Logo
search
Logo

Síguenos en Redes

TikTok Instagram Facebook YouTube

El 22 de abril de 2024, en simbólica sincronía con el Día de la Tierra, abrió en Bogotá un restaurante que no buscaba parecerse a nada conocido. Afluente surgió como una cocina orientada a visibilizar el cuidado de los páramos y los recursos hídricos, pero también como una interrogante conceptual: ¿es posible traducir un ecosistema en una experiencia gastronómica?

Al principio, la respuesta no era evidente. Algunos lo miraron con curiosidad; otros, con rareza. No era para menos. En un país donde abrir un restaurante suele ser más un acto de fe que un movimiento estratégico, la apuesta parecía, en el mejor de los casos, improbable.

“Todo el mundo debería hacer tres cosas en la vida: plantar un árbol, tener un hijo y escribir un libro”. Eso se decía en los años 80. Hoy, muchos le han sumado una más a esa ecuación vital: tener un café o un restaurante.”

La cocina detrás de los dos años de Afluente Restaurante no es como se la imaginan…
Cortesía Afluente Restaurante

Pero la realidad es menos romántica. En Colombia, de cada 10 restaurantes que se abren, cuatro cierran antes de cumplir tres años. Para muchos, son más un sueño que un negocio sostenible. Son más de 121.000 establecimientos en el país. De ellos, cerca del 38% pertenece a grandes cadenas —El Corral, Frisby, Crepes—, mientras que el resto, unos 75.000, son independientes.

En ese contexto, hace dos años un grupo de personas decidió sumarse a esa estadística. El proyecto se llamó Afluente Restaurante.

¿Pero, por qué hacerlo? El negocio gastronómico es tan riesgoso que BlackRock —uno de los mayores gestores de inversión del mundo— clasifica la restauración como de muy alto riesgo, debido a sus márgenes estrechos y su alta volatilidad. Incluso, la considera más inestable que invertir en una startup en un país en desarrollo.

Y eso, en el mejor de los casos: en Estados Unidos, donde el gasto promedio anual en comer fuera de casa supera los US$3.000. En Colombia, donde cerca del 70% de la población gana un salario mínimo o menos, ese gasto no alcanza los US$100.

Chef Jeferson García
Cortesía Afluente Restaurante

Entonces, nuevamente: ¿por qué Afluente?

Quizá porque alguien “enloqueció” primero y logró contagiar a otros. Un alguien de profesión chef y nombre Jeferson García. Durante años, el chef García probó a qué sabía el mundo desde cocinas de Sudamérica, Europa y Asia, hasta que decidió parar y volver al origen de esa decisión: la comida de su mamá. En ese regreso, tuvo una epifanía: entendió algo que lo mejor de la sazón criolla estaba en el agua.

A Jef, María Paula Giraldo le tradujo científicamente qué es un páramo. Y él comprendió que, por primera vez, ese ecosistema podía recibir un homenaje desde la cocina. Su destreza vino después. Ingredientes de los que nadie hablaba se convirtieron en bocados de asombro. No descubrió nada nuevo: los muiscas ya los usaban. Lo que sí hizo fue darles un lugar en la alta cocina contemporánea.

A Jef, Tats —María Paula Giraldo— le tradujo científicamente qué es un páramo. Y él comprendió que, por primera vez, ese ecosistema podría recibir un homenaje desde la cocina. La destreza y todo lo demás vinieron después. Ingredientes de los que nadie hablaba se convirtieron en bocados de asombro, más no necesariamente de novedad: los muiscas ya los usaban. La innovación que de él surgió fue, más bien, darles un lugar en la alta cocina contemporánea.

Cortesía Afluente Restaurante

A nivel nacional, ni siquiera una parte significativa de la población colombiana comprende plenamente la función de los páramos como ecosistemas reguladores —capaces de captar humedad, almacenar agua y liberarla de manera gradual— ni la relevancia de que el país concentre entre el 50 % y el 60 % de estos sistemas a nivel mundial. Es un milagro que aún no está tan popularizado. 

