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Es imposible negar que el regional mexicano se ha convertido en uno de los movimientos más importantes de la música latina actual, dominando listados y plataformas de streaming alrededor del mundo. Nombres como Peso Pluma, Carín León, Tito Double P, Xavi o Grupo Firme dejan claro que el género está lejos de ser una moda pasajera, sino un movimiento cultural en constante crecimiento, capaz de evolucionar, experimentar y redefinir sus propios límites. Sin embargo, antes de esta explosión global hubo artistas que ayudaron a construir el camino para toda una nueva generación, y entre ellos aparece un nombre imposible de ignorar: Codiciado, el cantante favorito de tu cantante favorito

Así es la vida: el proyecto más personal de Codiciado
Cortesía

Nacido y criado en Tijuana, Baja California, Codiciado —nombre artístico de Erick de Jesús Aragón Alcantar— creció en medio de una compleja situación económica, pero también profundamente rodeado por la cultura y la música mexicana. Artistas como Los Tucanes de Tijuana y Explosión Norteña marcaron su infancia y despertaron desde muy joven su interés por escribir canciones. Así, en 2015, junto a varios amigos y conocidos de su ciudad, formó Grupo Codiciado, un proyecto que rápidamente comenzó a transformar distintos códigos dentro del regional mexicano. No solo desde lo sonoro, sino también desde la estética y la identidad con la que se presentaban frente al público. Como comentó para Billboard en 2024 Fabio Acosta, parte del equipo de management del cantante: “Erick fue el primer artista en México que trajo todo este nuevo formato a la música mexicana (…) Ellos empezaron a traer el streetwear al género”. 

Esa nueva identidad, sumada al lugar desde donde escribían sus canciones, fue lo que diferenció al grupo y lo llevó a convertirse en una de las propuestas más influyentes de la nueva ola del regional mexicano. Sin embargo, para Codiciado ese éxito apenas representaba el comienzo. En 2021 decidió separarse de la agrupación y, después de tomarse un tiempo para descansar y replantear su camino artístico, inició oficialmente su carrera como solista con Golpes de la vida. Ahora, casi tres años después de aquel debut, el cantante regresa con Así es la vida, un álbum que funciona como una mirada mucho más íntima y madura sobre su historia, sus aprendizajes y todo lo que ha construido dentro y fuera de la música.

Más que repetir la fórmula que lo convirtió en referente, el nuevo proyecto encuentra a Codiciado explorando nuevas formas de narrarse a sí mismo. Aunque el disco continúa profundamente arraigado en los corridos y en el sonido que ayudó a popularizar, también abre espacio para la introspección, la vulnerabilidad y la experimentación. Temas como la lealtad, la paternidad, el desamor, la ambición y las cicatrices que deja el paso del tiempo atraviesan un álbum que, por momentos, se siente menos interesado en alimentar el mito del personaje y más enfocado en entender a la persona detrás de él.

Ese crecimiento también se refleja en canciones como ‘Así es la vida’, tema central del álbum, donde el artista rompe varios esquemas tradicionales del regional mexicano al incorporar elementos poco comunes dentro del género y expandir todavía más su identidad sonora. El proyecto además llega en uno de los momentos más importantes de su carrera: después de presentarse en escenarios como Premio Lo Nuestro 2026 y acompañar a Peso Pluma en distintas fechas de su gira por Estados Unidos, el cantante vuelve finalmente a Tijuana para reencontrarse con la ciudad que lo vio crecer. Un regreso que no solo funciona como celebración del álbum, sino también como una especie de cierre de ciclo para uno de los artistas que ayudó a cambiar el rumbo del regional mexicano moderno.

Codiciado

“Siento que todo lo que he vivido, lo bueno y lo malo, me llevó directo a este disco”, explica el artista. “Llevo muchos años en esto, viendo cómo crece el movimiento y siendo parte desde el principio, pero Así es la vida es donde realmente me abrí. Ya no es solo contar historias, es contar mi historia, desde otro nivel de madurez. Es un disco donde se nota el crecimiento, no solo como artista, sino como persona”.

Para Codiciado, todo comienza desde la portada. Más allá de funcionar como una simple imagen promocional, esta representa el primer acercamiento del público al universo emocional y conceptual del álbum. Con eso en mente, el cantante quiso que el cover tuviera un significado profundamente ligado a sus raíces y a la narrativa del proyecto. “La portada está tomada dentro de una calafia, que es un camión muy tradicional de Tijuana, y para mí representa mucho más que un simple lugar”, comparte. Ese espacio reducido, cotidiano y familiar termina funcionando como un símbolo de sus orígenes y de la realidad que marcó su vida desde temprana edad. “Es parte del barrio donde crecí y de la realidad que me formó. Quise llevar eso al disco porque Así Es La Vida habla justamente de ese recorrido: de dónde vienes y hasta dónde puedes llegar. Es un contraste entre mis raíces y el momento en el que estoy hoy, pero sin olvidar nunca de dónde salí. Es algo muy personal y muy real, que la gente de Tijuana va a entender de inmediato”.

Así mismo, al ser un trabajo en el que recorre diferentes etapas de su vida, el abarcar tantas temáticas suponía un reto importante a la hora de equilibrarlos todos en cada registro. “Fue un proceso muy natural. No quise forzar nada, simplemente dejé que cada canción saliera dependiendo del momento que estaba viviendo”. El mexicano revela que su composición funciona como la vida mismas, donde no todos los días son felices pero tampoco son todo tristes, construyendo todo un mapa emocional que refleja su evolución como letrista y como persona, ya que ahora sabe “cómo transmitir mejor cada emoción y darle su espacio a cada tema sin perder la esencia”.

Uno de los temas más personales que abarca el proyecto es el de la paternidad. “Ser papá te cambia todo. Antes el éxito era más personal, metas, números, logros. Ahora es más grande que eso. Piensas en el futuro, en el ejemplo que das, en construir algo real que dure. Me hizo enfocarme más, valorar más el tiempo y entender que el verdadero éxito es lo que dejas como legado”, comparte.

Entrando al contenido del álbum, Codiciado explica que no había otra forma de empezar el disco que con ‘Soy gracias a Dios’. “Porque es la base de todo. Esa canción resume quién soy, de dónde vengo y en qué creo. Es una forma de agradecer y también de poner el tono del disco. Desde ahí arranca la historia, desde lo más real”, comenta. Lanzada previamente en septiembre de 2025, hay un detalle interesante al comienzo de la canción: una íntima conversación telefónica entre Codiciado y sus hijos, fortaleciendo ese tono íntimo y cercano, perfecto para comenzar este álbum.

El viaje sonoro continúa con dos colaboraciones que marcan ese puente generacional que también presenta el cantante: Xavi y Carín León. En el caso de Xavi, el artista es claro en qué trabajar junto a él “fue algo muy orgánico”. ‘No voy a cambiar’ es una fusión que explora la vulnerabilidad mientras que el ritmo propone un recorrido por la dificultad de la autorreflexión y la aceptación, acompañando a alguien que reconoce que sus propias acciones influyeron en el fin de una relación. “Xavi trae una vibra fresca que conecta con lo que está pasando ahorita”.

Siguiendo con el tema del amor y el desapego, llega ‘Déjame Dormir’, junto Carín León. “Carín tiene una voz y una experiencia que elevan cualquier canción”, y eso encaja perfecto para un tema que profundiza en las complejas emociones de una relación que ha llegado a su fin. A través de una narrativa vívida, ambos artistas retratan un amor que alguna vez fue apasionado y genuino, pero que se ha vuelto pesado, mientras ambos luchan por seguir adelante.

“Me gustaría que la gente se identifique. Que entiendan que todos pasamos por cosas, pero que sí se puede salir adelante. Que escuchen el disco y digan ‘yo también puedo’. Ese es el mensaje”. Explica Codiciado. “Lo más gratificante fue poder hacer un disco tan personal y que se sintiera real. Lo más retador fue justamente eso, abrirme así. No siempre es fácil hablar de lo que uno vive”.

Más que escuchar a Codiciado, este registro es un reflejo profundo de Erick. En ese sentido, Así Es La Vida no representa simplemente un nuevo lanzamiento dentro de su catálogo, sino un punto de quiebre dentro de su carrera. Después de tres años sin publicar un álbum, el cantante ve este proyecto como el trabajo que finalmente termina de consolidar su identidad lejos de la agrupación con la que inició su camino en la música. “Es un antes y un después. Es el primer disco que presento en tres años y es el disco donde realmente me definí como artista solista y donde la gente va a entender quién soy hoy”, asegura.

Ese crecimiento también llega acompañado del reconocimiento de toda una nueva generación de artistas que crecieron escuchando su música. Recientemente, Peso Pluma se refirió públicamente a él como uno de los pioneros del movimiento, algo que Codiciado recibe con orgullo, pero también desde un lugar profundamente humano. “Se siente bien, la verdad es un honor”, comenta. Más allá del impacto mediático de esas palabras, el cantante resalta especialmente el vínculo que han construido con el paso de los años. “Hemos logrado mantener una amistad y seguimos dándonos la mano dentro de la industria. El respeto y el cariño son reales de los dos lados, y eso vale mucho más que cualquier otra cosa”.

Lejos de verlo como una meta definitiva, Codiciado entiende Así Es La Vida como el inicio de una nueva etapa creativa. Con nuevos planes, más música y una agenda enfocada en seguir creciendo dentro y fuera de los escenarios, el artista deja claro que todavía siente que tiene mucho por demostrar. “Seguir trabajando, sacando música, girando y creciendo. Este disco es solo el inicio de una nueva etapa”, concluye.

Cortesía

Así Es La Vida no solo funciona como un nuevo capítulo en la discografía de Codiciado, sino también como una especie de espejo donde el artista revisita su pasado para entender su presente. Entre la nostalgia, la madurez y la necesidad de contar su historia desde otro lugar, el álbum termina consolidando una versión más completa y humana de un músico que ha sido clave en la transformación del regional mexicano moderno. Más que reafirmar su lugar dentro del género, el proyecto lo redefine desde la introspección y la experiencia acumulada.

En ese sentido, el disco también marca el inicio de una etapa en la que Codiciado parece menos interesado en sostener un personaje y más enfocado en habitar su propia verdad artística. Con una narrativa que se mueve entre lo íntimo y lo colectivo, el cantante abre la puerta a un futuro donde su evolución no solo se mide en números o colaboraciones, sino en la capacidad de seguir contándose a sí mismo sin perder de vista de dónde viene.

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La voz y la presencia de Queralt Lahoz irradian resiliencia, poder y una fuerza inquebrantable. Su alma transita por un espectro temporal donde pasado, presente y futuro convergen para avivar la llama de sus raíces, aquellas que la llaman de vuelta a su hogar con orgullo y dignidad. Desde esa autenticidad, crea un espacio en el que las mujeres puedan sentirse seguras, escuchadas y representadas a través de su música: un refugio tejido con valentía, armonía y empoderamiento. Su arte se convierte así en un símbolo de lucha y esperanza, una fuerza que la impulsa a seguir adelante y a defender aquello que, en su momento —y aún hoy—, le dio el impulso necesario para perseguir y conquistar sus sueños.

Como una digna representante de la fortaleza y la autenticidad, Queralt Lahoz se mantiene fiel a su esencia y a sus ideales en un proyecto artístico que no deja de transformarse y expandirse: sonoro en sus raíces, creativo en su forma, conceptual en su discurso y profundamente honesto en su verdad. Su camino es el de una artista en permanente construcción, alguien que se descubre a sí misma con cada paso firme que da hacia nuevos territorios emocionales y creativos. Porque, al igual que ocurre con la naturaleza humana, la evolución nunca se detiene; muta, florece y renace constantemente. En esa búsqueda incesante, Queralt convierte su música en el reflejo vivo de una identidad que aprende, se cuestiona y se reafirma con el tiempo.

En esta plática con ROLLING STONE en Español, Queralt Lahoz reflexiona sobre la transformación de su carrera, la voz que tiene en su proyecto y mucho más. Lee aquí la entrevista completa:

Quisiera empezar sobre la conexión que hay en tu música entre pasado, presente y futuro. ¿Cómo logras que estos tres espectros del tiempo coexistan con naturalidad en tu arte?

