codiciado, el cantante favorito de tu cantante favorito

Nacido y criado en Tijuana, Baja California, Codiciado —nombre artístico de Erick de Jesús Aragón Alcantar— creció en medio de una compleja situación económica, pero también profundamente rodeado por la cultura y la música mexicana. Artistas como Los Tucanes de Tijuana y Explosión Norteña marcaron su infancia y despertaron desde muy joven su interés por escribir canciones. Así, en 2015, junto a varios amigos y conocidos de su ciudad, formó Grupo Codiciado, un proyecto que rápidamente comenzó a transformar distintos códigos dentro del regional mexicano. No solo desde lo sonoro, sino también desde la estética y la identidad con la que se presentaban frente al público. Como comentó para Billboard en 2024 Fabio Acosta, parte del equipo de management del cantante: “Erick fue el primer artista en México que trajo todo este nuevo formato a la música mexicana (…) Ellos empezaron a traer el streetwear al género”.
Esa nueva identidad, sumada al lugar desde donde escribían sus canciones, fue lo que diferenció al grupo y lo llevó a convertirse en una de las propuestas más influyentes de la nueva ola del regional mexicano. Sin embargo, para Codiciado ese éxito apenas representaba el comienzo. En 2021 decidió separarse de la agrupación y, después de tomarse un tiempo para descansar y replantear su camino artístico, inició oficialmente su carrera como solista con Golpes de la vida. Ahora, casi tres años después de aquel debut, el cantante regresa con Así es la vida, un álbum que funciona como una mirada mucho más íntima y madura sobre su historia, sus aprendizajes y todo lo que ha construido dentro y fuera de la música.
Más que repetir la fórmula que lo convirtió en referente, el nuevo proyecto encuentra a Codiciado explorando nuevas formas de narrarse a sí mismo. Aunque el disco continúa profundamente arraigado en los corridos y en el sonido que ayudó a popularizar, también abre espacio para la introspección, la vulnerabilidad y la experimentación. Temas como la lealtad, la paternidad, el desamor, la ambición y las cicatrices que deja el paso del tiempo atraviesan un álbum que, por momentos, se siente menos interesado en alimentar el mito del personaje y más enfocado en entender a la persona detrás de él.
Ese crecimiento también se refleja en canciones como ‘Así es la vida’, tema central del álbum, donde el artista rompe varios esquemas tradicionales del regional mexicano al incorporar elementos poco comunes dentro del género y expandir todavía más su identidad sonora. El proyecto además llega en uno de los momentos más importantes de su carrera: después de presentarse en escenarios como Premio Lo Nuestro 2026 y acompañar a Peso Pluma en distintas fechas de su gira por Estados Unidos, el cantante vuelve finalmente a Tijuana para reencontrarse con la ciudad que lo vio crecer. Un regreso que no solo funciona como celebración del álbum, sino también como una especie de cierre de ciclo para uno de los artistas que ayudó a cambiar el rumbo del regional mexicano moderno.

“Siento que todo lo que he vivido, lo bueno y lo malo, me llevó directo a este disco”, explica el artista. “Llevo muchos años en esto, viendo cómo crece el movimiento y siendo parte desde el principio, pero Así es la vida es donde realmente me abrí. Ya no es solo contar historias, es contar mi historia, desde otro nivel de madurez. Es un disco donde se nota el crecimiento, no solo como artista, sino como persona”.
Para Codiciado, todo comienza desde la portada. Más allá de funcionar como una simple imagen promocional, esta representa el primer acercamiento del público al universo emocional y conceptual del álbum. Con eso en mente, el cantante quiso que el cover tuviera un significado profundamente ligado a sus raíces y a la narrativa del proyecto. “La portada está tomada dentro de una calafia, que es un camión muy tradicional de Tijuana, y para mí representa mucho más que un simple lugar”, comparte. Ese espacio reducido, cotidiano y familiar termina funcionando como un símbolo de sus orígenes y de la realidad que marcó su vida desde temprana edad. “Es parte del barrio donde crecí y de la realidad que me formó. Quise llevar eso al disco porque Así Es La Vida habla justamente de ese recorrido: de dónde vienes y hasta dónde puedes llegar. Es un contraste entre mis raíces y el momento en el que estoy hoy, pero sin olvidar nunca de dónde salí. Es algo muy personal y muy real, que la gente de Tijuana va a entender de inmediato”.
Así mismo, al ser un trabajo en el que recorre diferentes etapas de su vida, el abarcar tantas temáticas suponía un reto importante a la hora de equilibrarlos todos en cada registro. “Fue un proceso muy natural. No quise forzar nada, simplemente dejé que cada canción saliera dependiendo del momento que estaba viviendo”. El mexicano revela que su composición funciona como la vida mismas, donde no todos los días son felices pero tampoco son todo tristes, construyendo todo un mapa emocional que refleja su evolución como letrista y como persona, ya que ahora sabe “cómo transmitir mejor cada emoción y darle su espacio a cada tema sin perder la esencia”.
Uno de los temas más personales que abarca el proyecto es el de la paternidad. “Ser papá te cambia todo. Antes el éxito era más personal, metas, números, logros. Ahora es más grande que eso. Piensas en el futuro, en el ejemplo que das, en construir algo real que dure. Me hizo enfocarme más, valorar más el tiempo y entender que el verdadero éxito es lo que dejas como legado”, comparte.
Entrando al contenido del álbum, Codiciado explica que no había otra forma de empezar el disco que con ‘Soy gracias a Dios’. “Porque es la base de todo. Esa canción resume quién soy, de dónde vengo y en qué creo. Es una forma de agradecer y también de poner el tono del disco. Desde ahí arranca la historia, desde lo más real”, comenta. Lanzada previamente en septiembre de 2025, hay un detalle interesante al comienzo de la canción: una íntima conversación telefónica entre Codiciado y sus hijos, fortaleciendo ese tono íntimo y cercano, perfecto para comenzar este álbum.
El viaje sonoro continúa con dos colaboraciones que marcan ese puente generacional que también presenta el cantante: Xavi y Carín León. En el caso de Xavi, el artista es claro en qué trabajar junto a él “fue algo muy orgánico”. ‘No voy a cambiar’ es una fusión que explora la vulnerabilidad mientras que el ritmo propone un recorrido por la dificultad de la autorreflexión y la aceptación, acompañando a alguien que reconoce que sus propias acciones influyeron en el fin de una relación. “Xavi trae una vibra fresca que conecta con lo que está pasando ahorita”.
Siguiendo con el tema del amor y el desapego, llega ‘Déjame Dormir’, junto Carín León. “Carín tiene una voz y una experiencia que elevan cualquier canción”, y eso encaja perfecto para un tema que profundiza en las complejas emociones de una relación que ha llegado a su fin. A través de una narrativa vívida, ambos artistas retratan un amor que alguna vez fue apasionado y genuino, pero que se ha vuelto pesado, mientras ambos luchan por seguir adelante.
“Me gustaría que la gente se identifique. Que entiendan que todos pasamos por cosas, pero que sí se puede salir adelante. Que escuchen el disco y digan ‘yo también puedo’. Ese es el mensaje”. Explica Codiciado. “Lo más gratificante fue poder hacer un disco tan personal y que se sintiera real. Lo más retador fue justamente eso, abrirme así. No siempre es fácil hablar de lo que uno vive”.
Más que escuchar a Codiciado, este registro es un reflejo profundo de Erick. En ese sentido, Así Es La Vida no representa simplemente un nuevo lanzamiento dentro de su catálogo, sino un punto de quiebre dentro de su carrera. Después de tres años sin publicar un álbum, el cantante ve este proyecto como el trabajo que finalmente termina de consolidar su identidad lejos de la agrupación con la que inició su camino en la música. “Es un antes y un después. Es el primer disco que presento en tres años y es el disco donde realmente me definí como artista solista y donde la gente va a entender quién soy hoy”, asegura.