Por ello, Jef reunió a Tats, Olga, Luis, Fabio, Gonzalo y Joaquín en torno a una idea que trascendiera el concepto de crear un restaurante tradicional y, en su lugar, crear un centro de investigación artesanal que abarca desde la recolección y la identificación de ingredientes, hasta la experimentación constante y la búsqueda por extraer un sabor auténtico, natural y profundamente colombiano.

Cuando se propuso Afluente, la idea evocaba un restaurante sin agenda de reservas… pero en Dinamarca. Y esto es Cundinamarca. Proponerle al comensal bogotano pagar por un cubio, una leche asada, carambolo u otros ingredientes poco convencionales implicaba un riesgo evidente —quizá el mismo del que habla BlackRock, pero en versión criolla—

Sin embargo, el impacto inicial fue limitado. Contra todo pronóstico —y también frente a múltiples realidades sociales del país—, ese restaurante que prescindía de carnes, pastas italianas o hamburguesas comenzó a atraer a comensales curiosos en una casa típica de Chapinero, en una cuadra elegida más por intuición que por estrategia.

Cortesía Afluente Restaurante

Llegaron los intrigados por lo distinto en boca; el estudiante que ahorró para sorprender a su pareja; el empresario que buscaba un lugar pequeño para recibir a un socio extranjero; la familia que celebraba y también el visitante europeo, fascinado por la singularidad de los Andes suramericanos y dispuesto a pagar por la experiencia.

Afluente, entonces, dista de las ideas preconcebidas que suelen rodearlo. En alguna ocasión, alguien preguntó: “¿voy a comer matas?”. La respuesta es no. Afluente es, ante todo, trabajo honesto, una presión constante por lograr que cada detalle funcione con precisión, sin recurrir a espectáculos innecesarios. Es un espacio concebido para poner a prueba el gusto, comer sin afán, acompañar la experiencia con vino o un cóctel de feijoa, y concluir con un café de especialidad.

Hoy, el proyecto se sostiene en un equipo que opera bajo una premisa clara: pensar la cocina como un relato conectado por el agua que recorre Colombia. Como diría Alejo: “me hace feliz ver a la gente comer comida rica”. Y cuando eso ocurre, es reflejo del trabajo colectivo de Andrea, los Sebas, Esthef, Alejandra, Julián, Vanessa, Gus, Aida, Natalia, Sleidy, Marce, Marcelino, las Majito en formación, así como de quienes han pasado por la cocina y de quienes aún están por llegar.

Primero había que hablar de ellos, porque fueron quienes recibieron la placa, la reseña, el titular, el video viral y, finalmente, el aplauso del comensal en la mesa.

The post La cocina detrás de los dos años de Afluente Restaurante no es como se la imaginan… appeared first on Rolling Stone en Español.

El Coachella Valley Music and Arts Festival regresa en 2026 (del 10 al 12 y del 17 al 19 de abril) con uno de los programas culinarios más ambiciosos de su historia. Más allá de la música, el festival sigue consolidando su apuesta por la gastronomía como una experiencia central: más de 100 restaurantes, bares y pop-ups convierten el recinto en un ecosistema donde conviven street food, alta cocina y propuestas culturales de distintas regiones.

Cortesía

Esa convivencia entre escalas y estilos se refleja en todo el recinto. Desde clásicos de la Costa Oeste hasta conceptos de culto de la Costa Este, pasando por experiencias premium como la propuesta omakase de Nobu o las cenas comunitarias de Outstanding in the Field. En el centro de todo, el Indio Central Market vuelve a funcionar como una especie de meca culinaria, reuniendo proyectos clave bajo una gran estructura que opera como oasis dentro del festival.

A esto se suma una expansión clara del mapa gastronómico. Street Food Alley crece este año como un corredor dedicado al food truck y a los favoritos del sur de California, conectando directamente con espacios como el Beer Barn, que sigue funcionando como punto de encuentro entre conciertos. En paralelo, The Terrace se consolida como un vecindario gastronómico propio, pensado para recorridos rápidos entre sets, mientras que el área VIP 12 Peaks concentra la oferta más curada, con conceptos liderados por chefs y propuestas que rozan la alta cocina.

