El amor es tan complicado como humano. Algunos dicen que no escogemos de quién nos enamoramos, otros simplemente que cuando el amor te encuentra no puedes escapar, y es eso mismo lo que lo hace tan maravilloso. De igual forma, no hay una sola forma de ver y de vivir este complejo sentimiento, algo que históricamente los cantantes y artistas han aprovechado para explorar cada una de sus variantes: desde el amor más puro y honesto hasta el despecho, pasando por la pasión desenfrenada y terminando en el desamor.
Bajo esta idea de ver el amor desde diferentes ángulos es que Kakalo, cantautor mexicano originario de Hermosillo, presenta De Parte Mía, su más reciente álbum y el primero con canciones completamente inéditas compuestas y, en su mayoría, también producidas por él.
A lo largo del proyecto, el artista construye una narrativa en la que cada canción representa una perspectiva distinta del amor y las relaciones, todo mientras mezcla elementos del regional mexicano con balada, pop e incluso algunos tintes de flamenco. El resultado es un disco profundamente personal con el que Kakalo busca consolidar su identidad artística y emocional dentro de la música popular.
En conversación con ROLLING STONE en Español, el nominado al Latin Grammy habló sobre el proceso detrás del álbum, la importancia de la sensibilidad dentro de sus letras, el simbolismo de canciones como ‘Tierra Trágame’, su nominación a los Latin Grammy, y cómo espera que su música pueda “formar parte del soundtrack de vida de la gente”. Lee la platica a continuación.

Lo primero que me gustaría preguntarte es que, bueno, ya se van a cumplir dos semanas desde el lanzamiento de tu álbum De Parte Mía. ¿Cómo te has sentido con este nuevo proyecto? ¿Qué sensaciones tienes dos semanas después del estreno y cómo has vivido esa acogida por parte del público?
Pues fíjate que estoy bien contento con que mi primogénito, mi primer hijito, tenga ya dos semanas de haber nacido. La verdad estoy muy feliz por la emoción de la gente al escucharlo. Se han reportado conmigo amigos que no veía desde hace tiempo y me dicen “güey, no puedo parar de escuchar tu álbum”, y ni se diga otras personas de distintas partes de México y de Estados Unidos escribiéndome por Instagram. Entonces es algo muy padre porque siento que valió la pena. Es un disco al que le puse mucho trabajo, mucho corazón y mucha entrega y, como te digo, es esta primera presentación en la que se juntan dos vertientes que me caracterizan: el compositor y el intérprete. Este disco es como un “de esto se trata Kakalo”.
Ya que hablas de la parte de la composición de este álbum, algo que me llama mucho la atención de tu propuesta es que desde que iniciaste hasta este último proyecto se percibe una evolución tanto en tu sonido como en tus letras. ¿Cómo has ido construyendo y reforzando tu identidad y la del proyecto a lo largo de todos estos años?
Yo creo que a veces me imagino que funciona como un embudo al que se le agregan muchísimos ingredientes de muchas partes, que son todos los géneros que me han forjado, con los que he ido creciendo y que conforman mi estilo, como el regional mexicano, las baladas, la música de trío o el flamenco. Siento que todo eso lo vuelco, lo meto en una licuadora y sale el resultado, que es un sonido que me caracteriza y que me encanta.
Eso es lo que hago en mi laboratorio, en el estudio de grabación, y puedo estar horas buscando el sonido que me imagino hasta que sale. Esas son las ventajas de producir mi propia música: me puedo dar el lujo de pasar horas y horas buscando y, si no sale, al día siguiente le vuelvo a dar, entonces creo que eso también es una parte fundamental de por qué suena como suena. Básicamente, eso es lo que caracteriza mi estilo musical.
¿Hay algún artista que haya marcado tu forma de ver y entender la música?
Órale, pues Yo creo que más que un solo artista, son varios, y cada uno en distintos rubros. Por ejemplo, hay artistas que sin duda me marcaron como compositor, como pueden ser Joan Manuel Serrat, Silvio Rodríguez o Joaquín Sabina, y como intérprete, como cantante, admiro mucho a Luis Miguel, Alejandro Sanz, Juan Diego Flórez y Cristian Castro. Por ahí se pueden ramificar mis influencias.
¿Cómo sientes que todo ese camino desemboca en un proyecto como De Parte Mía, que es tan personal y tan auténtico?
Yo intento contar una historia tanto a nivel de letra como a nivel musical. Por ejemplo, todas las canciones tienen en común instrumentos propios del regional mexicano, pero no suenan tanto al regional mexicano. Sí suenan a todas estas influencias que te digo, un poco popificadas, con cosas de balada y un poquito de flamenco también por ahí, entonces ahí dejo mi huellita de que soy del norte de México con instrumentos como el tololoche, las trompetas, el acordeón y las guitarras.
A nivel de letra también vengo imprimiendo una sensibilidad que siento que a lo mejor ahorita no está tan presente en la música mainstream, y me gustaría ser uno de los abanderados de letras con carnitas, sensibles, dentro de la música popular. También algo a lo que me encanta meterle mucho tiempo y dedicación es al concepto. Este disco siento que lo hice muy variado justo para abarcar todas las posibilidades.
Yo creo que lo que tienen en común todas estas canciones, a nivel conceptual, es que hablan del amor desde diferentes perspectivas. Hay canciones que te dan ganas de casarte, hay canciones que te dan ganas de divorciarte, hay canciones que te dan ganas de ser infiel; o sea, hay de todos colores y sabores.
De igual forma algo que engloba mucho el disco es el propio título, De Parte Mía, que en un sentido un poco más literal puede entenderse como un regalo mío para toda la gente que estuvo y ha estado pendiente de la música que hago, y también para la gente que apenas me está conociendo.
Aparte, por ahí también hay un juego de palabras interno que es “depa, arte, mía”. Son tres palabras y todo eso lo llevamos al nivel visual, en los visualizers y en los videos oficiales de cada canción del disco. Si te fijas, cada una ocurre en una habitación. Haz de cuenta que viene la cámara, se mete por una ventanita y hay una escena que es una rola diferente; luego se sale, entra por otra ventanita y es otra historia completamente distinta con otra canción. Todo esto es el depa donde pasa el arte y donde la hago mía. Por ahí le dimos.
Ahora me gustaría ir a algunos aspectos del álbum que me llamaron la atención. El primero es justamente la canción con la que abre el proyecto, ‘Mía’. ¿Por qué decides iniciar todo este viaje de De Parte Mía con este tema y qué papel juega dentro de esa narrativa que me comentas?
A nivel de historia, decidimos empezar con ‘Mía’ porque es cuando todavía no conoces a esa persona. Esa canción la escribí imaginándome ese momento cuando ves a una chica, no sé, en el aeropuerto, que ni siquiera sabes cómo se llama pero te quieres casar con ella. Entonces está esa imaginación de “si te llamas Luz, si te llamas Sol, me gustaría llamarte mía”. Está ese juego.
A nivel musical también se me hizo una buena canción para abrir porque creo que engloba muy bien el concepto del disco, que es algo positivo, se podría decir. La música es alegre, la canción tiene cambios, tiene un poco de regional mexicano, pero también un ritmo como de rumba flamenca, tiene trompetitas, tiene good vibes, entonces se me hizo una muy buena carta de presentación.
Sí, justo me di cuenta de eso cuando lo estaba escuchando. Otra cosita por la que también te quería preguntar era por las colaboraciones. Este proyecto cuenta con Andrés Obregón, Leonel García y Lasso. ¿Cómo fue el proceso de selección para traer a cada uno de estos artistas al álbum y qué crees que aportó cada uno a esta narrativa?
Fíjate que fue muy orgánico. En todos los casos, excepto con Leonel García, compusimos la canción sin un objetivo fijo. Solamente nos sentamos a escribir y empezamos a fluir con la pluma. De hecho, por ahí nos conocimos. Por ejemplo, cuando escribí con Andrés Obregón era el primer día que lo conocía y fue cuando compusimos sobre la marcha. Igual con Lasso, cuando compuse ‘Y a ti qué tal te va’, ese mismo día nos conocimos y el hecho de componer juntos fue como nuestra carta de presentación.
Yo creo que cuando conectas con una persona a nivel musical, conectas a otro nivel y la amistad entra en automático. Gracias a Dios pasó eso, tuvimos muy buena química tanto musical como amistosa. Ya después, cuando hice la maqueta de la canción, me dije “pues si así fluyó es por algo, ¿no?”, y les hice la invitación de “oye, ¿qué onda? ¿Quieres montarte a la canción para mi disco, la rola que compusimos?”, y todas las respuestas fueron positivas, como de “venga, hermano, claro que sí”. Entonces, gracias a Dios, todos tuvieron el mismo sabor de boca que yo con las sesiones de composición y decidieron sumarse.
En el caso del señor, del maestro Leonel García, fue porque yo ya le había mostrado esa canción una vez que iba a grabar con Carín León, porque ellos estaban buscando una colaboración. Yo le mostré ‘Tu ladito de la cama’ y le había gustado mucho a Leonel. Pasaron ciertas cosas por ahí y siempre no grabaron esa canción, y Carin me la devolvió. Me dijo “esta rola no se puede quedar en un cajón, tienes que grabarla”, entonces ya después se la ofrecí y le dije “¿qué onda? ¿Te acuerdas de esta rola? ¿Quieres montarte conmigo?”, y él “venga, claro que sí, me encanta”. Esa fue la historia de cómo se sumó Leonel al disco.
Son colaboraciones que para mí son como palomitas que tenía que hacer antes de morir. Colaborar con personas a las que admiro mucho, como Leonel, con cuyas canciones aprendí a tocar guitarra, con ‘Te vi venir’ cuando estaba en la secundaria. A Andrés Obregón también lo admiro muchísimo, cómo hace su contenido y cómo escribe. Y Lasso también; ‘Ojos marrones’ es una canción que no falta en mi playlist, entonces es como un abrazo a ese Kakalo soñador que andaba por ahí escuchando a sus ídolos y que ahora está colaborando con ellos. Creo que cada uno aporta, a su manera, una cerecita a este pastel tan importante que es mi primer disco.
Ahora que hablas de la mezcla, una pregunta que me surge es si tú también tuviste algo que ver en la producción, más allá de la composición y la interpretación.
Sí, estoy muy metido en ese aspecto. Sobre todo porque creo que hice seis producciones a full, o sea, yo las produje de cero a cien, y en las demás por ahí fui coproductor o estuve rebotando ideas con quienes me ayudaron con la producción, pero sí. Tengo un estudio de grabación y justamente empecé así, produciendo para otros artistas. Eventualmente, por ejemplo, me cayó Carín a mi estudio y ahí escuchó cómo cantaba, le empecé a mandar canciones y trabajé como compositor, pero antes de eso yo era productor.
Es algo que no quiero dejar de hacer, en especial en mi proyecto, porque aparte de que soy muy control freak y quiero estar en todas las partes del proceso, es algo que me encanta y que siento que es fundamental para complementar todas las partes que tiene que tener un proyecto musical. Es muy importante que suene auténtico, que haya una propuesta ahí, y quién mejor que el mismo compositor y el mismo intérprete para poner sobre la mesa la producción. En este caso sí estuve involucrado al 100 % y yo creo que así va a ser en mis futuras producciones.
Una canción que también me llamó mucho la atención fue ‘NeurodiverTDA’. Me pareció muy llamativo el nombre y también la letra. Me pareció muy divertido, en especial, ese juego de palabras que haces justamente con el TDA. ¿Cómo nace esta canción?
Este tema, fíjate, se me ocurrió en Hermosillo, justo antes de volar a Ciudad de México. Estaba platicando con mi hermana y se me ocurrieron las primeras líneas, que eran “¿Pa’ qué quieres ser como la gente? / ¿Pa’ qué quieres ser tan aburrida? / Dices que eres neurodivergente / Y pa’ mí que eres neurodivertida”. Ahí dije “órale, puede salir una buena rola con una buena temática de aquí”, y me la llevé.
Ya cuando estaba en CDMX tuve una sesión de composición con David Aguilar, un compositor de tallas mayores. Me encanta todo lo que hace, cómo juega con el lenguaje y toda su sensibilidad. Yo creo que es uno de los grandes compositores de México.
El caso es que le planteé la idea y le dije “oye, tengo esto, ¿cómo ves?”, y le gustó mucho, se le hizo muy divertida e interesante la temática, entonces ahí la terminamos de aterrizar. Ya todo lo demás, eso que tú mencionas de “Un tecito pa’ curarte el TDA / Un té de abrazos, té de halagos, té de amor”, todo eso salió en la sesión con David y Óscar Cadena; estábamos los tres componiéndola.
Es una canción que me encanta y también por eso, porque me saqué la espinita de componer con uno de los compositores de México que más admiraba, que es David Aguilar.
Justo después de esta canción llega ‘Tierra trágame’, uno de los temas más importantes y especiales del disco, además de ser el que cierra el proyecto. ¿Por qué decides cerrar todo ese viaje con esta canción y qué significa para ti?
Yo creo que decidí cerrar el álbum con ‘Tierra trágame’ por todo lo simbólico que ha adquirido esta rola. Yo creo que es la canción más especial hasta la fecha, en primer lugar porque fue la primera canción inédita que saqué en plataformas, la primera composición mía, y también fue la canción que me llevó a representar a México en el Festival de Viña del Mar.
Fue una competencia muy ardua, pero gracias a Dios me regresé con el premio mayor, con la Gaviota de Plata para México, y todo eso gracias a esta canción, que además es una canción muy íntima, muy sincera y muy diferente en su esencia. Por eso me encanta.
Por si fuera poco, cuando estaba en Viña coincidí con Carín porque yo iba a competir y él iba a cantar como artista invitado. Entonces, a modo de apuesta, le dije “¿qué onda? Si gano la Gaviota de Plata, vienes a grabar ‘Tierra trágame’ conmigo”. Y me dijo “venga, va”. Entonces así se hizo. Regresamos a Hermosillo y grabamos tanto esta versión solista como la versión a dueto con Carín, que es uno de los cantantes que más admiro y con quien he trabajado durante los últimos tres años.
Además, esa canción quedó nominada al Latin Grammy el año pasado. Me dio esa primera experiencia de ser nominado, de ir a Las Vegas, de cantar en el escenario de los Latin Grammy, de interpretar ‘Tierra trágame’ frente a toda la industria y frente a muchos artistas que admiro muchísimo, entonces es una canción que tiene muchos hitos y que va a ser muy difícil de superar a nivel simbólico. Por eso decidí cerrar el disco con ella.
Ya hablamos de todo lo gratificante que trajo este álbum, pero como todas las cosas en la vida supongo que también tuvo sus retos. ¿Cuáles fueron esos desafíos que encontraste durante todo el proceso de hacer este proyecto?
Yo creo que más que nada los tiempos y la presión, porque como bien te dije ahorita, el perfeccionismo es un arma de doble filo. Por el hecho de estar involucrado en todo el proceso y querer controlar todas las partes de mi música, de repente me toma más tiempo que si solamente llegara al estudio a grabar voces y dejara que los demás hicieran su chamba.
En este caso, como yo quiero estar ahí editando, cuadrando, afinando, moviendo y mezclando todo, pues de repente los tiempos aprietan y todo mi equipo de AIR me está presionando de “hey, ¿ya entregaste esta canción? ¿Cómo vas? Porque ya tenemos que salir con esto, acuérdate”, y aparte de eso, gracias a Dios también he tenido algunos shows en México y he tenido que hacer campamentos de composición para otros artistas. Entonces todo esto no me permitía estar en el estudio produciendo y grabando, y por lo tanto los tiempos se me iban comiendo.
Yo creo que ese fue el gran reto de este disco: sacar todo en tiempo y forma. Y gracias a Dios ahí lo hicimos.
Después de todo este trabajo y de todo este viaje sonoro que también tiene el disco, ¿qué te gustaría que el público se lleve después de escucharlo completo?
Me gustaría que se llevaran un buen sabor de boca y canciones que los puedan acompañar en esos momentos de estar lavando los trastes, de ir manejando, de hacer un viaje por carretera o de mandarle una canción a tu pareja. Por ejemplo, ‘Ya nos vi’ es una canción muy delicada que me encantaría que la gente dedicara en bodas, que la cantaran. ‘Baby Capibara’ es una canción que fácil puedes escuchar cuando vas en carretera con tu novia.
Que vivieran eso, o sea, formar parte de su soundtrack de vida. Yo creo que eso es lo más bonito para un artista: llegar a ese nivel íntimo con cada oyente. Y bueno, con que cause algún impacto positivo, ya sea alguna lagrimita por ahí de desahogo o alguna buena borrachera también, yo con eso me doy por bien servido.