Ese crecimiento también llega acompañado del reconocimiento de toda una nueva generación de artistas que crecieron escuchando su música. Recientemente, Peso Pluma se refirió públicamente a él como uno de los pioneros del movimiento, algo que Codiciado recibe con orgullo, pero también desde un lugar profundamente humano. “Se siente bien, la verdad es un honor”, comenta. Más allá del impacto mediático de esas palabras, el cantante resalta especialmente el vínculo que han construido con el paso de los años. “Hemos logrado mantener una amistad y seguimos dándonos la mano dentro de la industria. El respeto y el cariño son reales de los dos lados, y eso vale mucho más que cualquier otra cosa”.
Lejos de verlo como una meta definitiva, Codiciado entiende Así Es La Vida como el inicio de una nueva etapa creativa. Con nuevos planes, más música y una agenda enfocada en seguir creciendo dentro y fuera de los escenarios, el artista deja claro que todavía siente que tiene mucho por demostrar. “Seguir trabajando, sacando música, girando y creciendo. Este disco es solo el inicio de una nueva etapa”, concluye.

Así Es La Vida no solo funciona como un nuevo capítulo en la discografía de Codiciado, sino también como una especie de espejo donde el artista revisita su pasado para entender su presente. Entre la nostalgia, la madurez y la necesidad de contar su historia desde otro lugar, el álbum termina consolidando una versión más completa y humana de un músico que ha sido clave en la transformación del regional mexicano moderno. Más que reafirmar su lugar dentro del género, el proyecto lo redefine desde la introspección y la experiencia acumulada.
En ese sentido, el disco también marca el inicio de una etapa en la que Codiciado parece menos interesado en sostener un personaje y más enfocado en habitar su propia verdad artística. Con una narrativa que se mueve entre lo íntimo y lo colectivo, el cantante abre la puerta a un futuro donde su evolución no solo se mide en números o colaboraciones, sino en la capacidad de seguir contándose a sí mismo sin perder de vista de dónde viene.
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La voz y la presencia de Queralt Lahoz irradian resiliencia, poder y una fuerza inquebrantable. Su alma transita por un espectro temporal donde pasado, presente y futuro convergen para avivar la llama de sus raíces, aquellas que la llaman de vuelta a su hogar con orgullo y dignidad. Desde esa autenticidad, crea un espacio en el que las mujeres puedan sentirse seguras, escuchadas y representadas a través de su música: un refugio tejido con valentía, armonía y empoderamiento. Su arte se convierte así en un símbolo de lucha y esperanza, una fuerza que la impulsa a seguir adelante y a defender aquello que, en su momento —y aún hoy—, le dio el impulso necesario para perseguir y conquistar sus sueños.
Como una digna representante de la fortaleza y la autenticidad, Queralt Lahoz se mantiene fiel a su esencia y a sus ideales en un proyecto artístico que no deja de transformarse y expandirse: sonoro en sus raíces, creativo en su forma, conceptual en su discurso y profundamente honesto en su verdad. Su camino es el de una artista en permanente construcción, alguien que se descubre a sí misma con cada paso firme que da hacia nuevos territorios emocionales y creativos. Porque, al igual que ocurre con la naturaleza humana, la evolución nunca se detiene; muta, florece y renace constantemente. En esa búsqueda incesante, Queralt convierte su música en el reflejo vivo de una identidad que aprende, se cuestiona y se reafirma con el tiempo.
En esta plática con ROLLING STONE en Español, Queralt Lahoz reflexiona sobre la transformación de su carrera, la voz que tiene en su proyecto y mucho más. Lee aquí la entrevista completa:
Quisiera empezar sobre la conexión que hay en tu música entre pasado, presente y futuro. ¿Cómo logras que estos tres espectros del tiempo coexistan con naturalidad en tu arte?
Creo que musical y líricamente, cuando te fijas y te nutres de la música de raíz, esa cosa ya es el pasado y el origen. Eso, de manera natural, te hace conectar inmediatamente. También te hace conectar con el presente, que también es futuro porque es lo que cosechamos, y es lo que nos hace ir en una dirección. Ha sido una forma muy natural de poder expresarme. Me ha dado el poder de fijarme en lo que me gusta, en lo que me nutre. También se trata de las identidades que me han marcado, de los mensajes que me han llegado desde chiquita. No olvidar eso ha hecho que yo pueda construir mi discurso y mensaje.
Háblame de la importancia de tus tradiciones en tu música. ¿Qué tan importantes son para ti preservarlas y mostrarlas con dignidad?
Creo que al final se dan naturalmente porque es lo que escuchas desde que eres pequeña. Ahora lo tenemos en un referente muy actual y muy joven que ha hecho un disco de folclore, quien es Milo J. Creo que esa naturalidad de escuchar folclore, flamenco y todo lo que es nuestra raíz es algo muy natural porque es con lo que convives. No es una pretensión porque es lo que has escuchado siempre. Creo que he permitido que toda esa musicalidad y sonidos puedan introducirse sin juzgarme a mí misma, porque no he querido adelantarme a un juicio. Viene desde el corazón. Hay muchos sonidos en mi música que estuvieron presentes cuando era una niña.
¿Cuál crees que es el mensaje más poderoso de tus letras?
Tengo muchos mensajes, pero creo que el más presente es saber que me amo porque amo a los míos. Es un sentimiento de comunidad muy grande en lo que hay en mis letras. Es un respeto muy grande y honra a mi madre. Hay muchos mensajes, pero también hay un mensaje de fuerza entre mujeres, de poder entre mujeres. Ese poderío de mujer es uno de los pilares fundamentales en mis letras.
Justo es lo que quería platicar contigo. En tu proyecto también le das una voz a todas esas mujeres trabajadoras y admirables, desde las que comparten un espacio contigo hasta las que no conoces. Cuéntame un poco de dónde salió esto.
Yo siempre he visto, sobre todo desde mi casa por mi madre laburando sola para sacarlos adelante, a un tejido familiar de mujeres poderosas. Quizás los hombres, por lo que sea, han estado ausentes, ya sea porque murieron pronto o porque desaparecieron de nuestras vidas. He crecido rodeada de mujeres poderosas, que no han tenido más que su propio tejido para poder apoyarse para salir adelante. He sido muy consciente de que las mujeres se traducen como cuidadoras, y no tenemos que serlo de quien no lo merece. Es muy importante ponerte en primer plano y cuidar a quien sí lo merece. Nos tenemos que cuidar entre nosotras, en vez de cuidar a aquellos que después no lo valorarán. Es muy importante no olvidarnos de toda esa influencia y de todo ese amor que debemos de tenernos nosotras.

En tu música conviven géneros como el soul, el hip hop o el bolero sin jerarquías aparentes. ¿Cómo fue el proceso de encontrar tu sonido? ¿Qué es lo que más disfrutas de experimentar en cada género que te llame?
Yo creo que la misma libertad. Me he permitido conocerme, porque también sigo en proceso de redescubrirme. Creo que me sigo conociendo con cada paso que doy. Es una cosa de ensayo y error. Soy la evolución de toda mi carrera, y quizá no hubiese llegado hasta donde estoy ahora, en cuanto a sonoridades, si no hubiese experimentado todo lo anterior. Creo que hay que tener un punto de valentía, que al final se basa en no guiarte por lo que está de moda, sino por lo que te apetece descubrir. Al final, todo está hecho, pero, ¿cuál es tu identidad? Yo estoy de acuerdo cuando la gente dice que todo está hecho, porque es verdad, pero lo que no está hecho, eres tú mismo. Tienes que saber quién tú eres, porque eso es lo más importante: tener tu nombre propio.
Tu sello e identidad. Seguro hay muchos géneros que te apetecen describir…
Muchos, muchos. Haría muchas cosas más locas, la verdad. Sin embargo, es verdad que una también tiene que perfilarse. Soy una de esas personas que haría un álbum de rock alternativo y otras cosas. Haría una cosa de cada género y me molaría mucho. Saltaría por toda la música. También es bonito descubrir tu viaje musical para que la gente te identifique.