Cortesía

Todo esto convive con un énfasis cada vez más claro en la diversidad y las nuevas tendencias: el crecimiento de las opciones plant-based, la presencia de proyectos independientes con identidad fuerte y, sobre todo, la consolidación de la comida latina como uno de los ejes más visibles del lineup, con varios nombres marcando hitos dentro del festival.

A continuación, algunas de las propuestas más destacadas de este año.

Churrería El Moro

Fundada en Ciudad de México en 1935, Churrería El Moro no es solo un restaurante, sino una institución que ha sabido convertir un clásico popular en una experiencia cultural completa. Su propuesta gira en torno a una idea simple ejecutada con precisión: churros hechos al momento, fritos de forma continua y acompañados de chocolate espeso o azúcar, en un formato que combina tradición y ritual urbano. Su llegada a Coachella —además como debut— marca uno de los movimientos más interesantes del lineup, con un pop-up ubicado junto a la rueda de la fortuna donde los asistentes pueden ver los churros prepararse en tiempo real, trasladando ese gesto cotidiano a una escala espectacular dentro del festival.

Villas Tacos

En pocos años, Villas Tacos se ha convertido en uno de los nombres más influyentes de la nueva escena taquera en Los Ángeles. Su propuesta parte del taco callejero tradicional, pero lo lleva al exceso controlado: tortillas doradas en plancha con costra de queso, carnes jugosas y una presentación pensada tanto para el sabor como para la imagen. Convertido ya en un favorito local, su presencia en Coachella refuerza esa idea de street food elevado, sirviendo sus característicos tacos con costra de queso que condensan intensidad, técnica y una clara vocación viral.

Kogi

Hablar de Kogi es hablar del origen del street food moderno en Los Ángeles. Fundado por Roy Choi como un camión de comida, este proyecto redefinió la manera en que la comida callejera se conecta con la cultura urbana. Su mezcla de sabores coreanos y mexicanos  no sólo abrió una nueva categoría gastronómica, sino que sentó las bases de lo que hoy entendemos como food culture en festivales. En Coachella, su presencia funciona casi como un ancla histórica, manteniendo vigentes sus clásicos coreano-mexicanos.

Tacos 1986

Inspirado directamente en los tacos de Tijuana, Tacos 1986 apuesta por una ejecución precisa y sin artificios. Tortillas hechas a mano, carne al trompo y una carta breve que prioriza la técnica sobre la expansión. En medio de propuestas más espectaculares, su presencia funciona como recordatorio de que lo esencial —bien hecho— sigue siendo uno de los mayores atractivos, llevando al desierto una de las tradiciones taqueras más depuradas del norte de México.

Te puede interesar:

Lovebite Dumplings

Lovebite Dumplings representa una nueva generación de conceptos gastronómicos que entienden la comida no solo como producto, sino como lenguaje cultural. Fundado por una emprendedora Gen Z, el proyecto se centra en una propuesta aparentemente simple —dumplings— pero ejecutada con una claridad de identidad que lo ha convertido en uno de los nombres emergentes más interesantes del circuito. Su enfoque apuesta por sabores directos, bien definidos y pensados para un consumo ágil.

Rokstar Chicken

Llegado desde Nueva York, Rokstar Chicken aterriza en Coachella con una propuesta centrada en el fried chicken como objeto de culto contemporáneo: crujiente, jugoso y pensado para el antojo inmediato. Su éxito radica en una ejecución precisa de lo clásico, elevada por marinados intensos y perfiles de sabor que equilibran lo especiado con lo indulgente, consolidándose como una de esas propuestas irresistibles que apelan directamente al craving dentro del ritmo acelerado del festival.

Café La Vecindad

Más allá de la comida, Café La Vecindad propone una experiencia que mezcla café, pan dulce y referencias visuales del barrio latino. Es un espacio que funciona tanto como punto de pausa dentro del festival como una extensión estética de la cultura que representa, aportando una sensibilidad de café de barrio al lineup. Además, se suma al crecimiento de la oferta plant-based con opciones destacadas que dialogan con nuevas formas de consumo sin perder su identidad.

