Everybody Else Is Doing It, So Why Can’t We? es de esos álbumes que, pese a haber marcado a toda una generación con sus letras melancólicas y su sonido influenciado por el indie rock y el dream pop de los 90, ni siquiera sus propios creadores imaginaban el alcance que tendría. “Venimos de un pequeño pueblo de Irlanda donde esas cosas no sucedían, así que era como un cuento de hadas”, recordó Noel Hogan años después sobre el ascenso de The Cranberries, una banda que pasó de ensayar en pequeñas salas de Limerick a convertirse en uno de los nombres más representativos de la música alternativa de la década.
La historia comenzó en 1989, cuando los hermanos Noel y Mike Hogan, junto a Fergal Lawler, formaron una banda inicialmente llamada The Cranberry Saw Us. Poco después apareció Dolores O’Riordan, una joven cantante de apenas 18 años que llegó a una audición con una letra escrita por ella misma y una voz imposible de ignorar. Su entrada redefinió por completo el rumbo creativo del grupo con melodías más atmosféricas, letras más íntimas y emocionales, y un contraste entre fragilidad y fuerza que terminó convirtiéndose en el sello definitivo de la banda.
Tras llamar la atención de la prensa británica y firmar con Island Records, la agrupación comenzó a trabajar en lo que eventualmente sería su álbum debut. El proceso, sin embargo, estuvo lejos de ser sencillo. Las primeras sesiones de grabación no funcionaron como esperaban y la banda terminó replanteando gran parte del proyecto antes de encontrar en Stephen Street a la persona indicada para capturar el ambiente etéreo y emocional que terminaría definiendo el sonido del disco.
El resultado fue Everybody Else Is Doing It, So Why Can’t We?, un álbum que no solo convirtió canciones como ‘Linger’, ‘Dreams’ y ‘Sunday’ en clásicos instantáneos que perduraron en el tiempo, sino que también consolidó una identidad sonora completamente ajena a las tendencias de la época. Mientras gran parte de la industria perseguía sonidos cercanos a la electrónica para encajar en las modas del momento, The Cranberries apostó por construir un universo propio, uno íntimo, melancólico y profundamente humano que logró conectar con la juventud de la época, agobiada por un mundo convulsionado inmerso en guerras, injusticias e incertidumbre.
Hoy, a más de tres décadas de su lanzamiento original, ese universo sigue encontrando nuevas formas de expandirse, esta vez trayendo una edición deluxe especial por el aniversario número 33 del trabajo, que incluye nuevas mezclas estéreo realizadas por Street, material de archivo y versiones en español de ‘Linger’ y ‘Dreams’ junto a Bratty y ANASOF, dos reinterpretaciones que acercan el legado del disco a nuevas generaciones de oyentes latinoamericanos.
En conversación con ROLLING STONE en Español, Fergal Lawler, baterista y fundador del cuarteto de Limerick, habló sobre algunos detalles del material original, el proceso detrás de esta reedición, el impacto que el álbum sigue teniendo 33 años después y la manera en que la voz y el legado de Dolores continúan resonando tantos años después.

Para Lawler, gran parte de la esencia que terminó definiendo el álbum apareció justamente cuando la banda decidió detenerse y replantear todo el proceso creativo. “Estuvimos dos o tres semanas grabando y pensamos ‘esto no está funcionando para nada, no es lo que esperábamos’”, recuerda sobre aquellas primeras sesiones realizadas en Limerick junto al entonces mánager del grupo. Fue ahí cuando la banda tomó la decisión de buscar a alguien más para producir el disco y puso sobre la mesa un nombre que terminaría siendo fundamental para el sonido de The Cranberries: Stephen Street.
Tras una breve gira por Reino Unido, el grupo llegó a Windmill Lane Studios, en Dublín, para realizar una especie de “semana de prueba” junto a Street. Aunque ninguna de las partes había trabajado antes con la otra, la conexión fue inmediata. “Grabamos tres o cuatro canciones en ese tiempo y todo funcionó muy bien. Todo fluyó de manera muy natural”, explica el baterista. “Stephen era genial. Muy profesional, muy rápido, y toda la experiencia fue realmente disfrutable”.
Con el paso de los años, Lawler sigue recordando esas sesiones como uno de los momentos más especiales en la historia temprana de la banda. El estudio era pequeño, el clima acompañaba el ambiente cálido y esos cuatro jóvenes irlandeses junto al productor eran los únicos trabajando allí en ese momento. “Había una atmósfera fantástica”, recuerda. “Todos estábamos emocionados por finalmente estar grabando el álbum y trabajar con Stephen era divertido. De verdad disfrutamos muchísimo esa experiencia. Tengo recuerdos muy felices de esa época”.
Hoy, el baterista sigue viendo el álbum como una cápsula emocional capaz de transportarlo directamente a aquellos años. “Cada vez que escucho el disco vuelvo inmediatamente a esa época, a los 90, cuando lo grabamos y salimos de gira por primera vez con esas canciones”, explica. Sin embargo, reconoce que la relación de las nuevas generaciones con el proyecto es completamente distinta, especialmente porque muchos de los oyentes actuales ni siquiera habían nacido cuando salió originalmente.
Aun así, el baterista asegura que sigue sorprendiéndose con la manera en que canciones como ‘Sunday’ o ‘Pretty’ continúan conectando con nuevas audiencias alrededor del mundo. “Me vuela la cabeza. No puedo creer cómo estas canciones han resistido el paso del tiempo”, dice. Para él, gran parte de esa permanencia tiene que ver con que la banda nunca intentó perseguir tendencias sonoras ni acomodarse a lo que dictaba la industria. “Había gente diciéndonos que quizá debíamos probar ciertos sonidos porque eran lo que estaba de moda, pero nosotros siempre respondíamos ‘no, vamos a hacer lo nuestro’”.
Esa decisión, según Fergal, terminó convirtiéndose en uno de los elementos más importantes de la identidad del cuarteto. “Creo que justamente por eso nuestras canciones suenan a The Cranberries”, afirma. “Es la combinación de los cuatro miembros lo que crea ese sonido”. Incluso hoy, cuando intenta escuchar el álbum desde afuera, como si fuera simplemente otro oyente, siente que las canciones no han envejecido. “No suenan anticuadas. Todavía se sienten vigentes”, asegura, comparando esa sensación con la que experimenta al escuchar a The Doors: música que parece suspendida fuera del tiempo.
Esa honestidad y sencillez que terminó definiendo el sonido del disco también se trasladó a su identidad visual. Para la portada del álbum, la banda trabajó de cerca con Cally Callomon, entonces directora de arte de su disquera, revisando distintas referencias visuales antes de encontrar una idea que representara realmente quiénes eran en ese momento.
Entre esas referencias apareció With the Beatles, el icónico álbum de The Beatles donde los cuatro integrantes aparecen apenas iluminados sobre un fondo negro. “Nos gustaba mucho esa idea, algo sencillo, solo nosotros cuatro”, recuerda Lawler. Poco después, Callomon llevó el sofá que terminaría convirtiéndose en uno de los elementos más reconocibles de la estética temprana de The Cranberries.
“Hicimos algunas fotos y pensé ‘sí, esto está genial’”, cuenta. “Era algo muy natural, nada pretencioso. Simplemente ‘Aquí estamos. La música está dentro. Esperamos que la disfruten’”. Para el baterista, quizá esa fue precisamente la razón por la que la portada terminó funcionando tan bien con el paso del tiempo: porque nunca intentó convertirse en un gran manifiesto visual. “No estaba tratando de transmitir un mensaje complejo”, explica. “Era simplemente ‘esto somos nosotros’”.


Aunque la reedición llega 33 años después del lanzamiento original, Lawler deja claro que nunca la pensaron como “un nuevo proyecto” de The Cranberries. Para él, la banda dejó de existir como tal tras la muerte de Dolores en 2018. Sin embargo, eso no significa dejar atrás todo lo que construyeron juntos. “Obviamente queremos mantener vivo nuestro legado y seguir ofreciendo a los fans cosas que quizá nunca habían escuchado antes”, revela.
La idea de esta nueva edición surgió después de que Stephen Street trabajara en nuevas mezclas Dolby Atmos y versiones estéreo de Everybody Else Is Doing It, So Why Can’t We?. Cuando los integrantes escucharon el resultado, sintieron que aquel material merecía salir del archivo. “Pensamos ‘esto suena realmente bien, quizá deberíamos hacer algo con ello en lugar de dejarlo guardado en una estantería’”, recuerda Fergal.
“Creo que Stephen logró capturar algo muy particular. Es difícil de explicar. El espacio entre los instrumentos, la atmósfera, eso fue lo que consiguió plasmar. Trabajamos con distintas personas a lo largo de los años, pero nadie logró capturar eso de la forma en que lo hizo Stephen Street”, comenta sobre volver a trabajar con el productor. “Es como si, cuando los cuatro estábamos juntos en una habitación tocando, se creara un ambiente muy específico alrededor de nosotros, y Stephen consiguió atraparla y llevarla a la cinta. No sé cómo lo hizo. Tiene algo casi mágico”.