Creo que musical y líricamente, cuando te fijas y te nutres de la música de raíz, esa cosa ya es el pasado y el origen. Eso, de manera natural, te hace conectar inmediatamente. También te hace conectar con el presente, que también es futuro porque es lo que cosechamos, y es lo que nos hace ir en una dirección. Ha sido una forma muy natural de poder expresarme. Me ha dado el poder de fijarme en lo que me gusta, en lo que me nutre. También se trata de las identidades que me han marcado, de los mensajes que me han llegado desde chiquita. No olvidar eso ha hecho que yo pueda construir mi discurso y mensaje. 

Háblame de la importancia de tus tradiciones en tu música. ¿Qué tan importantes son para ti preservarlas y mostrarlas con dignidad?

Creo que al final se dan naturalmente porque es lo que escuchas desde que eres pequeña. Ahora lo tenemos en un referente muy actual y muy joven que ha hecho un disco de folclore, quien es Milo J. Creo que esa naturalidad de escuchar folclore, flamenco y todo lo que es nuestra raíz es algo muy natural porque es con lo que convives. No es una pretensión porque es lo que has escuchado siempre. Creo que he permitido que toda esa musicalidad y sonidos puedan introducirse sin juzgarme a mí misma, porque no he querido adelantarme a un juicio. Viene desde el corazón. Hay muchos sonidos en mi música que estuvieron presentes cuando era una niña. 

¿Cuál crees que es el mensaje más poderoso de tus letras? 

Tengo muchos mensajes, pero creo que el más presente es saber que me amo porque amo a los míos. Es un sentimiento de comunidad muy grande en lo que hay en mis letras. Es un respeto muy grande y honra a mi madre. Hay muchos mensajes, pero también hay un mensaje de fuerza entre mujeres, de poder entre mujeres. Ese poderío de mujer es uno de los pilares fundamentales en mis letras. 

Justo es lo que quería platicar contigo. En tu proyecto también le das una voz a todas esas mujeres trabajadoras y admirables, desde las que comparten un espacio contigo hasta las que no conoces. Cuéntame un poco de dónde salió esto.

Yo siempre he visto, sobre todo desde mi casa por mi madre laburando sola para sacarlos adelante, a un tejido familiar de mujeres poderosas. Quizás los hombres, por lo que sea, han estado ausentes, ya sea porque murieron pronto o porque desaparecieron de nuestras vidas. He crecido rodeada de mujeres poderosas, que no han tenido más que su propio tejido para poder apoyarse para salir adelante. He sido muy consciente de que las mujeres se traducen como cuidadoras, y no tenemos que serlo de quien no lo merece. Es muy importante ponerte en primer plano y cuidar a quien sí lo merece. Nos tenemos que cuidar entre nosotras, en vez de cuidar a aquellos que después no lo valorarán. Es muy importante no olvidarnos de toda esa influencia y de todo ese amor que debemos de tenernos nosotras.

“Me sigo conociendo con cada paso que doy”: Queralt Lahoz
Sergi Alcazar 

En tu música conviven géneros como el soul, el hip hop o el bolero sin jerarquías aparentes. ¿Cómo fue el proceso de encontrar tu sonido? ¿Qué es lo que más disfrutas de experimentar en cada género que te llame?

Yo creo que la misma libertad. Me he permitido conocerme, porque también sigo en proceso de redescubrirme. Creo que me sigo conociendo con cada paso que doy. Es una cosa de ensayo y error. Soy la evolución de toda mi carrera, y quizá no hubiese llegado hasta donde estoy ahora, en cuanto a sonoridades, si no hubiese experimentado todo lo anterior. Creo que hay que tener un punto de valentía, que al final se basa en no guiarte por lo que está de moda, sino por lo que te apetece descubrir. Al final, todo está hecho, pero, ¿cuál es tu identidad? Yo estoy de acuerdo cuando la gente dice que todo está hecho, porque es verdad, pero lo que no está hecho, eres tú mismo. Tienes que saber quién tú eres, porque eso es lo más importante: tener tu nombre propio. 

Tu sello e identidad. Seguro hay muchos géneros que te apetecen describir… 

Muchos, muchos. Haría muchas cosas más locas, la verdad. Sin embargo, es verdad que una también tiene que perfilarse. Soy una de esas personas que haría un álbum de rock alternativo y otras cosas. Haría una cosa de cada género y me molaría mucho. Saltaría por toda la música. También es bonito descubrir tu viaje musical para que la gente te identifique. 

Hablemos un poco sobre tu último álbum, 9:30PM. ¿Cómo viviste este proceso catártico al realizar este material?

Cuando terminé Pureza, yo sabía que estaba hablando de mí sin hablarlo. Había intentado que no fuesen temas reales; hablaba en primera persona, pero no de mi vida. Me inspiraba en terceras personas para no hacerme daño. Luego, me di cuenta de que era valiente y amoroso hablar de una misma: de mi proceso, de mi vida e infancia. Indagué en todo mi viaje y sané todas esas heridas, que sigo sanando con las canciones. Ha sido un proceso muy bonito, necesario y personal. Necesitaba eso: conectar con esas partes de mí que estaban rotas, y también las que me han hecho empoderarme. Fueron dos años de estar encontrándome, también con mi sonido y la letra. Se fue haciendo a fuego lento. 

¿Qué has descubierto sobre ti misma al ordenar tu vida en este ejercicio de memoria?

Me di cuenta que soy más fuerte de lo que ya sabía que era. También me di cuenta de que tenía que cuidarme más a mí misma. Me puse en primera persona, y quizá por eso tomé decisiones que tal vez pensé jamás tomaría para poder amarme. 

Sergi Alcazar 

¿Qué parte del disco te ha resultado más difícil de compartir y por qué? Si es que hay alguna. 

La apertura y cierre son las más difíciles. Son dos temas que me costaron muchísimo cantar. No creo volverlas a hacer en directo, aún cuando creo que son una cosa preciosa. Deben de quedarse ahí. No me apetecen cantarlas en directo porque son temas especiales que los quiero disfrutar en casa, y que conllevaron un proceso muy fuerte. Es por lo que significa para mí: la reconciliación con mi padre que ya no está en vida y esa forma tan fuerte de la triste que me inundó en un momento determinado. 

Tal vez aquí se marca la catarsis personal y la sobreexposición personal… 

Sí, porque también vuelves a ese lugar. Hay que tener mucho cuidado con lo que compones porque luego vas a tener que interpretarlo. Hay que tener mucha consciencia de lo que escribes, porque vas a viajar en el tiempo. Es un lugar en el que he estado y salido, pero también hay que protegerse de él. 

Ahora, con nuevos materiales por venir, ¿qué quedó fuera de 9:30 PM que ya estás lista para contar?

Quedaron muchas frases, canciones, sonidos y cosas fuera. Siempre pienso que las cosas pasan por algo, entonces creo que tuve que eliminar cosas para poder alimentar algunas de las canciones de ese álbum. Lo que está por venir es más grande y hermoso. Tenía que dar un cierre a esos episodios para poder dar un nuevo capítulo en mi vida. 

Sergi Alcazar 

Uno de sus sencillos más recientes ‘Lo volvería a hacer’ con Salma, ¿es la apertura de una nueva era en tu trayectoria?

No, no lo es. Es un sencillo que es hermoso y necesario. Me apetecía mucho. La nueva etapa todavía no la he mostrado. No he dicho fecha y todavía le falta. Tiene que reposar. El viento tiene que soplar a mi favor. Con prisa, las cosas duran dos días. Las cosas con amor y con tiempo, son para siempre.

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¿Qué se hace cuando ya se ha conseguido todo lo que se podía conseguir? ¿Cuando eres referente de toda una escena y de toda una generación de pibitos? Para Quevedo, la respuesta parece estar clara: volver a casa. “Siento que este disco es más un momento de pausar mi carrera y volver a celebrar a mi casa todo lo que ha pasado”, explica el cantante canario sobre EL BAIFO, su último álbum de estudio y un proyecto construido desde la nostalgia, la identidad y la necesidad de reconectar con sus raíces.

Tras años construyendo una carrera meteórica dentro de la música urbana en español, EL BAIFO encuentra a Quevedo en un lugar distinto. Más que perseguir otro hit global o intentar ampliar el personaje que lo convirtió en una estrella internacional, el artista decidió mirar hacia atrás y reencontrarse con el lugar del que salió todo. El resultado es un disco profundamente atravesado por Canarias: sus paisajes, su forma de hablar, sus fiestas, sus sonidos y esa idea constante de comunidad que atraviesa cada canción. “Es un disco de verbena”, explica el propio cantante, entendiendo la celebración no solo como fiesta, sino como una forma colectiva de habitar la música y la vida.

A diferencia de proyectos anteriores —Donde quiero estar y Buenas noches— más conceptuales, aquí Pedro —más que Quevedo— toma el centro de la narrativa. Desde la vulnerabilidad de ‘Está en casa’ hasta temas más introspectivos como ‘Mi balcón’, el álbum funciona como un viaje de regreso hacia sí mismo, uno donde la añoranza y el orgullo isleño se convierten en el verdadero motor creativo. El imaginario canario no aparece únicamente en las letras; también vive dentro de la producción, incorporando timples, castañuelas, trompetas, timbales y referencias directas a los carnavales y verbenas que marcaron su infancia.

Ese regreso a las raíces también se refleja en las colaboraciones. En lugar de apostar únicamente por nombres globales o tendencias internacionales, el cantante construye un puente entre generaciones y escenas que forman parte de la identidad cultural de las islas. Ahí conviven artistas emergentes como La Pantera, Lucho RK y Juseph en ‘Algo va a pasar’, leyendas de la música tropical como Elvis Crespo en ‘La Graciosa’ y referentes históricos del folclore canario como Los Gofiones en ‘Hijo del volcán’. Más que simples features, cada aparición parece responder a una misma intención: convertir a EL BAIFO en una celebración de la identidad canaria desde la cima de la música urbana contemporánea.

En ROLLING STONE en Español conversamos con Quevedo sobre el nacimiento de este álbum, esas colaboraciones especiales, las expectativas ajenas y lo que le depara para el resto de este 2026. Lee la conversación a continuación.

EL BAIFO: Quevedo regresa a casa para celebrar con los suyos
Cortesía

¿Cómo estás? ¿Cómo has estado estos días del lanzamiento? 

Muy bien, muy tranquilo. Comparado con otras veces, muy tranquilo, la verdad.

¿Cómo has percibido la acogida del público con el proyecto?

Pues la verdad ha sido muy calurosa, ¿sabes? La gente ha estado muy cerca y creo que el proyecto les ha gustado mucho. Te diría que, de los tres álbumes que tengo —que tampoco son tantos—, este ha sido el que más ha conectado de primeras. Con los otros siento que necesitó pasar más tiempo para que la gente los escuchara bien y terminara de entenderlos.

Justamente siento que esa conexión con el público nace del tipo de proyecto que es este disco. Vienes de un camino muy constante, con momentos altos y bajos —como tú mismo retratas en tus letras— y, en ese sentido, ¿cómo sientes que todo ese recorrido desemboca en un álbum como EL BAIFO, que funciona como una carta de amor a tu hogar sin perder tu esencia?

Yo siento que este álbum es más un momento de pausar mi carrera y volver a celebrar a mi casa todo lo que ha pasado. He tenido muchas altas y bajas en el tiempo que llevo, que tampoco es muchísimo, pero sí he pasado por momentos en los que me he sentido mejor, otros peor, otros más conectado con mi proyecto y otros menos.

La verdad es que 2025 y la gira de Buenas Noches fueron un muy buen momento para mí. Conecté muchísimo otra vez con mi carrera, con mi proyecto y con las ganas de hacer música, y siento que este era el álbum que me tocaba hacer: parar, volver a casa, vivir una etapa en la isla, estar tranquilo y construir un disco desde ahí. Creo que era lo que me apetecía, lo que me pedía el cuerpo y también lo que me correspondía ahora mismo: poder celebrar todo esto con mi familia, con mis amigos y con mi gente.

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Algo que me llamó mucho la atención fue la portada del álbum. Me parece muy curiosa, pero también muy linda. ¿Qué significado tiene y por qué decidiste apostar por esa imagen para representar el disco?