Para ir cerrando tengo dos preguntas con respecto a lo que viene para ti después de este lanzamiento, y la primera es que, bueno, tendrás una presentación en el Festival Arre y quería saber cómo te sientes de cara a este show.
Sí, fíjate que ya estoy muy emocionado porque gracias a Dios esta es la segunda ocasión en la que me hacen la invitación al festival y, bueno, esta vez ya me toca compartir más música mía, porque en la primera ocasión todavía no tenía mis canciones afuera. Ahora ya me tocará compartir canciones inéditas de mi primer disco y ya estamos montando todo esto.
Yo creo que va a ser un show muy completo, muy significativo, y siento que a toda la gente que se dé cita ahí en el Arre le va a encantar.
Además de este festival, ¿qué más pueden esperar tus fans y el público general de Kakalo para el resto del 2026?
¿Para el resto del 2026? Yo creo que, bueno, sí se vienen algunas presentaciones y también vamos a estar sacando sencillos que ya no forman parte de este álbum, pero que ya tenemos ahí en el hornito. También vienen algunas colaboraciones muy interesantes que probablemente salgan antes de que acabe el año.
Espero también estar nominado a los Latin Grammy. Voy a hacer changuitos para que este año sí se haga. Fíjate que me quedé con la espinita, bien agradecido por la nominación del año pasado, pero con mucha gasolina para sacar este disco y ver si este año sí me llevo el galardón. Eso, presentaciones y mucha música. También quiero ponerme más las pilas en TikTok, entonces ahí para que estén pendientes en las plataformas y en las redes sociales.
The post <i>De parte mía</i>: la carta de presentación definitiva de Kakalo appeared first on Rolling Stone en Español.
El camino de la reinvención musical rara vez es amable. Y es aún más despiadado cuando intentas alejarte del género en el que ya has demostrado ser excepcional. Ahora imagina que ese cambio no nace de una inquietud artística cualquiera, sino de la necesidad urgente de procesar tus heridas más profundas; una crisis vital que parece encontrar eco únicamente en la música. Es el choque de tus dos refugios: el sonido que te hizo quien eres y las emociones que te obligan a transformarte. Cuando ambos colisionan, ¿a dónde corres? Kidd Voodoo tuvo que enfrentarse a esa pregunta.
En Euforia, su nuevo álbum de estudio, el artista chileno exhibe una versatilidad que rompe por completo las expectativas construidas alrededor de su figura. Si alguna vez fue señalado como la gran promesa urbana de Chile, hoy esa etiqueta le queda pequeña. Este trabajo revela a un artista mucho más completo, dispuesto a derribar sus propios límites y a convivir con las contradicciones que acompañan la creación: la ansiedad, el ego, la incertidumbre y el miedo al cambio.
Mientras se aventura fuera de su zona de confort, Kidd Voodoo también abre la puerta a uno de los capítulos más complejos de su vida. A través de estas canciones, retrata un proceso mental intenso que transformó su manera de entender el mundo y a sí mismo. Euforia no es solo una evolución sonora; es el testimonio de una reconstrucción personal narrada desde la vulnerabilidad, la honestidad y el deseo de encontrar luz en medio del caos.
En esta conversación con ROLLING STONE en Español, Kidd Voodoo habla sobre su nuevo álbum de estudio, comparte su proceso de transformación artística y mucho más. Lee aquí la entrevista completa:
Acabas de estrenar tu álbum Euforia. Háblame sobre la historia detrás de este nuevo material.
Principalmente, este disco nace de la idea de que nosotros queríamos hacer un disco más rápido, pero, claramente, no tiene nada que ver con la idea principal. En mi vida comenzaron a pasar un par de cosas personales: mis papás se separaron, tuve muchos problemas en mi familia, entre otras cosas. Esto lideró el proceso creativo del álbum. Yo intentaba cantar sobre otras cosas, pero no podía, porque al final, necesitaba desahogarme. Cuando escucho el disco, sabiendo esto, lo tomo diferente.
Este es un trabajo muy diferente a lo que nos has presentado anteriormente. ¿Cómo crees que el concepto creativo y, en general lo que se percibe con la palabra ‘euforia’, se ve representado en el álbum y en su lírica?
Creo que se puede ver como una euforia de sentimientos. Si bien, el disco no es loco y tampoco es intenso en energía para representar lo que se percibe como euforia, sí es un disco que te puede hacer llorar muy fácilmente. Si lo escuchas concentrado, te puede agarrar una pena muy fuerte. Siento que la euforia de este disco se define más por los sentimientos, cualquiera que te agarre. Me ha pasado que he visto muchas reacciones por el disco, incluso me han hablado muchas personas por el mismo mensaje. Creo que esta es la definición del álbum.
Creo que nuestra generación tiene esa percepción sobre el significado del término: vivir rápido, no pensar en las consecuencias y solo considerar el disfrute. Sin embargo, creo que va más allá. Incluso escribí un artículo sobre eso.
¡Exacto! Para mí, la euforia tampoco era todo esto. En un inicio, era hacer algo loco y que no tenía que ver conmigo. Pero hoy en día, es algo totalmente relacionado con un significado personal. Mi público y la gente que tiene que ver conmigo se lo toma como algo muy íntimo, es algo muy serio.
Euforia nos da a conocer un Kidd con un nuevo sonido y lírica. ¿Es quien siempre quisiste ser o es alguien a quien encontraste en el camino?
Es totalmente quien siempre quise ser. De hecho, encontrarme con este sonido y lírica ha sido un camino bastante bonito, porque la música como está hoy en día te fuerza a intentar, a cantar cosas que no son reales, sobre todo desde mi perspectiva porque yo soy una persona muy tranquila. Yo estoy sumergido en un género que es el urbano, el cual respeto, lo escucho mucho y me codeo con muchos colegas del género que quiero mucho, pero en mi vida, no tuvo mucha influencia en realidad. Yo crecí escuchando otras cosas. Volver a esto fue un atrevimiento porque no es un género que esté totalmente comercializado como lo es el reggaetón. Para mí, este fue un acierto, totalmente.

Este es el primer disco que yo saco y digo: ‘Me da igual cómo le vaya a este disco porque me gusta’. Creo que este sentimiento es lo más importante.
Creo que esto le va a dar otra vida a mi carrera. Creo que me hace estar más seguro de quién soy. La verdad es que me saca de la monotonía en la que pude haber estado entrando.
También de tu zona de confort…
Totalmente. Estaba acostumbrado a hacer estos discos que son más populares, que igual siempre lo mezclé con un mix porque siempre había tenido una canción así: más indie o hasta me llegué a tirar un flamenco. En Euforia son ocho canciones, porque sí nos costó ir de una vereda a la otra, y ya no sabíamos cómo hacer más.
¿Consideras que la saga de El Club, La Liga y Los Rompecorazones ya no conecta contigo?
Siento que sigo siendo yo, y que siempre seré yo porque está en mi historia. Sin embargo, sí creo que en estos momentos estoy un poco alejado de esa época. Miro esa etapa de mi vida y la abrazo, la canto y lo seguiré haciendo porque hay canciones muy conocidas de ese repertorio, pero, por ahora, estoy buscando otra cosa. No creo repetir algo así, lo cual también tiene algo positivo, porque tampoco tenemos que estar haciendo lo mismo todo el tiempo. Siento que en estos momentos, esa estepa ya no es tan yo.
Euforia fue concebido en diversos países. ¿Qué tanta inspiración cogiste de estas regiones?
Siento que me ayudó bastante porque hacer los discos en Chile es hermoso, es mi país, pero sí llegó un momento donde ya había estado en todos los estudios del país. Iba a un estudio y de la nada comenzaba a hacer una canción que se parecía mucho a otra que ya había hecho ahí mismo. Probé y me fui a Argentina por un tiempo; mandé algunos mensajes a los músicos que se encontraban por ahí. Luego fui a España y Ciudad de México. Escuché muchas cosas y pasé mucho tiempo fuera; creo que en Madrid pasé un mes haciendo el disco, pero sin grabar nada. Siento que la frescura está en los lugares donde nadie te conoce o donde tú no conoces tampoco. La incertidumbre te vuelve a activar la creatividad, y a lo mejor eso ya lo tenía apagado. Me da combustible para darle de nuevo. Me motivó, y quizás eso me faltó al inicio de este nuevo álbum, porque ya había sacado cuatro discos y estaba desgastado.
El álbum, según tus palabras, fue creado en una atmósfera oscura y triste. ¿Cuál es tu significado de este espacio? ¿Cómo lo viviste?
Para mí, el concepto de la oscuridad no es tan malo como todo el mundo lo ve. Me pasa mucho que me dicen que me visto muy negro o que las letras son muy densas, pero creo que en esto, el concepto es más auténtico. Las canciones tienen una profundidad, y sí te transmiten oscuridad y tristeza, pero creo que a la vez, son muy auténticas porque es un atrevimiento. Dejas los prejuicios a un lado. Por ejemplo, a mí no me importó lo que dijeran al yo cantar sobre mi mamá o de mi papá en canciones muy directas. Para mí, esto es un atrevimiento y autenticidad. Aunque de ahora en adelante me haga súper famoso, creo que esto es lo más auténtico que me atreví a hacer.
¿Qué fue lo más complejo de crear Euforia?
Fue hacer el disco mientras todas las situaciones sobre las que canto pasaban. Era vivir la situación a diario, y, además, ir a grabar y no romperte; tenía que mantener una seriedad porque estaba trabajando con músicos que estaban siendo muy empáticos conmigo. Después tenía que volver a casa y vivir la misma situación. También fue complicado comunicarle a mis padres sobre qué se trataba este álbum, porque no quería ser molesto con ellos, pero también era mi realidad. Ellos fueron muy abiertos y lo entendieron.
Cuéntame sobre las colaboraciones. ¿Por qué crees que Mon Laferte, Pablo Alborán y Rels B eran los indicados para acompañarte en este material tan personal?
Me pasó algo muy puntual con ellos tres, y fue cuando empecé a viajar a todos estos lugares del mundo. Volví a ser tan yo, que regresé a escuchar demasiado su música. Yo siempre había escuchado la música de Alborán, de hecho crecí con su música. A Rels lo escuchaba en el colegio. Sobre Mon, qué decirte, es uno de los talentos más grandes que tiene el mundo.
Cuando comencé con el álbum, siempre pensé en ellos tres. Obviamente en un punto yo lo veía un poco imposible porque tengo la fama de cantante de reggaetón. Llegar con Pablo Alborán a pedirle una canción iba a ser difícil. Lo bueno es que ellos tres son unas personas increíbles, y no pensaron ni un segundo en hacer una canción con un cantante semiurbano, o como me quieran definir. Creo que ellos le dan una vida muy grande al disco.
Antes se creía que eras la promesa urbana de Chile, pero en este material te alejas mucho de esos sonidos y género. ¿Qué es lo que deseas para tu carrera? ¿Cómo te gustaría que te viera la industria?
No lo sé [Risas]. Es algo que me siguen repitiendo mucho. En un punto, la gente pensó que siempre sería urbano, y obvio, fue algo que siempre mostré en mis inicios, hasta probablemente vuelva a hacerlo. A mí, lo único que me interesa, es que mi público y la gente que me quiere pueda avanzar conmigo y dejar ese encasillamiento. Yo quiero hacer la música que quiera. Si mañana me da por hacer salsa, pues la haré, hasta aprenderé a bailar y todo. Siento que estoy en un buen punto de mi carrera y he tenido la suerte de romper esa barrera. Creo que mi carrera va a direccionarse a eso: a romper esquemas. Voy a saltar del reggaetón más fuerte que pueda existir a la canción más romántica que se pueda hacer.
Justo el reggaetón en Chile está en un gran auge. Entonces, me encanta que tú hayas decidido romper el molde.
Siento que era el punto perfecto. Siento que estoy en un punto de reflexión y de mirar qué está pasando en mi carrera. Estoy en un momento muy libre, no me siento como cuando empecé.
The post “Es totalmente quien siempre quise ser”: Kidd Voodoo sobre <i>Euforia</i> appeared first on Rolling Stone en Español.
¿Dónde era que estábamos? Ah, sí, el hotel en Nueva York. Habitación 1604. Pero algo pasó y de pronto la ciudad quedó lejos, en otra dimensión. Y ahora estamos en una burbuja de silencio muy poco neoyorquino. Las cortinas atajan la luz natural, aunque la del baño está encendida, con la puerta abierta. Sobre la cama queen size, no completamente desarmada, tampoco impecable, hay una bolsa plástica con un par de decenas de rollos listos para revelar y una cámara pocket dentro de una funda de tela cosida por su propia dueña.
La cámara es de Julieta Cazzuchelli, alias Cazzu, que está sentada en una silla junto a la cama, con camiseta negra, jeans, pies descalzos. Los rollos contienen las fotos que hasta recién Sebastián Faena le sacó por las calles de Manhattan y en esta misma habitación. Y si el tiempo se detuvo y el ruido se apagó es porque Cazzu, que durante la última hora y pico venía charlando sin estridencias ni desvíos, en un momento ya no pudo seguir. Algunos le dicen “nudo en la garganta”, quizás fue eso. Lo concreto es que Cazzu (o Julieta) hace una pausa, baja la vista, suspira.
Cosas que pasan incluso en un gran día para tu carrera, un día tan potente que, con alguna mínima ayuda externa, las emociones te llevan de paseo cuando menos lo esperabas.
¿Y por qué era que estábamos en Nueva York? Ah, sí: en el medio de su primera gira por Estados Unidos, Cazzu presentará mañana el disco Latinaje en el teatro del Madison Square Garden, un auditorio con cerca de 6.000 localidades dentro del famosísimo complejo de espectáculos y deportes entre las avenidas Séptima y Octava y las calles 31 y 33. Las entradas están agotadas desde hace rato, como en la mayor parte del tour, que ya paró en Chicago, Las Vegas, varias fechas en California, y seguirá viaje por Texas y Florida. Asombroso, para un debut en este país.
Hoy tiene, técnicamente, el día libre, pero lo sacrifica por esta entrevista con Rolling Stone y para dar vueltas con Faena. El fotógrafo argentino, residente en París y exvecino de Nueva York, que ya hizo las fotos para el arte de Latinaje en Jujuy, la convencerá de bancarse las ráfagas de viento en el piso 86 del edificio Empire State y de clavarse una porción de típica pizza neoyorquina sentada sobre una de esas bocas de incendio no menos características.
“¡Chorros! Vos, tu vieja y tu papá, ¡guarda! Cuídense porque anda suelta, si los cacha los da vuelta, no les da tiempo a rajar. ¡Lo que más bronca me da es haber sido tan gil!”, canta Cazzu. No es trap sino un tango de Discépolo y no anda por las calles del Abasto porteño sino por la Quinta Avenida, en la tercera hilera de una van junto a Faena y equipo, buscando locaciones para las fotos de esta nota. Le pone empeño a la misión, pero algo parece incomodarla ligeramente y se acordó de la letra de “Chorra”.
“Me da un poco de cringe hacer fotos en Nueva York, como si estuviera conquistando el mundo. Es una ciudad que me encanta y que quiero conocer más, pero no me parece más importante cantar acá que en otro lado”, dice precisamente cuando Faena aprovecha para retratarla con Macy’s de fondo y en movimiento a través de la ventanilla. Y entonces Cazzu se hunde en el asiento, modo tragame tierra, o tragame Nueva York.
“Les tengo muy poca paciencia a las fotos. No soy una diva y no tengo alma de modelo. Es un trabajo que… mis respetos totales, pero no es para mí”, dice.
Ahora estamos en una vereda de la calle 31, una asistente compra una pizza en Dude’s (la grande de queso, 10.99), y Faena desafía a Cazzu a seguir siendo sexy mientras come una porción sentada sobre la bomba de incendios. Con plataformas rojas tan altas que marearían a una pop star consumada, sigue el juego mientras la gente pasa, la reconoce o se pregunta quién será. Una mujer latina, de unos 65 años, que no da el perfil de oyente de trap, se acerca a saludarla. “Bendiciones para ti y pa’ tu hija”, le dice en tono maternal después de darle un abrazo. Cazzu sonríe con un dejo melancólico, todavía sobre la bomba.

“Sí, la gente me bendice mucho. Eso me llama la atención –cuenta de nuevo en la van–. Me bendice a mí y a mi hija. No importa en qué creas, la bendición siempre es el deseo de que el otro esté realmente bien, y eso es muy bonito. Son más las ocasiones en las que se acercan para decirme algo, que solo para capturar una foto. Hay muchas mujeres con ganas de contarme lo que les pasó, que quizás tiene que ver con alguna vivencia mía. Eso me da la posibilidad de conocerlas, por eso le presto mucha atención a cómo se llaman, de dónde vienen, cuántos años tienen. Me doy un tiempo, incluso antes de subir a cantar, para caminar un rato y hacer contacto con los que se están preparando para el concierto. Es una manera de estar presente en la realidad, ¿no? Que es algo que me preocupa o me ocupa mucho: asegurarme de que estoy en la misma realidad que todo el mundo”.
Después de horas rotando y posando, bajando de y volviendo a subir a la van, nos juntamos a hablar en la habitación 1604. Antes, en un pasillo del hotel, alguien del entorno advierte discretamente que Cazzu debe estar agotada entre la gira, los compromisos, los viajes, las fotos, y ya veremos por cuánto tiempo se sostiene el nivel de atención imprescindible para una buena charla, más allá de la ventana acordada previamente. Pero acá estamos, al contrario, bien pasados de lo estipulado, y la música nacida 32 años atrás en Fraile Pintado, Jujuy, solo parece avocada a responder de la manera más reflexiva y precisa, desde convicciones firmes, nunca vaga ni esquiva.
“Soy una chica que tiene un estado de ánimo lineal, normal. No tuve consumos, no tengo depresiones, no tengo nada. Y, sin embargo, el desgaste de la serotonina que una pone en el escenario repercute emocionalmente de alguna forma. Siempre. De repente estás triste y no sabés por qué. Te acordás de que ayer lo diste todo, con mucha felicidad, pero sentís como un desbalance, ¿viste? Entonces, lo que intento en las giras es no ser hiperproductiva porque eso sale caro. En un momento, el cuerpo o la mente te lo cobran. Yo soy más del proceso, me gusta la tranquilidad, sentarme por las tardes en el silencio, escuchar mi cabeza. En las giras, evito pensar en ciertas cosas, me compro lo que necesito para dibujar y pintar, y estoy lejos del teléfono”, dice Cazzu.
Cuando toma velocidad en una respuesta, mira fijo al interlocutor y agita los brazos largos y extendidos como una deidad india, salpicando con sus tatuajes todo el ambiente. Y eso es lo que hace cuando explica: “Es un karma re de las mujeres esto de ser hiperproductivas. De alguna forma nos han hecho creer que mientras más seamos así el éxito será proporcional. Pero el éxito después te lo cobra. Y yo, la verdad, quiero vivir una vida tranquila; soy feliz con lo que recibo”.