Pero más allá de la parte técnica o musical, el proceso de revisitar aquellas grabaciones tuvo también un peso profundamente emocional para el baterista. Escuchar demos antiguas, distintas tomas y conversaciones registradas en el estudio significó volver directamente a una época marcada por la cercanía entre los miembros. “En algunas grabaciones incluso se escucha a Dolores hablando entre toma y toma”, cuenta. “Es una sensación doble: por un lado hay felicidad, porque recuerdas cuando todo iba tan bien y todos estábamos felices; pero al mismo tiempo también aparece la tristeza, porque inevitablemente recuerdas que Dolores ya no está”.
Esa mezcla entre nostalgia y duelo terminó convirtiéndose también en una forma de reafirmar el impacto que O’Riordan sigue teniendo décadas después. Para Lawler, la reedición funciona tanto como una celebración del álbum original como una manera de mantener viva la memoria de la vocalista. “No quieres que alguien así sea olvidado; quieres que esa voz tan especial permanezca para siempre en la memoria de la gente”, afirma. Y agrega que, si nuevas generaciones descubren la música de la banda gracias a este tipo de lanzamientos, entonces “eso es algo fantástico”.

Uno de los aspectos más llamativos de esta reedición es la inclusión de nuevas versiones en español de ‘Linger’ y ‘Dreams’ junto a Bratty y ANASOF. Según Fergal, la idea surgió después de que varios artistas enviaran propuestas para reinterpretar canciones del álbum. La primera que escuchó fue la de Bratty, y hubo algo inmediato en ella que lo conectó con el espíritu original de la canción. “Me pareció muy inocente y dulce. Había algo en su voz, una inocencia muy bonita que creo que a Dolores le habría encantado”, explica.
Poco después llegó la versión de ANASOF para ‘Dreams’, otra reinterpretación que, según el baterista, logró mantener intacta la sensibilidad emocional del tema original. “Creo que logra rendir homenaje a la canción de una manera muy especial”, dice. Para Lawler, hay algo simbólico en que nuevas artistas latinoamericanas puedan dialogar con la música de The Cranberries décadas después. “Siento que a Dolores le habría encantado inspirar a artistas jóvenes de esta forma”.
En el caso de Bratty, la conexión con ‘Linger’ venía desde mucho antes de la reedición. “Creo que la escuché por primera vez cuando era niña, porque era una canción tan famosa que sonaba en todas partes. Incluso mis padres la escuchaban”, cuenta la artista mexicana. Cuando recibió la invitación para participar en el proyecto, asegura que la emoción fue inmediata: “Todavía no me lo creo. Una banda tan buena se puso en contacto conmigo y se interesó por conocerme. Es un verdadero honor para mí”.
Sin embargo, el momento más impactante para ella llegó durante el proceso de grabación, mientras escuchaba las voces originales de Dolores O’Riordan aisladas dentro de la sesión. “Escuchar la voz de Dolores me dio escalofríos y quise llorar”, recuerda. “Sentí que estaba en el estudio con ella. No sé cómo explicarlo, pero fue un momento realmente bonito para mí”.
En medio de una industria dominada por la inmediatez y el consumo acelerado, Fergal todavía cree que existe espacio para discos capaces de detener el tiempo por un momento. Para él, gran parte del valor de Everybody Else Is Doing It, So Why Can’t We? sigue estando precisamente en esa capacidad de invitar a una escucha más pausada, íntima y emocional.
“Espero que inspire a la gente a tomarse un momento, a salir un poco de toda esa prisa constante y del ritmo acelerado de la vida, para realmente detenerse en estas canciones, escucharlas con calma y relajarse un poco”, explica el baterista. Más que nostalgia, lo que Lawler espera que provoque esta reedición es una especie de refugio emocional, un espacio donde el oyente pueda desconectarse, aunque sea por unos minutos, del ruido cotidiano.
“Creo que siempre habrá un espacio para canciones emocionales como estas”, afirma. “Canciones capaces de llevarte a otro lugar, de sacarte por un momento de la realidad y permitirte entrar en un estado distinto”, una sensación que, según él, ha acompañado su propia relación con la música durante toda su vida. “No importa si estoy feliz, triste o emocionalmente agotado; siempre hay ciertas canciones que logran aliviar el dolor o hacerme sentir mejor”.

Puede que quizá la intención final detrás de esta nueva edición no solo sea revisitar un clásico, sino permitir que nuevas personas puedan habitarlo emocionalmente por primera vez. “Espero que la gente simplemente se deje conmover por el álbum”, concluye Lawler. “Que pueda apartarse un momento de la realidad, escucharlo con calma y, ojalá, sentirse transportada a otro lugar, conectando emocionalmente con la música”.
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Si de nombres icónicos dentro de la escena urbana se trata, Lenny Tavárez ocupa, sin duda, uno de los lugares más importantes. A lo largo de su trayectoria, el artista ha construido un legado respaldado por canciones que hoy forman parte de la cultura urbana y que, hasta el día de hoy, siguen siendo coreadas con la misma pasión por fanáticos que conectan con la nostalgia de aquellos primeros años en los que comenzaba a abrirse camino en la industria.
Ahora, con una carrera sólida y un lugar respetado dentro del género, Lenny demuestra que su esencia artística continúa evolucionando. Con la habilidad lírica, creativa y competitiva que lo caracteriza, ha sabido moverse entre distintos estilos musicales con total naturalidad, dejando claro que su ambición por seguir construyendo un legado y mantenerse vigente en la industria no ha hecho más que crecer con el paso de los años.
En esta entrevista con ROLLING STONE en Español, Lenny Tavárez nos habla sobre la historia detrás de su nuevo sencillo ‘Pa’ lo bonito’, recuerda los inicios de su carrera y mucho más. Lee a continuación todo lo que nos reveló:
Lenny, estás presentando tu nuevo sencillo ‘Pa lo bonito’. Cuéntame más de la historia detrás de esta nueva canción.
Mira, la realidad de ‘Pa’ lo bonito’ es que empezó como una idea de hacer una canción para juntar a Chayanne y Ricky Martin. Empezamos a coquetear con la canción para ver qué les podría gustar y la grabaran, así uno invitara al otro. Algo nuevo para la industria musical. Pero esta es la primera canción que hice para otro artista y no la pude soltar porque me enamoré de ella. Inició como una cumbia, pero terminó en las manos y producción de Sergio George y con una salsa. Es la tercera salsa que hago en mi carrera. Básicamente esta es la historia de ‘Pa’ lo bonito’: cómo se compuso, para quién y cómo terminó en mis manos.
Me resulta interesante que es la primera vez que no puedes soltar una canción que iba para alguien más.
Siempre que compongo canciones para otros artistas, hasta este momento, había tenido la habilidad de poder desatarme y aceptar que no era para mí. Sabía que eran para otros artistas, pero con esta no pude. Me tenía que quedar con ella. Pasó de ser una combia a salsa y ya.
El tema gira sobre el eje musical de la salsa, ¿qué es lo que más disfrutas de este género?
La salsa tiene algo bien peculiar: es bien difícil de hacer sin instrumentación en vivo. Creo que de lo más rico que tiene la salsa es cuando se hace cuando se tiene los instrumentos en vivo. Producir una salsa tiene otra energía porque es distinta a otros géneros. La salsa te hace bailar, te pone feliz y carga otra energía a comparación del reggaetón, trap o R&B. Tiene una energía muy tropical y de gozadera. ‘Pa’ lo bonito’ no es la excepción, y creo que es la mejor salsa que he hecho y producido, hasta el momento. Sabiendo que la salsa lleva 50 o 60 años siendo un género mundial, la hice con la responsabilidad de que marcara un antes y un después en la nueva generación que todavía no están tan familiarizados con la salsa. Quería que fuese un canal de un género con el que crecí, aunque no lo practico todo el tiempo y soy reggaetonero. Creo que la salsa la llevo en la sangre. Sergio George me ha tratado de persuadir para que haga un álbum completo de salsa porque cree que al género le hace falta un Lenny Tavárez, y no sé, tal vez lo está logrando.
¿Qué crees que la salsa te permite expresar lo que en otros géneros no puedes?
Para que la salsa realmente fluya, tiene que haber energía de parte del artista, desde la voz hasta la interpretación. Honestamente, a nivel de composición y de cómo me expreso, hay algo en el reggaetón que se llama chantear y rapear, pero en la salsa se llama sonear, y eso es una particularidad que considero la más urbana que tiene el género. Viene cuando repites el coro y de momento el artista empieza a tirar como si estuviese improvisando detrás del coro. Es una parte muy divertida que no hago en otro género que no sea la salsa. Sonear se llama.
Al trabajar en otros géneros planteas tu versatilidad artística, ¿qué otros géneros te gustaría experimentar que no estén en tu catálogo musical?
Me gustaría mucho hacer una cumbia. Esta canción la pensé en cumbia primero. La cumbia tiene algo muy rico que combina muy bien con el reggaetón y que no me aleja tanto. La cumbia tiene su lado divertido y party. Hay muchos países que aceptan la cumbia como diversión. Además de la salsa, hacer cumbia sería algo cool de regalarle a mis fanáticos.
Además, estamos viviendo en una era donde se están rompiendo las barreras entre géneros. Ya ningún artista se quiere encasillar.
