Este verano, Ondalinda abre un nuevo capítulo lejos de las selvas de Careyes y aterriza en el Mediterráneo con The Summer Rendez-Vous, una serie de encuentros íntimos y cuidadosamente curados que marcarán el inicio de su primera residencia oficial en Ibiza. Más que un festival, se trata de una extensión de su universo: experiencias diseñadas para conectar música, comunidad, bienestar y lujo en algunos de los escenarios más exclusivos de la isla.
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Durante diez días, Ondalinda desplegará una programación que mezcla cenas performáticas, conversaciones sobre regeneración y fiestas sobre el mar, reafirmando su identidad como una comunidad global donde lo espiritual y lo estético conviven bajo una misma narrativa. En esta nueva era, el concepto de “Rendez-Vous” nace como un punto de encuentro entre grandes festivales donde habrá reuniones más pequeñas, inmersivas y profundamente personales.
La experiencia comenzará el 28 de junio con el Soho House Dinner Party en Soho Farmhouse, una cena privada limitada a solo 80 invitados. Bajo un formato íntimo y reflexivo, el encuentro reunirá al emprendedor y desarrollador regenerativo Tony Cho junto al inversionista y agricultor Christian Jochnick para conversar sobre cómo la agricultura regenerativa y el diseño consciente están redefiniendo el futuro de las ciudades y las comunidades. La noche cerrará con la música de Happie, artista que combina soul contemporáneo, electrónica orgánica y vulnerabilidad emocional en un live set pensado para acompañar el espíritu de la isla.
Al día siguiente, el 29 de junio, llegará uno de los momentos centrales del programa: The Garden of Earthly Delights, una experiencia inmersiva inspirada en la célebre obra de Hieronymus Bosch. Atzaró se transformará en un jardín de placer, tentación e inocencia donde figuras etéreas vestidas de encaje, música en vivo y una gran mesa comunal de frutas, vino y cocina farm-to-table darán vida a una noche que promete evolucionar desde la contemplación hacia el desenfreno elegante.
La música será protagonista con un lineup encabezado por YAMAGUCCI, el productor y DJ israelí-japonés reconocido por sus atmósferas hipnóticas y su rara presencia en Ibiza. La velada también contará con un live performance de Isadora y un especial back-to-back entre Brunnä y Anastacia. Otro punto importante y que continúa con una tradición en Ondalinda es el vestuario, que también forma parte de la experiencia. Los asistentes podrán elegir entre convertirse en seres etéreos de blancos celestiales, frutas prohibidas llenas de color o figuras wicked envueltas en cuero y siluetas provocadoras.
El cierre llegará el 3 de julio con The Sunset Boat Party, una celebración marítima limitada a 60 personas a bordo de dos embarcaciones de madera navegando por una cala secreta del Mediterráneo. Entre cocteles, gastronomía isleña y música en vivo, Ondalinda propone una experiencia donde el tiempo parece detenerse mientras el sol cae sobre el mar. Y, si las aguas lo permiten, incluso acompañados por delfines.
Más allá de las fiestas, Ondalinda mantiene intacta su dimensión espiritual y de bienestar. Primal Moves, una sesión gratuita para los asistentes de cualquiera de los eventos principales, ofrecerá un espacio para reconectar cuerpo y mente dentro de una villa privada. A esto se suman almuerzos, cenas y encuentros distribuidos en algunos de los lugares más emblemáticos de Ibiza, todos articulados por una nueva red de concierge de lujo que incluye villas privadas, yates, reservas exclusivas y experiencias personalizadas alrededor de la isla.
Con esta residencia de verano, el festival no abandona su esencia, simplemente cambia de paisaje. La comunidad que alguna vez encontró en Careyes un refugio entre selva, ritual y electrónica sofisticada ahora mira hacia Ibiza para continuar expandiendo una filosofía donde la música funciona como ritual, el lujo como experiencia sensorial y la conexión humana como centro de todo, porque para Ondalinda, incluso en el corazón del Mediterráneo, la fiesta sigue siendo un acto de transformación.
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Hay algo que está pasando en Colombia y ya no se puede ignorar: la electrónica dejó de ser una escena para convertirse en lenguaje. Un pulso que atraviesa ciudades, conecta generaciones y redefine la forma en que habitamos la noche. No se trata solo de fiestas ni de carteles internacionales. Es una manera de entender el presente: colectiva, inmersiva y profundamente emocional.
En ese mapa en expansión, cada festival funciona como un portal distinto. Algunos empujan hacia la intensidad más cruda, otros construyen universos donde lo visual y lo sonoro se funden en una experiencia total. Y en medio de esa evolución, hay marcas que entienden el código y no interrumpen la experiencia, sino que la acompañan. Jägermeister, con su ADN nocturno y su herencia ligada a la cultura de club, se inserta en este circuito como un cómplice natural de la pista: un catalizador de momentos que solo existen cuando el beat está en su punto exacto.
Este es un recorrido por cinco festivales que definen el pulso electrónico del país hoy.

FREEDOM — Medellín
6, 7 y 8 de febrero
Medellín abre el calendario con una descarga que no pide permiso. Freedom es energía en estado puro: tres días donde la ciudad se transforma en un ecosistema de beats continuos, líneas de bajo que atraviesan el cuerpo y sets que empujan al límite la resistencia del público. Aquí no hay medias tintas. Es un festival que entiende la electrónica como liberación, como catarsis colectiva, como un espacio donde el tiempo se diluye y lo único que importa es el ahora.
DOOM — Bogotá
4 de abril
Si Freedom es expansión, Doom es concentración. Bogotá se sumerge en un formato más oscuro, más denso, donde cada sonido parece tallado con precisión quirúrgica. Este es el territorio de la intensidad sin concesiones: techno que no busca agradar, sino confrontar. Luces mínimas, atmósferas cargadas y una pista que responde con entrega total. Doom no es para todos, y ahí está precisamente su fuerza.
BAUM FESTIVAL — Bogotá
22 y 23 de mayo
Hay festivales que crecen con la escena y otros que la definen. Baum pertenece a la segunda categoría. Lo que comenzó como un club se convirtió en un referente continental, y su festival es hoy una síntesis de esa evolución: curaduría global, producción milimétrica y una identidad clara que equilibra lo underground con lo masivo sin perder credibilidad. Cada edición es una fotografía del momento que vive la electrónica en el mundo, aterrizada con precisión en Bogotá.