Cena Vegan

En línea con el crecimiento de las opciones plant-based, Cena Vegan reinterpreta la comida mexicana desde una lógica completamente vegetal, sin perder intensidad ni formato callejero. Su propuesta demuestra cómo la tradición puede adaptarse a nuevas demandas sin perder identidad, regresando al festival con un menú completamente vegano y extendiendo su presencia con formatos como el Taco Party en Street Food Alley, consolidándose como uno de los referentes del vegan street food.

Dave’s Hot Chicken

Dave’s Hot Chicken es uno de los casos más claros de expansión reciente en la escena gastronómica estadounidense. Lo que empezó como un pequeño pop-up hoy es una cadena reconocida por su pollo picante estilo Nashville y su identidad visual agresiva, alineada con la cultura hype. En Coachella, su presencia se extiende incluso más allá del recinto principal, formando parte de la oferta pensada para campistas y reforzando esa lógica de consumo continuo que define la experiencia del festival.

Camphor

Parte de la zona VIP, Camphor traslada el pedigree de la cocina con estrella Michelin a un formato accesible como la hamburguesa. Es un ejemplo claro de cómo Coachella mezcla alta cocina con comida casual, borrando las fronteras tradicionales entre ambos mundos y ofreciendo una experiencia refinada dentro de un formato reconocible.

Nobu

En el extremo más exclusivo del espectro, Nobu ofrece una experiencia omakase dentro del festival. Ubicado en el Red Bull Mirage con vistas al escenario, este espacio funciona como un verdadero escape gastronómico: un entorno donde el fine dining se integra a la lógica del festival sin perder sofisticación. Con menús curados por sus chefs y una experiencia que combina cocina, arquitectura y música, consolida la idea de Coachella como un destino culinario integral.

Cortesía

Más que un complemento de la música, la propuesta gastronómica de Coachella 2026 termina de confirmar algo que se percibe en todo el recorrido: el festival ya no solo se habita entre escenarios, sino también entre cocinas. En ese mapa, la presencia latina no es un añadido, sino una de las fuerzas que define su identidad.

Lista completa de restaurantes:

Afters Ice Cream

Backyard Bowls

Bang Bang Noodles

Birria San Marcos

Birrieria Michi

Block Party

Bonito Poke

Butterypat

Café La Vecindad

Cena Vegan

Charles Pan-Fried Chicken

Chick Next Door

Churrería El Moro

Civico Restaurants

Daddy’s Dogs

Dave’s Hot Chicken

Delmy’s Pupusas

Drip Daddy

Everbloom Coffee

Farmhouse Kitchen Thai Cuisine

Fat Sal’s

Forever Pie

Gabino’s Creperie

Gerard’s Paella

Gokoku

Handles Coffee

Happy Ice

House Of Wings La

Innamorata

Irv’s Burgers

Kazunori

Kogi

Kuramoto Shavery

Laomazing Eats

Le Burger By Camphor

Love Hour

Lovebite Dumplings

Maciel’s

Maneatingplant

Marathon Burger

Mcconnell’s

Menotti’s

Miya

Mixteca

My Lai

New School Quality Grilled Cheese (By Chef Eric Greenspan)

Oakberry Açaí

Oh My Burger

Papa Headz

Prince St. Pizza

Rokstar Chicken

San Matteo Pizzeria

Sandoitchi

Saucy La

Shake Ramen

Shlap Muan

Snocorner

Softies Burger

Space Odyssey Miami

Spicy Pie

Sumo Dog

Sweetfin

Tacos 1986

The Boiling Crab

The Cabin (By Houston Hospitality)

Tkb

Truffle Boys

Unreal Poke

Valley Fusion Sushi

Villas Tacos

White Sparrow Coffee

Wing Me Up

The post Coachella 2026: una experiencia culinaria sin precedentes appeared first on Rolling Stone en Español.