La razón por la cual yo decidí hace 16 años ser artista urbano, era precisamente porque vi la oportunidad de ser versátil. Soy un artista a quien le gusta la salsa, el merengue, la balada, el pop y diferentes tipos de géneros. Cuando escogí el género urbano, no me veía haciendo un solo tipo de música, y lo vengo pensando hace 16 años. Yo quería ser un artista que, cuando quisiera hacer otro género, lo pudiera hacer con libertad y nada me pudiera limitar. El género urbano, en ese momento, me lo permitía. Para mí, la música lleva siendo por muchos años lo que es ahora. No hay géneros, desde que empecé a cantar. Nunca me enfoqué en un solo género musical.

Aún cuando incursionas en otros géneros, vemos a un Lenny inigualable en el reggaetón, ¿qué sientes al trabajar en este género que en otros no? ¿Crees que el reggaetón es el sonido en el que te sientes más cómodo?
Quizá sea el género en el que me he destacado más para el público. Pienso que he hecho dentro del reggaetón que han sido bastantes únicas, ya sea por la manera en las que digo las cosas, los intros que escribo o las melodías que escojo. Hay una libertad que yo tengo dentro del trap y reggaetón que no lo siento tanto en otros estilos como la salsa, el merengue o el pop. Cada que elijo uno de estos estilos musicales para escribir, sacan mi lado más maduro y pop. Trato de ser lo menos explícito que puedo ser. Con el reggaetón, siempre me lleva a expresarme exactamente como me siento y sin pensarlo mucho. Yo lo llamo poesía urbana, que son frases calle, pero que suenen a poesía. Un ejemplo: ‘Te invito a comer, el amor me queda riquísimo’.
Hablando de eso, ¿cómo crees que ha ido cambiando el género?
Yo incursioné en el género en un momento donde estaban censurando a Tego Calderón en República Dominicana por una canción que no hablaba ni mal, pero no podías decir casi nada porque la radio no te iba a tocar. Sin embargo, esa era nuestra única manera, o el famoso pirateo, de enseñar tu música o expresarte. Ha cambiado en todo el género. Yo inicié cuando no existía Instagram y no podías promocionarte por ahí; YouTube tampoco existía, de hecho creo que estaba comenzando. Tampoco estaba TikTok y la palabra ‘viralización’ no existía. No había medios para hacerte viral. Yo comencé en la música en un momento donde tenías que pensar cada paso que dabas, y tenías que pensarlo muy bien porque no ibas a dar otro por lo menos en dos o tres meses. No podías lanzar una canción por semana. No había cómo equivocarte, no había oportunidades para hacerlo. Tu carrera casi que tenía que ser perfecta. Había cambiado un 90% desde que la conocí: cómo se mercadea, por dónde, cuánto vale, cómo se graba, cómo se ejecuta. Para bien o para mal, ha cambiado mucho.
¿Qué es lo que más extrañas?
Extraño lo místico de la carrera de un artista. Cuando yo comencé, el artista era el que no era humano. Se salía de todo lo que uno creía que un humano podía ser. Se pensaba que el artista era como un extraterrestre. El artista era alguien que tú solo veías en la televisión, no se vestía como una persona normal, no enseñaba a su familia y no hacía nada normal. Todas las redes sociales hicieron que la conexión y la importancia de un artista desapareciera un poco. Ahora, el artista es más humano. Antes, era el menos humano, y hoy, es el más humano. Tiene que enseñar que puede conectar con los fanáticos, los demás pueden comentar en sus fotos y mantener una plática con los fanáticos. Extraño lo místico que podían ser las cosas. Hay una palabra que no es mística…
¿La privacidad?
Exactamente. Extraño mucho la privacidad. Pienso bien diferente a cómo pensaba antes. Antes, si no posteabas dos días era perfecto, pero ahora la gente quiere saberlo todo, y si no lo sabe, te conviertes en un arrogante porque tienes que enseñarlo. Te ponen en una posición rara con los fanáticos.
El término de figura pública se vive en un extremo…
Se convirtió en súper pública. Antes eras una estrella porque eras inalcanzable, por eso el término ‘estrella’, y no es porque brilla, porque sino serías el sol. Ahora hay figuras públicas alcanzables.
No creí que esto fuera lo que más extrañaras…
Yo siempre he trabajado durísimo. Antes, para promocionar música tenía que viajar a los países. Hoy, yo hago un TikTok, me voy viral y me conoce el mundo entero. Todo es mucho más fácil. Esto hace que cualquiera que tenga un teléfono y una cuenta de TikTok compita contigo en esa viralización de ese día y momento.

Claro. Cualquiera se puede volver viral en dos segundos.
No tienes que tener una buena canción ni una colaboración con Sergio George. Puede ser la primera vez que haces algo o una estupidez, y compites conmigo, que hago arte. Extraño no competir con la estupidez y mediocridad.
Aún cuando no existía la viralización, hiciste temas que quedaron para la historia del género como ‘Toda Remix’, ‘La forma en que me mira’, ‘Percocet Remix’, entre otras. Esto habla del impacto de tu legado en la escena.
Esos momentos son los que me dejaron saber que estábamos haciendo las cosas bien, que debíamos seguir trabajando con la misma ética y mentalidad. Nosotros solo nos enfocamos en sacar la mejor música. Los fanáticos que siguen la música, y que les gusta la buena música, honraron ese momento. Me enseñó mucho ese espacio de ‘Toda Remix’, que no se trataba de hacer música con el más pegado. Yo recuerdo que para ese tiempo, mi disquera, que era independiente, no quería que hiciera un tema con Rauw Alejandro, Cazzu, Alex Rose y Lyanno porque estaban empezando. Mi equipo de trabajo no los conocía. Yo venía de hacer un tema con Farruko. Me preguntaban por qué quería hacer ese tema si era un remix, que mejor hiciera una canción con Arcángel. Pero yo decía que no porque se trataba de una nueva generación que estaba por crecer y crecer. Le aposté a la nueva generación: Rauw, Lyanno, Paulo Londra, Alex Rose, The Avengers, entre otros. Nos salió bien. Siempre digo que la buena música va a ganar y tener su espacio. Siempre llegarán fanáticos fieles que no dependan de la viralización, sino de la buena música. No estarán buscando lo más hot del momento, sino música que no tengan por sacar de las playlist.
Sin esa visión, no tendríamos temas para la cultura.
Amén.
Hablamos del género, ahora háblame de ti. ¿Qué es lo que más has cambiado a nivel artístico con el pasar de los años?
La realidad es que me ha tocado vivir muchos procesos distintos. Para lograr mis sueños de la música, me he basado en lo que me ha funcionado a mí, no a otros artistas: me he mudado cinco veces a cinco países distintos, pasé por un divorcio, tengo dos hijos con mi nueva pareja, he tenido tres manejadores porque muchos de ellos no han podido hacer mucho por mí. Todas esas cosas me han ayudado a madurar a un nivel en donde soy independiente y tengo mi disquera. Soy dueño de mi música y de mis decisiones: dónde me quiero presentar y para quién me quiero presentar. Mi evolución ha sido conocer el 200% de lo que es mi carrera musical, sobre lo que se trata el negocio para en algún punto poder retirarme dignamente. Quiero ser parte de ese 2% que se retira haciendo lo que ama y sin tener que pensar en otra cosa. Antes era un niñito soñador que lo que quería era cantar, pero hoy soy un empresario que maneja su propia carrera. Tengo una filosofía: ser 1% mejor de lo que eras ayer. En 100 días, tú ya te convertiste en otra persona. Destaca en mi evolución ese código de vida: ser mejor en 1%, pero todos los días, como papá, compositor, artista, con mis fanáticos y legado. Quiero dejarle saber a mis fanáticos, con menos miedo, lo que realmente siento. Quiero componer mucho más desde el corazón. Quiero dejar enseñanza en mis canciones. Tengo el cielo y el infierno musicalmente hablando.
Claro, fidelidad a tus ideales porque es un compromiso contigo mismo.
Exacto. No quiero fallarme. Quiero ser más de palabra y cumplir algo si lo digo. Quiero ser lo que la industria necesita.
Justo quería preguntarte: ¿cuál es la huella que deseas dejar en el género urbano? Pero creo que ya me lo has contestado.
Quisiera que la gente entendiera que no hay que ser perfectos. Se puede, con el hambre de todos los días, ser la mejor versión de ti. El resto le toca al público. Solo te puedes encargar de ti y de superarte. En mi caso, quiero que la gente sepa que fui un gran compositor, un tipo que nunca se quitó y que dio lo mejor que pudo. Quiero quedar como uno de los artistas más entretenidos y versátiles de mi generación.
¿En qué etapa de tu carrera te encuentras?
Es raro, pero siento que estoy empezando. Yo tengo un problema, y es que a mí no me gusta recordar lo que hice. Yo archivo mis logros, entonces cada vez que me levanto, lo hago con el hambre de que no he hecho nada. Siento que no tengo ni un dólar y no sé que comeré en el día. He visto otros artistas retirarse, y lo primero que pierden es el hambre de lograr cosas porque ya tienen lo que quieren: los carros, casas, ropa y familia. Yo, a nivel creativo con la música, todo el tiempo me siento como que no he logrado nada. Siento que falta y falta y falta y falta. Ahora mismo estoy disfrutando esos procesos. Ese Lenny con hambre de seguir escribiendo lo estoy aprovechando y me lo estoy montando encima. Quiero ver todo lo que tiene que dar porque sé que eso es musa, pero la musa se acaba y no quiero que se acabe. Vivo todos los días alimentando a la musa para ver hasta dónde podemos llegar. Siento que estoy en un momento maduro. Estoy listo para sembrar lo mejor del futuro. Ahora mismo tengo la mejor semilla.