La trapera conocida como La Jefa, la única chica entre los pibes del seminal single de la escena “Tumbando el club (Remix)” (2019, Neo Pistea, Duki, Ysy A, Khea y siguen las firmas y las reproducciones millonarias), hoy es una artista en plena expansión. El tour norteamericano es apenas un síntoma: en abril del año pasado lanzó Latinaje, producido por Nico Cotton, su cuarto álbum, y el más amplio musicalmente a la fecha, en el que muestra lo bien que su voz se adapta a nuevos (o no tan transitados) territorios, desde el bolero y el folclore argentino hasta el tango, la cumbia, la salsa e incluso una canción de… ¡Facundo Cabral! Casi en simultáneo publicó Perreo, su primer libro, y en abril se estrenó la película Risa y la cabina del viento, dirigida por Juan Cabral, en la que debuta como actriz.
Ese libro es toda una sorpresa. El negocio editorial suele sondear a músicos populares para publicar autobiografías marketeadas para los fans. Perreo es una decepción en ese sentido, por las mejores razones posibles: 189 páginas en las que, en lugar de distraerse con detalles inspiradores de su vida, de su trabajoso camino a la fama (“Me daría mucha vergüenza escribir una biografía a esta edad. Sería ridículo”, le dice a Rolling Stone), despliega un estimulante análisis de la música que la llevó hasta ahí (¡y a la cima del Empire State!): el reggaetón y el trap. Más que su propia obra, estudia las líricas de algunos colegas, la política del baile, la sexualización y, en particular, el “machismo” de la escena.
Se ha hablado mucho sobre el tema y Cazzu da cuenta de esa conversación, hasta se diría con rigor periodístico; pero su mirada es más bien disruptiva, personal, honesta, fuera de lo previsible. Julieta escribe en un pasaje: El reggaetón incomoda y despierta la cólera en los más conservadores porque propone otra mujer, una perra desinhibida que controla su cuerpo, sus decisiones y su sexualidad, que con su actitud ridiculiza cualquier opinión ofensiva en su contra.
“El libro existe para los demás, no para mí. Existe para las otras. Si fuese por mí el libro no existe, ¿entendés?”.
Creo que no del todo…
Es imperfecto, demasiado imperfecto, y también incompleto porque se detiene en una parte del conocimiento que espero adquirir con el tiempo. Fue una conversación que tuve con las chicas que me acompañaron en el proceso de escritura. Me decían: “La industria sigue necesitando este libro porque hay cosas que siguen pasando, aunque a vos te parezca que estén obsoletas porque las caminaste y las dejaste de sentir”. Por ejemplo, en mi sistema laboral no existe nadie con más poder que yo. Entonces, hay violencias sistemáticas que en este equipo no se viven; y si se llegaran a vivir, sería un momento terrible, rodarían cabezas. No están permitidas. Pero nomás miro un poquito para el costado y hablo con otra, con alguna chica con un proyecto un poquito más chiquito o mediano, ni siquiera tan lejos del mío, me doy cuenta de que está casi intacto el sistema que oprime a la mujer, a la mujer artista, a la mujer con capacidades de cualquier tipo.
Publicaste un ensayo sobre la música urbana casi al mismo tiempo que hiciste Latinaje, el disco con el que más te abrís de esa escena.
Este libro está abordado desde el reggaetón y el trap porque es con lo único que me siento realmente autorizada a hablar, pero no tengo dudas de que las mismas cosas suceden en los otros géneros, de los que quizá, de mi parte, sería imprudente hablar. Pero sí, [el libro y el disco] tuvieron un timing como… bueno, raro, super raro. Latinaje está hecho desde un lugar muy poco pretencioso, en realidad. Yo necesito prepararme emocionalmente y hacerme muchas preguntas que después derivan en que mi música sea de tal o cual manera. Y para este disco sentía que estaba cansada de la dificultad del urbano y de sus límites, a pesar de que también sentía muchísimo miedo de perder mi lugar o algo así. Fue un combate personal, duro, para ir derribando los miedos. Hubo un momento en el que sentía que, si cantaba más, si me soltaba, algo de Cazzu se perdía. Pero yo soy una amante de la música en el sentido amplio y Latinaje es esa verdad mía, ¿no? Esa verdad como escondida, de la música que me gusta escuchar, de lo romántica que puedo ser, a pesar de que me conocen como la chica ruda. Y cuando hablo de romántica me refiero a ser romántica respecto de tu pueblo, de tus amigos, de tu vivencia, del dolor de tus hijos. Para Latinaje debí atravesar muchas preguntas para después terminar haciendo el disco más fácil que hice en mi vida.
¿Por qué fue fácil?
Porque me sentaba a componer una canción y la escribía entera. La melodía y la letra me parecían las correctas. Voy a usar la palabra “perfectas” porque para mí la perfección en realidad es lo que uno considere, ¿no? Para mí hay canciones en este disco que son perfectas; no son las mejores en el mundo, pero sí para mí, porque fueron resultado de métodos nuevos que pude ejecutar con precisión y el papel que fui a jugar en cada canción, lo sentí verdadero. Fue también una manera de descubrirme y de conocer otros skills míos. Como: “Hey, che, mirá cómo te hago un bolero de repente”, ¿no? Qué loco saber que ese género musical está hace muchos años en mi cabeza. Si querés ser un loco que está en el loop y no ir más allá, el género urbano te lo permite. Cuando yo quise hacer Nena trampa (2022), sentí que fue poco comprendido, ¿sabés? Capaz que me volé, capaz me puse como muy científica loca. Por suerte veo que ahora hay gente que le encanta como si hubiera salido ayer y hubiera sido un éxito. Digamos que se añejó bien. Pero no fue una experiencia sencilla porque tenía más presiones que ahora. Me decían la Jefa del Trap, que cuántos años había escuchado reggaetón, que cuántos años llevaba haciendo trap, todo era como una cosa de demostración. Eso me despertaba como un brillo fálico, del que ahora lentamente trato de deshacerme, ¿viste? Para competir y para estar a la altura y para pararme frente al que me estaba impidiendo pasar, me tocó desarrollar ese brillo fálico que ahora ya no siento que me pertenezca. No lo quiero. Quiero estar más conectada con mi yo minita.
Pero esa estrategia había sido efectiva.
Fue efectiva. Son métodos efectivos, herramientas que tenés a mano. Muchas veces creo que de otra forma no hubiese funcionado. Ser más suave no hubiese funcionado en absoluto. Tenés que pegar la vuelta para reivindicar tu propia feminidad, porque llega un momento en el que estás creciendo y te das cuenta de que para el mundo la feminidad es debilidad. Y vos no querés ser débil.
Podés tener un plan, pero después estás en el escenario y pasan cosas, como la anécdota que contás en Perreo sobre el chico que te agredía durante un show a las 6 AM en una disco “de niños ricos” en Uruguay. La realidad altera el plan.
En mi caso, no atino primero a llorar. No soy así. Probablemente nunca lo sea. Primero voy a pelear, ¿me entendés? Si me voy a angustiar, va a ser mucho después.

El día siguiente a la entrevista, mientras en otro sector del Madison Square Garden juegan los New York Knicks contra los Philadelphia 76ers (108-102) un partido de la NBA, el público mayoritariamente femenino y latino (y con cuernitos rojos luminosos) llena el teatro Infosys. Desde que Cazzu arranca bien de abajo con “Ódiame”, a las 20.30, la Cazzu Army, además de amar las canciones y de bailar, parece identificarse con cada gesto de la argentina. No se trata solo del puro goce con la música, sino de empatía y sororidad. Las fans, decía Cazzu antes, le cuentan historias; y Cazzu les cuenta historias a ellas. Eso es el show de Latinaje y su despliegue con no pocos insumos de puesta musical y dramaturgia. El concierto no avanza en una historia lineal, pero sí se estructura en cuadros con escenografías y un cuerpo de bailarines varones que no hacen un movimiento que no sea en función de una narrativa bastante clara: hombres que rondan, seducen, manipulan, disputan, agreden, usan, reprimen, compiten entre ellos, negocian, se alínean, abandonan y después pretenden volver para empezar todo de nuevo.
¿Cómo es plantar Latinaje en vivo?
Es como que casi te da culpa de lo bien que resulta y de lo mucho que fantaseaste con sentirte así en el escenario. Es una experiencia muy tranquilizadora, ¿viste? Somos como un grupo de amigos haciendo lo que nos fascina hacer. Pero también siento que lo veo así porque comprendí más cosas sobre la música de las que comprendía antes. Me subía al escenario y, a pesar de que amaba hacerlo, no siempre eran momentos felices, había la neurosis, esa equivocación enorme de poner voz en el pensamiento y en la mirada del otro. Y algunas experiencias que te marcan y que son muy difíciles de deshacer, ¿viste?
¿Por ejemplo?
A mí me marcaron mucho, emocionalmente, los festivales. En un festival siempre voy a estar más nerviosa, como que me va a pasar algo en el pecho.
¿Porque el público no está específicamente para escucharte a vos?
Tuve muchas malas experiencias en festivales. Tuve mucho abucheo del varón que espera al varón que viene detrás tuyo. Me pasó de todo. Y también hubo momentos en los que me fue bien y yo igual la pasé mal simplemente porque ya era lo único que recordaba.
¿Entonces, cómo te sentís ahora en el escenario?
Latinaje es un desafío cien por ciento distinto. Armamos el show con Juan Giménez y Joaquín Guevara, de a poquito, probando. Y, bueno, llegó el momento en que tuvimos esta conversación en la que me plantearon: “Gorda, tipo, estás en un momento de tu carrera, como que ya sos una artista del pop y que te miran y que hay muchos ojos sobre vos. Hay que cantar, o sea, hay que hacerlo bien y hay que poner Autotune”. Yo les dije: “Quiero cantar estas canciones sin Autotune porque las grabé sin Autotune”. Seguramente haya que ensayar mucho, porque es diferente la energía del estudio a la del escenario. Pero nunca fui amiga del Autotune. Con el reggaetón y el trap, siento que no hacía tanta falta, o sea, los primeros años de mi carrera en el trap, cuando girábamos y cantábamos con los pibes, casi nunca usaba Autotune, salvo en algunas canciones de Nena trampa. Como no lo sabía usar, pensaba como que iba a empeorar la cosa, como que “che, mirá, la verdad que siento que [con Autotune] lo estoy haciendo peor de lo que lo haría sola”. A veces veo mujeres muy talentosas y que quizás bailan un poco más que yo y hacen más cosas, pero que tienen el “perfeccionador”. Yo en cambio estoy muy peleada con la perfección. Valoro mucho el error. Tengo la necesidad de vender realidad, ¿entendés? Es lo que vendo, es lo que ofrezco.

¿Y es lo que comprás en otros artistas?
Es lo que compro en los artistas. Igual, trato de respetar. De repente me encanta algo que es superplástico, y banco. Porque capaz que tiene lo suyo. Otras, veo chicas bailando, por ejemplo, y me parecen increíbles. Pero, en general, lo que yo ofrezco es música, letras, melodías. Y en vivo se trata de música de verdad, de letras de verdad. Por eso me gusta crear mis propias canciones, porque la realidad se empieza a tergiversar cuando hay mucha gente en el estudio, gente que conoce fórmulas y conoce acordes y que te puede llevar a caminar por la música desde un lugar bien industrial, que yo no disfruto.
¿Nada de campamento de canciones?
En mi vida no existe eso. No, no, para Latinaje éramos Nico y yo, nadie más. Ni campamento de compositores ni de productores, no. Yo conecto con un productor, con un músico, con una persona, y necesito la intimidad porque quiero decir cosas. A veces estamos con Nico y me dice: “Amiga, esta melodía está rara”. Entonces empiezo: “Bueno, pero ¿rara bien o rara mal? ¿Por qué no te gusta? ¿Porque no es hegemónica?”. Y tenemos unas conversaciones fantásticas donde yo, como lucho contra la hegemonía, de repente quiero derribar umbrales de lo que estamos acostumbrados a hacer. Y, en cambio, a él le toca ser efectivo. Pero en Cazzu no le toca ser efectivo porque hay una honestidad en la construcción que es muy, muy bonita. Podemos estar dos horas tomando mate hasta que empezamos a realizar una canción.
En el disco grabaste “Pobrecito mi patrón”, de Facundo Cabral. ¿Cómo surgió la idea?
Me parecía un mensaje bonito para compartir, escrito por alguien muy ávido en las palabras y en la poesía, particularmente en la poesía política. Hay mensajes que solo pueden ser así, como ese mensaje: es exactamente lo que yo quisiera compartir con la gente. Siento que más que canciones son gestos con el público, intenciones de compartir una idea que me parece linda y correcta y constructiva colectivamente, socialmente. Pienso que, aunque muchas veces diga que no hago las cosas para el otro, muchas de las decisiones más importantes que tomo sí son por el otro. Por la otra. La música necesita ser vehículo de herramientas de construcción. Más en momentos como los que estamos pasando.
¿En qué sentido?
Lo que pasa en el mundo. Parece que todo lo bueno, todo lo justo, casi siempre tiene una vuelta atrás, ¿viste? Lo decía Simone de Beauvoir, ¿no? Que una crisis política o social bastará para que los derechos de las mujeres sean puestos en duda. Y, literal, lo vemos en 2026. Hay momentos en los que se debe priorizar la resistencia y lo colectivo, más que lo que necesita uno.
¿Ves avances desde que empezaste tu carrera?
Hay logros. Pero es un poco frustrante que nos miremos nosotros dos acá y digamos: “OK, hay logros”. Sí, hay logros, ¡menos mal! Cómo, ¿no? Pero hay retrocesos también. Siento que hemos vivido varios retrocesos. Ver a nuestras pop stars todas peleadas, por ejemplo, es un retroceso gigante. Creo que ha sido un momento muy triste para la construcción de la sororidad y de las nociones entre mujeres. En mi caso me ha puesto muy triste lo que estaba sucediendo. Deseé mucho que no hubiese sido de esa manera y que todas aquellas niñas no estuvieran mirando lo que sucedía. Y siento que tiene mucho que ver con factores externos, factores políticos, estados de ánimo del mundo, con aquello de lo que estamos pendientes y a lo que le quitamos atención. Creo que hay evoluciones, pero son muy pocas y muy lentas. Yo justamente me la paso por ahí quejándome de un montón de situaciones y de las construcciones del sistema a costa de que haya gente que no me quiera, de que haya lugares donde no me siento insertada, donde capaz que tampoco quiero estar. Creo que ya me escuchaste hacer mis comentarios. Bueno, yo soy así de verdad. Por ejemplo, tengo mis peleas con los premios, no me ponen feliz. Cuento hace no sé cuántos años que fue la última vez que ganó una chica y digo: “Yo no quiero este premio, no lo quiero, no voy a ir”. Justo salieron las nominaciones a los Gardel [nota: al momento de esta entrevista se anunciaba que Cazzu tenía cuatro nominaciones; la entrega de premios sería el 26 de mayo, días después de la impresión de esta revista].
Son premios que existen hace muchos años y las ganadoras más importantes… te alcanza la mitad de los dedos de una mano para contarlas. Si fuera más individualista, este sería un gran momento para celebrar. Pero a mí la recompensa por Latinaje ya me la dieron. Me cuesta respetar los premios, me cuesta creer que pibes de 17 años sean más merecedores de estos premios que mujeres de 40 y 50, que los merecen desde hace ya muchos años. No lo puedo entender, entonces no puedo disfrutar mis nominaciones. Te soy honesta, ese disco está nominado en los Gardel por una cuestión de la discográfica, que automáticamente te postula, pero yo llegué a tener una conversación en la que les decía que no quería postular. Y de repente aparecieron todas estas nominaciones. Premios Gardel… me han nominado un montón de veces, nunca me dieron un premio. ¿Entonces soy una perdedora? No puedo conciliar que nosotras les demos vida a las alfombras, nos inviten a cantar, nos patinemos números increíbles con momentazos. Pero después, cuando hay que galardonar, no, nunca estamos a la altura. Creo que esta es la primera primera vez que hay tres mujeres nominadas para disco del año; quiero celebrarlo, pero me parece que llegan muy tarde. Como, puta madre, pareciera que nada me cae bien y que nadie me viene bien, pero, te soy honesta, digo ¿qué hago? ¿Hago una fiesta porque al fin nominaron a tres mujeres? Si en realidad es porque no les queda otra…
¿La entrega de los premios te encuentra en plena gira?
No tengo idea, la verdad. Estoy como conflictuada y cuando tengo conflictos con ciertas cosas, me gusta pensarlas y conversar y entender desde qué perspectiva lo hago. Objetivamente, mi problema es la desigualdad y la desvalorización de cualquier noción de talento y de capacidad que tenemos las mujeres. Me parece terrible. No puedo soportar que Marilina Bertoldi haya ganado un premio hace cinco o seis años y de ahí en más les dieron todos a chaboncitos hasta repetidos. Les dan los mismos putos premios a las mismas putas personas. Boludo, ¿de verdad? O sea, ¿somos tan malas? Todo esto lo debo haber escrito por lo menos hace cuatro años y me siento de la misma forma. Y, obviamente, esto te lo voy a decir desde el privilegio: mi música sigue funcionando. Entonces cada día me parece más importante mencionarlo, antes que no mencionarlo para poder obtener algunos de esos lugares. Me imagino que a nadie le gusta escuchar las cosas que digo. Y podrían dejar de nominarme y estaría bien para mí, ¿entendés? No sé si los premios son algo que realmente le importa a la gente, son cosas que le importan a la industria. La gente toma decisiones muy diferentes a las de la industria. Lo que la gente más escucha y más consume es exactamente lo que la elite considera como lo más barato. ¿Y quién vota esos premios? ¿Quién vota? A ver, a ver, muéstrenme quién vota. ¿Cuántas minas hay votando? ¿Quién carajo vota? Esto es rarísimo…
Interpreto que no te gusta mucho ir a entregas de premios…
Yo no trabajo por los premios. Me gusta cuidar mi tiempo, estar tranquila conmigo, serme fiel y nunca tengo muchas ganas de ir, aunque a veces me aflojo un poquito y me puedo equivocar. Hay artistas que tienen que complacer a mucha gente y no se pueden complacer a sí mismos. Pero este proyecto ha sido cuidado por mí, he sido su protectora, he sido como el cancerbero para que nunca nadie pueda infiltrarse. No tengo que hacer feliz a nadie más, a ningún empresario, no le debo nada a nadie, ¿viste? Una va dejando muchas cosas en el camino cuando toma las decisiones que yo tomé. Llegás más tarde a todos lados, no te tienen en cuenta en un montón de lugares, a los que no pertenezco, gente que no conozco y un filtro por el que no paso.
En tu libro recordás esa reunión con una ejecutiva discográfica en la que te dabas cuenta de que nunca había escuchado tu música.
Sí, es loco, ¿viste? Es loco el mundo del empresario de la música. Muchas veces sabe más cosas, muchas veces no. No siempre el artista sabe lo que quiere y hay proyectos que no pueden funcionar sin un guía externo. En mi caso, creo que me stockeé toda mi vida para esto. Preparé mi cabeza como para defenderme, y mirá que tengo un montón de momentos donde me pongo rehippie, retarada, insoportable. Le dije, por ejemplo, a Facundo, mi manager: “¡No quiero hacer la Rolling en Nueva York!”.
No te hizo caso…
No me hizo. Porque después lo escucho y le digo: “Bueno”. Ni sé por qué, ¿entendés? Está bueno entender tu proyecto. Para eso muchas veces tenés que soportar un montón de momentos incómodos, escuchar números, situaciones que no te aportan en nada a tu creatividad. Pero si querés ser dueña de tu empresa y de lo que genera y dónde va, obviamente hay que estar muy en el presente, hay cosas para resolver ya.
Muchos podrían haber asumido que, de ocurrir, el debut como actriz llegaría en el papel de una cantante que baja del interior a la gran ciudad para cumplir su sueño (y, en el mundo real, para capitalizar su popularidad con una banda sonora de alto impacto). Risa y la cabina del viento, el film de Juan Cabral que Cazzu coprotagoniza con Elena Romero (también debutante, de 10 años) y Diego Peretti, es un drama fantástico filmado en Ushuaia. Ella es Sara, una mujer que la pelea para salir adelante con Risa, la hija que descubre una cabina telefónica capaz de comunicar a los vivos con los muertos, justo lo que necesita para hablar con su papá ausente. Cabral es un colaborador habitual de Babasónicos, así que el soundtrack está resuelto con canciones de la banda y música original de su tecladista, Diego Tuñón. Cazzu, en cambio, se concentra en un rol que le queda justo, cuidadosamente ubicada en un registro verosímil, usando los recursos que puede tener como no-actriz, sin arriesgar más de lo necesario, pero cumpliendo con una labor sólida, natural. En el último Festival de Cine de Mar del Plata, Risa… ganó el premio al mejor largo argentino y Cabral el de mejor director.