Haciendo el rollout del disco, mis amigos y yo salimos en una carroza de carnavales, que es una fiesta súper típica de la isla y una de las más grandes que tenemos. Para una de las carrozas le pedimos a Capi Cabrera, que es un artista de la isla, que diseñara cómo la veía él, y terminó haciendo algo bastante parecido a lo que acabó siendo la portada del álbum. Desde que la vi me encantó. 

Conecto mucho con la historia de Capi como artista porque siento que toda la gente que se ha ido de la isla, luego ha vuelto y ha creado desde allí, termina mirándola con otros ojos. Con los ojos del que se fue, del que volvió, del que la ve desde fuera y también desde dentro. Y creo que él representa muy bien tanto los colores como las formas de la isla.

Siento que la portada tiene muchísimos detalles que se perciben muy cercanos a Canarias. Las formas, los colores, todo recuerda a cosas que puedes encontrarte caminando por las calles de la isla. Y eso es lo que le da sentido junto al baifo y esos colores vivos tan típicos de Las Palmas.

Entrando en la esencia del proyecto, hay una mezcla de fronteo, humor, ironía y también momentos más románticos e introspectivos. ¿Cómo fue el proceso de composición para equilibrar todos esos registros dentro del álbum?

Yo siento que siempre me gusta hacer álbumes bastante variados. No soy capaz de hacer un álbum triste, o un álbum feliz, o un álbum con un único mensaje. Cuando estoy haciendo música me pasan muchas cosas en la vida y termino escribiendo sobre todo eso. Creo que todas esas emociones viven dentro de una misma atmósfera, que es el momento que estoy atravesando mientras hago el disco, pero para mí es muy complicado decir “voy a hacer solamente canciones de desamor” o algo así. No me funciona de esa manera.

Entonces siento que aquí hay un poquito de todo. Hay temas de fronteo porque, como te decía, si este álbum también significa volver a celebrar a casa, pues hay una parte de regresar y decirle a los míos “lo hice, lo conseguí”. Pero también está esa experiencia de ver la isla desde fuera, la parte más introspectiva, cosas que quizá me han costado más, o los amores y desamores que uno va viviendo. Al final siento que el álbum es muy real en ese sentido, porque no deja de ser mi perspectiva de cómo he vivido todo este tiempo.

¿Sientes que con el tiempo has mejorado como compositor?

Sí, cien por ciento. Yo diría que sí. Creo que le doy bastante importancia a la letra, aunque no siempre desde la idea de hacer algo súper complejo. También hago letras bastante sencillas en algunos temas, pero siento que lo sencillo no significa que sea fácil. Llegar a algo simple, que todo el mundo entienda y que además tenga ingenio, también tiene muchísimo trabajo detrás.

Hay colaboraciones que llaman mucho la atención, por ejemplo, ‘Algo va a pasar’. En estos días, viendo las reacciones que tuvo el álbum, Heezy, un streamer (shout out pa’ Heezy), describía esta canción como “el sueño húmedo de cualquier chavalito canario” y, aunque lo decía entre risas, siento que entiende muy bien lo que este tema significa para la escena y para los jóvenes de la isla que escuchan su música. ¿Cómo nace esa unión y qué representa para ti esta canción dentro del disco?

Nosotros somos muy amigos los cuatro. Lucho (Lucho RK), Kevin (Juseph), Sergio (La Pantera) y yo somos muy amigos, y la realidad es que simplemente nunca nos habían cuadrado los tiempos para hacer un tema juntos. Ellos tenían canciones entre los tres, yo tengo temas con todos por separado —con La Pantera, con Lucho y con Juseph—, pero nunca se había dado que coincidiéramos los cuatro, y siento que este tema representa justo eso que te decía antes: por primera vez a todos nos está yendo bien. Ya no es que a uno le vaya mejor que al otro, sino que todos estamos viviendo de la música y, de alguna manera, conseguimos eso que soñábamos cuando empezamos. Obviamente queremos más, pero ya alcanzamos algo que en su momento parecía lejísimo.

Entonces siento que esta canción es literalmente llegar a la isla y decirle a todo el mundo ‘lo conseguimos’. Y también mandar ese mensaje de que, si nosotros pudimos, ellos también pueden.

Más adelante aparece ‘Mi balcón’, que aunque no es una colaboración, sí fue una de las canciones que más me llamó la atención porque baja la intensidad del disco y se va hacia algo mucho más íntimo. ¿Cómo nace este tema y qué te interesaba explorar con un sonido tan desnudo y contemplativo?

Esta canción nace porque el verano pasado yo estaba pensando en elementos que me llevaran mentalmente a la isla. Me preguntaba “cuando estoy fuera, ¿qué cosas veo que me recuerdan a mi casa?”, y alguien me dijo que los balcones, porque siento que los balcones canarios son muy únicos, aunque hay sitios —sobre todo Puerto Rico y el Viejo San Juan— donde puedes ver algunos muy parecidos y que me recuerdan muchísimo a la isla.

Me gustó mucho ese concepto y me quedé con la idea del balcón en la cabeza. Empecé a pensar en cómo sería tener el balcón más alto de toda Gran Canaria, poder verlo todo desde ahí y preguntarme qué pasaría por mi mente en un momento así, y creo que terminé haciendo una reflexión sobre muchísimas cosas, pero imaginándolo casi como una conversación mental conmigo mismo: simplemente apoyado en el balcón, mirando hacia abajo y reflexionando sobre la vida. Siento que el tema es un poco eso.

Más adelante llega ‘La Graciosa’ junto a Elvis Crespo, que además es uno de los focos del proyecto y una de las canciones que más expectativas levantó desde el anuncio del álbum. ¿Cómo fue trabajar con un ícono como él y por qué sientes que esta canción ocupa un lugar tan central dentro del disco?

Para mí fue brutal porque obviamente Elvis es una leyenda y siento que en la isla él está totalmente relacionado con nuestra festividad; su música siempre ha estado muy conectada con todo eso. Pero además él también sentía esa conexión con Canarias, y eso fue algo que me gustó muchísimo.

Desde que hice la canción supe que era para él, y cuando lo conocí confirmé que había acertado porque es una persona increíble: un tío muy noble, muy gracioso y que hace que todo sea muy fácil. Siento que fue un acierto total y que la canción quedó increíble. y creo que para la gente ‘La Graciosa’ también va a terminar siendo un himno para siempre.

El álbum cierra con ‘Hijo del volcán’, que es probablemente el tema más honesto y crudo del disco. ¿Por qué decidiste cerrar con esa canción y qué significado tiene para ti incluir a Los Gofiones ahí?

Para mí ese tema es una reflexión sobre todo lo que ha pasado desde que me fui de la isla, desde que salí de mi casa y empecé a vivir fuera, a girar por el mundo y a experimentar todas esas cosas. Y siento que la canción ni siquiera está hecha directamente para la isla, sino que es más la perspectiva de un pibe que se va de su tierra, vive todo eso y que, aun estando lejos, sigue conectado con Las Palmas y con Canarias, y siempre quiere volver. Creo que eso es lo bonito que tiene el tema.

Por eso también quise meter a Los Gofiones. Ellos suenan a mi casa. Suenan a mis abuelos, a los barrios de la isla, a hogar. Entonces tenerlos abriendo y cerrando la canción era un poco eso: casa al principio, yo en el medio contando todo lo que me ha pasado, y casa otra vez al final. Sentía que tenían que ser ellos sí o sí. La verdad es que es de mis canciones favoritas de toda mi carrera. Siento que es un tema demasiado honesto y bastante crudo. No solamente en las partes donde yo puedo quedar bien, sino en general. Es una canción muy abierta y muy sincera.

Y justo ahora que hablas de ese componente más raizal, hay muchas canciones que abrazan esa identidad canaria, pero también otras que mantienen una vibra mucho más urbana. ¿Cómo trabajaste esa dualidad sin que el disco se sintiera fragmentado?

La verdad es que yo tenía muy claro que quería hacer un disco para celebrar en la isla. Mentalmente, eso fue lo que siempre tuve en la cabeza. Quería un álbum con el que pudiera salir de fiesta, celebrar, sentir buena vibra. No quería hacer algo demasiado reflexivo, porque siento que ya habrá tiempo para eso más adelante. He hecho muchas canciones así y me encantan, pero ahora mismo necesitaba más esa parte urbana de disfrutar, pasarlo bien y simplemente celebrar, y creo que la parte más introspectiva sale de manera natural, de momentos que uno vive y que también ayudan a explicar otras partes del álbum.

Realmente tampoco lo viví como una dualidad. Para mí todo convive dentro de un mismo mundo, que es el disco y la manera en la que yo he vuelto a vivir Las Palmas después de pasar tanto tiempo fuera. También está esa mirada de haber visto la isla desde afuera, pero lo que me apetecía ahora era eso: volver a celebrar.

¿Qué ha sido lo más gratificante y también lo más retador de este proceso creativo?

Yo creo que los primeros meses haciendo el álbum fueron muy bonitos, porque realmente no tenía ni idea de qué iba a terminar haciendo. Simplemente estaba haciendo música, y eso es algo que hacía muchísimo tiempo no me pasaba. Llevaba años sin entrar al estudio de una forma tan relajada, sin expectativas, sin estar buscando algo concreto, simplemente disfrutando. Desde más o menos marzo hasta diciembre del año pasado todo fue muy así: probar cosas, buscar sonidos, pero desde un lugar muy tranquilo y sin demasiada pretensión. Y eso fue súper guay.

Quizás este año sí hubo más trabajo detrás, más presión, más cosas pasando y más complicaciones normales del proceso, pero honestamente no siento que haya tenido una parte realmente mala. Yo disfruto mucho hacer álbumes, me gustan muchísimo esos procesos. Lo peor es cuando salen y toca hacer promo. Eso sí es lo peor, la verdad.

¿Qué aprendiste durante este proceso?

Creo que, a nivel musical, cada vez aprendo más a manejar los tiempos de los proyectos, a prepararlos mejor, organizarlos mejor y terminar más conforme con el resultado gracias a eso. Pero siento que lo que más me ha aportado personalmente tiene que ver con todo lo relacionado con la isla. A raíz de hacer este álbum me surgieron muchas dudas y terminé teniendo muchísimas conversaciones, leyendo e investigando sobre nuestra historia, nuestra cultura y todo eso, simplemente por curiosidad. Y creo que eso me abrió una puerta que quizás antes tenía cerrada.

Antes no me planteaba muchas cosas relacionadas con nuestra historia, con nuestra identidad y también con mi propia identidad. Y siento que por eso me interesó tanto profundizar en todo lo relacionado con la isla, porque también es bonito empezar un camino para entender quién eres, de dónde vienes, cuáles son tus raíces y cómo todo eso termina condicionándote y formando parte de ti.

¿Cómo afrontas la mirada ajena? Este álbum generó muchísima expectativa desde que salió el primer sencillo. Entonces, ¿cómo manejas las expectativas del público y también las críticas que inevitablemente llegan?

Yo creo que ya no hago nada para agradar a nadie, realmente. A veces haces cosas normales y todo el mundo te las aplaude y dicen “oh, increíble”. Luego haces cosas igual de normales y todo el mundo las critica. Entonces, la verdad es que no intento agradarle a nadie. Me da bastante igual lo que piense la gente. Yo hago música para mí y para quien conecte con el proyecto, pero no quiero intentar gustarle a todo el mundo porque eso es imposible.

Y creo que tanto los halagos como las críticas son parte natural de sacar música. Siempre va a haber gente que conecte y gente que no. Esa parte siento que ya la tengo bastante aprendida. Intento no ponerme expectativas demasiado altas, pero tampoco demasiado bajas. Simplemente disfrutar el proceso, hacerlo, divertirme y llegar al final pudiendo decir “coño, valió la pena”.

Después de este lanzamiento, ¿qué planes tienes para lo que queda de 2026?

Pues no lo sé, tío, la verdad. Siendo totalmente sincero, creo que ahora mismo no tengo demasiadas cosas en la cabeza. Hay planes, obviamente. Seguro saldrá algún videoclip más de EL BAIFO y también anunciaremos gira este año, pero sinceramente siento que ahora me toca descansar un poco, bajar revoluciones y luego empezar a prepararme para todo lo de la gira. Seguramente también salgan algunas canciones con otra gente más adelante.