Hablemos un poco sobre tu último álbum, 9:30PM. ¿Cómo viviste este proceso catártico al realizar este material?
Cuando terminé Pureza, yo sabía que estaba hablando de mí sin hablarlo. Había intentado que no fuesen temas reales; hablaba en primera persona, pero no de mi vida. Me inspiraba en terceras personas para no hacerme daño. Luego, me di cuenta de que era valiente y amoroso hablar de una misma: de mi proceso, de mi vida e infancia. Indagué en todo mi viaje y sané todas esas heridas, que sigo sanando con las canciones. Ha sido un proceso muy bonito, necesario y personal. Necesitaba eso: conectar con esas partes de mí que estaban rotas, y también las que me han hecho empoderarme. Fueron dos años de estar encontrándome, también con mi sonido y la letra. Se fue haciendo a fuego lento.
¿Qué has descubierto sobre ti misma al ordenar tu vida en este ejercicio de memoria?
Me di cuenta que soy más fuerte de lo que ya sabía que era. También me di cuenta de que tenía que cuidarme más a mí misma. Me puse en primera persona, y quizá por eso tomé decisiones que tal vez pensé jamás tomaría para poder amarme.

¿Qué parte del disco te ha resultado más difícil de compartir y por qué? Si es que hay alguna.
La apertura y cierre son las más difíciles. Son dos temas que me costaron muchísimo cantar. No creo volverlas a hacer en directo, aún cuando creo que son una cosa preciosa. Deben de quedarse ahí. No me apetecen cantarlas en directo porque son temas especiales que los quiero disfrutar en casa, y que conllevaron un proceso muy fuerte. Es por lo que significa para mí: la reconciliación con mi padre que ya no está en vida y esa forma tan fuerte de la triste que me inundó en un momento determinado.
Tal vez aquí se marca la catarsis personal y la sobreexposición personal…
Sí, porque también vuelves a ese lugar. Hay que tener mucho cuidado con lo que compones porque luego vas a tener que interpretarlo. Hay que tener mucha consciencia de lo que escribes, porque vas a viajar en el tiempo. Es un lugar en el que he estado y salido, pero también hay que protegerse de él.
Ahora, con nuevos materiales por venir, ¿qué quedó fuera de 9:30 PM que ya estás lista para contar?
Quedaron muchas frases, canciones, sonidos y cosas fuera. Siempre pienso que las cosas pasan por algo, entonces creo que tuve que eliminar cosas para poder alimentar algunas de las canciones de ese álbum. Lo que está por venir es más grande y hermoso. Tenía que dar un cierre a esos episodios para poder dar un nuevo capítulo en mi vida.

Uno de sus sencillos más recientes ‘Lo volvería a hacer’ con Salma, ¿es la apertura de una nueva era en tu trayectoria?
No, no lo es. Es un sencillo que es hermoso y necesario. Me apetecía mucho. La nueva etapa todavía no la he mostrado. No he dicho fecha y todavía le falta. Tiene que reposar. El viento tiene que soplar a mi favor. Con prisa, las cosas duran dos días. Las cosas con amor y con tiempo, son para siempre.
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Los gritos comienzan apenas pasando la zona de reclamo de equipaje, cuando el primer destello de cabello gris violáceo asoma por encima del muro de seguridad que separa a la banda de pop coreano más grande del mundo —y de la historia— de sus fans. En medio de una histeria ensordecedora, los siete jóvenes de rostro afable que integran BTS atraviesan el Aeropuerto Internacional de Los Ángeles escoltados por largas filas de corpulentos empleados con camisetas amarillas de ‘Event Staff’. Los chicos sonríen, saludan y, con la eficiencia de la realeza británica, logran abrirse paso entre cientos de adolescentes y jóvenes para subir a unas camionetas Escalade negras, el vehículo que los conduce directo al corazón del mainstream estadounidense.
Es mediados de noviembre y BTS acaba de llegar desde Corea del Sur, impulsado por la devoción de sus admiradores, una comunidad diversa que se hace llamar ARMY —acrónimo de ‘Adorable Representative M.C. for Youth’. El grupo está en la ciudad para una serie de apariciones televisivas de alto perfil: del aeropuerto parten al programa de James Corden; al día siguiente estarán con Jimmy Kimmel; después visitarán a Ellen DeGeneres, quien comparará su llegada a Estados Unidos con la de los Beatles en 1964. Sin embargo, la principal razón de su visita es interpretar su éxito ‘DNA’ en los American Music Awards, una presentación que los convertiría en la tendencia número uno de Google y rompería un récord Guinness de interacciones en Twitter.
El líder del grupo, RM —abreviatura de ‘Rap Monster’—, de 23 años y con una ambición evidente, compara el vertiginoso viaje con ‘surfear una ola gigante’. Pero a las nueve de la mañana del día siguiente a su llegada, el ambiente se parece más a ‘fichar para entrar al trabajo’. Estamos en un estudio de ensayo cuando representantes de los AMA llegan para tomar fotografías promocionales en el estacionamiento. El extrovertido J-Hope, también de 23 años, MC y ex campeón de street dance, sale con los brazos en alto gritando: ‘¡Hola! ¡AMA! ¡Whoa!’. Los demás aparecen poco a poco, con menos dramatismo, y esperan su turno para ser arreglados sobre el asfalto por un equipo de estilistas que también viajó desde Seúl.
Ahí está Jimin, de 22 años, el más atractivo y a la vez más travieso del grupo, ex alumno destacado de danza contemporánea, afeitándose el mentón mientras una mujer le sostiene un espejo. V, cantante de mirada permanentemente sorprendida y de 21 años, otro ex estudiante de arte que debutó en televisión el año pasado con un drama histórico coreano, deja que le cepillen y acomoden su característico cabello gris violáceo. Un hombre utiliza un palillo dental para retirar algo de los dientes de Suga, quien, al igual que RM, comenzó su carrera como rapero underground. Jungkook, vocalista principal de 20 años y ferviente admirador de Justin Bieber, quien se unió a BTS a los 15, recibe una línea de delineador en los ojos.
Mientras tanto, Jin, cantante de 25 años y aspirante a actor, tan atractivo que fue reclutado por un cazatalentos mientras caminaba por la calle, avanza en silencio entre el caos. Su séquito es enorme; dejo de contar después de las treinta personas. Hay managers, publicistas, un coreógrafo, un masajista, el intérprete, estilistas, personas con cámaras, guardias de semblante serio y varios choferes con auriculares.
En casa, BTS prácticamente ya solo compite contra sus propios récords: vistas de videos, preventas de álbumes y posiciones en las listas de popularidad. Y ese fenómeno ya comenzó a expandirse a otros países. Su más reciente EP, Love Yourself: Her, que incluye una canción escrita junto a Andrew Taggart de The Chainsmokers, encabezó la lista de álbumes de iTunes en 73 países. Además, BTS se convirtió en el primer grupo de pop coreano en irrumpir de lleno en el mainstream estadounidense, gracias a un remix de ‘MIC Drop’ realizado por Steve Aoki, que recientemente logró entrar al Top 40.

‘Somos muy afortunados de vivir en esta época, en 2017’, dice RM, el único integrante capaz de mantener una conversación fluida en inglés. ‘Cuando publicamos un tuit, se traduce a más de 30 idiomas’. Las letras del grupo —casi completamente en coreano, pero subtituladas en YouTube y traducidas en sitios como Genius— son una parte fundamental de su éxito internacional. Las canciones de BTS abordan temas como la depresión y la ansiedad. Promueven ideales sociales progresistas, como el empoderamiento femenino y la aceptación de personas de distintos orígenes. Incluso hablan de la inquietud interna que implica abandonar caminos profesionales menos comerciales para convertirse en ‘idols’, como se conoce a las estrellas del K-pop.