Tenemos Lenny Tavárez por un rato.
Hasta que las canas me den.
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La clave de Ayer dijiste mañana, el flamante álbum de Balta, está en una charla que tuvo con Jorge Drexler en 2022. “Vengo con este proyecto en la cabeza hace tiempo”, le cuenta el artista uruguayo de 25 años a Rolling Stone. “Esa conversación con Jorge despertó un poco el bichito creativo. En ese momento, me mandó a hacer un ejercicio de reducción del sonido candombero, de la clave. Es decir, como una especie de funky carioca pero con nuestro sonido. Y a través de eso, me puse a pensar: ‘¿Cuál es el sonido nuevo afrouruguayo?’ Porque grandes íconos culturales, desde [Rubén] Rada, Jorginho Gularte, Eduardo Da Luz, Chabela Ramirez, nos inspiran y le dan identidad al Uruguay Afro, pero también hay nuevas generaciones que llegan con una impronta distinta. Creo que el intento de Ayer dijiste mañana es traer a la mesa una conversación de ese tipo, de redefinición cultural. Somos Rada, y Jorginho, pero sonamos un poco más así. O, bueno, por lo menos yo confío en este sonido, luego de tanto tiempo de convivir con amigos, colegas, artistas de la nueva generación. Escuchamos a Cheché Santos, pero también escuchamos a Kendrick Lamar, a Bruno Mars, a Bad Bunny. Confío siempre en lo que el mañana trae, pero, hay que empezar por el hoy, por hacer. El título del disco tiene que ver con eso, con honrar y transformar, creo que invoca una manera llamativa de decir hoy, sin decirlo. El ayer siempre está diciendo el mañana, el movimiento hace a la vida”.
Drexler no sólo lo convocó para producir su álbum. “Desde Hugo Fattoruso no hay un instrumentista de esa magnitud dentro del área de la composición y de la canción”, declaró en una reciente entrevista con Rolling Stone.

Este jueves, a las 21, Balta presenta Ayer dijiste mañana en La Tangente, la coqueta sala del barrio porteño de Palermo (entradas acá). “Tocar en Buenos Aires debe ser de las cosas que más respeto me dan: son un público increíble, y una ciudad muy grande. Estoy desacostumbrado a esas velocidades; soy muy montevideano, salgo a caminar por la paz de barrio Sur y Palermo, los tambores y el mate, me gusta el silencio. Ir a tocar a Buenos Aires es un poco una trompada, en el mejor de los sentidos: me renueva, me enfoca, me pone un espejo adelante y me hace verme más, prestarme más atención, juzgar mi rendimiento. Estoy enfocado, estudiando, metiendo lo máximo de mi con el proyecto, las canciones y la musicalidad, voy por primera vez con banda, mis músicos, que vienen conmigo hace un tiempo creando este nuevo sonido acá en Montevideo, o intentando entender entre todos hacia dónde vamos. Estoy muy entusiasmado, siento que tenemos muchas cosas para decir, y bueno, ojalá Buenos Aires nos quiera escuchar por el rato que me quede de cantar en este plano. Estoy muy emocionado de ir, y creo que me pasará asi toda la vida”.
El disco arranca con “Carne y hueso”, un arrebato jazzístico que recuerda al saxofonista Kamasi Washington y la West Coast Get Down, ¿Fue una referencia ese sonido?
Kamasi es una referencia en mi vida, tanto musical como espiritual. The Epic es un disco que escuché muchísimo cuando descubría ese sonido, lo conocí más o menos al mismo tiempo que a [John] Coltrane y Miles [Davis]. También hay un guiño melódico a “The Eye of the hurricane” de Herbie Hancock, que es mi pianista favorito. Una de las temáticas más grandes del disco es la libertad, espiritual y económica, y cómo es una contradicción muchísimas veces para el artista ambas cosas, o por lo menos para los artistas de este país, que la mayoría nunca vivieron de hacer arte honesta y de elevar su espíritu. “Carne y Hueso” es mi intento de búsqueda más magra del sonido de Barrio Sur actual, más libre. Jazz, rap, candombe, Chabela, y la primera palabra del disco que es “¿Libertad?”, una pregunta, luego Chabela da su impronta sobre lo que para ella significa eso mismo. Fue una búsqueda, generar ese portal real de identidad en este nuevo camino musical que tomo, dónde sea que vaya, lo primero que pasa es mi crianza, mi gente, mi casa.
En esa canción, tu flow no es el de un rapero (o trapero) convencional: tiene un swing jazzístico, como si fuera una especie de scat, pero rapeado, ¿De dónde viene eso?
En el rapeo me inspiré muchísimo en dos raperos, en Kase.O, su disco Jazz Magnetism tiene canciones como “En 2 minutos” o cualquiera de ese disco, que me fascinan, y luego en Kendrick Lamar, es de mis artistas favoritos, te diría top 3 indiscutible. Creo que la métrica, el ritmo, el acento, asi como al tambor, el acento cambia la historia, las mayúsculas rítmicas, es una discriminación necesaria para contar una historia. Intenté eso, que no sea plano, creo que el disco entero lucha un poco en contra de lo plano, creo que hay bastantes dinámicas.
A lo largo del disco, aparece la legendaria cantora y activista Chabela Ramírez en plan spoken word, ¿Cómo definirás tu vínculo con ella?
Chabe es mi vecina, por suerte. Pero además es una de las caras más importantes de la cultura, una activista que es un símbolo de lucha y de gestión cultural. La admiro como hacedora, como observadora, aprendo mucho de ella, veo sus entrevistas e intento convidar a mi grupo de amigos con temas como los que ella habla, que en Uruguay son muy poco comunes, un poco mala palabra en general. Hablar sobre libertad, dignidad, plata, sobre cómo se disolvió la esclavitud en Uruguay, sobre identidad y razón. Chabela es nuestra tía, nos marca el camino, siempre hay que escucharla. Los tambores se tocan por algo.
Sos un enlazador de mundos: entre el swing candombero, el groove funkero y el flow trapero, ¿De dónde viene esa búsqueda?
Creo que no es una búsqueda, creo que es la música con la que me crié, me gusta mucho escuchar música, mis papás son cantores, músicos, escritores, mi madre actriz, ambos escribían espectáculos carnavaleros y los vendían a comparsas, mamá teatro independiente. Y yo siempre crecí estudiando, piano, trompeta, armonía, pero a su vez haciendo carnaval, tocando y cantando candombe. A su vez freestyleando con mis amigos, rapeando, haciendo beats, mi primera época de producción era de samplear, lo único que hacía era samplear, tocaba en la Orquesta Juvenil Del Sodre, escuchaba algún pasaje de cuerdas de algún movimiento sinfónico y corría a mi casa a samplear, ponerle unos drums traperos o de boombap, desde muy chico escuchaba reggaeton y rap anglo, Eminem, DRE, 50 Cent. Luego fui conociendo más raperos, pero escucho muchísima música de ese estilo. Intento serle fiel a la música que me gusta. Mi papá me educó con mucha música brasilera, y con Stevie Wonder, Michael Jackson, Ruben Blades. Y mi vieja educó mucho mi primera época compositiva, escuchaba mucho a Mercedes Sosa, León Gieco, zamba y tango. Creo que la decisión de “trapearla” más tiene que ver con que fue una música con la que me enamoré de mi generación, la que escucho con mis amigos y amigas. No sabría decirte, todo lo que hago lo hago por amor.
Jorge Drexler te convocó para producir Taracá, y fuiste muy importante, incluso en darle un sentido del nombre del álbum. ¿Cómo fue esa experiencia? ¿Qué aprendiste de Jorge?
Jorge es un artista superlativo, un compositor de oro, además de una persona generosa con su trabajo y con los espacios. Que me haya invitado a trabajar con él, es un cuento surrealista que le cuento a mis amistades. Aprendí y aprendo mucho de ese proceso, todos estamos aprendiendo cómo hacer el disco que toca en el momento, pero Jorge dispone de herramientas que su experiencia e inteligencia le ponen a mano, y sabe utilizarlas a su favor. Y lo más importante, en mi opinión, es que sabe decir que no, sabe decir que no puede tal cosa, o que no quiere gastar energía intentando tal otra. Es humilde, eso lo hace un grande, y es lo que más aprendí de trabajar con él. A veces pareciera que tiene un campo infinito de herramientas, supongo que eso es porque sabe contar con la gente, sabe traer luz y abrir ventanas, fue un proceso que me hizo respetarlo y agarrarle mucho cariño a él como persona, es realmente un maestro en su arte. El peso que agrega la percepción de “éxito” en la balanza de lo que hace el, y que muchos queremos hacer para nuestras vidas, es tan gigantesco que muchas veces te paraliza. Supongo que venció ese parálisis entendiendo que lo mejor que puede hacer es aprender, y bueno, eso nos enseña a nosotros, que hay que seguir aprendiendo. Siempre le agradezco por lo que hizo, le cambió la vida a mucha gente.