Ahora mismo lo que quiero es que la gente disfrute el álbum, que les acompañe durante todo el año y que se convierta un poco en la playlist de su 2026. Ya veremos cuándo llega la gira.

Ya para cerrar, me llamó mucho la atención el título del álbum. “Baifo” es la cría de la cabra.

Es la cabra pequeñita.

Exacto. Y mucha gente lo relaciona inmediatamente con el GOAT, el Greatest Of All Time. Entonces, en este punto de tu carrera, ¿ya te sientes “la cabra” o todavía no?

No, es que el baifo no es la cabra, es la cría de la cabra, como la cabra pero en chiquitito [risas]. Obviamente yo no me siento “la cabra”, pero sí siento que soy como una cabra pequeña, ¿sabes?

Creo que, para el lugar de donde vengo, para ser un pibe de la isla y viendo el momento en el que estoy ahora mismo en mi carrera, sí siento que estoy en un muy buen punto. Pero tampoco me interesa verme como el mejor de todos ni nada así.

Simplemente me gusta esa comparación con la cría de la cabra. Siento que me representa bastante: me ha ido muy bien, obviamente no soy el GOAT, pero sí podría decirse que soy un baifo.

Cortesía

Como el propio Quevedo explica durante toda la conversación, EL BAIFO no nace desde la necesidad de demostrar algo, sino desde el deseo de detenerse un momento y entender todo lo vivido. Por eso el disco funciona menos como una declaración de grandeza y más como un regreso emocional a las calles, sonidos y personas que construyeron a Pedro antes de convertirse en una de las figuras más importantes de la música urbana en español. Entre verbenas, reggaetón, folklore canario y momentos de vulnerabilidad absoluta, el artista transforma la nostalgia en el hilo conductor de un proyecto profundamente humano.

Quizá ahí es donde realmente vive el corazón del proyecto: en esa dualidad constante entre el artista global y el pibito de Las Palmas que todavía mira a su isla como refugio. Porque después de años de éxito, giras y exposición, Quevedo parece haber entendido que volver a casa no significa retroceder, sino encontrar nuevamente el lugar desde donde todo cobra sentido.

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Odd Mami, Sunlid y Rosamonte se recomiendan discos, películas y libros

El próximo jueves 14 de mayo, Ciudad Cultural Konex volverá a convertirse en el punto de encuentro de una escena que no deja de expandirse. Una nueva edición de Sonido Konex reúne tres propuestas que leen el presente desde lugares completamente distintos, pero igualmente intensas: la sensibilidad magnética de Odd Mami, los paisajes distorsionados y […]

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El vallenato no es un simple género musical, es toda una cultura. Reconocido como patrimonio cultural inmaterial de la humanidad por parte de la UNESCO, este movimiento nace de la fusión de expresiones culturales del norte de Colombia, como las canciones de los vaqueros del Magdalena Grande, los cantos de los esclavos africanos y algunos ritmos y danzas tradicionales de los pueblos indígenas de la Sierra Nevada de Santa Marta. Esa mezcla tan particular, sumada a letras que nacen desde la poesía española y abarcan diferentes recursos entre los que destacan la nostalgia, la alegría, el sarcasmo y el humor, sirvió para retratar la vida de los cantautores y músicos, pero también para definir la identidad de toda una región. Así, y a pesar de tener una historia registrada desde finales del siglo XIX, el vallenato continúa más vivo que nunca, creciendo cada vez más con nuevos talentos y corrientes que enriquecen su larga trayectoria y proyectan el movimiento hacia el futuro.

Fue ese crecimiento constante pero también la vigencia de los artistas tradicionales lo que despertó en Gusi la necesidad de realizar un álbum que funcionara como un punto de encuentro entre estilos, trayectorias y visiones musicales dentro del vallenato, con la idea de celebrar, honrar y proyectar el sonido que define a Colombia: Vallenato Social Club.

En este proyecto, el cantautor colombiano actúa como una especie de anfitrión que, por medio de 12 canciones —cada una en colaboración con un artista diferente (Elder Dayán Díaz, Alfredo Gutiérrez, Jean Carlos Centeno, Luifer Cuello, Iván Villazón, Jorge Celedón, Karen Lizarazo, Rafa Pérez, Diego Daza, José Martín Bernier, Felipe Peláez y Peter Manjarrés)—, plantea un espacio simbólico donde confluyen distintas formas de entender el vallenato. Desde sus raíces tradicionales hasta sus nuevas corrientes, en esta obra conviven el son, la puya, el paseo y el merengue con sensibilidades contemporáneas que dialogan con el pop latino y otras sonoridades actuales, reafirmando que “es un género vivo y en constante evolución”.

De esa manera, y a lo largo de dos años, el cinco veces nominado a los Latin Grammys recorrió ciudades como Santa Marta, Valledupar, Barranquilla, Medellín y Bogotá para reunirse no solo con cada uno de los artistas invitados, sino también para conversar con reconocidos historiadores del vallenato. Esto lo llevó a pensar el proyecto más allá de los estudios de grabación y le permitió construir todo un universo transmedia que incluye cápsulas tipo bitácora —conversaciones cercanas entre Gusi y sus colaboradores— y un documental final en el que cronistas y juglares aportan su mirada sobre el origen, la memoria y el legado del género. 

En conversación con ROLLING STONE en Español, Gusi habla sobre los detalles detrás del proyecto, recuerda algunos de los momentos más difíciles durante su desarrollo, profundiza en su relación personal con el vallenato y reflexiona sobre el documental que nació a partir de esta exploración por el género.

Vallenato Social Club: el puente generacional que Gusi construyó para el vallenato
Gusi

Ya han pasado algunos días desde el lanzamiento de Vallenato Social Club. ¿Cómo te has sentido con el lanzamiento?

Súper bien. Por fin pude lanzar este álbum que llevaba ya casi dos años haciendo y organizando, sobre todo toda la gestión para reunir a 12 invitados del género vallenato. A cada uno le escribí una canción buscando construir ese puente y seguir sumando. Además, todo esto tiene una logística extra porque hay un trabajo audiovisual más allá del disco. Hay videos, entrevistas, y busqué la manera de hacer un documental alrededor de todo este proceso. Entonces, muy feliz y contento de ver cómo la gente ha acogido esta primera parte del proyecto. El álbum ya está afuera, disponible para todos los que aman esta música y sienten esa debilidad por la sonoridad colombiana. 

A lo largo de tu discografía, desde tu debut como solista en 2014 hasta este último proyecto, se percibe una evolución tanto en los sonidos que has traído a tu propuesta como en las letras. ¿Cómo has ido construyendo y reforzando tu identidad a lo largo de estos más de 10 años de carrera?

Claramente ha sido una evolución constante en todos los sentidos. Siempre he querido hacer la mejor canción posible, buscando no repetirme y entendiendo que, aunque hay unas sonoridades particulares que me identifican, también existe una industria que te obliga a explorar otros terrenos. La evolución musical y el pop, sobre todo —que es una de las ramas desde donde yo me agarro para meter toda esta onda tropical—, tienen unas tendencias. Sin embargo, también hay que mantener ese balance entre lo original y lo que para mí representa la raíz. En este caso, toda esa sonoridad tropical también me lleva al mundo del vallenato y a visitar lugares que son muy afines a mí y a mi sonido.

En cuanto a las letras, siempre procuro encontrar en el amor la principal fuente para establecer esa conexión con los fans y también con el legado que quiero dejarle inicialmente a mi familia y a toda la gente que me sigue. Por eso trato de vestir mi música desde ese romanticismo tropical, que hace parte de mi esencia, desde el juego de palabras y la manera de hablar del amor, pero siempre intentando decirlo de formas distintas. Eso es quizá lo más complejo para un artista, compositor y productor, como es mi caso.

En eso me baso para mantenerme vigente y exigirme a mí mismo: rodearme de compositores nuevos y, de vez en cuando, también buscar a quienes tienen mucha más trayectoria. Me gusta coescribir y coproducir. Es importante trabajar en equipo y entender que, de pronto, cuando uno se queda solo, empieza a ahogarse en las mismas frases y en el mismo tipo de producción. Creo que eso es lo que hace que mi música se mantenga siempre a la vanguardia.

Frankie Jazz

Entrando de lleno al proyecto, y como decías ahorita, es un trabajo al que le has dedicado los últimos 2 años y tiene una consigna muy clara: “servir de punto de encuentro para las voces clásicas y las de la nueva ola dentro del vallenato”. ¿Cómo nace este concepto tan poderoso? ¿Cómo fue colaborar con estos 12 artistas que participan en todo el álbum?

Inicialmente la idea era escribir una canción, como un ejercicio que hago habitualmente aquí en el estudio, y terminé encontrándome con una sonoridad muy parecida a la de uno de los artistas que hace parte de este proyecto: Peter Manjarrés. Cuando terminé la canción, recordé que desde hace mucho tiempo tenía la idea de hacer un proyecto que consistiera en una serie de colaboraciones con todos esos ídolos que han hecho parte de mi carrera, y ver cómo podía construir un puente entre su música y la mía a través de un álbum colaborativo. 

Esa idea siguió resonando tan fuerte en mi cabeza que al día siguiente empecé a componer para otro de los artistas que tenía en mente, que era Jorge Celedón. Después de Peter pasé a Jorge, de Jorge a Felipe Peláez, y se fue formando una cadena en la que, afortunadamente, tuve esos “sí” desde las primeras muestras. Entonces pensé: “Bueno, si ya estos dos dijeron que sí, tengo una carnada para ir a buscar a los demás”. Ahí empecé a escribir cada canción trayendo primero al personaje al estudio: su aura, su manera de escribir y la forma en que se diferencia dentro del vallenato. A partir de eso fui creando cada uno de los temas y construyendo estos 12 “eslabones” que conforman la cadena que más adelante decidí llamar Vallenato Social Club, como una especie de movimiento dentro del género. 

Fue toda una experiencia poder reunirlos a todos, ir a grabar en cada uno de sus estudios dependiendo de la ciudad donde vivieran y, además, registrar todo audiovisualemente. Era llegar con cámaras, hacer una especie de entrevista y construir una conexión que fuera más allá de estar ahí y que ese momento se quedara solo para mí. También quería compartirlo con mis fans y con las audiencias de cada uno de mis invitados. 

También trabajaste como productor de este proyecto, ¿cierto?

Sí. Aquí mismo, en este estudio se produjeron estas canciones. Este es, digamos, mi laboratorio de prueba y error, el lugar donde hago mi música. Me gusta tener siempre el control de la canción: hacia dónde va, qué sonoridad va a tener. También disfruto estar aquí haciendo muchas canciones, no solo del género en el que me muevo, sino también componiendo para otros artistas que me buscan, y esa es otra parte importante de mi labor como músico.

He estudiado música, entonces aquí es donde saco todas esas habilidades a relucir. Eso también ha sido parte fundamental de mi proceso como artista: poder componer y producir mis propias obras.

Este álbum claramente está atravesado por varios géneros tradicionales, pero también converge esta sensibilidad pop que te caracteriza. ¿Cómo, desde tu papel como productor, lograste ese equilibrio en la composición sin perder la esencia del vallenato?

Eso era clave, porque había que analizar muy bien a cada uno de los invitados y entender que todos se mueven en ramas diferentes dentro del mismo género vallenato. Cada uno tiene una particularidad y por eso han construido sus propias trayectorias, porque son diferentes entre sí. Esa era parte del trabajo: hacer un análisis profundo, ahondar en sus tonalidades, sus cadencias, sus temáticas, los ritmos, y por supuesto hacerle un guión a cada uno antes de empezar a escribir la canción.

Eso era esencial para el proyecto porque justamente lo que quería era encontrar la manera en que mi música —que de vez en cuando también entra en esa rama del vallenato dentro de mis álbumes— conectaba con los invitados y cómo esa conexión nos llevaba siempre a la misma fuente.

Fue un proceso espectacular, porque pude meterme en el ADN de cada uno de esos artistas y jugar el juego de componer, de ser como un sastre a distancia haciéndole un traje a la medida a cada uno. La dinámica consistía en mandar la canción al terminar el día, y si lo habíamos hecho bien, eso quería decir que el artista iba a responder que sí. Afortunadamente, fueron 12 veces las que recibimos esa respuesta positiva y ahí entendí que ya teníamos un álbum completo.