Los fans de BTS valoran la empatía, honestidad e independencia de la banda, temas especialmente demandados por las audiencias pop occidentales actuales. Además, BTS lleva ese mensaje sobre producciones hiper modernas e inteligentes —muchas veces realizadas por los propios integrantes— que absorben influencias del EDM, el rap y el R&B contemporáneo. Piensa en artistas como Major Lazer, Justin Bieber, DNCE, Logic, The Chainsmokers o Nick Jonas, y conviértelo en un collage ligeramente extraño pero profundamente adictivo.
Después de la sesión de fotos, los chicos entran a ensayar su presentación para los AMA. Desde el silbido inicial de ‘DNA’, funcionan como un organismo único, de múltiples extremidades y absoluta concentración. Jin, quien normalmente parece melancólico, despliega miradas coquetas y movimientos de manos perfectamente sincronizados. Bromean un poco —Jimin le agarra el trasero a Jungkook después de que este ejecuta un giro casi de ballet—, pero permanecen completamente enfocados.
Una hora después, a las 10:40 de la mañana, toman agua apresuradamente mientras varias mujeres intentan refrescarlos agitando enormes abanicos de papel decorados con los rostros de los propios integrantes. Jin se queda dormido por unos minutos en una silla con ruedas, aunque pronto lo despierta el masajista, decidido a clavarle el codo en el hombro; Jin hace una mueca de dolor mientras sucede. Minutos más tarde, V grita con la boca abierta mientras un asistente trata una llaga dentro de su mejilla. Más adelante, RM terminará bailando con un pañuelo ensangrentado en la nariz: el jet lag y el ritmo constante de trabajo terminan pasando factura. Un almuerzo temprano de hamburguesas frías y papas fritas parece una recompensa mínima, pero ellos comen sin contenerse.
BTS, acrónimo de Bangtan Boys —‘Boy Scouts a prueba de balas’, en coreano—, fue construido alrededor de RM y terminó de consolidarse a través de audiciones. El grupo fue armado por una compañía pequeña, Big Hit, dirigida por el compositor Bang Si Hyuk, conocido como ‘Hitman’, quien cofundó una de las llamadas Big Three de la industria, JYP Entertainment, antes de dejarla atrás. Esa historia le da a BTS un atractivo de underdog. Y aunque la banda surgió dentro del famoso y riguroso sistema del K-pop —viviendo juntos en dormitorios y entrenando de manera constante—, RM asegura que Big Hit les ofrece una libertad artística relativa.
Prueba de ello es que, en una reinterpretación singular del tradicional fan service del K-pop, BTS construye mitologías alrededor de sus álbumes, como ocurrió con Wings, lanzado el año anterior, cuyo concepto parte de Demian, la novela de formación publicada en 1919 por Hermann Hesse. La temática atraviesa las letras, el arte visual y los videos. No queda del todo claro cómo toman forma esas subtramas, aunque resulta fácil imaginar la participación de RM, quien suele leer autores como Haruki Murakami y Albert Camus.
‘Intentamos construir nuestro propio universo BTS’, explica. ‘Tal vez era arriesgado inspirarnos en novelas tan antiguas, pero creo que terminó funcionando aún mejor. Para nuestros fans, se siente como una caja de regalo. Es algo que no encuentras fácilmente en artistas estadounidenses’. Después, compara esa construcción narrativa con Star Wars.
‘Lo más importante de crear nuestro universo es su capacidad de expansión’, añade Suga, el integrante más contemplativo del grupo, a través del intérprete. ‘Como nace de nuestras propias vidas e intereses, podemos expandirlo tanto como queramos y nunca se siente ajeno a nosotros. Eso nos permite tener más diversidad en las historias que contamos y en la música que hacemos’.
¿Se sienten lo suficientemente libres como para escribir sobre la política coreana? RM responde que están trabajando en una canción que aborda el tema de manera sutil, aunque Suga advierte que el asunto ‘está lleno de riesgos, no de forma literal, sino por la posibilidad de ser malinterpretados por jóvenes que quizá aún no han desarrollado completamente su sensibilidad’. Él prefiere enfocarse en generar entendimiento antes que ‘incitar conflictos’. Durante la entrevista del mediodía, el resto del grupo permanece en silencio, salvo para enviar saludos a ARMY y admitir que desean más oportunidades de crossover internacional. Como resume J-Hope: ‘Sería un honor trabajar con cualquiera’.

RM asegura que, más allá de romper nuevos récords, la misión de la banda es promover la individualidad, algo que no siempre se fomenta en Corea del Sur. ‘Especialmente en Corea, existen todos estos estándares: casarte, entrar a una buena universidad’. ¿Y cómo planean transmitir ese mensaje? Sonríe antes de responder: ‘Con mejor música y presentaciones más increíbles’.
Después de agotar entradas en arenas de California, Chicago y Nueva Jersey, BTS ya planea una gira aún más grande por Estados Unidos en 2018. El grupo se mueve en un territorio sin precedentes. A diferencia de PSY, su éxito en el mercado estadounidense no nació de un fenómeno viral aislado; su ascenso en las listas fue gradual y no muestra señales de desaceleración. Aunque en el pasado descartaron la idea de lanzar un álbum completamente en inglés, este año RM ya interpretó versos en inglés en un remix junto a Fall Out Boy y en una colaboración con Wale.
A la 1:30 de la tarde llega el momento de prepararse para su aparición con Jimmy Kimmel. Sigo a BTS desde el estudio de danza hasta el pasillo cercano a su camerino. Hay una mesa plegable cubierta de anillos plateados, collares llamativos y aretes colgantes listos para elegir. En el suelo descansa una enorme bolsa tipo ziplock llena de sandalias Puma idénticas. Después de retocar peinados y ajustar vestuarios, los integrantes suben a las cuatro camionetas Escalade sin el menor alboroto.
Mientras nuestra caravana avanza por Hollywood Boulevard y gira hacia la pequeña calle que conduce al backlot y al escenario al aire libre de Jimmy Kimmel, los vemos: más de mil fanáticos de BTS que estallan en gritos apenas nos detectan. Llevaban horas esperando. Más tarde, Mac Burrus, productor musical del programa, me cuenta que un grupo de cinco adolescentes pasó dos noches completas ahí, en la calle y dentro de bolsas de dormir.
En el green room, por fin llega un momento de calma. Suga y RM comen plátanos. Jin juega en su Nintendo Switch. Jungkook y J-Hope se recargan somnolientos uno sobre el otro en el sofá. V se acuesta en el suelo para que el masajista le ajuste el cuello con una brutal torsión digna de un asesino profesional, antes de acomodarse en otro sillón para ver Carpool Karaoke. Cerca de las cuatro de la tarde, los productores llevan a un par de madres ARMY para un sketch donde molestan a sus hijas —todavía formadas afuera— mediante FaceTime desde el ‘santuario’ de BTS. Más tarde, las chicas regresan y aprovecho para hablar con ellas. Ambas descubrieron a BTS a través de YouTube. Adriana, de 24 años, está aprendiendo coreano ‘despacio pero con seguridad’ para escuchar a los integrantes en su propio idioma. Rosa, de 18, insiste: ‘El idioma no es una barrera cuando se trata de música’.
A las 6:20 de la tarde, BTS se dirige al escenario. Desde atrás, el sonido se parece al de una montaña rusa llena de pasajeros gritando al mismo tiempo. Un trabajador veterano del staff pasa junto a mí con una sonrisa incrédula y murmura: ‘Esto es una locura’.
Desde bambalinas observo cómo la banda arrasa con un set de seis canciones que provoca lágrimas, manos cubriendo rostros y gritos constantes. Durante ‘Save Me’, una canción con ecos de Where Are Ü Now, el público ejecuta un ‘fanchant’ perfectamente coordinado al estilo K-pop, coreando en sucesión rítmica el nombre real de cada integrante. Apenas logro escuchar la música, así que no caigo en cuenta hasta el final de que BTS parece no utilizar pistas vocales de apoyo, como suelen hacerlo grupos estadounidenses o británicos: rapean y cantan cada parte completamente en vivo mientras ejecutan coreografías ininterrumpidas.