Jorge también participa en Ayer dijiste mañana. La canción se llama “Con Quién??”, ¿Sentís que dialoga con Taracá?
“Con Quién??” es una canción que salió de Tadu Vazquez, Jorge y yo, es decir, los tres que trabajamos en la primera instancia de Taracá, a través de un ejercicio con una idea musical de To Brandileone. Tadu propuso el Beat para el disco de Jorge, pero terminó quedando afuera. Como no se usó, yo le pedí a Tadu ese beat para hacerle algunas modificaciones y terminar usándolo. Hasta ese momento iba a ir así, pero Jorge me escribió porque quería participar del disco y como andaba en Uruguay por un trabajo visual para Taracá, terminó pasando. Creo que es un diálogo directo con el trabajo que venimos haciendo, y creo que también dialoga con obras anteriores que yo hice para otros discos, que también fueron inspiradas a través de este bichito creador que trajo a la mesa Jorge, sobre la reducción de la clave candombera. Un círculo cerrado, ¿se dice así?
La escena musical montevideana siempre es estimulante, ¿a quiénes reconocés como referentes y con qué contemporáneos sentís más afinidad?
Montevideo es interminable, está cada vez más afilada, aparecen nuevas áreas a pesar del límite poblacional con el que va a la guerra. Nuestros próceres que siguen vigentes, Rada, Fatto, Jaime, No Te Va Gustar, pero pasan cosas nuevas hermosas, desde un Knak y Zeballos representando una escena local del hip-hop, hasta nuevos exponentes de la canción como Isabel Lenoir y Sofia Alvez. Gente que se anima al pop uruguayo como Rodrigo Alvez, y proyectos como Nair Mirabrat que te dejan sorprendido semanas si los ves en vivo. Ni que hablar con el nacimiento de La Rueda de Candombe que trajo una correntada de pasión candombera necesaria, celebro eso como un gol de Uruguay en la hora. Mi artista favorito de la historia uruguaya es Rubén Rada, creo que para mi con cierta diferencia, le gana al Fatto [Hugo Fattoruso] en mi top más por lo emocional, pero ambos son íconos irrepetibles de nuestra historia. Faros eternos.
Bueno, Rubén Rada también participa del álbum en “Desde el corazón”, el candombe que cierra el disco.¿Qué representa Rada para vos? ¿Cómo tomás que muchos te señalen como tu sucesor?
Rubén Rada es un punto de la historia irrepetible, un punto álgido de expresión artística. Nunca en la vida, nadie, va a poder darle a Uruguay lo que él le dio, lo que le da a los jóvenes afro como yo y mis amigas y amigos. Un sentido de identidad, de relevancia cultural, de llevar el tambor a dónde sea con él. Lo admiro muchísimo, por su obra y su historia personal. Escucho la canción y lloro, cada vez que la escucho, es como si me hubiera pasado “Vida 1” y empezara a jugar “Vida 2”, ¿viste? Esa sensación de misión cumplida. Varias personas me toman como su sucesor, o me dicen que me ven así. Yo no veo eso, veo que su obra plantó una semilla de la que germina toda la cultura afrouruguaya, inventó cosas que muchos de nosotros y nosotras continuamos, Funk, candombe, rock, jazz, el gupo Totem, canciones indiscutibles del real book uruguayo que canta todo el país. Rada es mucho más que una proyección artística o una línea, es el embajador de la música uruguaya, es y será siempre el mejor de todos nosotros.
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Con Norteña, Julieta Venegas presenta un proyecto que se siente muy personal y celebratorio. El lanzamiento engloba un nuevo álbum de estudio y su primer libro, Norteña. Memorias del comienzo, dos obras que dialogan entre sí, de manera natural y desde distintos lenguajes, para reconstruir el origen de su relación con la música, su familia y su ciudad de origen: Tijuana. El libro es una especie de “precuela” de Julieta Venegas, pues explora la relación con la música que le inculcó su crianza, y termina justo antes de que lanzara su primer álbum.
Aunque ambos proyectos dialogan constantemente entre sí, la artista aclara que nunca quiso que dependieran uno del otro. “Para mí era importante que pudieras escuchar el disco sin necesidad de leer el libro, y viceversa”, explica. Sin embargo, el proceso creativo sí estuvo conectado emocionalmente desde el principio. Mientras escribía canciones inspiradas en el norte de México y en la música con la que creció, también comenzó a reconstruir escenas de su infancia, fotografías familiares y preguntas personales que terminaron convirtiéndose en el libro.
“No nació tanto de la nostalgia, es más como memoria”, cuenta Venegas a ROLLING STONE en Español. “Sentí que empecé a hacer mi propio universo, como mi lugar feliz: esta inmersión en lecturas que tienen que ver con Baja California, imaginar paisajes y todo eso”.

Ese proceso terminó expandiéndose hacia distintos formatos al mismo tiempo. Mientras escribía canciones, también comenzó a revisar recuerdos familiares, fotografías y escenas de su infancia que terminaron dando forma a Norteña. Memorias del comienzo. Julieta no quería hacer una autobiografía convencional, sino una exploración de cómo nació su vínculo con la música y de las experiencias que moldearon su identidad para convertirse en la artista celebrada que es hoy. “Mi relación con la música no empezó cuando tomé clases de piano, sino antes: en la manera en que mi familia escucha música, en el espacio que se crea cuando estamos escuchando algo juntos. En realidad tiene más que ver con la felicidad de estar con tu familia”, explica la cantante.
La relación familiar con la música de la que habla ocupa un lugar central tanto en el libro como en el disco. Venegas recuerda que en su casa nunca existió una visión solemne o elitista sobre qué debía escucharse. “Creo que podría empezar diciendo que la relación con la música que me inculcaron era antisolemne”, dice. “Nunca existió esta idea de ‘tienes que escuchar cierto tipo de música’ o ‘¿cómo no has escuchado este grupo?’. En mi familia jamás existió ese diálogo”. Más bien, la música acompañaba momentos específicos de su vida cotidiana, como viajes en carretera, trayectos rumbo a la escuela o reuniones familiares. “La música siempre tenía sentido dentro del momento que estábamos viviendo”, explica.
Para el álbum, Venegas mezcló su ya característico estilo con sonidos provenientes del norte de México, esa región que tanta buena música nos ha dejado. “Esta es mi versión de la música norteña; no es música norteña tradicional para nada, es más bien una interpretación mía”, asegura Venegas.
Norteña toma elementos del regional mexicano y los lleva al universo de Julieta Venegas sin intentar hacer un disco tradicional del género. Hay guitarras acústicas, requintos y estructuras muy ligadas a la música con la que creció en Tijuana, pero todo pasa por su propia sensibilidad y forma de escribir.

El proyecto también se convirtió en una oportunidad para revisar aspectos personales que nunca había compartido públicamente. Venegas admite que escribir el libro implicó enfrentarse al pudor y a ciertas presiones sociales que marcaron su crecimiento como mujer en Tijuana. “Tuve que hacer mucha terapia antes de hacerlo”, dice. “La palabra escrita siempre ha sido algo muy privado para mí”.
En el libro, la cantante revisita una etapa previa a su primer disco y reflexiona sobre las expectativas que existían alrededor de la vida familiar y el papel de las mujeres de su generación. “Escribir esto me ayudó a darme cuenta de cuánto me pesaba y también a liberarme un poco de eso”, cuenta.
Uno de los temas centrales de Norteña es Tijuana, ciudad que Venegas revisita desde la memoria y lejos de los estereotipos que históricamente la han rodeado. En canciones como ‘Leyendas de Tijuana’, la artista juega con el imaginario construido alrededor de la frontera, desde su glamour histórico hasta la mirada tergiversada que muchas veces llega desde nuestros vecinos del norte.
“Es una canción de amor a Tijuana”, explica. “Mi relación con Tijuana va por otro lado; es algo mucho más emocional”. Ese vínculo también está conectado con su familia y particularmente con su padre, fotógrafo tijuanense que le transmitió su amor por la ciudad.
La dimensión fronteriza del proyecto también aparece en ‘La Línea’, la colaboración con Yahritza y Su Esencia donde Julieta Venegas aborda uno de los temas que más han atravesado históricamente a Tijuana: la migración. Más que construir una canción política o de denuncia directa, Venegas decidió enfocarse en la dimensión humana detrás de quienes cruzan la frontera y viven procesos de separación, incertidumbre y desplazamiento.
“Toda la vida crecimos viendo a los migrantes en Tijuana”, explica. La artista recuerda que la presencia migrante siempre formó parte del paisaje cotidiano de la ciudad, mucho antes de que la crisis fronteriza reciente intensificara la conversación pública alrededor del tema. “Esa búsqueda, ese ir y venir, siempre ha existido”, cuenta.
Por eso, al escribir ‘La Línea’, quiso alejarse de discursos abstractos o cifras impersonales para centrarse en las emociones que atraviesan esas historias. “Traté de expresar algo que fuera más por ahí”, dice sobre la canción. “Porque, al final, los migrantes son personas, familias; cada historia es completamente distinta. No son solo números”.