Entonces empecé a pensar que ahora íbamos a unirnos todos como una gran manada dentro del vallenato, juntándonos para hacer de este movimiento algo grande y dejar marcado en la historia el primer álbum colaborativo de canciones inéditas dentro del género. Ese terminó siendo el gran resultado final, algo que no veía venir desde el principio, pero que una vez terminado el proyecto me hizo entender que tenía una obra muy poderosa entre manos y que debía proteger, cuidar y pensar muy bien cómo divulgarla. Hoy ya es una realidad y eso es justamente lo que estamos haciendo.

Gusi con Felipe Peláez. Foto: Frankie Jazz

Quizás, dentro de todo el universo colaborativo del álbum, la canción que más destaca es ‘Merenguito’ junto a Iván Villazón. ¿Cómo fue trabajar con este ícono del vallenato y cómo se dio la oportunidad de colaborar con él?

Ya habíamos lanzado algunas canciones. Hoy la industria se mueve así: vas mostrando pequeños avances de lo que será el proyecto. Ya habían salido temas con Elder Dayán Díaz, Alfredo Gutiérrez, Felipe Peláez, Peter Manjarrés y Jean Carlos Centeno, pero todavía tenía otras siete canciones que nadie conocía.

Dentro de esas siete, vi en ‘Merenguito’, junto a Iván Villazón, varios componentes especiales: la trayectoria y el espaldarazo de uno de los grandes de nuestra música, el aire del merengue —que es uno de los cuatro aires del vallenato y quizá el que más necesita atención porque no es tan comercial—, y también una letra costumbrista pero enamorada. La canción tenía la identidad de Iván Villazón, pero también la mía.

Además, ya se empezaba a respirar y sentir toda esa aura del Festival Vallenato; estábamos ad portas de una fiesta muy importante para nuestra música, y pensé: “Esta es la canción ideal para convertirse en el foco del lanzamiento del álbum”. Por eso decidí recibir ese espaldarazo del maestro Iván Villazón y presentar el proyecto con una canción tan especial para mí y creo que también para él.

Justamente este proyecto busca honrar una parte de la historia del vallenato pero también explorar estas nuevas corrientes y estos nuevos artistas que están destacando. ¿En qué medida sientes que el género está teniendo un punto de inflexión generacional en este momento?

Es importante ver cómo, a nivel global, dentro de la industria están regresando esos sonidos típicos de cada región. Está volviendo esa sonoridad del merengue, de la bachata y, en el caso de México, también de lo regional. Aunque la música urbana sigue manteniéndose muy vigente, muchos artistas están regresando a sus lugares de origen, y dentro del vallenato también hay mucha originalidad.

Hay una sonoridad muy particular de Colombia que, creo, necesitaba justamente este tipo de proyectos para que la gente pudiera visualizar y entender a qué suena el país, más allá de muchos exponentes que tenemos hoy en la industria como Karol G, J Balvin, Maluma, Sebastián Yatra, Kapo, Beéle, Shakira, Juanes o Carlos Vives. Dentro del vallenato hay una identidad sonora muy importante y por eso nació mi propuesta de volver a esos sonidos y mostrar, a través de este colectivo, ese sabor tan especial que tiene Colombia.

Yo logro conectar desde mi perspectiva, que es un poco más pop, más tropical y también más abierta, porque este álbum tampoco quería quedarse solamente en Colombia. De hecho, fue mezclado afuera, con ingenieros que adaptan ciertas sonoridades y las elevan para mantenerlas dentro de un vehículo más comercial, digámoslo así. Por eso el álbum termina convirtiéndose no solo en una idea de ir en manada, sino también en una propuesta sonora.

Eso era justamente lo que quería mostrar al unir los 12 estilos de cada uno de los exponentes invitados: 12 canciones con 12 identidades distintas, más la mía. Dentro de esa propuesta creo que también cabemos en lo que está pasando hoy a nivel mainstream en la música, y siento que el proyecto puede convertirse en un punto importante de referencia para las nuevas generaciones que quieran entender a qué suena Colombia y se vean influenciadas a crear sus propios trabajos a partir de Vallenato Social Club.

Pasando a todo este componente audiovisual que tiene el proyecto, que va desde varios clips y bitácoras hasta el documental que me comentabas antes, ¿qué tan importante era para ti contar la historia que me comentas y que atraviesa todo el álbum más allá de la música?

Más allá de la música, quería conectar con esa sonoridad con la que crecieron mi papá y mis tíos, y con la pasión por la música caribeña que mis abuelos despertaron en ellos. Después, mi papá y mis tíos me la transmitieron a mí casi que por gravedad, por sangre, por llevar esa sangre villanuevera, que viene de una tierra donde hay tantos acordeoneros, tantos exponentes de la música, cantantes y compositores.

Con este proyecto también quise cerrar un ciclo muy importante en mi vida, porque sentía que me debía este trabajo a mí mismo para finalmente entender de dónde venía, por qué tenía este gusto por esta música y cuál era realmente mi propuesta dentro de ella para que la gente pudiera verme como un referente. Más allá del negocio y de la industria musical, era algo que me debía como artista.

Gusi con Rafa Pérez. Foto: Frankie Jazz

¿Qué quieres retratar o reflejar en el documental? 

La parte documental busca justamente compartir ese momento de estar junto a tantos ídolos de la música, que para mí fue un gran premio. Pero no quería quedármelo solo para mí, entonces lo que hice fue entrar con tres cámaras al estudio, sin avisarles a mis invitados que eso iba a pasar [risas], y por fortuna todos dijeron: “Dale, la puerta está abierta”.

Incluso escondí algunas cámaras para poder documentar y guardar ese archivo de momentos únicos, como ver a Alfredo Gutiérrez con su acordeón tratando de encontrar una melodía y acompañar la canción, o verlo frustrarse porque no le llegaba la inspiración. También poder ver cómo graba la voz un cantante tan poderoso y prodigioso como Jean Carlos Centeno; para mí eso era todo un enigma. Estar ahí para presenciarlo me hizo pensar que no quería que esos momentos se quedaran solo conmigo, y por fortuna pude documentarlos.

También fue muy especial trabajar con una mujer como Karen Lizarazo y ver toda esa chispa que tiene, que la gente entendiera cómo ese poder femenino, a través de su voz, está presente hoy en día dentro del vallenato. O ver figuras como Jorge Celedón, a quien uno a veces percibe como alguien introvertido o tímido, y descubrir cómo ahí se expresa, se ríe y conecta a través de sus historias. Para mí todo eso fue maravilloso y, como te digo, si yo puedo compartir mi audiencia con la de ellos y seguir potenciando el vallenato, entonces termina siendo un proyecto audiovisual espectacular. 

Además, antes de que termine mayo, voy a lanzar un documental donde también me senté a conversar con compositores e historiadores del vallenato que siguen guardando y multiplicando toda esa información sobre el origen del género. Quería ir al inicio de todo y entender cómo el vallenato se convirtió en un lenguaje cultural colombiano. Ahí entendí que esto es como una enciclopedia gigante y que cada una de esas personas tiene información muy valiosa que quiero compartir con la gente que ha seguido el proyecto a través de cada canción.

Todo esto también funciona como una validación de Vallenato Social Club: entender que más allá de escuchar esta música, también hay que verla, conocer sus referentes y descubrir muchas cosas que quizá todavía no sabemos o no entendemos sobre el vallenato y su importancia dentro de la historia de la música colombiana.

Gusi con Jean Carlos Centeno. Foto: Frankie Jazz

Algo que mencionas y que me llamó mucho la atención es el proceso de investigación que hiciste para el documental, especialmente al explorar las raíces del vallenato y conversar no solo con artistas, sino también con historiadores del género. ¿Qué fue lo más valioso que aprendiste de ese proceso? Y, además, ¿de qué manera esa exploración terminó influyendo en el desarrollo del proyecto o en la propuesta artística? 

Yo todavía no había terminado de grabar el documental cuando fui a hablar con ellos, pero ya sabía de su existencia. La primera vez que llegué a Valledupar fue a la casa de Beto Murgas, quien fue mi compañero en Gusi & Beto, el primer grupo que tuvimos. Duramos tres álbumes, siete años de carrera y más de 11 años trabajando juntos.

Su papá, un historiador y coleccionista de acordeones, creó el único museo de acordeones que existe dentro de nuestro movimiento vallenato, y su aporte ha sido súper valioso. A través de él, de sus cantos como compositor y de todas sus historias, empecé a entender mucho más a fondo de qué se trata realmente el vallenato, más allá de tener un cantante acompañado por caja, guacharaca y acordeón. Empecé a descubrir todo lo que hay detrás.

Entonces, a través de él y de colegas suyos como Tomás Darío Gutiérrez, Julio Oñate, compositores como Gustavo Gutiérrez y Rosendo Romero, o artistas como El Mono Quintero —quien además hace parte de la junta directiva del Festival Vallenato—, fui entendiendo cómo el vallenato se ha mantenido vivo desde distintas perspectivas, de dónde viene, hacia dónde quiere llegar y cómo se ha transformado.

Todo eso lo empecé a descubrir desde que llegué a esa casa hace más de 20 años, y también quería compartir con la gente cómo fue mi propia aproximación al vallenato, cómo lo fui descubriendo y de dónde vengo yo. Ellos me llevaron por primera vez a Villanueva, a conocer la plaza y la casa donde nació mi abuelo. Después, con el paso del tiempo, me invitaron al Festival Cuna de Acordeones. Cantar en ese lugar y sentir que pertenecía a un espacio dentro del vallenato fue muy valioso para mí, y que incluso me bautizaran como villanuevero, a pesar de no haber nacido allá, fue algo muy importante en mi vida.

Fueron muchos momentos los que terminaron haciéndome enamorar del vallenato, y todo esto al final también es la revelación de cómo logré conectarme con lo que hago hoy en día y darle coherencia al proyecto de Vallenato Social Club. No quería que pareciera que yo era un foráneo que llegó de la nada a tratar de conectar con el género, sino mostrar que llevaba más de 20 años buscando mi identidad dentro de esta música. Con este álbum siento que estoy cerrando ese ciclo personal del que te hablaba antes: hacerle un homenaje a mis abuelos, a mi sonoridad, a mis padres y a todo lo que llevo dentro, dejando un legado musical no solo para Colombia, sino también para mis hijas y mi familia.

¿El documental tiene una fecha específica de lanzamiento? 

Estamos definiéndola, pero tiene que ser sí o sí antes de que acabe el mes de mayo.

Ya me hablaste de todos esos factores gratificantes de todo el proceso, pero supongo que también hubo desafíos. ¿Cuáles fueron?

Claro. Uno de los desafíos más relevantes e importantes fue conectar las agendas para poder llegar a las grabaciones. Creo que eso era lo que más me frustraba a veces: yo llegaba con todo el andamiaje listo y, al final, el artista tenía un viaje de último momento, se enfermaba o estaba metido de lleno en su rutina. Por ejemplo, Iván Villazón estuvo homenajeado en el Festival Vallenato y tuvo la agenda bloqueada por más de cuatro meses. O Jorge Celedón, que muchas veces llegaba de gira con la voz agotada y me decía: “Dame un momento”. O de pronto que no te contestaran el celular, pero no por mala onda, sino porque son artistas con muchísimo movimiento y también necesitan pausas dentro de todo lo que viven.

Todo eso me empezaba a generar cierta ansiedad por sacar el proyecto adelante y porque la gente pudiera verlo. Pasaba un año, año y medio, y yo mismo me preguntaba: “¿Cuándo va a salir esto?”. Además, creo que mucha gente no alcanzaba a dimensionar lo que yo tenía en la cabeza, y eso también me frustraba. Yo quería generar un movimiento, pero era difícil hacer entender que ya tenía las 12 canciones, que el proyecto estaba andando, que había una parte audiovisual enorme detrás. Yo lo explicaba y me respondían: “Ah, sí, muy chévere, pero ¿cuándo sale?, ¿cómo conecta esta canción con las otras once?”.

Todo eso fue frustrante hasta la semana pasada, cuando finalmente se volvió una realidad y pude conectar con cada uno de los equipos. Porque detrás del lanzamiento de una canción hay un trabajo de marketing gigantesco. Imagínate hablar con 12 managers, 12 equipos de marketing y 12 artistas distintos para firmar documentos, coordinar estrategias y asegurarse de que todo salga al aire sin problemas legales más adelante. Entonces, desafíos logísticos hubo muchísimos.