Cuando todo termina, poco después de las siete de la noche, un agotado J-Hope se deja caer sobre el asfalto, fuera de la vista del público y de su propio equipo. Respira con dificultad, el pecho agitado y los ojos completamente abiertos. Treinta segundos después se reincorpora y corre para alcanzar al resto de los integrantes de BTS, que ya desaparecen por el pasillo rumbo al green room. Justo antes de doblar la última esquina, una voz chillona estalla detrás de mí: ‘¡Dios mío! ¡J-Hope volteó a verme!’.
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Desde Machuca hasta Noticia de un secuestro, el trabajo de Andrés Wood ha estado marcado por personajes atravesados por procesos históricos, heridas políticas y memorias familiares. Ahora, el cineasta chileno enfrenta uno de los retos más ambiciosos de su carrera: adaptar La casa de los espíritus, la célebre novela de Isabel Allende.
La nueva miniserie busca conservar el carácter popular, emocional y profundamente latinoamericano del libro, mientras explora temas como el traspaso generacional, la memoria colectiva y la convivencia natural entre lo cotidiano y lo sobrenatural.
En esta conversación, Wood habló sobre el proceso de adaptación, el peso político de la historia, la influencia del realismo mágico y el reto de traducir el universo de Isabel Allende al lenguaje audiovisual.

La casa de los espíritus es una obra marcada por la memoria, la política y lo íntimo. Quisiera preguntarte inicialmente cómo abordaste el reto de adaptar este universo tan cargado de historia y simbolismo sin perder esa dimensión emocional.
Bueno, primero hay una explicación general importante, porque acá hay una estructura de quién hizo qué que vale la pena aclarar.
Este proyecto parte con FilmNation, que compra los derechos y se une a las creadoras Francisca Alegría y a Fernanda Urrejola para desarrollarlo. Ellas hacen una interpretación del libro, así como yo hice una interpretación en Noticia de un secuestro de Gabriel García Másquez Y esa primera aproximación se mantiene hasta el final.
La mirada de ellas tiene mucho que ver con esta nueva generación que recopila o recibe el bastón de estas mujeres —la bisabuela, la abuela y la madre— para reconstruir la historia y sanar a partir de eso.
Esa puesta en escena siempre fue de Francisca y Fernanda. Yo me subo a eso con cosas importantes para mí también, como la relevancia de lo político en lo personal. Gran parte de mi trabajo histórico ha tenido que ver con eso: cómo las historias personales son atravesadas por procesos políticos.
Y para mí hubo otro elemento muy importante en esta adaptación, quizá algo que meto con más fuerza por primera vez, y es reconocer que estás trabajando con una obra que tiene una vocación popular.
Por eso digo que me importa muchísimo que a la serie le vaya bien. Porque hubo conciencia de que el libro tiene una vocación popular. Es un melodrama muy barroco, lleno de personajes, lleno de historias enormes, de grandes eventos dramáticos, pero finalmente tiene una conexión muy directa con el público.
Y eso era algo que me interesaba conservar dentro de todas las cosas que inevitablemente uno le “roba” a Isabel Allende al momento de adaptar.

Y quería preguntarte algo relacionado con eso. El libro está lleno de personajes, es un trabajo coral y además muy barroco, como tú mismo lo mencionas. Pero hay algo que tiene Isabel Allende y es esa economía del relato, ese ir al punto. ¿Crees que la serie logra traducir eso? Ese ir al grano, ese ser directo.
Sí, yo creo que no había otra manera de hacerlo. De hecho, la película se quedó muy corta en ese sentido, ¿no es cierto?, porque tuvo que cercenar generaciones incluso. Y ahora la serie tiene este privilegio que ocurre con las plataformas: poder contar esto con actores latinos, hablado en español y en ocho capítulos.
Eso ya es un escenario completamente distinto. Pero igual nos quedamos cortos. Sacamos personajes, sacamos eventos, sacamos episodios completos. Entonces sí, yo creo que nos vimos obligados a hacer justamente eso que tú dices: ir al grano.
Con el riesgo, claro, de perder a veces parte del encanto de Isabel. Porque Isabel, aunque va al punto, también se da muchas vueltas. Y eso es parte de su manera de escribir.
No es como leer a Javier Marías, donde muchas veces el deleite está directamente en la escritura misma. Pero sí diría que en Isabel Allende ocurren muchísimos eventos dramáticos constantemente, y eso hace que la adaptación audiovisual sea plausible. O sea, pasan demasiadas cosas, todo el tiempo. Y eso también obliga a tomar decisiones muy concretas en términos narrativos.

Y ahora pensando en las expectativas del público contemporáneo, ¿qué tanto se negoció entre fidelidad y reinterpretación? Pensando también en estas miradas sobre el machismo que están inherentes a la obra.
Sí, bueno, yo creo que ahí fue donde hubo mayor cuidado. Particularmente de dos mujeres jóvenes muy conectadas con ese tema, que son Francisca y Fernanda. Y yo aprendiendo también de eso.
Porque finalmente la voz de Alba es el filtro desde donde estamos mirando esta historia. Y ellas se dan permiso para aclarar cosas, para opinar, para mirar ciertos comportamientos desde hoy. Pero claro, la historia es la que ocurre para las mujeres en esos momentos históricos. Y cambiar eso no tendría mucho sentido.
Uno podría preguntarse: “Bueno, ¿por qué Clara no hace tal cosa?”. Pero no, ese no es el personaje. Esa no es la realidad que le toca vivir. Entonces sí hay una conciencia muy potente de todo eso. E insisto en algo: hay una mirada donde la última generación, la más joven, tiene mucho que decir sobre el pasado. Y para mí ese es uno de los grandes valores de esta adaptación.
Ahora, en tu cine la historia reciente y pasada de Chile suele estar muy presente. ¿Cómo dialoga este proyecto con esa línea de tu filmografía?
Bueno, yo lo digo y no lo digo por decir. También me pasó con Noticia de un secuestro. Cuando leí ese libro —y hablo de Colombia también— yo recién estaba empezando en el cine y pensé inmediatamente: “Esto podría adaptarse”.
Y con La casa de los espíritus me pasó algo parecido. Hay algo germinal ahí. Mucho antes de pensarme como cineasta, yo había leído este libro. Un libro que además estaba prohibido en Chile cuando yo lo leí. Independiente de que igual se conseguía, claro.
Pero para mí fue muy potente encontrar nuevamente esa mezcla entre lo personal y lo político. Esa idea de que lo político atraviesa absolutamente todo. Obviamente mi trabajo después ha hecho evolucionar esa mirada. He contado la historia desde distintas perspectivas, ¿no es cierto?
Entonces evidentemente mi aporte acá tiene mucho que ver con eso: con mezclar lo personal y lo político. Pero también, y muy especialmente, con desarrollar estos personajes maravillosos que Isabel Allende construye. Porque son personajes muy vivos.
Y hablando de Noticia de un secuestro y de Gabriel García Márquez, hay algo que conecta el trabajo de Isabel Allende con el de Gabo: esa representación de lo sobrenatural, los recuerdos, las presencias, lo espiritual, combinado de una manera muy orgánica. Quería preguntarte justamente por el reto de traducir eso a la pantalla, porque muchas veces no funciona bien audiovisualmente.
Sí. Ahí teníamos una guía muy clara, y esa guía era un cortometraje de Francisca Alegría que ganó Sundance. Es un corto muy bueno sobre unos muertos que vuelven a visitar a una familia en el campo chileno. Y de alguna manera esa película ya tenía esta idea de la normalización de lo sobrenatural.
O sea, que lo sobrenatural no aparezca como algo extraordinario, sino como parte de la vida cotidiana. Yo lo llamo —y esto quizás ya es algo más personal— una actitud frente a la vida.