La elección de Yahritza y Su Esencia también termina reforzando esa idea de identidad fronteriza y bicultural que atraviesa todo Norteña. Al igual que Julieta, el grupo ha construido gran parte de su música desde una experiencia marcada por el cruce constante entre México y Estados Unidos, algo que encaja naturalmente con el universo emocional y territorial que plantea el disco.
El álbum incluye además colaboraciones con Natalia Lafourcade, El David Aguilar, Bronco y Ruzzi, quienes ayudaron a construir el universo sonoro del proyecto. Venegas explica que gran parte del equipo creativo compartía una relación natural con la música norteña por haber crecido rodeados de esos sonidos. “Yo quería norteños”, dice sobre el grupo de músicos y productores que reunió para desarrollar el disco. “Me gustaba la idea de encontrar un sonido que no fuera necesariamente tradicional, pero sí algo que todos trajéramos de forma natural por haber crecido escuchando música norteña en nuestras casas”.
Norteña representa para Julieta Venegas una experiencia completa de reconstrucción personal y artística. Al final de la charla, Venegas asegura que no siente esa ansiedad que a menudo acompaña sus lanzamientos. “Siempre que voy a sacar un disco estoy como de ‘ya, que salga’, pero ahorita me siento muy contenta de que salga porque ya lo viví”, afirma. “Siento que todo este proceso fue una experiencia en sí misma para mí”.
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En los noventa, mientras los gustos y las melodías se debatían entre el grunge importado y el pop de fórmula, en Concepción, bien al sur de Chile, cuatro amigos se juntaron con un contrabajo, guitarras y letras para hacer canciones contestatarias y rockeras, con toques de rockabilly y sin olvidar la música primaria de su país, la cueca.
Los Tres fueron una anomalía en el Chile de los noventa. Su música no sonaba como lo que dominaba las radios en ese momento. A lo largo de los nueve años que compartieron sus cuatro miembros fundadores, el grupo mutó, se expandió y dejó una huella imborrable: en ese corto período publicaron cinco discos fundamentales del rock chileno –Los Tres (1991), Se remata el siglo (1993), La espada & la pared (1995), Fome (1997) y La sangre en el cuerpo (1999)–, tres de los cuales figuran en el ranking de Los 50 mejores discos chilenos según Rolling Stone, publicado en 2008. También grabaron el primer MTV Unplugged de una banda chilena, en 1996, antes de implosionar a fines de la década.
Durante años hubo intentos sueltos de volver, discos nuevos (con algunos miembros originales), proyectos por separado. Pero la magia no reaparecía… hasta que en octubre de 2023, un simple posteo en el Instagram de la banda, con solo cuatro nombres –“Álvaro, Titae, Ángel & Pancho”–, marcó el regreso más esperado del rock chileno. Desde entonces, todo se aceleró: giraron por todo Chile (y por varias ciudades de México), editaron Revuelta –un disco en vivo registrado en 2024–, anunciaron un show aniversario en Santiago para celebrar los 30 años de La espada & la pared, y grabaron en Abbey Road un nuevo álbum, XCLNT (pronunciado “Excelente”), lanzado el 10 de abril, el primero con los cuatro originales en más de 25 años.
Desde Santiago,Ángel Parra, guitarrista de Los Tres, habló con Rolling Stone sobre la reunión, la historia del grupo, su vínculo con Buenos Aires (y con Luis Alberto Spinetta) y lo que viene.
El disco Revuelta suena poderoso. ¿Cuál fue la sensación de volver a estar juntos después de tanto tiempo?
La verdad es que estoy muy contento. Hay una evolución en la manera de ejecutar las canciones de cada uno, por todo el tiempo que ha pasado, pero la máquina rítmica, instrumental y lírica sigue estando presente. El amor por las canciones, el respeto entre nosotros y la sincronía entre el contrabajo y la batería siguen siendo algo increíble. El sentido del humor también es superimportante en el grupo. Creo que nos estamos reencontrando con todo eso, y resulta muy interesante y entretenido, sobre todo con el apoyo de un público tremendo que nos entrega un cariño increíble.
Ya no es la misma generación que los vio hace tantos años. ¿Cómo se siente encontrarse con un público nuevo?
La gente ha tenido tiempo de ir escuchando y aprendiendo la historia del grupo a través de plataformas digitales, de CD o de casetes, que en algún momento circulaban. Han pasado veinticinco años y me doy cuenta por mis hijas que tienen cariño y fanatismo por las canciones. Me imagino que con el público pasa lo mismo: los mayores, los que nacieron en los sesenta o setenta, les transmitieron a sus hijos también esas canciones.
Entre el primer disco, Los Tres (1991), y el segundo, Se remata el siglo (1993), hay una evolución enorme. ¿Cómo ves hoy esa transición?
El repertorio de Los Tres es vasto. Cuando tenemos que hacer una lista de temas, nos damos cuenta de eso. Para un escenario como Lollapalooza [tocaron en la edición 2025 en Chile] hay cosas que no vamos a hacer y otras que sí. En un set pequeño de cuecas también queremos dejar en claro de dónde venimos [La Yein Fonda es un evento que la banda organiza cada septiembre durante las Fiestas Patrias, donde homenajean la música tradicional chilena]. El primer disco es más rockabilly, con el contrabajo de Titae como sello del grupo. El segundo es más sucio y rockero, y La espada & la pared tiene guiños al R&B.
La música de Los Tres siempre mantuvo una identidad muy marcada. ¿Cómo definirías hoy esas influencias y la manera en que las combinan?
Una línea constante en la música de Los Tres es no tener la necesidad de empaparse de lo que está en la radio o el mercado, porque buscar desesperadamente que una canción pegue nunca ha sido un buen camino. Si tocas con honestidad tus influencias, siempre habrá posibilidad de que la gente se encuentre contigo. Los músicos jóvenes a veces toman muchos caminos de sobreinstrumentación o no conocen su propia música, o que el rock and roll está basado en el blues, que viene de los años 1800 y 1900. Afortunadamente, eso está muy arraigado en Los Tres, pero también están las influencias de los Beatles, Stravinsky o los Beach Boys.
Spinetta aparece en los agradecimientos de La espada & la pared, disco que grabaron en Buenos Aires. ¿Por qué?
Tenemos muchos recuerdos con Luis. Fue muy generoso y nos ayudó mucho. En esa época me compré mi primera Telecaster y recuerdo que hice un solo country ahí. Spinetta solía pasar por La Diosa Salvaje, el estudio que tenía en Buenos Aires [donde grabaron el álbum], y siempre se mostraba cercano y cálido. En el diálogo con Mario Breuer [productor del disco] también encontramos muchas afinidades. Aunque Mario tenía la presión de la compañía para que la banda entrara en el mercado, fue un gran ingeniero y productor.
En otra entrevista le pregunté a Álvaro por esos agradecimientos y me contó que Spinetta le afinó y le prestó una guitarra para grabar “Me rompió el corazón”. ¿Lo recordás?
Es muy probable que haya ocurrido, porque en esos estudios había instrumentos que en Chile no existían todavía en esa época. Nosotros no andábamos con muchas guitarras Martin ni cosas así, entonces es probable que Luis le haya prestado alguna. Él era un tremendo guitarrista, muy amable, cálido y humilde, y le gustó mucho nuestra música.
Después vino la etapa con Joe Blaney [productor de Clics modernos, de Charly García, y Alta suciedad, de Andrés Calamaro]. ¿Cómo fue trabajar con él?
Sí, Joe Blaney es un productor con mucha experiencia. Nos permitió explorar nuevas posibilidades y darle una pulida muy profesional a nuestro sonido. Grabamos en un estudio enorme, muy diferente a los primeros años, con muchos instrumentos y una sala gigante [Bearsville Studios, en Woodstock, a las afueras de Nueva York, donde se grabaron discos como Grace de Jeff Buckley, Automatic for the People de R.E.M. y King for a Day… Fool for a Lifetime de Faith No More]. Eso ayudó mucho a que Fome tenga ese sonido especial. Fue un aporte increíble.
Esa época fue muy intensa.
Sí, estábamos en el camino hacia un quiebre, con una urgencia y una energía especial. La sangre en el cuerpo es un disco bueno, pero también un poco agitado, mareado por la fama, la sobreexposición, los viajes. Todo eso genera cansancio, pero a veces de las crisis salen cosas buenas. Con Fome y La sangre en el cuerpo, los dos producidos por Joe Blaney, llegamos a un punto de madurez muy alto. Grabar en un estudio así nos dio espacio para probar más, sumar instrumentos y explorar ese humor ácido y esa tristeza que atraviesan las canciones.
¿Y ahora? ¿Hay planes de volver a Buenos Aires?
Sí, tenemos planes de volver a Buenos Aires. Estamos a punto de salir a mostrar canciones nuevas y queremos prolongar esta reunión. No quisimos partir con el disco, sino dejar que la reunión se diera de forma natural, y justo se dio en un momento de conciertos grandes y mucha energía. La idea es seguir adelante.
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“El álbum se llama Lucy miró al mundo y notó que está girando”, dice AKRIILA.