Musicalmente, afortunadamente, no hubo tantos problemas porque las canciones fueron concebidas buscando la identidad de cada uno de los artistas. Esa terminó siendo la parte más bonita: estar encerrado en el estudio, hacer la canción y recibir ese “sí”. Esa era la parte linda de la historia.

Por fortuna, toda esa marea alta ya pasó y hoy el álbum está disponible para todo el mundo. Ahora se siente como un premio. Creo que los trabajos que implican esfuerzos tan grandes y logísticas tan complejas terminan existiendo por una razón: porque necesitan ser escuchados y porque la gente entiende que detrás hay algo muy valioso. Al final, los procesos difíciles también son para quienes están dispuestos a asumir esos desafíos, y yo fui uno de ellos.

Gusi con Diego Daza. Foto: Frankie Jazz

Empiezas el año con un proyecto muy ambicioso como este. ¿Qué pueden esperar tus fans y el público de Gusi para lo que queda del 2026? 

Hay muchos proyectos en mente. Claramente, uno de ellos es poder hacer al menos un concierto con todos estos 12 exponentes de Vallenato Social Club. Yo sigo trabajando en música nueva, pero por ahora tengo la mente y el corazón puestos completamente en seguir mostrando este proyecto y este álbum.

Seguir girando, tocando y llevándole esta música al mundo hace parte de mi plan durante estos próximos tres o cuatro meses, mientras continúo ultimando detalles de lo que viene después. La idea más adelante es volver a abrir un poco más el espectro y seguir entendiendo mi propuesta desde un lugar más latino y más amplio, pero en este momento estoy metido de fondo y de lleno con este disco.

También espero que podamos encontrar el espacio para llevarlo al formato en vivo y que la gente pueda disfrutarlo con nosotros, ya cuando el álbum tenga un poco más de recorrido y haya madurado durante algunos meses entre el público.

Gusi con José Martín Bernier. Foto: Frankie Jazz

Más allá de un álbum colaborativo, Vallenato Social Club termina funcionando como una declaración artística y cultural alrededor de un género que continúa transformándose sin perder de vista sus raíces. Entre canciones, archivos audiovisuales y conversaciones con músicos, compositores e historiadores, Gusi construye un proyecto que no solo busca conectar generaciones dentro del vallenato, sino también abrir una puerta para entender todo el universo humano, histórico y emocional que existe detrás de esta música.

En medio de una industria global que cada vez vuelve más la mirada hacia los sonidos regionales y las identidades locales, el cantautor colombiano apuesta por el vallenato como un lenguaje vivo capaz de dialogar con nuevas corrientes sin desprenderse de su esencia. Así, esta obra no solo representa uno de los proyectos más ambiciosos de su carrera, sino también una trabajo concebido desde la memoria, el legado y la necesidad de dejar un testimonio sobre una de las expresiones culturales más importantes de Colombia.

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A días de uno de los hitos más significativos de su trayectoria, Andrés Obregón está eufórico. Entre el anuncio de su primera presentación en el Auditorio Nacional, prevista para octubre de 2026, y la inminente llegada de ‘Todo pasa’, su nuevo álbum, el cantautor mexicano transita una etapa que sintetiza años de trabajo, aprendizajes y crecimiento personal.

En conversación con ROLLING STONE en Español, Andrés reflexiona sobre el paso del tiempo, el diálogo con su niño interior, la nostalgia como lenguaje y el inevitable proceso de aprender a soltar.

A continuación, extractos editados de la conversación que tuvimos con él el pasado martes 28 de abril de 2026.

Acabas de anunciar tu primer show en el Auditorio Nacional. ¿Qué está pasando por tu cabeza en este momento?

Es una locura… de verdad. Son muchos sentimientos juntos. Me cuesta hasta ponerlos en palabras porque es algo que soñé desde muy chiquito. Hay sueños que son más abstractos, como decir ‘quiero tocar en lugares grandes’, pero este no. Este tenía nombre, tenía lugar. Y hoy está pasando. 

Creo que lo hace aún más especial todo el camino para llegar aquí. Hubo momentos difíciles, momentos en los que no sabía si lo iba a lograr. Y ahora, verlo así, tan claro… es muy fuerte. Mi niño interior está feliz, muy feliz.

El próximo 14 de mayo lanzas tu nuevo álbum, ‘Todo pasa’, un proyecto que llega tras casi una década desde ‘Sentimiento extraño’. ¿Por qué decidiste tomar tanto tiempo entre un disco y otro?

Creo que fue una etapa previa. Estaba entendiendo cómo funcionaba la música, pero también escribía mucho desde lo inmediato: me pasaba algo, escribía la canción y la sacaba. Entonces me fui mucho por sencillos y EPs que agrupaban pequeños momentos, cotidianidades o etapas de mi vida.

Pero ya me hacía falta algo con un concepto, un mensaje más unificado. Y ahí llega el nuevo álbum. No fue algo planeado como tal, pero este proyecto terminó alineándose mucho con la etapa en la que estoy ahora, y sobre todo con mis memorias y cotidianidades.

‘Todo pasa’ suena a una especie de calma después de la tormenta. ¿Por qué elegiste ese título?

Sí, creo que lo bonito del título es que no apunta necesariamente a lo negativo o a lo positivo, sino a una realidad: la de aprovechar el presente, valorar lo que está ocurriendo ahora, disfrutar los buenos momentos y también aligerar un poco cuando las cosas se ponen difíciles, sabiendo que tarde o temprano, eso también va a pasar.Entonces, siento que el álbum va por esa narrativa de estar avanzando todo el tiempo. Lo malo pasa, pero lo bueno también, y hay que saber disfrutarlo porque, si no, se nos va y si no lo apreciamos, pasa, y queda nomás en los recuerdos.

Andrés Obregón y el arte de soltar en ‘Todo pasa’
Cortesía

Cuéntame sobre el proceso de creación del álbum. ¿Lo escribiste y grabaste aquí en México?

Sí, la mayoría de las canciones fueron en Ciudad de México. Hay una que escribí en Quito durante una gira, y puede que alguna otra en León, porque también paso tiempo allá y compongo mucho ahí. Pero en general sí, casi todo nació aquí.

En el setlist presentas el sencillo ‘Lugar seguro’. ¿Quién o qué es tu lugar seguro?

Principalmente mi familia. Es ese lugar donde puedo ser completamente yo, decir cualquier cosa, ser vulnerable, desde mi parte más oscura hasta la más alegre. Es a donde puedo acudir cuando las cosas se ponen difíciles, pero también cuando todo es bonito. Un lugar que siempre está ahí.

Al ver el video de este sencillo, noté que hay una estética que remite a una nostalgia muy particular. En esa línea, ¿cuál es la propuesta estética que articula este nuevo proyecto?

Pues fíjate que nunca le había dedicado tanto empeño a la propuesta estética. Esta vez, además, empezamos a trabajar con un equipo más amplio y creo que eso nos permitió llegar a un lugar en el que realmente me siento yo mismo, a un universo en el que puedo habitar con naturalidad. 

Hay, sin duda, una inclinación hacia lo vintage. Siempre he sido muy fan de esa nostalgia, de la magia de otras épocas, de lo artesanal, de lo análogo, de todo eso que tiene una belleza muy particular. Y quisimos llevarlo hacia ahí porque, al final, también refleja mucho de mi personalidad.

Además, la narrativa es muy particular, porque el disco va dejando pistas de mi trayectoria, como una especie de cronología. Hay muchas referencias del pasado, incluso de canciones que no son tan conocidas mías, pero que para mí representan mucho.

En la portada del álbum apareces con una pintura que remite a elementos como las fases de la luna. ¿Tiene algún simbolismo dentro del universo conceptual de ‘Todo pasa’?

Sí, fíjate que de muy chiquito fui muy fan del espacio. De hecho, antes de querer ser cantante, quería ser astronauta. Siempre me ha fascinado el tema de la luna, de las estrellas, de la física. Y pues esta simbología surge porque considero que uno de los relojes naturales más bonitos que tenemos para entender el paso del tiempo es la luna. 

Además, si lo miras como metáfora, es muy bonito, porque la luna tiene sus fases y todas son bellas. Algunas son más oscuras que otras, pero sabes que siempre va a llegar la luna llena y también la luna nueva. Es como un recordatorio de que hay momentos de luz, momentos de sombra, momentos intermedios, mitad derecha, mitad izquierda. Y luego está uno, pintando y observando esas fases.

El disco está compuesto por 11 canciones, con títulos que parecen sacados de un cuento, Cuéntame, ¿de dónde nacen esas historias?

De cosas muy personales. Por ejemplo, ‘Pay de Limón’ es una conversación con mi niño interior. Creo que es de mis canciones favoritas del disco y, probablemente, una de las más personales. Mi abuela hacía pay de limón y era algo muy especial para mí. Cuando ella murió, eso desapareció por un tiempo, pero después ese recuerdo volvió cuando mi mamá empezó a hacerlo. Entonces es ese símbolo de lo que se va, pero también de lo que permanece.

En varias canciones hay momentos donde se aborda esta idea de soltar la niñez. De reconocer que hay partes de mi niño interior que estarían muy orgullosas de lo que soy hoy, y otras que tal vez no entenderían quién soy ahora. Hay cosas que extraño, cosas que no extraño, cosas que han cambiado, pero sobre todo una sensación de gratitud por todo lo que ha sido ese proceso.

Tu niñez es un elemento recurrente en el diálogo del disco. ¿Qué emociones sientes que estás descubriendo en este proceso?

Creo que el álbum tiene un poco de todo. Tristeza, nostalgia, felicidad. Justo ‘Todo pasa’, la última canción, siento que representa bien eso.

Y todo el disco gira en torno a la idea de soltar, pero desde distintas fases. Desde cuando uno empieza a soltar algo y duele, hasta cuando finalmente lo suelta, y luego cuando llega la gratitud. Por eso es un álbum con muchos matices.

Y de estas canciones, ¿tendrás algunas colaboraciones o todo fue totalmente por ti?

Sí, hay dos: ‘Algoritmo’, con Andrés Koi, y ‘Contratiempo’, con Susana Cala. Las demás son completamente mías, tanto en la composición como en la interpretación.

Cortesía 

Antes del lanzamiento, ¿qué te gustaría decirle a tus fans que han esperado tanto este proyecto?

Que se tomen el tiempo de escucharlo. Creo que es un álbum que vale la pena poner completo, escuchar cada canción, irla sintiendo un poco, ir entrando en las emociones y en la atmósfera. Que lo hagan suyo. Que se den el tiempo de escucharlo, de encontrarle su significado, de llevarlo a su propia vida. Y que lo disfruten, que lo disfruten mucho.

Y si pudieras hablar con ese Andrés que empezó a componer a los 10 años, ¿qué le dirías hoy?

Creo que le diría simplemente ‘gracias’. Le diría gracias porque él fue uno de los primeros que sembró la idea de querer dedicarme a esto. Entonces, no tendría mucho más que decirle, porque podría darle algún consejo, pero he pensado que, si volviera al pasado, él tendría que vivir todo eso que vivió y aprenderlo por sí mismo. 

Gracias por tu tiempo, Andrés. Hoy brillas más de lo que imaginas. 

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“Este disco es la historia de una estrella y al mismo tiempo mi propia historia”, explica Bratty sobre HOSHI, título que viene de la palabra japonesa para “estrella”. La idea nace de una pregunta personal. Por qué está en ese lugar, por qué la gente conecta con lo que hace y si realmente lo que está construyendo vale la pena.

En la portada aparece con una estrella en la frente, como las que te ponen de niño cuando haces las cosas bien. Esa imagen resume el concepto del disco. Habla de validación, de la necesidad de sentir que lo que haces es suficiente y de todas esas dudas que, en su caso, no se dicen en voz alta, pero sí se convierten en canciones. ‘la estrella que quería brillar’, el segundo tema del album, retrata esta idea con crudeza. 

El material reflexiona sobre lo que implica ser una “estrella”. No desde la idea aspiracional, sino desde las preguntas que hay detrás. Qué significa hacer algo original, qué expectativas se proyectan sobre los artistas y cómo se vive eso desde dentro.