Como esta idea de que basta con querer conectarse y uno se conecta. Que los muertos están ahí. Que hay personas capaces de percibir ciertas cosas o predecir ciertas cosas. Y que todo eso se asume con naturalidad. Quizá la mejor forma de describirlo sería como una magia cotidiana. Y trabajamos mucho desde ahí.
Además, claro, Isabel Allende le rinde tributo de alguna manera a García Márquez. Me acuerdo incluso de las polémicas literarias que hubo en algún momento alrededor de eso. Pero sí, todo este tema fue muy conversado entre todos nosotros: productores, realizadores, guionistas. Era un aspecto central de la adaptación.
¿Te interesa que el espectador lea esta historia como una memoria colectiva o como una experiencia íntima fragmentada? ¿O ambas cosas?
Bueno, de nuevo, yo creo que justamente Isabel Allende logra esa mezcla entre lo personal y lo social, entre lo personal y lo político. Eso está completamente en el ADN del libro. Pero además acá hay algo muy claro, y es este traspaso generacional representado por las mujeres de la historia. Ese traspaso generacional ayuda a sanar, ayuda a entender, ayuda a creer y ayuda también a construir una realidad.
Entonces sí, sin duda hay una dimensión colectiva. Y eso se vuelve cada vez más evidente a medida que avanza la serie. No sé si has visto todavía los otros capítulos, pero esa idea está muy presente. Esa es realmente la primera capa de la historia. Porque finalmente hay una cabida para quienes históricamente no han tenido cabida: las mujeres, los perseguidos, los pobres, los excluidos. Y eso se vuelve cada vez más evidente.
Ya para cerrar, mirando el resultado final, ¿cómo definirías esta producción?
Bueno, es un poquito difícil hablar de algo propio tan de cerca, ¿no? Pero sí puedo decir por qué estoy orgulloso. Creo que logramos una serie con mucha personalidad propia. Intentamos cosas muy complejas, como unir un elenco de distintas nacionalidades y lograr que funcionara orgánicamente. Y siento que eso puede abrir puertas en ese sentido.
Además, creo que logramos mantener cierta profundidad… cuando digo profundidad, me refiero a una profundidad idiosincrática. O sea, logramos construir algo que se siente propio. Que no parece una reinterpretación escandinava ni una reinterpretación americana de una historia latinoamericana. Pero al mismo tiempo tiene una fuerza visual muy potente. Y eso me enorgullece mucho.
Y hay algo muy bonito también, y es que estamos pasando por un momento donde grandes obras de la literatura latinoamericana están llegando a la pantalla con la escala y la ambición que merecen. Y además desde nosotros mismos, no desde una mirada europea o norteamericana.
Sí, exactamente. Esa es la maravilla.
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¿Qué se hace cuando ya se ha conseguido todo lo que se podía conseguir? ¿Cuando eres referente de toda una escena y de toda una generación de pibitos? Para Quevedo, la respuesta parece estar clara: volver a casa. “Siento que este disco es más un momento de pausar mi carrera y volver a celebrar a mi casa todo lo que ha pasado”, explica el cantante canario sobre EL BAIFO, su último álbum de estudio y un proyecto construido desde la nostalgia, la identidad y la necesidad de reconectar con sus raíces.
Tras años construyendo una carrera meteórica dentro de la música urbana en español, EL BAIFO encuentra a Quevedo en un lugar distinto. Más que perseguir otro hit global o intentar ampliar el personaje que lo convirtió en una estrella internacional, el artista decidió mirar hacia atrás y reencontrarse con el lugar del que salió todo. El resultado es un disco profundamente atravesado por Canarias: sus paisajes, su forma de hablar, sus fiestas, sus sonidos y esa idea constante de comunidad que atraviesa cada canción. “Es un disco de verbena”, explica el propio cantante, entendiendo la celebración no solo como fiesta, sino como una forma colectiva de habitar la música y la vida.
A diferencia de proyectos anteriores —Donde quiero estar y Buenas noches— más conceptuales, aquí Pedro —más que Quevedo— toma el centro de la narrativa. Desde la vulnerabilidad de ‘Está en casa’ hasta temas más introspectivos como ‘Mi balcón’, el álbum funciona como un viaje de regreso hacia sí mismo, uno donde la añoranza y el orgullo isleño se convierten en el verdadero motor creativo. El imaginario canario no aparece únicamente en las letras; también vive dentro de la producción, incorporando timples, castañuelas, trompetas, timbales y referencias directas a los carnavales y verbenas que marcaron su infancia.
Ese regreso a las raíces también se refleja en las colaboraciones. En lugar de apostar únicamente por nombres globales o tendencias internacionales, el cantante construye un puente entre generaciones y escenas que forman parte de la identidad cultural de las islas. Ahí conviven artistas emergentes como La Pantera, Lucho RK y Juseph en ‘Algo va a pasar’, leyendas de la música tropical como Elvis Crespo en ‘La Graciosa’ y referentes históricos del folclore canario como Los Gofiones en ‘Hijo del volcán’. Más que simples features, cada aparición parece responder a una misma intención: convertir a EL BAIFO en una celebración de la identidad canaria desde la cima de la música urbana contemporánea.
En ROLLING STONE en Español conversamos con Quevedo sobre el nacimiento de este álbum, esas colaboraciones especiales, las expectativas ajenas y lo que le depara para el resto de este 2026. Lee la conversación a continuación.

¿Cómo estás? ¿Cómo has estado estos días del lanzamiento?
Muy bien, muy tranquilo. Comparado con otras veces, muy tranquilo, la verdad.
¿Cómo has percibido la acogida del público con el proyecto?
Pues la verdad ha sido muy calurosa, ¿sabes? La gente ha estado muy cerca y creo que el proyecto les ha gustado mucho. Te diría que, de los tres álbumes que tengo —que tampoco son tantos—, este ha sido el que más ha conectado de primeras. Con los otros siento que necesitó pasar más tiempo para que la gente los escuchara bien y terminara de entenderlos.
Justamente siento que esa conexión con el público nace del tipo de proyecto que es este disco. Vienes de un camino muy constante, con momentos altos y bajos —como tú mismo retratas en tus letras— y, en ese sentido, ¿cómo sientes que todo ese recorrido desemboca en un álbum como EL BAIFO, que funciona como una carta de amor a tu hogar sin perder tu esencia?
Yo siento que este álbum es más un momento de pausar mi carrera y volver a celebrar a mi casa todo lo que ha pasado. He tenido muchas altas y bajas en el tiempo que llevo, que tampoco es muchísimo, pero sí he pasado por momentos en los que me he sentido mejor, otros peor, otros más conectado con mi proyecto y otros menos.
La verdad es que 2025 y la gira de Buenas Noches fueron un muy buen momento para mí. Conecté muchísimo otra vez con mi carrera, con mi proyecto y con las ganas de hacer música, y siento que este era el álbum que me tocaba hacer: parar, volver a casa, vivir una etapa en la isla, estar tranquilo y construir un disco desde ahí. Creo que era lo que me apetecía, lo que me pedía el cuerpo y también lo que me correspondía ahora mismo: poder celebrar todo esto con mi familia, con mis amigos y con mi gente.
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Algo que me llamó mucho la atención fue la portada del álbum. Me parece muy curiosa, pero también muy linda. ¿Qué significado tiene y por qué decidiste apostar por esa imagen para representar el disco?
Haciendo el rollout del disco, mis amigos y yo salimos en una carroza de carnavales, que es una fiesta súper típica de la isla y una de las más grandes que tenemos. Para una de las carrozas le pedimos a Capi Cabrera, que es un artista de la isla, que diseñara cómo la veía él, y terminó haciendo algo bastante parecido a lo que acabó siendo la portada del álbum. Desde que la vi me encantó.