Después de haber lanzado Epistolares en 2024 y en 2025 (hace un año exactamente) la versión deluxe, materiales que la posicionaron como una de las grandes artistas de la escena hispanohablante actual, AKRIILA está de vuelta con el anuncio del título de su próximo álbum que llegará este año.
“Me fui a Japón un mes con el equipo a pensar y terminar ciertas cosas, a hacer música, un video…”, relata en conversación con ROLLING STONE en Español. “Un día pensé ‘mierda, no tengo el nombre todavía’. Antes se llamaba de otra forma, pero no queríamos que se llamara así porque tenía referencia a una artista, es una obra muy moderna, entonces no quería sentir que la estábamos robando, a pesar de que yo estaba uniendo piezas en base a ese nombre. Y un día dije: ‘la idea no me va a venir a la cabeza genuinamente’, así que pensé que sería lindo sentarme a escribir”.
En medio de esa búsqueda, AKRIILA empezó a conectar distintas referencias personales y musicales, entre ellas una banda de Liverpool que ha estado presente en su vida desde pequeña. “Una de mis referencias más grandes para este álbum son los Beatles. Últimamente he hablado mucho con el mundo, y con mi pareja en especial, de George Harrison. La canción ‘While My Guitar Gently Weeps’ tiene la frase ‘miro al mundo y noto que está girando’. Pensé ‘qué linda esta frase’. Me gustó y lo anoté. Después empecé a pensar en mi relación con Los Beatles, mi papá es fanático, y cuando yo empecé a tocar piano la primera canción que me aprendí fue ‘Lucy in the Sky with Diamonds’, así que uní eso y así nació el título: Lucy miró al mundo y notó que está girando”.
“Si a mi me preguntaran cómo suena el álbum, yo diría que a esperanza”
“Pasa por un proceso líricamente de estar muy vacío y después entender que el mundo no es tan crudo, y termina siendo esperanzador”, explica la artista.
Aunque comenzó el imaginario del álbum desde un lugar personal e introspectivo, con el tiempo la idea empezó a expandirse hacia otros temas y perspectivas. “El proceso del álbum lo empecé pensando desde mis problemas, mis cosas, muy encerrada en mí misma, pero con el pasó del tiempo empecé a tener otro sentimiento y me fui alejando de esta perspectiva tan interna, y se convirtió en algo sobre el mundo y como yo veo ciertas cosas. Eso lo encontré muy lindo. La conclusión de empezar a darse cuenta de que el mundo está girando, y darse cuenta que los días pasan allá afuera, da esperanza”.
En lo sonoro, la artista también buscó explorar nuevas direcciones sin desconectarse por completo de la esencia del proyecto. “En términos del sonido, si escuchas Epistolares se siente como muy electrónico, y el deluxe se vuelve un poco más popero, le agrega otra faceta al material. Y siento que el nuevo disco sigue un poco eso, se vuelve otra cosa, pero agregando elementos del inicio”.
Parte de ese proceso creativo también estuvo relacionado con su interés constante por experimentar y evolucionar. “Lo que más me gusta de la música, que fue un problema al inicio, es que a mí me encantan los sonidos ambient, el sonido de las plantas, la distorsión, las baterías super rápidas. Epistolares es un álbum que me soluciona eso, pero en este disco no podía hacer lo mismo. Mis artistas favoritos experimentan mucho en sus álbumes. Es lindo que la música dura para siempre y si te gusta una faceta de un artista ahí estará para siempre”.
Por eso, este nuevo álbum comenzó a acercarse más a instrumentos reales y sonidos más orgánicos. “Tal vez no son sonidos ambient. Son sonidos más de banda, más análogos. Es muy lindo porque tiene arpas, flautas, instrumentos reales. Eso combinado con la destrucción, la saturación”.
“Este álbum es un equilibrio entre algo nuevo y algo que sigue sintiéndose parte del proyecto”, explica la artista. “Con Epistolares yo pensaba: ‘si la gente lo descubre, le va a encantar’. Y con este me pasa algo distinto: a mí me encanta, y sí creo que a la gente le gustará, pero es mucho más jugado”.
Es común que el proceso creativo posterior a un álbum exitoso y con un concepto muy marcado, como lo fue Epistolares, sea complicado. La artista afirma que sí implicó un reto para ella. “Por eso hice el deluxe. Siempre digo que a mí no me gustan los deluxe porque siento que casi nunca suman mucho, pero en este caso me pasó que estaba haciendo música nueva y no podía soltar el universo de Epistolares. Sentí que necesitaba cerrarlo espiritualmente. Pensé en hacer un show o algo así, pero nada me llenaba realmente. Y el deluxe me permitió cerrar todas esas ideas que todavía seguían vivas”.
Después de cerrar esa etapa, la artista pasó por un periodo en el que le costó volver a hacer música, algo que eventualmente la llevó a buscar nuevas referencias musicales. “Después me costó volver a hacer música. Entonces empecé a escuchar muchísimos discos para encontrar otro camino”.
Entre esos descubrimientos apareció The Sundays y particularmente su álbum Reading, Writing and Arithmetic. “Escuché un disco de The Sundays y me cambió. Siempre que terminaba un show ponía ‘Here’s Where the Story Ends’. Ahí se me prendió una ampolleta. Ese tipo de música me produce demasiado sentimiento. Al principio estaba haciendo música súper electrónica y distorsionada, pero sentía raro decir ‘esto es lo nuevo’. Con el tiempo se fue moldeando mucho mejor”.
Aunque el proceso de Epistolares tomó cerca de dos años, ya con el concepto aterrizado, esta vez las ideas comenzaron a fluir mucho más rápido. “La primera canción de este álbum la hice en junio del año pasado. Y aunque Epistolares me tomó dos años, este proceso ha sido mucho más rápido porque siento que ahora se me prenden más ampolletas”.
“Siento fascinante volver a conectar con música y que sea distinta a todo lo demás”.
La evolución del proyecto también se trasladó a la parte visual. “Estéticamente también he evolucionado. Voy cambiando de estilo, de ropa, con este tipo de música he madurado en la parte estética. Viene mucho con la edad. Me siento más cómoda con este nuevo estilo. Creo que la parte visual va a estar entretenida. Me llegó el corte de un video que hicimos en Japón, hecho con Luca y un director japonés, y es muy lindo”.
El periodo en Japón ayudó mucho a AKRIILA y su equipo creativo a aterrizar y comprender este concepto. “Estar allá nos sirvió para entender qué era el álbum. Yo sentía que estaba trabajando sola, faltaba sentarse y hablar del significado, los símbolos. Es una conversación constante para que todos en el equipo entendamos la idea. Estéticamente siento que cobrará sentido con el tiempo. La idea que tengo hasta ahora de este proyecto es que quiero que perdure, que tenga sentido con el tiempo”.
Aunque el álbum todavía no está terminado por completo, la artista asegura que ya se encuentra en la recta final. “Está a punto de terminarse musicalmente. Falta cerrarlo, que cobre sentido el tracklist. Y después hacer que suene como tiene que sonar. Hay que escucharlo de principio a fin. Falta alguno que otro track, y darle sentido sonoramente. Y obviamente el mix. Está casi, pero también es importante cerrarlo de manera correcta”.
Lucy miró al mundo y notó que está girando llegará en algún momento de este año. Por ahora, AKRIILA anunció también su primera gira por Estados Unidos y una colaboración en OMAKASE, el próximo material de Álvaro Díaz.
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La cumbia es uno de los géneros que nos ha ayudado a entender que, como latinoamericanos, estamos más conectados de lo que pensamos y aparentamos. Desde México hasta Argentina, la cumbia ha llegado a un sinfín de pueblos en donde cada uno ha hecho de este ritmo costero algo propio. Moyobamba, en el departamento de San Martín, en Perú, inmersa en la gran selva amazónica, fue el lugar donde ese ritmo costero se transformó en un ritmo selvático, en un sonido que hipnotiza los sentidos y traslada el canto de las aves amazónicas al resto del mundo. Esa es la música de Los Mirlos.
La cumbia amazónica, o como le han dicho durante los últimos años, cumbia amazónica psicodélica —por su semejanza en ciertas sonoridades con propuestas como las de Systema Solar o Ácido Pantera—, es lo que durante más de 40 años han hecho Los Mirlos, agrupación que quiso dar a conocer el canto de las aves y de la naturaleza, y que encontró en las guitarras el elemento perfecto para hacer de su música un llamado a la preservación del ecosistema.
Jorge Rodríguez Grández, líder y voz principal de Los Mirlos, junto a su hijo, también llamado Jorge, hablaron con ROLLING STONE en Español sobre el recorrido de la agrupación y cómo ese sonido que se gestó en la selva sigue siendo fuente de inspiración e innovación para artistas jóvenes de la actualidad.

¿Cómo llegaron a la cumbia y por qué decidieron hacer cumbia?
Mi padre tocaba el bandoneón —dice Jorge Rodríguez Grández— y prácticamente desde que estaba en la barriga de mi mamá yo lo escuchaba, porque mi padre lo tocaba desde los 15 años, ya que su hermano mayor, mi tío, le enseñó. Yo nací escuchando a mi papá tocar junto a su guitarrista y maraquista, y cuando ya pude, empecé a acompañarlos con alguna maraca o con el triángulo.