Dado que cuidás tanto tus tiempos y tu energía, ¿te costó aceptar la propuesta de actuar?
Ya nos lo venían proponiendo y, la verdad, yo decía: “Che, boludo, yo nunca actué, voy a hacer el ridículo en el cine, me parece raro”. Pero Juan Cabral, que es un como un ser mágico, como un hada, insistió un montón porque decía que Sara era yo. Así que me llegó el guion, lo leí y quedé muerta de amor y de tristeza y de todo lo que me generó, y dije: “¿Qué es esto? De dónde viene esta cosa tan bonita?”.
Ya te habrían llegado propuestas antes…
Sí, no era la primera peli que me proponían. A veces quieren que hagas de vos misma, que hagas de una hiphopera, lo típico, ¿no? Y de repente este chabón me estaba pidiendo algo diferente, ¿entendés? Como que, en un tiro, se lo pidió más a Julieta que a Cazzu. Y me parecía muy mágico cómo él, sin conocerme, había visto en mí algo de su Sara, y conecté. Yo ya había ido a un casting y me había parecido terrible. Llegué a una convocatoria de una película y me dijeron: “Bueno, tenés que hacer un casting”. Pero ¿cómo? vos me estás convocando, ¿por qué tengo que hacer un casting? O sea, chicos, yo nunca actué… Vos ya me viste ahí, en la calle, nerviosa, haciendo fotos, con la gente que me está mirando. Imaginate cómo estaría en un casting. Fue un momento muy feo, traumático, y dije: “No, este no es mi mundo”.
Pero en este caso fue algo resimple, muy tierno y muy amable. Era una producción bastante alternativa, a pulmón, de solo dos semanas, y dije: “Sí, tengo dos semanas para hacer esto”. Y la verdad que hoy le agradezco a Juan por haberme convocado, porque para mí es una experiencia preciosa y me parece una película muy hermosa y, nada, me siento muy afortunada de poder aportar a una historia tan bonita como la de Risa. Ahora, mañana me pedís otra cosa y vamos a ver, no sé, ¿entendés? No soy actriz, no sé si me puedo transformar en algo o en alguien, aunque me parece fantástico.
El papel parece como calibrado para vos, sin estridencias, pero a la vez sin que estés haciendo simplemente de vos misma.
Me importaba no darme cringe a mí misma, mirarme y decir “qué raro que es esto”. Me quedo con algo que me dijeron varias personas: que “vieron” a Sara y que en un momento se olvidaron de que era Julieta. Eso me puso muy feliz porque yo traté de respetar un montón al personaje.
¿Entonces la experiencia te entusiasmó para hacer otras películas?
Me entusiasmó, pero tengo la certeza de que no todo el cine es tan dulce como lo fue esta experiencia para mí, una experiencia linda, familiar, tranquila. Donde yo no era el foco de nada, nadie estaba pendiente de mí, nada recaía sobre mí y todo era como tratar de ser funcional a lo más importante: la peli. Pero creo que no todo el cine es así. Y no está en mis planes, el cine es algo que conlleva mucho tiempo para el ritmo al que vamos nosotros. Te tiene que gustar mucho la obra, porque no vas a ir por plata, vas a estar seis semanas grabando y no te van a pagar lo que vos hacés cantando en esas seis semanas, ponele.
Es interesante esa Ushuaia que muestra la película, muy real, sin postales.
Es el ojo de Juan, que es tan talentoso. Tiene esto de mirar la simpleza de las cosas. Es un poco como Seba [Faena]. Son personas que quieren trabajar con lo que el mundo les brinda, ¿viste? O sea, esta sesión de fotos, que la gente va a ver con esta nota, tiene el traslado de la calle, de la luz, de la hora, de mi cansancio, de mi vergüenza. Y Seba, como Juan, tiene eso, el lente mágico que captura lo simple de una manera que nunca hubieses visto, así, tan bonito. Es un talento que yo respeto un montón.
Horas antes del show, la banda de Cazzu prueba sonido en el Madison Square Garden. Son una docena de músicos jóvenes y virtuosos, que incluyen bandoneón, cuerdas y vientos, lejos del standard para el género urbano. Solo una vez que todo está seteado, Julieta camina hasta el centro del escenario para chequear su micrófono. La banda empieza a tocar el crescendo de “Ódiame”, sexto track de Latinaje, Cazzu dice el primer verso y para. La banda también deja de tocar. Cazzu se cubre la cara con el brazo derecho y ahí se queda freezada. Una de las chicas del equipo se acerca y la abraza. Luego, uno de los bailarines hace lo mismo frente a la platea vacía del teatro.
“Con el equipo vas haciendo familia –había dicho el día anterior, en la entrevista de la habitación 1604–. Para mí es crucial lo que piensa el otro que está con vos. La persona que, no sé, opera los monitores, ¿qué pensás de la vida, de la música? ¿Dónde está para vos el valor de las cosas? Las coincidencias no tienen por qué ser artísticas, quizás son coincidencias humanas, lo que es más importante. Porque artísticamente necesitamos estar en desacuerdo para crecer, para que vos me saques de mi lugar y yo te saque del tuyo y para que lleguemos a un acuerdo y aprendamos a seguir adelante. Pero humanamente está bueno manejar los mismos códigos, las mismas opiniones de la vida, de las cosas. Qué raro sería trabajar con alguien que considerás que no hace su trabajo de manera leal con lo que considerás que hay que ser leal. Mucho de lo que hago recae sobre eso. Porque el de la gira es un equipazo…
¿Con cuánta gente viajás?
Somos cuarenta y pico, 46. Imaginate. Para mí, la capacidad de darle trabajo a gente que soñó toda su vida con hacer esto es como tener una varita mágica. Sea cual sea tu magia, el potencial es más o menos ese: la cantidad de gente a la que le puedas dar laburo y que estén felices, porque vos ves a este equipo y la gente está feliz. Y ellos saben que esto es de ellos y están flasheando. Los bailarines, los músicos, cada uno ocupa un espacio que es suyo, y yo lo respeto, aunque tengo la posibilidad de poner las reglas o, más bien, el tablero. Es hermoso ver tanta gente contenta en esta gira, poder venir con mi hija, bajar del show y tener un cable a tierra tan importante en la familia. Es una vida muy, muy privilegiada y muy satisfactoria. No sé si mi carrera crecerá eventualmente porque la gente lo decide y le gusta lo próximo que haga. Pero yo ya estoy lista, estoy bien, ¿entendés? Yo no manejo ambiciones desmedidas, si este es el techo, así será, y si no, bienvenido. Pero esto es una locura, o sea, imagínate, comenzamos en Chicago con 3.000 personas, seguimos en Las Vegas… ¿Qué hago yo en Las Vegas? ¡Con todo lo que hay para ver en Las Vegas, la gente me viene a ver a mí! Tuvimos lugares de 6.000 personas y lugares de 2.000, la mayoría llenos, ponele, y otros en los que sobran unos espacios. Y nada cambia, ¿entendés? Nada cambia. Está esa necesidad de la gente de venderte el sold out y de asegurar que no hay más entradas, y así convertir todo lo tuyo en un deseo. Pero no, no, a veces hay entradas, googleen, fíjense, ¿entendés? Yo quiero seguir abrazada a la realidad y, mientras, disfrutar de lo que hubiese sido una locura pensar a los 15 años. Soy muy feliz, y mirá que con todo lo que pasa… Un ataque de pánico, de vez en cuando, a nadie se le niega [risas]. Un ataque de angustia, después de seis shows seguidos, no mató a nadie…

Cazzu acaba de decir que viaja con su hija, Inti, de tres años. Y eso nos lleva a otro tema, aunque estamos muy pasados del tiempo convenido para esta entrevista con Rolling Stone. De hecho, el aviso era que hoy podría estar cansada y que la charla podría amesetarse sin remedio más temprano que tarde. Pero nada de eso pasó en la habitación 1604. Ocurrió otra cosa y fue recién hacia el final de un día agitado. La mención de Inti deriva directo en la Ley Cazzu. Una iniciativa impulsada en México y Argentina que busca limitar la responsabilidad parental a progenitores que incumplan con la cuota alimentaria por tres meses o abandonen el cuidado de sus hijos. Su objetivo es facilitar trámites como permisos de viaje y pasaportes para el progenitor que sí ejerce la crianza.
El proyecto lleva el nombre de Cazzu debido al conflicto que la cantante mantiene con el progenitor de Inti, el artista mexicano Christian Nodal. Ella ha hablado públicamente del caso y comentado, por ejemplo, detalles de una reciente mediación: “Hace tiempo que no me sentía tan mal como ese día –dijo en otra entrevista–. Ese hombre [el abogado de Nodal] me miró a los ojos y sin decirme nada me dijo: ‘Tenemos el puto control sobre vos y sobre tu hija’”.
Ante la pregunta sobre qué siente respecto de que un proyecto de ley, para auxiliar a otras mujeres en circunstancias similares, lleve su nombre, alcanza a decir: “Es lindo que me lo preguntes porque también creo que hay una confusión. Hay personas que piensan que esto es algo que yo propuse y la verdad que es una iniciativa de personas que un día decidieron proponer cierta modalidad parental debido a problemáticas muy comunes, de las cuales yo he sido víctima. Que usen mi nombre para un proyecto así me honra mucho. No sé si de por medio hay instituciones políticas, si hay segundas intenciones, pero cuando lo veo objetivamente es una propuesta que me conmueve por haber representado una voz para denunciar las desigualdades; muchas de ellas, de las que no puedo hablar, las vivo todos los días y son una carga muy pesada que llevo. Y, nada, considero que es un…”.
Algo queda en pausa. Cazzu está por dar uno de los conciertos de su vida, una noche que, de ir todo bien (escribo esto desde el futuro: el concierto fue impecable), merecerá el adjetivo de consagratoria. Pero por unos segundos larguísimos, densos, profundos, Manhattan se apaga y lo único que existe es la habitación 1604 de este hotel. No hay afuera, no hay antes ni después. ¿Habrá Cazzu? Quizás solo Julieta y una angustia acechante, que reaparece. Hasta que Cazzu vuelve para decir lo que necesita decir: “Me emociono un toque porque hoy ha sido incluso un día un poco complejo desde esa perspectiva”. Mientras recobra la firmeza de la última hora y media, los brazos y los tatuajes vuelven a revolotear, de a poco. “Pero nada me enorgullece más que que mi paso por el mundo aporte algo para una causa honrada y constructiva, ¿no?”.
¿Te obsesiona pensar y planificar el futuro?
No, en ese sentido soy más infantil. Sí me pasa que me da un poco de vértigo perder lo que tengo, despertarme un día y haberlo perdido todo. No sé por qué. Tendrá que ver con mi historia… ¡Después lo hablamos en terapia! [risas]. Creo que estos son los años donde me gustaría consolidar mi patrimonio financiero y económico. Después, los deseos artísticos muchas veces son una inversión que no se recupera y que no siempre son un negocio redondo, a menos que vos seas un negocio redondo. Y yo soy un negocio totalmente deforme, que de redondo no tiene nada. Todos mis hits son accidentes totales.
Me gustaría sentir eso, ¿sabés?, que voy a poder criar a mi hija, ayudar a mi familia, que vamos a estar bien, con lo que se necesita, sobre todo un techo, la comida. Y seguir creando. Porque soy una drogadicta del proceso creativo, espero ese momento con ansias, ingresar en la fantasía y en cada pieza para llevarla a cabo. Pero, en cuanto al futuro, solo deseo hacerme grande y envejecer bien y contenta, con lo necesario para vivir. Y, la verdad, no necesito tanto para vivir bien. No tengo tanto y, si lo tengo, seguro me lo gasto en el próximo delirio artístico, porque soy así. Si tengo gustos caros, son para el arte, nada más.
Fotografías de Sebastián Faena
Styling: Jorge León
Makeup: Belu Sáenz
Pelo: Mae Ludueña
Asistentes de vestuario: Flor Traverso y Cata Rec
Video: Pablo Corradi
Agradecimientos: Ay Not Dead, The Ann Wagners, Kosiuko, Selu, Valentina Schuchner, Jesús Fernández, Cocoliche, Esquina, Joti Arriague y Empire State Building
The post Cazzu en la tapa de ROLLING STONE: “El sistema que oprime a la mujer está casi intacto” appeared first on Rolling Stone en Español.
Hay artistas que construyen un personaje para sobrevivir a la industria. Que moldean su discurso, su estética y hasta sus emociones alrededor de lo que se espera de ellos. Y luego está ROBI, decidido a hacer exactamente lo contrario.
En conversación con ROLLING STONE en Español, el artista puertorriqueño habla desde su más vulnerable voz mientras se prepara para el lanzamiento de Sorry si soy gris, su álbum debut que, según explica, nació de la necesidad de dejar de disculparse por quién es.
Entre canciones grabadas en casa de su abuela, pistas escondidas para sus fans y una visión clara del lugar que quiere ocupar dentro de los sonidos latino, Roberto Chabrier Báez, mejor conocido como ROBI, entra en una nueva etapa artística con la honestidad como principal bandera.
Las 17 canciones que conforman Sorry si soy gris estarán disponible en todas las plataformas de streaming a partir del próximo 4 de junio.
A continuación, extractos editados de nuestra conversación.
Felicidades por el estreno de tu álbum debut, Sorry si soy gris. ¿Cómo te sientes en este momento de tu carrera?
Me siento muy emocionado. Es algo que llevo soñando toda mi vida y hace ya unos años trabajándolo. Estoy disfrutando cada proceso que estoy viviendo gracias a la música. Pero este momento específico lo siento muy especial. Me siento muy agradecido con la vida y con las oportunidades que están llegando.
El primer adelanto fue el sencillo ‘Break’, un tema que, aunque aborda una relación tóxica, mantiene una vibra fresca y ligera. ¿Cómo fue su proceso de creación?
Realmente ese era el concepto de la canción. Quería que hubiera un contraste entre la letra y la vibra. Que las personas las primeras veces la escucharan y la disfrutaran, y luego, cuando analizaran la letra, dijeran: ‘OK, aquí hay más contenido’.
‘Break’ nace de algo que viví. Ese día en el estudio quería hablar de esa situación donde no te están correspondiendo el amor y el interés. Es este debate mental de salir con tus panas para olvidarte de alguien, pero al mismo tiempo querer llamarle aunque sabes que no debes hacerlo. Quería plasmar ese conflicto entre mi mente y mi corazón.