El disco, en el que la artista de Culiacán explora un nuevo sonido, gestado durante un proceso de colaboración con muchos productores, colaboradores y en muchos lugares, es una interesante exploración sobre la historia de la artista, sus inseguridades, su ego y su posición como artista en esta era. El álbum cuenta con colaboraciones de Ed Maverick, Julieta Venegas, Marc Seguí, Natt Calma y Barry B.  

Hablamos con Bratty unos días después del lanzamiento del disco. Lee la conversación a continuación: 

¿Cómo va el álbum?, ¿cómo has sentido la recepción? 

Bien, muy bien. Muy diferente a todo lo que he sacado antes. 

¿En cuanto a la recepción de la gente? 

Sí, o sea, de la mejor manera.

Hoshi es la palabra japonesa de estrella, ¿no? Y dices que el disco es la historia de una estrella y al mismo tiempo tu historia, ¿pero cómo se entrelazan esas dos? 

Exacto. Pues creo que al principio del disco sentí que estaba hablando de alguien más y luego, en el proceso, me di cuenta de que estaba hablando de mí misma sin saberlo. Y bueno, por eso digo que es la historia de una estrella, pero terminó siendo mi historia porque soy una estrella, al parecer. 

Me encanta la portada y me gusta el concepto de la estrella en la frente, ¿simboliza decirte a ti misma que lo estás haciendo bien? 

Tal cual. Creo que siempre he sido una persona —no es secreto— muy introvertida, muy en su rollo, en su mundo. No soy de las personas a las que les gusta llamar la atención, tal cual. Entonces siempre he tenido esa espinita de preguntar: ¿por qué estoy aquí?, ¿por qué la gente se interesa por lo que tengo que decir? Siempre sobrepienso demasiado las cosas, incluyendo esto. Como si de verdad lo que estoy haciendo vale la pena, si es suficiente, si estoy haciendo lo correcto, si lo podría hacer mejor. Todas esas preguntas que todos los días pasan por mi cabeza y que no las hablo, las digo con música y este disco no es la excepción. Quise explorar mucho ese concepto de: ¿qué significa ser una estrella?, ¿qué significa hacer algo original?, ¿qué significan todos estos patrones que ponemos en alguien que idolatramos? Pero preguntándomelo a mí misma. 

En HOSHI, Bratty explora qué significa ser una estrella
Cortesía

Y justo ‘la estrella que quería brillar’ es la que junta todo ese concepto, que habla del síndrome del impostor, de no sentirte suficiente. ¿Es la canción que mejor retrata el álbum? 

Sí, yo pienso que sí, porque al mismo tiempo es la canción más vulnerable en ese aspecto; es lo que estoy pensando cuando estoy en mi punto más bajo de lo bajo, cuando empiezas a pensar que tal vez lo que está diciendo el username @JuanPablo.55, tal vez tiene razón, ¿no?, ¿sirvo para esto? La canción representa cuando todos esos pensamientos te empiezan a invadir la cabeza, sobre todo en alguien como yo, que sobrepiensa las cosas. 

Sí, esta canción fue como mi punto más bajo, podría decir, de lo que para mí significa ser una estrella y hacerme este tipo de preguntas: ¿aún hay manera de decir algo original?, ¿o no?

Qué justo esa pregunta la haces en la canción. ¿Tú qué opinas de eso? ¿Es algo que te preocupa a ti como artista? 

Sí, porque yo soy perfeccionista de corazón, entonces cuando pienso en hacer algo, siempre pienso en hacerlo de la mejor manera posible: ¿Qué es lo mejor que puedo hacer que nadie ha hecho nunca antes? Y al final, también recordando un poco mis inicios, eso también fue lo que me motivó, hacer música de este tipo, que venga de morras porque nadie lo está haciendo y yo quiero hacer algo nuevo. Y ese sigue siendo todavía mi detonador, ¿qué es algo que nadie está haciendo o que nadie ha dicho? Yo lo voy a hacer. 

Para mí es súper importante eso. No creo que todos los artistas se lo pregunten porque hay muchos que hacen lo mismo y está bien que se queden ahí, pero yo siempre estoy buscando cómo aprender, cómo evolucionar, cómo poder decir de manera diferente las cosas. Es algo que, si no es así, para mí no tiene sentido.

Sí, y es un pensamiento fuerte para un artista pensar que ya todo está inventado y que ya todo existe.

Sí, es como, ¿para qué?, ¿para qué lo haces si todo ya existe? 

Yo creo que hacer algo nuevo también va de la mano con hacer algo honesto. ¿Lo ves así también? 

Sí, de repente. Me cuesta, pero sí, tienes toda la razón.

Y luego en ‘siempre quiero +’ te vas a la parte opuesta, hablas del ego, ¿no? 

Sí, también. Así como uno está de repente abajo, si estás muy delulu, y te empiezas a decir; “No, pero ¿por qué? Si yo me merezco esto y esto y esto, y yo me veo ahí, yo sé que lo voy a lograr.”, pero, “¿Por qué todavía no estoy ahí?” Y de repente son cosas más materiales. Lo material no es sinónimo de éxito, pero a veces uno piensa que así es. Y en esa canción también quise recalcar eso, las cosas materiales, puras cosas más del ego, de que “no es mi culpa que a ti te duela que me vaya bien y que me estén pasando cosas chidas”. Ajá, es como el otro extremo de la estrella que quería brillar, que es siempre querer más, que nunca es suficiente con lo que tienes. 

Y quieres buscar un balance entre esas dos, entre esos dos personajes, ¿no? 

Un poco, sí.

Vi que en esta ocasión le das la vuelta al proceso y empiezas desde la parte visual. ¿Cómo empezaste eso? ¿Qué influencia tenías para construir la parte visual? 

Justo nació de la parte visual porque me sentí estancada musicalmente, no sé, como que no sabía qué es lo que quería hacer, pero ya estaba aburrida de lo que estaba haciendo, quería hacer algo distinto. Y sí, dije, “Bueno voy a empezar con algo visual”. Hice este monito con una estrella en la frente y le empecé a dar un significado, una narrativa. Eso me ayudó a construir las canciones, a preguntarme estas preguntas de las que estoy hablando en todo el disco. Entonces fue como un rompecabezas, ¿no? Fui hilando los puntos y fui construyendo algo sin saber cómo se iba a ver al final.

¿Tú lo dibujaste? 

Sí. 

Ah, qué cool. Y luego literal retratas ese rompecabezas como parte de los visuales del disco, ¿no? 

Sí, también en los sencillos. Como que así tal cual fue este disco, ir viendo qué pedo, o sea, cómo va a fungir este disco, cómo se va a ver al final. Es un disco muy frontal, desde la portada, por eso es literal mi cara con la estrella en la frente porque es lo que es, it is what it is. O sea, no me estoy escondiendo de nada, te estoy diciendo cosas súper vulnerables, te estoy diciendo lo que pienso sin esperar que nadie me juzgue y con toda la crudeza del mundo, ¿no? 

¿Te tomaste más el tiempo de disfrutar el proceso que en otras ocasiones?

Sí, en general mi cerebro funciona así. Yo siempre veo los detalles primero y luego veo el panorama completo. Entonces, este disco fue eso, ir poniendo los detalles; quiero que sean estos colores, quiero que tenga lo de la estrella, quiero que la portada sea solo mi cara, quiero que sea muy minimalista, pero que cada cosa tenga su propio significado, etc. También me inspiré mucho en la cultura japonesa porque tal cual es eso, el ser minimalista y darle mucho peso a todo lo que estás poniendo, que sea intencional.

Fue un proceso de muchas sesiones, muchos productores, ¿cómo logras acotar todo eso que fuiste haciendo en un disco? 

Pues creo que todo ese factor común fui yo. Fui con productores que hacían electropop, luego con productores que hacían reggaetón, otros que hacían cosas más poperas. Intenté de todo para ir encontrándome a mí también entre todo eso y creo que por eso el disco nunca pierde el hilo. Por más que cada canción suene muy diferente, el factor común es que yo estoy ahí también produciendo esas canciones junto con las otras personas con las que me junté, y que tienen una versión muy distinta a la mía y que son súper talentosos en lo que hacen. Fue como: “¿Cómo vamos a combinar esto con lo que yo hago y hacer algo nuevo?”. Y eso fue también un reto para las personas que produjeron conmigo el disco, porque al final hacían cosas súper diferentes, pero les emocionaba, así de que: “Ya necesitaba hacer algo como esto, algo más emocional”. Y creo que eso también es lindo, que ambas partes estén contribuyendo en algo con lo que estás aprendiendo al mismo tiempo que lo estás haciendo.

¿Es difícil mantener la parte emocional característica de tu proyecto con un sonido más alternativo? 

Para mí no lo fue. Lo sentí súper natural, esto es lo que tengo que estar haciendo. Me trajo mucho la emoción otra vez de hacer música porque, por ejemplo, las canciones usan mucho el recurso de los vocal chops, para mí eso fue algo súper nuevo, y dije “Wow, eso suena cabrón, no sabía que podía hacer eso, lo quiero poner en todas las canciones”. Y eso es algo que existe desde hace un montón, ¿no? Pero yo apenas estoy descubriendo este synth o estos samples que no sabía que se podían hacer en la compu y sin querer estaba yo descubriendo un mundo que yo nunca había explorado. Obviamente existe, pero yo nunca me había dado la oportunidad de explorar eso. 

Es lo que te da salir y trabajar con varias personas, vas incorporando nuevos elementos y eso al final te inspira más. 

Es como la cocina. Vas a la India y conoces un condimento y te lo quieres llevar para ponerle a los tacos. Entonces vas ahí inventando cosas nuevas. 

¿Hoshi es un alter ego?

Siento que esa es una pregunta que todavía no me contesto al cien por ciento porque, pues sí, es un alter ego, pero soy yo. O sea, al final soy yo. Entonces, no sé. 

Que es lo mismo que pasa con Bratty y Jennifer, ¿no? O sea, como que vas adoptando distintos personajes que te dan nuevas cualidades, pero al final eres tú siempre. 

Exacto. Siento que Hoshi al principio fue un personaje, fue esta excusa para experimentar con cosas nuevas y al final, bueno, o sea, soy yo. Entonces creo que nada más es el nombre de algo para poder explorar otras facetas que tú en tu vida a lo mejor no harías, pero que son parte de ti y están ahí.

Obviamente las colaboraciones son importantes en el disco. ¿Cómo juntaste grandes nombres y algunos más emergentes, pero todos de diferentes estilos? 

Tal vez no es que yo los haya escogido así tal cual, sino que la vida me los puso enfrente y yo nada más tuve que ordenar esos pensamientos y decir: “Esta canción creo que iría muy bien con esta persona”. Y hablando, por ejemplo, de los nombres grandes que son Julieta y Ed Maverick, me siento muy afortunada de que se hayan tomado el tiempo, de que les haya gustado la música, de que hayan entendido la visión que yo tenía de las canciones y me hayan dicho que sí, porque les gusta también mi proyecto y a mí me gusta el de ellos, y esa sinceridad y esa naturalidad de las cosas es lo que hace que sucedan. Entonces, cien por ciento creo que eso fue con todos. 

Con Marc, el día que hicimos la canción fue el día que lo conocí y me cayó súper bien y ahora es de mis amigos más cercanos del círculo de gente que hace música, y con Nat también, es súper tranqui. Con Barry también, entre él y yo hicimos esa rola como en dos horas y fue lo que salió, lo que grabamos, entonces, siento que ese factor común también es que son personas súper humanas, con los pies en la tierra y que confían en la visión y que también tienen esta dimensión emocional cuando hacen música, igual que yo, entonces conectamos muy bien. 

¿Y cómo fue volver a trabajar con Ed Maverick? Ya con la evolución que tienen ambos unos años después de crear ‘Ropa de bazar’. 

Pues él y yo tenemos una historia muy particular; nos conocimos cuando apenas acabamos de sacar nuestras primeras rolas, obviamente cada quien fue en direcciones distintas y ahí se fue distorsionando con el tiempo. Pero la manera en la que crecimos, los dos somos del norte, somos súper de rancho, y a veces no nos creemos lo que nos está pasando; es muy raro lidiar con esos sentimientos. Me acuerdo de cuando le dije a Ed: “Oye, ¿sabes qué?, voy a sacar este disco y significaría mucho para mí y también creo que significaría un chingo para los fans si sacamos otra canción juntos, pero ahora como en este presente que tenemos tú y yo.” Lo platicamos por mensaje y me dijo: “Tienes toda la razón, creo que estaría la neta bien lindo.”, además le gustó la canción.