“Un poco más grandecito, gracias a la onda corta conocida como AM, llegaba a mi casa Radio Caracol desde Colombia, imagínate. Recuerdo mucho escuchar ‘La pollera colorá’, ‘La danza de la chiva’ y muchas más canciones emblemáticas de Colombia grabadas allá en las décadas de los 50 y 60”.
Crecí con esa música y, sumada a la cultura de mi región, decidimos junto a un hermano y algunos amigos de la época crear un grupo juvenil que se hizo muy popular en nuestra tierra, Moyobamba. También hay que mencionar que el maestro Enrique Delgado ya estaba grabando temas como ‘El avispón’ y ‘Apollo 11’, ambos instrumentales, los recuerdo con mucho cariño; el maestro ya estaba grabando cumbia en Lima.
Me estaba sumergiendo en todo este mundo y fue cuando mi hermano mayor nos dijo que nos fuéramos a Lima. Ahí ya nos organizamos formalmente como Los Mirlos y empezamos a hacer cumbia, pero a nuestra manera: cumbia amazónica selvática. Queríamos hacer algo distinto y novedoso a lo que ya venía haciendo el maestro Enrique Delgado, que era cumbia costeña.
Nuestro primer disco, Sonido selvático, tiene varias canciones instrumentales y una que otra cantadita, y así empezó esta historia mirlomana que no ha parado ni un solo momento.
Después de ser padre empezó a pasar lo mismo que me pasó a mí con mis hijos. “En la casa todo era fiesta con mi papá y mi abuelo”, dice Jorge hijo. Desde que tenía 5 o 6 años ya tocaba algunos instrumentos conmigo en las fiestas y los cumpleaños. Todos mis hijos crecieron con la música y ahora hasta mis nietos.
La cumbia tiene algo muy especial: a cada lugar al que llega, se vuelve propia de la región. ¿Cómo describirían a la cumbia amazónica?
Todos nosotros somos de la selva y siento que cada artista se adapta a la cumbia desde sus raíces, su identidad y su cultura. Los títulos de nuestros discos se acercan más a nuestra cumbia que a la costeña: Sonido selvático, Los Charapas de Oro —a las personas de la selva en Perú se les dice charapas—, El poder verde, El milagro verde… Siempre le cantamos y tocamos a nuestra selva y a la naturaleza: su majestuosidad, su belleza y sus colores. Por eso ahora también le dicen psicodélica a nuestra manera de hacer cumbia. Todo eso ayuda a describir la cumbia amazónica.
Nuestra manera de vestir en el escenario también es distinta a la de otras miradas de la cumbia: nuestros collares, pulseras y atuendos coloridos; hasta nuestra forma de hablar. Mi acento es muy distinto al del limeño y, pase el tiempo que pase, mi manera de hablar siempre va a ser como en la selva.

Los Mirlos hoy en día han sido y siguen siendo el gran referente de muchos artistas, pero ¿quiénes fueron los referentes de ustedes o de dónde salió su sonido?
Nuestro sonido salió de nosotros mismos. Queríamos hacer una cumbia diferente a la del maestro Enrique Delgado, en la que la guitarra sonaba pura. Nosotros empezamos a ponerle ciertos efectos a la guitarra y ahí es donde radica la esencia de la cumbia amazónica: en esos sonidos exóticos de la guitarra que parecen el canto de las aves, el canto de los mirlos.
Nuestra música busca que, cuando cierres los ojos, te transportes a la selva pura, y en realidad el público lo siente así. Cuando voy a los shows lo percibo, sobre todo en las piezas instrumentales.
Tengo que preguntarles por la canción ‘La danza de los mirlos’. ¿Cómo nació y en qué momento se dieron cuenta de que se había convertido en un infaltable de la música latinoamericana?
Uno crea las canciones con mucha ilusión y con el deseo de hacerse conocido. Antes de ‘La danza de los mirlos’, ya era medio conocida una canción que se llama ‘El aguaje’, que hace referencia a una fruta silvestre y es instrumental. Recuerdo mucho el lanzamiento de cada canción, la emoción de escuchar los sonidos que logramos y la felicidad de que eso que queríamos se estuviera plasmando.
‘La danza de los mirlos’ la han versionado múltiples artistas: Damas Gratis en Argentina; en México se conoce como ‘La cumbia de los pajaritos’; en Colombia la versionó Afrosound… Todo eso ayuda a que siga sonando y siga siendo un infaltable de la música latinoamericana. ‘La danza de los mirlos’ ya hace parte de las mejores cumbias peruanas y ha recorrido el mundo entero.
Hace tres años salió un documental cultural titulado La danza de los mirlos, que se estrenó en el Gran Teatro de Lima, y gran parte de ese documental está basado en lo que hemos construido nosotros como agrupación. Un día, uno de los directores del documental —que también nos acompañó durante una gira en Europa— fue a mi casa y vio todos los recuerdos que tengo: notas de prensa del 73 y 74, reconocimientos, trofeos… Tengo mi proyector Bauer alemán, que compré en el 76, y tres rollos de película súper 8 con varios de los primeros momentos de Los Mirlos. Todo eso fue a parar en este documental que, te cuento, me gustaría que vieras y que viera todo el mundo.
“Nosotros empezamos a ponerle ciertos efectos a la guitarra y ahí es donde radica la esencia de la cumbia amazónica: en esos sonidos exóticos de la guitarra que parecen el canto de las aves, el canto de los mirlos”.
The World Meets Los Mirlos. ¿Qué significa este disco para ustedes, al presentar los sonidos de la cumbia amazónica a mucha más gente?
Es un disco colaborativo con varios artistas. Hemos trabajado con músicos de distintos países durante nuestra trayectoria; de Colombia, por ejemplo, colaboramos con Los Rolling Ruanas y Los Cumbia Stars. Sentimos que las colaboraciones ayudan a expandir nuestro sonido amazónico, y eso es lo más importante de colaborar.
En este nuevo proyecto, The World Meets Los Mirlos, colaboramos con doce artistas en doce canciones diferentes. Están Bomba Estéreo, Monsieur Periné, Juanes, Rubén Albarrán, Guaynaa y varios más.
¿Cómo fue trabajar con un artista del mundo urbano como Guaynaa?
Lo conocimos en un estudio de grabación en Miami, y algo muy bonito que sucede cuando conocemos a otros artistas es el respeto que muestran hacia Los Mirlos. Guaynaa es un artista sumamente creativo; la canción surgió ahí, en el estudio, de manera muy orgánica. Esperamos poder tocarla juntos en vivo muy pronto.
Junto a Juanes sé que han realizado varias canciones. Una verá la luz en The World Meets Los Mirlos, pero tienen varias más que seguramente saldrán en un futuro. ¿Cómo se ha venido dando esa cercanía con Juanes?
“Con Juanes hasta compartimos escenario en Cusco, en un concierto muy bonito, hace algunos años, y hace poco nos volvimos a encontrar en Miami. Siempre ha habido un gran respeto y admiración por ambas partes. Además, la voz de él es perfecta para la cumbia, y más aún para la cumbia amazónica.
‘De jueves a jueves’ es la canción junto a Juanes que saldrá en nuestro disco, acompañada de un video animado bastante psicodélico y, a la vez, hermoso. Es algo histórico que todas estas colaboraciones se estén dando; en Perú están hipnotizados con todo esto. No hay techo para Los Mirlos.
Ustedes ya tienen una trayectoria enorme dentro de la música y la industria. ¿Cuál dirían que es el mayor reto para mantenerse vigentes?
Lo más importante es la pasión por tu música. Yo me desvivo por la música: crear y escribir. Tengo 200 canciones escritas y 50 maquetas que ni mis músicos conocen, pero es que lo más importante termina siendo crear, más allá de la industria en sí. Espero que mis nietos graben algunas de esas canciones que tengo guardadas. Lo que mantiene a Los Mirlos es la pasión.
También ha sido fundamental mantener nuestra originalidad sonora, que radica en la guitarra. Eso nos ha permitido transmitir nuestra música de generación en generación, seguir presentándonos en grandes festivales y colaborar con artistas de renombre. Durante el largo camino que hemos recorrido, varios empresarios nos han dicho: “Pongan trompetas o saxofones para que tengan más popularidad”, pero nunca lo hemos hecho porque eso habría significado perder nuestra esencia. Nuestra esencia son las guitarras, y eso perdura en el tiempo. Pasamos de ser cumbia amazónica a cumbia amazónica psicodélica, pero Los Mirlos seguimos fieles a nuestro sonido.
Estoy escribiendo un libro que llevo intentando terminar desde hace dos años, pero por tantos viajes no he podido. Trata sobre mis memorias y sobre la corriente de la cumbia amazónica psicodélica. Espero terminarlo este año; ahí están todas las memorias que hemos vivido.
¿Cuál dirían que es el mayor legado de Los Mirlos?
La música y haber sido precursores de eso que hoy llaman cumbia amazónica psicodélica, además del mensaje de nuestras canciones: cuidar nuestra selva, nuestra Amazonía.
Que cuando escuchen una guitarra ‘psicodélica’, piensen en el Perú, en nuestro país, y que eso lleve al público a querer conocerlo. Esperamos que nuestra música siga pasando de generación en generación y que jamás pierda esa identidad cultural que refleja nuestra región.
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