Y hablando de contenido, ¿qué sonidos y ritmos podemos esperar dentro del álbum? ¿Se inclina más hacia el pop, lo urbano o una mezcla de ambos?
En este disco traté de mezclarlo todo, pero dándole un aire bien pop. Hay tintes de R&B alternativo con pop, salsa con pop y reggaetón, pero el género que siempre está presente es el pop. Me encanta la idea de ser ‘el que defiende el pop en una isla donde ya no se hace’. Me recuerda a los grandes artistas que también lo hicieron en su momento y brillaron por eso. Son melodías súper frescas, globales, y siento que eso le da un sonido muy honesto y muy real conmigo.
También diría que es un disco bien unapologetic. Hice cosas que maybe no son tan comunes dentro de las reglas del pop, pero eso es precisamente lo que lo hace especial. Simplemente fui yo. El disco fue como un canvas en blanco.
Ahora, en cuanto a simbolismos, ¿por qué gris? ¿Qué significa este color en la narrativa del álbum?
El gris representa ese momento donde estás justo en el medio de dos sentimientos o de dos cosas. Yo soy muy creyente de que soy un gris en esta industria. A veces me siento muy pop para lo urbano y muy urbano para lo pop. Siempre termino en ese medio.
Y solo abrazando ese sentimiento de ser un gris es que pude llegar al sonido de este álbum. Las letras hablan de sentimientos complejos, no simplemente de ‘te amo’ o ‘te odio’. Quería crear un mundo donde pudiera reflexionar sobre cómo abrazar esas partes grises de mí.
Se escucha muy íntimo
Sí, totalmente. Es un disco muy honesto y muy real conmigo en este momento de mi vida. Lo empecé a escribir sin pensar tanto en hacer algo para pegar o algo más mainstream. Cada canción la hice con la intención de revelar un poco más de quién soy como persona, más allá de ROBI el artista.
¿Qué emociones exploras dentro del álbum?
Sorry si soy gris funciona como una especie de catarsis emocional. Todo nace desde el amor. Hablo de distintas maneras de experimentar el amor y el desamor, pero la moraleja final del disco es aprender a convivir con las partes grises de mí, con las partes complejas o las que todavía no entiendo.
Por eso el disco se llama Sorry si soy gris. Soy una persona que muchas veces tiende a disculparse por cosas por las que quizá no debería disculparse. Entonces es esta reflexión de primero decir ‘sorry’ y luego entender que quizá no tengo que pedir perdón por ser quien soy.
Gran parte del álbum fue grabado en Los Ángeles, pero una de sus canciones más importantes nació lejos de los grandes estudios. ¿Dónde nació realmente este disco?
Aunque gran parte del álbum lo grabé en Los Ángeles, una de las canciones más importantes nació en casa de mi abuela, literal como en los tiempos de antes. Esa canción es muy significativa para mí. Ya se darán cuenta ustedes cuál es.
¿Habrá colaboraciones?
Sí, vienen colaboraciones con personas que admiro muchísimo. Pero también quise que el disco pudiera defenderse solo. No salí a buscar colaboraciones porque sí. Quise que las cosas llegaran naturalmente y así mismo pasó.
Hace poco presentaste este material en vivo en Puerto Rico junto a Lockward y Del Toro. Un show que describes como un punto de inflexión dentro de tu carrera. ¿Cómo fue esa experiencia?
Fue mi primer show totalmente pop en Puerto Rico. Era algo que venía manifestando desde hace mucho tiempo. Y cuando se dio la oportunidad, quería compartir escenario con artistas que también están defendiendo ese sonido. Conocí muchos fanáticos que todavía no había podido ver en persona y siento que fue un antes y un después en mi carrera.
Tu relación con tus fans parece muy cercana
Siempre trato de dejarles saber lo agradecido que estoy. Y algo que digo mucho es que siento que soy uno más de ellos. Honestamente, podría ser amigo de cualquier fanático mío porque son un reflejo de quién soy. Siento que ellos conocen más a Roberto que a ROBI. Y eso hace que la relación sea mucho más íntima.

¿Qué viene después del álbum?
Siento que este disco le va a abrir una puerta bien grande al pop dentro de Puerto Rico. Quiero hacer una gira, cantar en lugares donde todavía no he podido estar y seguir haciendo música vulnerable, música que me represente como persona. Estoy muy ansioso por ver las puertas que este disco pueda abrir para mí y también para la gente que conecte con él.
The post ROBI abraza sus ‘partes más grises’ en su álbum debut: ‘Soy un gris en esta industria’ appeared first on Rolling Stone en Español.
Luis Enrique, nacido en Nicaragua, siempre ha sido un artista polifacético que ha recorrido universos sonoros que van desde el pop hasta la música de raíz, aunque con un corazón que siempre palpita en clave. Después de 13 años, el Príncipe de la Salsa regresa con una gran nueva producción: El alma en clave.
Un disco grabado entre Miami, Venezuela y Puerto Rico, que cuenta con colaboraciones de De La Ghetto, Luis Fernando Borjas, Alain Pérez, Los Hispanos e Israel Houghton, nació a partir del cúmulo de canciones en las que Luis Enrique venía trabajando incluso desde la pandemia. “Las canciones fueron forjando el camino del disco, un álbum que nace desde la esencia de la salsa. El alma en clave lleva ese título porque es lo que, en realidad, mi alma quería seguir: volver a construir un disco completo alrededor de la salsa”.
Escuchar un álbum de principio a fin es, como dice el nicaragüense, un momento de comunión con la música. “Es importante darse el tiempo de escuchar la obra completa que un artista está presentando. Lo lindo de los discos es ir descubriéndolos, darse cuenta de que cada canción es un universo guiado por un mismo hilo conductor que permite que el álbum camine”, afirma el cantante.
El focus track del disco es la colaboración junto a Alain Pérez, una canción creada hace aproximadamente 20 años. “Es una historia poderosa de desamor y de reencuentro con uno mismo. Incluso desde el ritmo, la narrativa de la canción va transformándose. Duré 20 años encontrando el camino para esta canción”, cuenta el artista.
Por su parte, ‘Porque creo en ti’, junto a Israel Houghton, presenta una fusión inesperada entre el universo salsero de Luis Enrique y la fuerza sonora del R&B góspel. La colaboración con el boricua De La Ghetto, en cambio, es una explosión de energía que sigue demostrando la cercanía entre el reggaetón y la salsa. “‘Nombre y apellido’ era la canción perfecta para De La Ghetto, donde demuestra que sabe cantar salsa. Es una sorpresa muy bonita”, asegura. Y reflexiona: “En tiempos en los que la música parece cada vez más desechable, es difícil encontrarse con una verdadera canción de amor como esta que construimos con De La Ghetto. No está contada desde el despecho, sino desde la verdadera esencia del amor”.

¿Qué se necesita para cantar salsa? Analizando la cercanía de algunos géneros urbanos con la salsa —algo que durante los últimos años ha causado gran furor gracias a artistas como Bad Bunny o Rauw Alejandro—, Luis Enrique considera que comprender la esencia del género es fundamental para que un artista urbano pueda interpretarlo correctamente: “Entender la raíz y el ritmo de la salsa es vital. Yo no podría salir a hacer reggaetón; antes debería escucharlo, investigarlo y entender cómo sonaría mi voz dentro de ese género. En el caso de De La Ghetto, él viene escuchando salsa desde pequeño, le encanta Héctor Lavoe y muchos otros salseros, así que ya conocía este mundo que es la salsa”. Y ahí radica uno de los puntos fundamentales donde convergen la salsa y el reggaetón: el amor por la salsa inculcado por los padres de muchos reguetoneros.
“Hay álbumes que marcan momentos importantes dentro de mi carrera y también dentro del género. Ciclos dejó una huella profunda, y siento que este nuevo proyecto viene a ocupar ese mismo lugar. Después de Jukebox, que salió en 2013, no había vuelto a grabar un disco completo de salsa. El proyecto junto a C4 Trío también fue muy especial para mí porque me permitió explorar un lenguaje musical distinto al que normalmente hago. Por eso, después de 13 años, siento que este disco marcará un antes y un después en mi camino artístico”, contó Luis durante el lanzamiento del álbum.
–
“La industria es la industria, pero antes de cumplirle a ella, es importante cumplirse a uno mismo. La música primero y después todo lo demás”.
–
Durante sus 38 años de carrera, la fanaticada salsera ha seguido de cerca el recorrido del nicaragüense y, en los últimos 13 años, ha esperado con ansias su regreso a la salsa en estado puro. “Durante los últimos años me he quedado solo sacando sencillos”, confiesa. “No encontraba un concepto que pudiera sostener un disco”, complementa.
Frente a los retos que impone constantemente la industria musical, el cantante ha optado por ignorarlos y concentrarse en el desafío más importante: la creatividad. “El día que pare de crear, ya no estaré en este mundo. Eso me ha ayudado a trabajar conmigo mismo y a descubrir qué más hay dentro de mí. En la creatividad está la fuente de todo. La industria es la industria, pero antes de cumplirle a ella, es importante cumplirse a uno mismo. La música primero y después todo lo demás”.
También ha aprendido que muchas de las presiones que ejerce la industria son innecesarias y que estar de gira los 365 días del año no es lo verdaderamente importante.
Y, como no podía faltar, hablamos de ‘Yo no sé mañana’, su mayor éxito y una de las canciones más importantes de la salsa moderna. “Cada vez que la interpreto es diferente y jamás me voy a aburrir de cantarla. Hace parte de mí”.
Pensando en el futuro y trabajando físicamente para mantenerse en forma, el nicaragüense tiene su alma puesta en la fe, mientras continúa creando música naciente desde lo más profundo de su ser. “El arte de hacer música es un regalo divino”.
The post <i>El alma en clave</i> de Luis Enrique appeared first on Rolling Stone en Español.
Pocas personas han influido tanto en el sonido del pop contemporáneo como Jack Antonoff. Como productor, ha participado en algunos de los discos más celebrados de la última década; como músico, ha convertido a Bleachers en un espacio donde las canciones funcionan como una conversación íntima y constante con su audiencia. Aunque su nombre aparece detrás de éxitos masivos y estadios llenos, Antonoff sigue hablando de la música desde un lugar profundamente personal, casi artesanal: el de alguien que aún se sienta en una habitación buscando capturar una emoción antes de que desaparezca.
Con el lanzamiento de Everyone for Ten Minutes, el músico regresa a temas que han marcado gran parte de su obra: la familia, la pérdida, el amor, la identidad y el paso del tiempo, pero lo hace desde una perspectiva luminosa. En esta conversación con Rolling Stone en Español, habla sobre la honestidad como acto de esperanza, la conexión casi familiar que mantiene con los seguidores de Bleachers, las huellas de New Jersey en su sonido y por qué, pese a todos los cambios de la industria, sigue convencido de que la sinceridad continúa siendo el corazón de la música.
¿Qué has estado haciendo últimamente?
He estado corriendo de un lado a otro organizando todo lo del álbum, pero esta semana volví al estudio, lo cual estuvo muy bien. Para mí es importante no estar demasiado tiempo lejos de eso. Me descontrolo.
¿Qué parte de esos días adolescentes tocando en bandas en New Jersey sigue viva hoy en Bleachers?
La parte más importante, ¿sabes? Mi vida ha cambiado de muchísimas maneras y, al mismo tiempo, no ha cambiado nada. Mi cuerpo sigue haciendo lo mismo y sigo haciéndolo por las mismas razones. A veces incluso me sorprende lo parecido que sigue siendo todo. Ir de gira, tocar en shows, dormir en hoteles, subir a un avión, ya sabes. Las habitaciones son más bonitas ahora, pero sigue siendo lo mismo.
Es una gran respuesta, sin duda. Bleachers nació cuando tu carrera como productor estaba despegando muy fuerte, ¿cierto? ¿Qué necesitabas de tener tu propia banda?
Bueno, siempre he tenido mi propia banda. Lo hago desde que tenía como 13 años. Es simplemente lo que hago. No hay una respuesta más profunda para todo esto. Así es como me comunico conmigo mismo y con el mundo, así ha sido siempre. Desde niño escribía canciones, tenía una banda, salía a tocarlas y luego ayudaba a mis amigos con sus discos. Como dije, todo se ha vuelto mucho más grande, pero sigo haciendo exactamente lo mismo que siempre he hecho y es lo que pienso hacer toda mi vida.

Hablemos del nuevo álbum. ¿Qué significa para ti el título Everyone for Ten Minutes?
Para mí significa el final del experimento fallido de creer que todo el mundo necesita llegarle a todo el mundo. Es lo opuesto a lo que se siente estar en una banda, salir de gira y hacer música. Yo simplemente estoy allá afuera buscando a mi gente, y cuando vi esa frase pensé que era hermosa. Es casi como una armadura de protección: solo puedes ser accesible para todo el mundo durante cierto tiempo. Así se siente lanzar un álbum. Es como si lo arrojaras al mundo entero, pero en realidad solo estás buscando a tu gente.
Este nuevo álbum toca temas como el duelo, el matrimonio y la muerte, pero tú lo has descrito como “esperanzador”. ¿De dónde viene esa esperanza?
Bueno, ser honesto ya es algo esperanzador. No es tan simple como hablar de cosas positivas. Para mí, la esperanza en mi música consiste en hablar de las cosas más difíciles de mi vida y encontrar algún destello de luz dentro de ellas. Creo que muchas de mis canciones más tristes son las que mi audiencia siente como más esperanzadoras, porque el acto de ser tan honesto y tan directo es en sí mismo un acto de esperanza. Depende de qué tan profundo quieras ir. Un oyente casual puede escuchar más disonancia, pero mi audiencia entiende lo esperanzador que es porque conoce el camino para llegar hasta aquí y toda la historia previa.
¿Podemos hablar de algunas canciones del álbum? Empecemos con ‘sideways’, el tema de apertura. ¿De dónde nació esa canción?
Nació de reconectarme con mi historia de origen de una forma nueva. Había mucha alegría, libertad y emoción cuando me fui de casa a los 15 años para salir de gira, pero también había mucha culpa. Era como cortar una relación ancestral. Mis antepasados fueron inmigrantes y, una y otra vez, solo buscaban un lugar, trabajo, una familia, seguridad y felicidad, y luego llego yo, la primera generación de mi familia que se salió de ese camino: me fui de casa, no fui a la universidad, hice música y todas esas cosas. Fue muy poderoso. Esa mezcla entre libertad y culpa me parecía muy interesante y quería volver a contar claramente mi historia de origen, porque vivimos en una época donde todo tiene una huella digital que a veces solo muestra una parte de la verdad o incluso mentiras completas. En ‘sideways’ me sentí realmente decidido a explicar exactamente cómo llegué hasta aquí.

Increíble. ¿Y qué hay de ‘dirty wedding dress’?
La canción sucede durante la noche de mi boda, aunque realmente no trata de eso. En el fondo habla sobre a quién dejas entrar en tu vida. Hubo algo de esa noche —estar nosotros dentro y tener multitudes afuera— que me recordó muchísimo cuánto amo a mi audiencia, porque ellos son quienes realmente pueden entrar. Sabía que iba a escribir sobre esa experiencia. Lo que no imaginaba era que lo haría de una manera tan metafórica, pero así terminó saliendo.
Hablemos de ‘upstairs at els’. ¿Qué representa esa canción?
Para mí es como el final de una película. El álbum realmente termina con ‘i’m not joking’ y luego ‘upstairs at els’ es como cuando empiezan a rodar los créditos. Básicamente es la sensación de terminar algo que amas y finalmente poder llamar a tus amigos, relajarte y pasar tiempo con ellos.
Esta es una pregunta que siempre le hago a los productores: ¿cómo sabes cuándo es momento de soltar una canción, un proyecto o un álbum?
Cuando mi instinto me lo dice. Es algo muy fuerte y muy claro. Nunca he tenido problemas con eso. Es muy fácil para mí reconocerlo. Paso muchísimo tiempo persiguiendo y buscando esa sensación, y cuando finalmente la encuentro, es la cosa más reconocible del mundo para mí. Muy clara y muy poderosa.
Cuando está listo, está listo.
Exactamente. En ese punto ya no sigo moviéndole cosas. Siempre he sido así. Desde niño haciendo música, sé cómo me siento respecto a las cosas, sé lo que escucho en mi cabeza y sé cuándo finalmente lo escucho grabado.