Conecto mucho con la historia de Capi como artista porque siento que toda la gente que se ha ido de la isla, luego ha vuelto y ha creado desde allí, termina mirándola con otros ojos. Con los ojos del que se fue, del que volvió, del que la ve desde fuera y también desde dentro. Y creo que él representa muy bien tanto los colores como las formas de la isla.
Siento que la portada tiene muchísimos detalles que se perciben muy cercanos a Canarias. Las formas, los colores, todo recuerda a cosas que puedes encontrarte caminando por las calles de la isla. Y eso es lo que le da sentido junto al baifo y esos colores vivos tan típicos de Las Palmas.
Entrando en la esencia del proyecto, hay una mezcla de fronteo, humor, ironía y también momentos más románticos e introspectivos. ¿Cómo fue el proceso de composición para equilibrar todos esos registros dentro del álbum?
Yo siento que siempre me gusta hacer álbumes bastante variados. No soy capaz de hacer un álbum triste, o un álbum feliz, o un álbum con un único mensaje. Cuando estoy haciendo música me pasan muchas cosas en la vida y termino escribiendo sobre todo eso. Creo que todas esas emociones viven dentro de una misma atmósfera, que es el momento que estoy atravesando mientras hago el disco, pero para mí es muy complicado decir “voy a hacer solamente canciones de desamor” o algo así. No me funciona de esa manera.
Entonces siento que aquí hay un poquito de todo. Hay temas de fronteo porque, como te decía, si este álbum también significa volver a celebrar a casa, pues hay una parte de regresar y decirle a los míos “lo hice, lo conseguí”. Pero también está esa experiencia de ver la isla desde fuera, la parte más introspectiva, cosas que quizá me han costado más, o los amores y desamores que uno va viviendo. Al final siento que el álbum es muy real en ese sentido, porque no deja de ser mi perspectiva de cómo he vivido todo este tiempo.
¿Sientes que con el tiempo has mejorado como compositor?
Sí, cien por ciento. Yo diría que sí. Creo que le doy bastante importancia a la letra, aunque no siempre desde la idea de hacer algo súper complejo. También hago letras bastante sencillas en algunos temas, pero siento que lo sencillo no significa que sea fácil. Llegar a algo simple, que todo el mundo entienda y que además tenga ingenio, también tiene muchísimo trabajo detrás.
Hay colaboraciones que llaman mucho la atención, por ejemplo, ‘Algo va a pasar’. En estos días, viendo las reacciones que tuvo el álbum, Heezy, un streamer (shout out pa’ Heezy), describía esta canción como “el sueño húmedo de cualquier chavalito canario” y, aunque lo decía entre risas, siento que entiende muy bien lo que este tema significa para la escena y para los jóvenes de la isla que escuchan su música. ¿Cómo nace esa unión y qué representa para ti esta canción dentro del disco?
Nosotros somos muy amigos los cuatro. Lucho (Lucho RK), Kevin (Juseph), Sergio (La Pantera) y yo somos muy amigos, y la realidad es que simplemente nunca nos habían cuadrado los tiempos para hacer un tema juntos. Ellos tenían canciones entre los tres, yo tengo temas con todos por separado —con La Pantera, con Lucho y con Juseph—, pero nunca se había dado que coincidiéramos los cuatro, y siento que este tema representa justo eso que te decía antes: por primera vez a todos nos está yendo bien. Ya no es que a uno le vaya mejor que al otro, sino que todos estamos viviendo de la música y, de alguna manera, conseguimos eso que soñábamos cuando empezamos. Obviamente queremos más, pero ya alcanzamos algo que en su momento parecía lejísimo.
Entonces siento que esta canción es literalmente llegar a la isla y decirle a todo el mundo ‘lo conseguimos’. Y también mandar ese mensaje de que, si nosotros pudimos, ellos también pueden.
Más adelante aparece ‘Mi balcón’, que aunque no es una colaboración, sí fue una de las canciones que más me llamó la atención porque baja la intensidad del disco y se va hacia algo mucho más íntimo. ¿Cómo nace este tema y qué te interesaba explorar con un sonido tan desnudo y contemplativo?
Esta canción nace porque el verano pasado yo estaba pensando en elementos que me llevaran mentalmente a la isla. Me preguntaba “cuando estoy fuera, ¿qué cosas veo que me recuerdan a mi casa?”, y alguien me dijo que los balcones, porque siento que los balcones canarios son muy únicos, aunque hay sitios —sobre todo Puerto Rico y el Viejo San Juan— donde puedes ver algunos muy parecidos y que me recuerdan muchísimo a la isla.
Me gustó mucho ese concepto y me quedé con la idea del balcón en la cabeza. Empecé a pensar en cómo sería tener el balcón más alto de toda Gran Canaria, poder verlo todo desde ahí y preguntarme qué pasaría por mi mente en un momento así, y creo que terminé haciendo una reflexión sobre muchísimas cosas, pero imaginándolo casi como una conversación mental conmigo mismo: simplemente apoyado en el balcón, mirando hacia abajo y reflexionando sobre la vida. Siento que el tema es un poco eso.
Más adelante llega ‘La Graciosa’ junto a Elvis Crespo, que además es uno de los focos del proyecto y una de las canciones que más expectativas levantó desde el anuncio del álbum. ¿Cómo fue trabajar con un ícono como él y por qué sientes que esta canción ocupa un lugar tan central dentro del disco?
Para mí fue brutal porque obviamente Elvis es una leyenda y siento que en la isla él está totalmente relacionado con nuestra festividad; su música siempre ha estado muy conectada con todo eso. Pero además él también sentía esa conexión con Canarias, y eso fue algo que me gustó muchísimo.
Desde que hice la canción supe que era para él, y cuando lo conocí confirmé que había acertado porque es una persona increíble: un tío muy noble, muy gracioso y que hace que todo sea muy fácil. Siento que fue un acierto total y que la canción quedó increíble. y creo que para la gente ‘La Graciosa’ también va a terminar siendo un himno para siempre.
El álbum cierra con ‘Hijo del volcán’, que es probablemente el tema más honesto y crudo del disco. ¿Por qué decidiste cerrar con esa canción y qué significado tiene para ti incluir a Los Gofiones ahí?
Para mí ese tema es una reflexión sobre todo lo que ha pasado desde que me fui de la isla, desde que salí de mi casa y empecé a vivir fuera, a girar por el mundo y a experimentar todas esas cosas. Y siento que la canción ni siquiera está hecha directamente para la isla, sino que es más la perspectiva de un pibe que se va de su tierra, vive todo eso y que, aun estando lejos, sigue conectado con Las Palmas y con Canarias, y siempre quiere volver. Creo que eso es lo bonito que tiene el tema.
Por eso también quise meter a Los Gofiones. Ellos suenan a mi casa. Suenan a mis abuelos, a los barrios de la isla, a hogar. Entonces tenerlos abriendo y cerrando la canción era un poco eso: casa al principio, yo en el medio contando todo lo que me ha pasado, y casa otra vez al final. Sentía que tenían que ser ellos sí o sí. La verdad es que es de mis canciones favoritas de toda mi carrera. Siento que es un tema demasiado honesto y bastante crudo. No solamente en las partes donde yo puedo quedar bien, sino en general. Es una canción muy abierta y muy sincera.
Y justo ahora que hablas de ese componente más raizal, hay muchas canciones que abrazan esa identidad canaria, pero también otras que mantienen una vibra mucho más urbana. ¿Cómo trabajaste esa dualidad sin que el disco se sintiera fragmentado?
La verdad es que yo tenía muy claro que quería hacer un disco para celebrar en la isla. Mentalmente, eso fue lo que siempre tuve en la cabeza. Quería un álbum con el que pudiera salir de fiesta, celebrar, sentir buena vibra. No quería hacer algo demasiado reflexivo, porque siento que ya habrá tiempo para eso más adelante. He hecho muchas canciones así y me encantan, pero ahora mismo necesitaba más esa parte urbana de disfrutar, pasarlo bien y simplemente celebrar, y creo que la parte más introspectiva sale de manera natural, de momentos que uno vive y que también ayudan a explicar otras partes del álbum.