¿La habías pensado para él? 

Cuando yo la hice en el estudio, no. Siento que eso fue cuando la volví a escuchar, y pensé que esa canción me gustaría que subiera como collab con alguien y fue cuando pensé en él.  Es una canción súper emocional y pensé que con Ed estaría increíble y dije: “Voy a mandarle mensaje, o sea, no pierdo nada”, y me dijo que sí, la grabó. Entonces creo que fue un regalo que le quisimos dar a los fans, sobre todo.

Supongo que te urge tocarlo en vivo. ¿Cómo te imaginas el show? 

Me lo imagino súper diferente a todo lo que he hecho. Quiero que, así tal cual como lo fue este disco, también sea algo con una evolución súper marcada de lo que soy ahora en este presente y que se sienta como un renacimiento, que la gente lo vea y diga: “Ay, güey, no sabía que Bratty podía hacer esto y está muy cabrón”. Quiero que se sienta eso en todos los aspectos, tanto en lo musical como en lo visual, en la iluminación, en todo. Se me hace súper importante y es mi meta más próxima a la que quiero llegar, que cuando saque el tour y todo, eso sea lo que la gente pueda ver. 

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Muchas veces, un accidente puede cambiarte la vida. Donde antes veías el derrumbe del porvenir, quizá necesites cambiar de perspectiva y reconocer lo que ese incidente abrió en ti como posibilidad de transformación. En el caso de Yerai Cortés, una lesión en la mano —que para muchos habría significado un declive momentáneo en su carrera— se convirtió en un punto de inflexión. El músico logró salir de la incertidumbre y el temor ante lo que podría suceder, y se reinventó, descubriendo una nueva faceta personal y artística que le ha permitido ver y sentir mucho más allá de las cuerdas de su guitarra. 

De ese momento surgió Popular, su nuevo álbum: una obra que no solo amplía, sino que también trasciende el universo musical y creativo de Cortés. Como un pregonero que alza la voz para contar su propia historia, el músico decide colocarse en segundo plano y asumir el papel de acompañante de las dulces voces del pueblo. Son esas voces las que, en conjunto, construyen una conexión profunda con la tradición, una que brota con orgullo desde la raíz de su identidad.

En esta entrevista íntima y exclusiva con ROLLING STONE en Español, Yerai Cortés habla sobre Popular, la reinvención de su persona después de su accidente en la mano y mucho más. Lee aquí la entrevista completa. 

Háblame sobre la historia detrás de tu próximo álbum Popular.

Este disco lo empecé a componer involuntariamente, sin la guitarra en la mano. Tuve una lesión en el tendón de la mano izquierda, y me tuvo siete meses sin poder tocar, con una venda en la mano. Justo acababa de cerrar la edición de la película que hice con “Pucho” (C. Tangana). Es decir, cerré una herida y se me abrió otra. Yo venía de estar currando, de aquí para allá, y fue llegar a casa a tener mucho tiempo libre. La verdad es que me costó parar de crear y de hacer cosas. Decidí parar y componer música. Recuerdo que tarareaba frases y me decía con qué parte de la guitarra podría sonar bonito. Me las guardaba en el móvil, para cuando yo estuviera bien, poder hacerlas. Yo empecé a escribir estribillos y me los imaginaba con la guitarra, pero cuando me di cuenta, rellené esos huecos de la guitarra con más letras. Cuando me di cuenta, tenía canciones hechas de arriba abajo, y que no eran de guitarra. Ya tenía como seis canciones en un proyecto donde no había una guitarra, y lo principal era la letra y el canto. 

La esencia del proyecto es el parón que di por mi mano. Me di cuenta que inicié desde otra perspectiva y lugar a crear música, ya no con la guitarra en la mano, pero sí en la cabeza. Lo hice desde el cancionero. La guitarra ya no era la protagonista, era la que acompañaba. He descubierto esa nueva rama en la que hay nuevas canciones. 

Luego, cuando me recuperé, hice canciones con guitarra, pero estuve pensando muy bien la narrativa de las canciones porque me aproveché de que estaba escribiendo para poder hacer un orden en el que se pudiera entender un tipo de viaje o película, entonces me parece un trabajo súper chulo. Se trata de desaprender y aprender de nuevo. Es como arrancar la conexión que siempre he tenido con el arte, pero ahora unirme con otra herramienta. 

¿Qué descubriste de ti en este proceso?

Cuando pienso las cosas que tengo que hacer con la guitarra para un disco, y cómo tiene que ser un proyecto como guitarrista, es que hay una figura y presión de lo que se tiene que demostrar para otros músicos. Me di cuenta que hay un Yerai detrás de ese guitarrista, y tiene que ver con la creatividad, que hasta entonces la mayoría de mis obras y creatividad estaban dentro de la guitarra, pero ahora, están mucho más en lo conceptual y todo lo que rodea la canción. Tiene que ver con la forma en la que se presentan las cosas y cómo me expongo yo como guitarrista. He descubierto que me gusta mucho la creatividad y la dirección de cómo contamos las historias, el por qué lo hacemos, para qué y la forma en la que lo hacemos. Creo que esto ha sido lo que he descubierto. 

Yerai Cortés, el pregonero del pueblo 
Cortesía prensa

Al escuchar el disco siento que estamos en el presente, pero también hay un viaje al pasado. ¿Cómo lo sientes o intentaste representar?

Es un viaje al pasado. Es lo que sentía en el momento que lo escribí. Es otra película para mí. Creo que nos suele pasar a muchos, cuando estás haciendo un proyecto, lo armas, lo grabas y lo editas, entonces pasa mucho tiempo y ya no estás en ese lugar. Es muy bonito a nivel trabajo. Las cosas que nos han dolido en el pasado, pues intentamos olvidarlas, pero yo, en este caso, aprovechando el corte que me hice en la mano, he tenido que convivir con la curación de una herida. Me estaba abriendo para contarla. Eran dos heridas que estaban abriéndose en paralelo. Lo que me di cuenta cuando me recuperé, es que no puedo mirar a otro lado porque necesito seguir cuidando esa herida, y que en algún momento estuvo roto. Tengo que estar agradecido porque se ha curado y arreglado. Esto no se borra; aprendes a vivir con la cicatriz y la llevas con bandera, porque de ese error aprendiste a ser como eres. Los trabajos que hacemos los artistas son cicatrices bonitas que terminan siendo un proyecto creativo bonito. Son bonitas de recordar, y cuando tú las cuentas, aunque estés en otro lugar y la cicatriz esté cerrada desde hace tiempo, tienes una forma poética de recordar un error, un perdón o una cara. Somos privilegiados los artistas porque podemos recordar nuestras pequeñas figuritas. 

Es como el kintsugi, el arte japonés de reparar cerámica rota utilizando polvo de oro.

Eso lo hace único. El mismo vaso que antes era uno entre mil iguales, ahora está rayado de oro. Esto es divino. 

Me interesa mucho lo que mencionas sobre la lírica del disco, que representa el personaje protagónico de la historia. A ellas las llamas “las voces del pueblo”, ¿cómo las encontraste? 

De las coplas populares y de lo que canta la gente, que no se sabe de dónde vienen. En el flamenco, las letras populares conviven hasta el día de hoy. Solo por pertenecer a la estética de las letras que se hacían antiguamente, pues siguen haciendo para decir que estamos aquí. Hay pocas composiciones nuevas. A mí siempre me ha inspirado esto, desde la cuna. Me molaba de lo popular, que el pueblo la canta. Y no se sabe el autor. Para mí, era hacer música y canciones que sean totalmente entendibles, que no tengan demasiada metáfora. No quería que solo la entendieran tan solo unos pocos para pertenecer al arte. He rebajado todo el arte elitista que podría haber, para así llevarlo a las letras tradicionales y normales, cómo se habla y cómo se canta. Me encantaría que esto lo pudiera escuchar en la boca de alguien. Ninguna de las ocho chicas que me acompañan en el disco son cantantes; son bailarinas que tienen un ritmo increíble. Sin embargo, cuando cantan todas unidas, es como si cantase todo el pueblo. Es como si cantaran un cumpleaños feliz en una fiesta, o cuando en un estadio cantan el himno; en todos estos sitios se entiende y van entonados. El pueblo unido tiene una fuerza y una unión que es bella. Para mí, lo popular es cuando todos se juntan para una: el pueblo entero llora, ríe, canta y baila. 

Cortesía prensa 
Cortesía prensa 

¿Qué tipo de memoria colectiva te interesaba recuperar: la histórica, la familiar o la emocional?

Para mí, siempre ha sido el amor. Se trata del amor en los años post película, en los que la película es una catarsis y destrozar unos cimientos que estaban armados, y algunos hasta mentira. Es desarmar, para después armar de nuevo, pero ahora con lo que realmente es. Es tirar todas las columnas y hacer la casa desde abajo. En el amor, se pasan por muchas etapas distintas, en las que la conquista no es ponerte guapo, decir una palabra bonita y oler bien; conquistas desde demostrar en que las personas pueden cambiar. Ha sido un proceso muy chulo, en el que he podido entender cosas que me pasaban en ese lugar y en ese momento, pero sobre todo, como cualquier artista, deseando que la emoción llegue, no sé si al pueblo, pero sí a quien le tenga que llegar. Muchas veces, por más historias que tengas que contar, si no hay música detrás, la emoción no es igual. 

Tras el lanzamiento de La guitarra flamenca de Yerai Cortés, ¿sientes alguna presión por presentar nuevos materiales? 

No es presión, pero sí que es tomar temperatura. Es revisar dónde estaba, qué proyecto he hecho y verlo como artista, porque al momento de sacar nuevas cosas, pues tiene que estar a la altura de lo anterior que hice. Te pones una especie de presión, un tipo de marca que establece un límite. Piensas si puedes estar mejor, si puede haber un cambio a la hora de escribir o tocar, pero no por demostrar el cambio, sino por ser fiel al cambio personal que he tenido, y que se nota en mi música. Esto altera todo lo que he vivido y el momento en el que estoy, y veo si realmente se está entendiendo. El trabajo ha sido quitar el maquillaje y dejarlo lo más cercano posible a cómo yo me encontraba a nivel personal, con todo lo que he aprendido: ser permisivo con los errores, con lo orgánico, lo ruidístico, lo natural y la vida. 

¿Cuál es el concepto visual para Popular?

Va dentro de un concepto que me gusta mucho. Yo siempre dije que era el pregonero, y me iba a convertir en el cancionero que pregona al pueblo las historias que me están pasando. El pregonero era el que se ponía al centro del pueblo y se ponía a leer las noticias, contaba quién se había muerto, el bar que se había abierto, el río que se había colapsado, etcétera. El pregonero, en la actualidad, es una persona que está rodeada de medios para que ahora te lleguen las noticias directamente las noticias al móvil. Nos fuimos a una rueda de prensa, y es ahí donde yo puedo contar mi historia, porque lo que yo quiero, es que llegue al pueblo. Todo lo visual va por ahí: yo llegando, me persiguen por la calle, la gente sabe lo que quiere, tengo que decir algo y aún así no quiero, pero tengo que hacerlo en la rueda de prensa, y ahí, es cuando inicia el disco. Es muy guay. 

¿En qué etapa artística crees que llega Popular? 

En la que estoy descubriendo facetas nuevas. Ahora tengo que tocar esto en directo, pero estoy acostumbrado a sentarme y tener que contarlo todo con los dedos, pero ahora no solo tengo esas seis cuerdas, sino tengo otras seis que son ellas contando y cantando la historia. Tengo que hacer menos para que llegue mucho más. Tengo que acompañarlas a ellas. Estar en esta posición es nueva, y me alegra un montón haberla descubierto porque es muy bonito. Es lindo estar en segundo plano, y aunque no es algo que esté haciendo, sí es algo que he provocado. Creo que es algo muy flamenco, del pueblo. Es la memoria colectiva de la que hemos hablado antes, y eso lo afianza mucho. 

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