¿Cómo describirías el sonido de New Jersey hoy en día, si es que existe algo así?
Claro que existe [risas]. Es música costera, que tiene una sensibilidad muy específica, pero también oscila constantemente entre un gran espectro de esperanza y devastación. Es tan triste y disonante como poderosa y esperanzadora. Se mueve bellamente por todo ese espectro.
¿Hay algo que escuches o hagas para desconectarte un poco de producir música?
La verdad no. No es algo de lo que necesite desintoxicarme. Amo escuchar las cosas en las que estoy trabajando y mantener una relación intensa con ellas. Nunca quiero alejarme de eso.
Has descrito a la audiencia de Bleachers como una familia. ¿Qué hace que esa conexión se sienta tan real para ti?
Les hablo de una forma muy honesta y llevamos muchísimo tiempo teniendo una conversación que se vuelve cada vez más profunda, como pasa en cualquier familia o relación larga.
¿Crees que las audiencias están buscando sinceridad otra vez? Vivimos en un mundo dominado por algoritmos. ¿Qué piensas que la gente está necesitando hoy?
No creo que la gente haya dejado de querer sinceridad alguna vez. Nadie dejó de quererla. El trabajo que más logra conectar siempre ha sido profundamente sincero. Lo que pasa es que hay mucha gente poderosa intentando imponer otras cosas, pero realmente no funciona. Por más que la música se venda, se use en todas partes y esté en el centro del comercio, la tecnología y todo eso, no es así para quienes la hacemos. Nosotros solo estamos sentados en habitaciones, solos o con muy pocas personas, tratando desesperadamente de alcanzar una emoción y capturarla en una grabación, para luego compartir una conexión muy pura con nuestra audiencia. Todo el ruido alrededor puede ser confuso, pero no refleja lo que realmente ocurre por dentro. No creo que haya existido nunca una verdadera tendencia en contra de la sinceridad.
Increíble, sí. Eso no lo pueden cancelar. Cuando trabajas con Bleachers, ¿sientes que hay una separación entre Jack el productor y Jack en Bleachers?
No realmente. Todo sale de la misma parte de mi corazón.
¿Qué es lo que todavía te da fe en la música hoy?
Todo. Creo que esa pregunta parte de la idea de que algo anda mal, pero no es así. La música es todo lo que tenemos.
The post Jack Antonoff: “La música es todo lo que tenemos” appeared first on Rolling Stone en Español.
Detrás de la voz de Hempress Sativa existe una herencia rastafari que honra todos los días mediante canciones que invitan a expandir la consciencia, impulsan el respeto entre los seres humanos y reafirman la fortaleza de las mujeres. Después de sus dos primeros álbumes de estudio, Unconquerebel (2017) y CHARKA (2023), “The Lyrical Machine” —como ha sido apodada por su pluma fina— ha presentado recientemente su tercer trabajo discográfico: Woman.
Para esta ocasión, la artista jamaiquina se reunió con su viejo colaborador Paolo Baldini, el productor italiano con quien en 2016 publicó su gran hit ‘Boom (Wah Da Da Deng)’. Hempress compuso las canciones y luego viajó a Italia a finales del año pasado para terminar el LP, un trabajo que dice no haber tardado mucho en hacer pero que supuso un reto debido a la barrera del idioma.
Al lanzamiento de Woman le sucedió una serie de conciertos por Europa junto a Baldini, pero luego de un breve descanso, la cantante se prepara para viajar a Latinoamérica. Para ella, no existe una preparación minuciosa pues considera que buena parte de sus shows depende de la energía del público y del momento. “Es porque, para mí, cada presentación es muy espiritual”, explica. “Quiero que sea una experiencia natural. No me gusta que esté tan planeado ni que sea tan pretencioso. Quiero vivir el momento”.
Días antes de su debut en Bogotá el próximo 5 de junio durante la primera edición de Concrete Junglist, la exponente del conscious roots reggae habló con ROLLING STONE en Español sobre su último disco, la importancia de la mujer dentro del movimiento y lo que desearía que cambiara en la industria musical para que las mujeres reciban el respeto que merecen.
Hempress, a Bogotá llegarás con tu disco más reciente, Woman, el cual es un homenaje a las mujeres y nuestra relevancia en el mundo. ¿Qué te llevó a explorar este concepto para tu tercer álbum y en este punto de la historia?
Me estoy haciendo mayor, más sabia y estoy honrando mi arte. Soy más consciente y creo que estoy entendiendo cada vez más la esencia de la mujer. Estoy en mis 40, así que he tenido muchas experiencias en mi vida y ya puedo ser más directa. Quería crear un álbum que examinara las múltiples facetas de la mujer. Somos tan poderosas, tenemos un rol vital en la sociedad y somos más que personas que pueden gestar. En un punto, fuimos oráculos y fuimos altamente respetadas por nuestra intuición y esencia espiritual. Quería recordarles a las mujeres que a pesar de que el patriarcado nos diga que somos débiles, que debemos servirles a los hombres y ser sumisas, tenemos una posición vital dentro de la humanidad. Tenemos que mantenernos firmes en nuestra gloria y gracia sin importar lo que los hombres piensen y sientan.
¿Qué mujeres te formaron como persona y como artista?
Las mujeres que me formaron como persona, definitivamente, son mi madre y mis hermanas porque antes de cualquier interacción que tuviera con otras, estuvieron ellas. Ellas son la primera inspiración. Y a nivel musical, he estado influenciada por mujeres fuertes. Diría Lauryn Hill, Sade, Sister Carol, Sister Nancy, todas mujeres que cimentaron el camino y dejaron huella. Ellas cargaron con el peso de esto sobre sus hombros y nunca se doblegaron.
En este álbum no solo hablas sobre las mujeres, sino también sobre el mal en el mundo y la necesidad de unirnos para combatirlo. ¿De qué manera construyes este sentimiento de comunidad alrededor de tu música?
Es verdad, en este álbum hablo desde la perspectiva de la mujer porque recuerda que no somos del tipo que busca algún tipo de maldad para la comunidad a la que pertenecemos, y quiero que este disco sirva de recordatorio de que a eso es a lo que debemos apuntar. El mundo ha estado regido por un sistema patriarcal durante mucho tiempo y todo se ha hecho con una aproximación masculina, pero lo que falta es bondad y empatía. Esa es la energía que nosotras representamos mejor. Quiero que, además, resuene con la gente a un nivel más espiritual y que sea mucho más que un “álbum para mujeres”, porque somos multifacéticas y tenemos una cualidad espiritual que impacta al mundo.

¿Dónde encuentras el impulso para escribir canciones o crear un álbum completo?
En las experiencias de vida. Puedo estar escuchando un audiolibro y una frase puede ser mi inspiración. O puedo estar escuchando una canción de otra persona y su melodía me impulsa a hacer la mía. Tan solo el hecho de estar viva es una inspiración, utilizo cada esencia como una oportunidad de implementarla en mi música.
¿Qué tan distinto fue el proceso de crear este disco del anterior?
Creo que la principal diferencia es que en los anteriores hubo un mayor entendimiento a nivel de dinámicas culturales. Esta vez, trabajar con Baldini fue retador porque él no habla inglés, entonces expresar las cosas que yo quería escuchar y sentir fue un poco difícil. Diría que el mayor reto con este álbum fue la barrera del lenguaje.
¿Cómo lo solucionaron?
Encontramos personas que nos tradujeron. En ocasiones nos entendíamos; en otras no. Pero, al final del día, logramos que funcionara y pudimos terminar el disco.
Paolo produjo tu hit ‘Boom (Wah Da Da Deng)’ en 2016. ¿Cómo terminó involucrado en Woman?
Exactamente, yo ya había trabajado con él en 2016, así que lo busqué de nuevo y le dije, “Oye, tengo una idea para un álbum. ¿Te interesaría crearlo conmigo?”, y él me contestó que sí. Literalmente, así fue como sucedió.
¿Qué le aporta Paolo a tu música?
No creo que le aporte nada en particular porque él tiene su propia manera de interpretar la música, así como yo tengo la mía. Sin embargo, lo mejor de todo es que podemos colaborar para crear algo verdaderamente único.
Este álbum contiene dos colaboraciones importantes, una con Tiken Jah Fakoly y otra con Jalifa. Pero primero, ¿qué me puedes decir de ‘Rastaman A Chant’?
Soy una mujer rasta y, a lo largo de los años, siempre escuché conversaciones entre los mayores sobre Babylon, el sistema que fue impuesto, y lo que vendrá. Quería hacer una canción a modo de recordatorio de eso, pero también reafirmar que todo estará bien, y así fue como di con el concepto de ‘Rastaman A Chant’. Quería recordarle a la gente que todavía hay rastafaris hablando en contra de las injusticias y las atrocidades que están sucediendo porque nada ha cambiado, pero al final del día somos quienes tenemos que darnos cuenta de eso y actuar.
Y, ¿cómo terminaste invitando a Jalifa para ‘Ganja Spliff’?
Siempre he hablado con Jalifa a través de redes sociales. Eventualmente, intercambiamos números de teléfono y nos hablamos por WhatsApp, entonces le conté que estaba trabajando en un álbum y le pregunté si quería participar en una de las canciones. Ella se mostró emocionada y llegamos a la idea de ‘Ganja Spliff’. Yo ya había escrito la canción y le dije, “Jalifa, me encantaría que estuvieras en esta canción porque ambas somos defensoras de la marihuana”. Ella me contestó, “Absolutamente”, y en 30 o 35 minutos ya me había mandado una demo.
¿Te llamó la atención la rapidez con la que la hizo?
Para ser honesta, no. Yo sabía que quería colaborar con Jalifa porque me gustan sus melodías y su delivery, pero entiendo que cada artista interpreta la música de forma diferente. Hay quienes pueden hacer una canción en media hora y puede que esté bien, pero no trasciende; hay otros que tardan años en trabajar una sola canción y esa es la que perdura. Por eso es que no me impresiona la habilidad de escribir rápidamente, más bien, la canción debe tener sentido y eso fue lo que sí me impresionó.
¿De qué manera eliges a las personas que quieres involucrar en tus trabajos?
Soy una persona peculiar, de modo que siempre me inclino por personas que tengan una mentalidad similar a la mía y que estén en mi misma sintonía. Siempre me emocionará colaborar con alguien que sea espiritual, consciente, que no esté absorto en la negatividad y que no sea chismoso. Más bien, alguien honesto que aún conserve la esperanza y que esté intentando dar lo mejor de sí en la industria musical.
Después de trabajar en este álbum, ¿qué dirías que es lo que más disfrutas de ser artista?
La gente no entiende que los artistas seguimos siendo seres humanos: tenemos las mismas emociones, los mismos sentimientos que los demás. Entonces, cada vez que interactúo con personas que apoyan mi música, son amables, empáticas y comprensivas, y eso me llena de alegría. He conocido personas que me han dicho que mi música les ha impactado, incluso hay quienes me han dicho que querían quitarse la vida, pero cambiaron de parecer al escuchar la letra de una canción. Para mí, esa es una de las mayores recompensas porque la música también me ha salvado muchas veces. Me siento muy agradecida cada vez que puedo darles algo de vuelta porque me han dado fuerza con sus palabras, con su apoyo, al ir a los conciertos y al demostrar su cariño. Es una experiencia completa.
Y, ¿qué es lo que más disfrutas de cantar en vivo?
La energía en vivo y escuchar a los fans cantar las canciones. Últimamente estuve viajando un montón por Europa y la barrera del lenguaje es enorme, pero es hermoso saber que el idioma no importa a la hora de entender la música. Lo que importa son las vibras de lo que estamos cantando y eso me resulta fascinante. La música trasciende límites y las barreras no importan; las conexiones y la energía sí. Nosotros agradecemos el poder tener la inspiración de crear canciones que tengan impacto en la gente.

Hempress, desde tu perspectiva, ¿qué tan importantes han sido las mujeres para el roots reggae?
Muy importantes. Considero que somos portadoras vitales de una energía intuitiva y de poder. En este caso, somos capaces de transmitir una emoción y creo que por eso mismo trascendemos en la música. Somos capaces de canalizar emociones en un sentido más profundo, siempre y cuando tengamos la oportunidad de demostrarlo. Hay muchas mujeres talentosas haciendo canciones de música espiritual, pero ni siquiera han podido compartirlas con nadie porque es un campo dominado por hombres, y ese es un problema muy grande. Los hombres pueden hacer canciones mediocres que serán aceptadas, por el contrario, a veces a nosotras ni siquiera se nos permite mostrar el 1% de lo que podemos hacer. Todavía hay mucho por mejorar.
¿Qué cambios te gustaría ver dentro del movimiento para que las mujeres obtengan más reconocimiento?
Me gustaría que más mujeres tuvieran reconocimiento en la industria no solo como artistas, sino como managers, agentes de booking y demás. También me gustaría que los eventos contaran con más mujeres en sus carteles y en letras grandes. Que fueran las encargadas de cerrar los festivales porque nosotras podemos atraer al público. Que se nos dieran las mismas presentaciones que a los hombres. Que se nos respete.
No lo digo por ser negativa, pero me gusta evaluar las experiencias. Una vez estuve de gira y tuve que enfrentarme al tour manager (no era el mío). Yo era la única mujer en el cartel, así que tenía que compartir baño y otro tipo de cosas con hombres. Hubo un momento en el que estaba usando el baño y un hombre entró y tuve que decirle [al tour manager], “No es por ser ‘diva’ ni nada por el estilo, pero la privacidad es muy importante para mí”. Como mujer, nunca quisiera que alguien me encontrara en una posición vulnerable, así como tampoco me gustaría entrar y ver a un tipo orinando. No quiero verlo. Entonces me dijo, “Tienes toda la razón, me disculpo por eso”. Son cosas que parecen sencillas, pero tenemos que proteger nuestra virtud, y los hombres también tienen un compromiso en ese aspecto.
Por mucho tiempo, la industria musical ha estado regida por hombres que, en sus cargos ejecutivos, te sexualizan antes de darte una oportunidad para grabar. Ellos tienen que ser conscientes de lo que proyectan y tienen que entender que las experiencias a las que nos someten son innecesarias.
Sí, es indignante que aún en 2026 tengamos que ver estas cosas. Una pensaría que la industria ya habría mejorado, pero todavía hay trabajo por hacer.
Sí, porque muchos piensan que estamos exagerando. Ellos han sido privilegiados por un montón de tiempo, entonces no alcanzan a dimensionar ni entender las cosas que les contamos. Lo único que ellos han visto es un sistema que les beneficia. Tienen que hacer un trabajo de introspección.
The post Hempress Sativa, una voz de fortaleza appeared first on Rolling Stone en Español.
Llevar con orgullo nuestro canto. Durante las últimas décadas, el amor por nuestras músicas y cantos ha crecido de manera sustancial. Artistas como Carlos Vives, Adriana Lucía y Fonseca han entrelazado los sonidos del folclor con elementos más modernos y han logrado resaltar la música colombiana alrededor del mundo.
Pero, ¿qué tanto reconocimiento les damos a los lugares donde nacen esos sonidos del folclor que nos representan globalmente? ¿Por qué seguimos mirando de forma peyorativa a las personas que nacen y crecen en los pueblos? Justamente, en respuesta a esas y otras preguntas similares, es que Adriana Lucía lanza ‘Pueblerina’, una canción que exalta el amor por el pueblo y todo lo que representa para nosotros. Porque la raíz que nos hace colombianos no está en las grandes ciudades: está en las periferias, en esos lugares en los que, como dice Iván Benavides: “Tengo la posibilidad de mirar el mundo con asombro, de descubrir la belleza en las periferias. Estoy convencido de que las grandes innovaciones no vienen de las ciudades ni de las academias, sino de los márgenes”.
Acabas de lanzar ‘Pueblerina’ hace poco. ¿De dónde nació esta canción?
Llevo varios años con esta idea sobre lo que significa ser de pueblo. En Bogotá, donde confluyen personas de todas partes, es inevitable escuchar términos como “provinciano”, “pueblerino” o expresiones como “regrésese para su pueblo”. Pero, pese a todo eso, yo amo a Bogotá y siempre me he preguntado por qué hay gente que ve el hecho de regresar al pueblo, o ser de pueblo, como algo malo. La próxima vez que alguien me diga: “Regrésese a su pueblo”, le voy a responder que eso me encantaría [risas].
Esa percepción de la palabra “pueblerino” como algo negativo me ha venido taladrando durante los últimos años. Entonces empecé, durante los conciertos, con un discurso que decía: “Esta canción va dedicada a todos los pueblerinos del mundo”, y la gente se ponía feliz. Había una gran aceptación, no solo en los pueblos, sino también en las ciudades. Ahí empecé a pensar cómo convertir ese discurso en una canción.
La canción se llama ‘Pueblerina’, pero algo curioso es que en ningún momento digo esa palabra. Es la historia de una pueblerina que tiene una pareja, y lo que más me gusta es cuando ella le dice a él: “Ya voy a mitad de camino acordándome de ti / De cuando tú me decías: tú no eres de por aquí / Decías que eso te gustaba y ahora me vas a decir / Que no vaya pa’ mi pueblo, pues me voy contigo o sin ti”. Esa parte me gusta mucho porque todo el mundo empieza diciendo: “Ay, tan lindo como hablas”, “qué chévere tener un pueblo para pasear”, y después dicen: “Qué pereza irse para ese pueblo”. Por eso, esa parte de la canción me encanta.
Tengo un gran orgullo por ser pueblerina. Yo, como mujer Caribe que soy, y ahora que mi región está tan de moda, quisiera recordar cómo a Lucho Bermúdez al inicio le decían que su música era “para negritos”, o cómo a Totó la Momposina, tras su muerte, todo el mundo le mostró admiración, pero antes le decían que lo que hacía era “bulla”. Entonces siempre me he preguntado cómo hacer entender a la gente que Colombia es un país de regiones, pero que tenemos muchísimas similitudes y no deberíamos centrarnos tanto en las diferencias. Me he dado cuenta de que los campesinos y los pueblerinos de todas las regiones nos parecemos mucho: tenemos los mismos códigos, confiamos en la palabra, en las encomiendas, en pasear por el pueblo.
Yo tengo la percepción de que las periferias y los pueblos son los que, en realidad, tienen esa raíz que nos hace colombianos.
Totalmente. Me encanta eso que dices, es la primera vez que un periodista me lo plantea así.
Hay cosas evidentes que vienen del campo: la fruta, las verduras… pero para la gente no es tan evidente que la poesía y el folclor también brota del campo. Los fundamentos —no solo en Colombia, sino en el mundo entero— vienen del campo. El blues, el soul e incluso el rock & roll tienen un origen profundamente campesino, profundamente pueblerino. Y ahí hay algo curioso: nosotros, para creernos chéveres, necesitamos que alguien más venga a decirnos que lo somos.
Yo me veo reflejada en Bad Bunny. Ambos hacemos parte de ese gran Caribe, y los campesinos de él seguramente son iguales a los míos. Y ese campesino también se parece al antioqueño, porque aunque Antioquia se considere un departamento montañoso, con el carriel como símbolo, ellos también tienen Caribe: cantan bullerengue y tienen una comunidad afro muy poderosa. Pero esa parte muchas veces es invisibilizada por los mismos antioqueños. Y lo digo porque, al final, somos mucho más parecidos todos los pueblerinos de lo que uno se imagina.
Bogotá, esta ciudad tan inhóspita, donde parece que cada quien tuviera que salvarse como pueda, hace que los pueblerinos amemos más a nuestros pueblos. Porque muchas veces el pueblerino no ama realmente a su pueblo hasta que se va. Bogotá despierta lo que yo llamo “la teoría de la yuca”: cuando yo vivía en mi pueblo no me gustaba para nada la yuca, pero cuando empecé a vivir en Bogotá, empecé a extrañar hasta la yuca.
El video de la canción es hermoso porque yo fui a este pueblo —Nariño o Nariño Gallinazo, cerca de Lorica— a entregar ayudas durante una inundación. Y todavía conservaba una arquitectura y una esencia muy de pueblo, porque con el paso de los años muchos pueblos han ido perdiendo identidad. En ese momento me parecía inmoral hablar de grabar un videoclip en medio de la inundación, pero les dije que cuando bajara la marea regresaríamos para hacerlo allá.
Cuando llegamos a grabar, nadie se lo esperaba. Y yo no quería que la gente apareciera posando, como pasa a veces cuando los creadores de contenido entregan mercados y convierten todo en espectáculo. Al final logramos un video hermoso, lleno de simbolismos: las gallinas, el pavo, las casas, los techos, la bicicleta… y que la gente se vistiera como normalmente lo hace. Quitamos muchos clichés y mostramos la realidad.
Algo muy bonito fue que, en el video de expectativa, cuando le preguntábamos a la gente “¿quién eres?”, respondían: “soy hijo de la señora que vendía carimañolas”, o cosas por el estilo. Y eso demuestra cómo la identidad de cada persona está profundamente ligada a su familia y cómo cada familia le aporta algo a la comunidad. Recorrimos varios pueblos durante la grabación del videoclip.