EDC — Medellín
10 y 11 de octubre
La llegada de EDC a Colombia no es solo una expansión de marca, es la confirmación de un lugar en el mapa global. Medellín recibe uno de los festivales más grandes del planeta con todo lo que eso implica: escenarios monumentales, narrativa visual y una experiencia que va más allá del line up. Aquí la electrónica se vive como espectáculo total, donde cada detalle —del diseño al sonido— está pensado para amplificar la sensación de asombro.
RITVALES — Medellín
31 de octubre y 1 de noviembre
Hay festivales y hay experiencias. Ritvales juega en ese límite. En una fecha cargada de simbolismo, Medellín se convierte en un espacio donde lo místico y lo electrónico se cruzan sin fricción. No es solo música: es estética, es atmósfera, es una narrativa que envuelve al público desde que entra hasta que sale. Ritvales entiende que la pista también puede ser un lugar de introspección, de conexión con algo más allá del sonido.
Al final, lo que une a estos cinco encuentros no es solo la música, sino la forma en que redefinen la noche en Colombia. Un territorio donde cada beat construye comunidad, cada visual abre una dimensión y cada experiencia deja una marca difícil de replicar.
Ahí es donde Jägermeister encuentra su lugar: no como protagonista, sino como parte del ritual. Acompañando una escena que no deja de crecer y una generación que ya no distingue entre escuchar música y vivirla. Porque en estos espacios, la noche no se observa. Se habita.
Si quieres conocer más acerca de Jagermeister en colombia sigues en @jagermeister_co
El exceso de alcohol es perjudicial para la salud. Prohíbase el expendio de bebidas embriagantes a menores de edad.
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En un festival del tamaño de Tecate Pa’l Norte, donde todo compite por atención: escenarios simultáneos, estímulos constantes, rutas infinitas por recorrer, destacar no es simplemente cuestión de visibilidad, sino de conexión. Durante tres días, ZYN no solo logró insertarse en esa dinámica, sino alterar su flujo. El espacio funcionó como un punto de atracción dentro del festival.
Desde que abrían las puertas, el movimiento hacia el stand era evidente. No había que descubrirlo por accidente: la gente llegaba con intención. Las filas comenzaban temprano y se mantenían vivas a lo largo del día, sin depender de horarios específicos o picos de programación en los escenarios principales.
La experiencia comenzaba desde lo básico, pero rápidamente adquiría otra dimensión. Más allá del primer acercamiento, el espacio estaba diseñado para activar. El juego de reflejos se convirtió en el núcleo de esa interacción: una dinámica sencilla en apariencia, pero profundamente efectiva en ejecución. Luces que se encendían en secuencia impredecible, botones que exigían precisión inmediata y un objetivo que parecía cercano, pero que requería concentración real: alcanzar los 75 puntos.

El sombrero clásico de estética regia no era solo un premio, era un símbolo. Pero lo que realmente lo elevó fue la posibilidad de intervenirlo en el momento. Grabados con nombres, combinaciones de plumas, decisiones estéticas tomadas en tiempo real. Cada pieza terminaba siendo única, y eso le dio una dimensión adicional dentro del festival. A medida que avanzaban los días, estos sombreros comenzaron a multiplicarse por todo el recinto, funcionando casi como una señal silenciosa entre asistentes: un código compartido que identificaba a quienes habían vivido la experiencia ZYN Live.
Ese tipo de apropiación es difícil de construir y aún más difícil de sostener. Pero ZYN lo logró porque entendió algo fundamental sobre la cultura actual de los festivales: la gente ya no quiere solo observar, quiere participar activamente en lo que está pasando. Quiere intervenir, decidir, llevarse algo que tenga una historia detrás. No se trata únicamente de presencia, sino de memoria.


Y ahí es donde la propuesta conecta de forma directa con el tipo de público que hoy define el presente musical.
ZYN Live se integró de forma natural a esa lógica. No interrumpía la experiencia, la acompañaba. No exigía salir del ritmo del festival, sino reinterpretarlo desde otro lugar. En ese contexto, ZYN se posiciona como una alternativa que dialoga con ese mismo espíritu: sin humo, sin pausas forzadas, sin romper la continuidad del momento. Una forma distinta de habitar el consumo dentro de una experiencia que ya no se detiene.

Al final, lo que dejó ZYN Live en Tecate Pa’l Norte 2026 no se mide únicamente en interacción o alcance, sino en relevancia cultural dentro del contexto del festival. En un entorno saturado de estímulos, logró convertirse en un punto de encuentro auténtico. Un espacio donde la experiencia no se consumía, sino que se construía.
Porque si algo quedó claro durante el fin de semana, es que hoy los festivales no se definen solo por lo que pasa en el escenario. También se construyen en esos lugares donde la gente decide quedarse un poco más. Donde algo, aunque sea por unos minutos, logra sentirse propio.
Y ahí es donde ZYN Live entendió el momento mejor que nadie.
Estos productos no están libres de riesgo y contienen nicotina, una sustancia que es adictiva. Su venta es exclusiva para mayores de edad.
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