Realmente tampoco lo viví como una dualidad. Para mí todo convive dentro de un mismo mundo, que es el disco y la manera en la que yo he vuelto a vivir Las Palmas después de pasar tanto tiempo fuera. También está esa mirada de haber visto la isla desde afuera, pero lo que me apetecía ahora era eso: volver a celebrar.
¿Qué ha sido lo más gratificante y también lo más retador de este proceso creativo?
Yo creo que los primeros meses haciendo el álbum fueron muy bonitos, porque realmente no tenía ni idea de qué iba a terminar haciendo. Simplemente estaba haciendo música, y eso es algo que hacía muchísimo tiempo no me pasaba. Llevaba años sin entrar al estudio de una forma tan relajada, sin expectativas, sin estar buscando algo concreto, simplemente disfrutando. Desde más o menos marzo hasta diciembre del año pasado todo fue muy así: probar cosas, buscar sonidos, pero desde un lugar muy tranquilo y sin demasiada pretensión. Y eso fue súper guay.
Quizás este año sí hubo más trabajo detrás, más presión, más cosas pasando y más complicaciones normales del proceso, pero honestamente no siento que haya tenido una parte realmente mala. Yo disfruto mucho hacer álbumes, me gustan muchísimo esos procesos. Lo peor es cuando salen y toca hacer promo. Eso sí es lo peor, la verdad.
¿Qué aprendiste durante este proceso?
Creo que, a nivel musical, cada vez aprendo más a manejar los tiempos de los proyectos, a prepararlos mejor, organizarlos mejor y terminar más conforme con el resultado gracias a eso. Pero siento que lo que más me ha aportado personalmente tiene que ver con todo lo relacionado con la isla. A raíz de hacer este álbum me surgieron muchas dudas y terminé teniendo muchísimas conversaciones, leyendo e investigando sobre nuestra historia, nuestra cultura y todo eso, simplemente por curiosidad. Y creo que eso me abrió una puerta que quizás antes tenía cerrada.
Antes no me planteaba muchas cosas relacionadas con nuestra historia, con nuestra identidad y también con mi propia identidad. Y siento que por eso me interesó tanto profundizar en todo lo relacionado con la isla, porque también es bonito empezar un camino para entender quién eres, de dónde vienes, cuáles son tus raíces y cómo todo eso termina condicionándote y formando parte de ti.
¿Cómo afrontas la mirada ajena? Este álbum generó muchísima expectativa desde que salió el primer sencillo. Entonces, ¿cómo manejas las expectativas del público y también las críticas que inevitablemente llegan?
Yo creo que ya no hago nada para agradar a nadie, realmente. A veces haces cosas normales y todo el mundo te las aplaude y dicen “oh, increíble”. Luego haces cosas igual de normales y todo el mundo las critica. Entonces, la verdad es que no intento agradarle a nadie. Me da bastante igual lo que piense la gente. Yo hago música para mí y para quien conecte con el proyecto, pero no quiero intentar gustarle a todo el mundo porque eso es imposible.
Y creo que tanto los halagos como las críticas son parte natural de sacar música. Siempre va a haber gente que conecte y gente que no. Esa parte siento que ya la tengo bastante aprendida. Intento no ponerme expectativas demasiado altas, pero tampoco demasiado bajas. Simplemente disfrutar el proceso, hacerlo, divertirme y llegar al final pudiendo decir “coño, valió la pena”.
Después de este lanzamiento, ¿qué planes tienes para lo que queda de 2026?
Pues no lo sé, tío, la verdad. Siendo totalmente sincero, creo que ahora mismo no tengo demasiadas cosas en la cabeza. Hay planes, obviamente. Seguro saldrá algún videoclip más de EL BAIFO y también anunciaremos gira este año, pero sinceramente siento que ahora me toca descansar un poco, bajar revoluciones y luego empezar a prepararme para todo lo de la gira. Seguramente también salgan algunas canciones con otra gente más adelante.
Ahora mismo lo que quiero es que la gente disfrute el álbum, que les acompañe durante todo el año y que se convierta un poco en la playlist de su 2026. Ya veremos cuándo llega la gira.
Ya para cerrar, me llamó mucho la atención el título del álbum. “Baifo” es la cría de la cabra.
Es la cabra pequeñita.
Exacto. Y mucha gente lo relaciona inmediatamente con el GOAT, el Greatest Of All Time. Entonces, en este punto de tu carrera, ¿ya te sientes “la cabra” o todavía no?
No, es que el baifo no es la cabra, es la cría de la cabra, como la cabra pero en chiquitito [risas]. Obviamente yo no me siento “la cabra”, pero sí siento que soy como una cabra pequeña, ¿sabes?
Creo que, para el lugar de donde vengo, para ser un pibe de la isla y viendo el momento en el que estoy ahora mismo en mi carrera, sí siento que estoy en un muy buen punto. Pero tampoco me interesa verme como el mejor de todos ni nada así.
Simplemente me gusta esa comparación con la cría de la cabra. Siento que me representa bastante: me ha ido muy bien, obviamente no soy el GOAT, pero sí podría decirse que soy un baifo.

Como el propio Quevedo explica durante toda la conversación, EL BAIFO no nace desde la necesidad de demostrar algo, sino desde el deseo de detenerse un momento y entender todo lo vivido. Por eso el disco funciona menos como una declaración de grandeza y más como un regreso emocional a las calles, sonidos y personas que construyeron a Pedro antes de convertirse en una de las figuras más importantes de la música urbana en español. Entre verbenas, reggaetón, folklore canario y momentos de vulnerabilidad absoluta, el artista transforma la nostalgia en el hilo conductor de un proyecto profundamente humano.
Quizá ahí es donde realmente vive el corazón del proyecto: en esa dualidad constante entre el artista global y el pibito de Las Palmas que todavía mira a su isla como refugio. Porque después de años de éxito, giras y exposición, Quevedo parece haber entendido que volver a casa no significa retroceder, sino encontrar nuevamente el lugar desde donde todo cobra sentido.
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De alguna manera, el Tiny Desk de NPR logró acomodar a los seis integrantes de Foo Fighters en una reciente visita a sus oficinas, donde el grupo interpretó un repertorio de cinco canciones que incluyó sus grandes éxitos y “Spit Shine”, el sencillo de su álbum Your Favorite Toy con el que abrieron la sesión. El entorno abarrotado no pareció afectar a la banda, acostumbrada a los amplios escenarios de estadios; el líder Dave Grohl se inclinó hacia el micrófono para rugir: “Saben que realmente me importa un bledo”, antes de que el resto del grupo tomara el relevo con coros melódicos. Al terminar, simplemente sonrieron y Grohl bromeó diciendo que el micrófono es “el instrumento más difícil de tocar de todos”.
Luego, antes de arrancar con “Learn to Fly”, Grohl le dijo a los presentes lo especial que era este concierto para él. “Es un honor estar aquí”, comentó. “He visto muchísimos de estos programas de Tiny Desk y tengo varios favoritos. Debo decir que cuando vi a Trouble Funk apretujarse en este pequeño espacio de oficina, pensé: ‘No es tan pequeño’… Pero es genial estar aquí”.
El resto del repertorio incluyó “Child Actor” (también de Your Favorite Toy) y dos de los éxitos más emblemáticos de la banda, “My Hero” y “Everlong”, de su álbum de 1997 The Colour and the Shape. Al finalizar, Grohl se acercó nuevamente al micro y dijo: “Gracias, fue muy divertido”, mientras las decenas de empleados de NPR vitoreaban y aplaudían.
Aparte de una presentación en el festival BottleRock Napa Valley, la próxima oportunidad que tendrán los fans norteamericanos de ver a Foo Fighters será cuando regresen para una gira de casi dos meses en agosto, comenzando en el Rogers Stadium de Toronto.
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