¿Qué nos puedes contar de este nuevo proyecto que inicia con ‘Pueblerina’?
Más que una canción, es el hilo conductor de todo lo que viene. Es la piedra angular de esto que estamos construyendo: reivindicar el orgullo de ser de pueblo.
Es una canción que combina afrobeat con cumbia y que tiene un elemento muy especial: la flauta de millo, un instrumento hecho con las cañas que brotan del campo y que, para mí, se entrelaza perfectamente con esta canción moderna, en la que experimentamos mucho con los beats y con la búsqueda de que sonara tanto a cumbia como a afrobeat. Porque el afrobeat ha estado presente desde siempre en el Caribe y en las Antillas, pero el simple hecho de compartir territorio no significa necesariamente que conecte con la cumbia. Entonces fue un experimento muy bonito poder entrelazar estas dos músicas.
Lo que viene es preservar la esencia sin negarme a los tiempos de ahora. Parte de mi misión en la vida es conectar generaciones y conectar al campo con la ciudad. ‘Pueblerina’ es la puerta de entrada a un universo que apenas comienza.
Acaba de morir Totó la Momposina. Cuando hablamos de tu último disco también hablamos de lo que significó para ti cantar ‘La candela’. ¿Cuál crees que es el gran legado que dejó y qué nos puedes contar de ella?
Fue hermoso haber podido rendirle homenaje en vida, haber grabado ‘La candela’ y, mucho antes, ‘La piragua’. He cantado junto a los tambores de Totó en Mompox y compartí tarima con ella en su último concierto.
Totó la Momposina es la gran matriarca, la gran arquitecta de nuestra identidad colombiana; una mujer profundamente valiente. Ella hizo popular la música del pueblo, la música del agua que viene del río. Fue una de las grandes responsables de construir esa identidad colombiana desde la música, y además cantó boleros, baladas… era una genia.
Cuando yo nací, ella ya estaba grabando un disco en Inglaterra. Hizo siempre lo que quiso y fue una fuerza noble y rockanrolera sobre el escenario. Es totalmente irremplazable y nos dejó un compromiso enorme: mantener vivo ese legado de identidad colombiana, entender cómo sonamos, reconocer los golpes de tambora, la cumbia, el bullerengue, los bailes cantados… una maestra en todo el sentido de la palabra.
Hablando de eso, ¿cómo ves el futuro del folclor?
Soy una persona positiva y creo mucho en las nuevas generaciones. Y, hablando de eso, odio la expresión “generación de cristal”, entre otras cosas porque tengo un hijo.
Veo a muchos jóvenes realmente interesados en aprender sobre el folclor, en investigarlo y entenderlo. También veo que es un camino difícil y que no es tan romántico como a veces parece. Los medios tradicionales suelen mirar el folclor desde la apreciación, pero no siento que exista un verdadero trabajo de continuidad. En cambio, sí veo a muchos medios independientes haciendo cosas muy valiosas con nuestras músicas. Los medios tienen que dejar de mirar el folclor desde una perspectiva contemplativa y paternalista, y empezar a involucrarse realmente con la cultura.
La música es un elemento cambiante y, aunque hay muchas personas haciendo música desde lo estrictamente tradicional —lo cual me parece fantástico—, también hay pelados a los que les encanta fusionar y están haciendo cosas muy interesantes. Pero siempre partiendo del conocimiento y del respeto por las raíces.
En un mundo cada vez más homogéneo, saber quiénes somos y cómo sonamos también se convierte en una forma de ser disruptivos.
The post Adriana Lucía: el orgullo de ser pueblerinos appeared first on Rolling Stone en Español.
Para Manuel Turizo, la esencia de la música no está en seguir fórmulas para pegarse ni en encerrarse dentro de un solo sonido. Por el contrario, el cantante colombiano ha entendido —a lo largo de más de 10 años de carrera— que hacer música con identidad propia pasa principalmente por permitirse probar cosas diferentes, encontrar nuevas formas de conectar con la gente y mantenerse en constante exploración de distintas corrientes musicales regionales, nacionales, e incluso internacionales.
Esa filosofía atraviesa Apambichao, su más reciente álbum de estudio y un trabajo donde el Caribe colombiano, desde sus sonidos hasta su cultura, conviven con el pop, el reggaetón e incluso con la música mexicana. “No está en mi esencia probar las mismas cosas y hacer proyectos homogéneos”, asegura Turizo, quien entiende su carrera artística como un proceso permanente de aprendizaje.
En una conversación exclusiva, Turizo habló sobre el proceso creativo detrás de este último lanzamiento, la manera en que entiende la música, la mezcla de géneros que atraviesa el proyecto y hasta el uso de inteligencia artificial dentro del proceso creativo de canciones como ‘Intro: Viene el Apambichao’.

“He intentado vivir este camino literalmente como un estudiante. Uno nunca termina de aprender ni de saber todo lo que puede dar. La tarea siempre es entrar al estudio y preguntarse qué no has hecho todavía, qué otra cosa puedes aprender o qué más puedes ofrecer en la música”, explica Manuel, quien entiende la música como un proceso de descubrimiento permanente.
En medio de una industria cada vez más marcada por las tendencias virales y la inmediatez, el colombiano asegura que su identidad artística se ha construido desde la curiosidad y la necesidad constante de experimentar con nuevos sonidos. Para él, la evolución no nace de seguir fórmulas, sino de mantener una mentalidad abierta frente a todo lo que la música todavía puede enseñarle. “La carrera de un artista, hasta el último de sus días, es eso, seguir explorando y entender cómo conectar con todas esas influencias y colores que uno carga desde su cultura y desde todo lo que escucha”.
“Ese ecosistema en mi cabeza suena así: suena a ese ambiente, a ese tipo de calle, a esa jerga, a ese calor, a ese acento”, comenta el artista. “Mientras armaba el álbum, yo quería sentirme como en unas vacaciones en mi tierra, con mi gente. Quería hacer música para disfrutar y escuchar juntos, y obviamente mi manera más natural de plantearlo iba a ser desde donde yo soy”.
A lo largo del disco, Turizo se mueve entre distintos géneros, una mezcla que, según él, nació tanto desde la sensibilidad como desde la investigación musical. Para el cantante, acercarse a nuevas corrientes implica primero entender qué define cada uno de esos universos antes de llevarlos hacia su propio lenguaje artístico.
“Todo empieza desde la vibra y desde lo que tú sientes. Hacer música es como estar en un laboratorio”, asegura. “Primero viene la energía y después llega esa parte de explorar cómo respetar cada género, pero poniéndole encima todo el color de lo que es Manuel Turizo. Es una exploración constante, porque al final todo parte de un lienzo en blanco y tú mismo vas inventando lo que quieres construir”.
El concepto de Apambichao también nace desde esa misma búsqueda de sensaciones y atmósferas. Para Turizo, el término —tomado de un tipo de merengue lento y sensual— resume perfectamente la energía que quería transmitir a lo largo del álbum: una experiencia mucho más relajada, cálida y conectada con el Caribe. “Si tú llevas ‘apambichao’ a la vida, es vivírtela más suave”, comparte el cantante. “Sentía que esa palabra englobaba perfectamente el ecosistema donde yo quería que viviera este proyecto, esa sensación de calor, de parche y de disfrutar la música con tu gente”.
Aunque el álbum está profundamente ligado a sus raíces culturales, Turizo asegura que el proceso creativo no partió de una idea estructurada o de un concepto previamente definido. Más bien, dice, fue una experiencia guiada por la intuición y por la necesidad de conectar consigo mismo desde un lugar mucho más honesto y libre. “Desde hace dos álbumes me he permitido hacer todo lo que he querido en la música. Ya no existe ese nervio de no permitirme algo”, afirma. “Este disco fue muy pensado en conectar conmigo mismo y con lo que realmente me representa. La música es vibrar, es energía. Las canciones simplemente salen y uno las va construyendo en el camino”.
Esa intención aparece desde el primer momento del álbum con ‘Intro: Viene el Apambichao’, una apertura inspirada en sonidos profundamente arraigados a distintas tradiciones culturales colombianas. Lo más llamativo del tema, sin embargo, es que la voz femenina que atraviesa la canción no pertenece a ninguna cantante invitada, sino que fue creada por el propio Turizo utilizando inteligencia artificial.
Según explica, la idea era recrear un tipo de canto mucho más autóctono y ancestral, inspirado en sonidos que van desde los vaqueros arreando ganado hasta cantos indígenas y tradiciones orales presentes en distintas regiones del país. El problema, revela, era que encontrar ese tipo de registro vocal fuera de contextos culturales específicos resultaba prácticamente imposible dentro de un entorno comercial de grabación.
“Yo quería esos colores de voz muy culturales, no comerciales”, comenta. “Busqué muchísimo, pero no encontraba a alguien que pudiera grabar exactamente eso que tenía en la cabeza. Entonces grabé mi propia voz y empecé a trabajar con IA, dándole referencias e información sobre el color que quería lograr, hasta construir esa voz femenina que termina apareciendo en la canción”.
Lejos de ver la inteligencia artificial como una amenaza para la música, Turizo la entiende como una herramienta más dentro de los procesos creativos contemporáneos. Para él, el verdadero valor sigue estando en la intención humana detrás de cada idea y no en la tecnología utilizada para ejecutarla. “Nosotros no podemos pelear contra la evolución”, asegura. “La IA va a existir y tú decides si la utilizas a tu favor o si peleas contra eso y te quedas atrás, pero una herramienta no hace las cosas por ti. La IA no creó eso sola; yo tuve que decirle exactamente qué quería hacer. Al final, ella fue una herramienta, pero el operador era yo”.
La transición entre ‘Intro: Viene el Apambichao’ y ‘Apambichao’ también funciona como una puerta de entrada al universo sonoro del álbum. Después de esa apertura cargada de referencias culturales y sonidos mucho más tradicionales, el proyecto da paso a una colaboración junto a Maluma, uno de los nombres más importantes de la música urbana colombiana y un artista con el que Turizo ya había trabajado anteriormente.
Según cuenta el cantante, la colaboración nació de manera bastante espontánea y sin demasiadas vueltas. La canción fue creada inicialmente junto al productor Casta, quien terminó jugando un papel clave para que Maluma se sumara al tema una vez la idea ya estaba bastante avanzada dentro del proceso del álbum.
“Es la segunda vez que colaboro con él y desde la primera siempre ha sido muy buena vibra conmigo”, comenta Turizo. “La canción la hicimos con Casta y después él se quedó con la idea. Yo incluso ya ni la tenía tan presente hasta que un día me escribió y me dijo ‘marica, se la mostré a Maluma y le encantó’”. La respuesta del paisa, recuerda, llegó de manera inmediata. “Dijo de una ‘sí, me monto, voy. Lo que usted diga, hermano’. Y así nació realmente la colaboración. Todo fluyó muy natural y sin complicaciones”.
Más adelante llega uno de los featurings más llamativos del disco, cuando Turizo incorpora un sample de Diomedes Díaz en ‘Te Creo’. Más allá del peso histórico del cantante dentro del vallenato, la presencia del “Cacique de La Junta” funciona dentro del álbum como una conexión directa con una de las mayores influencias emocionales y musicales de Turizo, que son las letras románticas y sentimentales del vallenato clásico.
Según explica el artista, desde las primeras maquetas de la canción sintió que había algo en su esencia que lo llevaba inmediatamente hacia ese universo musical. La guitarra, el tono de la letra y la carga emocional del tema le recordaban canciones profundamente asociadas al imaginario vallenato que marcó gran parte de su crecimiento musical. “Siempre he dicho que gran parte de lo que me conecta a cantar letras tan sentimentales y románticas viene justamente del vallenato”, remarca. “Desde que hicimos esta canción sentía eso todo el tiempo. Decíamos ‘jueputa, esto recuerda a esos temas clásicos que uno siente tan a flor de piel’, y ahí nació la idea de usar el sample de Diomedes”.
Para Turizo, incluir la voz de Díaz no buscaba únicamente generar nostalgia, sino también preparar emocionalmente al oyente para el tipo de conversación sentimental que propone la canción. “Creo que Diomedes es uno de los artistas más legendarios que tenemos en Colombia”, comenta. “Utilizar ese sample era también darle a la gente un mood, prepararla para el sentimiento de la canción y para todo ese trasfondo emocional que tiene el vallenato”.
Dentro de ese recorrido por distintos géneros y sonidos, ‘Te Hacen Falta Dos’ aparece como el focus track y, probablemente, como el centro emocional de Apambichao. Según explica, el tema resume muchas de las características que la gente suele asociar con su música, especialmente esa manera íntima y emocional de abordar las relaciones y los sentimientos dentro de sus canciones. Más allá del género o del ritmo, el colombiano siente que su vínculo con el público nace precisamente desde ese tipo de emociones.
“Siento que es una canción muy reconocible dentro de lo que la gente entiende como Manuel Turizo”, comenta el cantante. “Tiene un sentimiento muy bonito, muy genuino, y personalmente percibo que la gente conecta muchísimo conmigo cuando hago ese tipo de música que quizás les transmite felicidad o emociones más cercanas”.
Turizo incluso compara esa conexión emocional con la manera en la que otros artistas logran construir identidad desde diferentes estilos musicales. Mientras algunos destacan desde la energía del reggaetón o la técnica del rap, él siente que su lugar dentro de la música siempre ha estado más relacionado con las canciones sentimentales y con la posibilidad de conectar desde la emoción. “Hay artistas que conectan desde un delivery brutal o desde canciones para perrear toda la noche”, asegura. “Yo siento que la manera en la que me conecto con mi gente es hablando desde los sentimientos”.
La exploración musical termina siendo, justamente, uno de los ejes centrales del trabajo. A lo largo del álbum, Turizo se mueve entre el pop, la música popular colombiana, el regional mexicano, el reggaetón, la música tropical y distintos sonidos urbanos junto a artistas tan diferentes entre sí como Luis Alfonso, Emilia, Xavi, Dei V o Dálmata. Sin embargo, para el colombiano, esa diversidad nunca ha sido algo forzado ni una estrategia para abarcar distintos mercados; más bien, responde a la forma natural en la que él mismo consume y entiende la música.
Turizo revela que nunca ha visto su carrera desde la lógica de pertenecer a un solo género. Por el contrario, siente que gran parte de su crecimiento artístico ha estado ligado a permitirse explorar distintos universos sonoros y, sobre todo, a lograr que su público entendiera esa libertad creativa como parte de su identidad. “Mi manera de disfrutar la música es básicamente eso: probar cosas diferentes”, afirma el cantante. “No está en mi identidad pensar que un álbum tiene que ser homogéneo en un ritmo o en un género. En un color sí, en un concepto sí, en lo que te hace sentir sí, pero no necesariamente en un solo sonido”.
Para Turizo, esa libertad también parte de una idea muy simple: nadie escucha un único género musical en su vida cotidiana. Según explica, sus propios hábitos como oyente terminaron moldeando la manera en la que hoy entiende sus proyectos y la posibilidad de moverse entre mundos completamente distintos sin sentirse limitado creativamente. “A mí me gusta de todo”, asegura. “Entonces también quería darme esa libertad en la música de poder explorar en todo. Al final la gente decide si conecta o no con lo que haces, pero lo importante para mí era no limitarme mentalmente pensando que tenía que repetir la misma fórmula todo el tiempo”.
Esa apertura, dice, es justamente lo que le ha permitido colaborar tanto con artistas del mundo urbano como con figuras cercanas a la música mexicana, las baladas o los sonidos tropicales. Más que verlo como una contradicción, Turizo entiende todos esos géneros como parte de una misma experiencia emocional.
El colombiano también coincide con una idea planteada recientemente por Quevedo sobre la imposibilidad de construir un álbum desde una única emoción o un solo estado de ánimo. Para él, la música funciona mucho más como una experiencia cambiante, capaz de acompañar distintos momentos de la vida cotidiana. “Un álbum tiene que sentirse como un viaje”, explica. “Si tú ves una película y tiene la misma escena repetida cuarenta veces, deja de tener sentido. La música también tiene que generar una montaña rusa emocional”.
Turizo incluso compara esa construcción emocional con la cocina: una mezcla constante de ingredientes, ritmos y sensaciones que van cambiando dependiendo del momento y del estado de ánimo de cada persona. “Hay días donde quieres escuchar algo más lento y parchado para caminar tranquilo, y otros donde quieres reggaetón porque estás con tu pareja o quieres salir a bailar”, comenta entre risas. “La música es eso: diferentes emociones, diferentes energías y diferentes momentos”.

Aunque Apambichao gira alrededor de la libertad creativa y la exploración, Turizo reconoce que detrás de cada lanzamiento también existe un componente de incertidumbre inevitable. Después de meses —e incluso años— trabajando en silencio sobre canciones, conceptos e ideas, el momento de mostrar el proyecto al público sigue siendo, para él, una de las partes más difíciles del proceso artístico. “El reto realmente aparece cuando ya terminaste todo y dices: ‘Juepucha, ojalá que la gente conecte con esto’”, comenta el cantante. “Uno disfruta muchísimo haciendo música, pero después de invertirle tantas horas y tanta energía a un proyecto, siempre existe ese pequeño momento de ansiedad cuando finalmente sale al mundo”.
Más allá de hablar de dificultades técnicas o creativas, Turizo asegura que su principal criterio a la hora de hacer música sigue siendo el disfrute y la conexión emocional con lo que está creando. Según explica, cuando deja de sentir esa vibra o esa emoción dentro de una canción, prefiere abandonar la idea y empezar de nuevo antes que forzar un proceso creativo. “Si no estoy disfrutando lo que hago, simplemente cierro ese libro y empiezo otro”, asegura. “La música tiene que sentirse natural. Cuando uno no está conectado con lo que está haciendo, se nota”.
Tras el lanzamiento, el colombiano adelanta que el resto de 2026 estará marcado por nuevas colaboraciones, festivales y la posibilidad de comenzar oficialmente la gira del álbum hacia finales de año. Esa etapa ya comenzó a expandirse recientemente con ‘La Semana’, junto a Elena Rose, donde vuelve a acercarse a un sonido mucho más melódico y emocional.
Sin embargo, uno de los aspectos más llamativos de esta nueva etapa sigue siendo su creciente relación con la música mexicana, una escena con la que ha conectado cada vez más durante los últimos años. Entre esos acercamientos aparece una colaboración con Banda MS, una experiencia que Turizo describe como especialmente significativa por la relación emocional que encuentra entre la música regional mexicana y géneros profundamente arraigados a la cultura colombiana, como el vallenato. “Soy muy fanático de la música banda y de toda esa música cultural mexicana”, explica. “Siento que tiene mucho que ver con el mismo sentimiento que transmite el vallenato: esas letras, esa emoción, esa manera de cantar las cosas tan a flor de piel”.
El cantante también reconoce que parte de esa conexión nace desde la manera en que artistas y agrupaciones mexicanas han abierto las puertas para que él pueda participar en un universo cultural completamente distinto al suyo. Nombres como Grupo Frontera o Fuerza Regida aparecen entre las agrupaciones con las que siente afinidad dentro de esa escena. “Yo me siento un forajido entrando a ese mundo”, comenta entre risas. “No soy mexicano ni crecí dentro de esa cultura, pero lo hago porque realmente me gusta y conecto con eso, y lo bonito es que ellos también han conectado con lo que yo hago”.
Para Turizo, esa experiencia se parece mucho a entrar en escenas profundamente locales dentro de Colombia, como la champeta o el vallenato más tradicional: espacios culturales con códigos propios que van mucho más allá del pop o de las tendencias globales. “Eso es cultura mexicana de verdad, no el pop mexicano”, asegura. “Y yo agradezco muchísimo que me hayan permitido entrar a ese mundo”.
Para Turizo, esa necesidad de explorar constantemente no parece responder únicamente a una estrategia artística, sino a una manera muy personal de entender la música y la vida. En un momento donde gran parte de la industria gira alrededor de fórmulas inmediatas, tendencias pasajeras y algoritmos, Apambichao aparece como un proyecto construido desde la intuición, la curiosidad y la libertad de probar cosas nuevas sin miedo a moverse entre géneros, culturas o incluso nuevas tecnologías.
Más que buscar una única definición dentro de la música latina, Manuel Turizo parece haber encontrado su identidad justamente en la posibilidad de no quedarse quieto. Ya sea acercándose al vallenato, experimentando con sonidos tropicales, colaborando con artistas urbanos o entrando como “forajido” al mundo de la música mexicana, el colombiano entiende su carrera como un proceso abierto, en constante movimiento y aprendizaje. Quizás ahí esté precisamente la esencia de Apambichao, un álbum que no busca encajar en un solo lugar, sino recorrer muchos al mismo tiempo.
The post “He hecho todo lo que he querido en la música”: Manuel Turizo appeared first on Rolling Stone en Español.
Para Kei Linch no ha existido ni existirá otro camino distinto a la música. La rapera colombiana lo ha tenido claro desde que era conocida bajo otro nombre y desde que pisó sus primeros escenarios rapeando, y a día de hoy continúa avanzando sin dar señas de querer detenerse. Con una mente que desborda versos, desde 2023 lleva una tradición de publicar un disco —ya sea de corta o larga duración— anualmente, costumbre que este año desembocó en La nena tiene una estrella. El trabajo está compuesto por ocho canciones a través de las cuales explora los duelos y las despedidas, pero, principalmente, en las que reconoce que el poder dedicarse a ser artista también pesa.
El EP le permitió hacer una evaluación de esa “estrella” que los demás a su alrededor siempre le dijeron que tenía y que, con el tiempo, aprendió a reconocer, valorar y manejar con cuidado. “Estoy en un momento de claridad mental que me permite agradecer ese tipo de momentos y situaciones que antes daba más por sentado”, dice. “Ahorita estoy haciendo mucha música, estoy muy conectada conmigo y viviendo muy en el presente”.
Kei Linch continúa expandiendo su visión y explorando otras dimensiones de su música —por ejemplo, recientemente colaboró con Gera MX en el bolero ‘Tu foto’ —, más en esta conversación desglosa lo que hay detrás de La nena tiene una estrella.
Te puede interesar:
La nena tiene una estrella tiene un contraste directo con Dulcinea, pero también con Amor y plata. ¿Por qué era importante para ti abordar ahora este lado azul, este lado de la melancolía y estas cosas no tan alegres?
Siento que hay cosas que hay que soltar para seguir, y siento yo que traía mucho atrapado y quedó ahí en La nena tiene una estrella. También amo el azul, y ya había usado el rojo, entonces lo vi muy correcto para ahorita, para cómo me estaba sintiendo también. La tiene una estrella es, desde el nombre, un trabajo muy honesto para mí. Es un trabajo donde cada vez intento que no me importe mucho lo que puedan esperar de mí afuera, sino me enfoco en cómo me hace sentir mi música. Siento que eso es lo que ha terminado de darle una identidad a la música y al proyecto últimamente.

Cortesía Sony Music Colombia
Tus letras siempre han sido muy sinceras, pero siento que en este disco te abres un poco más. ¿Qué te llevó a abrirte más en estas canciones?
Es que me puse sentimental [risas]. Siento yo que siempre ha sido difícil para mí escribirle al amor o más bien tomarme el tiempo de hacerlo porque es un sentimiento muy bonito que cuido mucho, y siento que en esta oportunidad todas las canciones hablan de eso pero está bien escucharlo así, está bien cantarlo así, está bien escribirlo así porque hay momentos en la tarima que necesito conectar con ese lado mío, y como te decía ahorita, estoy intentando ser muy fiel a lo que quiero, entonces eso también involucra lo que siento en una tarima y para mí es una bendición completa poder hablar de lo que me duele y de lo que me hace feliz y absolutamente todo ahí. Lo chimba es que la gente recibe la música también. Saber que hablo por mí, pero también hablo por varias personas.
El título del disco remonta a algo positivo, pero una vez uno se adentra en las letras se da cuenta de que trata más de duelos, de despedidas, de esos dolores que normalmente no se muestran. ¿Por qué quisiste mostrar ese lado no tan positivo de la estrella?
Porque tenemos muy romantizada la estrella. Siempre que uno piensa en la estrella piensa en luz, piensa en éxito, en un montón de cosas que también vienen con una estrella, pero la parte real y pesada es que por lo mismo que brilla hace que uno destaque y se vuelva blanco más fácil para muchas personas. Por lo mismo que es grande pesa y a veces espicha, entonces es una responsabilidad también con uno mismo muy grande cargar su propia estrella.
El nombre quería mostrar eso. Quería mostrar la estrella como todo lo que para mí es tener una luz que no es solo cosas bonitas y chimbas, sino todo lo que arrastra un compromiso con uno mismo. De hecho, el nombre es positivo, es muy bonito; viene de un trabajo interno. Ahorita estoy en un punto de mi vida en donde luché mucho contra mi cabeza para poder respetar lo que hago porque uno sale al mundo, parce, uno viene virgen y limpio de absolutamente todo y el mundo lo ensucia. El mundo es jodido, pero cuando uno es consciente de su estrella y empieza a tomarla con ese valor y a respetarla como se merece, las cosas se ven distintas. Siento yo que más allá de ser un EP es un recordatorio para mí desde el mismo nombre, de decirme, “Parce, lo que usted ha hecho no ha sido en vano. Está construyendo algo, unas bases muy sólidas para sostener algo en un futuro”, y sí es un trabajo de protesta y cuidado. De protesta contra la gente que a veces no lo quiere ver a uno bien porque entonces si uno viene del barrio tiene que quedarse hundido, viviendo pobre y vistiéndose mal porque si no usted no hace parte de una cultura. Un montón de estupideces que realmente no me representan y que todo el tiempo estoy intentando exhibir, visibilizar y también mostrar en dónde está el lado negativo de todo esto. No puede ser que viniendo de un género que hable de injusticias sociales tenga tantas y una esté ahí en el fuego cruzado recibiendo bala por el simple hecho de perseguir una idea, de perseguir un sueño.
Este nombre también es un recordatorio de entenderme como una persona que por la misma estrella ha hecho todo lo que ha podido, la ha cuidado, la ha protegido y la ha respetado, pero también a veces le ha costado cargarla. Ahorita tengo la oportunidad de estar en paz conmigo misma y de cargarla con muchísimo orgullo. Esta luz es mía, la he armado yo, y es un recordatorio para mí y para los demás de que esta estrella sigue siendo grande, poderosa y positiva.

En ‘Calibre 22’ mencionas esto de que a veces te espicha el peso de esta bendición. ¿Cómo has logrado que esto no te aplaste?
Realmente me ha aplastado muchas veces, y lo que sí he tenido que hacer es respirar, coger fuerza y volver a levantarme porque es gonorrea a veces, y más cuando uno viene de un ambiente y de una crianza en donde todos somos iguales, en donde todos somos válidos. A mí me criaron con unos valores muy lindos para amar, respetar y creer desde el lado más puro, y entonces cuando uno se enfrenta a la industria, al mismo género, las redes, que todos tengan una opinión y para todos sea “válida” aunque sea cruel, aunque lastime, es difícil enfrentarse a eso actualmente, pero siento yo que la misma música es la que me levanta.
Yo realmente hago esto por mí, por los míos, por estar bien, por decir un día, “Estoy viviendo la vida que quiero, como quiero, gracias a mi música”, entonces siento yo que, para no dejarse espichar por completo esa estrella, lo que hay que hacer es recordar de dónde vienes y para dónde vas. No zafarse nunca de la raíz y recordar todo el tiempo el objetivo de esta vuelta, por qué iniciamos, por qué estamos aquí, el papel que tenemos y el costo de ese lugar. Abrazarlo y mirar hacia el frente porque esto va más allá de ser un capricho personal. Esto se volvió un reto personal de cambiarle el rumbo a un apellido. Siento que esa es mi manera de mantenerme cuerda y fuerte manteniendo esa estrella.
¿Qué es eso que te reafirma que escogiste el camino correcto?
Cuando tengo un show y llegan chicas con tatuajes de las frases, cuando las veo llorando mientras canto, mientras cantamos. Eso para mí ya es todo porque estoy acompañando a alguien, y puede que suene muy romántico y lo que sea, pero realmente para mí esa es la fuerza de esta vuelta de la música. El poder darles voz a otras personas, y ni siquiera solo eso, sino que es liberador de la manera más hermosa cuando uno está en una tarima y hay personas que están sintiendo de la misma manera o incluso más fuerte lo que uno escribió y lo que uno vivió. Eso me mantiene firme y me mantiene recordándome que este es el camino.
Primero, no sé hacer otra cosa en mi vida y no quiero [risas]. No tengo un plan B, nunca he tenido un plan B. Simplemente desde la primera vez que a mí me pidieron una foto, yo dije, “Esta foto tiene que valerle a esa persona, parce. No puede ser que me pida una foto y no vaya funcionarme esta mierda. Hay que hacer valerla”, y ese fue el primer compromiso serio que yo tuve con esto, cuando entendí que no era solo un desahogo mío, sino un desahogo de más personas.

No es la primera vez que lo haces en tus letras, pero en ellas reafirmas tu valía como artista, y hablando específicamente de este disco, no lo haces desde la presunción de “yo soy más” sino desde el auto reconocimiento del esfuerzo propio. Eso me puso a pensar en la idea de que a la sociedad no le gusta que las mujeres reconozcan que son inteligentes, que son talentosas, incluso que son bonitas. ¿Qué opinas sobre la importancia de que una mujer en las artes, que es tu campo, sea capaz de echarse flores a sí misma?
De total importancia. Históricamente hemos estado super menospreciadas por todo, como para que en este punto de la historia no nos creamos nosotras mismas nuestro cuento y no reconozcamos nuestras luchas personales y como género. En este momento para mí es importante hasta el hecho de presumir porque una se guarda muchas cosas por lo mismo, por el miedo a “si salgo y digo esto de tal manera entonces soy una creída. Si no salgo y digo esto, entonces soy una aburrida”. Hay una etiqueta para absolutamente cada acción, cada pensamiento que una como mujer tiene, y eso es súper jarto como para que nosotras también lo estemos perpetuando así.
En este momento de mi vida estoy con la mentalidad puesta en que, si uno no se hace valer a uno mismo, nadie más le va a dar ese valor. En mi caso personal, es con esta carrera rara que yo he traído porque no ha sido un proceso normal tampoco, han pasado cosas muy extrañas, han pasado cosas muy locas. Mi carrera ha sido distinta y no se compara a la de nadie más, y desde ahí ya uno tiene que agarrar ese valor y decir, “Solo yo sé lo que he pasado, lo que ha costado y lo que me lo he disfrutado”, entonces, por ejemplo, yo soy una persona que le cuesta muchísimo presumir sus logros porque en cierto punto me hicieron creer que esos logros no eran válidos o no eran los que se necesitan dentro de un género que es machista. A mí me hicieron creer que cada cosita que yo hacía era irrelevante y que no tenía peso alguno dentro de dentro de este juego, y ya me di cuenta de que no es así. Realmente estamos cambiando algo, estamos haciendo algo y en algún momento en los libros de historia la vuelta va a quedar así, se le va a dar el valor y el reconocimiento a cada pasito.
Igualmente siento que estamos nosotras en el momento de salir y frentear, de no escondernos, de no esconder ni siquiera el proceso. Estamos en un punto clave. Yo estoy en un punto clave de mi música en donde necesito testigos, y estoy cansada de esconderlo, de esconderme, de esconder cada logro, solo porque sé que si salgo y digo, “Hice tal cosa”, me van a decir, “Pero es que usted no es, usted no representa, usted no pertenece”. ¡Gonorrea, sí pertenecemos y sí estamos haciendo las vueltas!
Hace falta salir del cuarto de uno y conocer un poquito más el mundo para entender que de este lado se están haciendo muy bien las cosas. Lo que está mal son las bases de un género que nunca lograron traducir bien y no lograron entender nunca. Entonces el trabajo de nosotras como nenas –porque siento que ahorita en Colombia hay muchas– es seguir saliendo y seguir haciendo las vueltas públicas y para que cada vez se normalice más. Las mujeres, cuando nos enfocamos en hacer algo y nos comprometemos, lo llevamos a otro nivel y lo hacemos mucho mejor de lo que los demás puedan esperar o puedan decirnos que podemos hacerlo.
En este punto de tu carrera, ¿qué metas te estás trazando?
Ahorita estoy yo creo que es la misma. Yo estoy esperando el momento de una canción. Estoy haciendo mucha música, estoy realmente encerrada haciendo música. Afortunadamente siempre sueño en grande y, no sé, me da visaje de contar mis sueños públicamente porque a veces siento que hablarlo antes de tiempo es peligroso. Creo mucho en las energías [risas], y me ha pasado que cuento algo y se cae. Entonces yo me guardo todo, pero realmente mi sueño más grande es vivir tranquila haciendo la música que quiero, pero vivir tranquila de la forma que quiero. Vivir bien de esta mierda. De lo que te decía de no tener preocupaciones. Que dentro de dos o tres generaciones esta vuelta no tenga que ser sufrida. Cambiar el rumbo a esta vuelta. Ese es el sueño mayor.
Ya obviamente desde ahí empieza a bajar todo y es estar en escenarios grandes o compartir con gente que admiro, aprender y seguir aprendiendo de gente que admiro, colaboraciones, de todo, absolutamente todo, pero todo muy ligado a ese sueño mayor.
The post Una estrella ilumina a Kei Linch mientras ella la sostiene sin arder appeared first on Rolling Stone en Español.